Homenaje a Margarita Urías Hermosillo en el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana 24 de agosto de 2018

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Fiesta de Corpus Christi en Tarecuato, Michoacán 2018

El día 1 de junio nos dirigimos algunos compañeros del Colegio de Michoacán al poblado purépecha de Tarecuato para presenciar y ser testigos de las festividades del día de Corpus Christi. Llegamos en la mañana, temprano, cuando se iniciaban los preparativos de la fiesta. Nuestra anfitriona, la compañera Guadalupe, es oriunda de dicha población y nos condujó a su casa familiar. La fiesta se desarrolla en el atrio y las inmediaciones de la Iglesia principal. Tarecuato es un poblado constituido en las primeras oleadas evangelizadoras franciscanas del siglo XVI en el territorio michoacano. El viaje lo emprendimos desde la ciudad de Zamora, saliendo por la población de Jacona hacia Tangamandapío. El viaje en el transporte colectivo fue interesante pues se distinguieron distintos tipos de pasajeros con rumbo a localidades más allá de nuestro destino.

En la Iglesia de Tarecuato se desarrolla la ofrenda ritual de cada gremio de su oficio como parte de la festividad

Al llegar a Tarecuato nos agrupamos, visitamos las cercanías de la Iglesia y era posible distinguir una serie de actividades de organización de lo que sería el núcleo territorial de la fiesta. Se notaban distintos hombres movilizando y cargando cartones de cervezas y cajas de refrescos, además de que podía observarse lonas y toldos instalados en una disposición particular.  Fuimos a la casa de la famlia de Lupita donde nos recibieron muy amable y atentamente. Nos invitaron un almuerzo consistente en un atole hecho con pulque y unas gordas de trigo, pan también hecho con pulque y harina de trigo. Nos relajamos un poco del viaje, nos presentamos con la famlia de Lupita y tomamos nuestro refrigerio. Fue muy cálida la recepción en la casa de la familia de nuestra compañera, llena de una especial atención, de un interes particular y de una emoción propia de una visita distinguida. Al terminar nuestros alimentos nos preparamos para encaminarnos a la plaza central, donde la fiesta ya se desarrollaba. Desde donde estábamos se podía distinguir los coetones y la música de banda, lo que indicaba, aunque no lo supíeramos, que la fiesta había comenzado.

La fiesta tiene un motivo y eje estructural importante en el recinto religioso, la Iglesia principal, donde se realizan las ceremonias rituales de los distintos gremios que conforman las activiadades productivas de la población. Cada gremio se aproxima a la Iglesia, en procesión, acompañado por una banda de música que entona la tonada particular del día de Corpus. La música se acompaña por cierto tipo de baile o ademán corporal de los participantes. A la par se arrojan cuetes al cielo. Las procesiones representan los distintos oficios de la población: albañiles, comerciantes, cazadores,

Los santos segmentan los distintos barrios de la localidad, lo cual también indica la distinción de oficios y labores de cada uno de estas divisiones territoriales.

aguamieleros, entre otros. La procesión ingresa a la Iglesia y los músicos permanencen afuera entonando la tonada respectiva. Dentro de la Iglesia se encuentran los santos y las vírgenes protectoras de los barrios de Tarecuato.

Así, la celebración del día de Corpus está marcada por una ritualidad donde los oficios, actividades productivas que segmentan a la sociedad tarecuatense, son ofrendados. Las procesiones tienen cada una su banda, su cohetero, su gritador, los cargadores de la urna del santo y un grupo nutrido de agremiados.

Una vez que cada gremio ha ofrendado su oficio en la Iglesia, continua su camino, sale del recinto religioso y se encamina a alguna de las lonas o toldos donde se ubica para mantener su actividad musical y proseguir con su baile.

Una vez que la procesión ha salido de la iglesia continua, al disponerse en alguno de los toldos, se inicia toda una actividad ritual en otro sentido: el baile de parejas se convierte en el principal motor de la actividad, se ofrecen bebidas (cervezas y refrescos), además de que en los toldos hay dispuestas sillas para damas y caballeros donde se pueden hacer peticiones de baile. La música nunca cesa, variando de melodía y de canción según sea el caso. Cada gremio trae consigo su banda de música de metales. Así, gradualmente cada procesión de cada gremio ocupa un lugar en la plaza central frente a la Iglesia.

Llegada del gremio de los jinetes. Del lado derecho están los caballos y del izquierdo la procesión, atrás, vestidos de amarillo, se encuentran los músicos de la banda.

Cuando los gremios suscesivamente se van acomodando el baile predomina. Muchos hombres beben, otros bailan con las mujeres. El gremio de los cazadores de venado traen consigo mosquetes y truenan balas al aire. Los comerciantes traen pequeños objetos que simbolizan sus mercancías. Los agricultores traen espigas de trigo. Las bandas no dejan de tocar y se crea un ambiente festivo muy sólido e imponente. Estuvimos por varias horas en distintas carpas de gremios, bailando, escuchando la música, tomando refresco

Distintas bandas de músicos se mantienen ejecutando canciones a lo largo del festejo

y otros cerveza, conociendo la profunidad de la fiesta. En algunos gremios nos invitaron a bailar y nos dieron de tomar, en otros solo bailamos sin intercambiar muchos detalles. La fiesta se va tornando cada vez más social, más amplia, más nutrida. Hasta las 3:30 pm que estuvimos no hubo comida, pero Lupita nos contó que llega un punto en el que se ofrecen alimentos a los concurrentes. Todo es una verbena popular de magnitudes comunitarias ampliadas.

Después volvimos nuestros pasos a la casa de Lupita, donde nos aguardaban con una comida propia de la fiesta: churipo, que es un caldo de res con verduras y un poco de chile, tortillas de maíz hechas a mano, corundas (pequeño tipo de tamal regional), agua de chía y limón y la cálidez de los anfitriones. Nos dispusimos a comer, conversando de temas distintos. La comida nos repuso, nos permitió compaginar diálogos y descansar del trajín de andar en la plaza central. La comida que nos compartieron fue sumamente especial, claramente hecha para nosotros, los visitantes, como una forma de reconocernos como aliados y amigos, como compañeros, de Lupita, jóven purépecha que estudia en el Colegio de Michoacán. Al finalizar los alimentos gradualmente nos fuimos despidiendo de la familia anfitriona. Nos agredecieron mucho que hubieramos ido y que fuéramos amigos y compañeros de Lupita. En un tono de gratitud total y recíproca, nos sentimos honrados de ser recibidos y prometimos volver en otra ocasión, quizá para la fiesta de octubre, la principal del pueblo.

De esa forma nuestra expedición a Tarécuato nos permitió conocer una festividad y

Procesión en camino, andando rumbo a la Iglesia

estrechar lazos con una familia purépecha que, cálida y hospitalaria, nos ofreció lo mejor de sí misma y nos hizo sentir tan bienvenidos que nos emocionó y conmovió. Volvimos al centro del pueblo a tomar nuestro transporte de vuelta a la ciudad de Zamora. En ese punto la plaza estaba a reventar de gente. Ya habían comido y se seguía bebiendo. Había muchas parejas bailando. el gentío parecía resolverse agitadamente en un caos colectivo muy bien organizado.

Al volver reflexioné sobre la condición humana, sobre los excesos de las fiestas, sobre las diferencias entre la sociedad rural e indígena mexicana y la sociedad urbana, reflexioné y pensé sobre ese México profundo de Bonfil Batalla, y ese otro México, españolizado, europeizado, moderno. Pensé también en el alcholismo de la población, en la animalidad que representa ostentar la hombría al ser el que más bebe o el más temerario o el más fuerte. No puede evitar sentir tristeza al ver a un hombre, más o menos de edad, tirado en el suelo de borracho. No puede evitar reafirmar el alcoholismo nacional en México, ese tipo de barbarie histórica que acompaña la poltrona ritual mexicana. Pero pensé en la humanidad de esas fiestas, donde quizá al final siempre haya una tragedia, donde quizá haya también cortejos, donde tal vez se reafirman los vínculos comunitarios, donde no hay tiempo ni esperanza ni futuro porque todo es el despilfarro del momento. Y pensé que no hay civilizaciones o culturas o formas sociales superiorres unas a otras, pensé que en sus propios términos lo que se vive en esa fiesta valida y legitima toda una serie de actividades. Y pensé también que ya no puedo ser antropólogo ni tampoco etnografiar ese tipo de eventos porque cada vez estoy más alejado, por decisión propia, de inmiscuirme en escenarios y ambientes de ese tipo. Y me dí cuenta que mis búsquedas en papeles antiguos, en periódicos y libros viejos, me alejan de la materialidad corpórea presente de pueblos y personas, pero que es mi decisión personal. Pensé también que nunca había estado o no recordaba haber estado en una fiesta de ese tipo y que por una vez en la vida es bueno saber las formas y los modos en los que otros viven la realidad.

Músicos y concurrentes a la fiesta de Corpus en Tarecuato

 

 

 

 

 

 

 

Enlaces de interes:

Tarecuato por Anne Bonnefoy:

http://www.lugaresdemexico.com/tarecuato.html

 

Tarecuato, Michoacán

https://sites.google.com/site/trajetipicodetarecuatomich/

 

Conservación del medio ambiente en Tarecuato por Maricela Amezcua Morales

Propuesta pedagógica (tesina) Universidad Pedagógica Nacional

http://200.23.113.51/pdf/29717.pdf

 

Disputas por el gobierno local en Tarecuato, Michoacán 1942-1999 por María del Carmén Ventura Patiño (libro)

https://books.google.com.mx/books?id=KrUe0OpCzuQC&pg=PA189&lpg=PA189&dq=Los+santos+de+los+barrios+de+tarecuato&source=bl&ots=xY4M0i7RpM&sig=Ze4TGS45dL-tlb7ppoQL8TntNzo&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwiGqY3k17XbAhVEMawKHRx5BhcQ6AEIUzAL#v=onepage&q=Los%20santos%20de%20los%20barrios%20de%20tarecuato&f=false

 

Vida nueva para Tarecuato por Carolina Rivera Farfán (libro)

 

https://books.google.com.mx/books?id=NxY8aDWWmLIC&pg=PA80&lpg=PA80&dq=Los+santos+de+los+barrios+de+tarecuato&source=bl&ots=-4ergyh_ix&sig=7y26ZXRP3W2wuYuh3Vtu9387gEM&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwiGqY3k17XbAhVEMawKHRx5BhcQ6AEIVjAM#v=onepage&q=Los%20santos%20de%20los%20barrios%20de%20tarecuato&f=false

 

Prepara Tarecuato feria del atole por Redacción del periódico Cambio de Michoacán

http://www.cambiodemichoacan.com.mx/columna-nc39096

 

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Ya estoy absurdamente ido

por el espejo que fui

contra el bestial nombre.

Esparso saltos de ruindad

en la atmósfera

porque a cambio de unas monedas

mi alma gime rota en una esquina

del universo.

Ya lejos de correr camino

transitando edades

con las mismas obsesiones

que a los 9 años

aunque siendo realista

nada es más:

decirle a la mujer que deseas

te amo.

¿Qué importa la cartografía antigua

si todo el tiempo es una pérdida

obsesa de senos capitalistas?

Ya más que correr camino

fumando a tientas mi futuro,

dijo un conocido más vale fumar

que ser fumado

yo digo

me esfumo del día aquí y ahora

fumé y no soy fumado

puedo beber humo tranquilamente.

Ptolomeo no es la fuente

de la imbecilidad

no, tampoco lo es

el imposible horizonte

cultural de Descartes.

Soy yo, aquí, con plumas

rojas enrojeciendo mi anima,

porque al final me iré de este asiento

y caerá en mi el idiograma del amor.

Otra vez, sí, siempre, Japón, aunque

no sea momento de esclarecer los ángulos

de la perpetuidad. Adiós, ya fumo, ya me voy,

más que correr camino, lejos de eso, aquí

estaba dispuesta la maquinaria de una irreverencia

fotográfica y mi sentido es ausencia

hoy, día de cuetes en un paraje del universo.

Diablitos

Equivocación si es decir

equívoco si es aquí

equivocados de noche

los diablitos sus conversas

realizan en el abismo de sus secretos.

La bullanga de su picardía renueva

entonces la plática de su error

y su vasilón al hombre induce

de todas las faltas el hacer.

Los diablitos componen así

la melodía destructiva del horizonte.

Desrealidades

Desinvento horizontes desfigurados en una arroba decimal de silencio, flauta la queja de los mares contigo estar encima de las producciones moleculares. Absorto inyecto biomasa a los escondites del ser, compro axiomas en la bolsa de Wall Street, intuyo remansos de fuego, circunscribo átomos de memoria que son insípidas figuras en el banderín del tiempo. Arriba existía un cielo donde podíamos conquistar los espejos del alma, pero ahora navegamos suturados los abismos del tedioso instinto y resquebrajados manejamos también los días y las noches. Como una especie en peligro de extinción mi aliento canoso de rencor esparce por doquier una pizca sentimentalista y torpe, designio de un amor desvencijado, como olla de peltre oxidada, enterrada en un lote baldío.

Entonces como siempre llega el mago indicando el camino del flagelo inquisitorial porque los mentados jesuitas checos olvidaron también evangelizar a los raramuris de la sierra. Porque también el mago que nos impulsa a la mediocridad nos olvidó todo este tiempo. Sembramos los campos fértiles de las nuevas generaciones y caemos prófugos en un sin sentido que desdice lo que anhelamos. Torpeza estar aquí contra la poltrona de las décadas fugitivas y enquistar con alfabetos torcidos el instante que evanescente surca la deteriorada faz del iris.

Desfigurar también es involucrase levemente con la causa de los ignorados, como todo ese montículo de nota roja que siempre aparece en todas partes. Desproporcionalmente estamos extraviados en una monocromático sopor que nos dicta las frecuencias marchitas del lindero del caos. Emblemas más emblemas menos nos acomete la empresa que nos fabrica todo este deseo de consumir, de ensanchar, de engrandecer a los otros todo el tiempo. Despilfarro entonces esta verbalizad escueta, como marea del índico pero también como conquista portuguesa en Japón, o peor aún, esta hagiografía de un santoral derruido en su laicidad. Entonces, como si Descartes pudiera salvarnos, indicar los derroteros de la fiebre que nos arremete cada vez que soñamos la pesadilla.

La pesadilla también es ese desinventar desinformar desestructurar, también es que esto que no es exista contra el pelaje mismo del sin sentido, desdicho, corte y confección de una palpable irracionalidad que engulle la visión de los conquistadores conquistados. No es también el rememorar las marionetas nepalís ni tampoco es, quizá en el fondo sí, esta agobiante marca de los fuegos olímpicos griegos. No, no es demasiado tarde cuando ha sido demasiado pronto para olvidar. Un flujo de recuerdos, eso que es también la proyección, el insight, la predestinación de vivencias, que es la pesadilla nuestra de todos estos últimos 20 o 30 o 50 mil siglos, eso es también la obsesión marchita, la fijación que dicen es más que una oralidad mutiliada.

Oremos en esta playa desgarrada de personalidades despersonalizadas en el desquicio desapropiado del disforme disyuntivo discapaz desenigmático andar en esta jungla de imágenes.

 

Otro puerto la vida

Dicen que hay futuro

para el talento

no lo hay. Hay procesos,

caminos, instantes. Dicen,

además, que somos átomos

de amor: ¿amamos? Somos

mitades quebradas, tejido

de historias y tedios, cicatrices

somos, hoy nombrados silencio.

¿Es esto un camino, esbelto y trigueño

de dulzura, como ese paraíso perdido

que nos arropa prístino de memoria?

Claudicamos al camino, al andar los

limites de la verdad ¿existe la esencia

del significado en este arrabal de años?

La vida es, somos en ella, también escondite

y estructura de las mareas —extravíos dentro

generaciones inombrables— cargando un epitafio

que es nuestro nombre, indecible, estupefacto

instinto en la ferocidad de un andamio pasajero.

También la vida es un puerto

un punto de llegada

una complicidad compartida

un asomarse a las narraciones

que de absortas migajas del ser

nos impelen a llegar, sí, a llegar

a un otro sitio donde resguardar

del descanso la fatiga de los hechos y los actos.

De la indigencia académica y la dificultad de ser un polígrafo

Cuando ingresé a estudiar historia en la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana en el año 2012 me denominaba indigente académico. Después de dos intentos de carreras no me queda más preciso otro rótulo. Y en ese ser escritural que representaba para mí la indagación imprecisa de autores y secuencias, de ese ímpetu quebradizo de mi escritura, extraviado entre regiones intelectuales variadas, podía decir que tenía algo de poesía en mi haber. No distinguía mucho entre la complejidad de versificar mis emociones y entre un prosaísmo escualido. Me extraviaba siempre entre la compleja trama de mi frustración antropológica y mis búsquedas literarias. Me perdía siempre intentando proponmer un itinerario intelectual.

En 2010 murió Carlos Monsiváis y por ese entonces yo estaba teniendo un acercamiento con el maestro Sergio Pitol. Cuando murió Monsiváis entró en mí un sentimiento profundo, relacionado a la muerte de mi madre, quien trabajó junto a él y otros destacados intelectuales en el Castillo de Chapultepec. Estaba completamente destrozado. Fui a un café en el centro de Xalapa, La Naval, compré hojas blancas y una pluma y me puse a escribir. Mi ensayo esperpéntico se tituló De la heroicidad e idolatría literarias o del arte de combatir con la voz. A propósito del deceso de Carlos Monsiváis. En ese ensayo, que al terminarlo entregué a Pitol como una muestra de mis “afanes literarios”, me propusé un programa intelectual derivado de tres hechos de muy dudosa realización en aquel año del bicentenario: la realización de una compilación de las obras de mi madre, efectuar la investigación sobre el conocimiento de Ignacio de Luzán en México y terminar de escribir mi novela. Este programa lo cumpli cabalmente entre 2016 y 2017. Al tiempo me convertí en historiador. Además ese ensayo fue leído por un gran y querido amigo librero que también se llevó este 2018: Eugenio Palomo, quien después de eso me obsequió el librito sobre vampiros escrito por Vicente Quirarte y me denominó escriba.

Polígrafo es un término amplio, que quizá me queda grande. Y quizá no por publicar o intentar hacerlo sea válido mi reconocimiento como hombre de letras. Si tuviera que enunciar lo que me falta leer para poder adscribirme a una corriente de pensamiento o para conocer una tradición literaria o para poder adjudicarme ciertas paternidades o distingos, creo que mi perfil intelectual sería más bien nulo. Pero sí he escrito poesía, aunque para los poetas que conozco no sea de gran relevancia mi trabajo. He escrito ensayo, también. He escrito novela. Y al final lo que subyace es el problema de los géneros.

Ahora estoy en el meollo de una crisis de identidad: soy estudiante de posgrado en una institución prestigiosa, publico mis ensayos en España, dejo morir mi blog, deambulo por un proyecto de investigación muy poco clarificado. La indigencia académica me orilló a realizar una que otra hazaña escrita, mi profesionalismo académico se va construyendo. ¿Soy consciente de las dificultades de abarcar la poligrafía? Lo veremos.

 

Ha muerto el astrofísico

Ahora los años se viven
por las grandes muertes,
por las pequeñas muertes.
Este necropatia totalizante
conduce nuestra simulación
de vida por los rieles de destinos
oligárquicos y ajenos.
¿Cuándo perdimos la voz
quienes en la lucha buscamos
una forma de vivir?
Nacemos y moriremos,
en este escenario de sangre,
huesos e injusticia,
ajenos siempre a la armonía
del plácido manto de la luz.
Los años se viven
y se recuerdan
por la muerte
que después es memoria
y vida, ¿pero se viven?
Hoy también murió un olvidado
en vida, murió un recién nacido,
hoy también murieron personas
que valían no por su hechos
sino por estar vivos.
Séneca decía ley es no pena morir.
En el fondo la ambivalencia
necropatia-biopatía, en el fondo
la tremenda mascarada de ser alguien,
ser algo. Patrañas, este laboratorio
de muerte es también
eso que prometen eterno
cuando te incautan,
eso de efímero que tiene
el don de preservar los instintos.
Nada se logra en el hoy que es pasado,
hombres injustos son canonizados,
niños son violentados —y empoderados
en una farsa multinacional y local—
mujeres son explotadas
para alentar generaciones que también
habrán de morir, un día.
¿Cuál es la proporción de los méritos
para valer un recuerdo, un funeral,
una ventaja imbécil sobre la muchedumbre?
Este tedio que heredamos de nuestros ancestros,
disfrazado de deseos de superación,
es una red de idiotez y sensacionalismo.
¿Existe una totalidad que sea igualitaria?
Nunca hemos sido ni buenos ni malos
hemos sido instintos bajo el mito racional
de una faz evolucionada y superior.
Pero el cuento, si el tiempo inabarcable
puede llamarse así, no termina hoy
ni terminará mañana. El cuento —si lo que querían
era cinematografíar algún tipo de realidad—
es independiente a nosotros.
Náufragos en el designo del presente
—oh presente saturado y por ello infértil—
¿qué nos deparó ese mañana que ya está
vendido, mutilado, roto en las fauces
de este esclavismo que no respeta edad,
género, condición racial ni educación?
Ya es tarde porque hoy murió el gran físico.
¿Tardaremos en aceptar que no somos nada
sobre la faz de este territorio que también matamos?
Hay personas y grupos que tienen esperanzas
yo creo que en el fondo y en la superficie
nunca dejamos de ser animales pero perversos.
Todas las realizaciones utópicas del hombre,
todos los inventos, todas las formas
en que expresamos nuestra “genialidad”
no son nada por nosotros
no podemos ser juzgados por nadie distinto a nosotros
porque somos, increíblemente, los asesinos,
lso destructores, los fanáticos.
Y los sin nombre, sin voz, los anónimos,
los de un día de sensación —en la nota roja, en la TV
o en la radio— son ese polvo
para que otros inmensos insuflen de
axiomas una hipotética conducta moralmente
estigmatizada. Ya no puede haber historia
porque no hay teleología —acaso sí la haya
y sea la del aniquilamiento—. Entre las sombras
de todas las formas vivientes en miles de milenios,
nos arrobamos y abrogamos el derecho
a creer que valemos por nuestros méritos
y no que estamos aquí en un tiempo prestado.
¿Hay una solución al enquiste del silencio
que deja la podredumbre que hemos construido?
Nadie debería morir sin un abrazo
sin besar a un otro
sin conocer y saber
sin rayar los bordes de la locura
para volver a un vuelo de vida inmensa.
Estamos extraviados en este presente
y en el desamparo cotidiano
de la necropatia del hombre por sí mismo.

Lirismo fútil 

Aqui escapa un nosotros

tibia la hora de la persecución 

un nosotros aquí se funde

en inmensidades apócrifas.

Allá un horizonte aguarda

límites insospechados

cobija cierta de nuestra demografía.

¿Hubimos de hacer un escondite

luminoso de misterios 

cuando salpicados de tristeza

esparcimos fugitivas memorias

de nuestro poblar la región del sol?

Nada logra embellecer la rendija

que ensombrece nuestra mirada

como utopía fracasada que es recuerdo

en nuestro marchar a la laguna 

tersa de los ancestros.