Margarita Urías Hermosillo y el exilio de la intelectualidad oficial en México


 

Circa 1991, Foto credit: Elías Holguín.

 

 

Trabajo presentado en el Primer Coloquio sobre el Exilio iberoamericano, realizado en la Universidad Veracruzana dentro de las actividades del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales y el Seminario de Historia Cultural e Intelectual dirigido por Rogelio de la Mora Valencia, Elissa Raskin y Mayabel Ranero Castro. Otra versión del trabajo fue publicado en la Revista Aión Cuadernos de la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana disponible en: https://issuu.com/revistaaion/docs/maqueta__ai_n

  

Resumen: El ensayo intenta desentrañar el recorrido y redes intelectuales de Margarita Urías Hermosillo, bajo la hipótesis de su pertenencia a la intelectualidad oficial mexicana de la segunda mitad del siglo XX, de la cual se exilio para construir una carrera académica en centros periféricos nacionales, en un momento previo a la sociedad de la información mediada por internet. Se trata de mostrar las coordenadas biográficas de Urías Hermosillo como una intelectual mexicana, que desde la vida académica consolidó distintos proyectos educativos y profesionales, a la par que desarrolló múltiples trabajos de investigación.

 

Abstract: The essay try to unravel the journey and intellectual networks of Margarita Urías Hermosillo, based on the hypothesis of her belong to the official Mexican intellectuality of the second half of XX century, from who she exile to build an academic carrier on peripheral national centers, on a previous moment to the information society ruled by internet. It is about to show the biographical coordinates of Urías Hermosillo as a Mexican intellectual, who from the academic life raised different educative and professional projects, as she developed multiple investigative works.

 

Palabras claves: intelectuales mexicanos, mujeres intelectuales, siglo XX, México, Revista Nexos, Antropología e Historia, exilio intranacional, periferia académica.

 

Key words: mexican intellectuals, intellectual women, XX century, Mexico, Nexos Magazine, Anthropology and History, intranational exile, academic periphery.

 

Nota biográfica:

 

Mayabel Ranero Castro

Profesora de tiempo completo de la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana. Es miembro activo del Seminario de Historia Intelectual y Cultural, junto a Rogelio de la Mora Valencia y Elissa Rashkin, con sede en el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana. Está adscrita al Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1. Es doctora en Historia por la Universidad del País Vasco.

 

 

Rómulo Pardo Urías

Licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana (2016) ha desarrollado un proceso de investigación en torno al tratadista y pensador español Ignacio de Luzán y su recepción y comentario en México. Actualmente es estudiante de posgrado en el Centro de Estudios de las Tradiciones del Colegio de Michoacán. Compiló un libro con las obras de Margarita Urías Hermosillo, de próxima aparición en la editorial de la Universidad Veracruzana.

 

 

Margarita Urías Hermosillo y el exilio de la intelectualidad oficial en México

 

Mayabel Ranero Castro

Facultad de Sociología/Universidad Veracruzana

 

Rómulo Pardo Urías

Facultad de Historia/Universidad Veracruzana

 

Introducción

 

En agosto de 1976 Héctor Aguilar Camín escribía el prefacio de La frontera nómada: Sonora y la Revolución Mexicana, donde advierte sobre “personas que ayudaron […] a la redacción del original de este libro […] aunque nunca se les mencione”.[1] Subsecuentemente presenta la radiografía de una red intelectual mexicana vinculada al “Departamento de Investigaciones Históricas del Instituto Nacional de Antropología e Historia”[2]: Enrique Florescano, Alejandra Moreno Toscano, Hugo Hiriart, Isabel Gil, Luis González, Enrique e Isabel Krauze, Carlos Monsiváis, José María Pérez Gay y Margarita Urías, entre otros. La reconstrucción que nos atañe es la de Margarita Urías Hermosillo, etnóloga, historiadora y maestra, nacida en Chihuahua en 1944. Un punto de partida es su valoración reciente como participante en la guerrilla chihuahuense en los sesentas mexicanos, empresa del colectivo teatral Lagartijas Tiradas al Sol.[3] Creemos necesario comentar y discutir la trayectoria de Urías Hermosillo, desde un aparente grado de opacidad social y comunicativa sobre su quehacer académico, intelectual y profesional. Nuestra hipótesis de trabajo busca demostrar que de la mano de su quehacer intelectual, docente y académico, Urías Hermosillo fue distanciándose gradualmente de circuitos intelectuales oficialistas, como el constituido por los intelectuales publicados en la revista Nexos. Se desprendió, a lo largo de su vida, de ciertos territorios culturales, desde su postura crítica y antiautoritaria profesionalmente, solidificada por su actitud de constante trabajo, a la vez marcada por su condición política sui generis. Bajo esta doble acepción mostraremos la pertenencia de Margarita Urías Hermosillo a ciertos grupos intelectuales y su posterior exilio (destierro o transterramiento), de los territorios culturales en donde participó, tratándose de una “exclusión [que] es un componente sustancial del orden autoritario […] más refinada o matizada, […] presente en las aperturas democráticas, como consecuencia de situaciones de conflictividad social y política”.[4] Trascendiendo lo geográfico, el exilio de Urías Hermosillo, ideológico y cultural, fue parte de repeler una forma de dominación, presente en el ambiente académico e intelectual. Esto la obligó a inscribirse en la reflexión de la historia nacional, primero, y regional, después, desde escenarios y territorios intelectuales mexicanos periféricos, en un mundo pre-globalizado, pre-internetizado, siguiendo a los centros irradiadores de novedades. Plantear el tema del exilio, rescatando el apunte de Antolín Sánchez Cuervo,[5] debe dimensionar los rasgos de una memoria crítica, legítima, de los fracasos, de lo ignorado por las formas historiográficas objetivas y científicas derivada de los poderes dominantes. Esta memoria crítica estaría armada por piezas componentes de una trama que el historiador descubriría, donde el “exilio sería un episodio más, doloroso pero finiquitado, de un pasado que se reintegra en el continuo de esa historia de la que un día quedó desprendido, en función de los intereses dominantes del presente”.[6] Representa, en esa medida, un pasado no cumplido, insatisfecho dice Sánchez, algo trunco, que el historiador, mediante tal memoria crítica, debe desocultar, y que se mide a través de lo injusto, lo marginal, expresando formas de un sujeto histórico —individual y/o colectivo— excluido.

Profundizando en la disciplina histórico-económica, Urías Hermosillo realizó aportes al estudio del desarrollo de la burguesía en México durante el siglo XIX, con una propuesta de investigación, indisociable de su personalidad intelectual, referida al empresario orizabeño Manuel Escandón y el desarrollo del Estado nacional mexicano. Emprendió investigaciones de etnohistoria en el territorio veracruzano, especialmente sobre los grupos totonacas y huastecos, y en el territorio chihuahuense sobre los rarámuris. Participó en actividades directivas de centros especializados de estudios en la Universidad Veracruzana, la Universidad de Sonora y la Escuela Nacional de Antropología e Historia unidad-Chihuahua, colaborando con grupos y actividades de investigación y docencia en Puebla, Tabasco, Oaxaca y la Ciudad de México, entre otros. Al fallecer, en el 2000, se encontraba realizando estudios de Doctorado en Antropología Social en la Universidad Iberoamericana. ¿Cuáles son los elementos para hablar del exilio de Urías Hermosillo de la intelectualidad oficial? ¿Qué compone un cuadro de intelectuales oficiales en México? ¿Cuál es el protagonismo histórico-social de Urías Hermosillo en el último tercio del siglo XX mexicano? Trataremos de responder a estas preguntas con nuestro trabajo. Mostraremos un perfil intelectual de Urías Hermosillo, describiendo a vuelo de pájaro su participación en la guerrilla y su desarrollo académico desde 1969. De tal forma, nos interesa ingerir en la discusión sobre los intelectuales en México, en general, y los distintos grupos presentes en la segunda mitad del siglo XX, en particular. Por ello, articularemos un cuadro descriptivo de Urías Hermosillo y las distintas redes intelectuales y académicas de las que formó parte, para argumentar su relación con grupos ideológicos dominantes de la escena pública mexicana, primero, y su posterior repliegue o exilio, cuya actividad no fue menos significativa sino menormente visible. En ese sentido, Roniger y Yankelevich[7] relacionan el exilio, en su definición múltiple, al ostracismo, la expatriación, la marginación o la represión política, derivadas de situaciones de oposición política frente a un régimen autoritario vencedor y regulador institucional y gubernamentalmente, lo que orilla al distanciamiento, el abandono, la exclusión, el exilio, ya sea individual o colectivo, de la patria o el territorio donde se suscita la contradicción y disputa política. Para estos autores “[e]l exilio implica una tensión permanente entre el principio de pertenencia a una nación y el principio de ciudadanía”.[8] Pragmáticamente se trata de un destierro o expulsión, obligada o elegida, frente a un escenario de peligro, que coacciona la libertad o la integridad física, quedando mutilados los derechos políticos de los exiliados, representando, además, la pérdida de “los referentes de la vida cotidiana”.[9]

 

Guerrilla y cárcel. Huellas políticas de un momento histórico

 

En 2010 el colectivo teatral Lagartijas Tiradas al Sol realizó el rescate de la participación de Urías Hermosillo en el movimiento guerrillero chihuahuense, culminado en el fatal asalto al cuartel militar de Madera en 1965. El documental escénico El rumor del incendio[10] muestra la reconstrucción histórico-social de la guerra sucia por parte del Estado mexicano, vertebrando, a partir del personaje de Urías Hermosillo, la historia de los movimientos guerrilleros en México previos, contemporáneos y posteriores, al movimiento estudiantil de 1968. Siguiendo a Carlos Montemayor “los guerrilleros mexicanos fueron amnistiados a finales de los años setenta y todos se incorporaron a las universidades”.[11] Volviendo al documento teatral, señalamos dos particularidades: en enero de 1967 fue creado “el Estado Mayor del movimiento ‘Veintitrés de Septiembre’ […] integrado por Pedro [Uranga] como comandante en jefe, Juan Fernández Carrejo como jefe político, Guadalupe Jacott como jefe del Estado Mayor y Margarita Urías como Secretaria de Finanzas y miembro del Estado Mayor”.[12] Y en la narración escénica se retoma el encarcelamiento de Urías Hermosillo, el mismo mes de enero del 67, enfatizando que “Margarita estuvo en Lecumberri[sic]. Después la trasladaron a la cárcel de mujeres en Iztapalapa. Fue acusada de Asociación delictuosa y Conspiración”.[13] Para Montemayor la guerrilla chihuahuense data de 1959 en las cercanías de Ciudad Madera, con la participación de “Francisco Luján Adame, Arturo Gámiz, Álvaro Ríos, Pablo Gómez y Salomón Gaytán […] referentes históricos [del] proceso de movilización campesina y guerrillera”.[14] Pero la guerra sucia, como forma represiva contrainsurgente implementada por el Estado mexicano, representó un conjunto de prácticas que para Montemayor trataron de justificarse desde el avance de formas ideológicas vinculadas a Rusia, Cuba y China: por una parte el comunismo y el trotskismo, por otra el castrismo, y, finalmente, el maoísmo. Sin embargo, no hay una relación causal directa, enfatiza Montemayor, respecto a los movimientos guerrilleros y los estudiantiles de los sesenta y setenta en México. En esa medida, Urías Hermosillo vive el encarcelamiento entre 1967 y 1969. Posteriormente ingresa a estudiar etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México. De esa forma, hay vigentes, al final de los años sesenta, dos tipos de movimientos sociales críticos del régimen gubernamental y en vías de construir alternativas políticas, sociales y económicas: los movimientos guerrilleros, representados sobre todo, mas no únicamente, por los de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez en Guerrero —y con presencia mayor o menor en Monterrey, Morelia, Guadalajara y como vimos Chihuahua—, y los movimientos estudiantiles, representados por los ejemplos de Morelia de 1963 o el de la UNAM y el IPN de 1968. Dos vertientes politizadas de la juventud mexicana de esa época, amalgamadas en la experiencia de vida de Urías Hermosillo: la vía armada y la vía estudiantil.

 

La intelectualidad mexicana post 68 de Nexos

 

Reflexionar con Guillermo Zermeño el valor del intelectual en México, conduce a establecerlo como tipo social que ”se define en principio como un hombre de letras y de cultura que remeda a la época del humanismo y, sólo posteriormente y según las circunstancias políticas, se podrá concebir como un hombre que puede tener influencia social y política”.[15] El intelectual, vinculado o no a los poderes del Estado y la Iglesia, de izquierda de o derecha, representa un “saber crítico”[16] que funciona en una sociedad, altamente industrializada y modernizada, como la del siglo anterior. El investigador del Colegio de México desglosa la controversia de la ausencia de una tradición intelectual mexicana, al menos en comparación con la tradición francesa, la cual proviene de los filósofos ilustrados del XVIII. El intelectual mexicano inventa su tradición, aunque tal aseveración, rescatada del pensamiento de Paz, sea parcialmente cuestionable. Zermeño resalta, en la diacronía del desarrollo del intelectual mexicano, el año de 1940, donde aparece un modelo de intelectuales, aparte de los vigentes al proceso revolucionario que se adentran hasta los años veintes del XX, representados por José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, es decir, los intelectuales académicos y científicos universitarios. Junto a ellos está presente el modelo del intelectual liberal y del socialista, distinción definida por la controversia entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano en la Universidad de México en 1933, remitiendo a la defensa de dos posturas ideológicas en contraste, la de la revolución mexicana o la de la revolución rusa. El intelectual del XX muestra una actividad pública, definida por “su relación con los medios masivos de comunicación”.[17] Pero diferencialmente, el intelectual, que sabe escribir y es orador, tiene rasgos distintos frente al escritor, el científico o el académico, es decir, respecto a “la intelligentsia o masa crítica”.[18] Sin embargo, a “mediados del siglo XX el campo intelectual está dominado por escritores y sólo después irá creciendo paulatinamente el número de científicos, economistas, sociólogos e historiadores que se integrarán al campo”.[19] Así, el incremento, desarrollo y expansión tecnológica y comunicativa de los mass media darán, a partir de la década de los sesentas y setentas, un auge público a revistas, como Nexos, Vuelta o los suplementos México en la Cultura o La cultura en México, pero también harán que el intelectual, indica Zermeño, busque aliarse con la televisión y radio nacionales, para fomentar su protagonismo en los medios y alcanzar la gran audiencia.

Recordamos, por otra parte y para establecer los rasgos de la intelectualidad de Nexos, las palabras de Héctor Aguilar Camín: “[e]n unas semanas cumplirá 25 años la edición mensual de la revista Nexos, que debe a Florescano su fundación y su espíritu”.[20] Marteen Van Delden[21] indagó las diferencias y semejanzas entre los proyectos culturales, intelectuales y literarios de la revista Vuelta, dirigida y fundada por Octavio Paz, y de la revista Nexos. Van Delden, retomando a José Agustín, refiere que se trata de dos grupos intelectuales con reconocimiento absoluto de los dirigentes políticos mexicanos, representando, en mi parafraseo, una muestra clara de la repartición territorializada del humus cultural mexicano. Interesa lo que Van Delden apunta sobre Nexos: fundada en enero de 1978, en ella participan Aguilar Camín, Carlos Monsiváis, Roger Bartra, Augusto Urteaga Castro-Pozo, Arturo Warman, Pablo González Casanova, entre otros intelectuales y académicos, distinción crucial de esta revista frente al proyecto de Vuelta. La labor intelectual y cultural —comunicativa— de Nexos remite, para alguien como Aguilar Camín, a un estado anacrónico de tales ámbitos en México, tachados de conservadores y absolutos en el caso de Vuelta, representando el foro público necesario para el ejercicio crítico del pensamiento, no sólo de la alta cultura y literatura, inserto en la complejidad presente de Latinoamérica y el país, como sugiere Van Delden.[22] En el proyecto de Nexos convergen el intelectual como servidor social y el intelectual académico, universitario, profesional, conocedor y analista de la sociedad y sus problemáticas: “[e]l intelectual mexicano tiene que comprometerse con los temas del mundo que lo rodea, y contribuir a la solución de los problemas del país, principalmente el problema de la desigualdad. Para Nexos, el deber del intelectual mexicano es de vincular su trabajo con las preocupaciones de las masas.[23]

Complementariamente, en entrevista a Enrique Florescano,[24] dicho historiador veracruzano refiere:

 

La revista Nexos, a diferencia de todas las que se publicaban en ese momento, estaba hecha por académicos de la generación del 68 y quizá por eso se comprometieron a hacer una revista en la que se discutieron los problemas actuales con un lenguaje amplio. Se trataban los asuntos nacionales de mayor relevancia desde el punto de vista de especialistas de las más importantes instituciones nacionales, pero siempre se buscaba la socialización de ese conocimiento a través de un lenguaje accesible al público más amplio. Ésa era la gran diferencia.[25]

 

La nómina de colaboradores se amplía, mencionando a los “grandes literatos […] Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Adolfo Castañón, José Joaquín Blanco, Antonio Saborit [con el interés] por discutir la actualidad literaria de nuestro país”.[26] La generación joven mencionada, en gran parte miembros de la generación de medio siglo, alterna su ubicación en Nexos con pensadores más experimentados, como Luis Villoro y Pablo González Casanova, aunque varios “eran universitarios […] de provincia: Lorenzo Meyer, Héctor Aguilar, Rolando Cordera”.[27] Sin embargo, Florescano enfatiza la imposibilidad de hablar de un “grupo Nexos”, debido a la diversidad de enfoques y puntos de vista, al desconocimiento entre sí de los autores o debido a la ausencia de “un credo o una posición uniforme ante los temas que se discutían”.[28] Se comprende por ello que la diversidad fuera una virtud de la revista, valorando la presencia de “los filósofos, los literatos, los historiadores, los antropólogos; parte del éxito fue su carácter interdisciplinario”.[29]

 

Vivir, construir y transmitir, Margarita Urías 1969-2000

 

La trayectoria científico-social de Urías Hermosillo inicia cuando ingresa a estudiar etnología en la ENAH en el 69. En el 68, debido a los movimientos estudiantiles, la antropología social vive una crisis de la mano de la “antropología crítica” y la salida de la ENAH de los siete magníficos,[30] profesores de gran importancia que abandonaron la institución como reclamo a los conflictos políticos vigentes. Este grupo, conformado por Arturo Warman, Guillermo Bonfil Batalla, Margarita Nolasco, Enrique Valencia, Mercedes Olivera, Ángel Palerm y Rodolfo Stavenhagen, donde debemos incluir a Pablo González Casanova, Juan José Rendón y Daniel Cazés, participó en el Sexto Congreso Indigenista en 1968, cuestionando la interpretación indigenista de la antropología mexicana. Además, publicaron en 1970, una obra crítica de la tradición antropológica De eso que llaman antropología mexicana. Esta escisión fue definitiva y marcó un hito en los estudios antropológicos, tanto a nivel ideológico-interpretativo como institucional, pues se fundaron o fortalecieron, como resultado, centros de investigación importantes: el Instituto de Investigaciones Antropológicas en la UNAM, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (CISINAH, después CIESAS), el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana y el de la Universidad Iberoamericana, entre otras. En ese sentido, la estancia estudiantil de Urías Hermosillo en la ENAH corre paralela a una época altamente politizada y a un cambio dentro de los modelos interpretativos antropológicos, ubicados sobre todo “dentro de la corriente que Frank llama antropología de la liberación”.[31] Se trata, entre otras orientaciones, de la interpretación crítica del desarrollo del subdesarrollo en México y América Latina, encabezada por Andrés Gunder Frank, que sostiene “sus pueblos [son] económica, política y culturalmente dependientes del poder metropolitano extranjero; España antes, hoy los Estados Unidos”,[32] la conocida teoría de la dependencia.

Para 1974 Urías Hermosillo culminó sus estudios de etnología logrando el grado de maestría en ciencias antropológicas con especialidad en antropología social, oficializados con su título de etnóloga de 1976, presentando el trabajo “Realidad nacional y desarrollo económico en México, 1821-1867. Interpretaciones de un proceso” aprobada por unanimidad Cum Laude. Su título fue expedido por Gastón García Cantú, director del INAH en 1978, y Fernando Solana Morales, secretario de educación pública el mismo año, al ser director de la ENAH el antropólogo físico Javier Romero Molina y el secretario general del INAH Ariel Valencia Ramírez. Eso no impide su continua formación, pues en 1972 participa en un seminario impartido por John Womack, Eric Hobsbawm, Eric Wolf, Arturo Warman y Hugo Blanco entre otros, mientras que en el 73 asiste al seminario de problemas y métodos de la historia social ofrecido por Jean Meyer y en el 74 participa en el seminario sobre aspectos económicos del siglo XIX en los Estados Unidos de Norteamérica y en México impartido por John Coatsworth, ambos en el DIH-INAH. A la par se involucra directamente en el proyecto de investigación de Historia económica de México. 1570-1976 dirigido por Enrique Florescano y publicado en 1980[33]. Desarrolla actividad de investigadora titular del proyecto Empresarios mexicanos del siglo XIX en el seminario del DIH-INAH Formación y desarrollo de la burguesía en México: 1790-1910. En el 74, además, presenta su trabajo pionero en el XLI Congreso Internacional de Americanistas, “Empresarios mexicanos del siglo XIX: el caso Escandón (1830-1890)”.[34]

De 1978 a 1980, Urías Hermosillo fue directora interina del Centro de Investigaciones Históricas del Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Universidad Veracruzana, a la par que publica un segundo ensayo sobre Escandón[35] y coordina en la ciudad de Xalapa el seminario de investigación del proceso de industrialización y formación de la clase obrera en Veracruz: 1880-1976 con el tema movimientos populares en el puerto de Veracruz. 1919-1924. Ese mismo año, participa en el V Simposio de Historia Económica celebrado en Lima y organizado por el Comité Latinoamericano de Ciencias Sociales y el Instituto de Estudios Peruanos. En el 79 publica su trabajo Notas sobre la historiografía y los estudios económicos del periodo 1821-1867,[36] en los Cuadernos de trabajo del INAH, donde menciona que:

 

Este trabajo fue realizado con apoyo en los esfuerzos colectivos, de índole bibliográfica y crítica, de todos los miembros del Seminario de Historia Económica, dirigido por el Dr. Enrique Florescano en el DIH-INAH. Muy especialmente debo agradecimientos al Maestro Mauricio Campillo […] a Jorge Ceballos […] a Augusto Urteaga […] al Dr. Enrique Florescano […] a Héctor Aguilar Camín que finalmente revisó una parte de la última y definitiva versión.[37]

 

Ese mismo año, Urías Hermosillo publicó en la revista Nexos su artículo México y los proyectos nacionales, 1821-1857,[38]compartiendo portada con Lorenzo Meyer, Felipe Leal, Paulina Fernández Christlieb, Hermman Bellinghausen y Norbert Elías. La revista queda definida como “Sociedad Ciencia Literatura, es una publicación mensual del Centro de Investigación Cultural y Científica, A.C”. El director establecido es Florescano y el subdirector Aguilar Camín. La redacción registra a Hermann Bellinghausen, Roberto Diego Ortega y Francisco Pérez Arce. Destaca la división y red intelectual del consejo editorial: de la sección de sociedad e historia, Guillermo Bonfil, Pablo González Casanova, Rolando Cordera, Julio Labastida, Martín del Campo, Lorenzo Meyer, Alejandra Moreno Toscano, Carlos Pereyra, José Luis Reyna, Luis Villoro y Arturo Warman. En la sección de ciencia, Luis Cañedo, Eugenio Filloy, Julio Frenk, Cinna Lomnitz, Carlos Larralde, Daniel López Acuña, Víctor Manuel Toledo y José Warman. Finalmente en literatura José Joaquín Blanco, Adolfo Castañón, Carlos Monsiváis y Yolanda Moreno Rivas.

Durante su primera estancia veracruzana (1978-1980) Urías Hermosillo cimentó distintos proyectos, consolidando otras redes intelectuales, como sugiere John Womack “a mediados de los años setenta los sucesivos directores del Centro, Richard Lindley, Ricardo Corzo y Margarita Urías, todos jóvenes y fuereños, trabajaban activa y abiertamente con un extraordinario grupo de estudiantes en las distintas disciplinas modernas de la historia”.[39] En esta red intelectual podemos detectar a personalidades de la investigación histórica actual en Veracruz como “Leopoldo Alafita Méndez, Ana Laura Delgado Rannauro, Bernardo García Díaz, José González Sierra y Manuel Uribe Cruz”.[40] Con varios de estos estudiantes y profesores produjo una publicación sobre el proceso de industrialización y la clase obrera en Veracruz entre 1919 y 1934.[41]

Entre 1981 y 1983, con una actitud nómada, coordina el Centro de Capacitación para el Desarrollo del Noroeste, en Hermosillo, Sonora, en el marco de la Secretaría de Programación y Presupuesto, donde además, entre 1983 y 1984, coordina el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora. En 1982 compuso un importante artículo demográfico del siglo XIX en México, al lado de Carlos San Juan Victoria.[42]

Posterior a su estancia norteña, volvió a la Ciudad de México y finalmente a Xalapa entre 1984 y 1988. Se mantiene vinculada a las instituciones por las que había transitado previamente, la ENAH y el DIH-INAH, de la ciudad de México, y el CIH-IIH-UV, en Xalapa. En 1986 presenta un trabajo en el Primer Seminario de Historia y Sociología Urbanas. Nuestras ciudades: historia y sociedad, organizado por CIH-IIH-UV, presentando el trabajo Prostitución y movimiento inquilinario en el puerto de Veracruz 1920-1923. Mantiene un vivo interés por los temas veracruzanos, sostiene su investigación sobre Escandón y logra vincularse con el Colegio de Michoacán, la UAP, el Instituto José María Luis Mora, el CIESAS-Golfo y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, ciudad donde se establece en una vuelta al norte en 1989. Pero antes de eso realiza un importante trabajo sobre tres municipios del norte veracruzano Nacer en el Totonacam,[43] donde converge otra red de estudiantes importante.[44] De 1990 a 1993 fue la primera coordinadora de la Unidad Chihuahua de la ENAH, en la capital del Estado, proyecto emprendido al lado de Juan Luis Sariego, Augusto Urteaga Castro-Pozo y Luis Reygadas, entre otros.[45] En ese periodo desarrolla trabajos de etnohistoria chihuahuense, sobre problemas del mestizaje en el norte de México. Se trata de estudiar “las mezclas, al mestizaje —que es algo que debería estudiarse a fondo en el norte mexicano, como empezó a hacerlo Margarita Urías”.[46] Al tiempo funge como parte del comité editorial de la revista Ciudades de la Red Nacional de Investigación Urbana, localizada en Puebla, dirigida por Elsa Patiño y Jaime Castillo.

Vuelve a Xalapa en 1993 a ocupar una plaza de investigador titular C en el Centro INAH, y vive sus últimos años. Ingresa al doctorado de antropología social en la Ibero, al tiempo que coordina el Perfil de los pueblos indígenas de Veracruz, proyecto dirigido por el antropólogo Salomón Nahmad para el Banco Mundial. Da clases en la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana, en el sistema abierto, con sede en la ciudad de Fortín. Prosigue su investigación sobre Manuel Escandón, la cual queda inconclusa, pero que refiere aspectos importantes de su interpretación historiográfica y su vida académica, como es apreciable en un comentario a nota a píe de página, en uno de sus últimos ensayos, al cuestionar las interpretaciones derivadas de sus investigaciones:

 

Esta usurpación puede observarse principalmente en los trabajos de mis coautores (1978) y en los de Carmen Blázquez, entre otros. No es peyorativo el uso del término usurpación. Creo que la deficiente formación teórica de los historiadores en México y la reciente incursión que han realizado en el tema de los estudios empresariales los ha conducido, de buena fe, a experimentar sobre los pasos de mis dos primeros ensayos (1976 y 1978) sin saber que yo misma los había autocriticado a profundidad, principalmente porque el responsable académico de su corrección para editarlos, Enrique Florescano, entonces representado como nuestro benefactor, censuró todo lo que yo proponía y citaba en mis trabajos, referente a la teoría y la metodología. Fue así que las propuestas de interpretación teórica quedaron entre líneas en mis textos y no todos los lectores son capaces de captarlas y mucho menos de sistematizarlas de acuerdo con su procedencia teórico-metodológica. Mi desacuerdo con Florescano me obligó a renunciar a mi trabajo de investigadora en el inah, en enero de 1979.[47]

 

Es observable en la trayectoria de Urías Hermosillo su pertenencia a la intelectualidad de Nexos, en el momento cercano a su fundación y de la mano protectora de Florescano. Sin embargo, como vimos, Urías Hermosillo fragua una trayectoria distante de la capital mexicana, con logros formativos trascendentes en la región norte y oriente del país, revelando su actitud nómada, primero, y su condición de subalternidad o de periferia intelectual. Se exilia, por tanto, en una dinámica intra-nacional, bajo desplazamientos territoriales y en función del autoritarismo intelectual y académico, primero, y segundo como una estrategia de sobrevivencia frente al priismo dominante. Si bien logró conseguir cargos públicos, sobre todo vinculados a su quehacer histórico y antropológico, Urías Hermosillo vivió también una persecución política del gobierno mexicano y fue repelida o censurada por personalidades de las cúpulas intelectuales y académicas. No por eso dejo de apostarle a la vida. La dimensión política de sus actos, donde se amalgama la experiencia armada, intelectual, estudiantil y académica, es indisociable de su postura crítica ante la sociedad mexicana del último tercio del siglo XX. Rompe con Florescano, como vimos, pero también con Aguilar Camín. Su labor es más cercana al mundo estudiantil superior, universitario, dejando de lado los reflectores nacionales, transitando por redes intelectuales regionales, nacionales e internacionales. Decir que Urías Hermosillo vivió un exilio intelectual es hablar metafóricamente de sus dificultades para desempeñarse en un mundo, el de las ideas, el pensamiento y la academia, dominado hasta hace algunos años por hombres, creado por y para hombres, bajo modelos patriarcales y tradicionales, aun hoy vigentes en cierto grado. ¿Cuántas mujeres académicas de los últimos 50 años no figuran en las listas y nóminas de los compendios historiográficos o de las redes intelectuales de las cuales fueron parte, que han sido historiados con el sesgo de interpretaciones dominantes y centralistas? ¿Cuántas mujeres de la guerrilla mexicana de los sesentas y setentas lograron rehacer su vida y dar vida a otros, propios y extraños, en las aulas, en los salones, en las editoriales y las revisitas, en los hogares?

 

Conclusiones

 

El exilio intelectual de Urías Hermosillo debe valorarse en el horizonte de un desplazamiento, una segregación, un modelo de exclusión, intranacional. Desde esta perspectiva la relación periferia-centro en la segunda mitad del siglo XX en México, mantiene nítidamente, en el momento pre-internetizado, una diferencia de oportunidades, una relativa reducción de las esferas de acción –comunicativas, sociales, políticas e institucionales, entre otras—, así como redes y tejidos intelectuales —académicos y no académicos— divergentes en su dimensión nacional y regional. Urías Hermosillo supo aprovechar una trayectoria sinuosa y serpenteada en el ámbito académico e intelectual mexicano, inscribiendo sus investigaciones y actividades en la reflexión de la historia nacional, concretamente del siglo XIX, construyendo, a la vez, los cimientos de estudios regionales en las distintas zonas dónde ejerció su labor profesional, pero siempre en comunicación y diálogo con las tendencias vigentes y actualizadas de las discusiones respecto a la investigación histórica, antropológica y científico-social mexicana. Su exilio, su marginación, su repliegue intelectual, se centró en la vida académica universitaria, desde su vocación docente, herencia clara de su formación normalista en Chihuahua previa a su episodio guerrillero, generando, así, contribuciones en la composición del tejido social y humano de lo que Zermeño llama “masa crítica”, por una parte, pero también imbricando inquietudes investigativas, como el caso de Escandón y otros tópicos veracruzanos, con la búsqueda de un espectro de mínima seguridad social, frente a sus rivales políticos del priismo oficialista, de los cuales se protege, al igual que se distancia de los intelectuales oficiales de la revista Nexos. En ese sentido se trata, como comenta Luis Roniger de un “desplazamiento forzado”,[48] pero no en su dimensión trasnacional o continental, como en el caso del exilio republicano español, por una parte, y por otra, el de las dictaduras sudamericanas de Pinochet y Videla, cuando en México operaba la guerra sucia que vimos con Montemayor, donde existía un discurso esquizofrénico por parte del Estado mexicano, al recibir y aceptar a los exiliados de Argentina y Chile, pero afinar y pulimentar las técnicas y tácticas de persecución y exterminio contrainsurgente y de posturas críticas al gobierno dentro del país. Urías Hermosillo es, sin duda, una figura intelectual de la segunda mitad del siglo XX, por su doble condición: de presa —y perseguida política—, aun pese a la amnistía a los guerrilleros, y de intelectual mexicana, como lo demuestra su participación en la revista Nexos y sus vínculos, aunque al final mayor o menormente distantes, con Florescano y Aguilar Camín, entre otros. Se trata de dos episodios que cifraron sus espacios, redes y horizontes de participación en el mundo de las ideas, de la vida académica y de su exilio metafórico o real, pero intraterritorial. En ese sentido, este exilio representa un acto de sobrevivencia en dos sentidos: a la dictadura perfecta del PRI en el último tercio del siglo XX, y al universo de la intelectualidad mexicana, dominado por figuras y gremios insertos en las dinámicas culturales mexicanas, como Paz y Aguilar Camín y sus allegados. Urías Hermosillo dejó un legado, una herencia, un tejido social, humano, académico, profesional. Logró aportar a la reproducción social, generacional, en México, aporte hasta ahora poco valorado. Volvemos a Roniger para enfatizar que el “exilio es una experiencia traumática de violación de los derechos humanos que plantea retos personales y colectivos” (2009: 90), pero es, al tiempo, una oportunidad de generar “nuevas ideas y permite comprender desde nuevos ángulos la política y las funciones sociales”.[49]

En otro sentido, es evidente la ausencia de las mujeres en cierta “historia intelectual mexicana”, lo que se corrobora en las fuentes empleadas para este artículo. En pocos casos se habla del rol jugado, y del ejercicio del género femenino, tanto en la masa crítica o inteligencia, como en las redes y tejidos intelectuales nacionales. Luciano Concheiro y Ana Sofía Rodríguez[50] hablan de la extinción del intelectual mexicano y con su trabajo apuestan por “intelectualidades colectivas”. Lo interesante es que también en su trabajo sólo está presente una mujer: Elena Poniatowska. Dudo de sus causas explicativas respecto a la intelectualidad mexicana en extinción, al menos en términos del intelectual público, aunque no de sus funciones. Las razones de Concheiro y Rodríguez para hablar de la extinción del intelectual en México son: 1) el establecimiento del capitalismo y la democracia liberal, donde no hay espacio para el intelectual “crítico, comprometido y generador de visiones alternativas”[51]; 2) la Academia como institución y forma de vida, “creadora de un orden discursivo particular [que] materializó la torre de marfil: un espacio para tener conocimiento sin tener contacto con la sociedad y sus problemas”[52]; 3) los medios de comunicación y su incremento en las cuotas de poder, donde importa “explicar la coyuntura [y] no hay tiempo ni espacio para la reflexión meditada [ni] la crítica”[53]; y 4) la lógica de la sociedad de consumo y el libre mercado, que transforma omnímodamente en industria y mercancía redituable el universo de los libros y las ideas, mostrando el hecho de que desde “la mercadotecnia y la publicidad, la originalidad y potencial de subversión de las ideas se limitan”.[54] La vida y la obra de Urías Hermosillo es una prueba contra-argumentativa de supuestos como estos, aunque su ausencia desde el 2000, deja más lugar a dudas que lo que podemos explicar aquí. Ella mantuvo una vida pública dentro de un perfil intelectual transversal, especialmente, pero no sólo, académico, aunque fue víctima de la meritocracia. Nunca perteneció al Sistema Nacional de Investigadores y fue opositora a su lógica, con la limitante de no contar con el grado de doctora, otro obstáculo meritocrático, sin que por eso su vida fuera menos valiosa o “productiva”. Una de sus últimas empresas fue trabajando para el Banco Mundial desarrollando el Perfil de los Pueblos Indígenas de Veracruz, aunque murió prematuramente de cáncer cuando estaba por cumplir 56 años. Finalmente mencionamos que próximamente saldrá a la luz pública un libro compilado con gran parte de los trabajos realizados por Margarita Urías Hermosillo, editado por la Universidad Veracruzana.

 

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[1] Aguilar Camín, 1977, p. 11.

[2] Aguilar Camín, 1977, p. 11.

[3] Pardo et al, 2010.

[4] Roginer/Yankelevich, 2009, p. 8.

[5] Sánchez Cuervo, 2009.

[6] Sánchez Cuervo, 2009, p. 5.

[7] Roniger/Yankelevich, 2009.

[8] Roniger/Yankelevich, 2009, p. 10.

[9] Roniger/Yankelevich, 2009, p. 12.

[10] Pardo et al, 2010.

[11] Montemayor, 2010, p. 16.

[12] Pardo et al, 2010, pp. 102-103.

[13] Pardo et al, 2010, p. 104. Pardo y sus compañeros han aceptado un error en su texto, refiriendo que Urías Hermosillo no estuvo en Lecumberri sino en la Dirección Federal de Seguridad.

[14] Montemayor, 2010, p. 59.

[15] Zermeño, 2010, p. 386.

[16] Zermeño, 2010, p. 383.

[17] Zermeño, 2010, p. 396.

[18] Zermeño, 2010, p. 398.

[19] Zermeño, 2010, p. 397.

[20] Aguilar Camín, 2003, p. 85.

[21] Van Delden, 2002.

[22] Van Delden, 2002, p. 107.

[23] Van Delden, 2002, p. 108.

[24] Concheiro/Rodríguez, 2016.

[25] Concheiro/Rodríguez, 2016, p. 348.

[26] Concheiro/Rodríguez, 2016, p. 349.

[27] Concheiro/Rodríguez, 2016, p. 349.

[28] Concheiro/Rodríguez, 2016, p. 349.

[29] Concheiro/Rodríguez, 2016, p. 351.

[30] Para un conocimiento ampliado de los debates y posturas al respecto véase: Gallart Nocetti/Rojas Rabiela, 2004. p. 21; Vázquez León, 1998, pp. 167-184; Uriega, 2005, pp. 274-283; Bonfil, 1994, pp. 281-289; Krotz, 1990, pp. 57-77; Fábregas Puig, 1997, pp. 149-173.

[31] Aguirre Beltrán, 1986, p. 254.

[32] Aguirre Beltrán, 1986, p. 257.

[33] La obra fue editada como Bibliografía general del desarrollo económico de México 1500-1976, en la Colección Científica del INAH, Núm. 76, en 1980. En ella participaron, coordinados por Enrique Florescano: Jorge Ceballos, Isabel Gil Sánchez, Francisco González Ayerdi, Carlos Ortega, Elsa Margarita Peña Haaz, Margarita Urías y Augusto Urteaga. Urías Hermosillo participó en la sección del siglo XIX.

[34] Urías, 1976. En la sección de historia económica, siglos XIX y XX, solo aparecen dos trabajos, el de Urías Hermosillo y otro de Jan Bazant.

[35] Urías, 1978. En esta publicación participaron también: Guillermo Beato, Rosa María Meyer, Shanti Oyarzábal, María Teresa Huerta, Mario Cerutti y Roberto C. Hernández. La introducción fue realizada por Ciro F.S. Cardoso que menciona “fueron comentaristas de los trabajos mencionados, los profesores Sergio Bagú, Jan Bazant, Ricardo Cinta, Enrique Florescano, Alejandra Morena Toscano, Calixto Rangel Contla y el que escribe” (Urías, 1978, p. 12). El comentarista del trabajo de Urías Hermosillo fue Calixto Rangel Contla.

[36] Urías, 1979a.

[37] Urías, 1979a, p. 7

[38] Urías, 1979b.

[39] Womack, 1994, p. 27.

[40] Womack, 1994, p. 27.

[41] El trabajo fue compuesto por Urías Hermosillo en coautoría con Leopoldo Alafita Méndez, Ricardo Corzo Ramírez, Bernardo García Días, José Luis Martínez Rodríguez y Gerardo Necoechea Gracia. Fue publicado en 1984, por la Universidad Autónoma de Puebla, como resultado de los trabajos del Encuentro de Historia del Movimiento Obrero celebrado en 1978 en Puebla, organizado por la UAP, el Taller de Investigación del Movimiento Obrero y el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO). Ver bibliografía: Urías et al, 1984, pp. 197-212)

[42] Se trata de un número de la revista de la Facultad de Economía de la UNAM Investigación económica, del trimestre octubre a diciembre de 1982. En ella además hay artículos de Mónica Blanco (con Eugenia Romero Sotelo, Lucía Sala y Andrés Sánchez), José Blanco, Emilio Duhau, Roberto Sandoval Zaraus, Bernardo García Díaz, Miguel H. Abdala, Manuel A. Claps (con Mario Daniel Lamas), Marcos Winocour, Armando Kuri Gaytán y Juan Pablo Arroyo Ortiz.

[43] Urías et al, 1988.

[44] Urías Hermosillo funge como coordinadora del proyecto, realizado para la Coordinadora Estatal de Veracruz del Instituto Nacional Indigenista. En él participan como ayudantes de investigación: José Luisa Blanco Rosas, Mercedes Guadarrama Olivera, Genero Guevara Cortina, Juana Martínez Alarcón y Armando Michaus Paredes. El subtítulo del trabajo dice: “Coxquihui, Chumatlán y Zozocolco de Hidalgo: tres municipios totonacos del Estado de Veracruz. Historia y realidad actual: 1821-1987”

[45] Para profundizar puede verse la tesis de maestría “La ENAH Chihuahua: ¿Antropología para qué?” de Lorena María Talamás Rohana, Chihuahua, Chihuahua, Agosto de 2011, disponible en el fondo Mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia. En ella hay un pasaje referente a Urías Hermosillo que nos importa destacar referido a un testimonio de Enrique Soto Aguirre: “Margarita (Urías) era realmente un genio, una de las mejores antropólogas, y como maestra la caía mal que uno no pensara, se encabronaba si uno repetía lo que leía, era tremenda!” (Talamás Rohana, 2011, p. 226).

Consultada el 5/05/2017 en: https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/tesis:884

[46] Aboites Aguilar, 2000, p. 486.

[47] Urías, 2000, p. 23 Archivo Personal de Margarita Urías Hermosillo.

[48] Roniger, 2009, p. 89.

[49] Roniger, 2009, p. 90.

[50] Concheiro/Rodríguez, 2015, pp. 405-411.

[51] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 406.

[52] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 406.

[53] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 407.

[54] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 408.

/Rodríguez, 2015, pp. 405-411.

[51] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 406.

[52] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 406.

[53] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 407.

[54] Concheiro/Rodríguez, 2015, p. 408.

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