Teoría del instinto mutilado 5

Donde las nóminas de galardonados

revisten sociedades

otros nombramos otredades,

mitades, somos la oscuridad

contraparte, versificadores

de lo inútil. ¿Pereceremos

en este umbral de basura literaria

de concursos no obtenidos

y de lóbregas retahílas de mustiedad?

Donde otros son todo

nosotros somos nada, nadie,

ningún resquicio de esplendor

porque nuestro tiempo pasó.

Somos otros

contra el fondo roído del lenguaje.

Nadamos en la corriente esbelta

de truculencias y fraudes editoriales,

cabalgamos sinuosos prados

de verborrea y palabrería. Pendemos

cerca del abismo fortuito de la necedad.

Troquelamos la síncopa

que desquicia el alma

porque somos ignorantes

porque no estamos de moda

porque no conocemos el canon

porque al final vomitamos

únicamente

unicidades

particularismos

irrelevantes… como gaviotas muertas

en un muelle californiano.

Todo es cuestión de egos heridos

de grandilocuencia y sensacionalismo

todo es un estéril eco de esterilidades.

Escritores de unicel

somos

aquí

cuando nadie más enquista

nuestra flacidez intelectual,

nuestro raquitismo estético,

cuando sembramos lejanos

del orbe literario presente.

Ya lo dicen otros

como Lipovetski

que nuestro vacío nos induce

a vivir falsamente, a crear falsificaciones.

No merecemos el mote

de literatos o escritores o hombres —y mujeres—

de letras, aunque de letras estemos hechos

y hagamos nuestra vida, libro a libro,

ladrillo a ladrillo. ¿Por qué perder

el pulso y aliento de esta ramplona

apología inservible? No es sólo

como dijeran otros que no hay escalafón

es también el retículo indomable

que digo yo sobre nosotros

que no merecemos una oportunidad

que no valemos un poco de árboles deforestados

es también ese ego nuestro, eso yo

mutilado, desproporcionalmente

reseco, no como Onetti, que sí era escritor,

sino como estos que deambulamos

por el mundo en la farse escritural.

Y perderemos el tiempo

porque el tema del reconocimiento,

dice un autor por ahí escribes o trabajas,

es el tema de la negación de la modernidad:

otros son y para que ellos sean otros no son,

porque las asimetrías perduran, porque

no hay un mundo equitativo,

porque el capitalismo cultural

es más salvaje que el económico

porque merca con emociones y objetos.

Aquí es tarde ya,

tarde como fue

la pretensión de contar este fragmento.

Inútiles también tenemos detractores,

tenemos enemigos,

son ellos, los nombrados

los distinguidos

los reconocidos

los de la nómina, ellos

y ellas, que en su pelea

sobajan, aniquilan y canivalizan

el acto de crear.

Galaxia sin

No es imposible

nombrar

mitades saltando

es columpiar

memorias

tejidas en mantos,

aires y sueños:

la vida misma

un enigma

escribe. Si despedida

trance

si tranza espacio

golpe

mitades

de arena caída

al paraíso:

insumos del devenir

el recuerdo

y los axiomas… silencio

nada ha sido espumoso

como el inmenso relinchar

de lo eterno, nosotros, sí,

estuvimos arriba del sol,

pero caemos, celestes

en el umbral de los destinos.

Fábrica de mitades

un desconsuelo estéril

la llanura del amar

las palabras y sus archipiélagos.

Ganancia bruta

este equilibrio

incierto, certeza

siempre la fuga

como ir al abismo,

gritar una vocal

y ser espacios de universos.

Mutilatio res

No sé latín

ni sé hablar.

Sé que un verso

oscila

entre mi boca

y mi cabeza.

Arriba el cielo

baja los signos

del tiempo.

Perezco

si nombro

el fin último

de esta verdad

con medias.

¿Son exactos

los trompos

fugaces del calor?

No lo sabemos.

Ojo imaginario

Releva el viento

sueños, tropas

insensatas, que son gotas

de amores fallidos, que angustian

el entonces colectivo:

nosotros escondíamos

copos de tristeza en la alacena.

En un invierno ficcionalizado

escupimos narraciones y metáforas,

roturas del diente gris demiurgo,

como pincel entonando

la hoja en blanco. Dibujamos

ignorancia que es la muerte.

¿Nos escancian la hoz eterna

y el torno donde forjaron

la histeria histórica del devenir?

Fluir, tentar, calmar… silencio.

Éramos un arbusto de esperanzas

que se secó con el mamar del sol,

como oso tiroteado en el polo norte,

blanco y rojo, sangre y papel:

fuimos igualmente cenizas y cenit

del torpe signo que aterrizó contra

el espejo bruñido de fantasmas.

Perdería contra la insignia de tu aroma

el ajetreo común de un caldo de mariscos

pero estoy aquí y allá eres cercanía de nadie.

Te nombro. Finjo también

escupo, frunzo mi alma,

tiendo el atender observando

las mañanas veraniegas en Dublin,

esparzo ansiedad, depresiva ínsula

esa imagen: nuestro baile, te amo.

Pertrechar las costas de la memoria,

estar así, hacía la luna una cavidad

de luz en tus comisuras

cuando sonreír fue cabalgar

años y generaciones: extravío

si acaso olvidaste que un día

nacimos como esferas de ternura

en el rosal puntiagudo de la existencia.

Teníamos una especialidad constante

flamentes monumentos terregosos

indujeron a la máquina a estornudar

nuestras figuras de estructuras de hierro.

Aquí la improvisación resiste

remilgo

estúpida manera de mecanografíar

la observación instantánea

de un nihilismo predecible y ramplón.

Baratija, sí, ideología gratuita, sí,

sueños quebradizos de misterio, sí,

tendones espirituales absortos,sí,

nuestra música congeló una montaña

de imágenes y ¿qué quedó de una vieja

carrocería que condujimos por el

salado precipicio de las despedidas?

Anteriormente creía que un espectro

indicaba los senderos personales.

Hoy no estoy seguro, estoy infértil,

estoy, si acaso, mentalizado

en una hoja de clavel

que me escribe tu nombre en la frente.

Teníamos también un augurio

que se cumplió, teníamos voz, boca

pintura en el interior

y callamos, oscuridades

nutrieron la deformación, soplos

instintos nos ciñeron entre un horizonte

flácido de calles y caños —sutileza espumosa

la misma melodía cada inicio

de semana— monotonía que ensimisma

un  aquí ya no perplejo o abismal

fluido y trepidante en un trémulo impacto de sexos.

Ya no es temperatura el insomnio.

No alcanza la desdicha del florero

a esconder un manantial

de promesas, porque caímos

guturales en el asombro,

caímos y volamos y dijimos:

¿hubo una teatralidad propia

cuando la necesidad volvía

necia la impronta contradictoria

del verbo? Divinizamos toda afrenta

como si fuera chocolate para niños

porque en un abrir y cerrar de manos

se nos fue el destino y destinamos

febriles colecciones de imanes

a una frialdad de multitud en transporte público.

Hasta el insensato remolque del soñar

nos indujo a la fumigación anímica

por las rendijas fortuitas del imprecar

los actos descritos en tradiciones esfumadas.

Posiblemente tendríamos más minutos

para nuestra audiencia

pero no,

no,

no porque a cambio de volar

incumbía decir y soltar

la desfiguración planetaria.

Porque en un ápice de misticismo

extraviamos los inmejorables

tormentos del ser y decidimos

alejarnos porque en el horizonte

—de nuevo el grillete de un lugar

común— nos escondía el futuro

su decrepitud de paso y el emblema

torcido de la certidumbre: amar y ser amados.

Porciones

Importa de los años

el saltar las épocas.

No es dura la dicha

es duro nombrar

atisbos de porvenir.

Importa de la vida

la siembra y la cosecha.

Importante insignificar

en otros todo el tiempo

lo mismo que en nosotros

lo contrario: contrariedad

importar saber gozar

el instante fino, finito

grano de amistad sonrisa.

Del remilgar improvisaciones líricas o de cómo tornarse un autómata textual

Oh taxista nocturno

que del conocimiento

y la cultura griega

me inquiriste,

¿fue antes la poesía

que la filosofía,

antes la historia

que la gramática?

Desconocer entonces

es también rememorar

los caminos del mediterráneo

y sus olivos y sus vides,

también la tumba de Homero

en las Cícladas, también entonces

Creta y la mitología. Espera oh taxista

no fue precisa la hendidura

donde esparcí los átomos de Demócrito.

Endeudar contigo este verso,

que de silencio es estructura y

de correría imaginario,

es también acompasar una lírica

desvencijada en islotes, ideas, papeles y tinta.

¿Comulgaste, sí, con mi narración,

pero en el atrio de la noche

—estrella y signo, mutación—

te embauque en la liturgia

prosaica de conocimientos olvidados?

Oh, taxista, ruletero xalapeño, perdonad,

olvidad, romped, por su grosor, mi equívoco.

Salto al escondite de un lirismo ramplón.

Perdonadme, no os olvidéis, ni mucho menos

dejaros doblegar por la crisis del pendejismo:

global, nacional, regional y local.

Una vez me nombraron escriba,

porque nunca seré escritor,

porque versifico emociones

distorsionadas

en este caminar las turbias mareas

de un siglo XXI que ya es fin de época,

como épica de nuevas temporadas

—y las generaciones ya son obsoletas

maniobras de luminarias en todos los quehaceres

humanos—… pedazos de noche, también

escondieron en ti

un traqueteo común, cotidiano,

que es la fertilidad de luchar por el pan,

aunque yo no soy católico:

perdonadme, os pido.

Irreverencia poética 22

Hoy no existe

este presente

marcado de papeles.

Remonta una turba

los escondites del medio día

como fuentes borbotando

negrura histórica.

Empedernidos cuchicheos

cabalgan los rayos de sol

y la tormenta, renombrar

entonces de los húmedos espejos

de concreto, maquina huídas

entre autos, jets, aviones y trenes.

Hoy estaban las nubes

hermosas como tu cuerpo

pero te olvido y entonces

son algo que no eres:

yo sin voz aclamando el espectro

de una muchedumbre sabatina.

Vomitividad y verbalismo

Falsifico mi emotividad, falsifico mis ideas, falsifico, evado, el torrente cierto, acuoso, de la lengua. Desconozco de retórica, inmensamente ataco el teclado, pam, pam, pam. No es verdad que por escribir uno sea escritor, es mucho más complicado, pero tampoco es cierto que uno deje de escribir: escriba dice un buen amigo librero. Existe una horizontalidad que promueve el despilfarro verbal, la del sintagma. Ahora no es una cuestión de lingüística. Más bien se trata de la performatividad del momento: ¿qué pienso que digo cuando escupo saltos dentro de este cuadrado que será visto por 25 personas máximo? Es mucho menos que una audiencia, mucho menos que los libros que se pueden vender en una presentación regional.

No vayamos muy lejos, por favor. El abecedario es distinto del alfabeto, pero también la resistencia oral es distinta al trazo escrito. La mejoría estriba en la articulación del signo lingüístico y la escritura, no obstante los escondites ciertos de la inteligencia ficcionalizada del instinto, del arrobar las cúspides de la mente con grandilocuencia efervescente de misterios. ¿Dónde estaba abril en 1678? En el mismo sitio, cronológicamente. Se trata por ello de la calendarización del vacío, la vacuidad historizada, cata pum, cataplasma, ectoplasma, protoplasma, como la adenéica señal de decrepitud que arrostra mis ojos frente a una cabalgata insufrible de payasos literarios. Pero el payaso soy yo, sí, ridículo, sí, siempre, desde niño. Igual que las estrellas, igual que la sal, ridículo, sí, siempre, as usual. 

El acto de habla escupe, entonces, estas fruslerías, vaya palabreja, vaya intentona, vaya raquitismo, este ramplonismo ideológico, este desconocer tradiciones, este ni siquiera estar seguro pero seguir adelante. Vamos, cómete un Hot Dog, es lo de menos. Maravilloso, simples combinaciones infinitas. Diría Chomsky: your speech deos’t say anything, who cares? Encima del trance psicodélico, sexydélico, pornodélico, logofágico, emblema si carisma de cuento de los años cuarenta del siglo pasado, chasis de pacotilla de un automóvil oxidado en La Habana. Debería vivir más, debería abrirme, debería dejar de intelectualizar mi interpretación de mí mismo, soy un fiasco, un fraude, pero soy. ¿Aquí hay temporalidades ocultas en un numeral endecasílabo de fractales insalubres? De nuevo el hecho de la salud, la enferma obstinación del nombrar, más bien del expresar sin decir. Pamplinas, sería como ir de un lado al otro en la calle de la zona roja y decir: no soy carnívoro, soy vegetariano, who cares?

Teoría del instinto mutilado 4

Aflora la costa escritura:

si maremotos de sentido

refulgen en la playa de papel

somos saltos seguros de saltar.

Cae en nuestra lengua

—de torcedura indómita

la flexibilidad verbal—

una porción terrena,

salubre, indecisa, de simbolismo.

Roto espejo

alfabeto carcomido

en cinta

boca

lengua

código y señal…

siempre que es nada

nadie acompaña

al nosotros engreído.

Constipada nuestra memoria

recordamos que estar es hilar

los años con las estaciones,

pero ¿somos existencias del siglo

o figurines rotos en la caída

del siglo antecesor que ruge en nuestras

biografías? Espasmos conquistamos

cuando de pronto es un eco la tortura

de decir que una vez algo fue futuro. 

Y encima de nosotros, blancas pendejadas,

azotamos el tiempo en su coordenada

apolínea y cansados del vértigo indagamos

en las fruslerías de papeles no leídos jamás.

 

Cartografía del instante 1

Machucar el alma

contra el sopor del truco

esgrime siempre en la fábula

un siniestro desenlace:

nuestra, la boca espuma,

textualiza linderos fugitivos.

Escupir hacia el silencio

los restos del quebranto

es cantar al oído eterno

la balada derruida de cansancio

que somos siempre, aquí y ahora.

Anécdota fugitiva

Despliega una época

despistar nombres

como siluetas de barcos

—óxido interior

la bocanada de luz—

cuando envejece

el silencio torpe del cielo.

 

De la conflictividad autobiográfico-existencial de una estancia zamorana en vías de ingresar a un posgrado

Dejé en mi diario vivir el espacio a la escritura que aquí concierne, primero por razones laborales, segundo por razones creativas, tercero por razones académicas. Estoy en medio de un proceso de selección para ingresar a un reconocido programa académico de posgrado en Zamora, Michoacán. Esto me condujo a preparar documentos y realizar ciertas diligencias, pero también a localizarme en la entrevista y las evaluaciones de ingreso. Llegué a Zamora el pasado martes 13, de mala suerte como ese 13 de abril de 2002, pero esta vez era de junio y quince años posterior. 13 de mala suerte, no, en sí, aunque sufrí desvelo por el trayecto Xalapa-México Norte, sin carecer de valía el haber logrado cambiar mi horario de salida de las 11:15 a las 9:30 el pasado martes. Viajé y dormí, soñé, escuché un tronar, un terremoto, en mí trayecto. ¿Desperté de mi pesadilla que inicio hace 15 años? No lo sé, todo se mueve todo el tiempo, pero también es real que podemos absorber los tejidos mismos del tiempo y del ser con tan sólo un ápice de nuestra percepción.

El calor me acogió en este territorio del norte michoacano. De inmediato me quité el saco que traigo conmigo, pensando en mi regreso a Ciudad de México y luego a Xalapa. En fin, todo esto no es más que la crónica derruida de mi estancia, felizmente consumada, felizmente (objetivamente) realizada. Pero mi vivencia, más allá de mis paseos caminando desde el centro de Zamora hasta Jacona o en las banquetas donde pega el sol, me remite considerablemente al proceso emocional por el que atraviesa mi presente, no sólo por haber realizado un programa de vida de 2010 a hoy, sino también por la subyacente insinuación biográfico-estructural de mis primer década en este siglo XXI. Tres conflictos de mi vida, tres aristas de mi ser, tres formas prevalecientes de mi anquilosamiento, de este anacronismos tabaquista, reiteradamente darianítico, apache y chihuahuense frustrado. Me refiero a los conflictos que ahora, en mi estancia zamorana, se detonan.

El primero de ellos dialectal, ¿hablar cómo chihuahuense, cómo norteño, cómo hablaba mi madre, cómo hablé de niño, cómo me identifico, cómo hablaba en mis delirios psicóticos de mis excesivas correrías psicodélicas? Ahí, donde el usted tiene una forma distinta al tú, me retrotraigo a la represión de la abuela paterna, ese 2002, cuando dijo: aquí (en Xalapa, Veracruz), no se habla así, no hablamos así. La represión entonces vuelve. ¿Mi identidad? ¿Mi voz? ¿Mi enternecimiento y nostalgia de mis años infantiles chihuahuenses? ¿Mi identidad matrilíneal? También eso resurge hoy, ahora, al comer machaca, frijolitos bayos, tortillitas de harina, al reencontrarme con ese modo de ser, con ese espíritu que añoró. No es Chihuahua, es Zamora, no es mi madre, es ella, siempre, sí, innolvadible, que evoca igual mi cobardía de ese andar rondando las calles, murmurando, fraseando, royendo recuerdos, diciendo que no valí nada para ella. Sí, porque ese es el segundo conflicto: la hermosa mujer bailarina michoacana de 2002.

Dariana, a quién mandé mi escrito de la presentación de mi novela reciente, que no contesta más, que no tiene motivos ni razones para ser molestada por mí de ninguna forma, ese traumático instante de eternidad que me acompaña, que no sé cómo traducir, también se revive, se renombra, se exalta, al pasar por Zamora. Porque en las calles veo muchachas que se le parecen, porque no terminó de entender mi cobardía de no buscarla hace 15 años, porque no terminó de aceptar el dolor de ni siquiera haberla conocido, porque no termino de descifrar el significado de su presencia-ausencia en mi vida. Así tampoco entiendo, ni acepto, ni asumo quién es o quién sea. No entiendo, ni acepto, sino mi introducción falaz, mi renegar constante, mi dolor, mi recuerdo, ese dolor del ácido lisérgico en mi cabeza, ese dolor de mi oído derecho, ese bailar con ella, ese verle los ojos, ese desear sin libido su cuerpo, eso roto tendón de mi inocencia, nombre y figura de mi designio. Y no es gratuito el mito platónico de la caverna como metáfora de mi vida: de la oscuridad a la luz post tenebras lux. También esto que muere, mi rencor, mi desprecio, por Xalapa, por los xalapitos y las xalapitas, por mi patrilinealidad. Mi dolor, mi ansía, mi esbelto trance mutilatorio, indómito e indeleble, de esa eternidad de milisegundos a su lado, volando, cayendo, volteando, y la última vez, siempre, incluso reiterando mi dequicio abismado. No logré matarme ni logré morir ni ser asesinado pero tampoco la tuve ni la tendré ni seremos unidad ni la abrazaré, no, su camino no es el mío ni el mío el de ella. 2002-2017 poca cosa en el numeral cronológico, para mí el camino desde la hybris hasta la epifanía. Y entonces, descubrir mi anacronismo de fumador del siglo XX, mi afán por destruir mi salud, mi deseo repulsivo, mi pulsión de muerte, mi psique resquebrajada, es también el conflicto padre-madre, uno oncólogo, otra muerta de cáncer, uno vivo y ausente, otra muerta y presente. Todo combina, por tanto, en este viaje zamorano donde he visto mujeres lindas y jóvenes, atléticas, donde me conecta la pulsión de reencontrarme con las artes marciales, donde la institución que me interesa no permite la actividad fumadora, donde la política antitabaco es verídica, real, contundente. Ese mensaje de nuestra época —queremos vivir y vivir sanos y felices— que mueve al mundo, que conocí en mi adolescencia cuando decía no a la degradación humana, cuando componía canciones, cuando me iniciaba versificando, hoy es el conflicto entre dejar de fumar, volver al deporte, cambiar más radicalmente mi vida. Y todo es este sentirme un guerrero derrotado, este creerme un mal hijo, un hombre extraviado en los placeres del cuerpo y en las malévolas cúpulas del error. Todo es estos tres conflictos anudados, todo es, también, esta traducción.

Comí chongos zamoranos, probé unos camotitos con chile y limón, comí carne asada en su jugo, todo esto y más, sin olvidarme de mis compañeros infantiles michoacanos, con quienes vendía donas en Chihuahua, y Denis, o la niña que se volvió mujer, que alucino desde niño, que veo, que me sigue, a quien no sé cómo hablarle. Todo eso y la abigarradamente emocionante posibilidad de una vida nueva, en un posgrado, investigando sobre mi Nachito de Luzán, sobre las relaciones culturales hispano-mexicanas, sobre ese espíritu que entró en mí en 2002. No es mi herencia española o mi herencia apache la que predomina, no es mi resquemor al olvido o la insignificancia personal, es el infinito instante de la claridad, el inabarcable absoluto de la luz renacida lo que me inunda e invade. Uri luz lux luz LuxUri, Urías, Pardo café.

Aquí, en la antesala de mi vuelta al altiplano mexicano, pido perdón público a ella, a su bailar, a su familia, a su historia, que no me pertenece, a la cual no perteneceré. Pido perdón al mundo por mi escandalización, por alborotar las aguas, por ser innecesario. Perdóname FOX, perdóname CALDERÓN, perdonen. El país es vuestro, las mujeres son vuestras, yo soy mío, y mía es la luz, mía es la certeza finita, mío es, como suyos los fraudes, este camino, este andar. Porque la pesadilla inició en 2002, se volvió realidad y todos estamos inmersos en ella de millones de formas. ¿Terminó mi pesadilla? ¿Me enamoraré de otra michoacana? ¿Quedaré inscrito en el posgrado? ¿Viviré una aventura en Zamora? ¿Concluirá mi tercer período xalapeño? No lo sabemos, pero como decía María Gabriela Epumer: ya lo dijo Dios a los primeros habitantes de este mundo, no coman de esa fruta, les traerá problemas.

 

Nena 1 copia

 

 

Desearte restringe

en mi andar

las esquirlas

de un cuerpo roto:

nosotros hoy saltamos

estrellados al paraíso perdido.

 

 

 

 

Vitalicia

Pedí el deseo de tocarte.

Digitalizaste mi silencio

hecho trizas. El escaneo

de mis noches fuiste.

Cornea lasser tu aliento

surco y camino: adelante

estaba la cima de un nosotros

quemazón nuestra ingravidez.

Polvera sígnica

Ninguna escultura

—residuo: signo,

mentalidad, espacio—

anuda palabras

si no retoca imaginarios.

Al deambular los eclipses

del significado —sociedades

escribieron desde siempre

la fosas que pulverizan el tiempo—

como de caracol y tormenta

nuestra lengua, en cinta,

constricción volátil, reverbera

el soplar de alientos

la marejada de experiencias.

¿Cómo si de la voz

partimos

la esfera del silencio

repelemos

si de la estructura del signo

caemos

a la pesadilla

fútil del más acá?

Serenos enfrascamos versos,

prendemos vocales,

inservibles, toscas:

nos guarecemos

de las rendijas fugitivas

donde habitan las quebrazones

del ser y la reflexión: sincrónica

esbeltez, síncopa infructuosa.

 

 

Ciudadanía del tejado

Intermedio

si trota nuestra mirada

espuma de cielo

deja,

andar si vuelo,

truco si meta

mecánica: mecanismo

absorber el dintel

de los años. Juventud

ramificada, maleza nuestra

visión, como de un mundo

fragmento, truco de guiñol

aposentar la esencia

de las nubes: intermedio.

Gatilleros y gatillos

circunvecinos atómicos

nuestros: tejados

polis cierta del compendio

axiológico tildando el viento

con el estilo plural

de los cielos acantilados.

Irreverencia poética 21

Manejar silencios es un

trueque emblemático:

si mirar otredades

es un don, ¿qué de nosotros

columpia ruidos?

Hijos somos,

nacimos, cultivamos

las sendas prófugas

del amar, silencios

somos: bocas y abrazos,

don de alegría, de lenguas don,

traducir el espacio en sueños.

Si quebrar el dolor

es iluminación, entonces

¿donde nacemos

creemos tu magia,

madre? Rebelión

del uso patriarcal

de la mirada ¿Existes

tendón de feminidad?

No es un saltar las rendijas

del mutismo

la insignia de tu vida:

experiencia inconclusa

ese romance tuyo

pasto del mito celeste.

Inculpando al capitalismo culinario

Debería tener un diccionario

de aromas, en cambio de humo

tengo el pulmón lleno, como

ébano ardiente: máximo nivel

de oxidación. Anti poesía

pero comamos, anti poema,

gourmet impulso, refinamiento…

Todo es pobreza, desigualdad,

capitalismo culinario, ¿quiénes

pueden comer en realidad?

También la desigualdad se expresa

en los sagrados alimentos.

 

 

Leíamos al saltar el horizonte

Estaba negra

la esfera, que éramos,

saltamos, gritamos, volamos.

Era un teatro.

El aire viajaba, andaba,

nosotros mirábamos,

nos escondíamos,

porque yo caía y tu encendías

el germen mismo del ser.

Y volcamos la existencia

en un salto, ingenuos

siempre nuestros píes.

A veces creo que fue muy pronto

para ser muy tarde, pero te pienso

dentro de unas décadas y te amo.

MEME POETIC 1.1.1

We don’t have

any change

to be loved,

but we love

always on this

memory’s labyrinth.

 

 

Image with Gramma Errors as a poor mexican trying to express itself on Englis

Distemporaneidad, solipsismo y enquiste cultural

Me comentan lo hermético que puede ser mi intento por reflexionar. En sí es también un acto improvisado. Escribo y pienso desde lindes que rozan el abismo digital. Algunos dirán que se trata de una postura indie frente a la creación literaria. Es también la reminiscencia del fin de las ideologías y el sincretismo abismado de una versión postmodernista del ser. También es una contra cultura del trauma de la modernidad: fracaso de la historia, no su fin como lo dijera Fukuyama, triunfo del materialismo —cultural y monetario—, vivencia de un pathos inservible, de unicel, desechable. No es entonces gratuito intuir la ausencia de ritos de paso en mi vida, mi existir como un indigente de la cultura y el pensamiento. Escribo entonces, pero pienso también, que me devano los sesos contra el espejismo de una identidad fragmenta: fragmentación de soplar lecturas e hilvanar los silencios de tradiciones también fracasadas. 

Dentro de la distemporaneidad, o esa hyper fragmentación del tiempo, no es sólo la capacidad solipsista, o la ausencia de diálogo, no es sólo el monólogo o la tendencia a cifrar la experiencia del pensamiento, del actuar del hacer con el lenguaje, sino es más bien la infértil traducción del ser mutilado. Destiempo, cifrase monumental del anything goes, postmodernidad anquilosada, transitoriedad reflexiva del silencio, del ruido, del andar prófugo por las laberintos de otras cronologías. Al final no es tampoco el mérito de un racionalismo ortodoxo o de una racionalidad vigente. Es más bien el producto de una podredumbre intelectual. En todo caso se trata del medio instantáneo de confeccionar los accidentes del absurdo. El el distemporáneo instante promulgamos la existencia fútil de enclenques sistemas paradigmáticos de observación de la realidad. Podría muy bien emprender una epistemología del arrinconamiento ideológico, pero no desisto de la reproducción social. Y en clave transgeneracional aumento los espectros de autores, de obras, de mecanismos propios de acercamiento al universo españolizado de la humanidad.

Carecer de tiento y de métrica, explotar los pasajes torcidos que van de la poética a la historiografía, de la narrativa en su dimensión realista y ficcional, es un ejercicio que denota los axiomas propios de una enquistada fórmula de aprehender la composición eidética del sentido y del estar inserto en el micro cosmos humano. Tal micro cosmos, quebrado de su ontología naturalista y proclive a una metafísica metaficcionalizada postmaterialista, es también la oportunidad de acometer empresas matlshusianamente disímiles del signíco enunciado referencialmente construido respecto a la muchedumbre pornonarcotecnocrata. Podría simplificarlo todo a la interpretación, mutilante, del individualismo neoliberal. Neoliberalmente no es la libertad o el espacio y territorio de una geografía longitudinalmente intelectualista lo que arroba los instintos de la indigencia cultural. Todo es un presente roto, un sistema roto, un imagen rota, un psiquismo roto, una modernidad rota, traumatizante y traumadora del ser: egoísta y colectivamente fragmentación de lo uno y de lo diverso.

Meme poética 3.6.5

Hay quien confunde

la moral con la cultura.

Yo confundo

profanación y tristeza.

Hace tantos saltos fuimos

eternidad, hoy somos

carne y ventisca

monetaria… materia

y carne, cenizas, fuimos.

Carencias nutren

el andamio de nuestra angustia

obsesiva de placer.

La suciedad de los poetas muertos

Esa melosa sentencia,

crucifixión nombrar

escondites inperiosos,

melodía es, tiento es,

soplo, quizá llanto,

no la raza o el designio

—humanos— sino

el precipitar los ácidos

años del spleen –agua—.

Vaporizar el verbo, retorcer

la metáfora, seña y abismo,

truco, mas infeliz, ritmo,

cansancio de generaciones

corruptela y maña: balada

de las mañas torcidas en TV.

Angustiamos, como esfinter

conteniendo, el transitar

segundos y meses, públicos

esperamos, siempre, aquí,

donde versos conjugan

esperpentos —Dios nos incumbe

desde el principio de la luz—.

Ahí están nuestros cadáveres:

versos, metros,

atardeceres, melomanías,

tradiciones, como rosas y tulipanes

en los Países Bajos, siempre,

ganando un poco de terreno al mar

de la barbarie estrecha del sentido.

Modernidades fugitivas

 

Rampante eco

siente

el caer los designios.

En el oráculo indubitable

cae la fuente gris,

torcedura y sopor,

de la crueldad.

Añorar es quebrar instantes

como celulosa quemada

en un sillón en Los Ángeles

en 1959. Perfumada

pulcritud nos induces

soplando en la vista

canciones, pero solos

escribimos el guión

en esta sinfónica demencia.

Rampantes modernidades

escupieron atroces el insuflado

acto especular y soñamos

otra vez con el bienestar.

¿Existe una forma de caer

sin dolor en la memoria?

Tristeza y ocaso de un tonto siglo XX.

Buenos pasos, tiempo

A veces recordar

no es revivir

no es creer

no es saber

no es sentir

sino escupir

al universo

la figura cierta

de haber sobrevivido.

No es la tardanza

del recuerdo

o su cercanía

la que conmueve

o cimbra

es su fisonomía

de fantasma y materia

paso de tiempo

lo cierto

que nombra

su presencia.

Irreverencia poética 20

Fuimos sin cautela

un beso y florecimos.

Comparsas de caricias

nutrieron nuestros cuerpos.

Pero al final dejamos siempre

un halo de distancia en el amar.

Micro 678

Pensé,

es cierto,

los signos

del día.

Perdí,

en verdad,

la cuenta

del silencio.

Partí,

sensible,

al ocaso de la despedida.

Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.