De todas las edades
quedan huellas
en la piel y en la vista
cuando el aliento renueva
los cruentos pasos
del actuar. Languidece
furtiva la luz
en señal de oscuridades
proclives para el amar.
Lazo a la instancia
que somos entre caricia
y cariños, como muñecos
de trapo pero enquistados
de misterios en el balcón.
Una lozana empatía nos induce
a marcar las formas contiguas
al llanto cuando anclamos
en los horizontes
la vista y las esperanzas.
Caídas en la cúspide perversa
nos embalamos el cuerpo
a las torpezas de otras vidas
para dar cabida al acto
dicho en la forma de cuestionamiento.
Una sombra nos perfila
el acto de comunión
para llenarnos el alma
con la fuerza de nuestros cuerpos.

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