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Ya estoy absurdamente ido

por el espejo que fui

contra el bestial nombre.

Esparso saltos de ruindad

en la atmósfera

porque a cambio de unas monedas

mi alma gime rota en una esquina

del universo.

Ya lejos de correr camino

transitando edades

con las mismas obsesiones

que a los 9 años

aunque siendo realista

nada es más:

decirle a la mujer que deseas

te amo.

¿Qué importa la cartografía antigua

si todo el tiempo es una pérdida

obsesa de senos capitalistas?

Ya más que correr camino

fumando a tientas mi futuro,

dijo un conocido más vale fumar

que ser fumado

yo digo

me esfumo del día aquí y ahora

fumé y no soy fumado

puedo beber humo tranquilamente.

Ptolomeo no es la fuente

de la imbecilidad

no, tampoco lo es

el imposible horizonte

cultural de Descartes.

Soy yo, aquí, con plumas

rojas enrojeciendo mi anima,

porque al final me iré de este asiento

y caerá en mi el idiograma del amor.

Otra vez, sí, siempre, Japón, aunque

no sea momento de esclarecer los ángulos

de la perpetuidad. Adiós, ya fumo, ya me voy,

más que correr camino, lejos de eso, aquí

estaba dispuesta la maquinaria de una irreverencia

fotográfica y mi sentido es ausencia

hoy, día de cuetes en un paraje del universo.

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Decoloración interior

Hemos dedicado

dedos a la eternidad

compases que marcan

indómitos ruidos.

 

Cada costra de memoria

rompe el signo

nuestro, compañía

la distancia, ausencia

el nombre, tendón de relatos

un rumor certero de miserias.

 

Arrebatamos ya al sol

sus migajas míticas

como dureza de hierro

en la carne tersa

derrame eficiente

de sangre y espermas.

 

Iracunda maravilla: existir.

Una pradera de luces

nos acecha y al pensarnos

—nos cobija una negrura

instantánea y tremenda—

nos indaga el silencio

con su inmarcesible toque

como de mar ola

cabalgata si de universo

esquema columpio

como de tronido llanto.

 

Dentro soplamos un amasijo

de personas, lugares, momentos,

reflejos fabricados

en la lata de nuestro psiquismo

fortuito como gaviota

pescando, como hechumbre

de coágulos letrados, como voz

en el combate del ser, como una pizca

de honestidad y de quebranto.

 

Fortaleza nuestra inservible

ante el designio del pasar y del hacer

reverbera el día sus esquirlas

polvosas del hola y el adiós.

Murmuramos sueños, intenciones

nos balancean en una cúspide

frenética por absurda,

cada vez interior es la lectura

de un trozo de infinito

transformado en deseos.