Desamores polvosos 1

 

Evocando, recordando, sintiendo, a mi amiga, Citla.

Salud comadrita, desde el extrañamiento profundo.

A rehacer el andar.

 

No imaginar el fondo

de un dolor:

trance

ese silencio de ausencia amada.

Duelo, masacre de párpados, lágrimas

un bohío triste, puerilidad

el llanto mismo de la despedida.

Nombrar el alma sus grietas

acto heroico, piezas

rotas la vida, un puño de alegrías

resquebrajadas, mutilación

fabuloso desengaño, muerte

siempre presencia

en lazos rotos: la unidad del amor

quebranto, viaje al incómodo y molesto

deambular recuerdos.

Desamores polvosos

esta geometría de cuerpos en separación.

 

 

Ojo imaginario

Releva el viento

sueños, tropas

insensatas, que son gotas

de amores fallidos, que angustian

el entonces colectivo:

nosotros escondíamos

copos de tristeza en la alacena.

En un invierno ficcionalizado

escupimos narraciones y metáforas,

roturas del diente gris demiurgo,

como pincel entonando

la hoja en blanco. Dibujamos

ignorancia que es la muerte.

¿Nos escancian la hoz eterna

y el torno donde forjaron

la histeria histórica del devenir?

Fluir, tentar, calmar… silencio.

Éramos un arbusto de esperanzas

que se secó con el mamar del sol,

como oso tiroteado en el polo norte,

blanco y rojo, sangre y papel:

fuimos igualmente cenizas y cenit

del torpe signo que aterrizó contra

el espejo bruñido de fantasmas.

Perdería contra la insignia de tu aroma

el ajetreo común de un caldo de mariscos

pero estoy aquí y allá eres cercanía de nadie.

Te nombro. Finjo también

escupo, frunzo mi alma,

tiendo el atender observando

las mañanas veraniegas en Dublin,

esparzo ansiedad, depresiva ínsula

esa imagen: nuestro baile, te amo.

Pertrechar las costas de la memoria,

estar así, hacía la luna una cavidad

de luz en tus comisuras

cuando sonreír fue cabalgar

años y generaciones: extravío

si acaso olvidaste que un día

nacimos como esferas de ternura

en el rosal puntiagudo de la existencia.

Teníamos una especialidad constante

flamentes monumentos terregosos

indujeron a la máquina a estornudar

nuestras figuras de estructuras de hierro.

Aquí la improvisación resiste

remilgo

estúpida manera de mecanografíar

la observación instantánea

de un nihilismo predecible y ramplón.

Baratija, sí, ideología gratuita, sí,

sueños quebradizos de misterio, sí,

tendones espirituales absortos,sí,

nuestra música congeló una montaña

de imágenes y ¿qué quedó de una vieja

carrocería que condujimos por el

salado precipicio de las despedidas?

Anteriormente creía que un espectro

indicaba los senderos personales.

Hoy no estoy seguro, estoy infértil,

estoy, si acaso, mentalizado

en una hoja de clavel

que me escribe tu nombre en la frente.

Teníamos también un augurio

que se cumplió, teníamos voz, boca

pintura en el interior

y callamos, oscuridades

nutrieron la deformación, soplos

instintos nos ciñeron entre un horizonte

flácido de calles y caños —sutileza espumosa

la misma melodía cada inicio

de semana— monotonía que ensimisma

un  aquí ya no perplejo o abismal

fluido y trepidante en un trémulo impacto de sexos.

Ya no es temperatura el insomnio.

No alcanza la desdicha del florero

a esconder un manantial

de promesas, porque caímos

guturales en el asombro,

caímos y volamos y dijimos:

¿hubo una teatralidad propia

cuando la necesidad volvía

necia la impronta contradictoria

del verbo? Divinizamos toda afrenta

como si fuera chocolate para niños

porque en un abrir y cerrar de manos

se nos fue el destino y destinamos

febriles colecciones de imanes

a una frialdad de multitud en transporte público.

Hasta el insensato remolque del soñar

nos indujo a la fumigación anímica

por las rendijas fortuitas del imprecar

los actos descritos en tradiciones esfumadas.

Posiblemente tendríamos más minutos

para nuestra audiencia

pero no,

no,

no porque a cambio de volar

incumbía decir y soltar

la desfiguración planetaria.

Porque en un ápice de misticismo

extraviamos los inmejorables

tormentos del ser y decidimos

alejarnos porque en el horizonte

—de nuevo el grillete de un lugar

común— nos escondía el futuro

su decrepitud de paso y el emblema

torcido de la certidumbre: amar y ser amados.

Irreverencia poética 22

Hoy no existe

este presente

marcado de papeles.

Remonta una turba

los escondites del medio día

como fuentes borbotando

negrura histórica.

Empedernidos cuchicheos

cabalgan los rayos de sol

y la tormenta, renombrar

entonces de los húmedos espejos

de concreto, maquina huídas

entre autos, jets, aviones y trenes.

Hoy estaban las nubes

hermosas como tu cuerpo

pero te olvido y entonces

son algo que no eres:

yo sin voz aclamando el espectro

de una muchedumbre sabatina.

Teoría del instinto mutilado 4

Aflora la costa escritura:

si maremotos de sentido

refulgen en la playa de papel

somos saltos seguros de saltar.

Cae en nuestra lengua

—de torcedura indómita

la flexibilidad verbal—

una porción terrena,

salubre, indecisa, de simbolismo.

Roto espejo

alfabeto carcomido

en cinta

boca

lengua

código y señal…

siempre que es nada

nadie acompaña

al nosotros engreído.

Constipada nuestra memoria

recordamos que estar es hilar

los años con las estaciones,

pero ¿somos existencias del siglo

o figurines rotos en la caída

del siglo antecesor que ruge en nuestras

biografías? Espasmos conquistamos

cuando de pronto es un eco la tortura

de decir que una vez algo fue futuro. 

Y encima de nosotros, blancas pendejadas,

azotamos el tiempo en su coordenada

apolínea y cansados del vértigo indagamos

en las fruslerías de papeles no leídos jamás.

 

Vitalicia

Pedí el deseo de tocarte.

Digitalizaste mi silencio

hecho trizas. El escaneo

de mis noches fuiste.

Cornea lasser tu aliento

surco y camino: adelante

estaba la cima de un nosotros

quemazón nuestra ingravidez.

Draco poiesis vitae

Espuma tu aliento

mi boca, certeza,

tiento, mañana gris:

humedad de silencio.

Aquí era la época

del amor y es hoy

del episodio roto,

como corazón,

el año del dragón

vencido: tú, aposento,

mía la vocal, nuestra

la playa insomne

de un beso.

Ciudadanía del tejado

Intermedio

si trota nuestra mirada

espuma de cielo

deja,

andar si vuelo,

truco si meta

mecánica: mecanismo

absorber el dintel

de los años. Juventud

ramificada, maleza nuestra

visión, como de un mundo

fragmento, truco de guiñol

aposentar la esencia

de las nubes: intermedio.

Gatilleros y gatillos

circunvecinos atómicos

nuestros: tejados

polis cierta del compendio

axiológico tildando el viento

con el estilo plural

de los cielos acantilados.

Irreverencia poética 21

Manejar silencios es un

trueque emblemático:

si mirar otredades

es un don, ¿qué de nosotros

columpia ruidos?

Hijos somos,

nacimos, cultivamos

las sendas prófugas

del amar, silencios

somos: bocas y abrazos,

don de alegría, de lenguas don,

traducir el espacio en sueños.

Si quebrar el dolor

es iluminación, entonces

¿donde nacemos

creemos tu magia,

madre? Rebelión

del uso patriarcal

de la mirada ¿Existes

tendón de feminidad?

No es un saltar las rendijas

del mutismo

la insignia de tu vida:

experiencia inconclusa

ese romance tuyo

pasto del mito celeste.

Leíamos al saltar el horizonte

Estaba negra

la esfera, que éramos,

saltamos, gritamos, volamos.

Era un teatro.

El aire viajaba, andaba,

nosotros mirábamos,

nos escondíamos,

porque yo caía y tu encendías

el germen mismo del ser.

Y volcamos la existencia

en un salto, ingenuos

siempre nuestros píes.

A veces creo que fue muy pronto

para ser muy tarde, pero te pienso

dentro de unas décadas y te amo.

Meme poética 3.6.5

Hay quien confunde

la moral con la cultura.

Yo confundo

profanación y tristeza.

Hace tantos saltos fuimos

eternidad, hoy somos

carne y ventisca

monetaria… materia

y carne, cenizas, fuimos.

Carencias nutren

el andamio de nuestra angustia

obsesiva de placer.

Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

Micro 678

Pensé,

es cierto,

los signos

del día.

Perdí,

en verdad,

la cuenta

del silencio.

Partí,

sensible,

al ocaso de la despedida.

Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

De la indigencia como motor

La vivencia del ostracismo, de la exclusión, en sus modalidades más simples, remite sin duda al valor primero de la indigencia: la no adscripción a institución, grupo o sociedad. El indigente es un huérfano social por decisión propia. Los mecanismos históricos de las sociedades, principalmente los relativos a la moral, introducen en el indigente una movilidad, emocional y factual, que lo induce a traslucir la palidez estructural del convivio, del encuentro. Pero en el atisbo mismo de lo marginal autoimpuesto, se localiza la configuración inherente al silencio. No es entonces una rebeldía ruidosa y modificadora, no es el inclemente instinto de transformación revolucionaria, es, por el contrario, la nitidez de una alteridad elegida como ruta de callar el indómito existir. Y si los márgenes son siempre amplios y carentes de nutrición en la sociedad, no es entonces del salto a una ningunidad o esfericidad del vacío lo que el indigente busca. Es la crítica al mundo, la crítica a la organización de lo social, lo que el indigente encarna.

Desde los rincones y confines del no ser social, desde la anulación impuesta, la indigencia remite a una decisión unívoca, definitiva, a la renuncia del contrato socialmente dado, para sustituirlo por el inminente remanso del fastidio. En el quehacer indigente los días no son tiempo, las horas son quizá soportar el hambre, quizá hacer una diligencia para obtener unas monedas y alcoholizarse, quizá dormir todo cagado u orinado en un parque público. Y si la sociedad funciona en términos de privilegios, reconocimientos y éxito, el indigente sabe que no necesita consistir su andar en otra cosa que en sus necesidades y los despojos de una vida pasada en la que perteneció a ese algo común. La indigencia promulga una desconsideración constante, la de las contradicciones inherentes a la lógica del capital. No es entonces una condición renovadora ni antiautoritaria, sino que es una imposibilidad, una renuncia, un dejarse vencer, por el inmenso aparato de lo social.

 

Irreverencia poética 19

¿Cuándo hubo andamios

para precipitar

la lectura de los soles?

Fugitivos descansan

los adheridos relatos

de la ciudad celestial.

Fumiga el éter de la vida

los rincones del saber,

como de alfabetos

torcidos, cuña del conocimiento

inútil. Era soñar nacer

el columpio de los atardeceres,

como la era anterior al reloj

del desconsuelo y la memoria.

Baladíes tropiezan nuestras caricias

en el amasijo de imágenes

y flotamos, siempre aquí,

donde nada es la escritura de la totalidad.

Improvisación lírica transgénero de memorias distorsionadas

Debería escribir el collage de todas las publicaciones periódicas presentes en la casa de mi madre, Margarita, incluyendo mis revistas de estudiantes de antropología, las de reflexión sobre la postmodernidad, las del Poeta y su trabajo de Hugo Gola, también los suplementos del anterior periódico Milenio Veracruz, esos suplementos donde publiqué alguna vez, suplemento nombrado Laberinto, dirigido por Omar Piña. Debería quizá reconocer el camino andado y hablar de Mirna Valdes, de Erica Carrillo, de Juan Pablo Villalobos y algunos otros muchos autores que deambulamos por ese recinto cultural impreso. Debería quizá retomar las revistas de Cuicuilco, las de la UAM-Iztapalapa, también las de Alteridades, sin omitir las de Historia y grafía, la Revista de Historia El Siglo XIXDualismoSotavento, y por supuesto los suplementos de México en la cultura dirigidos por Fernando Benítez. Debería quizá revisar todo eso y entonces escribir, entonces saber, entonces actuar de acuerdo a los caminos de la intelectualidad mexicana, latinoamericana, europea, porque también hay revistas de El Viejo Topo, pero entonces me encuentro perdido en el laberinto del tiempo, del presente, de contar con un acervo inmenso de papeles, como algunos ejemplares de la colección de editorial Era Cuadernos políticos. Y si mi síndrome de Diógenes me lo permite, quizá un día pueda hacer ese libro donde encabalgue mi filiación intelectual con la de mi madre.

 

Versificación de tu ausencia I

 

Tú que escribiste

árboles genealógicos:

¿me reconocerías ahora?

Investigo sobre Ignacio de Luzán

y me preguntó si hay un factor

jesuita común en el orbe hispánico

en 1767, pero entonces,

divago entre poéticas, históricas,

cuadros y desnudos femeninos.

Tropiezo cierto,

si donde habito un instante

es por siempre tu voz,

en la cordillera de los años,

de las vidas, del chismorreo

de la intelectualidad mexicana.

No olvido lo que me contaste sobre Paz

cuando Onetti vino a Xalapa: tu exclusión,

constancia de vida, igual me siento yo ahora.

Un historiador recomienda un escrito de Aguilar Mora.

Entonces recuerdo nuestras pláticas

sobre Monsiváis, recuerdo entonces

tu pertenencia a la intelectualidad mexicana

del último tercio del último siglo

del milenio pasado, y constato,

con tu foto con Héctor Aguilar Camín,

que entonces yo no te usé como plataforma.

Lloro por dentro porque un día, en una fiesta,

parecida a Woodsktock, grite: llévame contigo, mamá.

Porque después de leer algo de Fromm y de Jung, incluso

de Freud y Lacan, me pierdo en la psique histórica

de un nosotros, Margarita, tú y yo, entre la selva

del Totonacapam, en el desierto cercano a Paquime,

tú y yo, la incubadora, mi destete obligado, tú y yo

y ese poema donde versabas que ponía en jaque

tu dolor. Hoy entonces, pierdo el tiempo,

con preguntas mustias, pero Roberto ahora es mi

amigo. Te extraño y también te creo, pero te olvido.

Igual que tú, allá en la Sierra Tarahumara, está

Augusto, que te alcanzó 8 años después.

Y el cielo es también color azul, las nubes

son blancas, con accidentes, pese al cambio climático.

Ayer revisando el archivo familiar encontré

algo inédito de García Canclini y entonces recordé a Maren

diciéndome que tú le decías Chanclini.

¿Qué migraciones no viviste tú

que te hicieron ser extranjera en tu país?

Sigues despertando envidias, celos y rencores,

pero no importa eso, importa que te amo.

 

A.I)

No interesa mucho el mosaico que pueda esgrimir contra el espejo de mi retruécano emotivo: soy y escupo, porque no es divino el verbo, pero sí la luz. La historia de Urías el Hitita se repite en mí. No interesa tener un nombre bíblico, no importa tampoco que nadie lo pronuncie apropiadamente, aunque ahora hay una actriz famosa que se apellidada Urías. No importa tampoco el recuerdo de hace 15 años, no sólo del Rave de Alien Project, no sólo del viaje a Japón, es más, importa más recordar el guiso con anguila y arroz blanco, el sushi, las sopas, el dragón chino que ya hace tiempo se perdió, el abanico japonés que ahora tiene Claudia (espero), porque mi cuaderno de ese viaje, Coreano-Japonés, fue tirado junto a otros papeles encucarachados, en casa de Juan Ángel. No interesa la narración de los hechos, no interesa el vínculo o el lazo, ni las substancias. 15 años atrás deprede el peyote en Wadley, con toda la tristeza del universo, con el castigo de una espina en el talón derecho, como el grito en el oído derecho, como esa mística imagen que nos condujo a la cagazón, donde los tapetes fueran tan importantes, mística como la imagen de Bush y Saddam Hussein jugando también con tapetes en 2002. Hoy que todo es una distorsión, hoy más que nunca no interesa el testimonio, ni la certidumbre del esclavismo sexual, no interesa mi pesadilla, que después fue pesadilla universal. No importa tampoco la morena bailarina más hermosa que cualquiera, no interesa la canción de Fito Páez, Joaquín Sabina y Andrés Calamaro, ni mucho menos el estructuralismo de Leví-Strauss o la antropología postmoderna de Clifford Geertz. No importa tampoco la semiótica de Umberto Eco, no importan Greimas, Bourdieu, Althusser. Son muchas vidas entonces esto que vomito, este escupitajo de nombres, de vivencias, de recuerdos del sabor del Sake, a madera, como del saque de banda en el partido México-Ecuador, como la ramplona y asquerosa televisión mexicana, como los machitos nacionales enaltecidos en el extranjero, como el charro negro pisándome los talones y yo con ganas de partirle la cara. No importa ni interesa haber ido al México-Croacia con pantalones guatemaltecos, huaraches de Malinalco, guayabera yucateca, gorra gringa y collares de la Sierra Tarahumara. También los increíbles lentes amarillos que compré en Niigata, se perdieron, porque se les obsequie a Gael, que fue tu alumno en tercero de secundaria en la Freinet. También el reloj, bonito y azul, de esa tienda se perdió, por andar fumando mota en los pasos peatonales del Distrito Federal con Gonzalo, hace ya muchos años, cuando ya no era novio de Luisa, pero a quien quisimos tanto. Todo eso no interesa, no incumbe al presente, ni al pasado, ni al futuro, no, porque Dariana no es Denis ni Adriana ni nadie, no es nadie, no existe ¿o sí?. Porque Denis muy seguramente no me recuerda. Porque Dariana y su voz son hermosas. Porque Adriana, la modelo de Victoria Secret, tiene un parecido inmenso con la chica que bailaba. No importa que un mal sueño se vuelva realidad, no importa pedir un deseo con una estrella fugas y que también se vuelva realidad, no importa tampoco proponerse un programa intelectual y que se vuelva realidad en 7 años. No, no interesa, no es conveniente mencionarlo, nada, nadie, nunca, aquí.

Descoyuntura psicoanalítica

 

Bailamos y a ella le adjudiqué

tu figura, su representación, tu esencia,

porque imaginaba cómo

ustedes, papá y mamá, se hubieron conocido,

cómo debieron divertirse,

cómo se decidieron a cortejarse,

cómo por encima de otras opciones

se eligieron. Y ella, morena como tú,

hermosa y esbelta, como tú,

sonriente, de ojazos, atlética,

rompió mi alma con su alma

y nunca pude abrazarla.

Pero todo fue un recorrido

al verde instante de la marihuana,

todo fue el tropezar absurdo

con el látigo de las mareas sociales,

todo fue confundir, a la distancia,

el espejo con el espejismo,

el síntoma con la enfermedad,

el sueño con la vigilia.

Entonces ella se volvió tu recuerdo,

pero no tu duelo mío, no tu obra,

no tu estar y ser en el mundo,

no, tampoco he podido entregarme

al perdón y he amado a medias,

siempre, aquí, con ese constante

recordar el baile más grandioso de la eternidad.

Ella, junto a ti, es también ese sueño

hermoso en un camión,

donde tú eras ella y ella eras tú,

donde yo veía

los ojos más hermosos del universo,

donde palpar fue tocar su aliento

con mi oído, llenarla con mi aliento,

saltar al universo, oscuro y luminoso,

desear un abrazo que nunca llegó.

Aquí estamos, sin nosotros, en la perversión

de la barbarie inflexible y constante.

B.II)

Al final quizá sólo me queda conformarme con la posibilidad de investigar la recepción cultural, literaria y periodística de Ignacio de Luzán en México entre los siglos XVIII y XX. Madre, reuní tus obras, pero me faltas tú, te leí, te compendié, digitalicé tus artículos, pero nunca podrás escribir tu libro sobre Escandón. Mamá, perdón, ya es tarde para ser el buen hijo que no fui. Y ahora, todos estos años sin ti, que son sin nosotros, son también sin ella, que tiene raíces chihuahuenses, como nosotros, y que yo lo supe a mitad del ácido de ese noche, y ahora todo es imposible.

 

Y los grillos siguen

Sonando

estrellas

de cielo

aroma

el trotar

los rincones

del cosmos

esa vida

nosotros

nunca fue

saltar al silencio.

Ruido

tempestad

inflexión

cordial acento

de romance

imposible

rumor

la marea

siempre

oscuridad

de la luna sus caras.

Pecador

No fui un buen pariente,

un buen amante

ni un buen amigo.

No fui un buen hombre

ni fui un buen ciudadano.

Fui un ruido.

Los pecadores

no podemos ser capitalistas.

pecador

Irreverencia poética 17.1

irreverenciapoetica17-1

Irreverencia poética 18

Debería haber una arqueología de tus besos,

un gramática de tu ausencia, una lingüística

de tu recuerdo. Quizá hay ruinas de un nosotros

lejano, tiento también el amanecer junto a ti.

Debería existir una escuela para olvidarte.

En cambio resabio las ruinas de mi nostalgia

entre el ruido del presente y la cicatriz del futuro.

ruinas-1-1-1

Inspiración momentánea

Vuelca constante el día

la brisa que es olvido

siempre aquí, tú, nadie,

ningún lugar. Existo

vacío, siempre, enlatado

como recuerdo perdido,

adiós perfume de juventud.

Nombrar la distancia

nuestra pesadilla de voces,

armazón de pasajes: vida

en alguna parte del infinito.

instante1

 

Torrente de nadie, nada aquí

De existir la verdad

sus hazes circundan

el foso de la historia.

De existir, mitad

armonía y caos,

la verdad sería

también el negocio

de la miseria, del hambre,

de la muerte: el capital

siempre renovándose.

Si existiera la paz

no tendría este vacío

que se llena de sexo negociado.

Si hubiera otra forma

de vivir el silencio,

más quieta o menos salubre

—porque el presente es una sal

que oxida el alma con su raigambre—

habría quizá bocas unidas y labios

que en lugar de rezos besaran extraños.

Si la barbarie no fuera hoy

el axioma correcto, quizá

habría un verso con esperanza,

o una familia feliz, quizá

el socialismo de Jesucristo

sería completado. Tal vez,

sólo tal vez, seríamos una hermandad.

Si entonces redujéramos la verdad

a su faz empolvada de hechos,

hoy podríamos decirnos faltos

de sensatez y cordura social,

porque al final nos engulle

una maquinaria destructiva,

nos demuele la fe y la mirada

el derredor violento y constipado

de muerte, sangre y humo. Totalidad

nuestra verdad, si existiera, ¿sería

la víctima o el verdugo? Nosotros

generalmente caemos en la trampa

de creer en lo desconocido y explicarlo.

fugitiva-promesa1

Ego Pop Romulaizer Pardo 2016 ending year

Inolvidablemente soportar

tragos de segundos. Líquida torpeza

años licuados en el muralismo

abstracto del nombrar. Axioma:

el aroma frenético del deseo,

erótico plantío, unos senos tibios

esperando, la mesa puesta y el sexo duro.

Asimetría la rendija alfabética del vacío

como la terquedad religiosa —un remilgo

abstracto en la pincelada certera—

andar con la lengua floja y las ojeras

negras de pesadillas y reflejos. Espectros.

Todas las bocas indican una salida.

Alimentar la paciencia, gran aliento, poca cosa

la semilla destructiva del destino que se aborta.

Hola vida, hola amor, hola perdón, tuyo soy

aquí, en la media noche. Viernes 3 am, sólo para ti.

ego-pop-romulaizer

Feliz siglo XX nunca más

Desde la imprecisión rotunda, constante, deshilvano un afiche sin otra forma que la de los archipiélagos recorridos. La tierra de Murakami y de Arenas son el motivo del colapso visual a continuación.

Derritan el silencio, por los versos que vendrán.

 

feliz-siglo-xx-nunca-mas

 


Tan solo una parte del Instinto Mutilado

Romulaizer Pardo

firma-1-1-1

Irreverencia poética 16

Ninguna forma escapa

al recuerdo,

quizá el olvido

nutra

el firme momento

nuestro

que no fue:

tú sin boca

yo sin voz.

Adiós adiós.

irreverencia-poetica-16

Lisonja culturalmente en masa

Las pantallas impregnan

su aura en los rincones,

que de polvo y sexo,

nombran vida el cautiverio.

Toneladas de carne viva

son amantes

y los tipos cursis

amalgaman fortunas

en discotecas berlinenses.

Pero un día eso será el fastidio

de las masas nutrientes de la barbarie.

bikini-paradise

Muletilla de un desfalco psíquico espasmódico

Entonces la reiteración

fabrica torpezas

del corazón corteza

ramificación espiritual,

falange de mutismo, tronco

mitad del encierro mental.

Ruinas ideológicas como arquetipos,

dentada imagen, ser estancia

del estar: existencia

tumefacta cicatriz de una libreria de viejo.

Respaldo el arco preciso

de hojas y cartografías. Languidez

escueta, memoria turbia,

alquitranado saco de mentiras.

Muletilla

si redundancia

pleonasmo galopante

versificador del tiento,

mudo, ese que marcha

con el sombrero gris

a la tumba de las editoriales.

muletilla-psiquico-espasmodica

Archivar los espejos

Todo dice —nombre,forma—

contiendas del ser. Ego

roto el inmenso mapa

del desencanto, furia, si vocal,

torrente si imagen, río descolgado

en las persianas de madera, de humo

afluente. Sobre la silla, vieja de relatos,

inmensas cúspides reducen a un soplo

la narrativa de la suciedad —ropa en desorden—.

Cuando cae el silencio, como estrella fugas en la noche,

cae en la brisa del estar

la molienda de lenguajes extraviados y muertos.

Así por doquiera los reflejos inducen a creer en otras

pantallas, como itinerario improvisado

en el viaje polvoso de las páginas de la existencia.

archivar-espejos