Entre aguardar las críticas, observaciones y comentarios a mi borrador de tesis y mantenerme activo (leyendo y escribiendo) se abre un sin fin de opciones. En ese intervalo de mi inconsciencia y mi falta de tino para relacionarme, para saber cómo dirigir mis esfuerzo, encuentro motivos y formas reiteradas de mi hacer escrito. He estado mostrando también esos mecanismos de la memoria donde yo mismo represento un semantema, un nombre propio, una instancia de recuerdo. El camino oscila entre equivocaciones, frustraciones, fracasos, periodos vitales y recuerdos. Poco tengo que ver con el presente, con las agendas, con los compromisos y los actos. Me encuentro plenamente diluido en lo político y lo social, pero en una forma abigarrada neobarroca de creación. No sé cómo pude estudiar al máximo exponente neoclásico si en mis fórmulas creativas no hay más que oraciones incomprensibles. Al final, se trata de esos vericuetos de la memoria, de los tiempos y momentos previos, como los de mi crisis de 2002, reiterada y difusa en muchas formas dentro del presente, pero eso sí, dando forma a un ser Romulaizer Pardo en el mundo.

En esos confines de recuerdos y vivencias estoy por cumplir el ciclo del posgrado iniciado en 2017 y que me tiene en un proceso de introspección, reflexión, cuestionamiento, autocrítica y síntesis. Ese proceso que con vaivenes ha traído momentos más luminosos o más oscuros según tiempos, presencias y socializaciones. Un tiempo que no puede definirse de un único modo, tiempo, también retratado en una visión de grupo junto a lo incierto del futuro, pero eso sí, un tiempo de transformaciones. Eso es posible verlo en todo lo obtenido durante este proceso, con amigos y amigas, con productos, con actos creativos, con cambios y circunstancias en muchos sentidos aún vigentes. Tiempo que marcó los actos y las ideas, los silencios y los tropiezos, los instantes y las decisiones. Un tiempo por concluir en breve, que abre la ruta de lo incierto y lo complejo de enfrentarse a la vida profesional. Cronología de modos de ser y de estar, de participar y de construir, tiempo que encaneció mi cabeza, mi barba y mi pubis, que me dio motivos de crecimiento y que definió un Romulaizer Pardo con toques de cambios y constantes.

Estos esfuerzos y estas síntesis, estos recovecos de personas, de momentos y periodos, me inclinan a verme disminuido y cambiante, con bastantes carencias y proclive a dudar de mis actos y mis decisiones. Dudas que se aferran a problemas, situaciones, contextos, cambios estructurales de vida y toda una serie de circunstancias propias de una transformación. Observo matices y veo oportunidades al lado de estos inquietos e inciertos días venideros. Eso no puede negarse. Días que van a marcar otra etapa y otras formas de ser y estar en el mundo, otro Romulaizer Pardo, que seguirá versificando sin mucha idea, que seguirá leyendo, aunque no se traduzca en un mejoramiento personal necesariamente, que seguirá blogueando, que continuará editando imágenes y haciendo sus pastiches de poesía arte digital. Me falta entender, además, que hay tiempos para hacer y combinar con otros ámbitos, como el académico, tan celoso y escrupuloso, tan necesitado de disciplina y constancia.

Pero en este presente y en este día de finales de julio del 2022 hay un Romulaizer que quiere mantenerse luchando, construyendo, ensamblando, tratando de hacer ver al mundo posibles rutas de acercamiento a su práctica humanista. Proyectos puede haber muchísimos, vacíos también. Lo interesante es entonces ese acto comunicativa, ese crear audiencia, ese estar y ser en el mundo como un tipo de creador, de poeta, de imaginante, de constructor de realidades alternas.