Errata

 

No eran ayeres

los torbellinos

de tristeza

eran presentes.

Fue acaso soplo

mitades de horizonte

esa errata nombrada

migajas afectivas.

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Estoy muy verde

Inmadureces literarias

esparcidas, tubo

denegado, vista

átomo inquieto.

Inmadurez, axioma cierto,

¿qué letra de la ecúmene escrita

ignoro? Todas. Calles simbólicas

esta bibliofilia ramplona, sí,

decía León Felipe del poema

ser una narración, nada es

esta poesía insulsa de autoridades.

Aquí fue también oportuno

dar nombre a lo impreciso

fue también incierto

dar cabida al ningún espacio

—como ningún esperma

fue también código indescifrado—

porque hay una cronofagía

permitida: bebed de las lindes

propias de vuestras tradiciones.

Acuñada este métrica caduca

no medida, metro sin tono,

pacto desposeído, sí, tonalidad

es partir las sílabas, interruptas,

en la música que es ruido,

no armonía. Sí, bestialismo

improductivo el ramificar

torpeza de acentos semánticos.

No es mi semantema otro significado

que el escueto cronicon lexicográfico

incrustado en patrañas: intelectualismo

siempre podré olvidarnos, psicosis

ramalazo de bondad fúrica.

Estoy muy verde para asumir

un perfil y una postura oscura,

oscurecido también en sinceridades,

por que al final mi ontología

es cancerígena, fortuita, por el esconder

los atisbos cansados del estar

—y la paciencia es trueque sin sentido

como tallarín envuelto en un caldo

de pollo en Kyoto— porque al finalizar

esto que no tuvo sano ni bueno ni infinito

principio principia, así y asa y todo es necropático

negro, ambivalente, envoltura

en la certeza de la poltrona

luminosa. Sí, verde estoy

en este mercado de la res publica litterarum

digital, verde —¿dónde está mi verdulera (o)?—.

Este nihilisno metanihílico, nada, nadie,

ninguno, estoy muy verde

para redactar los versos del silencio eterno.

Finjo entonces, maquiavélico entonces,

anterior también, entonces las costillas

de los ancestros igual fueron desposesas

igual como yo ahora, ignoto,

siervo, anclado en el anclaje del semantema:

neologismo, falsificación del lenguaje

mi des-historicidad, hiper-neurotización,

arggg, ehh, epa, ju, arggg, ehh, epa, juh.

Trashy poetry

 

I will never be a poet
neither a hope
nor an inner silence.
I will never try
to fly again
the sky is forbidden
for cowards.
I will never get again
over my sight
the smiling song
of quiet air.
This world is corrupt.
Here, where the death is an everyday coin,
being alive is not a treasure
is the price of being
a slave of the present.

This hell called Mexico

 

In the beginning, the women were raped

the childhood was destroyed

the men were killed.

One Empire was

for another to be.

Blood and sinners and death

all around.

Now is the same.

The men called queer other men

because they felt superiors,

the women are being killed.

They bring here one God.

Now we have this God called drugs, alcohol,

machine guns, money and credit.

We are nobody on the surface

of this poor and devastated land.

Here in Mexico,

where is rising a hope,

we will be dead, any day, at any time.

We have been ruled by devils

and no God could help us.

This is the hell, a hell make by

alcoholics mens, by models,

by being the trash of the most powerful country on

this fake continent: America.

They got guns, they got cars, the got

the fucking mind of youth:

some by religion

others by substances

others by sex slavery

others by selling images

on TV.

We don’t have any chance

for being happy, we won’t own

our lifetime, we won’t get

our assurance, we will be in debt

for this and the rest of eternity.

They will continue

rising girls, raping them,

marketing children to be stars.

They command.

We are nothing on this shitty country,

but the shit of it, the noise of it,

the shadow of the tender light of the past.

Here we won’t rise a home

here we are not going to be respected

here we don’t value anything else

but a violent death.

They will buy

our life, the will sell their bodies,

here in this men’s country

no one will escape from the tyranny

of being conquest.

Five hundred years of being a developed

misery, this miserable land,

this horizon called bloody death.

Mexico will never be in peace

Mexico is a growing hell

and they command,

they procedure to kill us.

We will be always stupid boys

raised by Bible or by psychedelic streams.

Our punishment is to go on

among this bloody tale

and try to be someone.

But Mexico is a hell

a burning criminal hell

and it won’t change

because is our folk destiny.

Now at the rising of hope,

nothing will be different.

Our eyes

our minds

our bodies

our souls

will be continue

being raped

by otherty full of nothingness.

 

 

 

 

 

Cruce los Andes

Los Andes me cruzaron

décadas atrás, contigo,

con tu voz limeña.

Crucé los Andes

también en vida

y su majestuosa melancolía

llenó mi horizonte

de una blancura inigualable.

Crucé los Andes

ellos me cruzaron,

hace millones de vidas,

Mecanografiar el instante

El alfabeto en su amplitud

es un laberinto.

Su infinidad es mi sesgo

su horizonte mi camino.

En su finitud de silencio

comprimo saltos al universo.

Alfabeto milenario eres

el teclear emotivo

de seres infinitamente desolados.

Atisbos de autor autodidacta

Leído el 20 de julio de 2018 en la biblioteca Luis González y González del Colegio de Michoacán

El libro que presentamos debería llevar el subtítulo Ensayos de juventud. El primero de los trabajos que lo componen, mi ensayo sobre la educación en México antes de la transición democrática foxiana, es una huella de inocencia mezclada con inmadurez. ¿De qué juventud hablo? Cuando tenía 15 años en 1997 escribí una tesis para poder obtener la cinta negra primer dan de Tae Kwon Don. Un año después escribí otra tesis para mi examen de segundo dan, al que renuncié tiempo después por diferencias con quien era y fue mi maestro. Mi hermano Emiliano dice que esas dos tesis son también parte de mis primeros ensayos. En el año 2000 ingresé a la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa a estudiar antropología social. Un año después me vi presentando una ponencia en Yucatán, el segundo de los textos de este libro. Mi madre Margarita murió en noviembre del 2000 y fue demoledor. Tardé más de 10 años en entender que valía la pena vivir. En el 2002, en pleno foxismo democrático, viví mis primeros episodios psicóticos por atacarme de drogas psicodélicas. Me quedé en un viaje de LSD y perdí todo, excepto quizá una suma de dinero en el banco derivada del seguro de vida de mi mamá, con quien en mis últimos semestres de la prepa, cuando ya deseaba estudiar humanidades, conversaba sobre Monsiváis y sus correrías intelectuales en los años setentas del siglo pasado. En el año 2008, fui hospitalizado en una clínica psiquiátrica y comprendí, finalmente, el valor social de lo institucional. En esa clínica conversé por última vez con Augusto Urteaga, el padre de mi hermano Emiliano, y me contaba del proceso de sudamericanización —por la violencia, los paramilitares y el narco— que se agudizaba en México para quién los premios literarios no eran síntoma de bien estar estético ni eran importantes. 2008, ese lejano año de las olimpiadas en China. No quise entender en un principio que debía dejar de drogarme. Mis padres, la mencionada y el oncólogo Rafael, vivieron la psicodelia, fueron de fiesta, profundizaron en la liberación sexual, mantuvieron altos standáres profesionales, y obvio que era bien visto fumar el primer porro, beber la primer cerveza, salir con la primera novia, ser un clase mediero en la Xalapa de Patricio Chirinos y Miguel Alemán hijo.

Cuando troné la primera vez quedé enloquecido y obsesionado con una chica. Aluciné que la televisión controlaba mis impulsos eléctricos, mis actos y mis pensamientos. Creí ver a Sandra Bullock manejando un auto en la ciudad de México y voltear a verme con cara estúpida de asombro. Intenté seguir en antropología pero desistí. Volví a Xalapa en 2004, después del fracaso citadino a pelear con mi padre. Un año después decidí volver a las aulas y estudié lengua y literatura hispánicas en la Universidad Veracruzana. Y otros desencuentros me orillaron al camino conocido de los excesos hasta que volví a tronar.

Recuerdo que los baños del psiquiátrico no tienen división entre sí. A la hora de las necesidades todos se ven unos a otros. Recuerdo que la enfermera a cargo me dijo: olvide todo y siga su vida, usted no está loco Rómulo. Pero en el año 2002 fui a Japón y Corea del Sur, con mi familia paterna, por el mundial de Foot ball. Ahí enloquecí, ahí grité que me llevaran al psiquátrico, ahí, en esa cúspide de la civilización oriental, me convertí en nadie.

Entre mis carreras aprendí, a la mala, que podía publicarse algo de lo que escribía. Y gracias a personas que ahora me son indeseables publiqué unos poemas, estuve en la Feria de Minería, me sentí grande, pero me empequeñecía siempre.

Todo este tiempo, como desde los 10 años, escribo. No he ido a escuela alguna para tildarme de escritor. Hace 40 o 60 años no existían la Fundación para las Letras Mexicana, La Escuela de Escritores de la Sogem o toda esa tribuna letrada de escuelas de paga o públicas para “convertirte” en autor. Son otros tiempos, claro está. Y en este escribir desde pequeño se extraviaron, gracias a una joven estudiante de letras que decía ser mi amiga, mis primeros relatos, a mano y mecanografiados, lo que ya cicatrizó, pero evoca dolor. Desde mi primer congreso siempre que he podido asistir a alguno lo he intentado y eso por varias razones: para ir voy como ponente, me obligo a investigar y escribir, también lo hago para viajar y conocer otros lugares. Muchos de los ensayos de estos Retazos son ponencias o trabajos académicos. Otros son más bien desfiguros, escritura automática, esbozos reflexivos.

En el año 2004 murió mi abuela paterna Lourdes, la antagonista de mi madre, con quien compartí sus últimos días. Uno de los trabajos es un homenaje a ella, a su vejez, al recuerdo de su amor por mi abuelo y su tocar en el piano a Agustín Lara, María Grever o José Alfredo Jiménez.

Hasta el año 2010 todo fue un acento en la ausencia y la muerte. Ese año don Sergio Pitol, recientemente fallecido, me permitió acercarme a su vida, me abrió las puertas de su casa, platicó conmigo, con la dificultad que eso representaba por su afasia crónica progresiva, me obsequió libros, me impulso y me dio confianza cuando ya nadie ni nada me la podía dar. Gracias a él estudié historia en la Universidad Veracruzana, gracias a él pude tener claridad respecto a mantener mi esfuerzo escritural, gracias a él logré aprender un poco de ópera, gracias él supe cómo comer alcachofa, gracias a él conocí a Lubitsch, gracias a él volví a ser humano. Pero no todo fue miel sobre hojuelas. Me mantuve bien, estudiando y trabajando, al lado del antropólogo Mariano Báez, primero, y después con la estudiosa de literatura Elizabeth Corral. Escribía blogs desde entonces. Tuve un periodo creativo que debería tildarse de pornográfico aunque para mí era hacer pornopoiesis, término inacuñable. Y cuando ví que necesitaba ser algo más serio que un simple reproductor cultural, que me importaba la vida académica, que quería construir un futuro más o menos estable, deje esos delirios sexuales y de mujeres desnudas, exuberantes, voluptuosas, operadas. Porque otro de los ensayos de homenaje de este libro, el más irreverente, psicótico, desquiciante, cuanta bien a bien mi iniciación cuando niño a ver pornografía por tres machines mexicanos. Pero también en ese ensayo, que leyó Pitol y que me abrió mucho más las puertas de su vida, me propuse un programa cultural, intelectual y literario que he cumplido: concretar una investigación explicativa sobre Ignacio de Luzán en México (la cual se mantiene en píe y construcción hasta el presente), recopilar las obras de mi difunta madre (ahora editadas por la Universidad Veracruzana) y terminar de escribir mi primera novela El olvidado Imperio Natdzhadarayama. Tres cosas que cumplí en orden distinto, pero que fueron el motor para impulsarme a vivir entre la muerte de Monsiváis en el 2010 y mi titulación como licenciado en Historia en el 2016.

No puede faltar en el libro de retazos mi adoración por la poesía como tampoco falta lo oriental ni lo marxista, falso o frustrado. No faltan páginas de obras relevantes escritas por mujeres, ni faltan el existencialismo, cierta filosofía cultural, cierto cúmulo de lecturas, distorsiones historiográficas, equívocos interpretativos, plumazos y un largo además de otras cosas.

Ahora aquí en el Colegio me siento agradecido por la buena intención y recepción de la idea de presentar mi libro, mis retazos. ¿De qué juventud hablo? La juventud de un junior frustrado, de un raro, de un joven que dilapidó horas y monedas, papeles y lágrimas, en correrías que pudieron costarle la vida. Hablo también de una sobrevivencia, ya visto desde el presente. Toda la culpa o el temor a la crítica o el miedo a ser políticamente correcto o incorrecto se plasman en la oposición de exhibir mis ensayos.

No tuve educación religiosa, a duras penas fui bautizado. No he leído la biblia. Mi abuelo materno era ateo, mi abuela Lourdes tenía una bendición Papal y un retrato de Guizar y Valencia en su cuarto. Mi madre fue guerrillera en Chihuahua, participó en el asalto al cuartel Madera. Mi padre es oncólogo y ha tenido 7 hijos con 4 mujeres, uno de ellos no reconocido. Todo ha sido siempre una contradicción en mi vida, excepto quizá este presente que hoy es mío. Dicen unos grandiosos amigos xalapeños venidos a menos que tengo buenas raíces. Creo que sí. Desde niño no dejo de escribir, para bien y para mal. Pitol me dijo que era un don, yo creo, además, que es un ejercicio, como correr o hacer sentadillas. En abril murió Sergio, la última vez que lo ví fue en el hospital en 2016. Mi libro, este libro de retazos que ahora presentamos, salió al público el 11 de abril, un día antes de su muerte el 12 de abril. El 13 de abril cumple años Emiliano. Tengo una hermana, mi única hermana carnala, Luisa, a quien admiro. Me arriesgo a esta semblanza autobiográfica porque al final estoy convencido de que escribir y leer es vivir, compartir y soñar. No he leído a Cervantes y mis empresas intelectuales quizá sean quijotescas. Al final mis escuelas literarias han sido las aulas de las universidades públicas. Cuando salía de la prepa se me antojaba irme a estudiar antropología a Columbia en New York y no lo hice porque no quise pedirle nada a mi padre. Al final la vida con la muerte de Margarita me dio todo lo material para poder irme, pero me quito todo para querer vivir. Y hoy, aquí, puedo sentir mi deseo de vida, que comparto con ustedes. Las piezas, los retazos, de mi vida, son más que letras, anécdotas, investigaciones, momentos, búsquedas. Son ya huella dejada al libre fluir de las audiencias, son ya testimonio de mi gran época oscura, son ya luces, estrellas, en la constelación sideral de una existencia en el México presente. Dicen por ahí que soy privilegiado, yo creo que el privilegio es nacer sietemesino, luchar por la vida, sobre vivir las drogas y la muerte materna, erguirse con  propósitos valiosos y salir al mundo,  aunque sea parlotendo boberías, para ser alguien trascendente, en lo ínfimo, lo mediano y lo grande, después de ser uno menos en la despersonalización desquiciante de los infiernos posibles en el Veracruz de Fidel Herrara y el México de Felipe Calderón.

Toda la vida mi madre dijo que yo no sabía escribir y fue hasta ese ensayo sobre educación que su opinión cambió un poco. No sé qué diría de lo que escribo, no sé qué opinaría de que sea historiador o de que estudie a Ignacio de Luzán, no sé que diría de mis despilfarros y mi dilapidación, no sé que diría de lo que escribo sobre ella. Sé que tal vez sea sería una típica madre mexicana, orgullosa de su criatura en lo que tanto y tan bien hacía ella. Quizá sea estéril imaginar qué diría Margarita si estuviera hoy aquí. Sé que su espíritu me acompaña y que hoy sentiría que finalmente su retoño comienza a emprender el vuelo en este oficio de la escritura.

Infinitas gracias por estar aquí.

Zamora de Hidalgo, Michoacán de Ocampo, México América del Norte

A los 19 días del séptimo mes del décimo octavo año del tercer milenio después de la crucifixión

Rómulo Pardo Urías

 

 

Presentamos en El Colegio de Michoacán mi libro de ensayos

Fuimos tres los participantes: el experimentado Álvaro Ochoa, el joven Jaime Garba y un servidor, autor. Presentamos al público zamorano el libro de ensayos Retazos quebrados de la vida, editado en abril por Chiado Books España. Eran las 6 de la tarde del viernes 20 de julio del presente ciclo anual. El público predominantemente fueron alumnos y personal de Colegio. Jaime nos compartió un texto interesante para proponer la pertinencia y solidez del libro, retomando ideas del ensayo elaboradas por Carlos Fuentes, por ejemplo. Ahondó con nitidez en los vericuetos temáticos y estilísticos del libro y presentó sus juicios y opiniones de acuerdo a impresiones sustentadas en la dimensión de proximidad de estos retazos. Don Álvaro, primero en participar, fue mucho más concreto, sereno, dando paso a las nuevas voces a hablar. Y yo para variar sometí al público a un estresante relato autobiográfico.

Finalizando dimos paso a una ronda de preguntas y respuestas. El público parecía satisfecho, convencido, emocionado. Y dentro de las proporciones de presentar un libro en el recinto colmicheano considero que no se disminuyeron las expectativas.

La tarde amenazaba con lluvia, la hora no era muy apta, el público se restringía. ¿Qué es eso de ser un joven autor en busca de audiencia? Al  final estuvimos presentes en una primera presentación mexicana de los retazos que componen mi cosmografía existencial entre el año 2000 y el año 2012. Emocionante, sentida, intensa, mi lectura autobiográfica suscito reacciones, movió sentimientos, construyó un particular sentido del ser. Al final todo fue un momento de compartir, de riqueza y presencia, de memoria y colectividad, de una intimidad propia de una “familia”. Jaime y Don Álvaro fueron inmejorables presencias, aunque el veterano Don Álvaro se inquietó y preguntó el por qué de mi elección suya como presentador.

La ronda de preguntas y respuestas fue también importante, escuchando a la audiencia, mostrando interés por inquietudes, interrogantes y comentarios. La directora de Difusión cultural del  Colegio hizo el primer apunte, indicando la gratitud y el tino de haberme acercado a ella para presentar este trabajo y mostrando interés por coadyuvar a presentarlo en otros foros zamoranos. El director de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Pachuca, también presente, enfatizó la relevancia de este tipo de trabajos y evidenció su deseo de ayudar a promover el trabajo. También participaron tres compañeros en el comentario, ahondando en las condiciones de escritura de los textos, comentando respecto a la relación entre escritura académica y escritura literaria, reafirmando su deseo e interés por conocer y leer el libro. Finalmente hubo firma de libros.  La tarde terminó con un compañerismo pleno y la fértil semilla plantada de la escritura como elaboración vital.

Eyes/Ojos

Amazing silence’s tongue

Increible lengua del silencio

Do you find me attractive?

¿Te soy atractivo?

Once every day will be forgotten

Una vez cada día será olvidado.

Inner speechless time

Tiempo interior indiscursible

Raped sight with light

Mirada violada con luz

Fairy well meaningless attribute

hasta luego atributo insignificante

What we saw is what we most conserve

lo que vemos es lo que debemos conservar

intact over our tinny sorrowed head

intacto sobre nuestra pequeña cabeza entristecida.