Lentitudes

Juventudes de silencio

compran fiebres exitosas

entretejidas minúsculas

capas de sentido —átomo

de miserías— el conquistar

los infértiles atisbos del ser.

Nombre y consagración

efecto de cadencia, candela

insospechada, esto que dice

la pausa del destino —pausada

esfera de las totalidades—

una emblemática torpe, torcida.

Así es estar rancio en el universo

—poliversal— de los hitos verbales

porque al final de los ayeres

esparcimos amistad en pesados

mantos de recuerdos: cicatrices

somos cada vez que ensillamos

tientos peligrosos en el tacto

de la cobija humecida de niñez.

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Mitología de la pantalla/Screen mithology

Hubo soledad

It had been loneliness

entre castillos

under castles.

Tétricos días

Gloomy days

apoyaron su axioma

supported their axiom.

Falsificación inmaterial

immaterial fake

llamar carnal la luz

call carnal the light

abismo manchado

stained abyss

nosotros: testigos del sol.

we witness of the sun.

 

 

Errata

 

No eran ayeres

los torbellinos

de tristeza

eran presentes.

Fue acaso soplo

mitades de horizonte

esa errata nombrada

migajas afectivas.

Estoy muy verde

Inmadureces literarias

esparcidas, tubo

denegado, vista

átomo inquieto.

Inmadurez, axioma cierto,

¿qué letra de la ecúmene escrita

ignoro? Todas. Calles simbólicas

esta bibliofilia ramplona, sí,

decía León Felipe del poema

ser una narración, nada es

esta poesía insulsa de autoridades.

Aquí fue también oportuno

dar nombre a lo impreciso

fue también incierto

dar cabida al ningún espacio

—como ningún esperma

fue también código indescifrado—

porque hay una cronofagía

permitida: bebed de las lindes

propias de vuestras tradiciones.

Acuñada este métrica caduca

no medida, metro sin tono,

pacto desposeído, sí, tonalidad

es partir las sílabas, interruptas,

en la música que es ruido,

no armonía. Sí, bestialismo

improductivo el ramificar

torpeza de acentos semánticos.

No es mi semantema otro significado

que el escueto cronicon lexicográfico

incrustado en patrañas: intelectualismo

siempre podré olvidarnos, psicosis

ramalazo de bondad fúrica.

Estoy muy verde para asumir

un perfil y una postura oscura,

oscurecido también en sinceridades,

por que al final mi ontología

es cancerígena, fortuita, por el esconder

los atisbos cansados del estar

—y la paciencia es trueque sin sentido

como tallarín envuelto en un caldo

de pollo en Kyoto— porque al finalizar

esto que no tuvo sano ni bueno ni infinito

principio principia, así y asa y todo es necropático

negro, ambivalente, envoltura

en la certeza de la poltrona

luminosa. Sí, verde estoy

en este mercado de la res publica litterarum

digital, verde —¿dónde está mi verdulera (o)?—.

Este nihilisno metanihílico, nada, nadie,

ninguno, estoy muy verde

para redactar los versos del silencio eterno.

Finjo entonces, maquiavélico entonces,

anterior también, entonces las costillas

de los ancestros igual fueron desposesas

igual como yo ahora, ignoto,

siervo, anclado en el anclaje del semantema:

neologismo, falsificación del lenguaje

mi des-historicidad, hiper-neurotización,

arggg, ehh, epa, ju, arggg, ehh, epa, juh.

Mecanografiar el instante

El alfabeto en su amplitud

es un laberinto.

Su infinidad es mi sesgo

su horizonte mi camino.

En su finitud de silencio

comprimo saltos al universo.

Alfabeto milenario eres

el teclear emotivo

de seres infinitamente desolados.

Ventiscas

Hay rincones del ser

inmersos en paradojas

contra sentidos del alma

manecillas del silencio.

 

Hay antídotos a dolores

en el cielo —imantado—,

reflujos de cicatrices,

heridas, sí, estos cimientos.

 

Hay nubes melancólicas

en miradas anheladas,

totalidades enflaquecidas

por muchedumbres.

Y decimos adiós a las marchitas

ideas de otros ayeres

porque nuestra alquimia es amalgamar

visiones en voces ansiadas.

Tenemos tiempo, tentamos

las orillas de la noria psíquica

y esparcimos en los seres

una melodía extraviada

en los arrecifes del lenguaje.

Micro poiesis 1 Cosa dicha

Verbalizaste una generación instantánea

que es tu vida y tus ideas

como si no hubiera retórica del tiempo

porque al final del día Dios te amaba

y eras dichosa como una liebre corriendo en la pradera.

Desmodernidades postinternéticas en una subjetividad hipersaturante lírica

No, el amor no es suficiente,

la carne, los cuerpos, no son

motivos de vida. ¿Vivimos

una era de amor a la muerte

—necropatía—?

Somos reflejos de luces,

espasmos horririzados

de violencias totalitarias.

Y constreñimos a otros

a intentar sepultar

nuestros alientos.

No es pensar

una clave pura,

como razón ilustrada,

es más la terquedad

de un verbalismo

escueto y sensacionalista.

Versificó entonces,

tumefacta mi mentalidad,

los resquicios apoltronados

de un ser desvencijado

entre pesadillas eternas,

etéreas, sonámbulas

isntancias de sangre, sudor y ceniza.

Desmodernidades inculcan

asideros poco fiables

certezas de que no hay nada nuevo

nada que otros —un Borges o un James

o un Eliot o cualquier otro— hayan podido

nombrar. ¿Por qué nombres

existe esa otredad

que saturo contra el espejismo

raudo de mi silencio? Axiomática

la lengua conspira, conspiró.

 

 

Dentro de los relatos, meta relatos

lyotardianos, también escribo

una pulsión de vida, que el amor sacia,

como el agua en un oasís egipció.

Pero acaso mitades de signos

escriben en mí una torcedura

porque mi lenguaje —esa subjetividad

atroz y despiadada— es el emblema

alquitranado de los fastidiosos

conjuntos. Conjugo entonces

así y asa la vida con una tropelía:

ayeres iracundos fertilizan

el magma ardiente de mi inconsciencia.

No es entonces el códice ni su código,

no es la modernidad o su origen o su finalidad,

no… es entonces también distinguir que soy

una rama truculenta

de la versificación del momento,

soy también una psíque, un psiquismo,

una falacia argumentativa,

la tautología de los sexos —macho/hembra—

como cicatriz histórica de la eternidad.

 

Construyo versos en la pocilga

intelectualista de un ser rumiante,

rumio también mi añoranza de mujeres

pornográficas, porque entonces,

ya desde niño la adulteración me dominaba,

era el tiempo de la luz y fue oscuridad,

era el tiempo del amar y fue odio,

era el tiempo del baile, de la fiesta,

tú, fantasma, exististe por mí

y te respeto porque no te olvido.

 

Desmodernidades también es un acto

verbalista, sígnico, de una afijación

iracunda, porque el des retira

el sonido propio del sustantivo,

que es filosóficamente apropiado,

porque al final hay historia

en lo posthistórico

porque hay industria

en lo postindustrial

porque hay pornografía

en lo postpornográfico

porque hay estructuras

en lo postestructural

porque hay naciones

en lo postnacional

porque seguirá habiendo internet

en lo postinternético, pero todo pasa,

todo fluye, sin Hegel, sin Heráclito,

sin Marx, sin Bajtin, sin el recuerdo

flácido de las obras comunes.

Existe también esta entropía

este caos

esta abigarrada instancia

que nos satura, que me hace

sujeto de inclementes pulsiones,

esta inconsistencia sonora,

este huir de la música, esta idolatría

de grandes autores mexicanos.

 

Canon desfigurado, desconocido,

putrefacción racional, esquizoide

análisis, fortuita memoria,

lago de símbolos, aguarda,

sí, que hay precedentes

que no conozco, que no conoceré.

Y en cambio me arroba el sexualismo

ese etos pornonarcotecnodemocrático,

esa oscura rendija de animalidad,

que me arroba el cuerpo,

con la silueta de modelos

ideológicos caducos.

Aguarda silencio

a que pueda interiorizar

tu boca en mi axila

tu aliento

en mi mirada

espera, silencio,

que el amor llegó y se mantiene

erguida la semilla

que da esperanza.

Anteriores

Ya estoy absurdamente ido

por el espejo que fui

contra el bestial nombre.

Esparso saltos de ruindad

en la atmósfera

porque a cambio de unas monedas

mi alma gime rota en una esquina

del universo.

Ya lejos de correr camino

transitando edades

con las mismas obsesiones

que a los 9 años

aunque siendo realista

nada es más:

decirle a la mujer que deseas

te amo.

¿Qué importa la cartografía antigua

si todo el tiempo es una pérdida

obsesa de senos capitalistas?

Ya más que correr camino

fumando a tientas mi futuro,

dijo un conocido más vale fumar

que ser fumado

yo digo

me esfumo del día aquí y ahora

fumé y no soy fumado

puedo beber humo tranquilamente.

Ptolomeo no es la fuente

de la imbecilidad

no, tampoco lo es

el imposible horizonte

cultural de Descartes.

Soy yo, aquí, con plumas

rojas enrojeciendo mi anima,

porque al final me iré de este asiento

y caerá en mi el idiograma del amor.

Otra vez, sí, siempre, Japón, aunque

no sea momento de esclarecer los ángulos

de la perpetuidad. Adiós, ya fumo, ya me voy,

más que correr camino, lejos de eso, aquí

estaba dispuesta la maquinaria de una irreverencia

fotográfica y mi sentido es ausencia

hoy, día de cuetes en un paraje del universo.