Días sin agenda

Extravío hoy, átomos circunspectos

soñar, tibieza emblemática, ayer, cual

nombrar las aves las estaciones, palpo

inmediato: ser y trotar el devenir, sufragar.

Maremoto de sábanas húmedas contigo,

nosotros, una especie de quiste en la atmósfera,

somos también trinos veraniegos aquí, allá,

ahora que los gritos infantiles inducen dormir.

¿Tendría sepultura el tedio de un esfuerzo consumado?

¿Miramos acaso los juegos? ¿Escupimos frases o mascullamos

testimonios de psicodelias y ausencias? Pensamos…

En el amar los cuerpos emergen tormenta,

huracanes son las estrías del desamor, la carga, lóbrega,

el mutismo del desconcertante instinto, mandálico

efecto la tenacidad que arrebata al viento el horizonte.

Deambular por los salones de la vida, vaya tarea,

sin horarios ni pendientes, vaya que es el lujo de presenciar

el momento. Hoy todas partes tienen fijas las anclas

al globo y sus derivaciones, pero esta historia narra

la figura geométrica del ocioso quebranto del ser.

asalto

Autopoética de un lenguaje

Movilizar el lenguaje para mí es un acto de elaboración, en ocasiones automática. Las dimensiones que te brinda el conocimiento del pasado en cuanto a los recursos estilísticos, las tendencias y las modas estéticas, ideológicas, poéticas, etcétera, en ocasiones se transforman en enjambres de frases, ideas o figuras discursivas. Se trata para mi de elaborar el pensamiento. Y en un tono revisionista la inmensidad literaria producida en el tiempo implica generar elecciones y selecciones de obras, autores y épocas. Para mí se trata no sólo de plasmar un itinerario, ora falaz ora verídico, o de indagar los vericuetos inherentes al acto creativo, al desempolvamiento del ser o a su negrura prófuga y certera. El acto de escritura, que desde hace algunos años es en mí caso un acto de mecanografiado intencional, no debe disociarse de una exploración interior en diálogo comunicante con un conjunto de otredades  que nutran la búsqueda.

El presente abigarrado de tendencias, ocurrencias, modas, formas pasajeras y transitorias de pensar, de crear, de construir, de escribir y de creer, remite a una instancia contraria a un asidero, remite al vacío del que nos habla Baudrillard, a la fabulación inmensa de una legitimidad cognitiva fluctuante, incierta, por perecedera y disímbola del enquiste de la eternidad en su dimensión transitiva. Lo textual, en una elaboración finita y cerrada, purista, induce al acto de corroboración emotiva, de la ficcionalización y la realización propia, que desde una óptica fracturada indaga los caminos y las brechas del universo: mediatizado, inmediato, distante, abismal. En los intervalos del tedio digital, del abigarramiento del input creativo-expresivo, el lenguaje se convierte en una instancia del desconsuelo, reflejo de la realidad (ficticiamente elaborada) o resquicio de la ficción (buscando la realidad), que en su escueto semblante, de una finitud con posibilidades infinitas, absorbe partículas de experiencias. El tedio digital, la construcción fraudulenta del ser en la digitalidad es un sensacionalismo morboso llevado al extremo de una seriedad cancerígena, por aparente y viral, por destructiva del constatar las presencias y enaltecer lo efímero.

SI hay una filosofía del acto creativo, de haberla, no puede describirse en sí misma como una instrumentación simple de la palabra. El lenguaje, rotunda fertilidad ontológica, atraviesa imperecedero lo humano, atisba el fértil manto que cobija el impulso expresivo. Sin lenguaje no hay expresión. El conocimiento entonces de las formas del lenguaje permite la generación de nuevas jugadas en el tablero creativo. Pero no es una innovación pelona o una invención original la que incide en el presente digital para re-elaborar discursos y formas, sino que se trata de hacer nuevas jugadas desde el ángulo de acción no sólo del significado o la estructura, sino desde las posibilidades que un ancha experiencia lectora, estética, histórica, semántica, filosófica, promueven en el individuo creador. No es el lenguaje per se lo que intuye las fibras del impulso creador, no es el mito del dios que crea ex nihilo lo que compone la osada marca de la creación expresiva, sino el mito de la nada abismal que desborda al ser y el impone la labor de ordenar la fractalidad de ese abismo para clasificar su experiencia como si fuera una fuente donde un pez deseara evolucionar a cuadrúpedo y tuviera que mutar entre el agua y el borde del recinto acuoso.

Todas estas palabras carecen de significado referencialmente en cuanto que no son más que la exploración ensayística de un ego, mí mismidad parlante, que surca su intencionalidad creadora con el filo propio de una inocua fugacidad, terca, amañada, corruptora del realismo posible y de la ficcionalización posible. Si encima de todo la verosimilitud perdura, como elemento de una imantada tarea de desahogo discursivo, es en el intersticio de lo verosímil y lo veritativo, donde mi pensamiento encuentra una recóndita cordura, amasada en la filosofía del lenguaje, que rencorosa de la narratología invade mis residuales instintos literarios.

 

budhist

Irreverencia poética nova

Una instancia antigua

palpó los cuerpos

asiduos al sufrimiento.

La llamarada de recuerdos

ardía plena, todo fue contraste

y mutismo. Arriba —¿dónde estaba

la puerta del laberinto?—

perfumes violentos arrebataron

la cálida ternura materna

de la guerra demencial.

Nos perdimos siempre, aquí,

en el intervalo fortuito:

destinos del salto,

inmensidad y caída,

soplo en el arrabal del ego.

Merodeamos al salir

los copos imaginarios

llamados evacuación del presente.

irreverencia poética 7

Chatarrismo, digitalidades y vocalidad discursiva

La vivencia de los fenómenos digitales, proclives a una tendencia polihédrica y fractálica, incluye una corporatividad del hecho cultural inserto en el devenir de la obsolescencia y la caducidad, lo cual genera un chatarrismo cultural, una residuocidad. Esta situación conduce a la diáspora de reminiscencias en todos los niveles de la creación humana, que en el caso concreto de la vida animal, por ejemplo, construye zoológicos virtuales. La desaparición de los referentes, como enquistamiento ideológico, permea la conducta informativa, la tendenciosidad discursiva, generando un vocerío polifónico, creativo en ocasiones, otras veces destructivo y necropático. La imposibilidad de categorizar los hechos digitales, de rotular, por inabarcables, los hechos de una taxonomía cultural de un presente donde la sincronía es amplísima, genera también la dubitación, en principio, pero además constriñe los asideros saludables, en la marcha voraz de la caducidad, de lo obsoleto, de lo que pasa y deja una huella, rastreable, verificable, cuyo destino es lo deleble de su existencia.

La vocalidad discursiva se erige entonces como una actualidad apegada a la multiplicidad de la oferta y la demanda de los mercados diversos: delictivos, educativos, literarios, fotográficos, audiovisuales, mercantiles, entre otros. Esta vocalidad, esta oferta de voces que irrumpe en el presente, en la sincronía de las digitalidades compuestas por un registro escritura milenario que se aproxima al último segundo presente de forma saturada, esparce sus dólmenes de sentido, construyendo archipiélagos de significados y referenciales. Los ecos del chatarrismo cultural, de la basura cultural, son una parte crucial de los impulsos sonoros de estas voces de la digitalidad, construyen, al tiempo que dislocan, las redes y flujos conformadores de un gusto, donde el eclecticismo es una moneda, donde la heterodoxia y la multiplicidad, la heteronomia, mantienen la posibilidad de construir identidades, colectivas e individuales. Estos hechos reflexivos, no obstante, carecen de una conducta que anule el postulado de la saturación abismal, icónica en el caso de referentes sólidos, etérea en el caso de referentes socialmente menores, que circundan las distintas aristas del presente referido a miles de millones de personas con entidades psíquicas, identitarias y preferencias en diversos ámbitos, que derivan, por tanto, en una puesta en escena, experiencia y construcción, de las digitalidades contemporáneas y su vocalidad discursiva.

D’Alembert quote

“El sistema general de las ciencias y de las artes es una especie de laberinto, de camino tortuoso, en el que la inteligencia se interna sin conocer muy bien el rumbo que debe seguir. Acuciado por sus necesidades y por las del cuerpo al que está unido comienza por estudiar los primeros objetos que se le ofrecen; penetra lo más que puede en el conocimiento de estos objetos; no tarda en encontrar dificultades que lo detienen, y sea por esperanza o incluso por la desesperanza de vencerlos, se lanza a un nuevo camino; vuelve luego sobre sus pasos; franquea a veces las primeras barreras para encontrar otras nuevas; y, pasando rápidamente de un objeto a otro, hace sobre cada uno de estos objetos, en diferentes intervalos y como a saltos, una serie de operaciones en las que la discontinuidad es un efecto necesario de la misma generación de sus ideas. Pero este desorden, por muy filosófico que sea por parte del espíritu, desfiguraría, o más bien destruiría enteramente un árbol enciclopédico en el que quisiéramos representarlo”

Jean Le Rond D’Alembert, Discurso preliminar a la Enciclopedia, [1759], reimpr. Madrid, Editorial Sarpe, 1985, pp. 74-75.

Esparcimiento fútil

Abandonar el espacio de los años al tiempo de las canciones, silencio, de nuevo. No estar encima de nadie ni contra algo en sí definido. Costra, figura de hielo. Amores y platos sucios. Pensar desde la soledad es abrir los ojos a una distancia envuelta con la piel de la luz. Distancia: eso que vemos todos los días. Igual es el fulgor de las estrellas, añorada y melancólica forma de un romanticismo pleno, el que nos atropella. Lo humano ¿qué es? ¿Acaso estabas conmigo cuando decidiste irte? No lo sabremos, pero no importa.

Tacto y animalidad surcan el litigio de nuestros cuerpos, contra torrente de emociones. Hace tanto que no tengo sexo con amor, hace tanto que no amo con sexo. Y de entrada la cicatriz de la atmósfera, moralina y ramplona, es como un vaso de ácido lisérgico. Contra ataque del tubo galáctico, mi vista sonámbula de ti. Duerme mi sueño una vigilia torpe, no por torpe inferior. Así, en escondite, el libertino sigo siendo yo. Como fábula de Esopo, mejor de La Fontaine, el cenicero que dice: deja de fumar. Y yo, aquí, con este teclado sucio, con mis perras durmiendo, con la cena por hacerse, recojo el recuerdo de las setas que compré para hacer una sopa deliciosa. Todo termina siempre en las calles y en el envoltorio ese de tufo de gran ciudad. Entonces descubro el odio a esta Xalapa, que no es odio en sí sino rencor. Me noto poco asimilado. ¿ver porno? Ahora no. Necesita mucho más que tetas, culos, vaginas y dildos. Pero la clase política, los diputables, existen. No sé cómo, pero evado el mundo y así, como perdido en el presente, que para mi es un pasado incesante, todo queda resuelto en un par de galletas de animalitos que se me antojan porque recuerdo que las comía de niño.

Contra ataque maestro: la limosna afectiva del día de hoy, mis perras y el abandono. Conquista esa cima de desprecio, dicta una charla, expón tu punto. Patrañas. Entonces el automatismo no radica en la felicidad ni el esfuerzo. El automatismo se consagra en la dimensión muda de los años. Auto mata mata auto. Conferencias posibles, ¿la vida de una persona que no existe? Hacerla existir como tarea de empresa multinacional, como cadena de televisión. Charlatanería, todo el tiempo, toda la historia. No en vano cualquier es una exitosa y ejemplar figura pública. Patrañas. Mejor chistorra con jamón serrano y chorizo de Pamplona. ¿Dónde esta el rey de los embutidos de Perote? No lo sé. Pero hay ahí una excelente tortería llamada Covadonga. Nada más que un antojo de un recuerdo infantil.

Como la escuela de todos los años, cada otoño la vuelta al momento congelado, congelaticio. Imaginatio res novum cogito. Falso latinismo. Libertino. Exiliado de las cámaras y los circuitos de socialización acreditada. Galope y símbolo de Fa mayor sostenido. Tesitura informe, la introducción a los cortes longitudinales del aburrimiento.

buzon con indecencia