Conspiración

Aceitar con intuición la vida

esquema esencial nuestro

lenguaje de cicatrices y roces.

 

Ante la inminencia del salto

parecer pilares de tactos

y emblemas de juventudes.

Como abismos de alegría

inculcamos al horizonte

la patraña del instante.

 

¿Estar es conquistar la señal

propia de los amaneceres

que en nosotros es un imán

de caracteres y verdades?

 

Nada queda precisado dentro

nuestro porque apenas si conseguimos

plasmar el átomo prístino del amor

en el malecón fecundo de una tormenta.

 

Contra el radical espejismo de las letras

redondeamos el soplar las aristas

de la soledad, como saltimbanquis

en el circo etereo de la sociedad.

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Parentesco

Venimos de inmensidades
convertidas en cenizas,
de caricias… y soplamos
al horizonte un beso.
Contra el espejo del tedio
nombramos conquista
la caminata de las estrellas
porque dentro del silencio
finito nos escondemos.

¿Cómo establecer la cúpula
de la sangre y la familia
si dentro del tiempo partimos
las halas del sueño en mitades
distantes de llanto y soledad?

Escondemos también la maldad
en una lóbrega palabrería que induce
a pensar que las lindes del sol
nos pueden perdonar como dioses.
Existimos en el mito de unidades
columpiadas entre tejidos de sombras
porque el finalizar la jornada
nos reclinamos al agua y estrechamos
los bordes de los abismos interiores.

Pendemos absortos en ideas

que son herencias
¿acaso involucra nuestro aliento
una resquebrajada esquirla de misterio?
Nadie puede pulir su origen ni puede
asechar un encuentro que sea intrascendente.
Cada mañana nos enquista lo cotidiano,
su maquinaria lodosa de retahílas
y al dormir podemos amar, sí, un trozo igual
al rostro fugitivo del rayo que rompe la oscuridad.

 

Fárrago lumpenletrado

Acaso de existir los cánones literarios se trataría de una antigua, prolífica y ancestral data de registros alfabéticos que según épocas, temas y formas discursivas lograría amalgamar lo que puede y merece ser “creado”. La alta literatura no podría prescindir del conocimiento profundo de las tradiciones literarias. Los grandes maestros de la literatura lo son porque conocen dichas tradiciones. Borges si mal no recuerdo decía que no hay nada nuevo bajo el sol. Si no hay nada nuevo bajo el sol ¿para que conocer causalmente los precedentes de un género tal o de un tópico tal o de una tradición tal? Rescatando entonces lo propio de un pobreza alfabética, de una pobreza del conocimiento de canon cualquiera, el lumpenletrado inventa, produce, crea. Se mueve en el territorio de la distemporaneidad: lo destemporalizado. No es tampoco una innovación léxica lo propio de la lumpenletrades.

Se trata de fárrago inservible, sí, como una distorsión abismada, tendenciosamente infantil, naif, incluso. Y se trata también de la interpretación anacrónica del ego, de la desproporción rotunda que surca lo inférfitl de los márgenes neologistas. Fárrago en una postura de asco mental por la pulcritud y la distinción reticulada del ser y de la realidad. Profundo hartazgo inverosímil.

Cuando destaca la manía por encima de la voluntad se explora ciertamente una fabricación petulante, ignorante, disforme, colapsada. El fárrago lumpenletrado es una forma cíclica de intentar acceder a un mercado de bienes literarios desde la miopía obtusa del desconocimiento de canon alguno.

Y ahí está la famosa querella entre antiguos y modernos: ¿valen más los clásicos que los del presente? Por ello la alternativa lumpenletrada es la distemporaneidad, un destiempo, una síncopa. Mutilación siempre, para no alcanzar cúpulas artificiosas, para interrogar desde la efervescencia de un perfil caduco, saturante de autobiografía, indómito de revisionismos a medias.

No es una estratificación marxista de la creación literaria la que induce a incurrir en esta tipología. Es más bien la frustrante imagen de una existencia letrada raquítica, en ascenso, dudosa. Entre los años que pueden remontarse  a las pulsiones del fracaso psicoanalítico clásico, lo lumpenletrado induce a considerar que no hay más que participación social o capitalismo alfabético. Lo alfabetizante es más proporcional a esa pobreza del conocimiento canónico, como la cicatriz esteril de un profunda emblemática sonora, la de la clave de sol y la rítmica cuadrada.

Farragoso entonces es también el escrutinio de los intentos por ahondar en diálogos que mutilan el ímpetu creador, pero que también lo posibilitan, contradictoriamente. Al final de la jornada lo único que resulta de lo lumpenletrado es una intraducibilidad absorta, desvencijada, rotunda como vestido rasgado en un picnic. Y el fárrago responde a lo innecesario de la no comunicatibilidad del ser.

Todo en clave sapiencial, todo initeligible, todo expresado en esa pobreza del mal pensar, del torcido pensar, de una racionalidad carente, insalubre, patética. Al final no se ganan lectores se pierden lecturas.

De la indigencia visual

Comencé a distorsionar imágenes en 2010. Primero empecé utilizando imágenes pornográficas. Después de varios años realicé una especie de técnica mediante computadora muy simple: modificar imágenes y colocarles texto. Años anteriores realizaba la serie irreverencia poética foto collages con poesía. Al final se trata del pastiche visual. Un ejercicio flácido y quzá plagiario.

De la indigencia académica y la dificultad de ser un polígrafo

Cuando ingresé a estudiar historia en la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana en el año 2012 me denominaba indigente académico. Después de dos intentos de carreras no me queda más preciso otro rótulo. Y en ese ser escritural que representaba para mí la indagación imprecisa de autores y secuencias, de ese ímpetu quebradizo de mi escritura, extraviado entre regiones intelectuales variadas, podía decir que tenía algo de poesía en mi haber. No distinguía mucho entre la complejidad de versificar mis emociones y entre un prosaísmo escualido. Me extraviaba siempre entre la compleja trama de mi frustración antropológica y mis búsquedas literarias. Me perdía siempre intentando proponmer un itinerario intelectual.

En 2010 murió Carlos Monsiváis y por ese entonces yo estaba teniendo un acercamiento con el maestro Sergio Pitol. Cuando murió Monsiváis entró en mí un sentimiento profundo, relacionado a la muerte de mi madre, quien trabajó junto a él y otros destacados intelectuales en el Castillo de Chapultepec. Estaba completamente destrozado. Fui a un café en el centro de Xalapa, La Naval, compré hojas blancas y una pluma y me puse a escribir. Mi ensayo esperpéntico se tituló De la heroicidad e idolatría literarias o del arte de combatir con la voz. A propósito del deceso de Carlos Monsiváis. En ese ensayo, que al terminarlo entregué a Pitol como una muestra de mis “afanes literarios”, me propusé un programa intelectual derivado de tres hechos de muy dudosa realización en aquel año del bicentenario: la realización de una compilación de las obras de mi madre, efectuar la investigación sobre el conocimiento de Ignacio de Luzán en México y terminar de escribir mi novela. Este programa lo cumpli cabalmente entre 2016 y 2017. Al tiempo me convertí en historiador. Además ese ensayo fue leído por un gran y querido amigo librero que también se llevó este 2018: Eugenio Palomo, quien después de eso me obsequió el librito sobre vampiros escrito por Vicente Quirarte y me denominó escriba.

Polígrafo es un término amplio, que quizá me queda grande. Y quizá no por publicar o intentar hacerlo sea válido mi reconocimiento como hombre de letras. Si tuviera que enunciar lo que me falta leer para poder adscribirme a una corriente de pensamiento o para conocer una tradición literaria o para poder adjudicarme ciertas paternidades o distingos, creo que mi perfil intelectual sería más bien nulo. Pero sí he escrito poesía, aunque para los poetas que conozco no sea de gran relevancia mi trabajo. He escrito ensayo, también. He escrito novela. Y al final lo que subyace es el problema de los géneros.

Ahora estoy en el meollo de una crisis de identidad: soy estudiante de posgrado en una institución prestigiosa, publico mis ensayos en España, dejo morir mi blog, deambulo por un proyecto de investigación muy poco clarificado. La indigencia académica me orilló a realizar una que otra hazaña escrita, mi profesionalismo académico se va construyendo. ¿Soy consciente de las dificultades de abarcar la poligrafía? Lo veremos.

 

Escalar estratos de paraísos turbios

Los tiempos

que son roedores

del hombre

esculpieron

saltos adentro

del alma natural.

Los hombres

que son imágenes

materiales

contaron sus relatos

de la insigne

frustración de no volar.

Volantes vacuidades

indulgentes

promovieron el instinto

de acumular.

Acumulamos

las letras prófugas

del cantar, los signos

turbios de lo pasado.

Ancla de lenguaje,

origen abyecto

la sangre y el semén,

un ápice de cansancio.

Canzar el árbol

genealógico

es también

la pose

misma del día

en que nacimos.

Torpeza

del torpedear

rincones inocentes

así asa, so del tronar

la cacería

siempre condujo

a un trozo

de papel anterior.

 

 

 

Aducir

Contra el reflejo de la complejidad

absuelta la duda de su esquirlas

años son gubias

silencios manantiales.

Ruinas de vídeos

alquitrán de siglos anteriores

la visión ramplona, inquebrantable

del progreso. Mutismo, maldad,

una cicatriz reflejo demiurgo

teatralidad este escenario desvencijado

de caricias. Tumefacción así

navegar los tendones del aburrimiento.

 

 

 

Sueño complicar axiomas insalubres

por esta desquiciada rendija.

Motor matar el meteoro del dolor.

Antiguo horario de lunas y tenebras

en cinta la idea, preñada sí

de un arrullo raido y galopante.

 

Murmaramos también un complejo

insomnio, conquista, soplo,

insuflar los instantes de rocosas

imágenes superficiales.

Cada memoria esparce en otros

un tiento que es su bocanada de recuerdos.

Pérdida igual esta ideología ya caducidad

de una generación putrefacta.

Hacemos como las olas

una planicie de rencores,

pero caemos callando

en la esbelta prontitud de los refugios:

céfirantes de indómitos enquistes

—como esta cultura de letras que es

una práctica de roturas y embalsamamientos

librescos— dentro de los panteones

arribistas del ser. Un horizonte

que es lo inmenso contando

una finitud inabarcable,

impele al acto desdicho, dibujante,

del sacar al sol sus resquicios teológicos.

 

Invención raquítica, igual que

ácido —¿o ha sido?— el ser

lisérgico —doméstico—

fortuito —encabalgado

al logos fatalista—

demarcación constante

el ombligo terso de los lenguajes

prohibidos. Columna, vertebración

escupir tampoco es

rendirse a la marcha contundente

—escritura salto, ¿eres?—

insufriblemente corrupto

el espejismo —reflejo—

de la complejidad. Absorción

como si pudiéramos

renombrar el desindianizado

momento del nacer,

como si fuéramos aperturas

de hojas y gremios papeleros

—porque poéticos no,

literarios no,

históricos no—

escritura, sí, de tentar las ramas

del saber —cognitividad ¿esgrimes

aducir el cronométro de las formas?

estructura— por el amar

y el amor

de los amantes —amo también

esclavo— esclavitud a la ciénega

de los prófugos cantos. Dormir.

 

 

Como del reflejo la complejidad

de la marometa el asalto

al infinito troquelado, enlatado,

desfigurado, columnizado,

perdón, sí, no, ¿es tarde

para indagar los residuos del festín?

Si los filósofos piensan

¿es pensar

una intuición

del instinto

la estructura cansada

de los alfabetos?

Antigëedades mi sombra y mi nombre,

un nombrar tampoco los asideros

ridículos de los pantanos urbanos

—contra revolución autoinductiva

de las esferas truncas de mis ojos—

visualidad que ronca

los olores enmohecidos

de Aristóteles y Platón.

Era donde la cama decía

complejidad obtusa,

memoria de grises

emblemas —como de ciudad

atmósfera corroida ¿smog?—

también la contaminación

visual, insalubre acto —verbalización—

torcedura y símbolo

en el arrabal conflagratorio

de una orgía que es más ignorar

que destruir las formas simbólicas

en el aposento de la pulcritud eterna.

June the first and that 2002 vandalized Tokio street

That night I’ve danced

with all my soul. Were you watching

to me? The men voice told me:

you are crazy and you are going to keep on the trip.

Anyway, that morning I began to scream harder:

where are the psychoanalysts?

Well, that night in Tokio I began to scream against

the rest of my family, that June day.

And this is not a poem.

And an explosion occurs in Coatepec.

So no one will ever hear…

And that’s the nightmare… of my memory.

Good by unloved of my life.

And it’s all right

The hell is running all around and I miss you. I will never know how it feels to kiss you or huge you or make breakfast for you and its all right. I deserve this 16 years of repentance. I knew I won’t get nothing screaming and all what I’ve got was miserable and hateful. No it’s too late. I dream with you from times to times, I’m an idiot now as I was on 2002. I hope you’ll be happy and full and calm and loved, wherever you are, whoever you’re among of.
I was’nt brave enough to do anything else but scandalized. This hell is running all around, every day, and I dreamt with it, before my mothers dies. This present place called earth never has been a peaceful place to live. I wish you could live and die in peace, even if my psychotic love for you just starts this realm of flesh and excess brutality.
I remember well 2002, and the paths and the game, and they commanding my mind, the TV, calling me, tearing me up inside, destroying my memories, fucking me psychologically.
I had a vision one day of that summer. Suddenly I saw you and you cross me, your soul cross me, and I had an orgasm, and my weakness, all that weakness, grew up faster. The Dexter Show was just the beginning of my punishment. You broke something inside me with your soul that night, and subsequently everything broke around me. I knew I won’t get anything screaming to the world that day when Jean Paul II canonized Juan Diego. Nowadays I even dream with Vicente Fox, and this fucking nightmare is unstoppable, this nightmare all around. The fucking hell is running. I don’t believe in churches or religions. I will never commune. So I just can say that children must go to the church to be different as I am. I will never commune, I will never confessed with a Bishop or Father. I begun to scream just to prove that no one will ear me. The years pass away, every year I remember that dance with you. Many times I wonder what would it be if I had chosen go to seek you and confess my love to you. But I just get mad, and mad, and mad. Now your friend Mariana lives en France, as Frida lives there, as Claudia lives there. Those days I wanted to study global social phenomena, I was the anthropologist of the UAM. And my friend Tania is death, and Scarlet,the girl who I’ve danced with, the fake kiss girl that day, I don’t know where she is. And I dreamt with you my first night in Tokio, and you was more beautiful and wise every dream I had.
Now is too late, I can’t find the forgive, I will never forgive me, I will never be calm, maybe with death I will find the peace that I won’t have in life. It doesn’t matter, it never matters.
You must be happy practicing feldenkraise and rising your child. It’s all right.
The system is unchangeable, they will find you, the will torture you, they will kill you, they will disappear your. We are just numbers, registered numbers, and we don’t have any fait or hope or consciences. We are all cut by the same scissors, and they are watching us, they are seeking us, they are registering our lives, they know everything about us. We never can change the world. They command, they invent, they grow up every day a new strategy to control us. I will never be able to live once again the change of be near you. And it’s all right. You told me that I was idealizing you, and thats for sure. This punishment, self punishment, will destroy me. And its all right.