Paraíso destruido

¿Imágenes atribuyen soledades

al asiento del sol o nos esconden

gestos del horizonte? Nos nombran.

En una quebrantada mañana

perdimos la paz y la historia,

por la sangre de los inocentes

y la guerra nos indujo al término

de la existencia. Falsificamos

árboles, sueños e individuos…

y pensamos que era lo correcto

anudarnos la lengua con la indiferencia.

¿Por qué orillas nada nuestro dolor

si tristeza llanto si lágrima sal?

Cuando despertamos había un paraíso destruido

frente al escenario cotidiano del nombre.

archipielago1

Mixtura en seco

Arribar a la superficie

del sufrimiento, manto

siempre que hilvana

amistades. Arribo certero:

fuga de confesiones

en el marasmo del dolor.

Decepción, a veces

verdad, a veces crimen,

otras mismas voces

infinitas de lo eterno.

La ruptura del andar los días desnudos.

corazoncito4

No sé hacerme un lugar en el mundo

Aquí, donde las palomas

olvidan sus alas, yazco,

contra mi pecho la rabia

o el rencor absorto a mis contemporáneos.

Agujero soy, soy un trote moribundo

porque extravié mi alma tres mil

millones de veces, porque perdí

la tinta, el papel, el fósforo y el fuego.

Aquí, donde el manicomio es una corta guillotina,

estoy, nadie entre las multitudes

reclama mi cuerpo, mi voz, mi sentir.

Una vez fui una balada amorosa,

un campamento en la playa,

algo que calentó cuerpos y vidas.

Sonríe no temas, quizá lo único es el dolor

de sabernos partidos por funerales y nacimientos.

No sé hacerme un lugar en el mundo,

en este cúmulo de atrocidades,

y lloro, me desfalco a la tristeza, convulsiono

mis párpados y me deslizo por el polvo

de caras y personas desconocidas

que dijeron ser mis amigas o amigos o amantes.

La primavera retoña y con ella este desprecio

de años, de corazones rotos, de almas oscuras,

torcidas, turbias, desencajadas. Desilusión:

la huella indeleble de todos mis presentes.

Ser nuevo horizonte en flor

Como la luz atraviesa el agua
la soledad atravesó mis días,
como silencio muerto
atravesaron la oscuridad
los ruidos de mi llanto.
¿Dejé en el camino flores y sonrisas?
La vida toda es truco y astucia
pero también intuición y cautela.
No sin mesura los riesgos
mutan la fortuna en éxito
y los fracasos en lecciones.
¿Acaso la malla de la desgracia
escribió con mi voz y mi aliento
el nombre de mi desolación?
Fueron las lunas llenas las métricas,
los atardeceres fueron la finitud
magia de unos ojos -mis ojos-
atenuados en el balcón de la juventud.
Y lloré como cualquiera.
El corazón roto habló un dialecto torpe,
pero navegué el desierto de la tristeza
y crecí adorando un pasado inmaculado
aunque también imperfecto.
Solté gritos y escandalice mi juventud
porque aprendía que solo naces
y solo mueres,
envuelto en un antes,
en un después que nada dice salvo los hechos.
Vivo a través de mi perdón y de mi alegría
la cima cristalina del elevamiento.
Mi alma llora hoy pero de alegría
y en el espacio de mi ser algo florece.

¿Civilización?

Existe el dolor
Existe la angustia
Existe la desesperanza
Existe la rabia
Existe el rencor
Existe la frustración
Existe la amargura
Existe la pérdida
Existe la pobreza
Existe el desahucio
Existe la incertidumbre
Existe el olvido
Existe la desolación
Existe la desigualdad
Existe la explotación
Existe injusticia
Existe la trampa
Existe la tortura
Existe lo inhumano
Existe la intolerancia
Existe el miedo
Existe el odio
Existe el racismo
Existe la exclusión
Existe la discriminación
Existe la avaricia
Existe la miseria
Existe la servidumbre
Existe la esclavitud
Existe el terror
Existe la iniquidad
Existe el tormento
Existe la fealdad
Existe la frialdad
Existe la corrupción

Los corazones

Eran los corazones
trampas y las trampas
andamios y erguían edificaciones
grises, de torpeza inmensa
como basureros rotundos
de la existencia opaca.
Eran proletarios los corazones
porque eran explotados
y se organizaban para la lucha.
En ocasiones eran torpedos
los corazones y esparcían semillas
de bocas y suelos y domingos de amargura.
Eran también museos del desconsuelo y zoológicos de la barbarie
los corazones
cuando al unísono gemían
por azarosas hazañas de equipos atléticos.
Eran toda la dicha y el horizonte
puro de la historia
los corazones que se rompían
como gotas de papel
que se humedecían por lágrimas secas.
Eran abismos de tiento y falanges del dolor los corazones
que suponían azules las nubes
y blancas las estrellas
porque sentían el agobio de sus apodos deformados.
También eran arcos los corazones en dos sentidos: soportes y armas
instrumentos de la bóveda de la intranquilidad
y utensilios para cazar desfalcos de rabia y sin sentido,
raramente alegría y sorpresa.
Todos ellos surcaban una atmósfera serena y apacible
donde olvidaban su destino
entregados al festín de lo cotidiano.

Micro poética del desconsuelo

Una tradición poética se levanta con Aristóteles, Horacio, Nicolás Boileau, Ludovico Antonio Muratori, Ignacio de Luzán, Johann Friedriech Hegel, y luego pensar que los estructuralistas del siglo XX no pudieron omitir la función poética del lenguaje. No, Roman Jakobson no estaba equivocado, pero no se trata de una simple teoría verbal, no, tampoco es el rinconcito donde escribiste tus primeros versos. No es El cementerio Marino de Paul Valery, no es Ezra Pound, no, no es El arte del Ingenio de Gracian ni tampoco es el sentido de la teoría verbal que busque la belleza. No, es más bien el llanto, el dolorido momento de ver que no sabes cuál es la sílaba tónica ni tampoco comprender la variación de los diptongos, no es el acento diacrítico ni tampoco la eufonía o el epifonema. No es la definición antropológico-filosófica del hombre de Cassirer como un ser mitopoético. No es la poesis o la autopoesis de Humberto Maturana. Nada, este lenguaje, esta teoría, estetiza un  berrinche, un drama de control como de los que habla Victor Turner. Es la experiencia misma de los atardeceres en Lisboa, pero sin barcos ni fado ni Madredues, ni la chica que tenía un años más que tú cuando intentaron ser novios pero al final te perdiste en las drogas. Eso es, el desconsuelo de la juventud dilapidada, de la esperanza rota, la estética del llanto, del dolor, de la tristeza, como si fuera hermosa la depresión, pero también es la lógica paradójica oriental de la que habló Erich Fromm en El Arte de Amar, también es el perdido recuerdo de Las penas del joven Werther leído una primavera. Es también la ominosa omisión del Arco y la lira, de Quadrivium, la omisión de Octavio Paz, como trampolín a la ignorancia, también desconsoladora. Esta teoría verbal es lo opuesto a un dildo en una escena pornográfica, en una alcoba de solterona, es lo opuesto a la consolación masturbatoria. Es igual al auge rotulado del absurdo mítico levistraussiano, camusiano, satreano, como el juego de espejos de Lacan pero sin la crítica de Freud. Eso es esta teoría verbal, este escueto pasadizo de sin sabores: mejor hubieras estudiado física cuántica y te habrías forjado una identidad de vídeo juego. El desconsuelo de la miseria, de la trágica inmanencia edípica-eléctrica, son todas las lágrimas vertidas por una caída a los 4 años en reconocido parque local, son todos los desamores por las morenas, rubias, trigueñas de fuego, con bustos perfectos, caderas perfectas, simétricos y hermosos rostros, es, finalmente, la puja por la evasión dolorosa, es decir, el dolor que no cesa, el fin que no alcanza, que no llega, que no termina. Esta teoría verbal es la apoplegia del simbolismo antropológico de Geertz pero con las teorías culturales de Boas, Kroeber, Herskovits, es la mismísima escuela de antropología norteamericana, sin Ralph Lintón por favor. Como toda teoría verbal, su práctica es definitoria del precepto desconsolador, del dolorcito voluptuoso de una amanecer en una ranchería. El desconsuelo queda escrito así como una teoría del dolor irreparable.

A veces

A veces los caminos nos separan,

con un dolor inmenso lo sabemos.

A veces somos aire

de otros tiempos

y otra gente nos aguarda

en silencio. A veces no sabemos

si perdemos o ganamos

separados por los caminos vividos,

torcemos nuestro rumbo y encontramos

despedidas y ausencias que calan el alma.

A veces simplemente olvidamos

que la vida es un océano de desencuentros,

que también a veces encontramos

en el misterio presente un algo y un alguien

que nos hace afortunados.

A veces intentamos evitar ese dolor

de sabernos partidos por vivencias más armónicas

que hoy ya son una memoria anterior.

A veces solamente notamos que los años

han pasado y que el cielo nos separó.

La primera primavera de este milenio

Inserta la tristeza

en los soles

quebrada

nostalgia

tibia confluencia

amar

no fue vivir

ni fue trepar

los árboles del tiempo.

Rasguño tu mirada

envoltorio cicatriz

mis ojos en tus espejos

como flácidas margaritas

mis dientes construyendo

la mueca gris

de un sábado en la noche

de la primer primavera de este milenio.

Cansada está la tormenta de desgracias

tristeza amargura locura demencia ser.

Todo contra ataca los días y territorios

de tu ausencia turbulenta,

columpio roto, mi sonrisa,

el átomo frío de tu indiferencia,

la canción silencio

eso eres

pero sin ideas ni belleza

simple espectro de mi

nadie que convoca la égida espacial.

Residuos

arqueología de tu nombre

olvido

canción horda de alfileres.

La voz, esa melodía tuya,

una esfera de pasiones que leyó

mis vidas pasadas, ríos de dolor, mi sangre

esta boca que sangró abandono

torcedura del alma

canción llamada eternidad.