De mi reciente ausencia

Crucial, definitivo, trascendente, estos días me mantuve concluyendo mi tesis de licenciatura. Imposible dedicar algo de tiempo a mi sitio, imposible si quiera colocar algunos versos, incluso micro poemas. La mente estaba retenida, absorbida, enclaustrada, invariablemente, en concluir mi primer trabajo personal de investigación académica. Y no fue en balde. Ahora no sabré qué hacer con el tiempo libre, quizá invertirlo aquí, pero también en otras actividades. Estoy contento, pleno, satisfecho y aguardando las noticias de mi asesor para proseguir con los trámites de realización del examen de defensa.

No podía, en consecuencia, dejar de compartir este acontecimiento con mi audiencia bloguera. Reciban un saludo sonriente de este hombre feliz.

 

Romulaizer Pardo

Noticia de un tesista de Xalapa

carita marionetaMe devano la cabeza, el pensamiento, contra el filo de una tesis abominable, intensa, ampliamente documentada. Dudo de mis intentos creativos, igual que dudo de la bondad humana. Mantengo cerrado el frasco del olvido, porque creo que la tinta merece más memoria que silencio. avisoEntre ladrillos de conocimientos, mi afán libresco, mi imposibilidad de acceso a la gran audiencia, mis flagelos personales autoinducidos que disocian mi vida creativa, literaria, de mi vida académica, profesional. Mucho más que un hobbi, que un pasatiempo, escribir para mi es la vida. Pero termino embargando mis reflexiones, mis textos, por una estilística grandilocuente, exagerada, ininteligible. Siempre me falta preparación, siempre. Ante mí se levanta la senda absoluta del conocimiento. Mi escritura intenta ser una traducción infiel de una arista presente que arruina la escenografía global.

sala de conferenciasPor si esto fuera poco, o de escasa relevancia, mantengo una proliferan compra de libros que no puedo leer. Como compulsión, como un fetichismo, como una manda, adquiero libros. Quisiera ampliar los contenidos de este sitio, ampliarme, crecer. Pero tengo mi tesis, inabarcable, indómita, absoluta también. escritorio falazHasta que no la termine no estaré en paz, no podré dedicar mi atención a otra cosa. Eso me pasa por documentar ampliamente un hecho tan particular. Me arroba el trabajo intelectual, la contratación de ideas y opiniones, la construcción del conocimiento. Pero los días me endilgan su ligereza o pesadez, cada vez que voy a la cocina, armo un café y regreso a mi sitio de trabajo. Ahora, este balbuceo, este acto de impronta comunicativa, abre un mes nuevo en mi historial bloglibrero absortouístico. Para bien. Con dos meses intensos en visitas, satisfecho, me queda aún el aliento de dos proyectos editoriales cercanos: con Rodrigo Porrúa la publicación de mi ebook Advenimiento de la espera, poema extenso dividido en tres partes e ilustrado por mi amigo Sebastian Fund, y la publicación de mi novela con La Cosa Escrita de Marcos Merino, novela en ocasiones irreverente, en ocasiones seria, como un remedo de retazos este Olvidado Imperio Natdzhadarayama, ilustrado por otro amigo Azamat Méndez Suárez.

El teatro y su doble

 

El mejor año en mucho tiempo

LuisaPardoUríasRumorIncendio

Escena de la puesta El Rumor del Incendio del Colectivo Teatral Lagartijas Tiradas al Sol

No puedo evitar hacer un recuento breve de mi año. Fue el 2015 uno productivo y agitado, especialmente realizando actividades académicas. Después de 5 años puedo decir que logro cumplir objetivos trazados con imprecisión y alteraciones en el ensayo https://romulaizerpardo.com/otros-textos/ensayo/de-la-heroicidad-e-idolatria-literarias-o-del-arte-de-combatir-con-la-voz/  Los objetivos fueron tres: terminar mi novela El olvidado Imperio Natdzhadarayama, realizar la compilación de los trabajos académicos de mi madre Margarita Urías Hermosillo, y llevar a cabo la

investigación sobre la figura de Ignacio de Luzán. Tres objetivos que en 5 años se han cumplido, al menos parcialmente. Mi novela se encuentra en el cajón y estoy en el proceso de decidir hacer una edición de autor para publicarla. En cuanto a los trabajos de mi mamá Margarita Urías Hermosillo, ampliamente promovida y difundida por mi hermana Luisa Pardo Urías y su equipo teatral Lagartijas Tiradas al sol con la puesta en escena El rumor del incendio, la compilación que realicé entre 2011 y 2013 se encuentra en proceso editorial en una reconocida casa de distinguida universidad mexicana. Finalmente mi investigación sobre Ignacio de Luzán, que hace más de 5 años

Presentación de ponencia en el IV Congreso Internacional de Historia AHILA 2015 en Veracruz, México.

Presentación de ponencia en el IV Congreso Internacional de Historia AHILA 2015 en Veracruz, México.

ignacio_luzan

Retrato de Ignacio de Luzán, obtenido de la Worl Wide Web.

comenzó a inquietarme pero que no sabía bien cómo aterrizar, está dando sus frutos. Este año presente una ponencia titulada Transferencias culturales entre España y México: el pensamiento de Ignacio de Luzán a través del Diario de México en los albores del siglo XIX, en el IV Congreso Internacional de Historia del Grupo de Trabajo de la Asociación de Europea de Historiadores Latinoamericanistas AHILA Trabajo intelectual, pensamiento y modernidad en América Latina, siglos XIX y XX titulado “Variables e invariables en las Américas: comunidades intelectuales, pensamiento crítico y transferencias culturales entre América latina y Estados Unidos y Canadá. De los procesos de independencia a la Globalización”. Del trabajo investigativo ha resultado también una ponencia que presenté en el XXXVIII Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia en la Ciudad de México titulado La poética de Ignacio de Luzán: un objeto cultural español entre la América hispana colonial y los nacionalismos hispanoamericanos. Además un tercer producto de este proceso de investigación fue el ensayo ganador del primer lugar del primer concurso de ensayo de investigación histórica organizado por la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana. El trabajo ganador se titula La poética de Ignacio de Luzán en los orígenes culturales del México independiente: un vínculo intelectual trasatlántico en la formación de la Republica de las letras mexicana, 1805-1812 y es una ampliación del primer trabajo presentado. En ese sentido la investigación ha dado bastantes frutos pues también resultó un artículo en vías de ser publicado en el libro de las memorias del IV Congreso, sin olvidar que la tesis también será un producto, último mas no acabado, de este proceso.

En términos académicos este año también desarrollé mi servicio social apoyando en la organización del IV Congreso Internacional de Historia, mencionado anteriormente y que se celebró en la ciudad y puerto de Veracruz en abril de esto 2015. Además me fue posible realizar una estancia de investigación, como becario del Verano de Investigación Científica de la Academia Mexicana de Ciencias, al lado del Dr. Carlos Sergio Sola Ayape del Tecnológico de Monterrey campus Ciudad de México, desarrollando trabajo hemerográfico en torno a una investigación sobre la falange española en México, consultando el fondo hemerográfico de la biblioteca Miguel Lerdo de Tejada en la Ciudad de México. De esta experiencia aprendí mucho y me fue posible valorar y comprender diversos aspectos del trabajo histórico, del manejo de fuentes y del desarrollo de los procesos interpretativos en la disciplina histórica.

verano de investigación científica ciudad de México 2015

Un último mérito académico fue la conclusión de mis materias en la licenciatura en Historia en la Universidad Veracruzana, mi casa de estudios, donde solamente me resta la entrega de la tesis para poder presentar mi examen de titulación para obtener el grado de licenciado en Historia. Aunado a esto mi desempeño me permitió reobtener la beca de excelencia de la Coordinadora Nacional de Becas para la Educación Superior de la SEP, así como sostener un trabajo de becario realizando labores de complementación bibliográfica de un libro crítico sobre la obra de Sergio Pitol de próxima aparición.

En el Castillo de Chapultepec como parte de las actividades del XXXVIII Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia, Ciudad de México 2015.

Finalmente lo más interesante del cierre de año es la posibilidad de proyectos concretos, especialmente dentro de mi desarrollo literario. Primero que nada está la publicación de mi texto Advenimiento de la espera con la editorial Rodrigo Porrúa, en formato de ebook y cuyos trabajos editoriales se encuentran en proceso. Además hay una posibilidad de publicar mi novela que puede ser una catapulta de mi quehacer literario, sin olvidar mis dos libros de ensayos, unos literarios y otros históricos, que quizá por ahí pudieran ver la luz en algún momento del futuro. Y por si fuera poco está este sitio mío, mi blog, mi plataforma comunicativa, donde he conseguido aumentar mis seguidores y he logrado obtener al menos 2300 vistas en este año, cifra mayor al doble del año pasado que fue de 1090 vistas. En ese sentido me encuentro en un momento bisagra de mi v ida, entre la conclusión de mi tercer intento universitario y el despegue de mi trayectoria literaria, entre la figura mayormente anónima y desconocida y la cimentación de una carrera y nombre público, entre cerrar ciclos de mis objetivos planteados hace 5 años y cosechar los frutos de esfuerzos constantes, de gestiones e intercambios, de vínculos y relaciones que van dando sus frutos.

De esta manera, el 2015 ha sido un año completamente productivo, engrandecedor y sumamente satisfactorio. No podía dejar de compartir con mi público, con mis lectores y mi audiencia, estas excelentes noticias. Si bien he tratado de mantener distante mi ejercicio literario, especialmente de este blog, de mi ejercicio académico, no puedo disociar que en ambos casos se trata del trabajo intelectual, escrito, que tanto me apasiona. La pregunta ahora es saber cuáles serán mis prioridades para el 2016, teniendo en claro que la más apremiante será la entrega de mi tesis para licenciarme.

Aprecio mucho su presencia en este sitio, su compañía, su interés por mis andares, caminar y vericuetos mentales. Reciban todos un abrazo grande con la firme confianza que seguiré en este sitio, construyendo, difundiendo, ampliando el proyecto, lo más seguro, a nuevas modalidades y con contenidos más amplios.

Los saluda desde un rincón del cosmos de la digitalidad

Rómulaizer Pardo o Rómulo Pardo Urías

 

Por si hay una audiencia de Romulaizer Pardo

Sé muy poco de las opiniones de mi audiencia sobre mis textos. En ocasiones recibo comentarios o señales de que gustan, pero por lo común debo intuir algún feedback sobre la recepción de mis escritos. Una buena amiga dice que tengo mis lectores y por ahí sé de algunas personas que siguen el sinuoso trayecto de mi literatura. Por momentos esta falta de retroalimentación me produce angustia y temor porque entiendo que en ocasiones puedo llegar a escribir textos muy extravagantes. Pero como dice Giselle Hinojosa escribo porque de no hacerlo moriría. Mi vida está dedicada, en gran parte, a la escritura y me sé un escritor joven con la fortuna de buenos comentarios a mis textos por lo común. Actualmente no puedo hacer mucho más por mi blog porque me encuentro cerrando un ciclo universitario que en buena medida me absorbe. Me gustaría leer sobre diversos temas y escribir menos espontáneamente pero tengo los tiempos justos. En todo caso esta entrada es para agradecer a los lectores y visitantes de este sitio web su participación y apoyo a mi proyecto creativo. Reciban un saludo sonriente.

También la esperanza se nutre y la mía es una famélica

Dedicar tu vida a otros, ser generoso, abandonar el autoaislamiento, hacer comunidad, construir vínculos. He vivido bajo pretensiones falsas, bajo modelos dudosos. Mi juventud ha sido una tormenta. Y no sé, no entiendo, no asimilo. Estoy aquí, en un sitio, perdido, confundido, extraviado, incierto. No es quizá mi debilidad psíquica la que me dicta la forma de mi miseria, de mi negrura interior. Es la luz la que me hace perderme. La ruptura con el pensamiento místico, con la dimensión religiosa de la realidad. Es una nulidad metafísica, es este afán de explicarme algo, a mi mismo, pero con todo el continente_desconocidoénfasis en una distorsión. ropa-interior-colombiana-18

Estoy aquí, en esta nación sin futuro, en este rincón llamado tierra, estoy aquí, sin esperanzas, o con pocas. No creo que la humanidad se transforme, no creo que algo pueda cambiar, no acepto la movilidad natural. Soy un rígido producto abortivo de la tecnocracia, soy siervo manso, estéril, castrado, mutilado, absorto, engullido por el sistema, destruido por el sistema, parte de un engrane del hypercapitalismo. ¿Cómo había que vivir la vida? ¿Cómo había que crecer? ¿Cómo había que sembrar? ¿Quién está escondido en el designio de nombrarme? No lo sé, no es más que un flujoel fetiche de las mercancias segun Karl Marx de conciencia, falto de sentido, inexacto, ya no febril, pero sí, aglomeración de torrentes caducos. No tengo principios, ni tengo una teloelogía definida, sí acaso el fin último de la muerte, temprana o tardada, cierta. Soy quizá también un efecto secundario de lo imposible vuelto realidad, de esos mecanismos pulimentados del control, del sometimiento, de la tortura y del aceptar las reglas del juego, los códigos compartidos, esa normatividad rotunda que sutura la conciencia que transgredió sus totalidades. No es tan malo estar del lado de los repelidos, de los no identificados, de los extraviados, de los no personas.

comida_niponaEsto que digo aquí no es más que un sentimentalismo derivado de una épica psicótica raver de transición de siglo. No es un presente ni infomatica1es un futuro, no es la esperanza de los grandes proyectos neoliberales o de los grandes proyectos anticapitalistas. No es si quiera la inmersión de una teleología destructiva o remodernizadora. No es tampoco un producto de la conciencia lúcida o de la figuración atractiva del porvenir. No soy esto que digo que soy ni soy lo que pienso ni soy lo que hago ni soy algo definido. No soy cambio y movimiento, no soy estática, no soy dinámica ni sentido, no soy atmósferas ni ambientes, no soy una otredad asimilable ni una otredad admirable ni una otredad singularizada o pluralizada. No. Soy una herida psíquica, un lenguaje de lo no acontecido, de lo posible negativo, posibilidad incierta, torpeza, error. Soy ese equívoco natural, esa floja tensión de una mítica de psicodelia electrónica, mítica de noches y parafernalias y lugares y evocaciones torpes, ya hoy postdesquiciantes,

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postatrofiantes, postneurotizantes. Eso y la imposibilidad del olvido, la imposibilidad de la trascendencia, la imposibilidad de una realización espiritual, una vacío, como el que llena toda iglesia con sus doctrinas a sus feligreses, que no se llena más que con dudas y arrojos verbales. Soy eso, y también vivo. Por una vez digo, estoy aquí, sin atender al mundo, con el peso de un alma devaluada contra el paso de las edades.

infomatica 1.1

Extravío vocacional

 

2002, viajé al mundial de FIFA Corea-Japón y escandalicé Tokio una noche de mayo. Estaba desesperado porque había estado usando LSD. Pero el sushi en Japón es grandioso.

Bien o mal, soy un impostor. Navego por intencionalidades falaces, por rincones estéticos dudosos, es más, ni siquiera conozco las distinciones entre los géneros y tipos de escritura, pensamiento o argumentación. Soy un orgulloso producto del subdesarrollo mexicano del siglo XX y un libertino que termina atormentado por sus renglones vomitados desde la entraña pretérita. El tema de una posible identidad, rota en muchos niveles y sentidos, es también una cansada fórmula de cocina creativa: ¿quién soy? Un adulto de 33 años que se siente inferior a las personas de su edad, que se culpa por actos moralmente cuestionables, que no perdona los accidentes juveniles, que se la pasa comparando la vida de los otros con la propia para llegar a la conclusión de la miseria auto-inducida.

Ya es un cansancio lo que pueda opinar, es más, si quisiera tener un perfil digital, si quisiera construir una identidad, ¿no debería acaso interactuar, buscar foros, plantear preguntas a otros, vincularme? Todo es este oasis de soledad, de abandono, como los libros de viejo adquiridos, no leídos, como las postales no contestadas, como los viajes no hechos. El padecimiento recrudecido de un esquizofrenia crónica y progresiva, el dolor de la auto marginación, del auto engaño, del auto fastidio, de la auto evasión. Las cajetillas de cigarros, los platos sucios, el exceso de café. Maldita sea, muchas personas creen que debería cambiar mi estilo de vida. También debería asumirme como un maldito conservador, intolerante, acomplejado, degenerado. No es sólo leer lo que otros no leen, atender lo

He olvidado las habilidades sociales para estar en grupo.

que otros no atienden, no, es ser una ausencia menos, como dije hace años. El hombre es gregario por naturaleza, político por naturaleza, pero yo no creo en la naturaleza humana desde hace mucho tiempo. Por eso mis carencias son también la carencia de la otredad, no sólo de algún sistema filosófico, moral, intelectual o de creencias que pueda aliviar el hecho de las truculencias, de la hipocresía personal, no sólo los estribos faltos de razón que anidan sus locomotoras en mi silencio.

Preguntarme quién soy cuando me encuentro roto, deshilvanado, fugaz, cuando me entero que soy un rezagado históricamente, en mi medio social, en mi momento contemporáneo, en la vida. El sino de ser prematuro, antes de madurar, es el sino de estar siempre fuera de lugar, donde no debería estar y estoy porque no encuentro otro lugar en el mundo.

Ni qué decir de los trayectos frustrados, más ahora que el mundo es tan abierto y tan ancho, pero también tan obtuso y tan miope. Olvido con facilidad lo simple, lo delicado, lo humilde, porque me moviliza un egoísmo sin sentido: yo no soy yo como Dariana no fue Dariana y Dios no fue Dios. Porque las dimensiones místicas de mi existencia, no sólo como existir individual presente, son migajas de los últimos 15 años. Debería madurar, afrontar el reto de crecer, escribir mi tesis, concluir. Pero  no puedo, porque llevo años recolectando libros del siglo XVIII, porque llevo años sin una guía creativa, porque no importa lo que escriba o lo que piense ni siquiera lo que viva. Es toda una inutilidad llamada ego. No podría dar un curso de ninguna materia, no domino a ningún autor, no tengo profesión definida, intento pasar de un género a otro pero desconozco los cánones y reglas de cada uno, en una palabra, soy un escritorsuelo desde una ciencia infusa. Y en el vacío que vivo, en esta pocilga, donde están embodegadas memorias, personas, números telefónicos, fotografías, posters, entre lo que alberga mi bodega, es el lenguaje y el trauma de los nombres, de los referentes y los significantes, dislocados de una significación y un significado definido y estable, lo que me instruye como parte de la dislocación personal.

Egoísmo contra Ecologismo

No lo he leído, bueno, algo sí, pero no mucho. BORGES

Debería quizá escribir un diario, no sé, algo, que me destrabe, algo que me saqué de la órbita obtusa: leer a Borges, ver una película, ir a una representación teatral, cocinar. Pero no, estoy atrapado, vivo en un cautiverio cifrado en un evento de hace 13 años, en la imposibilidad de una esperanza que se podría lentamente y que ahora es una fétida esencia personal. Vivo en la desgracia de lo que no fui, en la nostalgia de lo que no soy, en el fracaso de lo que no intente, en el arrepentimiento de lo que he vivido. Aunque no soy católico, aclaro. Vivo dejando pasar y hacer, en un trueque incipiente y arrítmico basado en el Kula de las islas Trobriand: a la izquierda circulan las tristezas y a la derecha circulan las desesperanzas.

Además invoco mis oficios intelectuales, mis tareas escriturales, mis actividades “creativas” que son no sólo los remilgos psíquicos de mis fracasos: ¿para qué coño estoy vivo? ¿qué chingados estoy buscando en el mundo? No lo sé, ni siquiera me importa tener ambiciones o sueños o ideales o ser una hombre completo. Estoy podrido por dentro y por fuera soy como un transporte de combustión interna: emitiendo dióxido de carbono al fumar como chacuaco. Debería tener algo de sensatez. No puedo siquiera distinguir mis faltas ortográficas, vivo un desconsuelo porque nada es suficiente, nunca es tiempo propicio, porque he olvidado leer el I Ching, preguntar al oráculo, porque me niego a ser parte de un mundo, de una país, de una ciudad, de un estado, también podrido por todas partes. Porque inscrito en el curso monográfico de la monotonía, esa que es no desayunar, no comer, no quererse, no entender que no seré Charles Baudelaire, que no llega mi oportunidad de brillar públicamente, que si quiero algo tengo que luchar, pero desfallezco y me rindo, desisto, porque tengo la frustrada intención de un gran proyecto escrito, de un gran auto-meta-relato, porque soy mi ficcionalidad, esquizoide, bipartita, longitudinal y enfrascado en la burbuja continua de un instante. Conmigo la ignorancia, la arrogancia, la falacia, la preponderancia de lo inservible, de lo chatarra, porque soy la chatarra del cambio de siglo, chatarra social. Un clase media venido a menos, extraviado en antros y prostíbulos, adormecido ya por el impulso juvenil de una brutal adicción de 10 años, he perdido la voluntad, el impulso que años atrás renové. En mi egoísmo no caben los regalos para otras personas, no caben los seres queridos, no cabe nada más que la ausencia de mi madre, el trauma del amor no vivido con Dariana, el anclaje torcido de mis 20 años dilapidados: dilapidar fortunas heredadas, dilapidar el tiempo, dilapidar los años y los esfuerzos. Quizá esté deprimido o enfermo o desanimado o simplemente harto de vivir mi vida, esta vida sin amor, sin alegría, sin regocijo, sin dicha. Es todo eso y mis pretensiones, esas de conquistar a Marian Orlova hace 5 años, las de acercarme a Sergio Pitol aquí en Xalapa, las de escribir pelafustanamente ensayos retorcidos, redundantes, retóricamente ramplones y obtusos, la pretensión misma de vivir como diputado mexicano del PRI siendo hijo de una mujer que fue encarcelada, torturada y perseguido por el gobierno priista. ¿Extraviado? Ni siquiera sé qué pasó hoy en mi ciudad, en mi barrio, no sé qué demonios planea la NASA. Soy una isla de insignificados, soy un isignificante, soy un murmullo. Dicen y escucho y veo y noto que han pasado cosas maravillosas en los últimos 15 años. Yo no he vivido ni una cosa maravillosa en 15 años. Me recuerdan que la vida es eso, maravillosa, y me resisto como si estuviera en la incubadora de la infelicidad y no quisiera salir de ahí.

Space explorer

Para limpiarse…

Y mi desahogo, mi consuelo, fue y es este blog, este sitio, que ya no tiene vida, que está como extraviado, como agujero negro en el cyber espacio. La pugna constante, el deber ser, el parecer, el wanna be, el maremagnum del presente y sus producciones, nunca antes tan inabarcable como ahora.  Qué importa Jung, Freud, Fromm, qué importa el psicoanálisis. Que importa la cultura, la antropología, la literatura, la lingüística, la música, las humanidades, la historia, la estética, la ética, la sociología, qué importa el mundo, el presente, el tiempo, todo es una mierda, una mierda que pruebo todos los días, esa mierda de tener 20 años e irte a la chingada, solo. La misma mierda de que el teléfono de mi casa no suene, de que no tenga visitas, de que nadie sepa si comí hoy o no, si estoy enfermo o si me emociona la idea de viajar pronto. La mierda de no ser tomado en cuenta, de vivir una nulidad. La mierda de mis exageraciones, de mi cerco emocional, la mierda de vivir la monotonía de mi terapia que ya no funciona, la mierda de no tener con quien coger, la mierda de tener que terminar una carrera y no poder escribir en libertad, la mierda mía de todas las mañanas: despertar, prender un cigarro, fumar, hacer café, tomarlo. Esa mierda de las moscas en mi casa, de los platos sucios, el espíritu de la depresión, depressive mode, falta de ánimo. Pero no cerraré así la puerta hoy, no me iré a dormir de esta manera.

 

Había una vez un joven que quería ser antropólogo. Su madre murió. Se quedó en un viaje de LSD. Conoció a una chica que le gustó pero que no volvió a ver. Los años pasaron. Ahora escribe un blog en wordpress.

 

 

 

 

Declaratoria frente al humanismo digital

pasos1.2La inmensidad global implica una contundente batalla personal, el abismo recio de la mutiplicidad cómplice de la fabricación humana. Creo en el humanismo digital como una forma de renovación en todos los sentidos: inclusive el intento de tener este blog, ya de por sí una propuesta amplia y ambiciosa, quizá por eso nulificada, es también el intento por mantener un registro desde la particularidad. En la medida en la que puedo tender vínculos, o no, con ese exterior inabarcable e inmenso que es lo global, en la medida en la que voy manejando mi método de improvisación, en la medida en la que me convierto en un ente expositor y expositivo, consigo perfilar inquietudes desde la viscosidad indómita de vivencias traducidas en actos creativos.

Creo en el humanismo digital, mucho más allá de formas institucionales, académicas, organizativas, formales, hoy que vivimos, además, una renovación de los métodos inhumanos, salvajes, de la desigualdad, de la miseria, de la esclavitud, del sin sentido, monedas todas del banco de lo cotidiano. Aunque mis experiencias no encuentran una desahogo calmo, quizá por ello menos armónico de lo que podría ser, el impulso de registro abarca dimensiones que se cuestionan la humanidad vigente en el siglo XXI. ¿Cuestiones de qué tipo? la existencia, como hecho y causa, son una de esas líneas de cuestionamiento. Otra, también y a partir de la distorsión, la realidad, que metaforizo muy mal. Además de eso, la presencia de la evasión: informativa, mediática, televisiva, cinematográfica, musical. Una especie de aislamiento y mutismo es fraguado en mi esfuerzo como extremo opuesto al perfil1inmenso ruido y sonido de los multitudinario. Y el humanismo digital, mucho más que un emblema o rótulo, mucho más que una categoría, implica una indagación, por momentos egoísta en apariencia, de apertura dudosa, de recorridos caducos, de formulaciones desvencijadas. Catarsis exponencial de la incomprensión (del mundo, del amor, de la sociedad, de la mujer, de la humanidad), esto que escribo, esto que soy cuando me muestro en este espacio, ángulo disforme de una totalidad parcialmente desenfocada, es una mecánica enraizada en un acomplejamiento innecesario, en una artificialidad innecesaria, como una especie de exabrupto a mitad de una conferencia solemne. ¿El objetivo? Acaso vislumbrar las torceduras de pasajes imposibles. ¿Tiene eco el torcido devenir que explota la fantasmagoría existencial? Exactamente la transformación en humano, la mía al menos, radica en surcar esa fantasmagoría, transitar los nudos simbólicos, verbales, filosóficos, de un programa indefinido, con antecedentes poco claros y vigentes. En ese proceso de transformación, sin la pretensión de cambiar el mundo sino con la de pensarlo en otros términos (construirlo desde donde nadie lo construye hoy), el esfuerzo por plasmarme humano y parte de la digitalidad, por ser un algo que cree en ese humanismo digital, es una tarea constante que amerita, quizá, honor o desprecio, rechazo o aceptación, totalidad o nulidad, atención o distracción.

Gracias por estar del otro lado de la pantalla.

 

Romulaizer Pardo

De la egografía al comentario biográfico: Romulaizer Pardo

Decididamente mi prosa, mi pensamiento, mi sistema retórico, estriban en una experiencia vital que poco menciono, que poco narro, por ser una experiencia más vívida que consciente. Y hace años, un par quizá, me planteaba en el mundo como un indigente académico, es decir, un mendigo escolar. Nada mal para alguien que se localiza en una proyección personal, ahora crítica, dudosa: terminar una licenciatura. ¿Qué era o es eso de la indigencia académica? El libre pensamiento del siglo XVIII puede ser un antecedente claro de las rencillas y disputas entre los formal, lo académico, y lo libre, lo intuitivo y distante de las aulas. Pero habríamos de pensar en transformar las aulas también, no sólo dejando truncas carreras universitarias (aprendiendo semiótica, lingüística, retórica, antropología, economía, política, humanidades). Deberíamos creer que quizá los años presentes, lo más conservadores y reaccionarios de nuestra historia, quizá desde mi distorsionado ángulo personal, instan a considerar lo humano ya no sólo desde las metodologías globales (llámese UNESCO o Banco Mundial), para notar que la espiral concéntrica de la turbulencia globalizada está en el aire. Una vez el antropólogo Scott Robinson me dijo que debería dejar de estudiar, que no siempre se podía ser estudiante. Y claro, no soy licenciado, pero no dejo de estudiar. Menudo asunto, existencialidad la mía que por ello deriva en esa prosa incomprensible, en esos laberintos de palabras y conceptos, de neologismos falaces y rotundas carencias epistémicas. Ahora, en el conflicto presente, debería estar escribiendo mi tesis en lugar de pensar en superar mi record de lectores mensuales de este lugar mío, este sitio donde soy Romulaizer Pardo, donde soy, también, un inventor, un creador, una brújula decidida de mis producciones culturales.

Los invito a revisar el comentario biográfico del blog: https://romulaizerpardo.com/romulaizer-pardo/

 

 

No siempre la vida te da otra oportunidad

Mi país está en guerra, humeante, descontento, dividido. Circunda aquí una especie de dolor que avasalla todo. Algunos deciden luchar de distintas formas, otros mantienen el status quo, otros viven al día o ni siquiera eso. Estado de crisis mucho menos que derrota de nuestro legado generacional: opresión sistemática, iniquidad en la distribución de la riqueza y las oportunidades de crecimiento y desarrollo social e individual, explotación desaforada en todos los niveles, falsificación cotidiana de resultados gubernamentales y de la realidad vigente, legitimidad del criminalismo como vía vital, legado todo esto del siglo XX nacional mexicano. No soy un analista político ni tengo conocimientos suficientes para demostrar mi particular punto de vista. No leo los periódicos. No soy luchador social. No soy parte de ningún partido político. No profeso ninguna religión. No creo en utopía alguna ni en la posibilidad de realización de un proyecto humanista de sociedad. Mi esperanza no está fincada, si hay alguna en mí, en la alternativa de modificar un ente podrido como es México, México y sus mexicanos, yo entre ellos. La podredumbre social asume el deplorable ethos nuestro, expresado en fanatismos, racismos, clasismos, sexismos, dogmatismos, anacronismos y muchas otras formas de enjuiciamiento dudoso que son la argumentación evidente de la retrovolución histórica nacional. Retrovolución que implica el desarrollo neoliberalista y el desfase de su proyecto y de los sujetos que lo encabezan con respecto a una población global que parece cada vez más anónima, famélica y objeto directo de sometimiento.

México y los mexicanos estamos podridos: creemos que por tener deportistas destacados a nivel internacional nuestro país es otro, creemos que por tener instituciones educativas, cada vez más de orden privado, con cierto reconocimiento nuestro país es otro, creemos que por participar de las migajas del proyecto de modernidad occidental nuestro país es otro, creemos que por reconocer nuestra diversidad cultural, étnica y lingüística más que nada, nuestro país es otro, creemos que por tener intelectual, académicos y escritores premiados en el extranjero nuestro país es otro. Sin ir más lejos, creemos que por alzarnos violentamente nuestro país es otro o que por ver televisión satelital nuestro país es otro o mejor aún creemos que por que el hombre más rico del mundo es mexicano nuestro país es otro. ¿Debería ser otro? No hay duda de que la riqueza del territorio denominado México es inmensa. No hay duda de que los pobladores de este país, al menos los que desean vivir (con un mínimo de dignidad, tranquilidad y armonía), no son parte del proyecto nacional. No es gratuita la farsa de la democracia panista ni es gratuito el modelo de enduedamiento económico. Es más, y eso que yo no fui ni soy parte de los protestantes ni inconformes (no del todo), preguntemos a los mexicanos si se atreven a ver en su sociedad algo más que alcoholismo, machismo y charrismo. Preguntemos a los dirigentes políticos si creen que nososotros, los que nos quedamos aquí después que ellos han saqueado y se marchan a vivir a otros países, qué se siente ver los campos de maíz sin cultivar o a los niños indígenas pidiendo monedas en los cruceros de las grandes ciudades o qué pasa con el equipo medico que es robado por los propios médicos de los hospitales públicos para montar sus clínicas privadas. Preguntemos a ellos si en la situación de sobrevivencia que los que nos quedamos aquí vivimos, ellos podrían pensar. ¿No actuarían ellos en defensa de los suyos? Pamplinas. Se mandan matar unos a los otros, se cubren unos a los otros. Y los que nos quedamos aquí, que no podemos armarnos ni podemos quemar casetas ni tampoco tomar aeropuertos ni mucho pretendernos anarquistas o guerrilleros porque estamos haciendo la vida desde un sitio en el cual sabemos movernos, nosotros que nos quedamos aquí y no viajamos a costa del erario público, que vemos cómo las verdulerías incrementan sus precios, que notamos cómo vivimos en una carencia, que no por ser menos “directos” en la lucha tenemos también nuestros puntos de discordia pero que decidimos persisitir en una forma de sobrevivencia civil, más que en una confrontación que quizá nos lleve a la muerte (biológica, social o moral), insisto, nosotros, aquí (y quizá este plural no deba ser sino yo), nos levantamos en este lugar que llamaron México pero que no existe. Preguntemos a los anarquistas y los guerrilleros donde quedaron sus antecesores. Preguntemos a los artistas si dejan de cobrar su sueldo, si por oponerse al Estado no pagan impuestos ni dejan de comer en restaurantes o de tener seguidores. Preguntemos a los maestros quien fue Ignacio Zaragoza y a los alumnos démosles a leer a José C. Valades. Preguntemos a los comprometidos sociales, a los empresarios, qué pasa con sus vidas cuando esta podredumbre social en la que vivimos los alcanza. México y los mexicanos estamos podridos. Nuestros ghetos diversos no rompen ni conforman un México posible. Porque esos ghetos de la podredumbre nacional son construcciones históricas de la sociedad del siglo XX todo encarnado en la vigencia de lo heredado.

Mi frustración política, ideológica, pragmática, simbólica, afectiva, social, individual, artística, religiosa, incluso mi frustración nacional, no pueden leerse desde una galopante esfera del desfase polisaturado. Mi frustración, mucho más que emocional y psicológica, real, estriba en un problema de referencias: si México existe y los mexicanos existimos, ¿cómo llegamos a estar podridos?

En el año 2000 comencé a “experimentar” con substancia prohibidas por ser parte de un grupo social donde es bien visto, incluso deseable, usarlas. Gradualmente me interné en un infierno de drogadicción. Estuve 10 años ahí. Quedé solo, exceptuando a pocas personas, más bien cercanas y familiares. Pero de los compañeros con los que fume marihuana o me metí cocaína, de los “amigos” con los que subí a cortar hongos alucinógenos o con los que fui al desierto a comer peyote, de esas personas con las que me encerré a viajar en LSD escuchando música electrónica, actualmente aquí, junto a mi, no hay nadie. Desde que se vio que las substancias me hacían daño, me ponían mal, muchos se fueron de mi vida. A raíz de estas vivencias juveniles desarrollé esquizofrenia. Vivo medicado. Todas esas personas no vieron trunca su vida. Prosiguieron. Yo no pude, no aguante. Terminé metido en tables dances y burdeles. Absolutamente solo. Perdidamente solo. Extraviado y solo. Fui un hijo de la chingada con mi familia. Despilfarré dinero. Lastime a mujeres que me quieran para tener una vida en el futuro conmigo. Deje inconclusas 2 carreras universitarias. Intenté ser poeta. Comencé a trabajar y ganar mi propio dinero. Traté de suicidarme. Estuve internado en una clínica psiquiátrica. Me perdí el funeral de personas queridas. Me escondí en cuartos para gritar a la calle babosadas. Sufrí ataques paranóicos, delirios y alucinaciones. Aprendí a vivir en cautiverio, encerrado, aprendí y entendí que no soy libre, que perdí mi libertad. Y despierto al mundo y a la realidad y todo es tan convulso o más pero semejante a mi estado convulso de la primera década del siglo XXI.

Estoy tratando de hacer una vida nueva. Dejé las drogas. Escribo, aunque a veces soy políticamente incorrecto. Tengo trabajo remunerado. He encontrado a personas lindas, amigables y solidarias que me acompañan. Estoy tratando de terminar una tercera carrera universitaria. No tengo novia ni pareja sentimental. Me he reconciliado con la mayor parte de mi familia. tengo 3 libros escritos por mí en un cajón. Y estoy consciente de que la vida no siempre te da otra oportunidad.

 

DISCURSO DECLARATORIO DE UN AUTOSOMETIMIENTO

Desde una periférica y desinformada visión de la realidad, bajo una concepción mesomatieralista y postmercadotécnicista, en vías de una extinción y asidero seguro, remedo los influjos verbales que no tiene sentido cuando las ansias por ostentar un algo llamado reconocimiento fallido son todo menos un cheque en blanco en el cual poder inscribir los apelativos de mi acta de nacimiento. La longitud del dato histórico trasciende toda interpretación etnológica, para abrir paso un acto evocativo de una edición española de 1890 donde la literatura cuenta con la etnografía como una de sus formas. Lo longevo no es más que una estructura demiurgica y grandilocuente, falacia y argumento escueto, como los silogismos aristotélicos que dividen, en una hipótesis de trabajo filosófico, la lógica en la distinción teórica y práctica. Quizá no fuera Aristóteles sino Descartes el que estableciera esta diferencia, pero a quien le importan ahora el jarabe de rábano yodado, la emulsión de Scot o el aceite de hígado de bacalao, si al final de todo ensayo, al final de todo texto, al final siempre queda una hermenéutica vacua susceptible de psicoanalizarse. No, el ajo y sus pieles no son las escuela de Frankfurt ni tampoco la lectura de Erich Fromm es un variable segura. No, nada de eso. Al final también los intelectuales tienen su predilecciones, sus agrupaciones, sus tendencias, su privilegios, sus preferencias, pero también son humanos. 

Mucho más allá de la intención rota, del discurso roto, de la lingüística aplicada o del conocimiento actualizado de la gramática de mi lengua materna, que a duras penas hablo, los circuitos así estables como dispares son una radiación de la pocilga desde la que veo el destructivo trance de un pasaje de siglo a otro. Y soy parte de la destrucción y no de los artistas, poetas, escritores, cineastas, creadores, oficiales, en el sentido gubernamental, institucional, pero también en el sentido del oficio. Y si leen a los sociólogos franceses, y se creen que saben de cultura, y si anotan y apuntan ideas de filósofos alemanas, y si los nacionalismos siguen vigentes y se cree el nacionalismo es una pauta multicultural, se olvidan del proyecto civilizatorio y entonces yo no soy más un transgresor menos en la faz de la globalidad. Todos los años hay nuevos valores, nuevos símbolos, nuevos y nuevas generaciones, y ya la mía ha hablado y ya mis contemporáneos y los que siguen están arriba y ya ahora el temor de saber que al final de cuentas no se mide la vida por lo vivido sino por el mérito tecnócrata: reconocimientos, premios, distinciones, apoyos, viajas, talleres, cursos, charlas, conferencias, congresos, etcétera, etcétera. Productividad a todo lo que da. Y mis veinte años a la mierda. Y mis treinta según entiendo que el mundo de los hombres no ha dejado de girar y que en ese movimiento los que antes eran ahora son otros y otros somos todos, pero yo me mantengo como un ancla, aquí, fijo, en ese recuerdo, en ella, inexistente, imposible, fantasmagórica. Y luego viene las recriminaciones de los libros comprados y no leídos que me pasa desde que estudia antropología. 

Las ciencias de la cognición quizá incluyan un apartado a la historia del conocimiento, quizá también bajo la lógica que ya planteaba Lyotard y otros, porque como dice una antropóloga a ella no le interesa la sociología del conocimiento, pero a mi sí. confesing the caosY entonces lo que antes era filosófico ahora es lenguaje y lo que antes era discurso ahora es cultural y lo que antes era historia ahora es transdisciplina y lo que antes era poema ahora es un vídeo y así todas las cosas y las instancias actualizándose y el lugar en el mundo que me ha dejado lo que hice, lo que dije, lo que grite, lo que sufrí, lo que pensé, lo que sentí, lo que ahora no es más que un flujo de escritura automática, es además de este automatismo, una muestra de cómo el sistema, el mundo, los medios de comunicación, el poder, es ejercido en todos sus niveles; desde el hombre menor, crecido que te decía eres bueno y que ahora te ve para abajo porque no alcanzaste el éxito, hasta el viejo hombre reconocido y la figura primordial que te ve para abajo porque no has conseguido ninguna distinción ni título ni tienes abolengo alguno, hasta los maestros que te ven para abajo porque aprenden de ti y en lugar de reconocer simplemente te hacen a un lado y todos esos jóvenes que oscilan entre los 20 y los 28 años que te ven para abajo y que de pronto dicen: ese es un nerd, es un matado, es alguien que no va a fiestas, que no tiene problemas de pachanga, y todo eso es visto y sopesado porque también uno desde adentro aprendió a verse para abajo a ver para abajo a estar agachado, menguado, desde ese salto, y ella estaba arriba y desde entonces yo estoy abajo, como la canción de Televisa o las radios de Televisa o simplemente como los motivos de las canciones de moda de Belinda y no ser Freud ni tu mamá y entonces descubrir que pensar no vale nada, que leer no vale nada, que escribir no vale nada, que nada, nada, nada de lo hecho vale nada, porque todo es un filtro imperfecto o macabro donde el maquiavélico edificio autoconstruido ha sido realidad. Entonces, mucho antes de decidir arrruinarme, mucho antes de rendirme, mucho antes de comprender que no quería jugar a la tecnocracia mexicana, que no quería ser un hijo del panismo foxista ni calderonista, que no quería, que no podía, aceptar el ethos ni el pathos vigente, mucho antes de eso la fiebre rotunda de mis cavilaciones, mis traumas amorosos, el cerco del fantasma de mis padres, de mis abuelos, de sus grandezas, sus hazañas. La historia de un gitano que tocaba la guitarra, vidas pasadas. Eso mismo. Hasta que llega ella y entonces hago el esfuerzo más grande de toda mi vida y mi cuerpo no puedo más y mi cerebro revienta y me convierto en un trapo desvencijado.

Todo eso y después leer autores franceses, leer pendejadas, comprender que Gabriel Zaid es un autor y además, comprender que no puede vivirse la mitología maya del Popol Vuh, comprender que no hay formas más occidentalizadas que las alfabéticas bajo la lectura de Giorgo Raimondo Carmona, perderse, todos los días, en relecturas de copías y autores de una carrera trunca: Naturaleza y cultura, de las Estructuras elementales del parentesco de Lévi-Strauss. Pero olvidar, por completo, las charlas escuchdas de Marc Auge, las palabras del neomarxismo de Michel Kerny, olvidar la inocencia, olvidar todo de la mano de Carlos Castaneda y Don Juan Matus. Olvidarlo todo. Todo, todo hasta el nombre y el acento al hablar. Todo. 

Y mucho más que comprender las estructuras presentes, mucho más que aceptar el estructurlismo de Todorov o de Barhtes, mucho más que encontrarme la intelectualidad francesa, mexicana, alemana, italiana, rusa, mucho más que creer que hay un lugar para mi en el mundo, estoy convencido de los entrecejos y pasajes vacíos en la poética incierta de las confiuraciones personales. Mucho más que acatar los ideales del hombre de Play Boy México, mucho más que entender que el cuerpo es un recinto, mucho más que asumir este autosaqueo a mi alma, contra los huesos de una juventud que parece renacer, sostengo los candiles de proyectos que no pueden cristalizarse. Debería leer a Whitman de nuevo, debería volver a algo más apacible y menos egoista. Pero no puedo tener conciencia ni puedo tener razón ni puedo si quiera dejar de lado los pezones hermosos de las modelos de revistas para caballeros y todo eso es sincrónico a este vocerío ramplón. Todo eso. Todo.
actress and audienceLa macro estructura de la globalidad se nutre todo el tiempo de vivos y muertos. La mecánica es malthusiana desde la visión exponencial. Pero no, nada de lo que puede pensar es un atino. Mis ideas, mis textos, mis creaciones, son ocurrencias. En el siglo XVI hubiera sido objeto de un auto de fe. Ahora el castigo es vivir, es respirar, es ver, contemplar, observar. Desde la televisión y sus comunicaciones dominaron y rompieron los límites de mi conciencia, rompieron mi corazón, mi alma, mi cerebro, mi sistema nervioso. Soy una muestra de lo fácil que es derrotar a una persona, de lo simple que es hacerlo a un lado, inculcarle la vergüenza, acorralarlo, despojarlo de su dignidad, someterlo a las disposiciones ajenas a él. Todos ejercen su poder sobre mi, todos, todas, como una simple cometa, que es controlada desde la tierra, mi vida es un trozo de papel a la deriva. Los mensajes televisivos, los canales, el afán del mundo, el encierro, la incomprensión, la exclusión, es algo que se agudizó hace años y ahora desde este margen estúpido soy un hombre que no ha sido asimilado por nadie, por nada. Ni los grupos, ni los individuos, ni yo mismo, puedo romper este juicio rotundo, oscuro y pesado, de que no valgo, de que no puedo valer, porque rompí las reglas y sufrí castigo, porque transigí, porque no fui lo suficientemente fuerte y por eso estoy solo, por eso tengo este blog, por eso escribo, por eso siento rencor y odio, por eso decidí lo que decidí y a nadie le importa.
POR TODAS PARTES HAY OPORTUNIDADES Y EN TODOS LADOS HAY PERSONAS QUE SE EMPECINAN EN SER LO QUE NO SON

YO SOY ESO QUE NO SOY Y NO SOY ESO QUE QUIERO SER

VIVO ARREPENTIDO Y ME CASTIGO SIN ENTENDER

PON LA OTRA MEJILLA ESTOICO DE MIERDA

Algo mucho menos amable de lo que creo es la manera en la que intento decir estar en guerra desde hace 12 años por una mujer.

 

Declaratoria de usurpación de un humanista digital

IMG_20131005_192105Digamos que algunos de nosotros crecimos con un ideal y meta sobre el mundo. Digamos que quizá crecimos con ese aroma residual de la modernidad. Digamos que cuando teníamos 10 años no podíamos entender que la situación introyectada, sólo por algunos, debía consistir en el camino recto al éxito y la responsabilidad. No todo el mundo ha leído a Lyotard ni le interesa. Quizá la mayoría prefiera leer best sellers, eso no está en duda. Ahora bien, si los postulados filosóficos del mundo actual son vistos a la luz del conservadurismo neoliberal, quizá entonces mucho más allá de la lúgubre atmósfera de desigualdad vigente, la condición humana, más allá de su naturalidad, pueda plantearse, además, mucho más allá de la crítica postmoderna, y moderna, a la ilustración. Pero los equívocos, la capacidad de errar del ser humano, su dimensión concreta llamada ignorancia, habla mucho más de la vigencia contundente algo constante, que del incierto y tormentoso anhelo de sapiencia absoluta. Y si con el estructuralismo se incluyó lo sistemático en el planteamiento del conocimiento humano, no por ello se cambiaron los roles determinados por la perspectiva temporal y espacial del conglomerado cultural. Las reglas del juego, no sólo del lenguaje sino de otros juegos también, que podría ser una ludens normativae, interpondrían en el esquema globalizante de la aprehensión factual de lo antroposófico un combinación inabarcable de fracturas y posturas, de influencias colapsadas en los territorios áridos de la terrorificidad y todas sus facetas. Si la modernidad planteaba la falta y ausencia de ignorancia, de error, la lucha contra el equívoco, planteaba por tanto ese ascenso contundente, derivado de las revoluciones tecnológicas, científicas y sociales, para dar paso a un ethos absoutamente omnipotente. Y muchos de los que somos residuos de esos tiempos de modernidades absolutistas nos encontramos de pronto con una doble inocencia traumática: el reconocimiento de una intencionalidad metafísicamente destructiva, opuesta por completo al racionalismo ilustrado, y el derribo de la lógica progresista en aras de una humanización infravalorativa por relativista. ¿Un rollo más de los que puedo aventarme con el vetusto armazón de autores del siglo XX? Por supuesto. Dicen por ahí que lo libresco puede afectar por completo el criterio de una persona, y me atrevo a decir que soy uno de los pocos seres humanos en el mundo que no ve televisión ni cine por estar absorto en el ethos anacrónico de la culturalidad escrita. ¿Caerán conmigo en este precipicio alfabético? El ángulo de incidencia es, por tanto, la capacidad de ignorar de la especie, no sólo en términos de una apología de la ignorancia (que implicaría realizar una filosofía de lo ignorado y lo ignorante) que podría reducirse a un foco tentativo de alcance e incrustación cultural: la ignorancia como prótesis evolutiva no sería entonces alcanzar ese progreso a ultranzas, aún vivo en tiempos neoliberales, ni pregonar la rotunda fórmula del éxito de la especie ni mucho menos intuir en las tonalidades catastróficas del presente un atisbo de parálisis paranoide. ¿Entonces? Yo ignoro, evado, me desinformo. La totalidad inabarcable del universo -los universos- me rebasa. Me declaro incompetente para actuar en el instante presente. Puedo ser la piltrafa del siglo XX más prosaícamente esculpida o un ejemplo a seguir cuando elucubro los caminos del pensamiento occidental del siglo XX. Bárbara síntesis, como Bárbara Mori. Mejor los marinos que llegaron a Japón en 1945 y Marina Orlova rusa convertida en gringa. Ni hablar, los diccionarios están por todas partes. No es gratuito este neoenciclopedismo, este rotundo afán neoilustrado que en realidad se atiene a las reglamentaciones y normativas, a esa ludens normativae, del vacío, de lo vacuo. Y no es gratuito por tanto que se yergan nuevamente las banderas de las religiones y los fanatismos en todos sus expresiones. No es gratuito que los objetos políticos se trasladen al mercantilizado arquetipo de la global Television es decir de la global marketing enterprise. Y todos ahí, consumidores de todo o de algo. ¿ignoro y soy ignorado? Axioma proclive a los resguardos de un autismo comunicativo, un aislamiento voluntario e insípido. Ignoro y soy ignorado, evado, en este país donde la evasión se consume y se vende. México 2014 podría ser el año de la memoria. Ramplona la hipocresía mediática, ramplona la obsolescencia académica, ramplona la intencionalidad utópico-humanista. Ramplón al fin el aire contaminado por radiaciones de Fukushima. Ramplona la transición monárquica española -e inglesa también. Ramplón el recordatorio insigne de la insignificación: lux videsn postmortem. Y si un hombre no sabe latín y balbuce latinismos, ¿recupera la condición de antiguo? Los troncos derribados en el Amazonas, la explotación energética, el esclavismo infantil y sexual, todas esas historias que ahora la UNESCO o la UNICEF o la OMG o cualquier otra institución global buscará erradicar hasta que a finales del siglo, con las nuevas generaciones que para nosotros ya son ahora viejas repeticiones, algo pase de nuevo. Los atardeceres en medio de maremotos, la cacería de la fauna, el deterioro de las condiciones vida, todo eso que hoy habita el presente también desaparecerá. Y como ahora que soy olvido de muchos, ignorancia de la mayoría, lo propio de este ajeno personaje será notar cómo su aliento se perdió una y otra vez en multitudes que juzgaron sus actos de mediocridad. IMG_20131005_195213Y así como la luna mantiene las mareas oceánicas en un flujo constante, que ya ahora con los cambios climáticos será un cierto flujo apocalíptico, de igual forma, recordando los cataclismas del video juego The legend of Zelda a link to the past, habrá un punto en dondo este ehtos vacuo será una licuadora de condensación profiláctica. ¿Pero es que acaso he dicho algo? Quizá desde la teoría generativa de Noam Chomsky no haya contenido, ni los semantemas están ordenados y el deshilvanod contenido sintáctico puede estar roto igual que la puntuación permanezca alejada de la una competencia lingüística de la lengua española apropiada y standar. Nada menos que los vestigios de esta ignorancia. Y los reinos empolvados de la tristeza no serán más prados estériles de mi racionalismo autosaboteador. Nada de eso. Quizá un día en los futuros constantes -hasta el fin del mito del eterno retorno- logre haber entre nosotros un perfil idóneo para tratar de ser algo menos que un humanista dislocado y algo más que un simple consumidor testimonial.