Teoría del instinto mutilado 5

Donde las nóminas de galardonados

revisten sociedades

otros nombramos otredades,

mitades, somos la oscuridad

contraparte, versificadores

de lo inútil. ¿Pereceremos

en este umbral de basura literaria

de concursos no obtenidos

y de lóbregas retahílas de mustiedad?

Donde otros son todo

nosotros somos nada, nadie,

ningún resquicio de esplendor

porque nuestro tiempo pasó.

Somos otros

contra el fondo roído del lenguaje.

Nadamos en la corriente esbelta

de truculencias y fraudes editoriales,

cabalgamos sinuosos prados

de verborrea y palabrería. Pendemos

cerca del abismo fortuito de la necedad.

Troquelamos la síncopa

que desquicia el alma

porque somos ignorantes

porque no estamos de moda

porque no conocemos el canon

porque al final vomitamos

únicamente

unicidades

particularismos

irrelevantes… como gaviotas muertas

en un muelle californiano.

Todo es cuestión de egos heridos

de grandilocuencia y sensacionalismo

todo es un estéril eco de esterilidades.

Escritores de unicel

somos

aquí

cuando nadie más enquista

nuestra flacidez intelectual,

nuestro raquitismo estético,

cuando sembramos lejanos

del orbe literario presente.

Ya lo dicen otros

como Lipovetski

que nuestro vacío nos induce

a vivir falsamente, a crear falsificaciones.

No merecemos el mote

de literatos o escritores o hombres —y mujeres—

de letras, aunque de letras estemos hechos

y hagamos nuestra vida, libro a libro,

ladrillo a ladrillo. ¿Por qué perder

el pulso y aliento de esta ramplona

apología inservible? No es sólo

como dijeran otros que no hay escalafón

es también el retículo indomable

que digo yo sobre nosotros

que no merecemos una oportunidad

que no valemos un poco de árboles deforestados

es también ese ego nuestro, eso yo

mutilado, desproporcionalmente

reseco, no como Onetti, que sí era escritor,

sino como estos que deambulamos

por el mundo en la farse escritural.

Y perderemos el tiempo

porque el tema del reconocimiento,

dice un autor por ahí escribes o trabajas,

es el tema de la negación de la modernidad:

otros son y para que ellos sean otros no son,

porque las asimetrías perduran, porque

no hay un mundo equitativo,

porque el capitalismo cultural

es más salvaje que el económico

porque merca con emociones y objetos.

Aquí es tarde ya,

tarde como fue

la pretensión de contar este fragmento.

Inútiles también tenemos detractores,

tenemos enemigos,

son ellos, los nombrados

los distinguidos

los reconocidos

los de la nómina, ellos

y ellas, que en su pelea

sobajan, aniquilan y canivalizan

el acto de crear.

Todos queremos ser leídos

El problema es ese.todos-queremos-ser-leidos

Entonces somos saturación

de voces, en el cristal luminoso,

nos escondemos, alientos somos,

tampoco rutinas nos indican

ángulos o cicatrices, pero ese es

el problema: todos lo buscamos,

pretendientes somos

más que literatos o escritores o poetas

o novelistas o ensayistas o columnistas.

Todos queremos ser leídos

todos queremos vender

todos queremos vivir de nuestra pluma.

En un mercado saturado todos pedimos

atenciones como de desalojado en guerra.

caracoles¿Atinamos acaso alcanzar,

desde nuestras pantallitas,

otros continentes y regazos?

¿No somos como una escoria pensante,

dicen los consagrados, porque nos sobra

retórica y nos falta técnica? ¿Somos?

Queremos ser leídos, tener un espacio

en el mundo, asimilarnos al cosmos editorial.

Ese es el problema. Pequeña saturación del mercado

—inmensidad charlatana— somos:

todos queremos ser leídos. Algún día.

 

Bibliotrauma

DSCN2678Pensamientos sueltos componen los linderos precisos de mi inteligencia verbal, de mi autismo como autor, deslindado del presente, en vínculo incierto con los acontecimientos. ¿Qué es la actualidad? ¿Qué resguarda la morada de las letras? Pensar que leer es un acto de diálogo virtual es en esencia algo cierto y también una consciencia de acceso a la otredad inmensa. Después de 3 intentos universitarios diversos puedo decir que he acumulado, para bien y para mal, distintos soportes bibliográficos. Y de vez en cuando me obstino en caer en el sin sentido del wanna be, para extraer de mi experiencia un conato de bronca intelectual. Aquí, en los estantes donde no caben las estrellas del momento, me extravío pensando que no seré el autor cotizado ni el pensador renombrado, pero nunca haré a un lado la dosis de originalidad que me puede proporcionar mi experiencia como indigente académico.

Libros de historia, de teoría literaria, de filosofía del lenguaje, del siglo XVIII (franceses, españoles, novohispanos, ingleses), de discurso, de literatura mexicana, latinoamericana y alemana, entre otras cosas, componen el minúsculo atisbo de lecturas pendientes: un abigarrado ejército de autores en mi intento de DSCN2680desfiguración del canon y la tradición estética verbal. Y no desisto porque ahora puedo decir que soy un pequeño historiador y poeta, en ciernes novelista y tal vez ensayista, todo depende del cristal con que se mire. Y no renuncio a mi matrimonio con las letras, existencial y desgarrador, porque en el fondo no es tampoco una cosa adictiva o compulsiva sino un acto de fe y de amor, de vida.

Los libros son un refugio, siempre, nunca una carga, jamás un peso u obstinado embalaje de miserias. Y entre tanto devano con tiento una cierta estrategia personal, de publicación, compaginada con mis proyectos de lectura. No soy parte de la intelectualidad del momento ni tampoco ostento ningún rótulo propio de joven promesa. No creo en los concursos literarios y pienso que hemos perdido el sentido y la significación de las formas luminosas del ser cuando nos acorralamos contra las dosis de realidad que nos impelen a creer en un futuro posible. Pero los libros que están aquí, conmigo, me sacuden y me invitan no tan solo a imaginar el para qué leerlos o el porqué postergar su lectura, sino a identificarme en la búsqueda de algo que no tiene forma ni rostro, mis próximos proyectos creativos.

DSCN2683El pasado mes de junio me titule de licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana. Y es en esa dicotomía, en esa dualidad entre lo académico y lo creativo, que me zambullo en un marasmo de constancias falaces y de atormentadas cicatrices escolares: antropología social, teorías de la cultura, rituales económicos, economía, filosofía, historia, lingüística, pensamiento crítico, modernidad, lenguaje, arte, pensamiento, cabalmente una conceptualización de los sitios atravesados que no dicen mucho de mí mismo. Porque nunca he logrado ordenar mis intentos, mis pesquisas, mis falsificadas interpretaciones de lo real y lo ficticio. Porque predomina un desorden que hoy podría ser la puerta para acondicionar una trayectoria personal, propia, individual, en vías de crecimiento. Todo es el marasmo de una tautología y episteme no asimilada, no identificada, no verificable: donde la poesía es un ejercicio escritural y la lectura un vicio ausente, porque en el inmenso mar de los pasados navego ignotos territorios fabricados por especialidades poco útiles al ahora. Obras completas no conozco ninguna. Ninguna tampoco me invita a conocerla del todo. Y me descubro infértil, desértico, árido, en el instante mismo de elección para ubicar mi lenguaje para traducirme. Entonces este circunloquio, este espasmo de vomitar palabras.

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Por una vez en la vida he logrado construir algo que me parece un buen ejemplo de trabajo intelectual. La tesis de licenciatura que presenté me dejo completamente satisfecho. Pero me falta mucho camino por recorrer. La pregunta obligada para mi es ¿ortodoxia o innovación? Y no puedo desistir de las conquistas realizadas ni de los estímulos obtenidos, pero debería ser un poco más sensato y dejar de lado estos juegos retóricos y estilísticos. Aunque no puedo, no sé cómo abandonar mi inmadurez, no sé ni puedo embarcarme nuevamente en un revisionismo a ultranzas. No dejo de improvisar, ni de explorar los vericuetos de esta imaginación adolescente, medio sumergida en el trauma de los libros, de la lectura, de la cultura como una epígono de la consciencia.

 

No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

6 minutos

Rápido construir los tendones

de visiones arquetípicas

porque el cielo padece las mareas

contra el espejismo turbio

que es el reloj conquistando el presente.

Lástima de cuerpo y de fotografía

pero ¿hubo acaso una sílaba demente

cuando en el salón decías el nombre

de tu peor pesadilla? Canta la tarde

su aposento nublado y llueve.

Dentro de los vasos y los sentidos

hay un líquido mañoso y caracolino

gradual y lento, humedad de ancestros

y vocerío de lo no hecho, de lo no dicho.

Cuando perder el carisma es una consigna

redactar hacia dentro los canales  del olvido

es radiografía una carrera de miradas agitadas.

Si rima un eco es una cloaca mental

Al frente de un ejército ignoto

farsa y símbolo estrecho quebranto

sumerge el antídoto del flagelo

mentalizado como verbo, seña y mutis

devenir intransitable, sonoro, escurridizo.

Peldaños que son libros, documentos

que son años, martilleo generacional

la tinta escurrida, el plácido árbol

del conocimiento, manantial y conquista,

látigo y fulgor llamado pensamiento.

Ungido trayecto de nombres y vocablos

como haz de luz, empolvado, materia

y forma, simbiosis de estructuras, lacónica

espacialidad de una esfera ambigua: rincón

que de los turbios axiomas consagra sus niveles.

Pulcra el alba retuerce los protocolos de

la eternidad errante, lampiña orquesta

trastocando la música celeste en nubarrones

de sentido. Porque se crispa la estrella del ingenio

contra el chispeante maremoto verbal, igual

que el futuro, nombre y destierro, compone

la sinfonía deísta de la incredulidad -igual

que un verano caluroso y una cosecha perdida-

nombrada espejo gris y turbulencia precisa.

Si rima un eco es una cloaca mental

igual que los reflejos encriptados del porvenir,

azulejos del alma, cerillas de recuerdos, hoguera

pasión que surca los abismos del terremoto de vivir.

Viejo

El repique de los años

construyó un muro

de aceite y resina,

muro ténue pero firme,

como tormenta y nubarrones.

La vida es constancia decidida

pero los arrecifes del amor

yerguen una pócima exacta.

Encubierta la madrugada de la infancia

somos primitivas imágenes de otras

personas, sembramos y cultivamos

momentos y notas de despedida

porque en el fondo nutrimos nuestra voz

con simplezas: un helado un domingo,

alimentar a las palomas en el parque,

escuchar nuestra canción favorita,

contar un cuento a un niño. Y todos somos

como una fuente de agua tibia

donde nos bañamos cuando tenemos

tristezas y decepciones. ¿O es acaso

que el silencio navega nuestro interior

para dotarnos de sueños irrealizables

que cumplimos cuando amamos locamente?

No existen ni álgebra emotiva

ni química del fracaso,

quizá sí un residuo

de nombrarnos, sabernos, tocarnos,

como las huellas en la playa de la existencia.

Así conquistamos nuestros pasos

para incendiar nuestro último aliento

con las flores perennes de la vida.

 

Asomos

Corto es el andamio, el lenguaje

de las cuevas interiores.

La chispa entonces es toda

inquietud veraniega: ancestros

mutilación y ojos que ven recuadros.

Ansiaste un techo para tus ideas

¿cómo fue que hundiste tus babas

en el lecho del espíritu de las letras?

No distinguimos al hombre del mono

ni a la mujer del espanto

porque vivimos un tramo de cielo

enmohecido, como terciopelo quemado

por todos los corazones rotos,

igual que todas las vajillas rotas o quizá

el anteojo roto que me impide verte.

Encima del libro manido, de su lenguaje,

no es hora de pensar o argüir

un destino firme y despiadado,

porque los otoños navegaron

hasta el intersticio mismo de tu alma,

surcaron tus alientos las ríspidas formas

de un sueño indómito y rancio, como psicosis

de química corrupta y adulterada. Rasgo de ti

un algo de esta tarde, de este nombre,

de la habitación misma donde reposan

las mariposas, las soledades, las infancias,

incluso donde el caracol es el pigmeo

náufrago de la lluvia y yo conduzco

al atónito signo de tu alfabeto. Acaso

el desierto sea más cómplice tuyo

que la insignia propia del dolor

que traigo, entumecido, colapsado,

por no saber leer en tu canto

otra cosa que el insípido roer del día.

¿Cómo sabías que los lunares del sol

mantuvieron viva la hoguera eterna

para que un día asaras mis poemas

y quemaras los versos más siniestros

de un hábito torcido y torpe, crueldad

desde nuestro lenguaje mortuorio?

No es asir los años ni conquistar huracanes

la clave ignota del fracaso, quizá lo sea

perder una pocilga a cambio de un peñique.

 

Comprobar el abrazo

Acoso

acaso

el dígito

tú, nombre

y esperma,

canto,

acaso

viento,

silbato

-ausente-

parte

del tiempo.

Quebrado

cielo

de nubes

inmersas,

tú, nombre

y óvulo,

el signo

balanza

de la espera.

Vida

exclamación

fugaz tiento

aliento canoso

espejo

-sol contra

el acuario,

silencio-

mitad de amor

otra faz

presentimiento

nosotros,

antes quizá

de la lluvia.

A propósito de la escritura en tiempos de facebook

El problema no estriba, exclusivamente, en la ortografía. Se trata, además, de la proliferación de un dialogismo micro estructural que sutura las posibilidades abarcadoras del pensamiento volviendo todo instantáneo. No interesa el futuro ni tampoco interesa el sentido trascendental del evento temporal. Es más, por eso mismo la ortografía sale sobrando. Se trata de la explosividad catártica de una simulación ad infinitum que surca los lindes de la estupidez.

Al final la acreditación y legitimidad del evento discursivo cuenta con niveles de ostentación y validez que definen su condición veritativa per se.

No tengo nada que escribir

Exposición de Matías Goeritz en DF

Exposición de Matías Goeritz en DF

Seguramente sólo soy un chorero, un demagógo, un simple parásito del alfabeto. Es más ni siquiera puedo decir que he leído a los grandes autores. Cada vez es más triste para mi ver que mis textos, mis escritos, mis intentos, producen ondas simples y de muy corto alcance. Me victimizo así, aún a pesar de tener un cierto número de publicaciones, aún a pesar de haber desarrollado distintos proyectos creativos exitosamente, aún a pesar de saber que no puedo vivir sin escribir. Me invade el deseo de desistir de mis letras, de mi escritura. No tengo nada que escribir, nada más, el aliento que tenía se evaporó, se esfumó.

No se trataría sólo de hacer un alto, se trataría simplemente de entender que no puedo tener un lugar en el mundo, que soy un absurdo intento, que probablemente lo que para mi es una pasión sólo se traduzca en letras de hobbie. No es intentar la fusión multimodal, pluridisciplinaria, la que podría tejer un hila para escribir sobre mis búsquedas y hallazgos. No es una factibilidad científica la que podría salvarme en este

Exposición de Matías Goeritz en DF

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mundo de ultra productividad. No es tampoco el sentir que mis intentos de comunicación se desvanecen. No es tener la pose de un ser interesante, es ser un simple monólogo. Pero tengo mis lectores y no sé qué les debo o qué me deben. Y me victimizo porque en el fondo no tengo una oportunidad valiosa de decir algo más que mis oscuros pasajes de mi frustrada juventud o navegar en un existencialismo ramplón, decadente y anacrónico.

Me juzgo con el poder de sentirme inferior todo el tiempo, mientras otros habitan, construyen, difunden, emergen en las escenas del presente. Más que una queja, es un rumor del ser venido a menos, venido ahora a más, de las oscilaciones que niego, que me revientan, de esta identidad dudosa que no acepta los cambios, de mi ser rancio y caduco.

No tengo nada que escribir, ni del mundo, de la sociedad, ni del arte, ni de la literatura, ni de la poesía, ni de la historia, ni del silencio, ni del tiempo, no tengo nada que pensar ni nada que sentir. Soy un ostión en una concha gris.

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Exposición de Matías Goeritz en DF

Termino el año escribiendo

Navego por el conflicto de escribir en este blog debido a que actualmente mantengo actividad de tesista y prestador de servicio social para una institución educativa. Me mueve ese conflicto o más bien me frena a proseguir con el esfuerzo por tener este espacio vivo. Pero no desisto ni desistiré. A veces creo que la vida está escindida de muchas maneras, que lo que hacemos en un tiempo y en un espacio no tiene que ver con lo que hacemos en otro. Son tiempos de incongruencia severa en todos los ámbitos. Y entre los niveles de conflictividad que puedo soportar me sumerjo factualmente en el momento presente. Me mantengo y me mantendré escribiendo y quizá por encima de todo logré sostener el esfuerzo por hacerme un lugar en el mundo. Al final es eso lo que busco, un sitio, un lugar, aunque a veces mis esfuerzos parecen más monólogos de diálogos abiertos. No creo que llegué pronto mi momento de fama y de prestigio, pero no por eso renunciaré a esta pasión que me arroba el espíritu.

Una vez un hombre de letras, sabio y mayor me dijo que escribir es un don. Yo de cierta forma lo sabía. El don de la palabra, el don del lenguaje, es uno de los atributos más preciados y mejor insertos en una dinámica mágico ritual como la de la antigua Grecia. No es gratuito que se hablé del rapto de las musas ni tampoco que el poeta y el chaman griego sean seres incomprensibles que hablan con los dioses. No es gratuito que Homero fuera ciego pero que tuviera el don de la palabra. Y tampoco es gratis el hecho del lenguaje constructivo que propongo, a veces más exótico que realista. Escribo y termino el año escribiendo porque creo que es vital para nuestros tiempos construir algo, por mínimo que sea. Y mis propuestas, por más incorrectas o atrevidas que sean buscan proponer lecturas, buscan construir, buscan armar hacia adelante desde el algoritmo infinito del presente. Termino el año escribiendo aquí, en este espacio mío que es para ustedes.

Feliz fin de año a media semana Doctores y Doctoras, testigos de este crudo nudo de urdimbres.

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Romulaizer Pardo