ir y venir de sitios, geografías y ciudades. Movimiento certero del cambiar de espacios y tiempos, de personas y redes. Un atisbo de alegría, ahora que vuelvo a Xalapa, me complace compartir en este espacio. Inmejorable momento para recordar los cambios lingüísticos en la toponimia entre Michoacán y Veracruz, los primeros en purépecha y los segundos en náhuatl, lenguas fuertes y consolidadas en el territorios distantes. Cambios toponímicos que hablan de pasados remontados a 500 años atrás, Mechoacán, la tierra del pescado, Coatepec, el cerro de la serpiente, situaciones que se nombran como prehispánicas. Un mundo de modificaciones y accidentes se presenta ante mi panorama, universo de contrastes y cambios, respaldados en el hacer cotidiano, en el día a día frente a la infinita ignorancia y el infinito aprender.

Moverme en el territorio cósmico del mundo, entre continentes y nombres, implica también adentrarme en tradiciones y formas culturales que van ampliando mi experiencia de vida. Como haber conocido el viejo continente europeo o algunos sitios de Asia, como haber explorado parcialmente latinoamérica, como ver intenciones de volar de este país de la tuna y el nopal que tanto daño me han hecho. impronta de anclarme en aventuras y viajes, en extrañamientos y sorpresas, para dar espacio y tiempo a experiencias nuevas. Y mientras consigo mi doctorado volver a Xalapa con amigos, con familia, con seres queridos que me llenan de energía y vitalidad. Un esfuerzo por regresar y tratar de resolver pendientes, descansar, trabajar lo más posible, ubicar formas de recreación y gozo. Un tiempo, poco antes de mi examen doctoral, que define muchas formas de mi futuro cercano y de mi presente. Tiempo atravesado por la Ciudad de México, esa enorme mole que hay que conquistar, tiempo atravesado por la ciudad de Puebla, enorme sitio de amor y cariño, de construcción placentera, tiempo atravesado por Zamora, sitio de trabajo, de dedicación y empeño fundante como parte de El Colegio de Michoacán.

Vivir esa travesía es igual tener tiempo de hacer lecturas, de mantener la curiosidad, de seguir en el camino de la construcción de un perfil cultural, escritural y humanista digital. Perfil ahondado entre proyectos y realizaciones, entre anzuelos tirados al mundo y respuestas, entre sitios de oportunidades y retos. Un espacio sólido y una sólida intención de abrir mi brecha interpretativa del mundo, de las personas, de los seres. Esa intención que me hace leer a Ricardo Pace y trabar un contacto con Rafael Toriz, intención que me lleva a buscar a Fernando Tapia y seguir armando Tiempos Distemporáneos con Héctor Miguel Sánchez, con Alejandra Méndez, intentar, entonces, plasmar redes, construir espacios de diálogo, de profusión comunicativa. Es entonces igual buscar la manera de mostrar los rincones de creaciones colectivas, de impulsos que no son egoistas o personalistas, individualistas, como sí lo son en este espacio de romulaizerpardo.com aunque haya abierta una convocatoria para colaborar en este sitio.

Esos esfuerzos que son personas, esas personas que son recuerdos, esos recuerdos vueltos presentes para dar cabida al intercambio y la opinión, la construcción de una voz colectiva y de un tiempo-espacio comunicativo común. Eso que Romulaizer Pardo envuelve al tratar de construir una audiencia, al tratar de mostrar las piezas de sus poligrafismo, al tratar de indicar las huellas propias del acto verbal creativo. Tiempos y espacios que denotan formas de relaciones y personajes, de situaciones y eventos, ad hoc con el decurso vital de un mecanografista exclusivo de sus pasiones.