La forma browniana que Lyotard recuperó para describir la lógica de los juegos en el horizonte postmodernista representó un primer punto de aislamiento sin reconocimientos genealógicos lineales. Eran las bases de datos las nuevas enciclopedias postmodernas al finalizar la década del setenta. Hoy la utópica realización de formas de archipiélagos informativos demarcan las dimensiones de los destiempos. Ya la postmodernidad señalaba un modelo de ruptura y discontinuidad opuesto a la linealidad del Estado-nación, los metarrelatos fundacionales y totalitarios además de marcar un pluralismo, aunque parecía dejar en claro, aún, la distinción entre geistwissenchaften y naturewissenchaften. Sin duda, la impronta tecnocultural ya existía en tanto discurso ontológico y cognitivo en el programa seguido por Lyotard, hoy simplemente omnipresente.

En consonancia, Derrida empleó un modelo de descomposición, una deconstrucción con base en formas de ser lingüísticas, inclinándose por una desestructuración, un análisis de lo no construido, lo no escrito, lo no dicho, la differánce en lo archiescriturario. Eso con el prefijo -des del latín -de, ex, dis junto a -e en ocasiones, que nos remite a una negación. Lo no construido, lo no escrito, lo no dicho, ¿nos lleva a la desdiferencia? Lo cierto en una modalidad epistémica dudosa es que ya desde el estructuralismo primero hay un rechazo al estudio diacrónico, al menos sugerido. La historicidad social, entonces, pasa por la microtemporalidad lingüística, la cual cambia de idioma a idioma, de texto a texto, de tiempo en tiempo ¿cuál es el tiempo del fonema y cómo cambia?. Pero un muy escaso conocimiento de Derrida no me permite proseguir reflexionando.

La distemporaneidad en sus distemporaneidades es plural en su ontogénesis, como un ser cuya univocidad es imposible. Junto a lo detemporal lo destructural me arroja a la deshistoricidad, lo deshistórico. El pluralismo se extiende per se, lo descriptivo sólamente lo compone. En su análisis deshistórico hay que preguntarse por lo más mínimo en una evaluación de conjunto no estable. Las bases empíricas deshistóricas son los desrrelacionamientos que evidencian las relaciones. Deshistorizar es también interpretar. Particularmente con las mitologías de las contemporaneidades. El movimiento browniano de Lyotard representa lo que algunos conocen como feudos intelectuales, académicos, creativos, culturales, estéticos, es decir una coexistencia en divergencia sincrónica. Es en este sentido que lo deshistórico importa. La idea del cotiempo implica una entidad ontológica temporal que aglutine formas colectivas quienes responden a ese cotiempo. El tipico ejemplo es el tiempo nacional. Pero, junto a un cotiempo como este, existen otras formas de cotiempos, por ejemplo a partir de la diferencia biológica de género, que nos indica el cotiempo femenino; el cotiempo de las infancias y las adulteces plenas; el cotiempo territorial, como el de la América española, Abya Yala, Iberoamérica o la Angloamérica, entre otras; el cotiempo de los saberes y conocimientos; el cotiempo precolombino o el cotiempo san agustino, el cotiempo jesuita, entre un sin fin de cotiempos. Cotiempos como campos de fuerza con una semántica propia en acumulación internética. Cotiempos que describen rutas de preferencias temáticas, culturales, estilísticas. Todos los cotiempos el cotiempo.

La mitología contemporánea adopta ahora versiones micro temporales como las del sujeto y sus interacciones, los colectivos sociales y sus discursos, las formas rituales y sociales en contextos definidos, el empleo de análisis de redes, entre otras formas en las cuales el cotiempo significa algo. Una contemporaneidad que se extiende infinita al presente y que abarca un periodo del tiempo reciente. Contemporaneidad que no distingue en su generalidad teorética otras contemporaneidades. Un dúctil reflejo que desde lo distemporáneo se convierte en una posibilidad entre infinitas otras. Lo distemporáneo no niega lo contemporáneo, lo problematiza. En ese sentido es un cuestionamiento de las clasificaciones temporales en vías de observar mucho más precisamente la diversidad de tiempos. Pero es lo natural, no contemporaneidad-distemporaneidad. En cambio, lo deshistórico, como proceso de deconstrucción, implica deshistorizar, designificar, desimbolizar, o sea, vaciar de contenido el tiempo.

Previo1/Previous1 pixel and digital art idea del destiempo