Arqueado síntoma

Asir los mecanismos

de ciudades y fotografías

es como aguardar

el signo del otoño

en las comisuras de una boca

amada. Torcer los decibeles

del presente, fulminar

letras cardíacas del ojo,

retozar universalmente

como atisbo de estrellas en lluvia.

Esgrimir los peldaños

de la escalinata prófuga

que lleva la cobija del silencio,

no es acariciar la loma

bermellón y nocturna

del tránsito que es fuego.

Como perdida la chanza

del laberinto indómito,

indomables edificios de arena

mental embelesan los oídos

con trinos fabricados a destiempo.

Rama fratricida la marcha

a los lindes del perdón,

péndulo del conocimiento

este funeral del instante embalsamado.

circulosombrero

Poema de la percepción del tiempo inexistente

Orilla y manantial

del ser, contra reflejo,

esparcida la semilla

soplo y caminata, arder

solo el instante amar.

Contracción y esperma

del verbo, del andamio

luminoso, palabra y fertilidad,

cosmos encubierto, amores

al árbol del conocimiento.

Inscripción tu faz, tu letrero

el símbolo partido, la mecha

encendida del saber, terquedad

y descanso, como soleada colina

reverdecida de esperanza y aliño.

¿Cuándo partimos el as del sentido

contra la efigie del sonido? Dejamos,

entre el salto al infinito de la existencia

y la locura de la presencia, las uñas y

los pasos llenos de entredichos.

Merodeamos entonces las esferas

de una geometría universal y silente.

 

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.

Después de leer una tesis doctoral

Qué grata sorpresa

encontrarlo todo,

ese todo que es mi nada

objeto de estudio, sucinto,

pulcro, amplificado y radiante.

Qué asombro y proeza

la discursividad del pasado,

los hombres, las obras,

las interpretaciones,

atisbo de colecta bibliográfica,

más que un rescate una pieza

del conocimiento necesario.

Deseos que ahondan mi ser,

la llamada a profundizar

el entramado libresco:

neoclasicismo

ilustración

siglo XIX

prensa

periodismo.

Indisociable de mis criterios

esto que leí me cimenta,

desbroza mi camino, me alienta.

Soy feliz con el trabajo de las ideas

y me doblego a la fascinación por conocer.

 

Inflexión mental

Si del saber ahuyenta
el inmediato filo
la medianía cierta,
el temeroso brío
como mecánica rota
la longitud quebrando
ignorar todos los mundos
ignorancia que es pecado.
Movimiento de los hombres
de las ideas el hábito
más que libresco aire
pasión por lo revelado
vocales de todas las lenguas
sabiduría del espanto
con extravíos certeros
investigación de lo alto
altura que roba mentes
quietud de la armonía y manto
de compañías eternas
llama vital de los clásicos.
Ausente rubor de conocimiento
avergonzada mirada
intento de decir el mundo
el mundo que se acaba todo
como semilla seca del tiempo
corazón saltando al campo
de las letras y adornos
de un milenio que termina

Si la turbiedad conquista

Los prados del conocimiento
están poblados de letras
pero los fantasmas del saber
anotan refugios de la imaginación.
¿Son los fragmentos de eternidad
llamas que suben a los abismos
del cielo donde reposan las almas?
Son escrituras de otros paisajes
las insignias mismas del ocaso.
Acaso tientan las mentes
los caballeros del infructuoso
conocer, los atisbos ciertos
de la fábula sapiencial.
Todo transita contra el espejo
de la Historia y deja un polvo.
El aroma de las estrellas,
que alumbra los destinos,
está sostenido por el deseo.

Neo enciclopedismo

Ventosa idea
conocimiento esparcido
¿acaso lo injusto es tu infinito?
Volver al paso de las páginas
hacia las ondas del sentido
cabalgata de alfabetos descubiertos,
sino cualquier angustia
por descubrir el pasado.
Paso a la esfera luminosa
luz como de estrella estallada.
Imagen total el eclipse mental
axioma entre los tientos y voces
escritura que en silencio columpia
el almanaque del saber. Inmensidad
nombres de una transgramatosofia
conocimiento finito a través de lo escrito.
Civilización absorta y absoluta
como barco transatlántico,
que atraviesa tinieblas y encumbra
faros. Libertad conquistada al presente.
Tu voz nace de otras voces imaginadas.

Espirales de papel y silencio

Puertas y signos abren

laberintos y vidas,

diseminación de certezas,

dubitación de tiempos,

recorridas miradas,

extrañamiento.

Todos los vientos existentes

pasan revista a la herencia

imantada

de las letras.

¿Cuánta escritura perdura

en la esfera fulgente de la Historia?

Los hechos trascienden las creencias,

los signos abiertos promulgan interpretaciones.

¿Acaso el olvido es un nombre ancestral

contra el silencioso vestigio del papel encubierto

de la maleza de los sueños y los fantasmas y los hombres

escritores de paisajes y de tierras?

No podemos intuir nada que nos sea ajeno

porque en la intuición se nos va algo,

como algo que se va después de una tormenta,

algo que queda

como roca fósil

algo que estaba y se va

como un beso materno o la muerte.

Las puertas abiertas son otras miradas

el otro que nos increpa y nos induce,

que localiza lo exterior

que rompe el cómodo surco interno

y abre los pasos, las miradas, a un universo

distante que se vuelve cercanía.

Leer es palpar, papeles y silencio

son los ductos de la idea, del lenguaje,

del simbolismo: paradoja es el diálogo

con los muertos que reviven

en sus escritos y en nosotros al abrirlos.

Lecturas próceres: clasicismo

renovación de perfiles de la antigüedad.

Los alfabetos produjeron el acto revolucionario

de la permanencia y los lectores somos

los revolucionarios náufragos

del laberinto del conocimiento.

Micro epistemología del desahucio

La perfectibilidad vital y los nodos simbólicos mal traducidos muestran la veracidad barrosa del fracaso. Si de enunciados falaces se compone el derrotero del sino, las nimiedades absorbentes muestran escuetos sincretismos morfológicos de la conducta en vías del final. Finalidades quedan plasmadas segundos después de la horquilla remanente, como la guillotina sanguinolenta en 1789, pero desde el sin sabor existencial del protagonismo nacionalista. Episodios contractuales que devienen en crisis económicas y residuos de la caída del muro de Berlín, composición entusiasta la encandilada sonoridad del decibelaje poético. Toda perfectibilidad vital estriba en su componente fracasado, porque en el designio terrenal las frases optimistas componen verbos sustanciosos que no dictan sentencias lógicas ni pueden arrobarse el privilegio de ocultar los síndromes raquíticos de la filosofía barata. Pero, si en la dubitación perenne se mueve el algoritmo del ser, los péndulos de la muerte fulminan el evento veratitivo con una álgebra que dicta de formal prisión a los sentimientos, desde la corruptela insidiosa del fanatismo. Entonces la antigüedad deja de ser una reliquia de polvo y el éxito de la perfectibilidad vital se vuelve en sí, realidad mortal para sí y para quién la conduce. El sistema social de la persistencia remota y de la constancia espacial, muestran claramente que el desahucio es una forma de conocimiento miserable y del todos conocida como fórmula de la trunca perfectibilidad de la vida, como esencia mutilada que no estriba en las condiciones de verosimilitud sino en el efecto postrer de la espiritualidad caduca y en vías de extinción. Si el fin del desahucio es una muerte segura, la perfectibilidad de la vida implica una conducta a través de los sistemas del conocimiento en detrimento de la esferalidad corpórea del instante asesino. El desahuciado conoce gracias a sus expectativas truncas.

D’Alembert quote

“El sistema general de las ciencias y de las artes es una especie de laberinto, de camino tortuoso, en el que la inteligencia se interna sin conocer muy bien el rumbo que debe seguir. Acuciado por sus necesidades y por las del cuerpo al que está unido comienza por estudiar los primeros objetos que se le ofrecen; penetra lo más que puede en el conocimiento de estos objetos; no tarda en encontrar dificultades que lo detienen, y sea por esperanza o incluso por la desesperanza de vencerlos, se lanza a un nuevo camino; vuelve luego sobre sus pasos; franquea a veces las primeras barreras para encontrar otras nuevas; y, pasando rápidamente de un objeto a otro, hace sobre cada uno de estos objetos, en diferentes intervalos y como a saltos, una serie de operaciones en las que la discontinuidad es un efecto necesario de la misma generación de sus ideas. Pero este desorden, por muy filosófico que sea por parte del espíritu, desfiguraría, o más bien destruiría enteramente un árbol enciclopédico en el que quisiéramos representarlo”

Jean Le Rond D’Alembert, Discurso preliminar a la Enciclopedia, [1759], reimpr. Madrid, Editorial Sarpe, 1985, pp. 74-75.