Una etnóloga chihuahuense del último siglo XX mexicano: Margarita Urías Hermosillo. Apuntes para una biografía intelectual y su praxis vital (1944-2000†)


Rómulo Pardo Urías

Probablemente en el Instituto Mora

Presentando una de sus múltiples ponencias

Foto de Elías Olguín, Chihuahua

Retrato B/N

Disfrazada, según palabras de Pepe González Sierra (2021†)

Circa 1991, Foto credit: Elías Holguín.

Advertencia:

Los trajines de malentendidos en la era digital prepandemia y pospandemia Covid-19 no me permiten más que efectuar una micro historia de la cronología que refiere a lo presentado a continuación. En octubre de 2017 ingresé al posgrado del Colegio de Michoacán del Centro de Estudios de las Tradiciones que actualmente curso y defiendo, aunque en el ínterin he obtenido un par de invitaciones a colaborar en proyectos editoriales: una de la Universidad de São Paolo otra del finado antropólogo Luis Vázquez León, a inicios de este 2021. Vázquez, sin yo conocerlo ni haberlo tratado, entabló comunicación conmigo en abril de 2018, comentando su proyecto de libro Antropólogas Radicales que buscaba rescatar a Eulalia Guzmán, Anita Brenner, además de mi mamá, Margarita Urías. Al escribirme se identificó como su amigo y correligionario en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, preguntándome cómo podía conseguir el libro que recién la Universidad Veracruzana había puesto en línea, donde compilé un grueso de las obras de mi difunta Mague. Después de un intercambio de correos y el artículo que escribimos y publicamos en la revista Aión Mayabel Ranero Castro y yo, sobre el exilio intelectual de mi mamá respecto al grupo oficialista de la revista Nexos encabezada por Enrique Florescano y Hector Aguilar Camín et al, la comunicación con Luis Vázquez se detuvo por un tiempo. Obvias razones hicieron que no me involucrara en su proyecto (en principio por estar en Zamora y dedicado de tiempo completo al posgrado, fuera del alcance de los papeles y documentos de Margarita) y también porque no había habido una explícita invitación a colaborar en su trabajo.
Había tenido noticias por mi tío Luis Urías que Luis Vázquez estaba buscando información sobre mi madre, pero cuando entablé comunicación con él no me había quedado particularmente claro su objetivo. Fue hasta el 9 de mayo mediante un mensaje de la plataforma Academia que Luis se puso en contacto conmigo otra vez para pedirme lo buscará. Le escribí y a continuación quedaron claras sus peticiones. El 5 de junio me contactó, después de mi respuesta, para invitarme a colaborar en su libro de Antropólgas Radicales, debido a que quienes se harían cargo de ella, dos investigadoras, habían declinado hacerlo y se encontraban en una emergencia editorial, pues habían tirado la toalla sin siquiera disculparse. El profesor Vázquez, antropólogo distinguido, se ocupó de Eulalia Guzmán y Anita Brenner, Esperanza Panagos del INAH Chihuahua trabajó a Aura Marina Arriola y la compañera Jacqueline Aparicio de la Secretaría del Bienestar se ocupó de Calixta Guiteras. Yo me encargaría de mi madre. En su invitación, Luis mostraba su inquietud sobre lo opacado de mi madre, como primera directora de la Escuela de Antropología de Chihuahua, junto a Augusto Urteaga, cuando se ha colocado a Juan Luis Sariego como pionero y en las propias palabras del profesor Vázquez decía que no era tal. Independientemente de estas comunicaciones personales, concuerdo con el hecho que mi madre ha sido víctima de la meritocracia mexicana y que su temprana muerte la ha condenado al olvido académico y a una memoria inadecuada, la de su participación en la guerrilla, que la exalta de una forma parcial y mutilada, frente a sus verdaderos méritos y logros vitales, considero yo, los académicos y no, su mayor frustración biográfica.
Acepté el trabajo con mi recurso de las ocho horas disponibles de tiempo que el contrato de Conacyt permite según lo acordado cuando ingresé el programa doctoral, que por ese momento, justo cuando se presentaron los trastrocamientos pandémicos, obligaron a modificar calendarios, actividades, fechas de presentación de exámenes de maestría, todo lo que ahora vivimos y habitamos como “nueva normalidad”. Mi examen de maestría lo presenté en Junio y logré, para sorpresa mía, acreditarlo por unanimidad, con varias críticas fuertes y suficientes para evitar inmiscuirme en otro tipo de labores que no fueran las del posgrado. Pero no lo hice así, hasta el mes de mayo de este 2021, mea culpa.
El primer resulta del trabajo sobre mi Margarita, atropellado, con tintes autobiográficos y bastante fuera de tono académico, fue un rotundo fracaso. Tuve que reescribirlo porque a Luis no le pareció adecuado el tono. Y no sólo lo reescribí una vez, lo reescribí dos veces. La versión previa a la que presentó aquí, trabajada con base en la última que le mandé al profesor Luis Vázquez León a finales del 2020, poco antes de que falleciera en 2021, apareció en la edición de Amazon del libro Antropólogas Radicales en México disponible en el portal de Estados Unidos, donde se publicó e imprimió. Desconozco cuál versión haya quedado de mi trabajo al final de cuentas, cuál haya elegido el Dr. Vázquez para que terminará por ver la luz. La versión que presentó a continuación fue un intento por reformular el problema y la perspectiva de análisis biográfica desde un asidero mucho más firme y sólido, incluyendo la perspectiva política de su momento guerrillero, sus roles institucionales, sus preferencias personales y facetas individuales subjetivas, sus filiaciones y redes intelectuales, entre otros elementos. El trabajo, dentro de los últimos intercambios con el profesor Vázquez, tenía por finalidad intentar ser publicado en una colección del CSIC en España, aunque incluso esta reformulación no fue bien vista del todo por los evaluados españoles. El profesor Vázquez falleció en enero de este 2021 a causa de Covid-19. Su esposa Patricia Bolaños, quien se ha encargado de construir una página web particular sobre su legado y ha impulsado la reedición del libro Antropólogas Radicales en México ha tenido la gentileza de mantener comunicación conmigo para incluir mi texto en esta nueva versión. Aunque intenté que se publicará la versión que aquí doy a conocer, por mejorar en gran medida lo propio a la perspectiva biográfica de Margarita Urías Hermosillo, aunque no pueda desligarme de mi condición subjetiva de hijo suyo, el trabajo no fue aceptado para el nuevo volumen. Y dado que las polémicas no faltan, las fallas no se explican, los huecos y carencias no son más que pretextos para la crítica, de un doctorante y aún aprendiz, no pude sino mostrar este trabajo para el bien, para el mal, para el desahogo y la ventilación de los hechos sin duda no se dirimen tan simplemente, ni se justifican, ni se avalan, ni se condenan, ni se perdonan. Los equívocos, rectificaciones, aseveraciones, modificaciones, juicios y valoraciones del escrito a continuación, son mi responsabilidad como autor e investigador.

Rómulo Pardo Urías
Xalapa, Veracruz. 2 de septiembre de 2021

Introducción

El artículo a continuación propone efectuar uno de los posibles recorridos biográficos de la maestra, guerrillera, etnóloga, intelectual, historiadora, académica y madre soltera Margarita Urías Hermosillo (Chihuahua, 1944-Xalapa, 2000) dentro del intrincado proceso del último tercio del siglo XX mexicano. Como hipótesis de trabajo es asumible que Urías no puede identificarse legitimamente con una práctica socioprofesional disciplinar unívoca, puesto que su hacer académico la condujo hacia una praxis multi e interdisciplinaria, pilares expresivos de su radicalidad, innovación, rebeldía y congruencia personales, en un tiempo de monodisciplina autoritaria, desde su valoración de la libertad y sus habilidades intelectuales. Este hecho dotó su vida profesional de rasgos sui generis, como mujer nómada y dispersa, acompañada de una temprana muerte en el paradigmático año de 2000 de la transición democrática foxiana. Muerte la cual impidió consolidará su más importante aporte al conocimiento académico mexicano, su pionero trabajo de investigación, el más sólido y original, al cual dedicó vida, afanes, recursos, corazón y mente desde 1974, el estudio del empresario mexicano Manuel Escandón[2] y su tejido sociobiográfico-estructural. El adentramiento en vertientes socioprofesionales de Urías, su práctica investigativa, goznes[3] vitales, redes familiares, académicas e intelectuales,[4]interesa como ubicación en el surgimiento y desarrollo de proyectos educativos superiores mexicanos vigentes hasta nuestros días. Proyectos dirigidos por ella, coordinados por ella en sus primeros momentos. Otro nodal objetivo es plasmar anotaciones respecto a las posibilidades de una biografía intelectual de la autora chihuahuense, asumiendo, por ejemplo, su rol como profesional de la historia, la economía, la etnohistoria y la antropología, en el proceso de profesionalización de la disciplina histórica en México, en particular, y de las ciencias sociales, en general. Por ello importa, al tiempo, profundizar en sus experiencias personales, predilecciones y aficiones, en su fisonomía, multiplicidad y unicidad como mujer de saber y de praxis vital. 

Es decir, a su experiencia como maestra normalista y en la guerrilla mexicana en la década de los sesentas, su profesionalización como científica social en la década de los setentas, pero también su apertura al universo cultural psicodélico y de la música rock o el psicoanálisis, su anti-autoritarismo y su profunda valoración del feminismo y las clases subalternas. 

Cabe aclararse de las notas biográficas a continuación ser construcciones indisociables del parentesco filial del autor de este ensayo con Margarita Urías, lo que les dan, mayor o menormente, un tono subjetivo, aunque remiten a hechos y evidencias sustentadas en una exploración primaria del archivo personal de la autora y de su acervo bibliográfico, que no exhaustivo ni agotado ni en esta caso “objetivo”. 

Se trata, grosso modo, del problema de la biografía elaborado por François Dosse,[5] donde las rutas entre la narracción literaria y la reconstrucción histórica, permiten completar los relatos biográficos, más allá de un principio de objetividad o subjetividad absolutos. Por ello, la dimensión de la “viobra” confiere relevancia a la relación entre vida y obra, en términos de crítica textual y relacionamiento “entre los elementos factuales de la vida y la parte ficticia de la obra”[6] aunque en este caso la obra de Urías no abarque, exclusivamente, una modalidad textual y escrita, sino, además, su rol docente y ejecutivo institucional, por no incluir los roles de amistad, membresías, asociaciones, roles de parentesco, entre otros.

Interesa considerar, en paralelo, el proceso de descentralización profesional y académica de la segunda mitad del siglo XX mexicano, en el cual la actividad de Urías se inserta, representando una academia e intelectualidad periférica, con énfasis regional, sin el abandono de temas y problemas nacionales, del lado de una agenda con sujetos históricos vulnerables como los grupos indígenas en Veracruz, la etnohistoria del norte de México y Nueva Vizcaya, los grupos subalternos en Ciudad Juárez, la religiosidad en Puebla, entre otros. 

Interesa reformular el perfil de Urías que al parecer representa un modelo de mujer, académica e intelectual, cuya trascendencia, en un tiempo previo al desarrollo e instuaración de lo internético —donde lo glocal cobrara otro tipo de relevancia-—, no ha sido sopesada, considerada ni estudiada suficientemente, no así su rol y participación en los movimientos armados de la guerrilla mexicana y los eventos de 1968 en México. ¿Se trata de una figura menor en el ámbito académico mexicano? ¿Es más el producto de una omisión por el vértigo de nuestros tiempos que el de una ausencia por méritos propios? ¿Fue una víctima de su rebeldia anti-autoritaria y de la meritocracia? 

Sin duda, su movilidad entre 1969 y el 2000 abarca, al igual que las diversas disciplinas nombradas, sitios de acción divergentes y espacios de actividad cambiantes, siempre anclada en su relación con la centralidad capitalina de la Ciudad de México. Se trata, como es demostrable, de una actividad profesional trans-institucional y en sólido diálogo con la formación de cuadros profesionales en regiones como Puebla, Veracruz, Sonora y Chihuahua. 

Urías, madre soltera de tres hijos de dos distintas uniones, que no matrimonios, tuvo que posponer sus estudios de doctorado, no en historia sino en antropología social —porque ella no se identificaba como historiadora sino como antropóloga—, pudo ser víctima de la meritocracia del sistema académico mexicano al posponer sus estudios doctorales hasta lo que fue su último periodo de vida, lo que la situó en desventaja competitiva al momento de buscar mejoras laborales y seguridad social, particularmente siendo madre soltera. Pero ella estaba consciente de no pertenecer, ni querer fomentar, el canibalismo académico propulsado por las políticias científicas de un Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en la recta final del siglo XX mexicano, ese canibalismo académico del cual ella hablaba y que rechazaba. Como nos señala José González Sierra

En los años noventa decidió regresar a Xalapa. En esta coyuntura, dadas las neoliberales y cerradas características del mercado académico local le fue imposible insertarse en una posición que le permitiera desplegar a plenitud su capacidad como investigadora, debiéndose conformar con la incesante búsqueda de clases por horas, como si fuera alguien cuya carrera apenas empezaba. Así impartió materias en diferentes facultades de la UV y se vinculó con la delegación del INAH y también con el Instituto Nacional Indigenista en su delegación Papantla. Allí fue donde coordinó y se entregó de lleno a su última investigación en compañía de un selecto grupo de exalumnos, ahora colegas en el sistema de la universidad abierta de la UV.[7]

¿Cuál es el punto de partida del relato de vida de Urías Hermosillo? La ciudad del norte mexicano, Chihuahua, entre su nacimiento y el año de 1967. Ese primer periodo formativo. Considerar, después, su encarcelamiento, entre 1967 y 1969, año este último en que ingresa a realizar estudios de etnología y antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México. El punto de quiebre y crisis juvenil, su encarcelamiento. Un momento formativo entre 1969 y 1974, cuando estudia etnología y ciencias sociales en la Escuela Nacional de Antropología e Hitoria, que se presta para un estudio que ahora no será emprendido, pero que puede atisbarse para el futuro. 

Entre 1974 y 1979 participó como investigadora en el Departamento de Investigaciones Históricas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, iniciando en 1979 un peregrinaje y nomadismo académico que la llevó a Veracruz, Sonora, Puebla y Ciudad de México, hasta 1988 cuando vuelve a Chihuahua. Si en 1991 dirigía el proyecto incipiente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia unidad Chihuahua,[8] para 1993 retornaba a Veracruz para su último y final periodo del cual nos habla González Sierra, interrumpiéndose su existencia ocho días antes de cumplir cincuenta y seis años y con varias táreas académicas, de investigación y profesionales que quedaron en el tintero con su ausencia. 

La biografía intelectual de Urías Hermosillo interesa para comprender distintos hechos significativos: la construcción de redes académicas y colaborativas, la movilidad e innovación institucional, además del rol femenino de dirigencia y conducción profesionales en un tiempo del cual se decía no existía este mando femenino pero sí lo había, aunque no fuera mayoritario ni paritario repecto al masculino. 

Parcialmente la hipótesis de trabajo se sostiene en el hecho de que en un mundo de autoridades —principalmente, además, masculinas— Urías Hermosillo representa una figura subalterna y hasta cierto punto contestaria en el ámbito académico, intelectual y profesional, cuyo inesperado desenlace la condenó a ser una ausencia cultural, intelectual y académica en la historia última del siglo XX mexicano y su modernidad capitalista neoliberal. 

Periodizar su vida, en una analepsis socioimaginaria, contaría lapsos como estos: periodo formativo en la Escuela Nacional de Historia y Antropología (1969-1974), institucionalización como investigadora en el DIH-INAH (1974-1979), bajo el resguardo y tutela de Enrique Florescano; trabajo burocrático en la dirección del Centro de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana (1979-1980);[9] estancia en el norte de México participando en el Centro de Capacitación para el Desarrollo del Noroeste, en Hermosillo, dentro de la Secretaría de Programación y Presupuesto, y coordinando el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora (1980-1984); estancia en Xalapa, trabajando para el Instituto Nacional Indigenista y vinculándose con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) unidad Golfo (1984-1988); vuelta al norte de México y su natal estado Chihuahua (1988-1993), último ciclo veracruzano (1993-2000).

Su núcleo doméstico: primera red cultural a partir del profesor Luis Urías Belderráin

Su núcleo doméstico, compuesto por el matrimonio de Luis Urías Belderráin (1907-1975) y Casiana Hermosillo Aguirre (1912-2002), dos maestros chihuahuenses de la primera mitad del siglo XX, estuvo constituido por cuatro mujeres, Casiana, Margarita, Francisca y Rosa, y dos hombres, Luis y Jesús. 

Luis Urías Belderráin fue un pilar pedagógico en la Chihuahua del siglo XX, al haber desarrollado un Método integral para la enseñanza de la lectura y la escritura de suma eficacia. La Escuela Normal del Estado de Chihuahua lleva el nombre de este profesor en su honor, quien se desarrollara como padre de familia, intelectual, traductor, político y educador. El devenir profesional educativo le impuso contar con un mimeográfo en casa para la impresión de sus métodos y mantenía contacto y correspondencia con educadores, psicólogos y pedagógos de distintas regiones del mundo. Fue beneficiado con una beca para estudiar la preparatoria en Chapingo, donde curso ingeniería forestal. Sin embargo, su vocación estuvo centrada en la enseñanza y formación educativa. Es, históricamente, un pilar intelectual en Chihuahua en el siglo XX, que proveyo a su núcleo doméstico de un conjunto de bienes y capitales culturales, con un amplia biblioteca de distintos temas, piano e instrumentos musicales, pero también, en un nivel práctico, con el aprendizaje de la agricultura con huertos familiares y la presencia de animales de corral. Dentro de este universo doméstico fue importante la valoración de las artes y particularmente de los deportes, aun tratándose de una persona atea y distante de las instituciones religiosas, pero con una actitud científica y cultural inquisitiva, al tiempo que de asistencia social. 

Habría que reconocerlo, no sólo como jefe de familia, sino como parte del historial académico y educativo del Instituto Científico y Literario de Chihuahua[10] donde también se formó, previo a viajar a la Ciudad de México y estudiar en Chapingo. 

Considerado por María Concepción Franco Rosales pilar de la educación chihuahuense, el profesor Urías protagoniza una transformación de mentalidad en la capital del estado más grande de México. Este cambio se vio reforzado por sus ideas sobre la educación y por el ejercicio de su profesión en el ámbito público. Luis Urías fue parte de distintos proyectos escolares en el estado de Chihuahua. Nacido el 22 de junio de 1907, con el segundo nombre de Jesús, para 1919 ingresó al Instituto Científico y Literario de Chihuahua. En tal institución curso estudios hasta 1922. Ese año emprendió la aventura al centro de México “para incorporarse a la Escuela Nacional Forestal de Chapingo”.[11] Habría que indicar, como señala Franco Rosales, que los hermanos Urías Belderráin, Luis Jesús y Enrique, fueron beneficiados con una beca para estudiar otorgada por Francisco Villa, quien en 1923 sería asesinado. Enrique Urías cursó estudios en la escuela médico-militar, mientras que su hermano los cursó de ingenierio forestal. Para 1927 vuelve a su estado natal, ingresa en la Escuela Normal y se reinserta en el Instituto Científico y Literario de Chihuahua. Cubre entonces la cátedra de botánica en el más importante instituto de la capital chihuahuense, por invitación, como documenta Franco Rosales, “[d]el Dr. Luis Estavillo Muñoz”.[12]

Se trata de un hombre deportista (en la YMCA), que fue “presidente de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Normal” instituída el 13 de abril de 1929, al tiempo de participar en la “Federación de Estudiantes Chihuahuenses”[13] fundada en 1928. Para Franco Rosales estamos ante la existencia, hacia 1930, de dos facciones del Estado mexicano posrevolucionario en Chihuahua: “los preparatorianos, que apoyaron ‘el terracismo’, y los normalistas, que fueron partidarios de las fuerzas vitalistas ; es decir, apoyaron a las mejores causas reinvidicativas para las masas populares”.[14] Urías Belderráin fue director de la Escuela Normal de Chihuahua en 1934, con una propuesta de independizarla del Instituto Científico y Literario de Chihuahua y su consigna de propiciar educación y formación científica, basada en conocimientos psicológicos, científicos sociales, de fisiología humana, de economía política, entre otros. 

La genealogía de su filiación inicia con Casiana (1935-2019), seguida por Luis (1939), en tercer sitio, Margarita (1944-2000), sigue Francisca (1946), y dos últimos, Jesús (1949) primero, luego Rosa (1951), formados académicamente fuera del país, uno en temas de astrofísica en Bélgica, la otra en temas de negocios y administración, así como inglés, en Kentucky. La madre de estos seis hermanos, Casiana Hermosillo, también fue educadora, en su caso particular en educación especial, aunque se desarrolló primordialmente como ama de casa y jefa doméstica, por lo menos hasta la muerte del profesor Urías Belderráin.

Todos fueron universitarios, exceptuando tal vez a Luis[15] y a Casiana;[16] Margarita estudió etnológía; Francisca estudió políticas públicas y fue catedrática en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco; Jesús[17] estudió astrofísica y óptica, envuelto en el desarrollo de trabajos de física muy especializados y pioneros en México en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí; Rosa[18] estudió psicología y educación en la Universidad Nacional Autónoma de México, centrando su desarrollo profesional en su natal Chihuahua. 

Por su parte, Luis es distinguido colaborador y amigo entrañable de Alejandro Jodorowsky a partir del montaje teatral Así habló Zaratustra de 1970, pero también residió en New York donde trató de cerca a la artista conceptual japonesa Yoko Ono, antes de que ella se relacionara con John Lennon. Fue también agente y distribuidor musical en México de la agrupación de música rock Jefferson Airplane. Al igual, trabajó con Rafael Corkidhi en la película de arte conceptual Anticlimax. Participó en diversos proyectos relacionados al quehacer indigenista en Chihuahua, fundando radiodifusoras en la Sierra Tarahumara y colaborando con el museo de sitio del Instituto Nacional Indigenista en esta ciudad. Fue también una pieza importante en el funcionamiento de la ENAH-Chihuahua, desde los noventas del siglo XX y poco después de la muerte de su hermana menor, Margarita. En la bibliografía del hermano Luis, existen trabajos importantes sobre problemas étnicos y de desarrollo chihuahuenses, como Los indios de Chihuahua.[19] Sin duda, Luis estuvo cercano a personajes del Partido Comunista Mexicano en los cincuentas y sesentas, cuando llegó a la ciudad de México en 1958 a realizar estudios profesionales.[20]

El núcleo doméstico de los Urías Hermosillo fue propicio para su formación intelectual y educativa, particularmente cuando su padre los dotó de herramientas e instrumentos de análisis y conciencia sociales. Aunque no todos cursaron la carrera magisterial normalista, sabemos que en 1967, antes de ser apresada como parte del movimiento guerrillero chihuahuense, nuestro personaje, Margarita, se desempeñaba como maestra normalista de educación elemental, mientras que su hermana, Francisca, era parte de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chihuahua. Ambas, envueltas en el movimiento revolucionario coordinado por Arturo Gámiz, en aquella Chihuahua distante de 1965 y el episodio armado del cuartel de ciudad Madera, vivieron una experiencia de participación con la guerrilla que marcaría la formación de otros movimientos armados contra el régimen gubernamental, capitalista y terrateniente en distintos puntos de México, pero que también cimbraría sus relaciones interiores familiares y su imagen pública chihuahuense, cuando el profesor Urías Belderráin renunciaría a la dirección del normal y sentenciará a su hija Margarita: “usted no supo hacer la revolución” entregándole en la cárcel un tambache de libros.

El asalto al cuartel de Madera en 1965 y la guerrilla chihuahuense. Su encarcelamiento y consciencia política

De la vivencia de la guerrilla y el proceso carcelario tuvieron parte Margarita y Francisca, aunque la última no fue encarcelada.[21] De 1967 a 1969 permeneció Margarita en la cárcel para mujeres de Santa Marta en la Ciudad de México. Su nombre de identificación guerrillera era “Minerva”.[22] El trabajo de 2010 del colectivo teatral Lagartijas Tiradas al Sol El rumor del momento. El rumor del incendio,[23] recuperó la escena revolucionaria y crítica de la juventud de Urías, como argumento dramático y escénico, ofreciendo un teatro documental ampliamente valorado y pionero hace una década. A partir de entonces, y desde poco antes, se ha abierto el campo de una serie de estudios que ubican al personaje de este ensayo en los movimientos guerrilleros en México y el fatídico año de 1968 y la matanza de Tlatelolco. 

En su estancia carcelaria Urías Hermosillo convivió y fraternizó con Ana María Rico Galán, que nos informa el periódico La Jornada[24] fue hija de republicanos españoles, hermana de Victor y Fernando Rico Galán, educada bajo principios políticos socialistas y republicanos, miembro del Partido Comunista Mexicano, fundadora del Sindicato de Trabajadores de la UNAM y primera presa política durante el gobierno de Díaz-Ordaz en octubre de 1966. Urías Hermosillo mantuvo una relación de cercanía con Rico Galán y su amistad fue definitiva en su formación intelectual, cultural y sentimental posterior a la cárcel. En esa medida, durante la década de los sesentas en México existió el Movimiento Revolucionario del Pueblo, tendencia crítica del régimen presidencial, con sustentos médicos y docentes, a raíz de la crisis de 1965. Entre sus miembros estaban Victor Rico Galán, Isaías Rojas Delgado, Raúl Prado, Raúl Ugalde y Rof Meiners Huebner, quienes fueron infiltrados y encarcelados en 1966.[25]

Pero en 1965 también se suscitó un movimiento armado en Chihuahua, lejos del centro del país, que intentaba conseguir un cambio de rumbo y orden sociales, con la inspiración de la revolución cubana de 1959 y el auge de la guerra fría, la división en dos bloques del presente ideológico, político, económico, militar e intelectual de ese entonces, en aquel maniqueísmo enfermizo que abrió paso a la represión, el autoritarismo y el antidemocratismo del régimen priista de Díaz-Ordaz (1964-1970) y luego de Echeverría (1970-1976). En ese medida hay que distinguir los procesos de lucha guerrillera del movimiento estudiantil de 1968 como lo hace Montemayor,[26] no sin advertir el ambiente de inconformidad, resistencia civil y organización sociales, frente al régimen gubernamental mexicano del momento y la conocida guerra sucia instaurada como práctica represiva a partir de la amenaza comunista en América Latina derivada de la revolución cubana del 59. Retomaremos para este pasaje de los años sesenta los trabajos de Jaso Galván,[27]Castorena-Sáenz[28] y Oikión Solano,[29] al remitir a un ambiente social del cual Margarita Urías fue partícipe.

Para Jaso Galván, al estudiar la inteligencia contrainsurgente en México, es primordial entender la actividad de espionaje y contraespionaje, como método de violencia de Estado contra las organizaciones políticas y militares opositoras a él, aparato de renovación tecnológica represiva. En sus términos, es la muestra del autoritarismo gubernamental, de un gobierno contrainsurgente. Considera Jaso que, partir del periodo presidencial de Díaz-Ordaz, existe una asimilación de doctrinas militares contrainsurgentes oriundas de Estados Unidos, consolidándose una institucionalización de la violencia de Estado, con parangones en las dictaduras latinoamericanas (en Chile, Brasil, Argentina, entre otros), aunque con distanciamientos ideológicos en la zona norteamericana. La querella, entonces, se cifra en la pugna entre los movimientos guerrilleros mexicanos y la puesta en marcha de la guerra sucia. En su estudio el ejemplo del Movimiento Revolucionario del Pueblo, ejemplo de grupo armado, clandestino, desarticulado en 1966 gracias a la infiltración de la inteligencia estatal que impide su acción pública, cobra relevancia. 

El análisis emprendido por Jaso Galván, permite comprender lo referente a las estretegias de Estado, del uso y disposición, efectiva y potencial, de las fuerzas nacionales “sean económicas, militares, científico-técnicas y psicológicas”.[30] Se trata, en suma, de alcanzar los objetivos nacionales primordiales, particularmente los de seguridad nacional, para el establecimiento de una política exterior como guía oficial, desde un rol internacional y un rol militar del Estado mexicano en el momento de la guerra fría. Con este punto de partida, además, será concitado el tema de la seguridad nacional y sus doctrinas que, desde Estados Unidos, con la presidencia de Truman (1945-1953) se instuaran como repelentes de la “amenaza comunista”. Esta amenaza fue sobredimensionada a partir de una postura hegemónica, de despliegue militar, defensa de la libertad e instituciones libres, contra el totalitarismo y regímenes de terror y opresión. 

Hay que recordar el desarrollo de la guerra de Corea entre 1950 y 1953, diviendo un territorio nacional entre el sector comunista y el sector capitalista, una Corea del Norte cercana a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y a la China comunista, frente a una Corea del Sur aliada y vindicada por Estados Unidos. Es decir, el problema de la revolución en México y el mundo, derivando en una ideología anticomunista, consensuada mediante la opinión pública y un incremento presupuestal armamentista en los gobiernos republicanos de Eisenhower y Foster Dulles entre 1953 y 1961. La lucha es por la liberación del yugo soviético, en una intencionalidad al borde de la guerra sin alcanzarla. De ahí el peligro y la amenaza que representa el éxito de la revolución cubana del 59, que dará paso, durante la administración Kennedy (1961-1963) a novedades doctrinales contrainsurgentes, sin olvidar la crisis de los misiles de 1962. Existe en ese punto una teoría de la conflagración comunista internacional, donde el tercer mundo, en general, y Latinoamérica, en particular, ostentan un nuevo sujeto histórico susceptible de inscribirse y acoplarse a los regímenes teóricos chinos y soviéticos. El enemigo, particularmente de Estados Unidos, será la URSS, China y Cuba. Dentro de este desarrollo —ideológico, académico, militar, político-económico, etc.— se concreta la implementación de materias de guerra no convencional en las fuerzas especiales, como siguiendo el propio trabajo de Jaso, quien enfatiza “se pretendía prestar ayuda económica y asesoramiento técnico para que los países que estaban amenazados por luchas comunistas aplicaran reformas de beneficio para sus pueblos. Se crea así el programa de ayuda hemisférico, conocido como Alianza para el Progreso, en agosto de 1961”.[31]

Para Montemayor, por ejemplo, existen desde 1959 movilizaciones populares en la sierra de Chihuahua, cerca de la región de Madera, bajo la dirección “del profesor Francisco Luján Adame, Arturo Gámiz, Álvaro Ríos, Pablo Gómez y Salomón Gaytan [quienes] permanecen como referentes históricos de un intenso proceso de movilización campesina y guerrillera”.[32] El autor nos señala su acercamiento a estos grupos desde las juventudes socialistas de Chihuahua —simpatizantes del Partido Popular Socialista, el Partido Comunista Mexicano o el Movimiento de Liberación Nacional—, donde hay que ubicar también al movimiento magisterial y de maestros normalistas, como lo eran “Arturo Gámiz, los hermanos Eduardo y Guillermo Rodríguez Ford, Saúl Chacón y un estudiante de la preparatoria de la Universidad de Chihuahua […] que después encabezó la segunda fase de la guerrillera chihuahuense, Óscar Fernández Eguiarte”.[33]

Volviendo a Jaso, interesa el rol operativo e institutivo del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que crea grupos de asesores en asistencia militar con el fin de generar entrenamiento contrainsurgente, crear grupos paramilitares, profesionalizar los ejércitos, defender la seguridad interior y mejorar los cuerpos policiacos de “los países clientes”.[34] Para estos fines fue creada la Academia Internacional de Policia en Goergetown bajo 5 puntos principales: 1) la contrainsurgencia como guerra de inteligencia, 2) la inteligencia trata con el pueblo mismo, 3) las operaciones y la inteligencia se retroalimentan, 4) las operaciones tienen un componente de inteligencia y 5) todos los niveles deben involucrarse en la inteligencia. Bajo la dirección del Coronel David Kilculllen, como documenta Jaso, se crea la inteligencia con el objetivo de entender a la población nacional anfitriona, el ambiente de operación y los sujetos de la insurgencia, los elementos de ataque y mitigación insurgente, entre otros. Surge así el “agente de inteligencia” con la finalidad de identificar redes, quienes son los insurgentes y cómo operan. En julio de 1963 se crea la Escuela de las Américas (SOA por sus siglas en inglés) en Fort Gulick (canal de Panamá), como Programa del Ejército para la Asistencia de Inteligencia al Extranjero, utilizando distintos manuales elaborados por el Pentágono y la CIA. Se trató, como sintetiza Jaso, de siete distintos manuales, utilizados en el curso 0-47 de operaciones antisubversivas: 1) análisis, 2) contrainteligencia, 3) guerra revolucionaria, guerrilla e ideología comunista, 4) inteligencia de combate, 5) interrogación, 6) manejo de fuentes y 7) terrorismo y guerrilla urbana. 

En el contexto mexicano la inteligencia representó una organización de élite, profesionalizada, al servicio de los intereses del Estado, sin ingerencia ni interés partidista. Sus antecedentes se remontan a la presidencia de Miguel Alemán Valdés, que en 1946 convierte el Departamento Confidencial (1919) en la Dirección General de Invetigaciones Políticas y Sociales. Se crea también la Dirección Federal de Seguridad basada en el FBI, fundada por el general Raúl Mendiola Cerecero, el coronel Jorge Obregón Lima, el coronel Rafael Rocha Cordero y Miguel Nazar Haro. Jaso realiza un profundo y detallado seguimiento para explicar la contrainsurgencia en México y rescata el ejemplo de Winston Scott, jefe de la estación mexicana de la CIA entre 1956 y 1959, cuyo reclutamiento de informantes abarcó al expresidente López Mateos, a Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría. Dentro de los objetivos primordiales se encontraba el intercambio informativo de la Dirección Federal de Seguridad, dirigida y coordinada por Fernando Gutiérrez Barrios, con el FBI, la CIA y la embajada de Estados Unidos en México. En la institución de seguridad mexicana también participaban Miguel Nazar Haro y el gral. Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del estado mayor presidencial. 

Dentro de las colaboraciones entre ambas instancias se consideró la captura de activistas y perseguidos políticos, el control de extranjeros y refugiados políticos, la vigilancia de embajadas, agencias informativas y misiones comerciales y científicas en México de países socialistas, la cosigna de la desinformación, restricción noticiosa y destrucción de publicaciones de izquierda, apoyo logístico y material para operaciones antisubversivas, además del reporte de ciudadanos, nacionales y extranjeros, que viajaban a países socialistas. 

Jaso afirma una mayor asimilación de la doctrina contrainsurgente de Estados Unidos en México por el ejército nacional a partir de 1964, cuando se crean, en paralelo, los Ejércitos Tácticos Regionales, con el objetivo de proteger las instalaciones vitales mexicanas, combatir la subversión y el sabotaje, controlar los disturbios civiles, movimientos agrarios y sindicales, además de prevenir el desembarco de armas y elementos subversivos. 

Fue un proceso por el cual el ejército mexicano se profesionalizó para realizar misiones internas, con el envío de 306 oficiales mexicanos a las academias militares de EUA, quienes introducen los manuales contrainsurgentes de guerrra de guerrillas y tácticas de infantería dentro de su repertorio pedagógico. Para Jaso, estamos frente al sofocamiento de alzamientos armados, la vigilancia de la frontera y el combate al narcotráfico, entre otras tareas de estos cuerpos milicianos, además de la formación de unidades especiales antisubversivas para el campo mexicano. 

En 1966, Fernando Gutiérrez Barrios, nos dice Jaso, organiza “un grupo especializado en movimientos subversivos”[35] coordinado y formado por Miguel Nazar Haro, quien había egresado de la Academia Internacional de Policia y de SOA. 

Hay que poner en perspectiva para ese punto, los postulados de Victor Rico Galán y su grupo del Movimiento Revolucionario del Pueblo, como establecimiento del problema de la revolución en México y el mundo, bajo el periodo iniciado con la revolución cubana del 59 y hasta 1967, en un camino paralelo, que busca el “transito de la democracia y el nacionalismo pequeño burgués al socialismo”.[36] Existe en este entorno una crítica a las aberraciones teóricas y políticas de Stalin, representadas en México por Vicente Lombardo Toledano y sus seguidores. El MRP adopta una postura llamada “‘foquismo’ como estrategia de desarrollo de la revolución latinoamericana”.[37] Mientras que en 1967 fracasa la guerrila del Che Guevara en Bolivia, con Rico Galán y su grupo estamos frente a la adopción de una ideología del proletariado revolucionario, basado en el socialismo científico y la construcción del Partido Comunista Proletario

El 12 de agosto de 1966 Rico Galán es encarcelado junto a los miembros del MRP, por tratarse de un movimiento guerrillero, en pos de la revolución socialista en México, con el apego al “foquismo” entre 1965 y 1967. Los grupos posteriores al 1968 y su movimiento estudiantil abandonan el foquismo, pero se suscita en estos una crisis y descomposición. Para el MRP se trata de la necesidad de la lucha armada, siguiendo el esquema del Che Guevara de la guerra de guerrillas, para consolidar una guerrilla latinoamericana que sume a la masa popular y entablar una relación entre la masa y los grupos revolucionarios. 

Estas concepciones políticas se fundamentan en una crítica al stalinismo, una crítica al marxismo, bajo el principio de violencia revolucionaria. Existe así una crítica a la burguesía “socialista” a los “revolucionarios de opereta” y al gobierno, denominados “civilizados” y “cultos”, quienes elaboran la defensa de la constitución y la “vía pacífica”. A posteriori y en la observación de los hechos, sin duda, se trató también de una debilidad política y programática de los grupos guerrilleros, dada su composición social heterogénea, cierto aislamiento, su imposibilidad de tener una base obrera sólida y de masas. 

Los miembros de estos grupos armados fueron sobre todo pequeño burgueses, que buscaban el poder en el momento, con la búsqueda de la revolución social, la instauración de la conciencia combativa de las masas con estos fines, desde un radicalismo extremo, aunque ambivalente y contradictorio. Pero se trataba de una praxis política esencial para la revolución cuyo fin era lograr tomar el control del gobierno social e instaurar nuevas bases para la convivencia social y formas de vida comunitarias. Era, en el presente histórico de los sesentas mexicanos, revasar el socialismo pequeño burgués, la elaboración de la crítica de la burocracia en los Estados obreros, la implementación efectiva de la vía democrática, a partir de la comprensión dialéctica crítica entre la historia y la dialéctica de las revoluciones. En esa medida, la búsqueda era trascender la democracia socialista, que estaba al margen de la clases sociales y su lucha, evitando el oportunismo pequeño burgués y su reformismo liberal. Para ello se tenía que organizar la vanguardia proletaria y el partido de la revolución socialista bajo el principio leninista de “pedir a todos los militantes del partido que tengan una formación ideológica marxista mínimamente sólida, que tenga una comprensión plena de las tareas de la revolución y de los medios indispensables para realizarlas, que tengan una capacidad de orientación política mínimamente desarrollada y sean verdaderos revolucionarios activos inmersos en el movimiento de masas”.[38]

Existía, para Rico Galán, una crisis de la vanguardia en el mundo, que él intenta explicar. Desde el nacionalismo revolucionario de Cárdenas, y posterior a él, existe una contrarrevolución burguesa, desnaturalizadora de las conquistas revolucionarias cardenistas, que para Rico Galán ofrece el control de las organizaciones de masas, a través de la opresión masiva y la corrupción del aparato estatal, con profundo contenido burgués del cual carecían, es decir, crear empresas estatales, ejidales y de pequeñas producciones campesinas, fuentes de la acumulación originaria, en pro del desarrollo capitalista industrial mexicano. 

Jaso Galván analiza y enlista las tareas de contrainsurgenci, que dieron lugar al operativo del 12 de agosto de 1966 en dos casas escuelas de la Ciudad de México pertenencientes al MRP, ubicadas en la colonia Roma y Anahuac. En estos recintos se impartían clases de economía política y nacional, filosofía en general, teoría y tácticas revolucionarias. Dentro del perfil contrainsurgente se ubicaban las actividades de obtención de información por informantes y el esfuerzo por infiltrarse en los grupos “enemigos” del régimen, auspiciando sobre todo el acceso a redes y relaciones públicas con el pueblo para la obtención de información. Se trató de la vigilancia de la casa de Ana María Rico Galán, con una red vigiliada constituída por Victor Rico Galán, Carlos Aguilera, Fernando Rico Galán y su esposa, el Chino que era el ingeniero Gumersindo Gómez Cuevas, entre otros. Era un grupo nuclear con una ideología marxista-leninista-trotskista, afiliada a la línea dura de Pekín, con énfasis en la ideología cristalizada por la Conferencia Tricontinental de La Habana. En esta célula también se encontraban Raúl Ugalde, Álvaro Ríos y Judith Reyes (vinculados al grupo guerrillero de Arturo Gámiz), Guillermo Mendizábal, así como el médico Gilberto Balam Pereira quien era “lider de la Asociación de Médicos Residentes e Internos”.[39] De esa forma, en el año 66 fueron infiltrados y encarcelados los miembros del MRP, cuya fundación se remitía a la herencia del Frente Electoral Popular bajo la dirección de Raúl Ugalde. Al momento de la aprehensión se escinde el grupo y la fracción revolucionaria, encabezada por Victor Rico Galán, Gilberto Balam, Miguel Cruz Ruiz, Rolf Meiners Huebner e Isaías Rojas Delagado, desde la cárcel se deslinda de Ugalde. 

En su reivindicación como movimiento social, el MRP asume que las condiciones revolucionarias están dadas en América Latina, donde ha habido una domesticación de las burguesías nacionales por el imperialismo norteamericano, colocando al pueblo latinoamericano como carne de cañón imperialista. Queda claro, en la lista de agresiones imperialistas, las de Playa Girón, el golpe de Estado en Brasil, las intervenciones militares en Santo Domingo, la colaboración de las policias continentales con la CIA y el FBI, el desarrollo de la fuerza latinoamericana de Paz y las maniobras militares conjuntas. Existía, entonces, una sobreexplotación de los pueblos latinoamericanos, bajo un ejercicio permanente de la violencia hacia este sujeto histórico, lo cual originaba, en ese contexto, una respuesta violenta organizada de los pueblos contra la burguesía nacional y el capital financiero. Por eso se trataba de la integración de una internacional Latinoamericana contra el imperialismo de Wall Street. 

Un año antes, en 1965, se desarrollaba la guerrilla chihuahuense, que para Castorena-Sáenz puede establecerse entre 1965 y 1973, con la consolidación del Grupo Popular Guerrillero, el Grupo Popular Guerrillero “Arturo Gámiz”, el posterior Movimiento 23 de septiembre, hasta los subsecuentes Movimiento de Acción Revolucionaria y el Grupo N olos Guajiros. Este genealogía social de los movimientos armados parte del GPG, que “inicia acciones armadas en búsqueda de causas sociales y políticas, a nivel nacional, durante la segunda mitad del siglo XX”.[40] Castorena-Sáenz retoma una perspectiva de género para profundizar en el conocimiento de los roles y participación de las mujeres en la guerrilla chihuahuense, entender las consecuencias de su participación, su involucramiento en el proceso de organización y puesta en marcha, además de su relacionamiento intergenérico con los hombres en el GPG, pues existen evidencias de relaciones de pareja al interior de la organización. No hay que buscar, para la autora de Chihuahua, una explicación feminista en los roles ejercidos por las mujeres guerrilleras, pues estaríamos cayendo en un anacronismo, particularmente respecto a los movimientos feministas norteamericano y francés, que avanzan durante la segunda mitad del siglo XX, pero cuyas bases teóricas son accesibles en español hasta la década de los setentas en México.[41] No obstante, existen en Chihuahua antecedentes importantes de la organización femenina: la Sociedad Femenil Rosa Luxemburgo, derivada de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chihuahua, durante la segunda mitad del 1960. En su argumento, Castorena-Sáenz establece que “los grupos armados, de cierta forma, buscaron abolir un statu quo por considerarlo injusto, violento y antidemocrático; sin embargo, llama la atención cómo las personas que integraron estos grupos no lograron desprenderse del todo de ese statu quo que pretendían abolir”.[42] En esa medida, la participación femenina en estos grupos armados fue para la autora de dos tipos: 1) unidas directamente al grupo armado en cuestión y 2) relacionadas familiar y personalmente con los hombres que integraban tales organizaciones. Dentro de los riesgos y consecuencias vividas por las mujeres se encontraban, como vimos para el caso del MRP, las detenciones, la persecusión, el destierro, el encarcelamiento o incluso la muerte. Se cuestionan entonces los roles tradicionales de las mujeres (en tanto esposas, hermanas, hijas y madres), como crítica a sus roles subalternos de género tradicionales, en tanto cuestión política. Asimismo, se trató del enjuiciamiento y enunciación de la victimidad femenina a partir del patriarcado y el capitalismo, en cuyo origen se revictimizaba al sujeto social femenino sin observar su participación política activa. Respecto al GPG, Castorena-Sáenz nos indica que su centro de acción era cercano a la ciudad de Madera, Chihuahua, en representación del primer movimiento armado de la segundad mitad del siglo XX en México, bajo la construcción de una nueva izquierda latinoamericana de carácter revolucionario. Y aquí se sigue la influencia que vimos de la revolución cubana, sin descartar la presencia, previa al alzamiento armado, de “esfuerzos públicos, no-armados, por alcanzar objetivos sociales concretos”.[43] El GPG buscó ser un movimiento de masas, cuyos objetivos consistían en la distribución de la tierrra entre los campesinos, la denuncia de los caciques y oligarcas locales en Madera, el establecimiento de un nuevo orden de cosas. 

Su primera acción pública fue el asalto al cuartel militar de Madera el 23 de spetiembre de 1965, aunque en 1964, durante un mitín de la gira de candidatura presidencial de Díaz-Ordaz, se manifestaron en la capital de Chihuahua, donde quedaron detenidos Álvaro Ríos y Jorge Rodas. El asalto al cuartel militar fue un acto fallido donde murieron los principales líderes del movimiento: Arturo Gámiz García, Pablo Gómez Ramírez, Miguel Quiñones Pedroza, Antonio Scobell Gaytán, Óscar Sandoval Salinas, Rafael Martínez Valdivia, Emilio Gámiz García y Salomón Gaytán Aguirre. Castorena-Sáenz recapitula a los miembros del GPG que logran evitar la muerte y escapar durante el hecho: Guadalupe Scobell Gaytán, José Juan Fernández Adame, Ramón Mendoza Torres, Florencio Lugo Hernández y Francisco Ornelas Gómez. Existía, además, una división urbana del GPG, un bastión citadino en la capital del estado, conformado por estudiantes de la Universidad de Chihuahua y otras escuelas cuyos miembros eran “Pedro Uranga (UCH), Oscar Gónzález Eguiarte (UNAM), Víctor Orozco Orozco (UCH), Francisca Urías Hermosillo (UCH), Margarita Urías Hermosillo (Preparatoria, UCH), Cristina González Tejeda (UCH), Guadalupe Jacott (Normal de Saucillo) e Irma Campos Madrigal (UCH)”.[44]

Hay que colocar, finalmente, dentro de este contexto al importante trabajo de Oikión Solano quien rescata la movilización organizada de mujeres en 1968, a partir de la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas, donde quedan visibilizadas como sujeto histórico y colectivo, en la coyuntura de empuje democrático de ese año paradigmático. La perspectiva de Oikión es de género, en tanto se enfatiza la agencia y construcción de relaciones distintas a las de los grupos masculinos, quienes ostentan una condición autoritaria y ejercen verticalmente el poder político. Se trató de un proceso en el cual fueron realizadas acciones colectivas, insertas en el reparto desigual del poder entre los sexos, con antecedentes organizativos femeniles desde la década de los treinta del siglo XX mexicano, cuyo desarrollo alcanza las décadas subsecuentes del cuarenta, cincuenta y sesenta. 

El movimiento social y organizativo femenino, para la autora del Colegio de Michoacán, “logró articular la organización femenina para dar paso a la UNMM con planteamientos maternalistas con sesgo político y social, antiimperialista y pacifista”.[45] Los roles y actividades femeninas en el movimiento del 68, más allá de la historiografía de este parteaguas nacional, ha dejado de lado a las mujeres como sujeto histórico y social, nos dice Oikión, cuando en la realidad y la praxis es constatable la resistencia femenina para el periodo, desempeñando distintas labores y abarcando espectros sociales amplios: estudiantes, brigadistas, maestras, madres de familia, trabajadoras, intelectuales, artistas, escritoras, entre otras. Por ello enfatiza la autora, respecto a la resistencia y luchas femeninas, la composición de un imaginario de izquierda, socialmente comprometido, donde Oikión intenta averiguar ¿hasta qué punto la organización femenina tuvo efectos en la composición “de una ciudadanía femenil de nuevo cuño al modificar sus prácticas sociales y de género en relación a los grupos masculinos de izquierda con los cuales confraternizaba”?[46]

Al igual que Castorena-Sáenz, Oikión define como nodo de las acciones femeninas el cuestionamiento a los roles tradicionales de género,[47] con lo que es suscitada una transformación en términos de la presencia de mujeres en el terreno público y político, desde demandas anti-autoritarias, de renovación de los roles de género y de la opresión femenina. Fue, en síntesis, el desenvolvimiento de organizaciones de mujeres de izquierda agrupadas desde la primera mitad del siglo XX y hasta por lo menos el año 68.[48]

Para 1960 Clementina Batalla de Bassols asistió al Congreso Internacional de Mujeres en Copenhague, donde se estableció un programa de distensión internacional, desarme y cooperación entre los pueblos, particularmente agendado por la Federación Democrática Internacional de Mujeres. En el contexto latinoamericano nos enfrentamos, en ese momento, con el surgimiento del Movimiento de Liberación Nacional, que retomó ideales económicos y sociales nacionalistas, con miembros de izquierda con enfoque nacionales y sociales. En 1961 Batalla de Bassols participa en la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, pronunciando un discurso donde agrupó a otras organizaciones femeninas. Junta a ella, otras intelectuales de izquierda integradas en estos esfuerzos fueron, como señala Oikión: Martha López Portillo de Tamayo, Sandra Maldonado, María Efraína Rocha, Elvira Trueba, Ana Mayés, Martha Bórquez y Adelina Zendejas. En 1963 se consolida el Comité Unificador Nacional de Mujeres bajo la dirección de Batalla de Bassols, Martha Bórquez, Ana María Colín, Esthela Jiménez Esponda, Virginia Gómez Nieto, Margarita Nolasco y Martha López Portillo de Tamayo. El pronunciamiento que rescata Oikión de Batalla de Bassols en 1964 por la unidad feminista de izquierda, abarca distintos sectores sociales: campesinas, ejidatarias, estudiantes, amas de casa, maestras, enfermeras, trabajadoras fabriles, escritoras, intelectuales, mujeres universitarias (de la UNAM y del Politécnico). Aunque, como señala Oikión, no existía una militancia homogénea ni total de estos sectores femeninos en el Partido Comunista Mexicano ni el Partido Popular Socialista, pero se identificaban como mujeres de izquierda, progresistas y en pro de un cambio social, adheridas a la revolución cubana y declaradamente nacionalistas, antiimperialistas, soberanistas, antimilitaristas y anticolonialistas. 

La investigación ofrecida por Oikión permite comprender la situación de la organización femenina de izquierda hacia la coyuntura del 68, cuando la UNMM se adhiere al movimiento estudiantil, solidarisándose con agrupaciones políticas de ese cariz como la Central Nacional de Estudiantes Democráticos y la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México. Importa, para cerrar este apartado lo anotado por Oikión hacia el final de su ensayo

En el post 68, la UNMM, en voz de Martha López Portillo de Tamayo, exigió el 31 de octubre, ante el procurador del Distrito, José Dzib Cardoso, que fueran excarceladas mujeres que habían sido presas el 2 de octubre en Tlatelolco: Rina Lazo, Marcela Morales Alzate, Celia Sandoval de Correa, Adela Salazar de Castillejos, Amada Velasco Torres, Mika Seeger, Guadalupe Salazar Gómez, Margarita Urías Hermosillo y Teresa Lonfreno. Incluso se pidió la libertad de Ana María Rico Galán y de María del Carmén Hermosillo, quienes tenían ya dos años de encierro[49]

Sin embargo, Urías Hermosillo fue apresada en 1967, junto a Pedro Uranga, Martha Celia Ornelas, Saúl Ornelas y Juan Gallardo, después de haber sido creado el “Estado Mayor del movimiento ‘veintitres de septiembre’ […] integrado por Pedro como comandante en jefe, Juan Fernández Carrejo como jefe político, Guadalupe Jacott como jefe del Estado Mayor y Margarita Urías como Secretaria de Finanzas y miembro del Estado Mayor”.[50] Para 1969 Urías Hermosillo había conseguido salir de la cárcel pagando una fianza y su proyecto de vida giró de la radicalidad guerrillera al estudio científico social de la realidad mexicana, ingresando a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, ubicada en Paseo de la Reforma, dentro de las instalaciones del Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México. 

Institucionalidades, redes académicas y ambitos de acción-interacción

Existe una nueva institucionalidad en el Estado mexicano posrevolucionario a partir por lo menos de le puesta en marcha, en 1910, de la Universidad Nacional de México por los afanes de Justo Sierra y un grupo de jóvenes intelectuales entre ellos José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Antonio Caso, entre otros. Hacia los años veinte la Universidad fue dirigida por Vasconcelos, un importante intelectual mexicano en el contexto latinoamericano. Pero no sólo la Universidad fue pieza clave en la nueva política educativa. En 1921 se funda la Secretaría de Educación Pública, con un proyecto educativo amplio y profundo, centrado en la educación rural y campesina, sin omitir en sus labores el rol desempeñado por Manuel Gamio, que desde 1915 había propugnado por la creación de centros antropológicos de estudios en todo el continente americano, para la resolución de problemas de la población mediante la aplicación de los estudios antropológicos a los distintos medios sociales, económicos y políticos a lo largo y ancho de América. 

Para 1939 era fundada la Casa España, hoy Colegio de México, con la impronta humanística y científica social de los republicanos españoles exiliados en México, entre ellos José Gaos, Eugenio Imaz y Wenceslao Roses, pero también el impulso de Alfonso Reyes, el poeta León Felipe y otras personalidades de la vida cultural y académica del momento como Daniel Cosío Villegas, Gustavo Baz y Enrique Arreguín, entre otros. 

Ese mismo 1939 se funda el Instituto Nacional de Antropología e Historia, bajo los esfuerzos de Manuel Gamio, alumno en la Columbia University de Franz Boas y su trabajo pionero de 1916 Forjando Patria. Desde 1938 se daban cursos de antropología, etnología y arqueología, conformando un ramal educativo sólido con respecto a los problemas y temas indígenas, su papel e importancia de su estudio y su incorporación a la cultura y sociedad mexicana a partir de sus aportes en distintos ramos: agrícolas, artesanales, históricos, sociales, simbólicos, ideológicos, técnicos, entre otros. 

Desde 1934 operaba el Fondo de Cultura Económica, como empresa editorial de amplia difusión de novedades científicas, filosóficas, históricas, etnológicas, económicas, literarias y críticas, colocando en la escena cultural mexicana un pilar sólido en la raigambre e impulso de las instituciones mencionadas, el COLMEX y el INAH. 

En la coyuntura del cardenismo, quedan así fraguados los pilares para lo que de varias formas es denominado como el periodo de profesionalización de la disciplina histórica en México, entre 1940 y 1970. En este proceso académico, histórico, intelectual y cultural fueron piezas claves José Bravo Ugarte, Silvio Zavala, Edmundo O’Gorman, Luis Villoro, además del español Rafael Altamira y varios hombres y mujeres actuantes en la disciplina histórica como Luis González y González, Luis González Obregón, Josefina Zoraida Vázquez, Enrique Florescano, Alejandra Moreno Toscano, Juan Ortega y Medina, Ernesto de la Torre Villar, José Miranda y el mencionado Daniel Cosío Villegas, entre otros. 

Respecto a la institucionalización de la antropología pasa por la creación del INAH, con la contribución de profesores extranjeros como Paul Kirchhoff y Pedro Armillas, Juan Comas, y nacionales como Wigberto Jiménez Moreno, Daniel Rubín de la Borbolla y Miguel Othón de Mendizábal, entre otros. Los aportes de la arqueología fueron decisivos para la consolidación del INAH donde hay que ubicar los trabajos de Alfonso Caso, Alfonso Ortega Martínez, Ignacio Marquina, Jorge Enciso, Eduardo Noguera, Jorge A. Vivó y Antonio Pompa y Pompa, como miembros fundadores, así como las labores arqueológicas de Jorge Acosta y Hugo Moedano en Tula, las de Alberto Ruz en Palenque, las de Eulalia Guzmán en Ichcateopan, las realizadas en Tlalilco por Miguel Covarrubias, Román Piña Chán, José Luis Lorenzo y Arturo Román o las de Tlapacoya realizadas por Román Piña Chán y por Beatriz Barba de Piña Chán. Durante el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964) se apoya con recursos al INAH para emprender labores museográficas hasta que en 1964 se funda el Museo Nacional de Antropología e Historia en Chapultepec, sitio donde se albergará la Escuela Nacional de Antropología e Historia hasta 1979 cuando cambia su sede al sur de la ciudad de México en frontera con las ruinas arqueológicas de Cuicuilco. 

Para 1969, cuando Urías Hermosillo ingresa a la ENAH a realizar estudios de etnología y antropología social, los caminos profesionales de la historia se habían visto renovados por la escuela de los Annales francesa, la cliometría, los estudios demográficos, económicos y sociales, al tiempo que por la historia desde abajo y la historia social practicada por ejemplo por Hobsbawn, Thompson y la escuela inglesa, después de haber sido instaurado el método científico histórico de Leopold von Ranke en México durante el camino institucional posrevolucionario de la primera mitad del siglo XX. Los estudios de Urías Hermosillo se suscitaron en el punto de quiebre político del año 68 y los movimientos estudiantiles, cuando un grupo de profesores de amplia trayectoría y sólides abandonan la ENAH por inconformidades con el régimen político: se trata de los llamados siete magníficos, entre quienes estaban Ángel Palerm, Guillermo Bonfil Batalla, Margarita Nolasco, Arturo Warman, Rodolfo Stavenhagen, Enrique Valencia y Mercedes Olivera. 

Para ese momento había otros antropólogos relevantes y consolidados como profesores y autores, entre ellos Ricardo Pozas, Gonzalo Aguirre Beltrán, Pedro Carrasco, Julio de la Fuente, Ignacio Bernal, por ejemplo. En este contexto polarizado, Urías se formará y eligirá trabajar académicamente con la historia económica, al lado del doctor Enrique Florescano y un selecto grupo de estudiantes, cuando Florescano ingresa como director del Departamento de Investigaciones Históricas del INAH en 1971. El historiador veracruzano se atrajo a su núcleo de trabajo a profesionales de la historia egresados del Colegio de México, como Héctor Aguilar Camín, así como a intelectuales con sólida madurez como Gastón García Cantú, Enrique Semo, Raúl Olmedo y Alejandra Moreno Toscano. Asimismo participan en las labores del DIH autores de vanguardia como José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, José Joaquín Blanco, entre otros. Se trataba del emprendimiento de un revisionismo historiográfico en temas económicos, políticos, sociales y culturales de la historia mexicana.

Temas poco socorridos por los historiadores empezaron a despuntar bajo una nueva luz, más atractiva y sugerente. El desarrollo económico nacional, de los sectores productivos, la historia de las industrias y haciendas, del comercio, de los precios y de los ciclos económicos, la formación de grupos y clases sociales, de las luchas campesinas, de las mentalidades, de la literatura y de la conciencia del poder. Ya para 1972 estaban en curso seminarios que exploraban el pasado de la ciudad de México, la historia de la cultura, de las haciendas rurales y de las luchas campesinas.[51]

Existieron en ese momento 5 áreas de estudio concretas: historia económica, historia social, historia política, historia regional e historia cultural. El año 1977 se crean distintos seminarios profesionales: agricultura, demografía histórica, historia del arte, historia económica y social del siglo XIX en México, lo que da lugar a inclinaciones académicas sobre el estudio de las estructuras en su nivel social y económico. En 1978 se constituyó el seminario de historia de las mentalidades a partir de un convenio con la embajada francesa. 

Hay que considerar, en este punto, que Urías Hermosillo se titula como etnóloga y maestra en ciencias antropológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1976, con su tesis de grado 1821-1867: realidad nacional y desarrollo económico en México. Interpretaciones de un proceso,[52] donde reconoce su colaboración “—durante tres años— [en] el Seminario de Historia Económica, organizado y dirigido por el Dr. Enrique Florescano en el Departamento de Investigaciones Históricas del Instituto Nacional de Antropología e Historia”[53] con un trabajo de registro bibliográfico de cerca de 1500 “cédulas bibliográficas para los años 1821-1867, de las cuales el 90% fueron publicadas en ese período”.[54] El énfasis puesto en “concepciones” y “puntos de vista” explicativos del “atraso económico del país”, permitió a Urías asociarlas con fuerzas ideológicas y políticas, con los intereses económicos de los autores revisados, en tanto miembros de clases sociales y grupos, más que cómo individuos. En sus páginas reconoce el apoyo y ayuda del profesor Mauricio Campillo Illanes, de Héctor Aguilar Camín, de Augusto Urteaga Castro-Pozo, de Jorge Ceballos, como su orientador en el estudio del siglo XIX, y del doctor Florescano, revisor y director de su tesis. De esa forma, Urías Hermosillo advierte, entre otras cosas, que: 

Frente a la crisis económica de 1828-1829, […] el gobierno se vio obligado a arrendar el estanco [del tabaco] a una compañía privada para solucionar su endeudamiento con los cosecheros y hacer más productiva y dinámica la renta. El grupo de empresarios que se ligó a ella, volvió ese privilegio de corte colonial (la concesión exclusiva para producir, manufacturar y vender el tabaco) un embrionario monopolio capitalista. El carácter de sus ganancias —que fueron invertidas en otro tipo de empresas— contrastó con la renta que recibía la hacienda pública, destinada a los pagos al ejército, la burocracia y la deuda pública. Esta situación transitoria se resolvió a favor del sector que representaba el capital en 1856, cuando la renta nacional del tabaco se declaró libre y se subastaron todas las existencias del estanco.[55]

Este hilo económico, empresarial, respecto al estanco del tabaco y su subasta, la adquisición de sus bienes por los hermanos Escandón, Manuel y Antonio, junto a la participación del inglés Mackintosh, frente a los hilos del desarrollo del ferrocarril mexicano, fueron parte de sus tesis básicas respecto al estudio, biográfico-estructural, de Manuel Escandón, que la acompañó hasta el final de sus días. 

Complementariamente hay que colocar en esta escena de los setentas mexicanos la construcción de nuevos espacios de educación superior relacionados con la práctica profesional antropológica, con la creación de Departamentos de antropología social en la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Iberoamericana, la Universidad de las Américas en Puebla, la Universidad Veracruzana, fundada en 1944, y la Universidad Autónoma de Yucatán. Al tiempo se funda en 1973 el Centro de Investigaciones Superiores en Antropología Social, CIS-INAH, que dará píe al actual Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), además del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) y el Centro de Integración Social. Esta apertura institucional posibilitará que Urías Hermosillo, a partir de una discordia metodológica con su “benefactor” Enrique Florescano, renuncié en 1979 a su plaza de investigadora en el DIH del INAH, en el Castillo de Chapultepec, para internarse en un peregrinar y nomadismo académico que la conduce a la ciudad de Xalapa, no sin antes haber establecido relaciones con economistas de la Universidad Nacional Autónoma de México como Luis Ponce Jiménez, Hipólito Rodríguez Herrero y Roberto Sandoval Zarauz. 

Aquel 1979 Urías publicó una colaboración con la Dra. Inés Herrera Canales sobre “Fondos antiguos documentales y bibliográficos que se conservan en la biblioteca pública del estado de Tabasco” en el Boletín del Archivo General de la Nación.[56] En ese sentido, las autoridades del AGN eran Alejandra Moreno Toscano como directora y Margarita Sepúlveda Amor como encargada de publicaciones, contando con un consejo consultivo conformado por Edmundo O’Gorman de la Academia de la Historia, Ernesto de la Torre Villar de la Biblioteca Nacional, Roberto Moreno de los Arcos por la Facultad de Historia de la UNAM, Daniel Ulloa por el Colegio de México, Nicole Girón por la Dirección de Estudios Históricos del INAH, Beatriz Ruiz de Gaytán por la escuela de historia de la Universdiad Iberoamericana y Carlos Bosch García por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, entre otros. Pero, ese año 79, también participa de la revista Nexos con un artículo “México y los proyectos nacionales”.[57] La revista era dirigida en ese momento por Florescano y el subdirector era Aguilar Camín cuyos encargados de la redacción eran Hermman Bellinghausen, Roberto Diego Ortega y Francisco Pérez-Arce. Interesa evidenciar al consejo editorial de ese momento, pues compone un sólido conglomerado intelectual y académico. Como parte de las secciones de “sociedad e historia” el consejo lo conformaban: Guillermo Bonfil, Pablo González Casanova, Rolando Cordera, Julio Labastida Martín del Campo, Lorenzo Meyer, Alejandra Moreno Toscano, Carlos Pereyra, José Luis Reyna, Luis Villoro y Arturo Warman. Respecto a temas de “ciencia” el consejo estaba formado por: Luis Cañedo, Eugenio Filloy, Julio Frenk, Cinna Lomnitz, Carlos Larralde, Daniel López Acuña, Víctor Manuel Toledo y José Warman. En el área de “literatura y arte” el consejo lo conformaron: José Joaquín Blanco, Adolfo Castañón, Carlos Monsiváis y Yolanda Moreno Rivas. 

Ese mismo año, 1979, ve la luz su Cuaderno de trabajo #26 del DIH-INAH Los estudios económicos sobre el siglo XIX.[58] Y es cuando migrará a Xalapa a dirigir el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Veracruzana, mostrando así uno de sus goznes y un pináculo productivo escrito.

En 1979 estaba claro que el CIH de la UV había sido formado como Centro de Estudios Históricos de la Univerisdad Veracruzana en 1971, bajo los auspicios y tutela de la Facultad de Historia, asesorado por el Colegio de México y la UNAM, “coordinados por el maestro Francisco Avilés”[59] hasta 1973. Para 1974 se incorporan a sus filas profesionales y académicos locales y egresados de dicha casa de estudios, cuando en 1978 cambia su nombre a Centro de Investigaciones Históricas. Al lado del Centro de Invetigaciones Lingüístico-Literarias y el Centro de Estudios Educativos, integraba el Instituto de Investigaciones Humanísticas, dirigido aquel año 79 por Ana María Mora de Sol. En términos de investigación regional se identifica aquella “investigación general [que] coordina Margarita Urías Hermosillo y se refiere a la ‘Estructura Industrial y el Movimiento Obrero Veracruzano de 1900 a 1976’”.[60] Ya se advierte en esta organización la presencia de historiadores y autores en vías de consolidación, como lo fueron Bernardo García Díaz, Héctor Martínez y Ana Laura Delgado. En 1978 un grupo de historiadores de este Centro, junto a Urías Hermosillo, participaron en el Encuentro de Historia del Movimiento Obrero, celebrado en la Universidad Autónoma de Puebla. El trabajo que presentaron como conjunto fue “Industrialización y formación de la clase obrera en Veracruz, 1919-1934”[61] donde participaron Leopoldo Alafita Méndez, Ricardo Corzo Ramírez, Bernardo García Díaz, José Luis Martínez Rodríguez, Gerardo Necoechea Gracia y nuestro personaje. Aquí queda patente otra de las redes académicas en las que Urías Hermosillo participó. Así, para 1980 Margarita cosechaba frutos como directora del CIH de la UV, pero también con la publicación de la Bibliografía general del desarrollo económico de México 1500-1976[62] trabajo coordinado por Enrique Florescano donde participaron Jorge Ceballos, Isabel Gil Sánchez, Francisco González Ayerdi, Carlos Ortega, Elsa Margarita Peña Haaz, Augusto Urteaga y ella misma. 

Pero Urías Hermosillo había trabajado desde 1974 en la vida y obrar del empresario orizabeño Manuel Escandón al presentar en el XLI Congreso Internacional de Americanistas su ponencia “Empresarios mexicanos del siglo XIX: el caso Escandón (1830-1870). Una fuente para su estudio”,[63] donde elabora los elementos propios de una biografía estructural del empresario hispano-mexicano, sus redes de parentesco, comerciales y empresariales, políticas y sociales, económicas y capitalistas. Para 1978 ahondaba en este tema con su artículo “Manuel Escandón: de las diligencias al ferrocaril, 1833-1862”,[64] donde profundizaba en el tejido económico y empresarial, al mismo tiempo que de modernización, implementado por Escandón como estrategia en el proceso de industrialización de las vías de comunicación en México. 

En 1980 Urías Hermosillo parte de Xalapa rumbo a Hermosillo, efectuando una estancia en el norte de México y participa en el Centro de Capacitación para el Desarrollo del Noroeste, dentro de la Secretaría de Programación y Presupuesto, coordinando el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora (1980-1984). Durante esta estancia establece relaciones profesionales con la socióloga germano-mexicana Maren Von der Borch.[65] Y entre 1984 y 1987 realiza labores de dirección de tesis en la ENAH en la Ciudad de México. En 1984 dirigió dos trabajos de tesis en la Escuela Nacional de Antropología e Historia: un trabajo de Jorge Chávez Chávez Legalización de un sistema de colonialismo interno en el México del siglo XIX: las leyes de desamortización de 1856,[66] y otra respecto a El ejido en Sonora (1920-1980)[67] de Carolina Romero Centeno y Eduardo Ibarra Thennet. Dos años antes dirigió la tesis de licenciatura de la misma institución educativa de Ingrid Ebergenyi Magaloni Primera aproximación al estudio del sindicalismo ferrocarrilero en México (1917-1936).[68] Además, en 1986 participó en el examen de titulación del trabajo de Marío González Plata y Mirna Alicia Pastrana La minería como factor determinante en la formación geopolítica del norte de México.[69] En la Universidad Veracruzana igualmente colaboró como sínodo y asesora en la Facultad de Historia y en el Centro de Estudios Histórico-Sociales (hoy IIH-S).

Algunos de sus trabajos dirigidos, o en los cuales participó, en Veracruz, fueron la posterior obra de la profesora Olivia Domínguez Pérez, Política y movimientos sociales en el Tejedismo publicada en 1986.[70] Desde 1979 su participación indirecta en tesis de licenciatura es evidente. Primero con la tesis titulada El Encero: historia de una hacienda Xalapeña[71] de Rosa Catalán Sánchez Gómez. Y unos años después con el trabajo de Generao Guevera Cortina Los panaderos rojos de Jalapa y el movimiento sindical en la región, 1922-1932.[72] Ambos trabajos tuvieron una importante colaboración con el Centro de Estudios Históricos-Sociales de la Universidad Veracruazana, en donde Urías Hermosillo se desempeñó, aunque su realización no estuviera directamente vinculada a su labor. Su trabajo académico en Xalapa a fines de los setentas como directora impulsó la consolidación formativa y colaborativa de una nueva oleada y generación de investigadores regionales que fungieron como becarios y académicos del CIH en aquellos años, con quienes se relaciono profesionalmente y como camaradas fuera de las aulas: Adriana Naveda Chávez-Hita,[73] Juana Martinez Alarcón, Bernardo García Díaz,[74] José González Sierra[75] o José Ignacio G. Rivas Hernández, entre otros. En esta lista hay que incluir a otros investigadores radicados en Xalapa hacia la década de los noventa como Feliciano García Aguirre, Juan Ortiz Escamilla, Ricardo Corzo, entre otros. 

Sus trabajos asesorados como profesora investigadora según esta reconstrucción fueron pocos, pero lo largo de su trayectoria se mantuvo asesorando a tesistas. Los temas asesorados tuvieron relación con sus principales inquietudes: el desarrollo del siglo XIX, el desarrollo del norte de México, la historia obrera y los movimientos sociales, la historia regional veracruzana y chihuahuense, entre los principales. 

Urías Hermosillo fue revisora de los libros de texto de historia lanzados en los años noventa en México como parte de la educación pública. También recibía correspondencia de Estados Unidos y Europa, conoció y trato a John Womack, Eric Hobsbawn, Jean Meyer y John H. Coatsworth, durante su periodo en el DIH-INAH hasta 1979.

Posterior a su estancia en Sonora, Urías volvió a la ciudad de México, con itinerancias en Xalapa y Puebla, hasta que en 1985 se traslada nuevamente a la capital veracruzana. Ahí participará como coordinadora del proyecto emprendido por parte del Instituto Nacional Indigenista en su centro de Papantla Nacer en el Totonacapan (Coxquihui, Chumatlán y Zozocolco de Hidalgo: tres municipios totonacos del Estado de Veracruz. Historia y realidad actual: 1821-1987).[76]En este proyecto participaron alumnos pasantes y egresados de antropología, historia y sociología de la Universidad Veracruzana: José Luis Blanco Rosas (2012†), Mercedes Guadarrama Olivera, Genero Guevara Cortina, Juana Martínez Alarcón y Armando Michaus Paredes. Pero en 1986 Urías participó en la organización de la maestría en historia en el CIH de la UV, construyendo la discusión sobre el plan de estudios y haciendo aportes necesarios para implementarla. 

En 1985 fue parte de las actividades del Coloquio de Antropología e Historia Regionales del Colegio de Michoacán “Industria y Estado en la vida de México”, coordinado por Patricia Arias contribuyendo con su trabajo “El estado nacional y la política de fabricar fabricantes: 1830-1856”.[77] Entre ese año y el de 1988 participó dando clases en la Universidad Autónoma de Puebla, el Instituto José María Luis Mora, la ENAH en la ciudad de México y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Cambió su residencia en 1988 a la fronteriza Ciudad Juárez pues había ganado las elecciones de gobernador en Veracruz Fernando Gutiérrez Barrios, su persecutor y quien la encarcelara en los sesentas, así que temiendo por su integridad o una nueva persecusión, se trasladó a su natal estado de Chihuahua, adscribiéndose a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde compartió espacios académicos con Chantal Craumussel, Jesús Vargas, Víctor Orozco, entre otros. Participó del comité editorial de la revista Cuadernos del Norte. Sociedad, Política y Cultura y desde 1992 fue miembro del consejo editorial de la revista Ciudades de la Red Nacional de Investigación Urbana, dirigida por Elsa Patiño y Jaime Castillo desde la Universidad Autónoma de Puebla. Partió de Ciudad Juárez a la capital del estado, Chihuahua, para dirigir el proyecto de la Escuela Nacional de Antropología e Historia unidad Chihuahua, donde trabajó de cerca con Juan Luis Sariego (2015†), Luis Reygadas y Augusto Urtega (2008†), entablando amistad y colaboración con Ben Brown. Entre 1990 y 1993 dirigió esta empresa educativa, ramal de la ENAH del centro de México, participando también como profesora invitada en la maestría en educación superior de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Concluído su último periodo en el norte, volvió a Xalapa, después de haber obtenido una nueva plaza de profesora-investigadora del INAH a raíz de su participación en la ENAH Chihuahua. 

Urías Hermosillo sostuvo relaciones de colegas e intercambio epistolar con historiadoras como Alejandra Moreno Toscano y María Teresa Franco, además de otras académicas más jóvenes como Adriana Naveda Chávez Hita,[78]Fernanda Núñez Becerra[79] o la antropóloga Ivonne Elizabeth Flores Hernández[80] (2019†) y Patricia Ponce Jiménez. No exclusivamente fue en lo nacional donde encontró interlocutoras, pues recibía correspondencia de Patricia Seed y Laura Salinas, al tiempo que una de sus particulares amigas fuera, la que se dedicara al coleccionismo de arte, Marcela Toscano,[81] prima hermana de la Profa. Moreno. La relación de amistad, camaradería y fortunas pérdidas y ganadas entre Urías Hermosillo y la última hija de Salvador Toscano, Marcela, fue durante su periodo formativo en la ENAH que compartieron, posterior al 68 del XX nacional, cuya relación se extendió a lo largo de su vida. Debemos incluir también en esta lista de científicas sociales mexicanas en distintos contextos a la socióloga germano-mexicana Maren Von der Borch. 

Así, al volver a Xalapa en 1993 se adscribió al centro INAH regional de esta ciudad e intentó conseguir mejoras laborales para desarrollar su investigación profesional sobre Manuel Escandón, sin mucho éxito como vimos según el comentario inicial de González Sierra. Hacia 1998 se inscribió en el posgrado en antropología de la Universidad Iberoamericana de Santa Fe en la ciudad de México, donde intentaba culminar su investigación empresarial dirigida por la antropóloga Marisol Pérez Lizaur. Dentro de sus últimas labores estuvo a cargo del Diagnóstico estatal de Veracruzdentro del proyecto del Banco Mundial Pérfiles indígenas de México coordinado por los antropólogos Salomón Nahmad Sitton y Tania Carrasco. Aquí se encuentra plasmada una última red colaborativa organizada en torno a Urías Hermosillo donde vemos reiteraciones respecto a sus trabajos colectivos previos, novedades, aunque se trate de amistades de largo tiempo con ella, y valores de jóvenes investigadores. Dentro del grupo de investigadores ubicamos el recurso reiterado a la ayuda de José Luis Blanco Rosas, Merecedes Guadarrama Olivera y Armando Michaus Paredes. Otros colabodarores con amistad larga con Urías fueron Rocío Cortéz Gutiérrez, Sofía Larios León, Gema Lozano Natal, Luis Ponce Jiménez y Silvia Ríos Landeros. Dentro de los jóvenes incorporados podemos ubicar a Homero Ávila Landa, Jesús Álvarez Castillo, Marío Ángel Cerón Rivera, Verónica Moreno Uribe, está última colombiana que estudió antropología en la Universidad Veracruzana, Daniel Nahmad Molinari, Lorena Segrove Serrano, Minerva María Antonieta Escamilla Gómez, José Luis Gutiérrez Cortés y Dulce Celina Rodríguez Hernández. 

Números, letras, substancias, música y liberación sexual. Entre las ideas y las prácticas, una mujer transdisciplinar 

Su interdisciplinariedad se ve inscrita en la lectura de Lucien Goldman,[82] pero también de Goerge Deveroux,[83] y especialmente de Witold Kula.[84] En el campo de la historiografía Urías Hermosillo fue asidua a lecturas dentro del análisis económico como las de la escuela marxista, por razones obvias, pero también frecuentó estudios de economía e historia económica en México como el trabajo Dialéctica de la economía mexicana[85] de Alonso Aguilar Montverde o la tesis de maestría de Hiras E. de Gortari Rabiela[86] de 1972 del Colegio de México. Fue también lectora de la revista de la misma institución Demografía y economía[87] donde participaban del comité editorial Raúl Benítez Zenteno, Gerardo M. Bueno, Gustavo Cabrera Acevedo, Tomás Garza H., Eliseo Mendoza Barrueto, Leopoldo Solís M., Claudio Stern, Luis Unikel y Victor L. Urquidi. Asimismo, mantiene en su estantería el importante trabajo de Ángel Bassols Batalla México Formación de Regiones Económicas[88] de 1979 y pasa a otras lecturas como la de Barbara A. Tenenbaum México en la época de los agiotistas, 1821-1857.[89] Igualmente se nutre y bebe del trabajo de compilación de Enrique Cárdenas de 1989 Historia económica de México,[90] donde participaron, entre otros, Pedro Carrasco, Immanuel Wallerstein, Ángel Palerm, Enrique Florescano, Woodrow Borah, Roberto Sandoval Zarauz, J. González Angulo, Isabel Gil y David Brading, por nombrar algunos. 

Importa en su ideario la lectura de Los grandes problemas nacionales de Molina Enríquez y una sólida comprensión de las dimensiones demográficas, económicas, históricas, espacio-temporales y filosóficas derivadas del pensamiento de Carlos Marx y Federico Engels, así como de su escuela heredera, la de Budapest con Georgy Luckacs y Agnes Heller, la italiana de Antonio Gramsci, la inglesa de Perry Anderson, entre otros. Su ardua labor de archivo le permitió trabajar en Real del Monte, Ciudad de México, Puebla, Veracruz, entre los principales sitios, sin contar sus exploraciones archivísticas en el norte y occidente mexicano. Fue lectora de Fernando Jordan y su Crónica de un país bárbaro y reconocía su genealogía con Federico Campbell. También influenció en ella el libro de arte y cultura de Annita Brenner Ídolos tras los altares

Ciertamente, sus preocupaciones históricas y académicas no reñían con sus dotes de economista ni con una sólida formación en literatura contemporánea.[91] Su pasado guerrillero, sin duda, la colocaba en una dificultad para asumir un rol público mucho más destacado y notorio, pero también supo capitalizar su actuar institucional en los contextos regionales donde tuvo una participación decisiva. También en su transdisciplinariedad hay que ubicar su formación como lectora de diversos temas —literatura, economía, psicoanálisis, biología, filosofía, feminismo, anarquismo, entre otros— y su consciencia latinoamericana, su capacidad como regionalista, su trabajo docente, particularmente, su dirección de tesis de grado, entre otras actividades. Asimismo fue lectora de volúmenes de los Cuadernos políticos,[92]asidua a las publicaciones periódicas como La cultura en México, suplemento de la revista Siempre, o la revista española El Viejo topo. Dentro del campo de sus identidades intelectuales no pueden quedar fuera el terreno de la liberación sexual, siempre que Urías Hermosillo fue lectora de Wilhelm Reich, y el del psicoanálisis de Karl Jung y Sigmund Frued, entre otros autores, que la influenciaron en esos temas, pero también respecto a la vivencia de la psicodelia y el uso y consumo de substancias psicoactivas como LSD, psilocibina o mescalina, marihuana y coca, alcohol, opío, entre otras. Urías Hermosillo seguía ideas de Fernando Benítez respecto a los hongos alucinantes y al peyote, los cuales conoció personalmente, además de que era una fumadora de marihuana asidua y ocasionalmente ingería coca, contando en su biblioteca el libro de Freud De la cocaïne. Leyo con asiduidad trabajos de Fernando Benítez sobre el uso de substancias psicoactivas, de la época en la que se veía en el LSD una cura y terapéutica social. 

Estudio profundamente a Claude Leví-Strauss, sobre todo la antropología estructural, las dimensiones del pensamiento salvaje, además de las Mitológicas. Urías Hermosillo alegó al final de su vida respecto a la censura metodológica que sufrió por parte de Enrique Florescano. En esa perspectiva su lectura atenta también de Peter Gay, Eric Hobsbawn, Franz Fanon, pero además de los anarquistas Bakunin, Proudhoun, Kropotkin, Malatesta, Durruty, entre otros, pueden hablarnos de sus predilecciones políticas y horizonte de enunciación, sobre su conciencia de clase y sobre su subalternidad —intelectual, académica y en términos de rol de género—. En otro sitio, hemos elaborado un esbozo vital primero sobre el hacer, biografía estructural, redes intelectuales primarias, roles institucionales, aspectos formativos, además de varios temas de iniciación al tema de la vida y obra[93] de Urías Hermosillo, asumiendo su autoexilio de las cúpulas intelectuales mexicanas de su tiempo. Se trató, en ese momento, de evidenciar su exilio intranacional después de pertenecer a las redes de la revista Nexos y los corpúsculos intelectuales que la desarrollaban, con lo que quedó en claro que Urías Hermosillo apostó por una intelectualidad periférica, regionalista al tiempo que nacional. 

No fue su único referente académico el círculo de la revista Nexos, ni su cercanía con Florescano. Entabló intercambios con Jan Bazant (1914-2012†), y, según ella misma lo refería, con Gonzálo Aguirre Beltrán. El año 1985 pariticipó en el Coloquio VII de Antropología e Historia Regionales del Colegio de Michoacán, encabezado entonces por Luis González y González (1925-2003†), con una red intelectual configurada también como una irradiación legítima descentralizadora, en el proceso de descentralización académica superior en México. Es de notar que en la “Bibliografía” ofrecida por Luis González y González en su trabajo El oficio de historiar[94] aparece el trabajo de Urías Hermosillo de 1979 Los estudios económicos sobre el siglo XIX.[95] Fue acredora de una distinción del Comité Mexicano de Ciencias Históricas en 1985, representado en ese entonces por María Teresa Franco como presidenta y la secretaría en funciones de Virginia Guedea. La “Mención especial” va signada también por el Comité International des Sciences Historiques. El trabajo, entonces catalogado de meritorio, fue “Militares y comerciantes en México, 1828-1846. Las mercancías de la nacionalidad”,[96] publicado en la revista Historias.

Para 1991 existen testimomios de reconocimientos: el primero del seis de diciembre, “A la maestra Margarita Urías Hermosillo. Directora de la unidad de la ENAH por su valiosa apotación al desarrollo cultural de la sociedad chihuahuense” diploma firmado, en aquel entonces, por el presidente Manuel López Chacon y el secretario en funciones Martín Quintanilla. Ese 91 participó también en su ciudad natal en la ”Primera Semana de Relaciones Industriales”, donde fue reconocida por el Ing. Manuel Gallardo fungiendo como “director del Instituto Tecnológico de Chihuahua 11” el Lic. Llzivir Salazar, coordinador del evento, y el presidente del comité académico Juan Francisco Álvarez. Ese 1991 fue reconocia con la presea De la Raza, premio distintivo del Festival Internacional de la Raza, realizado en el marco de lo que sería un conjunto de festivales internacionales De la Raza, celebrados en Tijuana y Ciudad Juárez entre 1984 y 1994.[97]

El vestigio de 1977 de la red intelectual y académica del “Departamento de Investigaciones Históricas del Instituto Nacional de Antropología e Historia”[98] ubica un conjunto de mujeres y hombres, académicos y profesionales de la investigación histórica, escritores y analistas culturales, colaboradores y miembros de la institucionalidad mexicana. Héctor Aguilar Camín señala con precisión este tejido de intellighenzia nacional, con el encabezamiento de Alejandra Moreno Toscano y Enrique Florescano, pareja de historiadores y académicos. La presencia femenina estaba expuesta por la historiadora Isabel Gil[99] y su tocaya Isabel Turrent de Krauze,[100] donde figuró al tiempo Margarita Urías, etnóloga e historiadora.[101] Por la vertiente masculina la red intelectual referida rescata, entre otros autores, a Hugo Hiriart,[102] escritor y dramaturgo, Luis y Armida González,[103] historiador del Colegio de México y fundador del Colegio de Michoacán y su esposa, Enrique Krauze, historiador igualmente del Colegio de México y merecedor de la beca Guggenheim, Carlos Monsiváis (1938-2010),[104] escritor y cronista, José María Pérez Gay (1944-2013),[105]escritor e historiador, germanista, entre casi la mayoría de la red enunciada por Aguilar. En este círculo intelectual Urías Hermosillo recibió el mote de “la apache” por parte de Carlos Monsiváis.[106]

En el año 2011,[107] el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana rindió un homenaje a Urías Hermosillo y otros exdirectores de tal institución. Entre 2012 y 2016 logramos gestionar en distintas fases de trabajo la edición y publicación del libro Margarita Urías Hermosillo. Obra Histórica,[108] donde reunimos las piezas del mosaico múltiple de su obra escrita. Al realizar la aparición de este compendio hemos logrado dar al público la reunión de trabajos especializados realizados por Urías Hermosillo, hilando por ejemplo sus aportes sobre Escandón en un mismo apartado, considerando sus aportes y elaboraciones respecto al siglo XIX mexicano, apuntando sus trabajos de historia regional, en sus vertientes más amplias de Veracruz y Chihuahua, pero también en las menores de Puebla, Tabasco y Ciudad de México.

Al publicar este trabajo hacemos ecuménico, cognoscible, accesible, un bagaje cultural, científico, escrito e intelectual que da muy bien cuenta de preferencias metodológigcas, de rutas temáticas, de exploraciones fructíferas, en el hacer nacional. Las dos vertientes más sólidas, Veracruz y Chihuahua, no desmerecen de sus reflexiones sobre el ámbito nacional, el desarrollo de las facciones (al menos conservadores y liberales, pero con matices) en el siglo XIX mexicano, los tópicos demográficos y económicos, entre otros más que resaltan.[109]

Así, podemos ubicar distintos itinerarios académicos, distintas propuestas de especialización, distintos niveles de análisis, distintos ámbitos de trabajo. Urías Hermosillo consigue ahondar en su búsqueda de significación del proceso económico en México y la gesta del Estado moderno mexicano. 

En su itinerario cultural hay que tomar en cuenta su afición por la música, particularmente el rock’n roll, donde ubicamos un periodo juvenil con la escucha de agrupaciones como The Platters, Elvis Presley o Chuby Checker, transitando a otro momento donde escuchó a The Beatles, The Rolling Stones, Pink Floyd, Asia, Jethro Tull, Savage Brown, Led Zepellin, Muddy Blues, Genesis, Bruce Springsteen, Grand Funk,  entre otras bandas y autores. También importa su escucha de Janis Joplin y a través de ella de Bessie Smith, jazzista y blusera de la primera mitad del siglo XX, pero también Muddy Waters, . Importa también su escucha de Patty Smith en términos de género. Escuchó asiduamente a la banda Jefferson Airplane, a John Lennon, Yoko Ono, Mike Jagger, Peter Gabriel, Bob Marley, The Band, Bob Dylan, Traveling Wylburys, entre otros de sus gustos. En su colección musical no faltan autores latinoamericanos como Los Panchos, Toña La Negra, Los tres ases, Lucha Reyes, Lola Beltrán, Lucha Villa, Bola de Nieve, Violeta Parra y tantos más. Rockeros en español como Charly García, Rockdrigo González, Jaime López, Miki González, y de otros géneros como Juan Luis Guerra y su 4.40, los sones jarochos contra La Laguna Verde, corridos populares de los tiempos de Maximiliano (1867), son cubano y puertoriqueño, por decir sólo un poco. Igual escuchaba música clásica de Bach, Mozart, Brahms, Debusy, Tchaikovsky y algunos otros autores.

Conclusiones

 

Nuestro extenso artículo ha propugnado por establecer líneas de acercamiento a la vida y obra de Urías Hermosillo. ¿En qué consiste su praxis vital? Primero que nada en algo más allá que su lucha guerrillera radical, consiste en su traslado a la educación pública de su contestación al estado mexicano o, al menos, en la formación de cuadros profesionales en vías de una concientización social. Segundamente, la vida de Urías Hermosillo consiste en su anti-autoritarismo, en su cuestionamiento de los roles autoritarios académicos, como por ejemplo cuando en 1979 renuncia a su plaza del DIH-INAH por desacuerdos metodológicos con su “benefector” Enrique Florescano, mientras que ella, en tanto perseguida política en México y madre soltera, no podía permitirse abandonar un estatus de seguridad económica y social, haciéndolo, sin embargo. Otro de los rasgos de su esencia vital estriba en su compromiso en la conducción de proyectos institucionales regionales, trasladándose de Xalapa a Hermosillo, de Hermosillo a Ciudad de México, de Ciudad de México a Xalapa, de Xalapa a Ciudad Juárez, etcétera, lo que no significaba otra cosa que su disposición para construir una intelectualidad crítica periférica, descentrada de la capital mexicana, al tiempo que fomentar la construcción de redes académicas e intelectuales favorecedoras de una nueva institucionalidad. 

En otros términos, la vitalidad de Urías Hermosillo puede observarse respecto a sus goznes o elecciones biográficas: en 1979 cuando abandona el DIH-INAH que ella y otros habían construido sólidamente, en 1980 cuando se traslada del sur de México al norte en Sonora para coordinar el CECADE y el Departamento de Ciencias sociales de la Universidad de Sonora. En 1988 cuando, frente a la amenaza del gobierno de Fernando Gutiérrez Barrios en Veracruz, abandona la entidad y se instala en Ciudad Juárez. En 1993 cuando después de coordinar y dirigir el proyecto de la ENAH-Chihuahua, se traslada nuevamente a Veraruz. Estos gosnez y pericias, estas decisiones vitales de Urías Hermosiilo, muestran una vida de quiebres y rupturas, de continuidades también, no sólo en términos académicos, sino también personales. Porque Urías Hermosillo fue pareja de Augusto Urtega, con quien tuvo un hijo, y fue pareja, tiempo después, del médico veracruzano Rafael Pardo, con quien tuvo dos hijos. Porque en su regreso a Veracruz había posibilidad de continuar su investigación sobre Manuel Escandón, porque mientras se sostenía económicamente dando clases y conferencias, escribiendo artículos y presentando investigaciones en congresos nacionales e internacionales, Urías Hermosillo consolidaba no solo su trayectoria profesional sino un estilo de vida: libre, autónomo, independiente, sin rendir cuentas a nadie más que a la Hacienda mexicana. Su feminismo estriba, por tanto, en su lucha por la libertad y en el alzamiento de las capacidades intelectuales como medio para alcanzarla. Por ello, Urías Hermosillo es una mujer trascendental en el último siglo XX mexicano, poco estimada y valorada en su país —recordando el aforismo nadie es profeta en su tierra, retomado de su hermana Casiana— porque fomentó un tipo de crítica al sistema educativo, un tipo de academia, un tipo de ser mujer en el mundo —concretamente mexicano— contestario, cuestionador, alterno. 

Porque vivió buscando formas de sustento que le permitieran desarrollar sus otras investigaciones, como el ejemplo de las investigaciones del INI en 1987 y del Banco Mundial a fines de los noventa, a costa de su propia y más importante investigación. Urías Hermosillo fue extremista también porque no se ató a los modelos institucionales tradicionales familiares, con matrimonio y derechos y obligaciones, pagando las consecuencias. Fue pionera porque su libertad primó sobre el resto de sus actos, porque supo elegir una vida congruente, íntegra y unitaria, en un contexto mexicano bastante hipócrita, a través de un falso catolicismo y laicismo, frente a la vida que ella construyó. Se trata, en fin, de una mujer que trasloco su hacer personal y profesional en un ámbito de conclusión y síntesis, contra los maniqueísmos estériles y operando como mujer de saber, no restrictivo, sino expansivo, compartido, solidario, cultivador. 

BIBLIOGRAFÍA

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[1] Alumno del PNPC del Centro de Estudio de las Tradiciones del Colegio de Michoacán generación 2017-2022. Maestro en Ciencias Humanas con especialidad en estudio de las Tradiciones por El Colegio de Michoacán. 

[2] Véase, Urías Hermosillo, Margarita y Pardo Urías, Rómulo (comp.). (2017). Margarita Urías Hermosillo. Obra histórica. Xalapa, Universidad Veracruzana, pp. 352-545.

[3] Se trata del entendimiento y organización en clave biográfica que nos ofrece Carlos Herrejón Peredo de “las decisiones más trascedentes, las que orientan los principales periodos de la vida, las que definen las relaciones familiares, amorosas, laborales, profesionales, morales, religiosas, etcétera, de tal manera que las acciones posteriores de la persona generalmente son consecuencia de su resolución primordial. Funcionan como goznes que van armando la estructura de la biográfica a través del tiempo”. Véase Herrejón Peredo, Carlos. (2013). “Buscando los goznes en la biografía de Hidalgo” en Bazant, Mílada (coord.), Biografía. Modelos, métodos y enfoques, Zinacantepec, El Colegio Mexiquense, p. 44 

[4] Nos interesa la dimensión sociobiográfica que queda clara con el planteamiento de François Dosse en el marco de la biografía hermenéutica. 

[5] Véase Dosse, François. (2011). El arte de la biografía. Ciudad de México, Universidad Iberoamericana.

[6] Ibid., p. 53.

[7] Véase, Varios autores. (2011). Boletín Diego Leño 8. Xalapa, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana, p.7 

[8] Actualmente con otras siglas e historia pública e institucional. La insistencia en el reconocimiento exclusivo del antropólogo e historiador Juan Luis Sariego Rodríguez (2015†) como eje rector y pilar de la ahora conocida como Escuela de Antropología e Historia del Norte de México (EAHNM), instaura parte del ejercicio de autoridad meritocrática, de la cual Margarita Urías era adversaria, contraria y contestataria. Urías Hermosillo fue la primera mujer en dirigir la entonces Escuela Nacional de Antropología e Historia unidad Chihuahua, es decir, la ENAH-Chihuahua, en 1990-1991. A su lado en la organización de este ramal institucional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estuvieron el poeta, etnólogo e historiador peruano-mexicano Augusto Urteaga Castro-Pozo (2008†), el antropólogo Luis Reygadas Robles Gil y el propio Sariego. El mérito no tiene exclusividad, pero sus beneficios sí la han tenido hasta el momento.

[9] Ahora Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S.)

[10] Fundado en 1835. Fue conocido con ese nombre hasta 1954 cuando se convierte en la Universidad de Chihuahua. Para 1968 la universidad adquiere su autonomía, con cinco escuelas iniciales (Farmacia, Medicina, Ingeniería, Derecho y Educación física). La escuela de Contabilidad y Administración se crean en 1958, la facultad de Filosofía y Letras en 1963 y la instauración de la biblioteca fue en 1960. Véase, Universidad Autónoma de Chihuahua. (2020). “Historia”.

[11] Véase, Franco Rosales, María Concepción. (2014). “Luis Urías Belderráin: notable formador de docentes en Chihuahua (1907-1975)” en Trujillo Holguín, Jesús Adolfo (coord.), Miradas históricas a la formación del profesorado en Chihuahua. Chihuahua, Escuela Normal Superior de Chihuahua Profr. José E. Medrano R./Red de Investigadores Educativos Chihuahua A.C./ Doble Hélice ediciones, pp. 67-96.

[12] Ibid., p. 72.

[13] Ibid., p. 73.

[14] Ibid., p. 73

[15] Que no obstante estudió en la Academia de San Carlos en la Ciudad de México.

[16] En términos de desarrollo profesional, Casiana fue meastra normalista hasta la jubiliación y se mantuvo activa enseñando música, psicopedagogía, desarrollo espiritual y eneagramática, entre otras labores.

[17] Véase, Urías Hermosillo, Jesús. (2020). “Perfil académico”. Doctorado Institucional en Ingenieria y Ciencia de Materiales (DICIM) de la Universidad Autónoma de San Luís Potosí.

[18] Rosa recibió la medalla Manuel Altamirano por 30 años de servicio en educación superior. Su desarrollo profesional pasó por el Instituto Tecnológico del Estado de Chihuahua, con un primer periodo laboral en Durango en el Instituto Tecnológico de esa entidad.

[19] Véase, Urías Hermosillo, Luis. (2004). Los indios de Chihuahua/Indians of Chihuahua. Portland, Oregon, Graphic Arts Pub; Urías Hermosillo, Luis y Sariego, Juan Luis. (1995). Tierra india, Video. Chihuahua, Escuela Nacional de Antropología e Historia Chihuahua; Burgess, Don. (2014). El reto de la Sierra Tarahumara: La construcción del Ferrocarril Chihuahua al Pacífico / artículos de prensa y fotografías de Glenn Burgess. Traducción de Luis Urías Hermosillo. New Barranca, Nuevo México, Taos. 

[20] Según testimonio del 3 de enero de 2019. Urías Hermosillo, Luis. (2019). “Resumen de la familia Urías Hermosillo”.

[21] El rescate de reescritura historiográfica realizado por Nithia Castorena-Sainz abarca particularmente el episodio guerrillero y una “radicalidad” de Margarita Urías Hermosillo algo limitada. No obstante da cuenta testimonial de lo que fuera su parte aguas vital. ¿Es un equívoco asociar el frustrado intento revolucionario del cual participó Margarita Urías con una práctica de la radicalidad? Habría de pensarse su perfil biográfico partiendo de una nueva institucionalidad, particularmente académica, y no en términos de su oposición directa con el Estado mexicano. Su perfil académico es por lo demás más fructífero y provechoso que el de su militancia política guerrillera “radical”, la cual dejó de lado y sustituyó por una militancia en organizaciones y movimientos sociales subalternos (movimientos estudiantiles, el movimiento contra Laguna verde en Veracruz, movimientos sindicales del INAH, entre otros). Asumió, en su experiencia pos-guerrillera, un puesto central desde la institucionalidad educativa no centralizada, periférica. Hay que estimar, por ello, no una reescritura historiográfica, sino la atención de la propia escritura de algo no contado, siempre que para el caso de la guerrilla pueda tratarse de reescribir la historia, pero también de contar lo no dicho. La profundidad vital de Margarita Urías tampoco puede definirse, en su “radicalidad”, exclusivamente por su dimensión institucional educativa o por su producción científica, pues fue madre, colega, amiga, entre la compleja trama de roles que desempeñó al vivir. Las posibilidades de acceso al conocimiento de los hechos y sus versiones, puede quedar sesgada bajo la propia dinámica de la modernidad heroizada y heroizante. No se trata de anular la ficcionalidad de su heroicidad, aunque no estamos frente a una heroína, como también sugirió el trabajo del colectivo Lagartijas Tiradas al Sol (2013), sino frente a una mujer de carne y hueso que sostuvo actitudes, intencionalidades, preferencias, elecciones, selectividades, entre otras elaboraciones propias de una mujer singular y de su tiempo, pero eso sí, de una sobreviviente, cuando en gran parte de los casos no hubo sorevivientes, en el caso de la guerrilla. Si se homonimiza “singular” con “radical” caemos en el error de mostrar una axiología de subalternidades no legitimidas por si mismas sino en función de su participación y roles con la centralidad (heroica, por ejemplo de los neo relatos o las neo corrientes en un tiempo donde han cambiado los sujetos históricos a partir de salvamentos historiográficos recientes y de corrientes legítimas, que no lo eran). Por ello, interesa particularmente explicitar la actuación e interacción de Margarita Urías, en su focalidad y concreción particular, no restrictiva sino abarcadora territorialemnte, sostenida como académica y en su vida. Sin duda, las lecturas desde el posicionamiento “radical” de la guerrilla, desde su experienciabilidad institucional educativa, entre otras de sus formas de vitalidad, son posibles, admisibles, válidas y legítimas, salvando sus diferencias. Véase: Castorena Sainz, Nithia. (2019). “Margarita Urías. Vida y práctica en la radicalidad” en Mesa Panel Antropólogas Radicales, INAH, Chihuahua, Noviembre 2019. Video de Youtube. Consultado el 27 de julio de 2020 en: https://www.youtube.com/watch?v=-6hnlcZ4zLA La participación de Nithia Castorena va del minuto 38:34 al 63:59. 

[22] Según informaciones particulares de Eduardo Barrera Herrera de la Universidad de Texas en el Paso (UTEP). 

[23] Véase, Lagartijas Tiradas al Sol. (2013). El rumor del momento. El rumor del incendio. Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México.

[24] Véase, S/A. (2006). “Murió Rico Galán, primera presa política del país”. En La Jornada sección “Sociedad y justicia”, Ciudad de México, 29 de agosto. Rico Galán era parte de los presos políticos a liberación en el pliego petitorio del 68. Otras de esas mujeres eran Urías Hermosillo, denominada como maestra, junto a otras presas.

[25] Véase, Rico Galán, Víctor. (1984). “Declaraciones del sector revolucionario del Movimiento Revolucionario del Pueblo” en Escritos políticos (1966-1971). Ciudad de México, Ediciones proletariado y revolución, pp. 39-47. 

[26] Véase, Montemayor, Carlos. (2010). La violencia de Estado en México. Antes y después de 1968. Ciudad de México, Random House Mondadori. 

[27] Véase, Jaso Galván, Azucena Citlalli. (2014). “El ojo del Leviatán: los órganos de inteligencia en México y el Movimiento Revolucionario del Pueblo (1964-1966)” en PolHis, Mar del Plata, Buenos Aires, año 7, Núm. 14, Julio-Diciembre, pp. 456-487.

[28] Véase, Castorena-Sáenz, Nithia. (2014). “Las mujeres en el asalto al cuartel de Madera el 23 de septiembre de 1965” en Orozco Víctor, Sáenz Huerta Roberto, Sánchez Montiel Juan Carlos, García Mata Víctor (coords.), Chihuahua, hoy, 2014: visiones de su historia, economía, política y cultura, Chihuahua, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Chihuahua, Instituto Chihuahuense de Cultura, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, pp. 239-279. 

[29] Véase, Oikión Solano, Verónica. (2018). “Resistencia y luchas femeniles. La Unión Nacional de Mujeres Mexicanas en el verano del 68: una historia desconocida” en Legajos, Boletín del Archivo General de la Nación, Ciudad de México, núm. 17 (septiembre-diciembre), pp. 55-84. 

[30] Véase, Jaso Galván, op.cit., p. 461.

[31] Ibid., p. 463.

[32] Montemayor, op.cit., p. 59.

[33] Ibid., p. 60.

[34] Jaso Galván, op. cit., p. 464.

[35] Jaso Galván, op. cit., p. 469

[36] Rico Galán, op. cit., p. 7. 

[37] Ibid., pp. 7-8.

[38] Ibid., p. 21.

[39] Jaso Galván, op. cit., p. 473.

[40] Castorena-Sáenz, op. cit., pp. 239-240. 

[41] El ejemplo retomado por Castorena-Sáenz es el del Simon de Beauvoir y su libro El segundo sexo, cuya edición data de 1949, pero fue traducido hasta 1970. 

[42] Ibid., p. 241.

[43] Ibid., p. 245.

[44] Ibid., p. 250.

[45] Oikión Solano, op.cit., p. 56.

[46] Ibid., p. 57.

[47] Hay que advertir, como lo hace Francie Chassen-López. (2013). “Mitos, mentiras y estereotipos: el reto de la biografía feminista” en Bazant,Mílada (coord.), Biografía. Modelos, métodos y enfoques. Zinacantepec, El Colegio Mexiquense, pp. 149-178. Respecto a este concepto: “El género no opera independientemente: está profundament entrelazado con cuestiones de raza, etnicidad, clase, religión, edad y orientación sexual”. Véase: 

Chassen-López, op.cit., p. 151. Para la autora existiría “Un reto fundamental para la biografía feminista […] desenmascarar la relación entre género y poder: hay que demostrar cómo este lenguaje de género funciona como sostén de las jerarquías sociales y políticas. El poder de nombrar, de definir y construir estas categorías, esas dicotomías, resulta ser un instrumento básico de la dominación” Chassen-López, op. cit., p. 169.

[48] El artículo de Oikión Solano establece una genealogía organizativa que arranca en los años cuarenta con el Frente Unión Pro Derechos de la Mujer, asociación de mujeres comunistas en busca de una reforma constitucional y del reconocimiento de sus derechos políticos y ciudadanos. Dentro del Partido Comunista Mexicano, existió también un Bloque Nacional de Mujeres Revolucionarias a principios de los años cincuenta, derivando en la Unión Democrática de Mujeres Mexicanas, con mayor presencia nacional y vinculación con la Federación Democrática Internacional de Mujeres, organización procomunista fundada en Francia en 1945, con el fin de unir a los grupos femeninos de izquierda desde criterios pacifistas, antifascistas y maternalistas. En la década de los cincuenta también surgieron agrupaciones como Vanguardia de la Mujer Mexicana, sin impacto en la masa femenina pero dirigida por Mercedes Quevedo, aristas plástica, y Eulalia Guzmán, arqueóloga, o el Comité Permanente Pro-Congresos Latinoamericanos de Mujeres, “encabezado por la universitaria Clementina Batalla de Bassols” Oikión Solano, op. cit., p. 59; pero también el Comité Coordinador Femenino para la Defensa de la Patria, surgido en 1940, a favor del pacifismo y contra el conflicto bélico de la guerra fría. 

[49] Oikión Solano, op. cit., p. 77. 

[50] Lagartijas Tiradas al Sol, op. cit., p. 106. 

[51] Véase, Olivé Negrete, Julio César y Urteaga Castro-Pozo, Augusto. (1988). INAH, una historia. Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, p. 134. 

[52] Véase, Urías Hermosillo, Margarita. (1976). 1821-1867: realidad nacional y desarrollo económico en México. Interpretaciones de un proceso. Tesis de licenciatura y maestría, dirigida por Enrique Florescano Mayet. Ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia. 

[53] Ibid. 

[54] Ibid.

[55] Ibid., pp. 69-70. 

[56] Véase, Herrera Canales, Inés y Urías Hermosillo, Margarita. (1979). “Fondos antiguos documentales y bibliográficos que se conservan en la biblioteca pública del estado de Tabasco” en Boletín del Archivo General de la Nación, Ciudad de México, tercera serie, tomo III, núm. 17, enero-marzo, pp. 39-45.

[57] Véase, Urías Hermosillo, Margarita. (1979). “México y los proyectos nacionales, 1821-1857” en Nexos, Ciudad de México, año II, núm. 20, agosto, pp. 31-41.

[58] Véase, Urías Hermosillo, Margarita y Florescano Mayet, Enrique. (1979). Los estudios económicos sobre el siglo XIX, Cuaderno de trabajo #26, Ciudad de México, Departamento de Investigaciones Históricas, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

[59] Véase, García, Elena. (1979). “Rescate y restauración de archivos en el Estado” en Extensión, Xalapa, diciembre, no. 2, vol. 1, pp. 11-12.

[60] Ibid., p. 12

[61] Véae, Urías Hermosillo, Alafita Méndez, Leopoldo, García Díaz, Bernardo, Corzo Ramírez Rircardo, et al. (1980). “Industrialización y formación de la clase obrera en Veracruz, 1919-1934” en Memorias del Encuentro sobre Historia del Movimiento Obrero. Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, pp.197-288.

[62] Véase, Florescano, Enrique (coord.). (1980). Bibliografía general del desarrollo económico de México 1500-1976. Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia. 

[63] Véase, Urías Hermosillo, Margarita. (1974). “Empresarios mexicanos del siglo XIX: el caso Escandón (1830-1870). Una fuente para su estudio” en Actas del XLI Congreso Internacional de Americanistas, Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología, pp. 598-608.

[64]Véase, Urías Hermosillo, Margarita (1987). “Manuel Escandón: de las diligencias al ferrocarril, 1833-1862” en Formación y desarrollo de la burguesía en México. Siglo XIX, Urías Margarita, Beato Guillermo, Meyer Rosa María, Oyarzabal Shanti, et al. Ciudad de México, Siglo XXI, pp. 25-56.

[65] Con un programa de especialización en periodismo desarrollado en Münich (1966-67) y estudios de licenciatura en Biblioteconomía por la Universidad de Stüttgart (1964). Estudió su maestría y doctorado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (1974-74, 1994-97). Coincidió con Urías Hermosillo por su paso y estancia en Hermosillo, en el escenario de su colaboración con la Universidad de Sonora y el entonces CECADE. La profesora Von der Borch es actualmente maestra de tiempo completo en el Departamento de Trabajo social de la Universidad de Sonora. 

[66] Véase, Chávez Chávez Jorge. (1984). Legalización de un sistema de colonialismo interno en el México del siglo XIX: las leyes de desamortización de 1856. Culminación de un proceso. Tesis de licenciatura dirigida por Margarita Urías Hermosillo. Ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia. 

[67] Véase, Romero Centeno, Carolina e Ibarra Thennet, Eduardo. El ejido en Sonora (1920-1980). Tesis de licenciatura, dirigida por Margarita Urías Hermosillo. Ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia. 

[68] Véase Ebergenyi Magaloni, Ingrid. (1982). Primera aproximación al estudio del sindicalismo ferrocarrilero en México (1917-1936), Tesis de licenciatura, dirigida por Margarita Urías Hermosillo. Ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia. 

[69] Véase, González Plata, Mario y Pastrano Solís, Myrna Alicia. (1986). La mineria como factor determinante en la formación geopolítica del norte de México. Tesis de licenciatura, dirigida por Margarita Urías Hermosillo. Ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia. 

[70] Véase, Domínguez Pérez, Olivia. (1986). Política y movimientos sociales en el Tejedismo. Xalapa, Centro de Estudios Históricos, Universidad Veracruzana, p. 10. 

[71] Véase, Sánchez Gómez, Rosa Catalina. (1979). El Encero: historia de una hacienda. Tesis de licenciatura. Xalapa, Facultad de Historia, Universidad Veracruzana. 

[72] Véase Guevara Cortina, Genero. (1982). Los panaderos rojos de Jalapa y el movimiento sindical en la región, 1922-1932. Tesis de licenciatura. Xalapa, Facultad de Historia, Universidad Veracruzana.

[73] “el asesoramiento de Takako Sudo Shimamura, Richard B. Lindley y la dirección del Dr. Patrick Carrol”, véase, Naveda Chávez-Hita, Adriana. (1987). Esclavos negros en las haciendas azucareras de córdoba, Veracruz, 1690-1830. Xalapa, Centro de Investigaciones Históricas, Universidad Veracruzana, p. 7. Esta sería una red académica hacia 1977, previa a la llegada de Urías Hermosillo al Centro de Investigaciones Históricas en Xalapa cerca de 1979. 

[74] Puede apreciarse este influjo y diálogo académico en: García Díaz, Bernardo. (1990). Textiles del valle de Orizaba (1880-1925). Xalapa, Centro de Investigaciones Históricas, Universidad Veracruzana.

[75] González Sierra reconoce “además de las obras de historia general y regional a mi alcance, conté con los excelentes trabajos de quienes han estudiado a fondo algunos periodos de la historia del tabaco, como son los de Ma. Amparo Ross para el Estanco, M. Urías para la renta pública y F. Clairmonte para la compleja estructura actual del oligopolio tabaquero”. véase, González Sierra, José. (1987). Monopolio del humo (Elementos para la historia del tabaco en México y algunos conflictos de tabaqueros veracruzanos: 1915-1930). Xalapa, Centro de Investigaciones Históricas, Universidad Veracruzana.

[76] Véase, Urías Hermosillo, Margarita (coord.). (1987). Nacer en el Totonacapan (Coxquihui, Chumatlán y Zozocolco de Hidalgo: tres municipios totonacos del Estado de Veracruz. Historia y realidad actual: 1821-1987). Xalapa, Coordinadora del Instituto Nacional Indigenista Veracruz.

[77] Véase, Urías Hermosillo, Margarita.(1990). “El estado nacional y la política de fabricar fabricantes: 1830-1856” en Arias Patricia (coord..). Industria y Estado en la vida de México, Zamora, El Colegio de Michoacán, pp. 119-136.

[78] Véase, Náveda Chávez-Hita. (2020). “Perfil académico”. 

[79] Véase, Núñez Becerra, Fernanda. (2020). “Perfil académico”. 

[80] Ivonne Flores Hernández antropóloga chihuahuense, traductora, historiadora y articulista. Casada con el economista Luis Ponce Jiménez, funcionario del estado de Veracruz durante el sexsenio gunermanental del priista Patricio Chirinos Calero (1994-2000). Establecidos en Xalapa desde los años ochentas, fueron muy cercanos de Urías Hermosillo. Ponce Jiménez confesó, hace algún tiempo, el contraste entre los títulos de la obra de Héctor Aguilar Camín Morir en el Golfo, frente al del estudio de Urías Hermosillo, Nacer en el Totonacapam, en la querella indisoluble entre el perfil intelectual de aquel frente al de Urías Hermosillo. Aguilar Camín y Urías Hermosillo sostuvieron una relación de pareja en los setentas, derivado del grupo del DIH-INAH. Aguilar fue revisor de la tesis con la que Urías se graduó de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Pero rompieron relaciones. Tuvieron correspondencia y algunos encuentros hasta los años noventa según algunos testimonios de cartas personales, dedicatorias de libros, entre otros. Urías se autoexilio de esas esferas y cúpulas del poder y la intelectualidad mexicana, sin desconocerla sino precisamente por ello. 

[81] Pareja durante un tiempo de Mauricio Campillo, profesor en la ENAH en la década de los setenta.

[82] Véase, Goldman, Lucien. (1970). Las ciencias humanas y la filosofía. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

[83] Véase, Devereux, George. (1991). De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento. 6ª ed. Ciudad de México, Siglo XXI editores.

[84] Véase, Kula, Witold. (1973). Problemas y métodos de la historia económica, Barcelona, Ediciones Península. 

[85] Véase, Aguilar Montverde, Alonso. (1979). Dialéctica de la economía mexicana. Ciudad de México, Editorial Nuestro Tiempo.

[86] Véase, De Gortari Rabiela, Hiras S.E. (1972). Las ideas sobre la economía mexicana en 1821-1824. Tesis de maestría, Ciudad de México, El Colegio de México. 

[87] Demografía y economía. (1970). Ciudad de México, El Colegio de México.

[88] Véase, Bassols Batalla, Ángel. (1983). México Formación de regiones económicas. Influencias y factores. Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México.

[89] Véase, Tenenbaum, Barbara A. (1985). México en la época de los agiotistas, 1821-1857, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica.

[90] Véase, Cárdenas, Enrique (comp.). (1989). Historia económica de México, de la serie El trimestre económico, Lecturas, núm. 64. Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica.

[91] Urías Hermosillo leyó con asiduidad a la generación del boom latinoamericano, sobre todo a Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Carlos Fuentes, entre otros. Lector de Borges, de Quiroga, de Neruda, de Amado, de Arguedas, de Mariategui, tenía claramente una consciencia latinoamericana. Respecto a la literatura mexicana mantuvo predilección por Bruno Traven, Heraclio Zepeda, Carlos Monsiváis, muy poco de Paz, algo de Jorge Ibargüengoitia, Agustín Yáñez, sobre todo Fernando Benítez, mucho de literatura del siglo XIX, poca poesía, pero selecta, de Jaime Labastida, Jaime Sabines, Homero Aridjis, entre otros. Fue lectora también de literatura mexicana escrita por mujeres como Elena Poniatowska, Inés Arredondo, Silvia Molina, y extranjeras como de Clarice Lispector, Agatha Christie, Virginia Woolf, Simon de Beauvoir, Susan Sontag, entre otras. Se formación etnológica la llevó por los caminos de un feminismo involucrado con lecturas como las de Emma Goldman, Flora Tristán, Evelyn Reed, Margaret Mead, Janine Chasseguet-Smirgel, Lucy Mair, Ruth Benedict, entre otras autoras.

[92] Cuadernos Políticos. (1974-1990). Ciudad de México, Era. 

[93] Véase, Ranero Castro, Mayabel y Pardo Urías, Rómulo. (2018). “Margarita Urías Hermosillo y el exilio de la intelectualidad oficial en México” en AiónCuadernos de trabajo de la Facultad de HistoriaIntelectuales y exilio Iberoamericano: ideas, procesos políticos y publicaciones, Núm. 1, Febrero-Junio, Xalapa, Universidad Veracruzana, pp. 124-147.

[94] Véase, González y González, Luis. (1999). El oficio de historiar, 2ª ed. Zamora, El Colegio de Michoacán, p. 379. 

[95] Véase, Urías Hermosillo y Florescano Mayet, op.cit..

[96] Véase, Urías Hermosillo, Margarita. (1984). “Militares y comerciantes en México, 1828-1846. Las mercancías de la nacionalidad” en Historias, Ciudad de México, núm. 6, abril-julio, pp. 49-69. 

[97] Véase, El Colegio de la Frontera Norte, (2020). “Celebración del 50 aniversario de la fundación del Departamento de Estudios de Chicanas y Chicanos de SDSU. Obras de “Chicano/a/x Printmaking»” en El Colef, Tijuana. 

[98] Véase, Águilar Camín, Héctor. (1977). La frontera nómada: Sonora y la revolución mexicana. Ciudad de México, Siglo XXI editores, p. 11. 

[99] Gil Sánchez publicó al lado de Florescano dos trabajos historiográficos especializados en el siglo XVIII novohispano. Véase, Gil Sánchez, Isabel, Florescano Enrique, (comps.), Descripciones económicas regionales de Nueva España. Provincias del norte, 1790-1814. Ciudad de México, Departamento de Investigaciones Históricas, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1976, pp. 183-301.

[100] Aguilar Camín no aclara los apellidos de esta intelectual mexicana, esposa de Enrique Krauze. Camín emplea el apellido patrimonial de su colega en el Colegio de México, Enrique, para asociarlo con su esposa. Isabel Turrent, no obstante, no debe sopesarse su significación social e intelectual a partir de este hecho. En términos de tejido intelectual habría una pareja mentora, con Florescano y Moreno Toscano, mientras que la de los Krauze sería, en ese punto, una pareja en ascenso cultural, institucional, intelectual en el humus cultural del momento. Es interesante observar la descripción efectuada por Enrique Krauze sobre su esposa (2017), advirtiendo sus tendencias académicas (formada en El Colegio de México y en la Universidad de Oxford), ejerciendo de profesora investigadora en el Colegio fundado en 1939. Krauze remite a sus investigaciones sobre la U.R.S.S., indicando como segundo libro publicado El deshielo del Este, de la editorial Vuelta coordinada y fundada por Octavio Paz, homónima de la revista cultural del caudillo y tlatoani de la literatura nacional del XX mexicano. En 1976 Krauze publicó su libro Caudillos culturales en la Revolución Mexicana, Siglo XXI editores, Ciudad de México, 1976. Véase Krauze, Enrique. (2017). “La ventana al mundo de Isabel Turrent” en Letras libres, Ciudad de México, 2017. 

[101] Quien en 1979 renunció a su puesto de investigadora en el DIH-INAH, de la mano de controversias teórico-metodológicas con Florescano y el ejercicio, de su parte, de una censura editorial a los trabajos y artículos de Urías Hermosillo respecto a su proyecto de investigación sobre Manuel Escandón y la burguesía mexicana en el siglo XIX. De 1979 a 1993 Urías Hermosillo estuvo rolando sus actividades laborales entre Veracruz, Sonora, Ciudad de México y Chihuahua. 

[102] Escritor, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1980 salió a la luz su libro de ensayos Disertación sobre las telarañas. Fue beneficiario de la Beca Guggenheim. Escribió en 1972 la novela La ginecomaquia. En entrevista con Christopher Domínguez Michael, Hiriart reconoce haber sido muy amigo de Emilio Uranga. El mismo 1972 fue merecedor del premio Xavier Villaurrutia por su obra Galaor. Hiriart advierte: “Para cuando publiqué Galaor, el presidente Luis Echeverría quería cerrar la distancia y ganarse a los jóvenes, y decidió dar los cuatro años de premios en una sola entrega. Uno de los premiados fui yo. En la ceremonia en la Capilla Alfonsina estaban los premiados: Sabines, García Ponce y yo. Como yo era el más chico me pidieron que hablara, pero me negué. Insistieron y entonces hablé para cederle la palabra a Sabines, y Sabines habló”. Véase, Domínguez Michael Christopher. (2012). “Hugo Hiriart” en Letras libres, Ciudad de México, 8 de abril.

[103] La fundación del Colegio de Michoacán fue un hito para el proceso descentralizador de la vida académica institucional mexicana y su expansión por regiones y territorios múltiples. El COLMICH fue fundado el 15 de enero de 1979 con el Centro de Estudios Históricos y el Centro de Estudios Antropológicos. En 1983 se extendieron las actividades al Centro de Estudios de las Tradiciones y al Centro de Estudios Rurales. Véase: El Colegio de Michoacán. (2020). “Presentación”. En el tejido intelectual de esta institucionalidad el relieve de Luis González es definitivo, pero debe incluirse a hombres como el profesor Andrés Lira González o el profesor Carlos Herrejón Peredo y la Profa. Brigitte Boehm Schoendubeentre aquellos en el ejercicio de la presidencia institucional en el siglo XX. Luis González fue miembro del Colegio Nacional, cuya disertación de ingreso fue replicada por Silvio Zavala, además perteneció al Sistema Nacional de Investigadores, merecedor del Premio Nacional de Ciencias y Artes el año 1983, Miembro de la Academia Mexicana de la Historia, la que dirigió entre 1988 y 1996, y condecorado con la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio el año 1999 por el rey de España Juan Carlos I, entre otras distinciones.

[104] Cronista popular, ensayista, antologador y compilador literario, intelectual, defensor de los derechos lésbico-homosexuales, activista político e historiador, entre otros afanes. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue pieza clave en la crónica de los hechos del 68 y de la represión estudiantil en la Ciudad de México y el resto del país.

[105] Ensayista, novelista, historiador y académico. Su perfil como conocedor del germanismo y el germano-mexicanismo lo hicieron destacar en los estudios de esa especialidad. Ejercio la diplomacia en la República Federal Alemana, colaborando en asuntos internacionales en Austria y Francia también. Fue colaborador de la sección cultural del diario mexicano Uno más uno, participando a su vez en la revista Nexos como miembro del comité editorial. Formado en la Universidad Iberoamericana en ciencias y técnicas de la información, obtuvo también el doctorado en filosofía por la Universidad Libre de Berlín.

[106] Según informaciones dadas por Eduardo Barrera Herrera de la Universidad de Texas en el Paso (UTEP).

[107] Varios autores, op.cit.

[108] Urías Hermosillo y Pardo Urías, op. cit.

[109] Véase, Alafita Méndez, Leopoldo. (2018). “Margarita Urías Hermosillo. Obra Histórica” en Clivajes. Revista de Ciencias Sociales, Xalapa,Año V, número 10, julio-diciembre, pp. 123-132.