Este tiempo de incertidumbre, duda y espera es una cierta manera de vivir entre angustia y temores. Al final del día me encuentro entre lecturas e ideas para escribir. Con mis afanes en estos días me doy cuenta que el camino recorrido en estos últimos cinco años ha sido provechoso, aun con varios fracasos o resultados no satisfactorios. Pero el hábito de la escritura se fragua con el ataque a las teclas. ¿Qué contornos tiene mi mecanografismo? Bueno, obviamente no puedo evitar sentarme frente a la máquina y plasmar mis inquietudes. Escribo ahora una novela nueva, que tal vez mande a concursar, no estoy seguro. Pero tengo también mi proyecto de continuar con la saga Natdzhadarayama, el segundo volumen de esa aventura que comenzó en 2010 y que para 2017 vio la luz pública. Y en medio está ese otro proyecto inconcluso y poco atendido de novela XXI. Al final, volver a la narrativa me hace intentar un tipo de construcción discursiva más efectiva y entrelazada.

Por otra parte, pienso en varias ideas de artículos académicos que no puedo emprender porque necesito revisar distintos materiales bibliográficos. Eso no niega mis quehaceres con textos de ese corte, pero lo que sí hace es plasmar en mí la inquietud de entender a qué me dedico, qué tiempo dispongo para mis actividades, cómo me organizo, qué es importante. Pero en mi completa dedicación a tareas de escritura me doy cuenta que estoy en la encrucijada del cierre doctoral con muchas inquietudes y poca disciplina o, al menos, con ideas disparadas, que no siempre puedo atender.

Tengo igual en mis intereses la intención de poder retomar la dimensión de mis collages de poesía arte digital irreverencia poética, esos pastiches y mezclatorios que ensamblo recurriendo a imágenes y versos desde mi fin de distorsión visual. Ese trabajo, por demás satisfactorio aunque no dé los resultados esperados, importa en la medida en la que me hace mostrar mi faceta de creador visual. Se trata de la instrumentación de una actividad netamente digital que me conduce a formular distintas percepciones y sentidos del uso de la imagen y la poesía, para tratar de indicar una ruta de interpretación del mundo desde expresiones artísticas personalizadas. No es, en sí, una actividad profesional, pero sí se trata de la forma mediante la cual consigo mostrar otra de mis facetas creadoras.

Además, tengo mis antologías de poemas desde el año 2005 hasta el presente, miles de páginas que podrían, después de un trabajo concienzudo y crítico, postularse a publicación en alguna parte. Ya hace unos años intento en la editorial Verso destierro dar a la luz algunos de esos versos, pero no tuve suficiente cabeza para hacerlo. Al final, me parece, no es que sea un mal poeta o que no sea poeta, sino que no he tenido el reconocimiento de mis pares, no me he institucionalizado como tal, no he publicado más poesía salvo la de este, mi blog. Y tal vez me falta entereza, dedicación, trabajo y rigor para hacer un buen volumen con mis poemas y enviarlo a alguna editorial para ver qué suerte corre. Ideas más, ideas menos, pero eso sí, llevo 22 años dedicado a versificar y crear mis propios textos de poesía, con una inquietud no muy clara por aprender a escribir ese género literario.

Por temas, materias, ideas e inspiraciones no paro. Pero ahora estoy también en el punto de reconocer límites y fronteras, tiempos de dedicación y esmero, formas de escritura proclive y ámbitos de acción. Todo cifrado en este mecanografiar instantes, en construir audiencias, en promover, en cierta forma, la construcción de un auditorio que atañe a romulaizerpardo punto com, en particular, pero a Rómulo Pardo Urías, en general. Creador, académico, escritor, humanista, mecanografista.