Todos nos equivocamos. No es una simple apología del error. Todos tenemos momentos críticos, momentos complejos, horizontes de retos que trascender, formas de conductas necesarias de poner en juego o callar. La forma en la que se categoriza negativamente al error y las equivocaciones es parte de una lógica del juego cognitivo —de aprendizaje— limitante. No en vano mis lecturas iniciales y formativas de La mente no escolarizada o el psicoanálisis frommniano. Una doble vertiente que pasa por la pedagogía de John Dewey, elementos del pragmatismo de Puntnam, con la referencia de James, además de formas de psicología y antropología, elementos de la escuela de cultura y personalidad con Ralph Linton, la descripción densa de Geertz y por supuesto Miguel Olmos y la música cahíta-tarahumara. Estar perdido en el mundo, en el universo, en el tiempo, habituarme a un espacio. Desde este mínimo horizonte hay que ver un cuestionamiento auténtico por el alma mexicana en su raíz hispánica.

Una gran pregunta sobre por qué existe el odio (hispanizado, indianizado, etnificado) fue el origen de lecturas comunes muy por encima de algo realmente interesante. Pero en esa dimensión observar el odio como un error es parte de esa concepción negativa del equívoco. Sin una lectura plena, potente, fertilizante y ceñida de Foucault es posible ver en este constructo distintas formas de expresión. El error es necesario como forma de conocimiento empírico. Sin error no hay ciencia. Pero la alta cultura asume una división estratificada de grados culturales. En ciertos contextos es un error pertenecer o tener rasgos de la cultura popular. En otros contextos es una forma de legitimidad. Pero la experiencia étnica incluye en este caso del error una dimensión etnificada. La hispanofobia es otro elemento cultural asumido como una error positivo, en este caso, es decir, error amar a España, valor positivo, nacionalista, independentista, mexicanista. Incluso en el México profundo de Bonfil puede verse esa afán antihispánico. En una ojeada El Perfil del hombre y de la cultura de Ramos atiende la raíz hispánica.

¿Qué es equivocarse? ¿Qué representan las variaciones? ¿Cómo se construye la diferencia? ¿Por qué razón el error infinito hace posible un aprendizaje infinito? Pero preguntarse por lo excluido es preguntarse también por lo normado, lo reiterativo, lo secuencial. Lo que se repite en el tiempo como el fonema /p/ en papa significa un sonido que acompañada del fonema /a/ reitera sonidos: p-a-p-a. El asunto es que existen muchos tipos de reiteración en la observación de la naturaleza y en el análisis de la realidad. Caerse y levantarse un bebé es parte de esa lógica y dinámica del ensayo y el error. Tocar algo muy caliente y quemarse es un ejemplo igual. Quedar embarazada por falta de métodos anticonceptivos y educación sexual puede ser un ejemplo actual de esta estigmatización negativa del error. El error representa una acción definitiva con un efecto duradero que impide la realización del proyecto de vida anteriormente trazado. Error, entonces, es abandonar los estudios oficiales o dejarse introducir en ambientes no laborales, de no profesionalización, no constructivos, sino viciosos, dañinos, enredados, obscuros. Pero lo curioso es que infinitamente nos equivocaremos hasta morir y hacer finitos nuestros actos.

Porque mientras vivamos cometeremos actos de equivocación, aunque no siempre podemos aprender de ellos. Hay equivocaciones mortales y definitivas. El caso del equívoco y el error es prioritario para comprender lo que significa aprender, no como una forma ascendente, lineal, progresiva de alcanzar algo llamado ‘conocimiento’. Porque el bebe que usa cubiertos se equivoca con ellos pero gradualmente conoce el código para usarlas. Finalmente estamos siendo codificados todo el tiempo por mensajes y formas culturales que nos instauran formas ideológicas. Pero el meta-relato negativo del error representa, igualmente, la concepción de la historia magister de signo clásico. No llega a viejo quien no escucha consejos, aunque los consejos, en una multimoralidad, están en los cuentos de Borges, en los poemas de Baudelaire, en las novelas de Sade, en George Sand, en las teorías de Gramsci, en la historiografía de Sarrailh.

Los equívocos son parte de los tiempos, de las eras, de las edades. Por un equívoco quizá se conoció la agricultura, el fuego y la curación de fémur fracturado. La soluciones son parte de los equívocos. Al equivocarnos podemos aprender a cambiar nuestras acciones, por ejemplo cuando un cavernícola cae a un precipicio y su banda lo observa y evita a toda costa caer el precipicio. O cuando a una mujer le viene atravesado el niño o niña y la partera tiene el conocimiento para hacer factible el parto o, en su defecto, enviar a una cesárea de seguridad. Pero también el error se da en nuestras formas de relaciones personales y de asociarnos con otros todo el tiempo. Por una prueba de ensayo y error tenemos afinidades selectivas que nos dotan de ciertos códigos y no de otros. La experiencia actual internética hace posible convivan inmensos y inabarcables sistemas de preferencias culturales, infinita igual en su perspectiva conductual y con rasgos morales definidos en los últimos 3 siglos. Pero la experiencia internética hace plausible la liquidez y el fluir constante de estilos, formas, estructuras, conceptos, en ese inmenso corte sincrónico metafísico que es internet.

Equivocarse no es un problema, sino el grado absoluto de equivocación que se tiene. Enfrentar un tigre para defender a la familia es otro ejemplo drástico en el cual la familia puede salir sana y salvo, no así el oponente del tigre. Pero oponerse más de uno al tigre es otra solución, aprendida después de haberse armado, como con arco y flechas o lanzas. Esa experiencia acumulada, perdida en nuestro presente, tiene cabida en el conocimiento herbolario y en las formas de observación de las nubes, el Sol, Júpiter, Venus, los ciclos de las plantas, entre otros hechos de observación. La domesticación de los animales, del fuego, de ciertas plantas como el maíz son hechos derivados de ensayos y errores en las culturas humanas de todos los tiempos, como la instrumentación de herramientas de hierro y la fundición de metales. No tiene la misma finesa de eficacia el corte de una piedra afilada que la de un instrumento punzo cortante de hierro, acero, bronce, finamente trabajado.

El eureka es a partir de algo inesperado o un error, algo no controlado, variable, imprevisto. Pero está en diálogo con el sujeto que observa. La observación es básica para el conocimiento. Cuando el sentido de la vista está atrofiado otro sentido pasa a sustituirlo para el desarrollo de las habilidades cognitivas como el gusto, el olfato, el oído, el tacto. Pero observar representa un elemento nodal y básico de la especie humana. Incluso la contemplación del horizonte es una forma de observación en muchos sentidos. Observar igual a la pareja o la mujer en cortejo hace presumible su conquista o el fracaso del vínculo. Sin embargo, los procesos de observación se demarcan en territorios muchas veces distantes de la cultura alfabética De ahí el principal valor de la ciencia experimental entre los siglos XIII y XIX. El gran error de descartes, proclamado por la ciencia cognitiva, es igualmente otra forma de confirmar que el equívoco funge como criterio de innovación, rectificación y confirmación de hechos y actitudes. Por ello, equivocarnos no debe significar un angustiante trance crítico —aunque esta respuesta deberá ser en función del error cometido— sino una experiencia para aprender a vivir a de una manera diferente.

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