Desamores polvosos 1

 

Evocando, recordando, sintiendo, a mi amiga, Citla.

Salud comadrita, desde el extrañamiento profundo.

A rehacer el andar.

 

No imaginar el fondo

de un dolor:

trance

ese silencio de ausencia amada.

Duelo, masacre de párpados, lágrimas

un bohío triste, puerilidad

el llanto mismo de la despedida.

Nombrar el alma sus grietas

acto heroico, piezas

rotas la vida, un puño de alegrías

resquebrajadas, mutilación

fabuloso desengaño, muerte

siempre presencia

en lazos rotos: la unidad del amor

quebranto, viaje al incómodo y molesto

deambular recuerdos.

Desamores polvosos

esta geometría de cuerpos en separación.

 

 

Draco poiesis vitae

Espuma tu aliento

mi boca, certeza,

tiento, mañana gris:

humedad de silencio.

Aquí era la época

del amor y es hoy

del episodio roto,

como corazón,

el año del dragón

vencido: tú, aposento,

mía la vocal, nuestra

la playa insomne

de un beso.

Irreverencia poética 20

Fuimos sin cautela

un beso y florecimos.

Comparsas de caricias

nutrieron nuestros cuerpos.

Pero al final dejamos siempre

un halo de distancia en el amar.

Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

Micro poesía 34

El beso coge

del silencio

la forma

y enciende dentro

el ruidoso universo

mutuo del amor.

Charcos

Esta es la mañana que nos habita, como nosotros somos trozos de papel incinerado. En el ahora, diluido entre cobijas y persianas, duermes. La lentitud presencia nuestro atisbo amoroso, entraña misma de una noche donde nos desvencijamos por el miedo a la soledad mutua, donde caímos en la torpeza de amar, de indagarnos, de perfumar una porción de universo con el aire mismo de nuestro esfuerzo amatorio. El sol ha salido ya desde hace 40 minutos. Desperté, intentando omitir que te irías pronto aquella mañana. En la cama voltee a verte, me inmiscuí en el escrutinio preciso de tu perfil, en la pesquisa perecedera de tus ojos cerrados, de tu torbellino de aliento que me rompió la noche anterior los paños mismos de mi pesadumbre. No puedo si quiera creer que en un par de horas ya no estarás más aquí. Y aunque todavía duermes en mis brazos, ya me siento solo de nuevo.

La lluvia anoche nos hizo beber whisky y fumar un porro en la calle, precipitados, envueltos en la mística psicodélica del barrio rojo donde nos encontramos. Todo fue un simulacro de ausencias, porque al final de los tragos, al final de la rumba, nos decidimos pronto a huir a mi casa, a perdernos lentamente en los besos que nacían ya, como golondrinas volando hacia el sur cuando llega el invierno. Nos precipitamos también en el taxi, siempre que tu boca —boca de arena y marejada de emociones— narraba tus peripecias en el mercado, en un callejón donde compraste tus inciensos, en el trolebús donde dijiste recordar el rostro de un niño que dormía plácidamente. Ese vehículo, ese taxi, donde la emoción traslucía tu mirada, donde mis manos anduvieron tus muslos, donde te desabotonaste la blusa y me dijiste que te besara como si fuéramos esposos y amantes desde hace miles de vidas. Teníamos 40 minutos de habernos conocido y éramos felices. Todo el trayecto me tocaste entre las piernas, mirando mis ojos con picardía y atrevimiento, hasta que susurraste en mi oído —te la quiero chupar hasta el fondo— y el taxista nos veía como dos extrañas islas de sentido, de emociones, de sexos entreverados con la noche. La tormenta duró hasta las 4:40 de la mañana y nosotros seguíamos amándonos, seguíamos explorando la infinita faz del caudal sexual. Tarde comprendí que no podía enamorarme, que debía mantener mi fuero interno intacto, porque después de comernos, me di cuenta que tenías los ojos más extraños y hermosos del mundo, los senos más morenos y torneados del planeta, la boca más sensual y el aliento más exótico de todos. Tarde porque eran las 6:30 de la mañana cuando finalmente quedamos dormidos los dos.

Nos contamos de todo mientras nos amábamos: anécdotas juveniles, sitios de interés, deseos y traumas, eventos importantes, todo lo que nos hace ser lo que somos. Enfrente de nuestra unión, en el territorio del sueño a tu lado, exploré también los efímeros paraísos de haberte amado con tanta enjundia y furor. Soñé que viajábamos a la India y que nos dedicábamos a vender nueces en un mercado de Coyoacán. Fueron los coloridos detalles de mi sueño los que me hicieron despertar súbitamente. Te encontré dormida y me fue posible evitar saber que seguías a mi lado. En poco rato te irás de mi vida, te irás y te llevarás la felicidad más grande que haya tenido, la ternura más trémula y la osadía más afortunada que me hubiera alcanzado a vivir. Sé que fuimos un cosmos, igual que los charcos que están ahí afuera, después de la tormenta, y que reflejarán tu andar, cuando yo haya hurgado en mi piel para encontrar tu perfume. Sé que te irás y me despediré dándote las gracias por haber desinhibido mi psique y mi cuerpo. Y los charcos se evaporarán pero durarán hasta la tarde y entonces sabré que no fuiste un sueño, sino que me deje llevar por el soñar tuyo de aventuras y regocijo.

Ignorar el trance

Así

una canción

esparce

aroma

de sexo.

Pero

dejamos

en el banco

los días,

las manos,

el cincel

del amar.

La rendija

somos

cuando

evadimos.

¿Acaso evasión

conquistas

recelosa

el beso?

Extraños,

amantes

siempre

en pleno vuelo.

Amasijo de caricias.

Locomoción

Circular tono

de sílaba, do,

acorde y fenotipo,

como el amor

cuando es primavera.

Balada del antes y el después

Blandir el eco

tu nombre, cierto

insigne amor,

nosotros: torrente

cúspide de cielo.

Antes de ti

la nada, ningún foso

de vida galopante,

ninguna esquirla

de latido, corazón

batido contra la raza

del abandono: dolor

inquebrantable esperanza,

tu boca y el beso tuyo.

Cansancio previo

de años almacenado

que infiltró los tendones

de la miseria. Después tú,

nueva, noticia, novísimo impulso

nosotros, besarnos, como niños

inexpertos amar, te amo entonces.

 

Libertad (es)

Sospecha los ayeres

pero camina, mantén

encendida la cama,

los días que escriben

compases de vals, invoca

aromas y baladas, prosigue

entretejiendo colores. Eres

una conquista cósmica,

universo y aditivo al sendero

del amor. Nunca es demasiado pronto

ni tarde para distinguir el silencio.

Devana tus pensamientos

fabrica tu ritmo, indulta tu tiempo,

para las ramas del sentido encender

con el fósforo de pieles recorridas.

Deambular las mareas de amistades

como océano de memorias es calibrar

entonces el signo mismo de tu presente.

Averigua acaso si las golondrinas murieron

pero no desistas de sonrisas o claveles.

Encima del día a día se levantan las cúpulas

de la sorpresa y en la muchedumbre del trote,

que es trotar los años cuando el corazón es roto,

zambulle los fragmentos de tu alma en el devenir

inmenso de la conflagración luminosa: el cosmos

mismo contratando el instante de tu plenitud.

Si un día

Lo piensas, constantemente, te detienes. Intentas argumentar a favor o en contra. Nada consigues. Es ridículo creerlo, esa obsesión truculenta, ese instinto refrenado, eso ego capturado. Cada mañana te levantas, haces tus ejercicios matutinos, desayunas ligero, evitas el café, te duchas, tomas tu bicicleta, vas a trabajar. Al medio día, en el lunch, notas que a Gabriela le gustas tanto como a Magda, pero evitas ser directa. Tarde o temprano tendrás que darles el sí, quizá a una o a las dos. Como toda ejecutiva llevas falda y traje sastre. Has olvidado lo que es el sexo y desde que conociste a Natalia, esa que te abrió las piernas y te chupo los pezones, no paras de imaginar lo que sería una Gabriela o una Magda en tu poder.

Una tarde, ya de horas extras, Magda pasa a tu oficina. Lleva el botón de la camisa desabotonado. Te comenta que quiero mostrarte los avances de un proyecto. Tú pensabas en irte ya, sobre todo para no volver de noche con tu bicicleta. Adelante, puedes pasar, contestas. Entonces Gabriela sale de tu oficina y te comenta, volveré en un momento. De pronto, zaz, tu pesadilla erótica vuelta realidad. Ahí están Magda y Gabriela para presentarte los avances del proyecto. ¿Dudas acaso que no quieran coger contigo? A ver chicas, ¿es más extenso el proyecto?, les preguntas después de media hora. Estás húmeda, pero sobre todo contenido. No puedes olvidar los pechos de Natalia en tu boca, pero haces un esfuerzo por no parecer erotizada. ¿Podríamos ir a cenar a alguna parte? Replica Gabriela. Todo confabula. Está bien, tómense el día de mañana, cenamos hoy juntas y me muestran sus avances, volveré a casa en taxi. Todo en orden.

Acabas de subirte al tercer taxi de la noche. En la parte trasera Gabriela, Magda y tú. De pronto las copas ya son notorias. Muy buen proyecto chicas, excelente propuesta, pero falta algo. Entonces aprovechas el silencio, el suspenso generado. Les voy a dar una orden y si la cumplen seguimos si no las veo el viernes. Ese miércoles habías postergado tu regreso al gym después de una lesión y ahora estabas fogosa y atrevida. Desabróchense los tres botones de arriba  y muéstrenme sus pechos. Gabriela no lo piensa, incluso toma tu mano, que vas en medio de las dos, y te la pone en su seno. Magda se acerca y te dice: llevo meses queriendo besarte. Todo va bien. El conductor del taxi de pronto voltea por el retrovisor y no da crédito. Todo está en orden. Son 160 pesos. Pagas el taxi y las tres bajan en tu casa. Adorable tu gata las recibe en el visitador, se adentran en el pasillo y entonces das rienda suelta a tus instintos. Todos tus años de represión afloran en un trío inmensamente erótico, divertido y sensual. Hasta que olvidas todo y te precipitas: escuchen chicas, yo las amo, yo las adoro, no perderán su trabajo. Y Gabriela te ve con complicidad, y Magda te ve con complicidad, y tú ahí, masturbándolas. Pasan las acrobacias y los esfuerzos. Finalmente eres feliz, aunque mañana tú si vayas a trabajar y Gabriela y Magda no.

Rincón nosotros

A mi novia, Reneé

 

Si en tus ojos

encontré el cielo

es porque tu boca

imita la curvatura

de las estrellas:

porque tu alma brilla

y enciende mi vida

hecha penumbra antes de ti.

Contigo quiero nunca perder

el ritmo inherente de nuestros corazones.

Neo Micro Poiesis 3.c Serie de Micro Poesía

Refulge en el prisma del amor

la luz de la eternidad

que eres en el fondo

de mis sentimientos.

Soltura

Si sueño, amor,
espuma es
el abrazo tuyo
manantial y
caricia, espejo mío,
tú soñadora conmigo.
Soltura nuestra alcoba,
nuestro ruidito invernal,
como migración masiva
nuestras lenguas
y el dialecto de nuestros besos.
Caer en el ritmo:
acrobacia de nombrarnos
nombres inmensos de placer.

Somos

Las caricias son prismas.
Dentro de universo palpitamos.
Somos una cabalgata
en el prado del otoño.
Sonreímos y existe un ápice
de fulgor: nuestro torbellino
de alientos conjuntados.

Micro LVIII

¿Soñaron los soles

la crispada cúspide

del amor nuestro?

Sabemos que sueñan

con nuestras bocas:

un beso nuestro

que somos cada amanecer.

Amor presente

Tu que de selva muestras
la húmeda sabia de mi amor,
que de halcón invocas la rapidez
de mi deseo, haces que habite un mundo
como de sudor y canela,
mundo y foso de ternura y vivos contactos
con la felicidad y el asombro.
Saberte en mi vida
conocimiento de horizontes ignotos,
belleza tú y cálculo de mis adentros
entregados a tu rito: beso.
Rescoldo de mi desgracias trascendidas
tu faz expone un futuro que florece.
Imantado a tu néctar mi aliento sonámbulo
tuya mi voluntad y mi armonía
como mío el camino a tu lado, en busca
de la esencia y la materia de un amor único.
Languideció mi penumbra
con el rayo de tu sonrisa,
contagio viral tu cuerpo de tierra mojada,
en mi cadencia y búsqueda de ti
y las formas de tus nombres.
Tropel y ejército de caricias
ejercicio de mi mirada que en tus ojos
ubica el origen de todo placer.
Tú, presente de mis luces que son
mis manos que te tocan,
alumbras el cosmos todo de mi existir,
diluyes toda sombra de desamor,
me haces creer nuevamente
y vivo con el sol en frente y me regocijo.

Los segundos en la lata del silencio

Pasan

porque una vez un gorrión

volaba

pero pesan

contra los dentados pliegues

del canto mismo del árbol.

Recio enlatado, mutismo, nunca

estar inmerso en la colina del sol

¿por qué los atardeceres nos gustan tanto?

Acaso saber que la vida es gris, triste, miserable,

pero explota alegre y demencial, todo olvido

es presente, cuando deja de existir.

Como arena de playa, llena de colillas, amargura

expresso cortado, just a cloud please, té a la inglesa,

prefigurando los símbolos del mañana.

Torpeza de los estratos débiles del pensamiento

aforismo estar en tus pechos reclinado

para demarcar las atmósferas de tus esferas.

Lontananza esparcida en tu mirada, mi mirada, tuya

esta casa que soy todos los domingos. Sin ti, una vez,

pensé que era hora de ir a la ducha, pero falle, como Jordan

pero al revés y todos me omiten, me olvidan, nombre perdido

soy gamuza de sensaciones torcidas, imán de aire, vientos y sueño.

Así, la lata, es todo un candado que resguarda los trineos del amor.

 

A ti

Estuve pensando en ti

toda la tarde. ¿Será que en mis sueños

encuentre una humedad llamada nosotros?

¿Acaso la encuentre en tus pechos y tus labios?

No lo sabemos, todavía. Quizá mañana.

 

¿Qué extrañeza verte para perderte?

Así es

un mes y otro mes y todas esas mujeres

semejantes a ti

distintas a ti

y mis gritos

no escuchados

esta confusión que soy

desde nosotros, nadie,

sin nombre

eso que fuimos

nada

baile quizá

quizá mirada

quizá espejismo

quizá salto

nada

grito

oscuridad y fábrica de desgracias

mías

¿tuyas?

Extraño identificarte

como si nada

perdida y radiante

siempre morena

siempre de trigo y bronce

siempre ahí, en la peor escena

mi infierno, mi cautela ante ti

mi condena.

Que pronto fue demasiado tarde.

¿Eres acaso la mujer que era la niña que me gustaba?

 

Amor hecho

En los cuerpos

presencia

en los aromas

tacto

en el fuego

la piel

en toda unión

un beso.

Recuerdo del 10 de septimbre de 2001

No vengaré en tu nombre Margarita

ni en el de ninguna mujer…

 

Dos águilas los acompañaron aquel día.

Dos tristezas tibias ahora emergen.

 

Tu negación perpetua,

tu amarga ternura,

Elvis Presley, tú y yo.

 

¿Para qué distinguir entre un susurro y un rumor?

¿Para qué los actos?

¿Para qué estos desgarrados alientos nuestros?

 

Yo te diría: queda usted desarmada de por vida.

Usted no supo hacer la revolución,

como yo no supe hacer el amor,

aunque los fusiles tengan punta

y el lapiz se rompa de vez en vez…

 

Una mañana no fui asesinado.

La primera primavera de este milenio

Inserta la tristeza

en los soles

quebrada

nostalgia

tibia confluencia

amar

no fue vivir

ni fue trepar

los árboles del tiempo.

Rasguño tu mirada

envoltorio cicatriz

mis ojos en tus espejos

como flácidas margaritas

mis dientes construyendo

la mueca gris

de un sábado en la noche

de la primer primavera de este milenio.

Cansada está la tormenta de desgracias

tristeza amargura locura demencia ser.

Todo contra ataca los días y territorios

de tu ausencia turbulenta,

columpio roto, mi sonrisa,

el átomo frío de tu indiferencia,

la canción silencio

eso eres

pero sin ideas ni belleza

simple espectro de mi

nadie que convoca la égida espacial.

Residuos

arqueología de tu nombre

olvido

canción horda de alfileres.

La voz, esa melodía tuya,

una esfera de pasiones que leyó

mis vidas pasadas, ríos de dolor, mi sangre

esta boca que sangró abandono

torcedura del alma

canción llamada eternidad.

Unión de golpe

Imperfecta curvatura del amor

tórrido impulso de granjear cuerpos

animalidad perdida

en

el súbito galope de sudores anteriores

a la consternación de las lenguas.

 

El arco de la tormenta eres tú

Apoplejía de los árboles

es la tarde con las montañas de telón,

amor desenfrenado sin ropa a mitad del lago

-en ese botecito de remos donde nos desnudamos-

y el viento siempre silbando nuestra infidelidad.

¿Amor de unicel o de celofan? Ni flores ni chocolates.

La sintonía es nuestra farsa allí donde remolcamos

el ropaje de los años turbios que nos separaron.

¿Objeto del deseo? Amores con cicatrices ya de viejas

podredumbre de lo inverso: tu juventud y mí vejes.

Nuestra vejes y mí juventud, tu vejes y mí juvenil pérdida

de dirección y prudencia. Todo atardece y las montañas lo saben.

El río ya quedó atrás cuando nosotros somos tormenta.

Lacia la calma se esparce y el golpe de placer

-el bote se mece por nuestras acrobacias-

es la tinta de tus gritos y mi sudor: fantasma

el maridaje de nuestros alientos quebrados

por los años que fuimos madre e hijo sin serlo

y por los días que nos hirieron

y por el amor imposible que hoy realizamos.

Todo es gris en las nubes y la tormenta somos nosotros

que conocemos nuestras edades y nos lamemos el dolor

para hervir nuestro deseo y columpiarnos

-el bote queda tranquilo después del orgasmo mutuo-

en el interdicto que rompemos al besarnos,

al amarnos,

al chuparnos,

al buscarnos,

al tenernos,

al romper los códigos

y ser tormenta de un amor ya viejo

que era imposible igual que nuestro beso.

Encima de todo la tormenta que somos

-el bote es ya un rayo de sol que se extingue-

correr de las personas que nos unieron

que nos separaron

que nos juzgaron

que nos invitaron a ser esta tormenta que somos

este vaivén a mitad del lago desnudo como nosotros

-en el bote no tenemos más cobija que nuestro abrazo-

presenciando el seto que en la costa es apopléjico.

Nosotros carecemos de quietud porque somos lo prohibido.

Pero tú eres el arco de la tormenta

y nosotros somos la flecha de un Cupido

cansado de decirnos: ustedes no deben amarse.

Cita

Nuestra pesadilla es hoy

no llegues tarde

si no la eternidad se enfada.

Nunca te olvidaré.

Averiguación de un deseo de enamorar

¿Qué del profundo ser del tiempo

colecta tu vista? ¿Qué de lo efímero

resguarda el cincel de tu aliento?

¿Qué forma tiene tu secreto llamado pasado?

¿Esgrime tu cuerpo un tiento y un vértigo?

¿Es de tus manos un recorrido la silueta de tu voz?

Torpes indagatorias las mías ¿Qué del infinito

escondes en tu piel? ¿Qué del viento corre por tu sangre?

Igual que una onda en el agua la espiral de tu incógnita

ensancha el eco de mi imprecisión e incertidumbre.

No soy la pieza clave de los años venideros

ni la gota de esperanza de un amor macizo

o el terraplén de la quietud y el consuelo.

Torpes indagatorias las mías y esa torpeza escribe

un algo confuso asomado al solar de tu existencia.

¿Qué de los juegos y de los años

y de las comidas familiares

almacena tu aroma

y confunde tu pelo y tu sonrisa?

¿Qué de todo lo que se mueve en ti

y en torno tuyo

eres tú

y qué es todo eso ajeno

-como yo de ti-

que reverbera instantes intersectos

en la periferia de tu tacto?

¿Qué es eso que te envuelve

y que sopla

un efigie de ternura y calidez?

¿Acaso mi miopía reduce tu aura

a un trayecto de eternidad

que sacude -quizá sólo el mío-

el universo todo en sus cimientos longevos?

Escribo aquí esta torpe relatoría

y veo mi documentación rotunda

que eres tú entre mis pensamientos,

entre mis angustias,

entre mis deseos,

entre mi ser  y ese enigma que eres

a cada paso mío en la ciudad,

en cada minuto de mi torpeza,

ora nocturna ora matutina,

en la sopa del medio día y

en la arqueología de mi presente

-sin ti- o en el archivo de los golpes

de amores viejos y oxidados

o del motor que aceitas -este corazón mío-

sin que te lo propongas ni lo busques ni lo intentes quizá.

Con el otoño

mi indagatoria sobre ti

no es más que una hoja seca

de una existencia tuya

que no alcanzo,

que invento para mí mismo

porque necesito creer,

como el hombre primitivo,

en algo como una madre-diosa

o como una amiga

o como una sincera cascada de emociones para un preso liberto.

¿Qué de las noches está escrito

en la cúpula de tu pensamiento

y qué es noche en ti cuando piensas y deseas y quieres?

¿Es mucho este cuestionarme sobre ti?

¿Es mucho, tal vez, pensarte así?

Escondida en esta luna llena de hoy, que es de otoño,

se levanta una luz titilante en mí.

¿Durará hasta el próximo verano?