Ojo imaginario

Releva el viento

sueños, tropas

insensatas, que son gotas

de amores fallidos, que angustian

el entonces colectivo:

nosotros escondíamos

copos de tristeza en la alacena.

En un invierno ficcionalizado

escupimos narraciones y metáforas,

roturas del diente gris demiurgo,

como pincel entonando

la hoja en blanco. Dibujamos

ignorancia que es la muerte.

¿Nos escancian la hoz eterna

y el torno donde forjaron

la histeria histórica del devenir?

Fluir, tentar, calmar… silencio.

Éramos un arbusto de esperanzas

que se secó con el mamar del sol,

como oso tiroteado en el polo norte,

blanco y rojo, sangre y papel:

fuimos igualmente cenizas y cenit

del torpe signo que aterrizó contra

el espejo bruñido de fantasmas.

Perdería contra la insignia de tu aroma

el ajetreo común de un caldo de mariscos

pero estoy aquí y allá eres cercanía de nadie.

Te nombro. Finjo también

escupo, frunzo mi alma,

tiendo el atender observando

las mañanas veraniegas en Dublin,

esparzo ansiedad, depresiva ínsula

esa imagen: nuestro baile, te amo.

Pertrechar las costas de la memoria,

estar así, hacía la luna una cavidad

de luz en tus comisuras

cuando sonreír fue cabalgar

años y generaciones: extravío

si acaso olvidaste que un día

nacimos como esferas de ternura

en el rosal puntiagudo de la existencia.

Teníamos una especialidad constante

flamentes monumentos terregosos

indujeron a la máquina a estornudar

nuestras figuras de estructuras de hierro.

Aquí la improvisación resiste

remilgo

estúpida manera de mecanografíar

la observación instantánea

de un nihilismo predecible y ramplón.

Baratija, sí, ideología gratuita, sí,

sueños quebradizos de misterio, sí,

tendones espirituales absortos,sí,

nuestra música congeló una montaña

de imágenes y ¿qué quedó de una vieja

carrocería que condujimos por el

salado precipicio de las despedidas?

Anteriormente creía que un espectro

indicaba los senderos personales.

Hoy no estoy seguro, estoy infértil,

estoy, si acaso, mentalizado

en una hoja de clavel

que me escribe tu nombre en la frente.

Teníamos también un augurio

que se cumplió, teníamos voz, boca

pintura en el interior

y callamos, oscuridades

nutrieron la deformación, soplos

instintos nos ciñeron entre un horizonte

flácido de calles y caños —sutileza espumosa

la misma melodía cada inicio

de semana— monotonía que ensimisma

un  aquí ya no perplejo o abismal

fluido y trepidante en un trémulo impacto de sexos.

Ya no es temperatura el insomnio.

No alcanza la desdicha del florero

a esconder un manantial

de promesas, porque caímos

guturales en el asombro,

caímos y volamos y dijimos:

¿hubo una teatralidad propia

cuando la necesidad volvía

necia la impronta contradictoria

del verbo? Divinizamos toda afrenta

como si fuera chocolate para niños

porque en un abrir y cerrar de manos

se nos fue el destino y destinamos

febriles colecciones de imanes

a una frialdad de multitud en transporte público.

Hasta el insensato remolque del soñar

nos indujo a la fumigación anímica

por las rendijas fortuitas del imprecar

los actos descritos en tradiciones esfumadas.

Posiblemente tendríamos más minutos

para nuestra audiencia

pero no,

no,

no porque a cambio de volar

incumbía decir y soltar

la desfiguración planetaria.

Porque en un ápice de misticismo

extraviamos los inmejorables

tormentos del ser y decidimos

alejarnos porque en el horizonte

—de nuevo el grillete de un lugar

común— nos escondía el futuro

su decrepitud de paso y el emblema

torcido de la certidumbre: amar y ser amados.

Modernidades fugitivas

 

Rampante eco

siente

el caer los designios.

En el oráculo indubitable

cae la fuente gris,

torcedura y sopor,

de la crueldad.

Añorar es quebrar instantes

como celulosa quemada

en un sillón en Los Ángeles

en 1959. Perfumada

pulcritud nos induces

soplando en la vista

canciones, pero solos

escribimos el guión

en esta sinfónica demencia.

Rampantes modernidades

escupieron atroces el insuflado

acto especular y soñamos

otra vez con el bienestar.

¿Existe una forma de caer

sin dolor en la memoria?

Tristeza y ocaso de un tonto siglo XX.

Irreverencia poética 16

Ninguna forma escapa

al recuerdo,

quizá el olvido

nutra

el firme momento

nuestro

que no fue:

tú sin boca

yo sin voz.

Adiós adiós.

irreverencia-poetica-16

Todos queremos ser leídos

El problema es ese.todos-queremos-ser-leidos

Entonces somos saturación

de voces, en el cristal luminoso,

nos escondemos, alientos somos,

tampoco rutinas nos indican

ángulos o cicatrices, pero ese es

el problema: todos lo buscamos,

pretendientes somos

más que literatos o escritores o poetas

o novelistas o ensayistas o columnistas.

Todos queremos ser leídos

todos queremos vender

todos queremos vivir de nuestra pluma.

En un mercado saturado todos pedimos

atenciones como de desalojado en guerra.

caracoles¿Atinamos acaso alcanzar,

desde nuestras pantallitas,

otros continentes y regazos?

¿No somos como una escoria pensante,

dicen los consagrados, porque nos sobra

retórica y nos falta técnica? ¿Somos?

Queremos ser leídos, tener un espacio

en el mundo, asimilarnos al cosmos editorial.

Ese es el problema. Pequeña saturación del mercado

—inmensidad charlatana— somos:

todos queremos ser leídos. Algún día.

 

Dislocación del espíritu creador

No basta con implementar dispositivos creativos y de difusión expresiva, no basta con tener buena ortografía, o mala, no basta si quiera con acumular lecturas o miradas atentas a la tradición pictórica. Precisa, para el espíritu creador, actualmente una compleja red de habilidades, técnicas y métodos, que permitan la expansión del mensaje y del contenido. La dualidad forma-contenido, abigarrada en el saturado ambiente de expresiones contemporáneas, no remite más a las posibilidades de crear una jugada discursiva novedosa, sino remite a la morbosidad instantánea de los hechos y las formas de comunicación. water1

El problema histórico entre tradición y novedad, sucumbe ahora en la multidimensionalidad de los pastiches. La pureza del arte o de las expresiones estéticas, en su dimensión viral, responden al amarillismo cultural, a la tendenciosidad precaria de una moda y su efímero récord de visitas. Está demás pensar y decir con notoriedad las cosas, porque vivimos, aquí en internet, un universo de múltiples formas discursivas, que avasallan el criterio propio, siempre en construcción, al acto de seguir ofrendase desconocidas. Y la construcción de un criterio, personal, se moviliza siempre en todas direcciones, porque en el ácido momento de la renuncia a la verosimilitud moderna, naufragamos en una hostilidad pasajera, un el acto voyeurista, en el esparcimiento fútil, en la campechana de medios, recursos y figuras estereotipadas.

Al encasillar la creatividad en una nulidad comunicativa, como aquí parece en ocasiones mostrarse,water3 no dista nada del aislamiento mental y del despilfarro anti-ideológico que podría muy bien caber en una escritura vacía y tenue, abismalmente diluida en la poltrona del desempleo y la constricción personificada de una esfericidad terca: el recorrido que va de la inventio y la imago a la retórica insalubre y corrosiva, desquiciante y mordaz en su lucha intestina por mostrarse auténtica y original.

Si crear no puede otra cosa más que referencia a las grandes obras y los grandes autores en nuestros días, crear es una abominación constante que rompe para mí debe romper el cerco del automatismo y mostrarse teatralmente, líricamente, pictóricamente, a partir no ya de un canon o un conocimiento preciso del pasado histórico-estético (no solamente), sino que debe nutrir una exploración personal y colectiva que permita oscilar del nihilismo al totalitarismo estético, en aras de fomentar una water2actualidad fenomenológicamente imposibilitada de renuncias.

Al final todo se trata, para mi, de hacer un sitio en el universo tergiversado del lenguaje multiplicado en parcelas y aromáticas tendencias pasajeras. Se trata de embalsamar mi lengua y mis nulos conocimientos teóricos y filosóficos, no sólo como muestra y exposición raquítica del ser no instruido absolutamente, sino como mecanismo factual de exteriorización provisional de una pathos intrincado y fugaz, como el resto de los eventos, que indaga y provoca, desde circunstancias locales, un efecto reflejante creativo, creador, sustancialmente entrometido en la distorsión de los lenguajes, como una falsa episteme estética, no inmersa en la realización y performatividad del inabarcable presente.

Retazos en la pantalla

rombo1Deberíamos dejar las intuiciones postmodernas a los filósofos y mantenernos erguidos, orgullosos, de nuestra eventualidad disruptiva. Acaso pensemos que las conquistas tenológicas y culturales sean una especie de reminiscencia futurista, pero no, es mucho menos que una osadía racional y un terco remilgo intelectualista. No es posible decidir acerca de los eventos creativos o de las situaciones creativas ni siquiera indagar en la creatividad sin un ápice de cordura pero también de genio. En cambio debería olvidarme que hace poco leía a Benedetto Croce y que no por nada la modernidad, caduca y rancia, es una dialéctica dicotómica improcedente. mancha1

Si las luchas estéticas, si el arte por el arte, si las posibilidades enunciativas proliferan ¿no estamos entonces en el laberinto de la lengua, en el torcido trance, también, de la efectualidad perecedera del nombre? Sin embargo, más allá de una filosofía del lenguaje o de una esteroetipida fórmula verbal, el efecto de los lugares comunes, de los hechos históricos, de las posibilidades argumentativas, que convergen en la dimensión tradicional, han sido rotos por el proliferante pastiche. No es, tampoco, la balada de los Beatles o si quiera algún libro de los autores del momento, ni siquiera, por consiguiente, es una metafísica blandengue y locuaz, donde pudiéramos solazarnos de un aprendizaje útil y pragmático. En cambio, las infinitas torceduras, visuales y verbales, impelen a conducirnos al horizonte del anything goes pero sin considerar su relatividad epistemológica. No obstante la configuración improvisada de este panfleto autoensayístico, los denominadores comunes, instancias del acto comunicativo, no pueden orillarnos más que al distanciamiento del logos y a la especificad del areté, pero sin considerar los elementos eidéticos posibles en su parcialidad histórico cultural.

bola1Si acaso la revisión de algún autor, obra o principio creativo nos induzca a ser mejores o más prolíficos creadores, eso no es motivo suficiente para la autodenominación profesional de oficio creativo cualquiera. Pero para cerrar este disímbolo efecto lingüístico preciso reconocer que en la prolijidad del lenguaje y sus diásporas emotivas, la dimensión de mi pensamiento esparce retículas de esterilidad.

¿Arte, muerte o revolución sin devolución?

No inquiero ni supongo el hechizo momento que proseguirá mi intento fallido. Es más, ni siquiera comprendo o asumo una teleología estética y, por tanto, carezco de definición lógica, semántica y conceptual, propia de un ensayo que pueda proporcionar una referencia válida de sentido. Pero si el arte es un instrumento de transformación, o de negación, de la realidad, deberíamos asumir que la proliferación discursiva estetizada no es un asidero seguro cuando de revolucionar el presente se trata. Si desde mi postura, snob, anquilosada y raquítica, no me es dable observar el péndulo transgeneracional del simbolismo actual, más allá de las dimensiones tangenciales de mi pensamiento hay una posibilidad realista de asociar el producir estético con la nutritiva sabia del ser. En esa medida el arte no es ya más que la imitación de lo imitado, es también un refrito renegrido de la polución masiva global. Los recursos no faltan ni las tendencias son absorbidas, pero navegamos en el extravío cotidiano que brota en sus caretas estéticas, en las axiomáticas figuras del discurso transmutado en expresividad comunicativa, carencia misma del estercolero de la aldea global. Desde la productividad fecálica del arte, las aristas posibles de la estratatificación jerárquica del pensamiento deniegan autoridad a la doxa, ámbito que también el arte, y sus técnicas y métodos, ha visto llegar a los extremos del maniqueísmo somnífero y trasnochado de un siglo XXI mutilante, heterofágico, glotón y supurante de basura legitimada institucionalmente como “creación”, “arte”, “literatura”, “teatro”, etcétera.

aficheninguno1

Atmósfera derretida en un acto

perdida1

Podría creerse que la falta de sentido en el ámbito creativo es una derivación extensa de los fragmentos rotos que sucumben en un intento de teorizar la sensibilidad. Pero no hay un lugar común a la presencia ignota de la inspiración, no al menos en cuanto que deviene en un sin fin de actos, emergencias y situaciones. Propiciar la rememoración con la creación es un cuchilla mental, en mí caso, cuya inflexión de apropiación del significado de la experiencia puede muy bien circunscribirse en un acto reflexivo. En todo caso el semblante de mis carencias ideológicas, especialmente políticas, remite a una constricción volitiva de mi ser en el mundo, un tanto burgués, un tanto parcial, un tanto quebrada de los flujos informativos, de los hechos vigentes. Pero en el acto creativo, en el impulso creador que sigo, que persigo con mi automatismo escritural, no existe una premonición latente ni un fondo instantáneo que surque los océanos del ancho mar digital. En mi feudo creativo las exploraciones realizadas pueden muy bien ser legítimas o no, pero en el peor de los casos se trata del impulso catártico que, orillado a la necedad de un acto distorsionado, promulga los epicentros, ora lúgubres ora luminosos, que demarcan los linderos de mi discursividad.

Mantengo un impulso neto de exposición verificada en donde es posible localizar un influjo constante, en ocasiones falaz y otras veces pleno de sentido. Hay también un intervalo que oscila del lenguaje, del pensamiento, de las dimensiones interpretativas del ser y del mundo, a una estética cardinalmente solitaria, emblema mismo de un arte quebradizo, de una arteria sensible fugitiva, de una espiral ininteligible. Por la construcción sin agenda ni itinerario, mi arte, mi poesía, mis creaciones, no responden a la realidad ajena, al mundo externo, a la metafísica internáutica, sino que son porciones todas de mi interioridad, de mi instintividad creadora, de una especie de vivir el presente que no tiene nada que ver con el presente, una fórmula negativa, por dialéctica, de la asunción del tiempo y de sus marcas en el ahora. Lo instantáneo figura como un producto realizable, pérdida de simbolismo y de abstracción, surco y manantial de frases, versos, prosas, imágenes, orillas mismas del acto de desahogo incesante, infructuoso, ocioso, extravío y sombra de la torcedura del alma que me invoca cada vez a nombrar, a decir, a poner en juego una red de impulsos estéticos de dudosa procedencia.

perdida1

Anti versos en nocturnidad

Prontitud disímbola

eje y vértebra

del amanecer.

Distancia, acuosa marcha

de la oscuridad,

monografía y narración

de estrellas y grillos.

Ansiedad del horizonte,

marcha del soplar

las nubes la luna.

Imagen inexistente

como pañuelo desechable

valor de uso de la luna.

escarabajo1

Generación imaginaria

dilusion2

Arrinconar el aliento

al paso, los cansados

mantras invocando

el ardor de la eternidad.

Lacustres monotonías

este mundillo perecedero.

Memoria, si de fragilidad

tiento brote y colapso,

arbusto imaginario

del paso del tiempo.

Nos esconde una figura

la esbelta nomenclatura

del tiempo, nos induce

a la guerra el soplar

las velas del cumpleaños.

Si de mentira certeza

constricción volitiva,

la duda nos carcome

como ácido y somos

el terreno del oxido generacional.

dilusion2

 

 

 

 

 

 

Cautiverio creativo, explicación de un hábito de distorsión

fire in the studio1La creatividad representa un ensamble de múltiples factores que desenvuelven técnicas, hábitos, conductas, estructuras y emociones. Cuando me refiero al acto de crear no me refiere exclusivamente a un comportamiento surgido ex nihilo sino que, convencido de la consciencia creadora, remite a una formulación de instancias comunicativas, expresivas y factuales, que intentan en sí mismas una transformación. Dicha transformación puede ser momentánea, puede ser de larga duración, puede ser simple o compleja. En todo caso el hecho de la transformación de las dimensiones reales a través de la creación representa un tópico bastante común en el devenir cultural occidental.

En la medida en la que crear es un acto de transformación, constructivo o destructivo, transformar a través del arte, de la literatura, del pensamiento, no es enteramente un acto límpido o que trasluce los límites y contornos de la experiencia. Si la comunicación es por excelencia el fin último de lo creado, los referentes de la creación no necesariamente remiten a una condición tradicional o innovadora, sino que ostentan un carácter ontológico propio, en ocasiones intertextual, en otras completamente transfigurado o también transgeneracional.

Es en esa capacidad articuladora comunicativa y expresiva que la creatividad ostenta una paradigmafire in the studio2 propio, derivado de sus accidentes y sus intenciones, de sus quehaceres y de sus modos estructurales que, desde la ambigua secreción de especificidades, remiten a una renovación interpretativa. Lo concerniente entonces al acto creativo, más allá de una filosofía de la creación, puede establecerse a partir de la remisión a un acto de distorsión, a una elaboración que transmuta esencias, formas y lenguajes, para proporcionar una experiencia no dicha, no nombrada, no referencial, donde las subjetividades auscultan, gradualmente, sistemas explicativos y sensibles.

fire in the studioPor consiguiente, la dimensión intuitiva del acto creativo no deriva de un purismo esencialista o de un conocimiento en bruto de sistemas estructurales. Más bien es una complicada ejecución de traducción múltiple, que vincula canales afectivos a través de la comunicación y que representa esquemas simbólicos derivados de tendencias individuales o socialmente compartidas, que en el sentido estricto del término canon son estaciones y paradas dentro de los mecanismos tradicionales de los sistemas expresivos. La realización entonces es el principio de la creatividad, planificada o no, que descuella por sus valores y aportes a los códigos que interpretan o valoran realidades a través de diversos mecanismos.

Emblemas

elipsis1

Hasta la nube

noche

lo dicho

esparce

mudas cicatrices.

Ancestros

en la cima,

de la vida

el tronar,

de los días

el peso, mancha,

la tinta siempre

certeza de vida.

Escape:

tú delante del sino

espacio, tiento, galope

como de estrella fugaz

la cola, gentío dominical,

los registros

del viento

absorto.

Juventudes.

elipsis2

Ver encima micro cosmos

Ocasión de silueta,

manantiales,

rendija cómplice,

luz y materia. Enredo

instintivo, locomoción,

efecto acto impulso,

galaxia y universo, caducidad,

del instante memoria,

del andamio vital,

mordaza: la cápsula fértil

de vida tormenta, la

observación y el entorno.

Salto divino al ejemplo

de la conquista universal:

vida-alegría-amarilla

esencia flor y atmósfera

revertida en los sentidos.

flor amarilla

Chatarrismo, digitalidades y vocalidad discursiva

La vivencia de los fenómenos digitales, proclives a una tendencia polihédrica y fractálica, incluye una corporatividad del hecho cultural inserto en el devenir de la obsolescencia y la caducidad, lo cual genera un chatarrismo cultural, una residuocidad. Esta situación conduce a la diáspora de reminiscencias en todos los niveles de la creación humana, que en el caso concreto de la vida animal, por ejemplo, construye zoológicos virtuales. La desaparición de los referentes, como enquistamiento ideológico, permea la conducta informativa, la tendenciosidad discursiva, generando un vocerío polifónico, creativo en ocasiones, otras veces destructivo y necropático. La imposibilidad de categorizar los hechos digitales, de rotular, por inabarcables, los hechos de una taxonomía cultural de un presente donde la sincronía es amplísima, genera también la dubitación, en principio, pero además constriñe los asideros saludables, en la marcha voraz de la caducidad, de lo obsoleto, de lo que pasa y deja una huella, rastreable, verificable, cuyo destino es lo deleble de su existencia.

La vocalidad discursiva se erige entonces como una actualidad apegada a la multiplicidad de la oferta y la demanda de los mercados diversos: delictivos, educativos, literarios, fotográficos, audiovisuales, mercantiles, entre otros. Esta vocalidad, esta oferta de voces que irrumpe en el presente, en la sincronía de las digitalidades compuestas por un registro escritura milenario que se aproxima al último segundo presente de forma saturada, esparce sus dólmenes de sentido, construyendo archipiélagos de significados y referenciales. Los ecos del chatarrismo cultural, de la basura cultural, son una parte crucial de los impulsos sonoros de estas voces de la digitalidad, construyen, al tiempo que dislocan, las redes y flujos conformadores de un gusto, donde el eclecticismo es una moneda, donde la heterodoxia y la multiplicidad, la heteronomia, mantienen la posibilidad de construir identidades, colectivas e individuales. Estos hechos reflexivos, no obstante, carecen de una conducta que anule el postulado de la saturación abismal, icónica en el caso de referentes sólidos, etérea en el caso de referentes socialmente menores, que circundan las distintas aristas del presente referido a miles de millones de personas con entidades psíquicas, identitarias y preferencias en diversos ámbitos, que derivan, por tanto, en una puesta en escena, experiencia y construcción, de las digitalidades contemporáneas y su vocalidad discursiva.