El ejercicio crítico debería partir e iniciar con los procesos de interiorización. En este caso me esforzaré por mostrar una cronología rockanrrolera con sólidos fundamentos de amor romántico, pero eso sí, para advertir que son formas culturales antecedentes del presente. Me refiero igualmente a ese gusto por la música y por lo anterior, esa fascinación por el pasado, por explicar lo previo para entender lo presente. Aunque sin duda se trata de un mero ejercicio de musicología occidental. Arranco eso sí con ese viejo motivo del amor romántico, el cortejo y la luz de la luna, el giro al universo de guitarras eléctricas, los coros, el soul, los ritmos afroamericanos que fusionaron con banjos, blues, jazz, trompetas, contrabajos. Qué mejor que ese Only you de The Platters que nos da la elocuencia más febril y nostálgica de ese amor único, mágico, inigualable. Un amor como universo temático y estilístico que ostenta signos ya más bien laicos pero enterrados en la osamenta de lo sagrado, ¿cómo olvidar el lema de los dólares “In God we trust”? Al final, un grupo de afroamericanos en 1955 da al mundo esta balada única, tierna, sentimental, emocionante, que marcó a muchas personas en esa mitad de siglo XX donde había que ir viendo las proporciones de la guerra de Corea, las bases armamentistas norteamericanas en Japón, el auge y poder de Mao Tse Tung y la revolución cultural china, entre otros hechos importantes, más allá al punto final de la década como la revolución cubana. Imposible no intentar plasmar las huellas de un recorrido por este amor romántico, este amor rockero, amor rebelde pero tierno también. En la pieza Only you The Platters conjugan su característico trabajo vocal con una armonía que da un ambiente melancólico y de imposibilidad, convirtiendo la letra de la balada en una confesión de amor para una o un único amante, sujeto y objeto del deseo.

The Platters 1955

Un contrapunto musical lo brinda Don’t de Elvis Presley, una especie de súplica a la querida para que no se resista al amor, para que atienda la súplica al cielo de no abandonarla. Un amor que empieza diciendo “Don’t” cuando se ubican los acercamientos amorosos y una serie de juegos corporales con los brazos, la idea de besar, el amor logrado a medias que vive una intensificación y que en ese juego de contrarios dice: no, pero sí, sí pero no. Entre el decir y el hacer la pieza camina por ritmos sentimentales, con picos y crestas, en una tónica que combina contrapunteos vocales corales para enfatizar la melodía que canta Elvis: “Don’t leave my embrace for here in my arms is your place/When the nights grow cold and I want to hold you baby don’t say don’t”. Pieza de 1957 que elonga esa apreciación y ética del amor romántico, único, eterno, sagrado, radiante, pero que junto a su radiante faz hay también una contra parte de desamor, tristeza, taciturnidad, espera y congoja.

Elvis Presley Don’t

Ya para 1961 el amor romántico juega entonces con el leimotiv de la guerra, las cartas de amor. Los soldados y militares de la primera y segunda guerra mundial escribieron sendas cartas de amor que hacían llegar a casa. Muchas de esas historias quedaron suspendidas, pero el leimotiv del cartero, como el mensajero que trae noticias del sujeto-objeto del deseo se plasma en Please Mr. Postman. Canción interpretada por The Marvelettes en 1961 donde figura esa constricción personal, ese arrobamiento de un ser amante, por otro amado, ese amor romántico que necesita una respuesta a su voz y deseo. Un trío de mujeres negras cantando una balada de amor, resguardando la esperanza de alguna noticia del “príncipe azul”. Los códigos de ética, honorabilidad, sinceridad y verdad son parte de este prototipo amoroso, vigente por lo menos hasta el final de los sesentas.

The Marvelettes Please Mr. Postman

El gran cambio lo ofrece una banda como The Beatles con sus melodías más armónicas, rítmicas, pegajosas y alegres. Su canto al amor es a ese ideal hombre-mujer, lo heteronormado patriarcal, donde hay un amor único, eterno, impostergable, pleno. El giro que The Beatles logran al estandarizar el amor como su bandera melódica y creativa es justamente descentrar los rasgos cosmopolitas y particulares del amor para encumbrar una teorización musicalizada de mucha mayor simple asimilación. De ahí, por ende, que las primeras canciones del cuarteto de Liverpool hayan conseguido una masividad para esta banda, un She loves you o un Yesterday que ya para 1965 daban al amor un tono rockanrrolero cambiado respecto a esas primeras versiones de The Platters o Presley.

The Beatles From me to you

Pero también el amor es un juego, que cobra por ser jugado. Un juego y una alegría, un motor, una fuerza creadora. Amar es una prueba de madurez, de ser adulto, de haber ingresado al territorio de las posesiones y lo poseído. Pero una versión que se vuelve alegría, colorida, cromática con el último ejemplo de esta cronología She’s a rainbow de The Rolling Stones de 1966. Once años entre Only you y She’s like a rainbow, cuando ya el mundo se encuentra en proceso de configuración y los dos bloques predominantes, soviético y capitalista, ahondará las diferencias entre formas de vivir y actuar el amor. Ese amor que después por ejemplo en Oh Darling¡ de los últimos Beatles ha pasado por la realidad y no es más que un motivo para evitar un divorcio o para sentarse a la mesa. Ese amor que nos dará All you need is love pero también nos abrirá la cabeza con los primeros ensayos rockeros de Led Zepellin. Manto protector que después se desangra a sí mismo en esta búsqueda de una cronología vital, en estos hitos del rock & roll de Romulaizer Pardo.