Cajetillas vacías: un escritorio sin armonía

Sigo desempleado. Mis proyectos personales no han salido bien. Estoy algo deprimido. Parezco un mal emprendedor, un mal gestor cultural. No sé cómo distanciarme del pasado inmediato, donde todo es un peso que trasciende esperanzas y luces. La vista de mi escritorio es un reflejo del caos en el que ahora estoy. Me ubico en la pérdida y con algo de aliento intento renovar la marcha. No todo es desilusión y decepción. Convencido de que no hay mal que por bien no venga, exploro ideas, intento remontar la situación. Un mar de cajetillas vacías habita en mi escritorio, como vestigio arqueológico de mis días, como tormenta de nicotina pasada, como ansiedad encapsulada, como filamento mismo de una personalidad extraviada. Leer y escribir son mucho más que mi exigencia de excentricidad e innovación. Dentro de mí hay una montón de incertidumbres. Me doblego lento por el peso de la frustración y convido a mi boca otra bocanada. Mientras el mundo gira.

 

Intentaría escribir otras cosas, debería trastocar mis búsquedas, mi estilo cybernético, mis inquietudes y pasatiempos. No puedo conformarme con mis simples invenciones, con mis elucubraciones que están tan desconectadas de todo, tan alejadas del presente, tan disímiles de la realidad. Pero más allá de enfrascarme en un monólogo estéril, descubro la búsqueda de sentido como una ánfora vacía, como esa boca repleta de humo, sin contenido. Me desvencija el torrente de formas discursivas que doblegan mi voluntad, mis proyectos intelectuales frustrados, mi falta de protagonismo (y mi deseo del mismo), mi ramplón esfuerzo. En ese ir y venir de mi aquí a la otredad realista, este blog, este intento de mantener un disciplina escritural, me cuestiona. Porque aquí hay más que una bitácora, más que una especie de diario. Aquí hay propuesta, intentona creativa, acción discursiva, irreverencia poética, eso sí, mucha poesía. Aquí, en este mi sitio donde convergen mundos sin explorar, los horizontes de significado se abrigan con lentitudes y plasman una especie de buque personalísimo, identidad que desfigura los restos digitales y permea el hábito mental con toques de estrépito imaginativo. Pero omito, al escribir aquí, mi escritorio, desorden, huella, señal y signo de mi condición. Omito mi tiradero, mi paso indescifrable por la senda del hoy, mi resquicio falto de sensatez, mi estruendoso andar, que no dice mucho. Porque desde una retórica estructuralmente corrosiva, mis ideas, mis pensamientos, distan mucho de argumentar lúcidamente. Son más bien monótonos reflejos del paso del tiempo, reminiscencias hostiles del estar en el mundo, desconectado, circunstancialmente solitario, empecinado, volatilmente absorto en las posibilidades infinitas del esconderse detrás de una maquinita de luz.

banderazo

 

Noticia de un tesista de Xalapa

carita marionetaMe devano la cabeza, el pensamiento, contra el filo de una tesis abominable, intensa, ampliamente documentada. Dudo de mis intentos creativos, igual que dudo de la bondad humana. Mantengo cerrado el frasco del olvido, porque creo que la tinta merece más memoria que silencio. avisoEntre ladrillos de conocimientos, mi afán libresco, mi imposibilidad de acceso a la gran audiencia, mis flagelos personales autoinducidos que disocian mi vida creativa, literaria, de mi vida académica, profesional. Mucho más que un hobbi, que un pasatiempo, escribir para mi es la vida. Pero termino embargando mis reflexiones, mis textos, por una estilística grandilocuente, exagerada, ininteligible. Siempre me falta preparación, siempre. Ante mí se levanta la senda absoluta del conocimiento. Mi escritura intenta ser una traducción infiel de una arista presente que arruina la escenografía global.

sala de conferenciasPor si esto fuera poco, o de escasa relevancia, mantengo una proliferan compra de libros que no puedo leer. Como compulsión, como un fetichismo, como una manda, adquiero libros. Quisiera ampliar los contenidos de este sitio, ampliarme, crecer. Pero tengo mi tesis, inabarcable, indómita, absoluta también. escritorio falazHasta que no la termine no estaré en paz, no podré dedicar mi atención a otra cosa. Eso me pasa por documentar ampliamente un hecho tan particular. Me arroba el trabajo intelectual, la contratación de ideas y opiniones, la construcción del conocimiento. Pero los días me endilgan su ligereza o pesadez, cada vez que voy a la cocina, armo un café y regreso a mi sitio de trabajo. Ahora, este balbuceo, este acto de impronta comunicativa, abre un mes nuevo en mi historial bloglibrero absortouístico. Para bien. Con dos meses intensos en visitas, satisfecho, me queda aún el aliento de dos proyectos editoriales cercanos: con Rodrigo Porrúa la publicación de mi ebook Advenimiento de la espera, poema extenso dividido en tres partes e ilustrado por mi amigo Sebastian Fund, y la publicación de mi novela con La Cosa Escrita de Marcos Merino, novela en ocasiones irreverente, en ocasiones seria, como un remedo de retazos este Olvidado Imperio Natdzhadarayama, ilustrado por otro amigo Azamat Méndez Suárez.

El teatro y su doble

 

También la esperanza se nutre y la mía es una famélica

Dedicar tu vida a otros, ser generoso, abandonar el autoaislamiento, hacer comunidad, construir vínculos. He vivido bajo pretensiones falsas, bajo modelos dudosos. Mi juventud ha sido una tormenta. Y no sé, no entiendo, no asimilo. Estoy aquí, en un sitio, perdido, confundido, extraviado, incierto. No es quizá mi debilidad psíquica la que me dicta la forma de mi miseria, de mi negrura interior. Es la luz la que me hace perderme. La ruptura con el pensamiento místico, con la dimensión religiosa de la realidad. Es una nulidad metafísica, es este afán de explicarme algo, a mi mismo, pero con todo el continente_desconocidoénfasis en una distorsión. ropa-interior-colombiana-18

Estoy aquí, en esta nación sin futuro, en este rincón llamado tierra, estoy aquí, sin esperanzas, o con pocas. No creo que la humanidad se transforme, no creo que algo pueda cambiar, no acepto la movilidad natural. Soy un rígido producto abortivo de la tecnocracia, soy siervo manso, estéril, castrado, mutilado, absorto, engullido por el sistema, destruido por el sistema, parte de un engrane del hypercapitalismo. ¿Cómo había que vivir la vida? ¿Cómo había que crecer? ¿Cómo había que sembrar? ¿Quién está escondido en el designio de nombrarme? No lo sé, no es más que un flujoel fetiche de las mercancias segun Karl Marx de conciencia, falto de sentido, inexacto, ya no febril, pero sí, aglomeración de torrentes caducos. No tengo principios, ni tengo una teloelogía definida, sí acaso el fin último de la muerte, temprana o tardada, cierta. Soy quizá también un efecto secundario de lo imposible vuelto realidad, de esos mecanismos pulimentados del control, del sometimiento, de la tortura y del aceptar las reglas del juego, los códigos compartidos, esa normatividad rotunda que sutura la conciencia que transgredió sus totalidades. No es tan malo estar del lado de los repelidos, de los no identificados, de los extraviados, de los no personas.

comida_niponaEsto que digo aquí no es más que un sentimentalismo derivado de una épica psicótica raver de transición de siglo. No es un presente ni infomatica1es un futuro, no es la esperanza de los grandes proyectos neoliberales o de los grandes proyectos anticapitalistas. No es si quiera la inmersión de una teleología destructiva o remodernizadora. No es tampoco un producto de la conciencia lúcida o de la figuración atractiva del porvenir. No soy esto que digo que soy ni soy lo que pienso ni soy lo que hago ni soy algo definido. No soy cambio y movimiento, no soy estática, no soy dinámica ni sentido, no soy atmósferas ni ambientes, no soy una otredad asimilable ni una otredad admirable ni una otredad singularizada o pluralizada. No. Soy una herida psíquica, un lenguaje de lo no acontecido, de lo posible negativo, posibilidad incierta, torpeza, error. Soy ese equívoco natural, esa floja tensión de una mítica de psicodelia electrónica, mítica de noches y parafernalias y lugares y evocaciones torpes, ya hoy postdesquiciantes,

DIGITAL CAMERA

DIGITAL CAMERA

postatrofiantes, postneurotizantes. Eso y la imposibilidad del olvido, la imposibilidad de la trascendencia, la imposibilidad de una realización espiritual, una vacío, como el que llena toda iglesia con sus doctrinas a sus feligreses, que no se llena más que con dudas y arrojos verbales. Soy eso, y también vivo. Por una vez digo, estoy aquí, sin atender al mundo, con el peso de un alma devaluada contra el paso de las edades.

infomatica 1.1

Mi gangrenismo mental

Inteligencia gangrenada, esparcida por el territorio improductivo de la mecanización emotiva: mi boca mal oliente y los juicios externos que componen una sinfonía esquizoide. No sé, a veces me imagino que habría sido de mi si hubiera sido antropólogo, si hubiera acogido los consejos de los mayores cuando me internaba en el abismo autodestructivo. No sé tampoco de qué sirvió leer psiconanálisis ni mucho menos comprendo cuál es el motivo de mis discursos. ¿Desde qué trinchera podría analizarse mi discursividad? A ratos me encuentro como un enfermo y a veces como un ser que desahoga un alma vieja y cansada. A ratos me veo en el espejo y no me reconozco. No sé, me habría gustado dedicarme a algo más que a desgastar mis impulsos nerviosos. Sacudo los días de la tristeza que se instaló en los resquicios de mi corazón. No veo películas, no escucho música, me encuentro siempre perdido, extraviado, en el percance presente de los ecos magnificados de la tortura existencial.

Al final del día dudo de todo, menos del cigarrillo que enciendo y me pregunto si algo bueno vendrá porque estoy encerrado en una casa hermosa, en una ciudad provinciana, en un sitio donde no puedo entablar un diálogo con mis pares. Estoy aquí y me veo tan lejano, tan absorto, tan distante, y me duele.

 

Este Romulaizer

No siempre la vida te da otra oportunidad

Mi país está en guerra, humeante, descontento, dividido. Circunda aquí una especie de dolor que avasalla todo. Algunos deciden luchar de distintas formas, otros mantienen el status quo, otros viven al día o ni siquiera eso. Estado de crisis mucho menos que derrota de nuestro legado generacional: opresión sistemática, iniquidad en la distribución de la riqueza y las oportunidades de crecimiento y desarrollo social e individual, explotación desaforada en todos los niveles, falsificación cotidiana de resultados gubernamentales y de la realidad vigente, legitimidad del criminalismo como vía vital, legado todo esto del siglo XX nacional mexicano. No soy un analista político ni tengo conocimientos suficientes para demostrar mi particular punto de vista. No leo los periódicos. No soy luchador social. No soy parte de ningún partido político. No profeso ninguna religión. No creo en utopía alguna ni en la posibilidad de realización de un proyecto humanista de sociedad. Mi esperanza no está fincada, si hay alguna en mí, en la alternativa de modificar un ente podrido como es México, México y sus mexicanos, yo entre ellos. La podredumbre social asume el deplorable ethos nuestro, expresado en fanatismos, racismos, clasismos, sexismos, dogmatismos, anacronismos y muchas otras formas de enjuiciamiento dudoso que son la argumentación evidente de la retrovolución histórica nacional. Retrovolución que implica el desarrollo neoliberalista y el desfase de su proyecto y de los sujetos que lo encabezan con respecto a una población global que parece cada vez más anónima, famélica y objeto directo de sometimiento.

México y los mexicanos estamos podridos: creemos que por tener deportistas destacados a nivel internacional nuestro país es otro, creemos que por tener instituciones educativas, cada vez más de orden privado, con cierto reconocimiento nuestro país es otro, creemos que por participar de las migajas del proyecto de modernidad occidental nuestro país es otro, creemos que por reconocer nuestra diversidad cultural, étnica y lingüística más que nada, nuestro país es otro, creemos que por tener intelectual, académicos y escritores premiados en el extranjero nuestro país es otro. Sin ir más lejos, creemos que por alzarnos violentamente nuestro país es otro o que por ver televisión satelital nuestro país es otro o mejor aún creemos que por que el hombre más rico del mundo es mexicano nuestro país es otro. ¿Debería ser otro? No hay duda de que la riqueza del territorio denominado México es inmensa. No hay duda de que los pobladores de este país, al menos los que desean vivir (con un mínimo de dignidad, tranquilidad y armonía), no son parte del proyecto nacional. No es gratuita la farsa de la democracia panista ni es gratuito el modelo de enduedamiento económico. Es más, y eso que yo no fui ni soy parte de los protestantes ni inconformes (no del todo), preguntemos a los mexicanos si se atreven a ver en su sociedad algo más que alcoholismo, machismo y charrismo. Preguntemos a los dirigentes políticos si creen que nososotros, los que nos quedamos aquí después que ellos han saqueado y se marchan a vivir a otros países, qué se siente ver los campos de maíz sin cultivar o a los niños indígenas pidiendo monedas en los cruceros de las grandes ciudades o qué pasa con el equipo medico que es robado por los propios médicos de los hospitales públicos para montar sus clínicas privadas. Preguntemos a ellos si en la situación de sobrevivencia que los que nos quedamos aquí vivimos, ellos podrían pensar. ¿No actuarían ellos en defensa de los suyos? Pamplinas. Se mandan matar unos a los otros, se cubren unos a los otros. Y los que nos quedamos aquí, que no podemos armarnos ni podemos quemar casetas ni tampoco tomar aeropuertos ni mucho pretendernos anarquistas o guerrilleros porque estamos haciendo la vida desde un sitio en el cual sabemos movernos, nosotros que nos quedamos aquí y no viajamos a costa del erario público, que vemos cómo las verdulerías incrementan sus precios, que notamos cómo vivimos en una carencia, que no por ser menos “directos” en la lucha tenemos también nuestros puntos de discordia pero que decidimos persisitir en una forma de sobrevivencia civil, más que en una confrontación que quizá nos lleve a la muerte (biológica, social o moral), insisto, nosotros, aquí (y quizá este plural no deba ser sino yo), nos levantamos en este lugar que llamaron México pero que no existe. Preguntemos a los anarquistas y los guerrilleros donde quedaron sus antecesores. Preguntemos a los artistas si dejan de cobrar su sueldo, si por oponerse al Estado no pagan impuestos ni dejan de comer en restaurantes o de tener seguidores. Preguntemos a los maestros quien fue Ignacio Zaragoza y a los alumnos démosles a leer a José C. Valades. Preguntemos a los comprometidos sociales, a los empresarios, qué pasa con sus vidas cuando esta podredumbre social en la que vivimos los alcanza. México y los mexicanos estamos podridos. Nuestros ghetos diversos no rompen ni conforman un México posible. Porque esos ghetos de la podredumbre nacional son construcciones históricas de la sociedad del siglo XX todo encarnado en la vigencia de lo heredado.

Mi frustración política, ideológica, pragmática, simbólica, afectiva, social, individual, artística, religiosa, incluso mi frustración nacional, no pueden leerse desde una galopante esfera del desfase polisaturado. Mi frustración, mucho más que emocional y psicológica, real, estriba en un problema de referencias: si México existe y los mexicanos existimos, ¿cómo llegamos a estar podridos?

En el año 2000 comencé a “experimentar” con substancia prohibidas por ser parte de un grupo social donde es bien visto, incluso deseable, usarlas. Gradualmente me interné en un infierno de drogadicción. Estuve 10 años ahí. Quedé solo, exceptuando a pocas personas, más bien cercanas y familiares. Pero de los compañeros con los que fume marihuana o me metí cocaína, de los “amigos” con los que subí a cortar hongos alucinógenos o con los que fui al desierto a comer peyote, de esas personas con las que me encerré a viajar en LSD escuchando música electrónica, actualmente aquí, junto a mi, no hay nadie. Desde que se vio que las substancias me hacían daño, me ponían mal, muchos se fueron de mi vida. A raíz de estas vivencias juveniles desarrollé esquizofrenia. Vivo medicado. Todas esas personas no vieron trunca su vida. Prosiguieron. Yo no pude, no aguante. Terminé metido en tables dances y burdeles. Absolutamente solo. Perdidamente solo. Extraviado y solo. Fui un hijo de la chingada con mi familia. Despilfarré dinero. Lastime a mujeres que me quieran para tener una vida en el futuro conmigo. Deje inconclusas 2 carreras universitarias. Intenté ser poeta. Comencé a trabajar y ganar mi propio dinero. Traté de suicidarme. Estuve internado en una clínica psiquiátrica. Me perdí el funeral de personas queridas. Me escondí en cuartos para gritar a la calle babosadas. Sufrí ataques paranóicos, delirios y alucinaciones. Aprendí a vivir en cautiverio, encerrado, aprendí y entendí que no soy libre, que perdí mi libertad. Y despierto al mundo y a la realidad y todo es tan convulso o más pero semejante a mi estado convulso de la primera década del siglo XXI.

Estoy tratando de hacer una vida nueva. Dejé las drogas. Escribo, aunque a veces soy políticamente incorrecto. Tengo trabajo remunerado. He encontrado a personas lindas, amigables y solidarias que me acompañan. Estoy tratando de terminar una tercera carrera universitaria. No tengo novia ni pareja sentimental. Me he reconciliado con la mayor parte de mi familia. tengo 3 libros escritos por mí en un cajón. Y estoy consciente de que la vida no siempre te da otra oportunidad.

 

DISCURSO DECLARATORIO DE UN AUTOSOMETIMIENTO

Desde una periférica y desinformada visión de la realidad, bajo una concepción mesomatieralista y postmercadotécnicista, en vías de una extinción y asidero seguro, remedo los influjos verbales que no tiene sentido cuando las ansias por ostentar un algo llamado reconocimiento fallido son todo menos un cheque en blanco en el cual poder inscribir los apelativos de mi acta de nacimiento. La longitud del dato histórico trasciende toda interpretación etnológica, para abrir paso un acto evocativo de una edición española de 1890 donde la literatura cuenta con la etnografía como una de sus formas. Lo longevo no es más que una estructura demiurgica y grandilocuente, falacia y argumento escueto, como los silogismos aristotélicos que dividen, en una hipótesis de trabajo filosófico, la lógica en la distinción teórica y práctica. Quizá no fuera Aristóteles sino Descartes el que estableciera esta diferencia, pero a quien le importan ahora el jarabe de rábano yodado, la emulsión de Scot o el aceite de hígado de bacalao, si al final de todo ensayo, al final de todo texto, al final siempre queda una hermenéutica vacua susceptible de psicoanalizarse. No, el ajo y sus pieles no son las escuela de Frankfurt ni tampoco la lectura de Erich Fromm es un variable segura. No, nada de eso. Al final también los intelectuales tienen su predilecciones, sus agrupaciones, sus tendencias, su privilegios, sus preferencias, pero también son humanos. 

Mucho más allá de la intención rota, del discurso roto, de la lingüística aplicada o del conocimiento actualizado de la gramática de mi lengua materna, que a duras penas hablo, los circuitos así estables como dispares son una radiación de la pocilga desde la que veo el destructivo trance de un pasaje de siglo a otro. Y soy parte de la destrucción y no de los artistas, poetas, escritores, cineastas, creadores, oficiales, en el sentido gubernamental, institucional, pero también en el sentido del oficio. Y si leen a los sociólogos franceses, y se creen que saben de cultura, y si anotan y apuntan ideas de filósofos alemanas, y si los nacionalismos siguen vigentes y se cree el nacionalismo es una pauta multicultural, se olvidan del proyecto civilizatorio y entonces yo no soy más un transgresor menos en la faz de la globalidad. Todos los años hay nuevos valores, nuevos símbolos, nuevos y nuevas generaciones, y ya la mía ha hablado y ya mis contemporáneos y los que siguen están arriba y ya ahora el temor de saber que al final de cuentas no se mide la vida por lo vivido sino por el mérito tecnócrata: reconocimientos, premios, distinciones, apoyos, viajas, talleres, cursos, charlas, conferencias, congresos, etcétera, etcétera. Productividad a todo lo que da. Y mis veinte años a la mierda. Y mis treinta según entiendo que el mundo de los hombres no ha dejado de girar y que en ese movimiento los que antes eran ahora son otros y otros somos todos, pero yo me mantengo como un ancla, aquí, fijo, en ese recuerdo, en ella, inexistente, imposible, fantasmagórica. Y luego viene las recriminaciones de los libros comprados y no leídos que me pasa desde que estudia antropología. 

Las ciencias de la cognición quizá incluyan un apartado a la historia del conocimiento, quizá también bajo la lógica que ya planteaba Lyotard y otros, porque como dice una antropóloga a ella no le interesa la sociología del conocimiento, pero a mi sí. confesing the caosY entonces lo que antes era filosófico ahora es lenguaje y lo que antes era discurso ahora es cultural y lo que antes era historia ahora es transdisciplina y lo que antes era poema ahora es un vídeo y así todas las cosas y las instancias actualizándose y el lugar en el mundo que me ha dejado lo que hice, lo que dije, lo que grite, lo que sufrí, lo que pensé, lo que sentí, lo que ahora no es más que un flujo de escritura automática, es además de este automatismo, una muestra de cómo el sistema, el mundo, los medios de comunicación, el poder, es ejercido en todos sus niveles; desde el hombre menor, crecido que te decía eres bueno y que ahora te ve para abajo porque no alcanzaste el éxito, hasta el viejo hombre reconocido y la figura primordial que te ve para abajo porque no has conseguido ninguna distinción ni título ni tienes abolengo alguno, hasta los maestros que te ven para abajo porque aprenden de ti y en lugar de reconocer simplemente te hacen a un lado y todos esos jóvenes que oscilan entre los 20 y los 28 años que te ven para abajo y que de pronto dicen: ese es un nerd, es un matado, es alguien que no va a fiestas, que no tiene problemas de pachanga, y todo eso es visto y sopesado porque también uno desde adentro aprendió a verse para abajo a ver para abajo a estar agachado, menguado, desde ese salto, y ella estaba arriba y desde entonces yo estoy abajo, como la canción de Televisa o las radios de Televisa o simplemente como los motivos de las canciones de moda de Belinda y no ser Freud ni tu mamá y entonces descubrir que pensar no vale nada, que leer no vale nada, que escribir no vale nada, que nada, nada, nada de lo hecho vale nada, porque todo es un filtro imperfecto o macabro donde el maquiavélico edificio autoconstruido ha sido realidad. Entonces, mucho antes de decidir arrruinarme, mucho antes de rendirme, mucho antes de comprender que no quería jugar a la tecnocracia mexicana, que no quería ser un hijo del panismo foxista ni calderonista, que no quería, que no podía, aceptar el ethos ni el pathos vigente, mucho antes de eso la fiebre rotunda de mis cavilaciones, mis traumas amorosos, el cerco del fantasma de mis padres, de mis abuelos, de sus grandezas, sus hazañas. La historia de un gitano que tocaba la guitarra, vidas pasadas. Eso mismo. Hasta que llega ella y entonces hago el esfuerzo más grande de toda mi vida y mi cuerpo no puedo más y mi cerebro revienta y me convierto en un trapo desvencijado.

Todo eso y después leer autores franceses, leer pendejadas, comprender que Gabriel Zaid es un autor y además, comprender que no puede vivirse la mitología maya del Popol Vuh, comprender que no hay formas más occidentalizadas que las alfabéticas bajo la lectura de Giorgo Raimondo Carmona, perderse, todos los días, en relecturas de copías y autores de una carrera trunca: Naturaleza y cultura, de las Estructuras elementales del parentesco de Lévi-Strauss. Pero olvidar, por completo, las charlas escuchdas de Marc Auge, las palabras del neomarxismo de Michel Kerny, olvidar la inocencia, olvidar todo de la mano de Carlos Castaneda y Don Juan Matus. Olvidarlo todo. Todo, todo hasta el nombre y el acento al hablar. Todo. 

Y mucho más que comprender las estructuras presentes, mucho más que aceptar el estructurlismo de Todorov o de Barhtes, mucho más que encontrarme la intelectualidad francesa, mexicana, alemana, italiana, rusa, mucho más que creer que hay un lugar para mi en el mundo, estoy convencido de los entrecejos y pasajes vacíos en la poética incierta de las confiuraciones personales. Mucho más que acatar los ideales del hombre de Play Boy México, mucho más que entender que el cuerpo es un recinto, mucho más que asumir este autosaqueo a mi alma, contra los huesos de una juventud que parece renacer, sostengo los candiles de proyectos que no pueden cristalizarse. Debería leer a Whitman de nuevo, debería volver a algo más apacible y menos egoista. Pero no puedo tener conciencia ni puedo tener razón ni puedo si quiera dejar de lado los pezones hermosos de las modelos de revistas para caballeros y todo eso es sincrónico a este vocerío ramplón. Todo eso. Todo.
actress and audienceLa macro estructura de la globalidad se nutre todo el tiempo de vivos y muertos. La mecánica es malthusiana desde la visión exponencial. Pero no, nada de lo que puede pensar es un atino. Mis ideas, mis textos, mis creaciones, son ocurrencias. En el siglo XVI hubiera sido objeto de un auto de fe. Ahora el castigo es vivir, es respirar, es ver, contemplar, observar. Desde la televisión y sus comunicaciones dominaron y rompieron los límites de mi conciencia, rompieron mi corazón, mi alma, mi cerebro, mi sistema nervioso. Soy una muestra de lo fácil que es derrotar a una persona, de lo simple que es hacerlo a un lado, inculcarle la vergüenza, acorralarlo, despojarlo de su dignidad, someterlo a las disposiciones ajenas a él. Todos ejercen su poder sobre mi, todos, todas, como una simple cometa, que es controlada desde la tierra, mi vida es un trozo de papel a la deriva. Los mensajes televisivos, los canales, el afán del mundo, el encierro, la incomprensión, la exclusión, es algo que se agudizó hace años y ahora desde este margen estúpido soy un hombre que no ha sido asimilado por nadie, por nada. Ni los grupos, ni los individuos, ni yo mismo, puedo romper este juicio rotundo, oscuro y pesado, de que no valgo, de que no puedo valer, porque rompí las reglas y sufrí castigo, porque transigí, porque no fui lo suficientemente fuerte y por eso estoy solo, por eso tengo este blog, por eso escribo, por eso siento rencor y odio, por eso decidí lo que decidí y a nadie le importa.
POR TODAS PARTES HAY OPORTUNIDADES Y EN TODOS LADOS HAY PERSONAS QUE SE EMPECINAN EN SER LO QUE NO SON

YO SOY ESO QUE NO SOY Y NO SOY ESO QUE QUIERO SER

VIVO ARREPENTIDO Y ME CASTIGO SIN ENTENDER

PON LA OTRA MEJILLA ESTOICO DE MIERDA

Algo mucho menos amable de lo que creo es la manera en la que intento decir estar en guerra desde hace 12 años por una mujer.