Ser ausencia, farol de la calle, oscuridad de la casa, desde siempre. Pienso en esta copiosa actividad de mecanografía inconsciente, de vaciado emotivo, de catarsis en el teclado, bajo una modalidad como la que puede muy bien definirse como lo hace Guillermo Vega Zaragoza con su mote, Tundeteclas. Pienso en mis escasas interacciones en redes sociales, mi falta de pericia para involucrarme con otros en el mundo digital, mi falta de involucramiento para enviar mis trabajos y textos a revistas, concursos, convocatorias, participaciones, etcétera. Soy bastante hermético, bastante ermitaño, bastante ausente. Al final mi doble perfil me estrangula, entre academia y creación. Y encuentro que el creador estudia y el académico inventa, no es restrictivo en cada caso, pero el celo profesional va dejando su impronta en mis tareas. En cambio me enfrasco en este instinto mecanografista, en esta labor de insuflarme en el mundo público, en darme a la vida pública sin medir las consecuencias. ¿Hago mal en mostrar estas inquietas crónicas de mis faltas y carencias, de mis vivencias y relaciones, de mis días y sus avatares? Al final, igualmente, es esa dualidad entre un nombre propio y un alias, un ser oficial o legal y un ser metafórico.

En cierta forma también es brindar oportunidad a espacios y tiempos en los que interactúo con distintos rangos sociales y de experiencia. Al final es igual estar en el umbral del fin de un ciclo y también generando decepciones y faltas, equivocando el camino en algunos aspectos, sin mucha claridad del futuro y abollando el presente. Al final, igualmente, es vislumbrar algunos problemas y algunas soluciones. Por eso mi cuestionamiento de esta catarsis, de este espacio, mis dudas siempre firmes de tener una presencia digital, de ser un ente virtual.

En ese tenor ahora me han llegado a mi correo invitaciones de editoriales de dudosa calidad para participar en publicaciones. Un correo de Cleber Bianchessi de editora Bagai para participar en textos educativos, una editorial de Brasil que al parecer pide cuotas para publicar trabajos. Otro correo de un tal A Blanco de una supuesta revista de sociología Scirea para ofrecerme publicar algo ahí. Una última propuesta de Eulalia Stavila de la editorial Generis que buscando en la web igualmente parece ser un fraude editorial. Estas circunstancias me hacen preguntarme igualmente por varios aspectos por seguir trabajando, sobre todo respecto a mi perfil público, aunque se traté de ofertas que de primera impresión pueden ser benéficas, pero hay que tener algo de colmillo e informarse antes de tomar cualquier decisión antes de actuar. No soy el único que recibe este tipo de ofrecimientos editoriales en un mundo digital e internético donde pululan los emprendimientos falsos.

En tono concluyente, no me queda más que seguir enfocando mis esfuerzos en lo que sí hay, aunque me doy de topes con errores y fallas recientes, con perspectivas faltas de sensatez, con algo de atropellamiento, con apresuramiento. No hay más que aceptar los límites, los errores, para seguir adelante. Tomar precauciones, moderarse, para seguir adelante. Ver lo que sí está bien, tratar de superar lo equivocado y no darle rienda suelta al flagelo y el látigo. Por apresurarme puedo perder lo que está por redondearse, lo que estoy por concluir y es tiempo de concentrarme, de afianzar, de cerrar mi ciclo doctoral. Esto debe ser la prioridad.