17 años siendo Romulaizer

En septiembre de 2001 no sólo ocurrió el desastre de la metafísica terrorista yanki-islámica —motivación más cruenta de mis rasgos esquizoides en un realismo hipermoderno— sino también, en un escenario temporal previo pocos días antes y en un contexto territorial distinto, en la sierra de Chihuahua, un grupo de jóvenes se dirigió a depositar, a liberar, a reincorporar al tao cósmico, las cenizas de una mujer. Tres hombres y una chica emprendieron el viaje desde Ciudad de México, desde Xalapa, hasta la capital chihuahuense. En el mercado de fayuca el pasito adquieron las gorras de segunda de los Wizard de Washington.

Una mañana despertaron temprano y tomaron el CHEPE. Almorzaron algo al llegar a divisadero, donde buscaron un sitio apartado, lo más íntimo posible, para la hazaña de liberación. Las cenizas de un madre soltera, vapuleada por los hombres a quienes amó, fueron reintegradas a la macro estructura serrana. La mujer, que dejó a 3 hijos sin madre pero no en el abandonó, encontraba así otra vez el mundo ahora en polvo, tiempo y viento.

Éramos 4 jóvenes, en el foximos democrático, viajando por México. Ella y uno de ellos eran novios. Ambos rebeldes, artístas, creadores, sentimentales y explosivos. Otros dos estudiantes universitarios, uno mayor, de psicología, otro menor, de antropología social. Todos unidos por el motivo común de un viaje entre el Mictlán y la región Raramuri. Ella y él siguieron su ruta por el CHEPE hasta los Mochis. Los universitarios volvieron a Chihuahua para reincorporarse a sus actividades escolares. La mañana siguiente fue el 11 de septiembre de 2001. Ella marcó a casa de la tía: ya se chingaron a los gringos, dijo. Televisión Española transmitía la atrocidad más increible de todos los tiempos televisados.

Las gorras de los Wizards eran idénticas: Romulaizer, Emilur, Luisástica, Gonzuki. Cuarteto juvenil en la Sierra de Chihuahua. Desde 2001 no dejo de ser Romulaizer.

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Des-Historicidad de una reliquia innecesaria: el tabaco

Una versión sin hipervínculos y sin imágenes de este texto fue presentado como trabajo para evaluación en el Colegio de Michoacán en Agosto de 2018.

Evidencias de lo distemporáneo: el necesario contrapunto de la des-historicidad

 

Lo distemporáneo no niega lo contemporáneo, lo trasciende dislocándolo. Dentro de la mitología de la modernidad occidental la contemporaneidad se ancla como punto de referencia: un tiempo homogéneo, compartido, ascendente y lineal. Fernando Ortiz hablaba del Contrapunto entre el tabaco y el azúcar pero aún en el telos de un presentismo saturante, como la totalidad nominal a la que se le atribuye el prefijo post (postmodernidad, posestructuralidad, postponografía, posthistoricidad, postcolonial, postindustiral, entre los que recuerdo), lo contemporáneo implica un corte que abre la sincronicidad fenoménica, susceptible de una aprehensión diacrónica del continuum temporal. Lo contemporáneo rige así los moldes de los estados naciones, de las políticas internacionales, de la diplomacia en el estado industrial, de la economía dependiente, de la división terciaria y primaria del universum hominum post-revolucionario.[1] También la modernidad, nos indica Michel Foucault, se contrapone en una sucesión eventual, no causal. Su pensamiento, francocéntrico, no escapa de la condición epistemológica de la crítica histórica: episteme renacentista, episteme clásica, episteme moderna ¿no es este un telos finito en lo contemporáneo de su arqueología? Lo distemporáneo solo es posible en el telos presentista saturante, es decir, el fin ontológico de lo viralizado, de lo hiperproducido, de la ficcionalidad retratada como composición y deriva de un particularismo, de un atomismo, subjetivista, ultra pasajero, postfactual en su ficcionalidad realizativa. Con-tempo tiempo incidido, paralelo, condensado, dis-tempo, tiempo roto, contra punto, como la síncopa musical. Si Foucault en Las palabras y las cosas[2] se propuso ya una arqueología, no es su taxonimia otra cosa más que la infinitud nominalista que deviene proliferación, lo heteróclito y heterotópico, nos dice. Y en esa proliferación, ya para nosotros inahaprensible, nos enfrentamos a lo distemporáneo, el des tiempo, el desfase, el descolocamiento del acceso a prácticamente cualquier rincón de la ecúmene letrada: desde la antigüedad hasta el presente lo escrito es presente tout court, pero en lo relativo, en su peso específico y concreto, la ecúmene escrita es igualmente traducción no sólo disciplinar o científica sino cultural. Para Foucault se trata, en su trabajo, de una “investigación arqueológica [que] muestra dos grandes discontinuidades en la episteme de la cultura occidental: aquella con la que se inaugura la época clásica (hacia mediados del siglo XVII) y aquella que, a principios del siglo XIX, señala el umbral de nuestra modernidad”.[3]

Distemporáneo es un vídeo con 5,698,000 de visitas en un día, porque no hay un tiempo distemporáneo que deje de ser acumulativo a la vez que nihilista, es una totalidad cerrada, como lo contemporáneo, pero en su fractalidad abigarrada se abre a una multivocalidad. Sin síncopa no hubiera habido música barroca, sin silencio no habría Aufklärung, hoy sin ruido no habría deshistoricidad. Es decir, no habría una cronofagia de lo escrito, de lo que Foucault denomina positividad. Cronofágos nos sambullimos todo el tiempo en tiempos plurivocales, dialógicos: una serie de TV es un tiempo, un autor y su obra es un tiempo, una canción es un tiempo, el gobierno de una persona es un tiempo, la vida de un noviazgo es un tiempo, el ciclo escolar es un tiempo, la procreación es un tiempo, el acto de comer es un tiempo. Habría por tanto que pensar lo distemporáneo como una nueva fenomenología en la percepción de lo temporal basada en el hipersubjetivismo. Pero la aprehensión aparente de este complejo temporal en lo contemporáneo, lo que se cruza y mantiene unido en el tiempo, es limitada, porque la crítica a la modernidad implicó saturar el sentido de su acumulatividad progresista en aras del anything goes, del yolo[4]. La unicidad entonces es distemporánea, pero no como slogan publicitario, sí como parte de la asepsia sanitaria en tanto cosmogonía y ontología de la neomatafísica internética. Ser no importa tanto como pasar, postfactualmente experienciar, traslucir, solidificar, evanescer, la materialidad de lo deshistorizado: singularidades atomizadas al grado último de lo excéntrico componen tejidos, streams (corrientes), flujos, modas que duran para siempre por un tiempo que las define finitas e inabarcables.

Destiempo, deshistoricidad, acaso remitan a lo que intentaré evidenciar respecto al tabaco: su desacralización, su desritualización, su desobjetivación histórica, semántica y cultural a partir de su apropiación europea. Deshitorización en un sentido también posthistórico, no por el fin de la historia o del tiempo, sino por la neometafísica internética, implicación de verdad de lo existente y lo existido en lo humanamente registrado. Distemporaneidad o dislocación del tiempo co-incidente, del co-hecho, del co-evento, del co-cronos, sin-cronos, dia-cronos. Policronia en su dimensión temporal, de narración secuencial multifacética, policronia en su dimensión histórica, poli, muchos, cronos, tiempo. Policronia en la narratividad saturada del presente en el cual se puede alcanzar, desde la ecúmene letrada, escrita, un punto de flexión, un desnombrar (se) con la estrategia del ruido, de la caoticidad documental.

Se trata, finalmente, de una experiencia del tiempo, no nueva, sí con un nuevo epíteto, pero siempre desde la configuración de la humanitas res, o de la ontología antropocentrada en la autoreflexividad: interior (psicoanálisis), transterior (sociología), exterior (astronomía), supraterior (teología), y en el transtiempo y su registro (ecúmene histórica letrada).

 

15 de octubre de 1492: el tabaco en proceso de desacralización desritualizada

 

En el Diario de Viaje de Cristóbal Colón, su primer viaje, puede leerse:

Y estando a medio golpho d’estas dos islas, es a saber, de aquella Sancta María y d’esta grande, a la cual pongo nombre la Fernandina, fallé un hombre solo en una almadía que se passava de la isla Sancta María a la Fernandina, y traía un poco de su pan, que sería tanto como el puño y una calabaça de agua, y un pedaço de tierra bermeja hecha en polvo y después amassada, y unas hojas secas, que debe ser cosa muy apreçiada entre ellos porque ya me truxeron en San Salvador d’ellas en presente.[5]

Estas “hojas secas”, dice el texto en nota al píe, aluden al tabaco. En las crónicas de viaje de Colón, nos informa un sitio web de una tienda especializada en tabaco en España,[6] se habla de los “hombres chimenea” y advierte que el primer fumador europeo fue “Rodrigo de Jerez” aunque se tratará “de exhalar humo por los orificios [que] no podía ser otra cosa que una manifestación del mismísimo Satanás”.[7] Y en una imagen subsecuente aparece la advertencia de la Santa Inquisición: “El Santo Oficio impondrá severo y ejemplar castigo a todo aqvel Cristiano qve con maléficas artes inhale y expela humo por cualesquiera de sus orificios naturales, utilizando para ello la planta del tabaco, malhallada en el Nuevo Mundo Que así Sea y se Cumple”.[8] La nota advierte de la difusión de la planta por Europa y Asía, alcanzando en el siglo XVII a China, Turquía, África y Japón pero muestra, de igual forma, las oposiciones y castigos al empleo del tabaco: “El primer fumador inglés, sir Walter Raleigh, fue decapitado en la torre de Londres con su pipa entre los dientes. En Japón el emperador llegó a dictar penas contra los fumadores (algunos fueron ejecutados). En Rusia se llegó a castigar bajo pena de cortar la nariz. Y si no se abandonaba el hábito te cortaban la cabeza. En China, fumar era cosa de traidores. Pues era una influencia del exterior. En Turquía llegó a ser penado con la decapitación, pues se creía contrario al Corán” pero el sitio, llamado Estanc Nuria y establecido en Terragona desde 1952, es una distribuidora, comercializadora y promotora del tabaco y del acto de fumar.

Pero la versión que nos da César Cervera[9] sobre Rodrigo Jerez, el “andaluz” pionero en fumar, sembrar y cultivar tabaco en España, pone en duda, por su carácter novelado y ficticio, la legitimidad de este relato fundante. El autor del presente hispanoparlante cuenta que los primeros en fumar tabaco en América fueron los mayas en el 500 d.c., pero estima que con la conquista de éstos por los mexicas en el siglo XII, el culto se extendió. Y habla de otro tipo de prohibiciones, como la bula del Papa Urbano VIII de 1642 “Cum Ecclesiae” que dictaba la excomunión de los tabaqueros consumidores. El artículo de Cervera refiere de la Historia General de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo de 1535: “Entre otras costumbres reprobables de los indios tienen una que es especialmente nociva y que consiste en la absorción de cierta clase de humo a lo que llaman ‘tabaco’ para producir un estado de estupor”.[10] También Cervera retoma a Bartolomé de Las Casas que igualmente sentencia el uso del tabaco. Y en su narración, en su crónica, no faltan otros hitos: el del diplomático francés Jean Nicot que lo introduce “en la alta sociedad”, el de la reina francesa Catalina de Medici “que empezó a aspirar tabaco por la nariz para combatir las fuertes jaquecas que padeció”[11] o el de Linneo que designó al tabaco como “Nicotiana Tabacum”. El origen de la palabra, dudoso, puede ser americano, derivado de la voz “Tobago”, o puede ser árabe derivado de la voz “tabbaq”, nominación genérica de las plantas medicinales aplicada en Europa desde el siglo XV.

Cronicón lexicográfico ¿filosofía histórica del tabaco?

 

Desde el presentismo deshistorizante, distemporáneo, rastrear entonces la subjetivación y desobjetivación, mediante el lenguaje, del tabaco. En 1609, una consulta diría: “nicociána, o tabáco, Nicotiane, herbe à la Reine, le Petum, nicotiana, herba alla regina”[12] para añadir inmediatamente ya una nominación europea, una traducción, una incorporación de la planta al léxico común italiano, francés y español. No dista de lo recogido por Lorenzo Franciosini Florentin que en Roma edita un Vocabolario español, e italiano en 1620 y dice “nicociana, o tabaco. [tabaco herba]”.[13] Para 1670 entonces ya existe el nombre en alemán: “Nicociana, ó tabaco Das Tabakstraut”.[14] Sin duda existe un cambio pues en la actualidad el nombre alemán para el tabaco es “Der Tabak”. Y dentro de la episteme clásica foucualtiana, dentro de la designación y la representación, de lo cognoscible para el europeo del siglo XVII, el nombre es latinizado en un diccionario elaborado por el jesuita Balthasar Henríquez: “Plant. Tabaco, tabacú, i, herba nicotiana. Tomarle en humo, illud òiòtala fumo. En polvo, tabaci polverem fumo. Tabaquera, tabaci pyxis”.[15] De esa forma, continua la búsqueda en el distemporáneo impulso que rompe, en su lógica cronofágica, los eventos de esta micro historia deshistorizante. Cuando la monarquía borbónica se incrusta en España, a inicios del siglo XVIII, puede leerse una traducción española-francesa: “Tabaco, herbe appelle Tobaque: c’est du Petum, vulgaremente herbe à la Roine”.[16] La clasificación en ese punto no identifica más que la vocalidad, la nominalidad, la referencialidad de la voz, de la planta, que ya se identifica como tal, pero sin mayores alusiones o contenidos. Y en la traducción del español al portugues se lee: “Tabaco, id. […] Tabaquera. Tabaqueyra.”.[17]

Años después se aclara la definición en el diccionario de autoridades de la Real Academia Española:

TABACO. ∫.f. Planta de Indias, que echa un tallo como de cinco ú ∫eis pies de altura del gru∫∫o de un dedo, redondo, y felpudo, y lleno de carne blanca. Las hojas ∫on de verde baxo, grandes, nervo∫as, puntiagudas, y pegajo∫as al tacto. La extremidad ∫uperior del tallo ∫e divide en varios ramitos cubiertos de unas flores roxas cortadas en cinco partes, que producen un fruto, ó pepita también roxa, larga, y correo∫a con la ∫imiente dentro. Toda la planta tiene un olor ∫ubido, y fuerte. De las hojas ∫ecas, y molidas hacen un menudo polvo, que adobado con otros ingredientes, ∫u u∫a para tomarlo por las narices por medicina; aunque ya ∫e ha hecho tan común, que ha pa∫ado à co∫tumbre general, y aun à vicio. E∫te polvo ∫e llama también tabaco como la planta, la qual tomó el nombre de la Provincia donde ∫e cría, ú de una Isla, a∫si llamada en la América Meridional. Covarr. dice, que e∫ta hierba la conocieron los Antiguos, ∫egun autoridad de Plinio, y que ladu∫cubrio el Demonio, para dar∫ela a ∫us Sacerdotes. Lat. Tabacum, i. Acost. Hi∫t. Ind. lib.4. cap. 29 Es el tabaco un arbolillo, u planta a∫∫az común; pero de raras virtudes. Solis, Poe∫. pl. 173.

Tomad de tabaco un poco,

Que e∫∫e coco os le dará,

Y en tomándole, ojalá,

Que huyais dél como del coco.[18]

 

Será una definición cercana a la de 1780 dada por el Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia de la Lengua española, reducido a un solo tomo para su mas fácil uso.[19] El hito vendrá con la nueva semantización, de esa designación de la que nos habla Foucault, de Esteban de Terreros y Pando, la cual recoloca el significado del termino en 1788, lo re-clasifica, vertebra su sentido, su condición estructural en el conjunto de los saberes (¿europeos?):

 

TABACO, planta, cuyo origen es de la América, y que supura y atrahe las humedades del celebro, y hace estornudar. Tómese en polvo después de varias composiciones, por las narices, y por la boca como masticatorio, y reducido a cigarros por medio de la pipa. El Presidente Nicot la envió a Francia siendo Embaxador de Portugal en el año 1560, y así se le dio de su nombre Nicotiane Fr. Y el Lat. Nicotiana, á la planta, y Nicotianum al tabaco, como el mismo Nicot lo dijo en su diccionario. It. Tabacco. También le dan el Lat. Tabacum. Cathalina de Medicis le quiso llamar también por su nombre Medicée, y de hecho le llaman también en algunas partes de Fr. Herbe a la reine; otros le llaman Herbe sante, herbe sacrée, tabac, y conservando el nombre que dicen que le daban en la Florida, le llaman asimismo petun. Mascar sus hojas dicen es remedio contra la gota, y el baño de su cocimiento quita la epilepsia, y añaden que su mal uso es un veneno mortal.[20]

Aquí empieza la modernidad, nos dice Foucault, aquí es donde la lógica del lenguaje, de la historia natural, remontan su condición designativa, recolocan el papel de la crítica y del acto nominativo, desmantelándose entre el sistema y el método, mediante la analítica como potencia, realización y hecho. El tabaco queda entonces definido: cosa, planta; origen, América; consumo, fumado, inhalado; designaciones históricas que varían su forma, su mecanismo cultural, su efecto en la sociedad (¿europea?). No entonces en balde arrancar desde el punto ciego de esta modernidad hacia otro de sus puntos ciegos, 150 años después, ya cuando lo contemporáneo se ha erigido como estructura, organicidad y organización, composición y configuración, del tiempo presente, pre internético.

 

Anecdotario: la propaganda tabacalera en México durante el exilio español de 1939

El año de la otra república española, en 1936, el Diccionario de la lengua española de la Real Academia definía tabaco como sigue:

 

TABACO. (voz caribe.) m. Planta de la familia de las solanáceas, originaria de América, de raíz fibrosa, tallo de 5 a 12 centímetros de altura, velloso y con médula blanca; hojas alternas, grandes, lanceoladas y glutinosas; flores en racimo, con el cáliz tubular y la corola de color rojo purpúreo o amarillo pálido, y fruto en cápsula cónica con muchas semillas menudas. Toda la planta tiene olor fuerte y es narcótica. || 2. Hoja de esta planta, curada y preparada para sus diversos usos. || 3. Polvo a que se reducen las hojas secas de esta planta para tomarlo por las narices. || 4. Cigarro. Fumarse un TABACO.[21]

 

En su traspaso continental mexicano, tres años después, cuando la república estaba cayendo ante los embates franquistas, cuando la opinión pública censuraba la toma de Polonia por el Tercer Reich, cuando se anunciaba la muerte de Freud en los periódicos mexicanos, existía una propaganda pro tabaco. Las marcas de cigarrillos del momento eran: Delicias, los estadounidenses Roy, los Flor de Menta, los California, los Embajadores, los Elegantes, los Gratos, los Monte Carlo, los Delicados. Y en 1939 una caricatura realizada por G. Cabral remite a la “moda” de fumar en su imagen. Caricatura titulada “Adelantada” que muestra a una chica con un cigarrillo con boquilla, sentada, a un costado de otra chica y debajo se lee el lema, como diálogo: “—Pero que cursi debe ser eso de tener novio, ¿verdad?”. La propaganda de los cigarros Delicias, aparecidos el lunes 22 de enero de 1940, en El Universal o El Excelsior, dice: “Mentole su garganta, Cuídese! Fume Cigarros Delicias Mentolados 10₵ Perfecta combinación de la menta y el tabaco”. Y los cigarros Elegantes se acompañan, en su publicidad, por este discurso el día 23 de enero de 1940 en El Universal página 9: “Confíe ud. en la experiencia. Un contador en cuyo trabajo se confía, debe ser extrictamente experimentado, de otro modo, en vez de ser útil en el negocio, por noble que este sea, lo convertirá en un desastre económico. Al elegir sus cigarros confíe en Elegantes Extra con boquilla de ámbar. Que son el producto de una experiencia adquirida a través de 45 años. Sin la más mínima partícula de polvo”. Y no dudan en ser parte del entretenimiento y de los medios masivos, pues también anuncian: “Escuche usted nuestros conciertos de “Elegantes” por la X.E.S. y la X.E.S.T. todos los jueves de las 20 a las 21 (8 a 9 p.m.) y el “Noticiero mundial” que es radiado cuatro veces al día, durante toda la semana”.

Y los cigarros Flor de menta se anuncian en El Excelsior en 1940: “Protegen la salud del fumador. Fúmelos durante el invierno”. En una respuesta mucho más “filosófica y argumentada” los cigarros Embajadores se promocionan con este discurso que acompaña su imagen:

La respuesta sería categórica

 

Si fuera posible interrogar a un gran número de fumadores sobre su razones para preferir tal o cual marca de cigarros, de seguro la mayoría habría de contestar en términos vagos e indecisos. En cambio, tratándose de EMBAJADORES la respuesta sería categórica: por su exquisito aroma y rico sabor. Y esa contestación demuestra, en forma bien palpable, que el esfuerzo de superación por parte de “El Águila” para obtener un cigarro de la categoría de EMBAJADORES tenía que encontrar eco inmediato en el ánimo del fumador; y que los tabacos entrefuertes, absolutamente puros, que se emplean en su elaboración, habrían de traducirse en aquellas excelencias de aroma y sabor que tan fácilmente se aprecian en este finísimo cigarro.

Autotira. Lo último en empaque de cigarros. “Abra su cajetilla” en un abrir y cerrar de ojos.

Embajadores …llevan la misión de AGRADAR

Esta propaganda aparece en El Universal el 10 de diciembre de 1940. El fumador es un líder, es un modelo, un héroe de la sociedad industrial. La modernidad lo ha apresado, le ha impuesto su lógica. Foucault nos diría, entonces:

…las ciencias humanas no tratan la vida, el trabajo y el lenguaje del hombre en la mayor transparencia en que pueden darse, sino en esta capa de las conductas, de los comportamientos, de las actitudes, de los gestos ya hechos, de las frases ya pronunciadas o escritas, en el interior de la cual han sido dados de antemano una primera vez a aquellos que actúan, se conducen, cambian, trabajan y hablan […] es siempre posible tratar al estilo de las ciencias humanas (de la psicología, de la sociología, de la historia de las culturas, de las ideas o de las ciencias) el hecho de que, para ciertos individuos o ciertas sociedades, hay algo así como un saber especulativo de la vida, de la producción y del lenguaje —en el límite, una biología, una economía y una filología.[22]

El Trauma de la modernidad: de Políticas antitabaco, neocontemporaneidad global e idiosincrasia aséptica-sanitaria

Cuando llegamos a la acepción de la humanidad, a partir de los derechos del hombre y del ciudadano, estuvimos absortos en el tinglado de la civilización. La negación entonces de las raíces culturales del tabaco no dejan lugar a dudas: su definición ostensible implica un acto de dominación, al igual que los comentarios de Reynal, Pauw y Buffon contra los criollos americanos, etnocentristas, implican una negación. La contienda entonces entre el tabaco y su referencialidad, deshistorizada, también incide en una concepción distemporánea vigente: el trauma de la modernidad.

Dice Bruno Latur que nunca hemos sido modernos aunque lo sé de oídas, desde una doxa desinformativa en el condensado conjunto de la metafísica internética. Pero el trauma de la modernidad es interior, transterior y exterior, en la medida en que se trata de la introyección negativa de un estado de la psíque colectiva, el de la episteme moderna, que tan pronto como ha sido descubierta, conocida y apropiada, debe reemplazarse o diluirse. Pero olvidamos que en lo post, prefijo latino que significa lo pasado o lo posterior o lo después de, no se niega la condición de modernidad o industrialidad o estrucuturalidad o colonialidad. Ni su exacerbación ostenta lo hipermoderno de Lipovetski, también en mi arsenal de doxa desinformada.

Lo que implica el trauma de la modernidad es entonces la proliferación de nuevas reglas del juego en el universo de lo humano: reglas dictadas, en gran parte, por los objetivos del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas establecidos inicialmente en 2002. El 31 de mayo la Organización Mundial de la Salud estableció el día Mundial Sin Tabaco, que considera el tabaquismo como una epidemia. En el resumen del informe de 2017 sobre tabaquismo la OMS menciona que “más de 100 millones de personas en todo el mundo siguen consumiendo productos de tabaco, y el precio que se paga en enfermedades, muerte y otros daños seguirá siendo enorme”[23] pero claramente indica que “4700 millones de personas están protegidas en estos momentos en el ámbito nacional por al menos una intervención normativa enmarcada entre las mejores prácticas”.[24] Esto refiere a aplicar el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco (CMCT de la OMS) aplicado desde 2003. Las políticas antitabaco en todo el mundo incluyen regulaciones desde 2006 en Uruguay, hasta la de 2014 en Rusia, considerando para el contexto latinoamericano las de Guatemala, Panamá y Colombia de 2008, la de México de 2009, las de Argentina, Venezuela, Ecuador y Brasil de 2011, la de Costa Rica de 2012, al igual que las europeas de Francia e Inglaterra de 2007, o la de España de 2011.

El tabaco como planta americana ha sido desritualizada, desacralizada, mercantilizada y reificada. No ocurre lo mismo con otros productos americanos que se identifican con las más profundas tradiciones europeas, especialmente culinarias: los jitomates para las salsa italianas o el gazpacho español; las sopas polacas Barszcz bialy o Zurek; la Kartoffelnauflauf alemana; o los chocolates belgas y suizos.

¿Qué corresponde entonces a la deshistoricidad del tabaco? Su desfallecida trayectoría en una ethos industrialista que lo exaltó para dar píe a una pragmática sanitaria que ahora lo rechaza, consecuentemente con un estado de vida y de ser en el mundo, tecnocrático, super racional, hipermoderno. No es entonces raro, para finalizar, el recuerdo del japonés fumador, no solo resctrictivo, sino comprensivo, es decir, libre, en la apreciación de lo público como lo común donde cabe lo excepcional. Esta deshistorización entonces, fincada en el dispositivo del lenguaje entre la episteme clásica y la moderna, interroga la potencia de la comprensión del tiempo desde una subjetividad inserta en la eventualidad traumática de las reglas del juego que se modifican, desde un conservadurismo recalcitrante, negativo pero también positivo, para beneficio de lo vital, no ya más de lo neurótico. Pero en su interdicción, el tabaco deja de ser una planta natural de América, deja de ser un recurso mágico, deja de ser una condición óntica del telos sagrado —recordando por ejemplo el disco de Paul McCartney Pipes of peace— para cifrarse en uno más de todos los actos de dominación, distorsión cultural, desobjetivación histórica y capitalización salvaje. Se tornar en una entidad, en un ser, patológico, epidémico, en ese “veneno mortal” que desde su mismo traslado a Europa, desde su mismo descubriemiento, ha sido objeto de una desrealización: su descontextualización, deshistorización, desobjetivación, su distemporaneidad mediante su enajenación. El tabaco hoy en día, fumar, no sólo resulta nocivo para la salud, resulta anacrónico, políticamente incorrecto, inconsciente e irresponsable. Larga vida al tabaco.

 

Bibliografía

 

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Rel Academia Española, Diccionario de la Lengua Española (ed. Real Academia Española). Madrid, 1936.

 

[1] La revolución francesa de 1789, la revolución novohispana de 1810, la revolución mexicana de 1910, la revolución rusa de 1917, la revolución cubana de 1959, las revoluciones en el orbe trasatlántico eurohispanoamericano, realizadas y fallidas.

[2] Michel Foucault, Las palabras y las cosas Una arqueología de las ciencias humanas. Siglo XXI, México, D.F., 1a ed., 2008, 375 pp.

[3] Ibid., p. 7.

[4] Siglas del lema You Only Live at Once, valor de uso y de cambio en la mitología tecnócrata neoliberal conservadora y global de nuestro presentismo internético.

[5] Cristóbal Colón, “Diario del primer viaje”, en Consuelo Varela (ed.), Cristóbal Colón Textos y documentos completos. Alianza editorial, Madrid, 1a ed., 1982, p. 35.

[6] “Estanc Nuria Fumar: un acto controvertido y perseguido por la Santa Inquisición” [En línea]: https://enuria.es/fumar-un-acto-controvertido-y-perseguido-por-la-santa-inquisicion/ [Consulta: 14 de agosto, 2018].

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] César Cervera, “Así castigó la Inquisición española al primer fumador de tabaco europeo”. Diario ABC (2018) [En línea]: https://www.abc.es/historia/abci-castigo-inquisicion-espanola-primer-fumador-tabaco-europeo-201803190134_noticia.html [Consulta: 14 de agosto, 2018].

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] Hierosme Victor Bolonou, “Ni”, en Philippe Albert y Alexander Pernet (eds.), Tesoro de las tres lenguas francesa, italiana y española. Geneve, 1609.

[13] Lorenzo Franciosini Florenti, Vocabolario español, e italiano aora nvevamente saca a lvz y compuesto por Lorenzo Franciosini Florentin. Segunda parte (eds. Juan Angel Rufineli y Angel Manni). Prohlio, Juan Pablo, Roma, 1620.

[14] Nicolas Mez de Bradenbach, Diccionario muy copioso de la lengua Española y Alemana hasta ahora nunca visto, sacado de Diferentes autores con mucho trabajo y diligencia por Nicolas Mez de Bradenbach, maestro en Artes y Notario (ed. Juan Diego Kürner). Viena.

[15] Baltha∫are Henriquez, “Theswvrvs vtrivsque lingvæ hispanæ, et latinæ omnivm correctissimvs”. Garcia, Ioannis, Matriti, 1679.

[16] Cesar Ovdin, Tesoro de las dos lengvas frencesa y española. Orry, Marc, Paris, 1707.

[17] Raphael Bluteau, Diccionario castellano y portuguez para facilitar a los curiosos la noticia de la lengua Latina, con el uso del Vocabulario Portugues, y Latino. Da Sylva, Pascoal, Lisboa, 1721.

[18] Real Academia Española (ed.), Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza, y calidad, con las phrases, o modos de hablar, los proverbios, o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua. Herederos de Francisco del Hierro, 1739.

[19] Real Academia Española (ed.), Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia de la Lengua española, reducido a un solo tomo para su mas fácil uso. Ibarra, Joaquin, 1780.

[20] Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana. Tomo tercero. Imprenta de la viuda de Ibarra, hijos y compañía, Madrid, 1788.

[21] Rel Academia Española, Diccionario de la Lengua Española (ed. Real Academia Española). Madrid, 1936.

[22] M. Foucault, op cit., p. 344.

[23] “OMS | Informe de la OMS sobre la epidemia mundial del tabaquismo, 2017 – Resumen”. WHO (2017) [En línea]: http://www.who.int/tobacco/global_report/2017/executive-summary/es/ [Consulta: 14 de agosto, 2018].

[24] Ibid.

Presentamos en El Colegio de Michoacán mi libro de ensayos

Fuimos tres los participantes: el experimentado Álvaro Ochoa, el joven Jaime Garba y un servidor, autor. Presentamos al público zamorano el libro de ensayos Retazos quebrados de la vida, editado en abril por Chiado Books España. Eran las 6 de la tarde del viernes 20 de julio del presente ciclo anual. El público predominantemente fueron alumnos y personal de Colegio. Jaime nos compartió un texto interesante para proponer la pertinencia y solidez del libro, retomando ideas del ensayo elaboradas por Carlos Fuentes, por ejemplo. Ahondó con nitidez en los vericuetos temáticos y estilísticos del libro y presentó sus juicios y opiniones de acuerdo a impresiones sustentadas en la dimensión de proximidad de estos retazos. Don Álvaro, primero en participar, fue mucho más concreto, sereno, dando paso a las nuevas voces a hablar. Y yo para variar sometí al público a un estresante relato autobiográfico.

Finalizando dimos paso a una ronda de preguntas y respuestas. El público parecía satisfecho, convencido, emocionado. Y dentro de las proporciones de presentar un libro en el recinto colmicheano considero que no se disminuyeron las expectativas.

La tarde amenazaba con lluvia, la hora no era muy apta, el público se restringía. ¿Qué es eso de ser un joven autor en busca de audiencia? Al  final estuvimos presentes en una primera presentación mexicana de los retazos que componen mi cosmografía existencial entre el año 2000 y el año 2012. Emocionante, sentida, intensa, mi lectura autobiográfica suscito reacciones, movió sentimientos, construyó un particular sentido del ser. Al final todo fue un momento de compartir, de riqueza y presencia, de memoria y colectividad, de una intimidad propia de una “familia”. Jaime y Don Álvaro fueron inmejorables presencias, aunque el veterano Don Álvaro se inquietó y preguntó el por qué de mi elección suya como presentador.

La ronda de preguntas y respuestas fue también importante, escuchando a la audiencia, mostrando interés por inquietudes, interrogantes y comentarios. La directora de Difusión cultural del  Colegio hizo el primer apunte, indicando la gratitud y el tino de haberme acercado a ella para presentar este trabajo y mostrando interés por coadyuvar a presentarlo en otros foros zamoranos. El director de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Pachuca, también presente, enfatizó la relevancia de este tipo de trabajos y evidenció su deseo de ayudar a promover el trabajo. También participaron tres compañeros en el comentario, ahondando en las condiciones de escritura de los textos, comentando respecto a la relación entre escritura académica y escritura literaria, reafirmando su deseo e interés por conocer y leer el libro. Finalmente hubo firma de libros.  La tarde terminó con un compañerismo pleno y la fértil semilla plantada de la escritura como elaboración vital.

Distemporaneidad, literatocentrismo y desidentificación individual

El ser redistribuido en las escamas del tiempo abosrbe los escondites falaces de una tautología inserta en la metafísica de lo contemporáneo. Lo humano queda entonces cifrado en una mecanicidad rústica que quiebra los linderos del instante para abrir paso al instinto neurotizado. A raíz de un ethos pornonarcotecnodemocrático instaurador de la terroricidad yankee islámica la desvencijada ruta impone su escultórico semblante de desgarre atómico. Caen entonces las estaciones en una pocilga de silencio porque a raíz de la sociedad posindustrialista posnacionalista posestructuralista pospornografista posmetafísicista posmodernista posthistoricista la resonancia del ego, psicopatologizado en una ruindad intelectualista, esparce siluetas quebradizas de pensamientos intraducibles.

La traducibilidad de la metafísica de lo contemporáneo incluye una fertilidad axiomática que restaura la unidad íntegra de la especie cuando en realidad nuestro devenir consiste en las exploraciones abismales: el abismal logos y su fonologocentrismo, la abismal narratividad del ser, social e individual, los abismales lazos —y vasos comunicantes— intersocietarios, la abismalidad propia de los neoultraconservadurismos (religioso, facista, cultural). Porque al final dentro de la dimensión quebrada de la inconsciencia histórica y el presentismo abigarrado de inreferencias todo el conjunto mismo —incluyendo el del verbo, divino o no— arremete a colapsarse en un enfrascamiento torpe, empecinado, mediocre y ruín.

El espejismo de lo contemporáneo también abigarra las dimensiones de la multiplicidad teleológica que inunda la conformación realista subjetiva de las particularidades. El sometimiento a tal espejismo impone creer que existen condiciones de agrupamiento unitario del tiempo y su percepción. En esa medida lo contemporáneo es antropocéntrico, pero no cronocentrista, es decir, no se centra concebir el tiempo sino en dotar de significado su matriz humana. No existe lo contemporáneo más. Existe lo distemporáneo, lo que no tiene tiempo, lo destemporalizado, una sincopacidad policrónica, ruptura misma de los ejes paradigmáticos y sintagmáticos, esquematismo de una caoticidad que en su complejidad no se asume ni se nombra, se escribe.

Porque también el audiocenematocentrismo, ese regreso, exacerbado, a una segunda oralidad de la que habla Walter Ong, es también una ruta que instauradora de la tiranía del ruido. Porque en todo caso el afalbetocentrismo nunca ha sido totalizante ni totalizador, por más empeños (nacionales, políticos, culturales, literarios, filosóficos, lingüísticos, entre otros) derivados de estrategias públicas, estructuras estatales, herencias ilustradas, maquinaciones ideológicas o instanscias educativas. El audiocinematocentrismo instuara la tiranía de la perecepción indómita.

Desde mi literatocentrismo yo impongo un cerco, mutilante, obsecado, turbio, indigente. Literatocentrismo no solo en el sentido estético sino en el sentido de la archiescritura de Derrida. Literatocentrismo como la centralidad de lo escrito, no de las bellas letras, no de la belleza verbal. Literatocentrismo como univocidad del lenguaje plasmado, figurado, rehificado, incrustado en el sin sabor del mito racionalista de occidente, dijera Dieguez.

Se trata por tanto de la radicalidad marchita del foucaultianismo, cuya teleología también ya es ahora un reducto, frente al avasallador presente politeleológico. Si la teleología de la modernidad instauró al hombre de letras como actor de la vida pública, nuestra era antropocénica, no es más que la dosificación cruenta de la retoricidad absurba de la memoria.

Desrealidades

Desinvento horizontes desfigurados en una arroba decimal de silencio, flauta la queja de los mares contigo estar encima de las producciones moleculares. Absorto inyecto biomasa a los escondites del ser, compro axiomas en la bolsa de Wall Street, intuyo remansos de fuego, circunscribo átomos de memoria que son insípidas figuras en el banderín del tiempo. Arriba existía un cielo donde podíamos conquistar los espejos del alma, pero ahora navegamos suturados los abismos del tedioso instinto y resquebrajados manejamos también los días y las noches. Como una especie en peligro de extinción mi aliento canoso de rencor esparce por doquier una pizca sentimentalista y torpe, designio de un amor desvencijado, como olla de peltre oxidada, enterrada en un lote baldío.

Entonces como siempre llega el mago indicando el camino del flagelo inquisitorial porque los mentados jesuitas checos olvidaron también evangelizar a los raramuris de la sierra. Porque también el mago que nos impulsa a la mediocridad nos olvidó todo este tiempo. Sembramos los campos fértiles de las nuevas generaciones y caemos prófugos en un sin sentido que desdice lo que anhelamos. Torpeza estar aquí contra la poltrona de las décadas fugitivas y enquistar con alfabetos torcidos el instante que evanescente surca la deteriorada faz del iris.

Desfigurar también es involucrase levemente con la causa de los ignorados, como todo ese montículo de nota roja que siempre aparece en todas partes. Desproporcionalmente estamos extraviados en una monocromático sopor que nos dicta las frecuencias marchitas del lindero del caos. Emblemas más emblemas menos nos acomete la empresa que nos fabrica todo este deseo de consumir, de ensanchar, de engrandecer a los otros todo el tiempo. Despilfarro entonces esta verbalizad escueta, como marea del índico pero también como conquista portuguesa en Japón, o peor aún, esta hagiografía de un santoral derruido en su laicidad. Entonces, como si Descartes pudiera salvarnos, indicar los derroteros de la fiebre que nos arremete cada vez que soñamos la pesadilla.

La pesadilla también es ese desinventar desinformar desestructurar, también es que esto que no es exista contra el pelaje mismo del sin sentido, desdicho, corte y confección de una palpable irracionalidad que engulle la visión de los conquistadores conquistados. No es también el rememorar las marionetas nepalís ni tampoco es, quizá en el fondo sí, esta agobiante marca de los fuegos olímpicos griegos. No, no es demasiado tarde cuando ha sido demasiado pronto para olvidar. Un flujo de recuerdos, eso que es también la proyección, el insight, la predestinación de vivencias, que es la pesadilla nuestra de todos estos últimos 20 o 30 o 50 mil siglos, eso es también la obsesión marchita, la fijación que dicen es más que una oralidad mutiliada.

Oremos en esta playa desgarrada de personalidades despersonalizadas en el desquicio desapropiado del disforme disyuntivo discapaz desenigmático andar en esta jungla de imágenes.

 

De la indigencia académica y la dificultad de ser un polígrafo

Cuando ingresé a estudiar historia en la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana en el año 2012 me denominaba indigente académico. Después de dos intentos de carreras no me queda más preciso otro rótulo. Y en ese ser escritural que representaba para mí la indagación imprecisa de autores y secuencias, de ese ímpetu quebradizo de mi escritura, extraviado entre regiones intelectuales variadas, podía decir que tenía algo de poesía en mi haber. No distinguía mucho entre la complejidad de versificar mis emociones y entre un prosaísmo escualido. Me extraviaba siempre entre la compleja trama de mi frustración antropológica y mis búsquedas literarias. Me perdía siempre intentando proponmer un itinerario intelectual.

En 2010 murió Carlos Monsiváis y por ese entonces yo estaba teniendo un acercamiento con el maestro Sergio Pitol. Cuando murió Monsiváis entró en mí un sentimiento profundo, relacionado a la muerte de mi madre, quien trabajó junto a él y otros destacados intelectuales en el Castillo de Chapultepec. Estaba completamente destrozado. Fui a un café en el centro de Xalapa, La Naval, compré hojas blancas y una pluma y me puse a escribir. Mi ensayo esperpéntico se tituló De la heroicidad e idolatría literarias o del arte de combatir con la voz. A propósito del deceso de Carlos Monsiváis. En ese ensayo, que al terminarlo entregué a Pitol como una muestra de mis “afanes literarios”, me propusé un programa intelectual derivado de tres hechos de muy dudosa realización en aquel año del bicentenario: la realización de una compilación de las obras de mi madre, efectuar la investigación sobre el conocimiento de Ignacio de Luzán en México y terminar de escribir mi novela. Este programa lo cumpli cabalmente entre 2016 y 2017. Al tiempo me convertí en historiador. Además ese ensayo fue leído por un gran y querido amigo librero que también se llevó este 2018: Eugenio Palomo, quien después de eso me obsequió el librito sobre vampiros escrito por Vicente Quirarte y me denominó escriba.

Polígrafo es un término amplio, que quizá me queda grande. Y quizá no por publicar o intentar hacerlo sea válido mi reconocimiento como hombre de letras. Si tuviera que enunciar lo que me falta leer para poder adscribirme a una corriente de pensamiento o para conocer una tradición literaria o para poder adjudicarme ciertas paternidades o distingos, creo que mi perfil intelectual sería más bien nulo. Pero sí he escrito poesía, aunque para los poetas que conozco no sea de gran relevancia mi trabajo. He escrito ensayo, también. He escrito novela. Y al final lo que subyace es el problema de los géneros.

Ahora estoy en el meollo de una crisis de identidad: soy estudiante de posgrado en una institución prestigiosa, publico mis ensayos en España, dejo morir mi blog, deambulo por un proyecto de investigación muy poco clarificado. La indigencia académica me orilló a realizar una que otra hazaña escrita, mi profesionalismo académico se va construyendo. ¿Soy consciente de las dificultades de abarcar la poligrafía? Lo veremos.

 

Memoria lectogramática de Romulaizer Pardo 2017

Igual no puedo dedicar tanto tiempo a mi blog, a mi escritura, a mis devaneos intelectuales. Pero aquí  expongo un compendio de los contenidos de este blog en 2017.

Si lo socializan está muy chevere cocó.

Saludos a la audiencia

 

Memoria lectogramática de Romulaizer Pardo 2017

 

Superficialidad absorta

Disperso mis segundos

radicales como truenos

veraniegos por la rugosa

esfera de mis pensamientos.

 

Lóbregas disquisiciones

sobre epistemes y ramplonas poéticas

invierten su capital cultural

en mis adentros.

 

Extravío es el destino tierno

de una bíblica ignorancia

como nubarrones en el corazón,

como oscuridad iluminada

por el rayo rotundo del ignorar.

 

Esparce en la conquista libresca

la esencia propia de Babel

su manto indómito de lenguas

y voces, porque allá había un cielo

y aquí es un grueso papel luminoso

lo que queda de la pesquisa.

 

Invocar ancestros dudosos,

ideas trascendidas,

inducir a un coma intelectual

la caricia de la escritura alfabética

dieciochesca es inducirme a una filología

falsificadora. Escueta acumulación

de materialidades dudosas, mas

el racionalismo aguarda

en los anquilosados terrenos

de la gramática de Port-Royal

y la lógica de Aristóteles.

 

Pamplinas historiográficas,

esto no es un verso,

ni quietud es,

es el siniestro cataclismo

de las letras perdidas,

el trayecto que va del signo

al argumento, de la filosofía

a la lingüística, es el giro

de un estructuralismo imposible

por caduco: el mío que no evoca

a Barthes ni a Todorov ni a Greimas,

que no sabe del curso de lingüística general,

que rechazó el culturalismo boasiano,

porque al final esta cadencia,

este ritmo entumecido

por autores y escuelas,

es nada más que una distorsión unívoca

de realidades frugales por sensacionalistas.

 

Esto no es un verso,

no, no es poesía,

es quizá la mente intelectualista,

formalmente ideológica,

cristal de ofuscación y tristeza,

porque al final no interesa

el canón hispánico, ni importa

tampoco Leissing ni Goethe

ni Herder ni Schlegel ni mucho menos

los franceses. Importa sí un recuento

del criollismo baladí, importa

quizá dentro de miles de letras,

el liberalismo de Smith y también

la raquítica espuma de los marxismos

imposibles. Inválido transito los recovecos

insalubres de multitudes abrigadas

en la conquista del espacio. Frialdad

heredada es la cornea que indago

en las poéticas marchitas.

Los rusos tampoco están aquí.

No, debía omitir la lectura de Habermas,

porque el referente es algo que ya no existe,

porque al final no interesa leer interesa vender.

 

¿Mis seguidores existen más allá

de la columna vertebral que hilvana

mi humanismo raquítico y postinternético?

 

Colapso el abigarrado corpus periodístico,

periodos, tinta, papeles de luz,

totalidad de un enjambre quebradizo,

el mismo acto de quebrar la inteligencia

con terminología científico-filosófica.

 

Al final será tarde cuando llegue el culmen

de los sentidos. No, mi empirismo es incontundente,

flácido como pordiosero que entra a un banco

pidiendo que le den una coca-cola.

Perdón, si Dios me ha quitado o me ha dado

o ha fertilizado mi desprecio, perdón

si hubo maquinaciones euclidianas que no cumplí,

perdón, relativismo cultural, no soy digno

de llevar el título de poeta o de demiurgo

o de ideólogo o de filósofo o de pensador.

 

Todo es mi chatarrismo cultural

este basurero torpe, mudo, egoista, aislado,

cruento sí porque abandono el I Ching,

sádico, sin conocer a Sabe, neurótico, raquítico,

esperpéntico, falsificado, como billete nacional

o de importación, trozo, al fin, de silencio

que sucumbe al tétrico espasmo de vidas

monumentales. Adios divino mito

del saber, racionalismo mitológico

del presente y la historia de Occidente.

Adiós máquina reverberante de voces,

me quedo aquí, cociendo arroz, evaporando

los preceptos luzanianos, implorando

que entonces conocer sea menos que el pecado

mismo del que Fromm predicó tanto,

del que tanto se dice, de esa inteligencia alemana

potencialmente inexplorada. Adiós

máquina de verbalidad, te dejo

porque me quedo sufriendo el agandalle

de un numen cardiaco, de una narración

fruncida y arrugada, este relato que es

más que un terror yanki-islamista,

una consagración a la estupidez vigente

en este hoy que induce al fastidio

a la idiotez del entretenimiento.

La ninguna agenda

Desposesión en tiempos quebrados

mi voz, ninguna, nada, esterilidad.

Un mundo existe y palmo a palmo

ruge ingente la marcha

contigua: desamparo la caduca vocal.

Este particularismo, inombrable,

rosa un silencio —como de día

cualquiera antes de las personalidades—

ensimismado como torrente de locura.

Un mundo sí, desvencijado y putrefacto,

insomne registra en su andamio de luz

las antinomias del ser. Escueta voz,

sí, vocal gris, el montar la escena

del no estar en el mundo, sin todo, ser

nada más que nada menos todo.

Agendas siempre dictan

¿acaso el futuro era

la esperanza de una mejora

cuando por instinto

carecemos de cordura?

Emblema de cada improvisación

este lirismo que es torcedura,

tuerca infame y galaxia,

derredor de las nadas explosivas

en un instante que significa

un silencio atronador en el horizonte.