Aquí hubo formas,
estructuras derruídas,
falaces quistes simbólicos,
árboles del conocimiento
podados por la mutilación
del actuar contra los días.
Anquilosada melomanía
de cien millones de decibeles
tormento fuiste cuando silencio
anclaste en la faz constricta
del viento, en los rincones
del alma, en las pocilgas
del saber y la oscuridad
nombrada entusiasmo alfabético.
Las costas fértiles de los papeles
envolvieron tu ceño
entre cuentos, versos, epigramas,
cajas tipográficas y emblemas
que ciñeron su significado
a un atisbo de fe en un más allá
lejano, fugitivo y fijo, fortalecido
con la luz y las esferas celestes.
Ansiosa marea esto que dice
saltar al soplo instintivo
para llenar de ansiedad
las prefiguraciones absolutas
de lo extraño. Extrañeza
como quietud de mar
iracunda calma dominical
cuando se erige la flecha
fechada en el origen.
Manto acrílico del alma
eso sabido y eso ignorado
palabra como trueque
silente, silencio como cortina
para conocer todo lo dicho
nunca abarcable, imposibilidad
de llenar los orificios del edificio
de todas las obras inconclusas.

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