Ya no sé leer
en los rincones
la piel delicia
del tronido ido
nombre espuma
aliento descubierto.

Ya no sé leer
siempre silencio
manos arriba
mirada abajo
piel abismo
terreno abierto.

Ya no sé leer
cutis espiga
el rotulado mar
que nos ensancha
mugido asombro
pieza perfecta
arrecife desquitado
en besar el manto
concubino que es
nosotros sin existencia.

No sé leer
ni habré sabido
si quiera
computar las lunas
de los cielos
ni los fríos invernales
ni las montañas andadas
ni las amistades fallecidas
ni las horas transcritas
a la superficie mía.

Ya no sé leer
solo aprendo
a permanecer inscrito
en el pasar del tiempo.

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