Inventaron un relato
de esperanza
nutriendo alegrías y bondades
para la vida,
falsedades notorias
en lo real: nacer
a un mundo de orfandades.
Acaso mitades
de gritos, algunos
de dicha, otros de dolor,
esparcen un rumor
lejano al regocijo
y la paz, porque
en el andamio
de los destinos
quedan escritos
los días de soledades,
las mañanas sin desayunos,
las noches sin beso en la frente,
las caminatas a la escuela
sin el acompañante de la mano.
El sol nos calienta
la lluvia nos moja
el viento nos toca
la luz nos ilumina
pero ¿nos vemos
unos a otros?
¿nos alcanzamos?
¿nos escuchamos?
¿nos sentimos?
Cuán lejos quedan
la armonía y la felicidad
en lo real: hueco de ausencias,
entreverado de un ruidoso
silencio pleno de violencia.
Manantial de soportar
una inmensa tristeza
es la injusticia, presencia
que fertiliza el ahogo
de esperanzas, anhelos,
sueños y voluntades.
Quebrado ramo de inocencias
esta fuga constante
al rincón estéril de la desdicha,
grano salado de soledad,
esquirlas de una vida deseada otra,
totalidad gris y vacía
la existencia absoluta
y arrinconada que sin freno
carcome la voluntad. Orfandad,
desolación, abismo certero
el ápice de consciencia
que nos carcome cada instante
interrogándonos siempre:
¿acaso puede vivirse de otra manera
que dentro del reino de los despojos?
No lo sabremos, siempre aquí
en el vuelo mortal al hueco gris.

Fotografía por Rogelio Cruz