Invitación a las humanidades digitales

En pasados días se celebró el 39 aniversario del Colegio de Michoacán. Quienes estuvimos presentes logramos apreciar el esfuerzo patente por darnos a conocer a propios del Colegio y público en general, los retos, las bondades, las dimensiones y posibilidades de la tendencia académica denominada Humanidades Digitales. El jueves nos fue dado un pequeño taller, introductorio taller, a estas metodologías, a sus principios, a sus ámbitos de acción y sus fundamentos. Como siempre lo que predomina es la falta de tiempo para profundizar, pero en más de un caso se trató de una invitación atinada, contemporizadora del hacer más vanguardista, tecnológico y de sus recursos para la investigación humanista.

El viernes se ofrecieron una conferencia magistral y un panel de discusión. Importantes ambos, aunque con posturas distintas. Se habla hasta ahora de la novedad digital, creo más bien que lo nuevo es la vanguardia tecnológica. ¿Cómo pensar históricamente la digitalidad? En una exploración muy sugerente la dimensión digital se absorbe y adhiere a la del caos: informático, textual, disciplinar. Pero en el auge y afán de lo técnico, existe un horizonte de aclaraciones que pasan por los sistemas computacionales y permiten realizar ejercicios valorativos de problemáticas concretas. El gran tema es entonces la articulación de lo humano con lo tecnológico en una dimensión de análisis inter o transdisciplinar.

Con la participación de miembros de la Universidad de Valencia, del Colegio de México, de la Universidad Autónoma de México y de la Universidad Autónoma del Estado de México, la celebración del cuarenta menos uno aniversario del Colegio de Michoacán, abrió, por mayor o menor que haya sido dicha apertura, el universo complejo, enriquecido y multimodal del humanismo digital en vías de los aportes más recientes a la agenda académica global y nacional.

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Soy estudiante del Centro de Estudios de las Tradiciones del Colegio de Michoacán generación 2017-2022

He vivido una saturación de memoria personal en muchos niveles, una sobredosis autobiográfica, extenuante, pero también racionalmente poco elaborada. Salí de la preparatoria en el año 2000 y estudie antropología social por casi 2 años. Quería ser, me interesaba ser, antropólogo cultural. Pero fracasé en ese intento, más por méritos propios que por situaciones contextuales. Cuando tuve de nuevo vocación para la universidad estudie letras españolas, donde encontré uno de mis más absorbentes temas de estudio, después de recorrer distintas tradiciones y escuelas. Al final me incliné por la vocación de historiador, iniciando estudios en el año 2012, particularmente por la tradición materna.

El año pasado me involucré en el ingreso al posgrado del ciencias humanas con especialidad en tradiciones del Colegio de Michoacán. Después de un proceso de selección fui admitido como alumno y empezó mi aventura zamorana. Ingresamos al posgrado el pasado octubre y ahora estamos en fase de resultados del trimestre anterior. La experiencia dicta que siempre es bueno colocar en perspectiva, de largo, mediano y corto alcance, las experiencias. Para mí ahora es una oportunidad para desarrollar una investigación original y apropiada.

Me he encontrado con muchas temáticas y situaciones académicas que me remiten a mis dos experiencias universitarias previas a mi desempeño como historiador. Considero que ahora estoy por enriquecer mi bagaje cultural, intelectual y conceptual, primero, pero también frente a un reto personal y académico serio.

Y ese parece el sentido primero de la historia, la investigación.