Teoría del instinto mutilado 5

Donde las nóminas de galardonados

revisten sociedades

otros nombramos otredades,

mitades, somos la oscuridad

contraparte, versificadores

de lo inútil. ¿Pereceremos

en este umbral de basura literaria

de concursos no obtenidos

y de lóbregas retahílas de mustiedad?

Donde otros son todo

nosotros somos nada, nadie,

ningún resquicio de esplendor

porque nuestro tiempo pasó.

Somos otros

contra el fondo roído del lenguaje.

Nadamos en la corriente esbelta

de truculencias y fraudes editoriales,

cabalgamos sinuosos prados

de verborrea y palabrería. Pendemos

cerca del abismo fortuito de la necedad.

Troquelamos la síncopa

que desquicia el alma

porque somos ignorantes

porque no estamos de moda

porque no conocemos el canon

porque al final vomitamos

únicamente

unicidades

particularismos

irrelevantes… como gaviotas muertas

en un muelle californiano.

Todo es cuestión de egos heridos

de grandilocuencia y sensacionalismo

todo es un estéril eco de esterilidades.

Escritores de unicel

somos

aquí

cuando nadie más enquista

nuestra flacidez intelectual,

nuestro raquitismo estético,

cuando sembramos lejanos

del orbe literario presente.

Ya lo dicen otros

como Lipovetski

que nuestro vacío nos induce

a vivir falsamente, a crear falsificaciones.

No merecemos el mote

de literatos o escritores o hombres —y mujeres—

de letras, aunque de letras estemos hechos

y hagamos nuestra vida, libro a libro,

ladrillo a ladrillo. ¿Por qué perder

el pulso y aliento de esta ramplona

apología inservible? No es sólo

como dijeran otros que no hay escalafón

es también el retículo indomable

que digo yo sobre nosotros

que no merecemos una oportunidad

que no valemos un poco de árboles deforestados

es también ese ego nuestro, eso yo

mutilado, desproporcionalmente

reseco, no como Onetti, que sí era escritor,

sino como estos que deambulamos

por el mundo en la farse escritural.

Y perderemos el tiempo

porque el tema del reconocimiento,

dice un autor por ahí escribes o trabajas,

es el tema de la negación de la modernidad:

otros son y para que ellos sean otros no son,

porque las asimetrías perduran, porque

no hay un mundo equitativo,

porque el capitalismo cultural

es más salvaje que el económico

porque merca con emociones y objetos.

Aquí es tarde ya,

tarde como fue

la pretensión de contar este fragmento.

Inútiles también tenemos detractores,

tenemos enemigos,

son ellos, los nombrados

los distinguidos

los reconocidos

los de la nómina, ellos

y ellas, que en su pelea

sobajan, aniquilan y canivalizan

el acto de crear.

Poema de un conflicto epistemológico

Entonces, sí, conocer,

acaso la mitad del fastidio

somos, sí, emblemas

todas las letras

indómitas. Mareas

con salitre de tiempo,

esbelta fibra, alfabeto,

silencio, ocaso, sí, acaso

mitades insufribles: poesía

e historia, episteme.

Añoranza, esa edad de la inocencia,

del trauma, neurosis, los tendones

raquíticos del porvenir.

Construyo sistemas de sistemas

—sistematicidad destructiva de lo inconsciente—

rompo la lógica, tiento, de Aristóteles

el legado, de Netzahualcotl el verso,

tiento, acaso —ocaso neoclásico—

de Luzán y las Españas —etnocéntrismo

dualista, criollo— en este barrote

nombre espacio de tiempo roto:

rotura, sí, mitad es, somos, estar

en la costilla de Eva —erotismo

falaz— contra el pecado,

contra todos los pecados

de todas las mitologías.

Construyo un sistema

post pre trans humano.

Globo, mi voz, boca

mi escritura, canto

arena la playa homérica.

Futilidad, también,

este sistema, sistamatismo

escueta fragancia —al polvo

de los años y las generaciones—

marea, siempre, mitad

de un texto —orar oraciones

al finito deísmo, laicicidades,

torpeza moral, esto— si acaso

ocaso del alfabetismo, mutismo,

ruego, por eso mí trompa estéril

e intelectualista —¿cómo este versar

los efectos disformes de la distorsión

transitan madurez de fabricación

quebrada en el insomnio?—. Adiós

amores de carne y hueso, ánimas, si

es la luna y su brillo, si es entonces

ese paraje cierto, libreta, hoja, tinta,

marea, indómito tranzar el nombre de las letras.

Configuro, en este conflicto,

la episteme de nadie, este ser,

poema, ser, historia, seremos

colectivamente un olvido más,

entrecomillado, como entrecomillar

la frase que dice: “no eres una cita

de nadie porque no importas”.

Como la fugacidad del verbo, del alma,

como la fugacidad del espíritu,

como eso que llama, eso que es

el llamado de la sangre. Adiós

te amo, nunca dije, letras

déjenme morir tranquilo.

 

Desproporción anquilosada

Cuando la balada invoca

este ritmo cruento

somos —esquirlas de tiempo—

amalgama de frutos: certezas

el reclinar la escucha

hacia el sendero —mística envoltura—

espiral quebranta sueños.

Incumbe a nuestro viento

—alma fugaz contra el espejo—

la risueña tempestad, melodía,

signo, seña, que es nuestro arder

—mutismo saltar rendijas imaginarias—

contra el pendón mustio del amor.

 

Solemos habitar los rincones

de canciones esbeltas —¿acaso

olvido te nombramos ley?—:

surca un sujeto colectivo

nuestro terraplén histórico,

como estamos aquí, cantando

—si es tu voz la mía respalda—

lo que del invento constriñe.

 

Un día quedamos sintiendo

que los laberintos son siempre

el estruendo del día,

los rayos de luna, imbéciles,

que nos devuelven la humanidad,

aun así

invocamos tropas de actos

al bailar contra la marea cotidiana

—si mitades nos dicen

entonces también unidades

nos esconden en la acrobacia

del silencio—: angostura infinita del verbo.

Ojo imaginario

Releva el viento

sueños, tropas

insensatas, que son gotas

de amores fallidos, que angustian

el entonces colectivo:

nosotros escondíamos

copos de tristeza en la alacena.

En un invierno ficcionalizado

escupimos narraciones y metáforas,

roturas del diente gris demiurgo,

como pincel entonando

la hoja en blanco. Dibujamos

ignorancia que es la muerte.

¿Nos escancian la hoz eterna

y el torno donde forjaron

la histeria histórica del devenir?

Fluir, tentar, calmar… silencio.

Éramos un arbusto de esperanzas

que se secó con el mamar del sol,

como oso tiroteado en el polo norte,

blanco y rojo, sangre y papel:

fuimos igualmente cenizas y cenit

del torpe signo que aterrizó contra

el espejo bruñido de fantasmas.

Perdería contra la insignia de tu aroma

el ajetreo común de un caldo de mariscos

pero estoy aquí y allá eres cercanía de nadie.

Te nombro. Finjo también

escupo, frunzo mi alma,

tiendo el atender observando

las mañanas veraniegas en Dublin,

esparzo ansiedad, depresiva ínsula

esa imagen: nuestro baile, te amo.

Pertrechar las costas de la memoria,

estar así, hacía la luna una cavidad

de luz en tus comisuras

cuando sonreír fue cabalgar

años y generaciones: extravío

si acaso olvidaste que un día

nacimos como esferas de ternura

en el rosal puntiagudo de la existencia.

Teníamos una especialidad constante

flamentes monumentos terregosos

indujeron a la máquina a estornudar

nuestras figuras de estructuras de hierro.

Aquí la improvisación resiste

remilgo

estúpida manera de mecanografíar

la observación instantánea

de un nihilismo predecible y ramplón.

Baratija, sí, ideología gratuita, sí,

sueños quebradizos de misterio, sí,

tendones espirituales absortos,sí,

nuestra música congeló una montaña

de imágenes y ¿qué quedó de una vieja

carrocería que condujimos por el

salado precipicio de las despedidas?

Anteriormente creía que un espectro

indicaba los senderos personales.

Hoy no estoy seguro, estoy infértil,

estoy, si acaso, mentalizado

en una hoja de clavel

que me escribe tu nombre en la frente.

Teníamos también un augurio

que se cumplió, teníamos voz, boca

pintura en el interior

y callamos, oscuridades

nutrieron la deformación, soplos

instintos nos ciñeron entre un horizonte

flácido de calles y caños —sutileza espumosa

la misma melodía cada inicio

de semana— monotonía que ensimisma

un  aquí ya no perplejo o abismal

fluido y trepidante en un trémulo impacto de sexos.

Ya no es temperatura el insomnio.

No alcanza la desdicha del florero

a esconder un manantial

de promesas, porque caímos

guturales en el asombro,

caímos y volamos y dijimos:

¿hubo una teatralidad propia

cuando la necesidad volvía

necia la impronta contradictoria

del verbo? Divinizamos toda afrenta

como si fuera chocolate para niños

porque en un abrir y cerrar de manos

se nos fue el destino y destinamos

febriles colecciones de imanes

a una frialdad de multitud en transporte público.

Hasta el insensato remolque del soñar

nos indujo a la fumigación anímica

por las rendijas fortuitas del imprecar

los actos descritos en tradiciones esfumadas.

Posiblemente tendríamos más minutos

para nuestra audiencia

pero no,

no,

no porque a cambio de volar

incumbía decir y soltar

la desfiguración planetaria.

Porque en un ápice de misticismo

extraviamos los inmejorables

tormentos del ser y decidimos

alejarnos porque en el horizonte

—de nuevo el grillete de un lugar

común— nos escondía el futuro

su decrepitud de paso y el emblema

torcido de la certidumbre: amar y ser amados.

Irreverencia poética 22

Hoy no existe

este presente

marcado de papeles.

Remonta una turba

los escondites del medio día

como fuentes borbotando

negrura histórica.

Empedernidos cuchicheos

cabalgan los rayos de sol

y la tormenta, renombrar

entonces de los húmedos espejos

de concreto, maquina huídas

entre autos, jets, aviones y trenes.

Hoy estaban las nubes

hermosas como tu cuerpo

pero te olvido y entonces

son algo que no eres:

yo sin voz aclamando el espectro

de una muchedumbre sabatina.

Vomitividad y verbalismo

Falsifico mi emotividad, falsifico mis ideas, falsifico, evado, el torrente cierto, acuoso, de la lengua. Desconozco de retórica, inmensamente ataco el teclado, pam, pam, pam. No es verdad que por escribir uno sea escritor, es mucho más complicado, pero tampoco es cierto que uno deje de escribir: escriba dice un buen amigo librero. Existe una horizontalidad que promueve el despilfarro verbal, la del sintagma. Ahora no es una cuestión de lingüística. Más bien se trata de la performatividad del momento: ¿qué pienso que digo cuando escupo saltos dentro de este cuadrado que será visto por 25 personas máximo? Es mucho menos que una audiencia, mucho menos que los libros que se pueden vender en una presentación regional.

No vayamos muy lejos, por favor. El abecedario es distinto del alfabeto, pero también la resistencia oral es distinta al trazo escrito. La mejoría estriba en la articulación del signo lingüístico y la escritura, no obstante los escondites ciertos de la inteligencia ficcionalizada del instinto, del arrobar las cúspides de la mente con grandilocuencia efervescente de misterios. ¿Dónde estaba abril en 1678? En el mismo sitio, cronológicamente. Se trata por ello de la calendarización del vacío, la vacuidad historizada, cata pum, cataplasma, ectoplasma, protoplasma, como la adenéica señal de decrepitud que arrostra mis ojos frente a una cabalgata insufrible de payasos literarios. Pero el payaso soy yo, sí, ridículo, sí, siempre, desde niño. Igual que las estrellas, igual que la sal, ridículo, sí, siempre, as usual. 

El acto de habla escupe, entonces, estas fruslerías, vaya palabreja, vaya intentona, vaya raquitismo, este ramplonismo ideológico, este desconocer tradiciones, este ni siquiera estar seguro pero seguir adelante. Vamos, cómete un Hot Dog, es lo de menos. Maravilloso, simples combinaciones infinitas. Diría Chomsky: your speech deos’t say anything, who cares? Encima del trance psicodélico, sexydélico, pornodélico, logofágico, emblema si carisma de cuento de los años cuarenta del siglo pasado, chasis de pacotilla de un automóvil oxidado en La Habana. Debería vivir más, debería abrirme, debería dejar de intelectualizar mi interpretación de mí mismo, soy un fiasco, un fraude, pero soy. ¿Aquí hay temporalidades ocultas en un numeral endecasílabo de fractales insalubres? De nuevo el hecho de la salud, la enferma obstinación del nombrar, más bien del expresar sin decir. Pamplinas, sería como ir de un lado al otro en la calle de la zona roja y decir: no soy carnívoro, soy vegetariano, who cares?

Teoría del instinto mutilado 4

Aflora la costa escritura:

si maremotos de sentido

refulgen en la playa de papel

somos saltos seguros de saltar.

Cae en nuestra lengua

—de torcedura indómita

la flexibilidad verbal—

una porción terrena,

salubre, indecisa, de simbolismo.

Roto espejo

alfabeto carcomido

en cinta

boca

lengua

código y señal…

siempre que es nada

nadie acompaña

al nosotros engreído.

Constipada nuestra memoria

recordamos que estar es hilar

los años con las estaciones,

pero ¿somos existencias del siglo

o figurines rotos en la caída

del siglo antecesor que ruge en nuestras

biografías? Espasmos conquistamos

cuando de pronto es un eco la tortura

de decir que una vez algo fue futuro. 

Y encima de nosotros, blancas pendejadas,

azotamos el tiempo en su coordenada

apolínea y cansados del vértigo indagamos

en las fruslerías de papeles no leídos jamás.

 

Vitalicia

Pedí el deseo de tocarte.

Digitalizaste mi silencio

hecho trizas. El escaneo

de mis noches fuiste.

Cornea lasser tu aliento

surco y camino: adelante

estaba la cima de un nosotros

quemazón nuestra ingravidez.

Draco poiesis vitae

Espuma tu aliento

mi boca, certeza,

tiento, mañana gris:

humedad de silencio.

Aquí era la época

del amor y es hoy

del episodio roto,

como corazón,

el año del dragón

vencido: tú, aposento,

mía la vocal, nuestra

la playa insomne

de un beso.

Ciudadanía del tejado

Intermedio

si trota nuestra mirada

espuma de cielo

deja,

andar si vuelo,

truco si meta

mecánica: mecanismo

absorber el dintel

de los años. Juventud

ramificada, maleza nuestra

visión, como de un mundo

fragmento, truco de guiñol

aposentar la esencia

de las nubes: intermedio.

Gatilleros y gatillos

circunvecinos atómicos

nuestros: tejados

polis cierta del compendio

axiológico tildando el viento

con el estilo plural

de los cielos acantilados.

Irreverencia poética 21

Manejar silencios es un

trueque emblemático:

si mirar otredades

es un don, ¿qué de nosotros

columpia ruidos?

Hijos somos,

nacimos, cultivamos

las sendas prófugas

del amar, silencios

somos: bocas y abrazos,

don de alegría, de lenguas don,

traducir el espacio en sueños.

Si quebrar el dolor

es iluminación, entonces

¿donde nacemos

creemos tu magia,

madre? Rebelión

del uso patriarcal

de la mirada ¿Existes

tendón de feminidad?

No es un saltar las rendijas

del mutismo

la insignia de tu vida:

experiencia inconclusa

ese romance tuyo

pasto del mito celeste.

Leíamos al saltar el horizonte

Estaba negra

la esfera, que éramos,

saltamos, gritamos, volamos.

Era un teatro.

El aire viajaba, andaba,

nosotros mirábamos,

nos escondíamos,

porque yo caía y tu encendías

el germen mismo del ser.

Y volcamos la existencia

en un salto, ingenuos

siempre nuestros píes.

A veces creo que fue muy pronto

para ser muy tarde, pero te pienso

dentro de unas décadas y te amo.

MEME POETIC 1.1.1

We don’t have

any change

to be loved,

but we love

always on this

memory’s labyrinth.

 

 

Image with Gramma Errors as a poor mexican trying to express itself on Englis

Meme poética 3.6.5

Hay quien confunde

la moral con la cultura.

Yo confundo

profanación y tristeza.

Hace tantos saltos fuimos

eternidad, hoy somos

carne y ventisca

monetaria… materia

y carne, cenizas, fuimos.

Carencias nutren

el andamio de nuestra angustia

obsesiva de placer.

Irreverencia poética 20

Fuimos sin cautela

un beso y florecimos.

Comparsas de caricias

nutrieron nuestros cuerpos.

Pero al final dejamos siempre

un halo de distancia en el amar.

Micro 678

Pensé,

es cierto,

los signos

del día.

Perdí,

en verdad,

la cuenta

del silencio.

Partí,

sensible,

al ocaso de la despedida.

Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

Composición en despilfarro emotivo

Decapita mi tiempo

un álgebra enmudecida

que de números tiene

fechas caducas

en el calendario del pensamiento.

Todas las geometrías de este dolor

inmenso, inmensidad quebrada contra

el rumor insigne y los años,

narran cúbicas lontananzas de amistades

perdidas, de cafés y cigarrillos,

vocales del espacio, tuerca y símbolo

alfabético, que es la urdimbre

infértil, locación certera,

escena, siempre, cabalgar la alegría

de estar en la playa del olvido.

Soplaban en el firmamento

luces y polvo

las amarras del amor juvenil

pero dejaron aquí, donde

esculpe su asombro la existencia,

las moronas decaídas, falsas, del presente.

 

De la indigencia como motor

La vivencia del ostracismo, de la exclusión, en sus modalidades más simples, remite sin duda al valor primero de la indigencia: la no adscripción a institución, grupo o sociedad. El indigente es un huérfano social por decisión propia. Los mecanismos históricos de las sociedades, principalmente los relativos a la moral, introducen en el indigente una movilidad, emocional y factual, que lo induce a traslucir la palidez estructural del convivio, del encuentro. Pero en el atisbo mismo de lo marginal autoimpuesto, se localiza la configuración inherente al silencio. No es entonces una rebeldía ruidosa y modificadora, no es el inclemente instinto de transformación revolucionaria, es, por el contrario, la nitidez de una alteridad elegida como ruta de callar el indómito existir. Y si los márgenes son siempre amplios y carentes de nutrición en la sociedad, no es entonces del salto a una ningunidad o esfericidad del vacío lo que el indigente busca. Es la crítica al mundo, la crítica a la organización de lo social, lo que el indigente encarna.

Desde los rincones y confines del no ser social, desde la anulación impuesta, la indigencia remite a una decisión unívoca, definitiva, a la renuncia del contrato socialmente dado, para sustituirlo por el inminente remanso del fastidio. En el quehacer indigente los días no son tiempo, las horas son quizá soportar el hambre, quizá hacer una diligencia para obtener unas monedas y alcoholizarse, quizá dormir todo cagado u orinado en un parque público. Y si la sociedad funciona en términos de privilegios, reconocimientos y éxito, el indigente sabe que no necesita consistir su andar en otra cosa que en sus necesidades y los despojos de una vida pasada en la que perteneció a ese algo común. La indigencia promulga una desconsideración constante, la de las contradicciones inherentes a la lógica del capital. No es entonces una condición renovadora ni antiautoritaria, sino que es una imposibilidad, una renuncia, un dejarse vencer, por el inmenso aparato de lo social.

 

Irreverencia poética 19

¿Cuándo hubo andamios

para precipitar

la lectura de los soles?

Fugitivos descansan

los adheridos relatos

de la ciudad celestial.

Fumiga el éter de la vida

los rincones del saber,

como de alfabetos

torcidos, cuña del conocimiento

inútil. Era soñar nacer

el columpio de los atardeceres,

como la era anterior al reloj

del desconsuelo y la memoria.

Baladíes tropiezan nuestras caricias

en el amasijo de imágenes

y flotamos, siempre aquí,

donde nada es la escritura de la totalidad.

Lumpen emoción

Esto pequeño

burguesía

traumática

escribe

por siempre

el contagio

de la miseria.

Mal entendido

desprecio

soy contiguo

siempre

al lado del camino,

insigne pasado

de grandeza deportiva.

Añoranza del bien perdido,

inocencia perdida,

psique putrefacta,

axioma de olvido.

 

Improvisación lírica transgénero de memorias distorsionadas

Debería escribir el collage de todas las publicaciones periódicas presentes en la casa de mi madre, Margarita, incluyendo mis revistas de estudiantes de antropología, las de reflexión sobre la postmodernidad, las del Poeta y su trabajo de Hugo Gola, también los suplementos del anterior periódico Milenio Veracruz, esos suplementos donde publiqué alguna vez, suplemento nombrado Laberinto, dirigido por Omar Piña. Debería quizá reconocer el camino andado y hablar de Mirna Valdes, de Erica Carrillo, de Juan Pablo Villalobos y algunos otros muchos autores que deambulamos por ese recinto cultural impreso. Debería quizá retomar las revistas de Cuicuilco, las de la UAM-Iztapalapa, también las de Alteridades, sin omitir las de Historia y grafía, la Revista de Historia El Siglo XIXDualismoSotavento, y por supuesto los suplementos de México en la cultura dirigidos por Fernando Benítez. Debería quizá revisar todo eso y entonces escribir, entonces saber, entonces actuar de acuerdo a los caminos de la intelectualidad mexicana, latinoamericana, europea, porque también hay revistas de El Viejo Topo, pero entonces me encuentro perdido en el laberinto del tiempo, del presente, de contar con un acervo inmenso de papeles, como algunos ejemplares de la colección de editorial Era Cuadernos políticos. Y si mi síndrome de Diógenes me lo permite, quizá un día pueda hacer ese libro donde encabalgue mi filiación intelectual con la de mi madre.

 

Versificación de tu ausencia I

 

Tú que escribiste

árboles genealógicos:

¿me reconocerías ahora?

Investigo sobre Ignacio de Luzán

y me preguntó si hay un factor

jesuita común en el orbe hispánico

en 1767, pero entonces,

divago entre poéticas, históricas,

cuadros y desnudos femeninos.

Tropiezo cierto,

si donde habito un instante

es por siempre tu voz,

en la cordillera de los años,

de las vidas, del chismorreo

de la intelectualidad mexicana.

No olvido lo que me contaste sobre Paz

cuando Onetti vino a Xalapa: tu exclusión,

constancia de vida, igual me siento yo ahora.

Un historiador recomienda un escrito de Aguilar Mora.

Entonces recuerdo nuestras pláticas

sobre Monsiváis, recuerdo entonces

tu pertenencia a la intelectualidad mexicana

del último tercio del último siglo

del milenio pasado, y constato,

con tu foto con Héctor Aguilar Camín,

que entonces yo no te usé como plataforma.

Lloro por dentro porque un día, en una fiesta,

parecida a Woodsktock, grite: llévame contigo, mamá.

Porque después de leer algo de Fromm y de Jung, incluso

de Freud y Lacan, me pierdo en la psique histórica

de un nosotros, Margarita, tú y yo, entre la selva

del Totonacapam, en el desierto cercano a Paquime,

tú y yo, la incubadora, mi destete obligado, tú y yo

y ese poema donde versabas que ponía en jaque

tu dolor. Hoy entonces, pierdo el tiempo,

con preguntas mustias, pero Roberto ahora es mi

amigo. Te extraño y también te creo, pero te olvido.

Igual que tú, allá en la Sierra Tarahumara, está

Augusto, que te alcanzó 8 años después.

Y el cielo es también color azul, las nubes

son blancas, con accidentes, pese al cambio climático.

Ayer revisando el archivo familiar encontré

algo inédito de García Canclini y entonces recordé a Maren

diciéndome que tú le decías Chanclini.

¿Qué migraciones no viviste tú

que te hicieron ser extranjera en tu país?

Sigues despertando envidias, celos y rencores,

pero no importa eso, importa que te amo.

 

A.I)

No interesa mucho el mosaico que pueda esgrimir contra el espejo de mi retruécano emotivo: soy y escupo, porque no es divino el verbo, pero sí la luz. La historia de Urías el Hitita se repite en mí. No interesa tener un nombre bíblico, no importa tampoco que nadie lo pronuncie apropiadamente, aunque ahora hay una actriz famosa que se apellidada Urías. No importa tampoco el recuerdo de hace 15 años, no sólo del Rave de Alien Project, no sólo del viaje a Japón, es más, importa más recordar el guiso con anguila y arroz blanco, el sushi, las sopas, el dragón chino que ya hace tiempo se perdió, el abanico japonés que ahora tiene Claudia (espero), porque mi cuaderno de ese viaje, Coreano-Japonés, fue tirado junto a otros papeles encucarachados, en casa de Juan Ángel. No interesa la narración de los hechos, no interesa el vínculo o el lazo, ni las substancias. 15 años atrás deprede el peyote en Wadley, con toda la tristeza del universo, con el castigo de una espina en el talón derecho, como el grito en el oído derecho, como esa mística imagen que nos condujo a la cagazón, donde los tapetes fueran tan importantes, mística como la imagen de Bush y Saddam Hussein jugando también con tapetes en 2002. Hoy que todo es una distorsión, hoy más que nunca no interesa el testimonio, ni la certidumbre del esclavismo sexual, no interesa mi pesadilla, que después fue pesadilla universal. No importa tampoco la morena bailarina más hermosa que cualquiera, no interesa la canción de Fito Páez, Joaquín Sabina y Andrés Calamaro, ni mucho menos el estructuralismo de Leví-Strauss o la antropología postmoderna de Clifford Geertz. No importa tampoco la semiótica de Umberto Eco, no importan Greimas, Bourdieu, Althusser. Son muchas vidas entonces esto que vomito, este escupitajo de nombres, de vivencias, de recuerdos del sabor del Sake, a madera, como del saque de banda en el partido México-Ecuador, como la ramplona y asquerosa televisión mexicana, como los machitos nacionales enaltecidos en el extranjero, como el charro negro pisándome los talones y yo con ganas de partirle la cara. No importa ni interesa haber ido al México-Croacia con pantalones guatemaltecos, huaraches de Malinalco, guayabera yucateca, gorra gringa y collares de la Sierra Tarahumara. También los increíbles lentes amarillos que compré en Niigata, se perdieron, porque se les obsequie a Gael, que fue tu alumno en tercero de secundaria en la Freinet. También el reloj, bonito y azul, de esa tienda se perdió, por andar fumando mota en los pasos peatonales del Distrito Federal con Gonzalo, hace ya muchos años, cuando ya no era novio de Luisa, pero a quien quisimos tanto. Todo eso no interesa, no incumbe al presente, ni al pasado, ni al futuro, no, porque Dariana no es Denis ni Adriana ni nadie, no es nadie, no existe ¿o sí?. Porque Denis muy seguramente no me recuerda. Porque Dariana y su voz son hermosas. Porque Adriana, la modelo de Victoria Secret, tiene un parecido inmenso con la chica que bailaba. No importa que un mal sueño se vuelva realidad, no importa pedir un deseo con una estrella fugas y que también se vuelva realidad, no importa tampoco proponerse un programa intelectual y que se vuelva realidad en 7 años. No, no interesa, no es conveniente mencionarlo, nada, nadie, nunca, aquí.

Descoyuntura psicoanalítica

 

Bailamos y a ella le adjudiqué

tu figura, su representación, tu esencia,

porque imaginaba cómo

ustedes, papá y mamá, se hubieron conocido,

cómo debieron divertirse,

cómo se decidieron a cortejarse,

cómo por encima de otras opciones

se eligieron. Y ella, morena como tú,

hermosa y esbelta, como tú,

sonriente, de ojazos, atlética,

rompió mi alma con su alma

y nunca pude abrazarla.

Pero todo fue un recorrido

al verde instante de la marihuana,

todo fue el tropezar absurdo

con el látigo de las mareas sociales,

todo fue confundir, a la distancia,

el espejo con el espejismo,

el síntoma con la enfermedad,

el sueño con la vigilia.

Entonces ella se volvió tu recuerdo,

pero no tu duelo mío, no tu obra,

no tu estar y ser en el mundo,

no, tampoco he podido entregarme

al perdón y he amado a medias,

siempre, aquí, con ese constante

recordar el baile más grandioso de la eternidad.

Ella, junto a ti, es también ese sueño

hermoso en un camión,

donde tú eras ella y ella eras tú,

donde yo veía

los ojos más hermosos del universo,

donde palpar fue tocar su aliento

con mi oído, llenarla con mi aliento,

saltar al universo, oscuro y luminoso,

desear un abrazo que nunca llegó.

Aquí estamos, sin nosotros, en la perversión

de la barbarie inflexible y constante.

B.II)

Al final quizá sólo me queda conformarme con la posibilidad de investigar la recepción cultural, literaria y periodística de Ignacio de Luzán en México entre los siglos XVIII y XX. Madre, reuní tus obras, pero me faltas tú, te leí, te compendié, digitalicé tus artículos, pero nunca podrás escribir tu libro sobre Escandón. Mamá, perdón, ya es tarde para ser el buen hijo que no fui. Y ahora, todos estos años sin ti, que son sin nosotros, son también sin ella, que tiene raíces chihuahuenses, como nosotros, y que yo lo supe a mitad del ácido de ese noche, y ahora todo es imposible.

 

Pecador

No fui un buen pariente,

un buen amante

ni un buen amigo.

No fui un buen hombre

ni fui un buen ciudadano.

Fui un ruido.

Los pecadores

no podemos ser capitalistas.

pecador

Recordar la no instancia

Soltura el anhelo

cobija de luz

la cicatriz

emblema

instituido roce

como de galaxias

tiempo. Añoranza

esperar si los amigos no existen

si perdonar es cansancio

como silueta negra

al medio día eterno.

Cada vez que emerge

la costa del lenguaje

pérdida si alcantarilla de versos

la marea-enigma

de universos retorcidos

cosmogonía silente

si acaso horizonte iluminado

perplejidad ocaso si ramo

de imágenes inconexas.

Prófuga instancia

decir de los rincones

la faz tremenda del abismo

que es un nosotros ciego

perdido, si mitad de voz

hoz y camino, si dolor

tedio y espanto, porque

existir evoca, tronando,

la esfera del sol y los instantes.

recordarlanoinstancia

Irreverencia poética 17.1

irreverenciapoetica17-1

Del día la hora y el andamio

El yo es una trampa

líquida silla de mutismo,

algoritmo falso

este terror de ser

nombre y astilla.

Retoña la tarde

con su vendaval autista

derruida como la ventana

que renueva la vista.

Siempre hay motivos

flexibles al teclado.

El yo es un aposento

fugaz

tiento silencio

contra el embalaje

del día, torrente

de marfiles emotivos

caer al rincón de memorias

desvaídas.

Toda la calle es hervor,

si cicatriz tu boca

verbo mi espanto,

columpio, si añoranza

de un baile

la fecha del calendario:

¿dónde fue escondida

la fibra esbelta

del amor? Residuos

la ocasión de ignorar

la fiebre de la fama.

dia

Todo el yo desvencijado

en esquirlas y personas,

porque los amigos huyeron

porque los amores fueron

mitades rotas de espantos

en el tendón del sentir

los pasos abiertos

al universo… el yo

es una trampa-silencio

tropel de voces

eternidades que esculpen

la mancha de tradiciones mutiladas.

Eso que nace de un don

trampa del yo, por do el aire

revuelca los linderos

del asombro, siquiera estructura

el dubitar los argumentos

de las sombras. Tiento

la tarde contra el espejo

arborescente y me convierto

en un maniquí

como eufemismo

que invade

las pantallas. Siento

este yo vacío

pleno de ausencia

rotundo

como océano

indomable,

quedo

posterior a la tormenta

y los conflictos

emergen

como gotas de petróleo

contaminando

el papel de mi espíritu

con la tinta mustia

del presente.

hora

Recorrer el árbol del conocimiento

figuración torcida

del amor

constante pecado

porque en lo prohibido

somos

nacemos instante

fuga y encuentro

que la pasión corrompe

en el dominio

divino

de la añoranza: inocencia

quebradiza

ese impulso.

Conocemos y estamos

en la trampa del yo

todo el tiempo

que marcamos

los periódicos y las agendas.

Estamos inmersos

en las tardes

que rabian los escondites

prófugos del ayer.

¿No es un embeleso

trotar en la pradera

de la Historia

si esparcimos

miserias

a los autores

que designan

la trampa del yo?

Pierdo constantemente

el asombro

porque camino

murmurando

cicatrices

y respondo a DIOS

con un escupitajo.

Ninguna de las estrellas

que carcomen mis adentros

refulgen menos

que la distancia oblicua

entre la crítica del ego

y la asunción de la otredad.

Comulgo

con una rabia absuelta

de dogmas y peluquerías

ideológicas. ¿Es renunciar

una balada gris compuesta

por el siniestro asombro

de la negación alterna?

andamio

Constriño mis pasos

al día, esparcida

la fe en las rendijas

del polvo que emana mi sonrisa,

cuando escritura voz

cuando soplo luz

si del horizonte

manto

de la impulsiva forma

recurso

esta cobija de fuego

que es la trampa

siempre

del yo insomne

ciego

torpe

ángel caído

siempre

como del cielo

la fugitiva

presencia

de los observadores.

horadiaandamio

 

Quien esté alfabetizado que tire la primera letra

Arrojadla y bebed,

complicidad, espuma de voz y

quebrantada tormenta

inocua, silencios, caminos,

marcas: siempre costado del saber.

¿Pecamos contra el arrebol de la eternidad

en la expresión y el nombre? Reminiscencia

esperma de verbo y luz, como conflicto

entre el ser y su lenguaje, fugitiva memoria

los rostros infames de lenguas muertas u olvidadas:

olvido, eso que es nombre de lo cotidiano

indistinción negativa, el salto a la vocal y su torcedura.

Periplo no del sueño

no del signo

del andamio

andado: meta y logos

insufrible torno

de dicciones en la gramática del tiempo.

Ancestralmente elucubramos

designios anteriores al saltar

las lunas las estaciones,

porque las estrellas compitieron

para llevar grabadas nuestra alma.

Mitad aliento mitad mirada

como nocturnidad en la playa

caer al instinto dicho: comunicarnos

tal vez fue el error que nos volvió humanos.

alfabeto1

 

 

 

Irreverencia poética 18

Debería haber una arqueología de tus besos,

un gramática de tu ausencia, una lingüística

de tu recuerdo. Quizá hay ruinas de un nosotros

lejano, tiento también el amanecer junto a ti.

Debería existir una escuela para olvidarte.

En cambio resabio las ruinas de mi nostalgia

entre el ruido del presente y la cicatriz del futuro.

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