El ramo

Verano escrito

sentir. Aroma

nuestro recurrir

al abrigo de las flores.

Somos sólo hombres y como fondo un cielo

Recordando a Luis Alberto Spinetta
Escondidos saltos

generaciones de versos

los días llueven.

Libertades insignes

fabrican desembocaduras

enrojecidas de amistades 

cual trompo girando:

giro emblema el manto

cicatriz del origen

el cielo. Nacen instantes 

en los caireles del tiempo

esbelto y sin cauce

el tronido de la vida nos sacude.

Comunes somos cada trueno

sacudido y esperamos 

indómitos la fórmula del signo

inverso al galope azul:

sólo somos hombres 

deviniendo 

y nuestro fondo esparcido 

fracciona nubes y mareas

fondo el cielo.

Polvera sígnica

Ninguna escultura

—residuo: signo,

mentalidad, espacio—

anuda palabras

si no retoca imaginarios.

Al deambular los eclipses

del significado —sociedades

escribieron desde siempre

la fosas que pulverizan el tiempo—

como de caracol y tormenta

nuestra lengua, en cinta,

constricción volátil, reverbera

el soplar de alientos

la marejada de experiencias.

¿Cómo si de la voz

partimos

la esfera del silencio

repelemos

si de la estructura del signo

caemos

a la pesadilla

fútil del más acá?

Serenos enfrascamos versos,

prendemos vocales,

inservibles, toscas:

nos guarecemos

de las rendijas fugitivas

donde habitan las quebrazones

del ser y la reflexión: sincrónica

esbeltez, síncopa infructuosa.

 

 

Quien esté alfabetizado que tire la primera letra

Arrojadla y bebed,

complicidad, espuma de voz y

quebrantada tormenta

inocua, silencios, caminos,

marcas: siempre costado del saber.

¿Pecamos contra el arrebol de la eternidad

en la expresión y el nombre? Reminiscencia

esperma de verbo y luz, como conflicto

entre el ser y su lenguaje, fugitiva memoria

los rostros infames de lenguas muertas u olvidadas:

olvido, eso que es nombre de lo cotidiano

indistinción negativa, el salto a la vocal y su torcedura.

Periplo no del sueño

no del signo

del andamio

andado: meta y logos

insufrible torno

de dicciones en la gramática del tiempo.

Ancestralmente elucubramos

designios anteriores al saltar

las lunas las estaciones,

porque las estrellas compitieron

para llevar grabadas nuestra alma.

Mitad aliento mitad mirada

como nocturnidad en la playa

caer al instinto dicho: comunicarnos

tal vez fue el error que nos volvió humanos.

alfabeto1

 

 

 

Lamentar la era atómica

Si llegara a mí

la gramática del tiempo,

si tuviera en mis estantes

un lingüística aplicada al sueño,

quizá podría entrometerme

en la realidad. Siempre oculto

mi filosofía tediosa del silencio,

pero no existe entonces

ninguna antropología del terror

que pueda omitir el sentido de mis frases.

Esconde mi mirada

los axiomas rotos del putrefacto

momento en que nace la verdad

como constructor efímero.

Se yergue la estructura total

del innombrable dolor,

fugazmente mitigado,

dolor siempre vivo.

Esta carnicería que es mi cabeza,

mentalizada en vericuetos rancios,

es el lamento por el auge

de la era atómica y sus generaciones.

Doblegado escupo la paleografía de mi esencia,

juventud que raya los lindes

del automatismo existencial

porque en el fondo, si lo hay,

todo es una oscuridad perpleja

iluminada con la violencia hidrogenada.

lamentar-la-era-atomica

Improvisación lírica

Quedo destartalado

como camino llovido.

Es un talud de emociones

mi rostro, compaginación

estéril, visión estrecha

de los anteriores mitos.

Torcedura desierta

este verso no medido,

poética de lo insalubre

el rincón donde Borges

o T.S. Eliot no son abiertos.

Pérdidas, siempre, en el

mercado de las emociones.

Farandulera mi mano,

redactando pocilgas

dentro del cubo infinito

del atrofiamiento político.

Todo fuera como la percepción

de la célula, pero no es más

que la putrefacción del ego

lo que promulga la ausencia,

esta que sorbe las babas

del tiempo, entre extravío

y sueño quebrado de nostalgia.

celula

Polvosa circularidad

Pulsos trozan

atmósferas precarias,

esas desdichas,

ruindad, ancestrales.

Lóbrega flexibilidad

el antes del sol,

licuada la máquina

creativa, cerebro maquillado

de ignorancia. Eso, polvo,

que es nuestra mancha,

deseo e hito, marcial

recuerdo de tristezas.

Antídoto de la memoria

oscura personificación

este desquite del eterno

fluir, marchita la raíz

nuestro canoso pensamiento

designa los hilos de su perpetuidad.

ellacirculo2

Todos queremos ser leídos

El problema es ese.todos-queremos-ser-leidos

Entonces somos saturación

de voces, en el cristal luminoso,

nos escondemos, alientos somos,

tampoco rutinas nos indican

ángulos o cicatrices, pero ese es

el problema: todos lo buscamos,

pretendientes somos

más que literatos o escritores o poetas

o novelistas o ensayistas o columnistas.

Todos queremos ser leídos

todos queremos vender

todos queremos vivir de nuestra pluma.

En un mercado saturado todos pedimos

atenciones como de desalojado en guerra.

caracoles¿Atinamos acaso alcanzar,

desde nuestras pantallitas,

otros continentes y regazos?

¿No somos como una escoria pensante,

dicen los consagrados, porque nos sobra

retórica y nos falta técnica? ¿Somos?

Queremos ser leídos, tener un espacio

en el mundo, asimilarnos al cosmos editorial.

Ese es el problema. Pequeña saturación del mercado

—inmensidad charlatana— somos:

todos queremos ser leídos. Algún día.

 

Esperar la idea

muralista1

Entre tejida la voz

puebla años tercos,

pensar es una rebelión,

instintiva marca

el antes de la lucha.

Ennegrecida la vista,

nocturna insignia,

contra el espejo

de la Historia

el ansiado instante

del bautizo: éramos todos

un espectro de injusticias

y soñábamos con el fastidio ajeno.

Trepamos por el abismo del sol

con las quejas de generaciones

yermas y soltamos el amarre

del aliento que nos unía

a las cadenas del pasado.

Fruncimos el semblante

caído en el rostro inerme del

aroma putrefacto que era nuestro verdugo

para saltar a la vida y entender

que una esfera de silencio

cobijaba la espera de una idea,

la idea del trotar los campos

universales del tiempo.

muralista1

Irreverencia poética 11

Tropezar con el tiento

del amor, soltura

la mano, esbelta

la desgarrada imagen

del segundo inserto

en la faz del beso.

Ansiedades torcidas

la derrota del imán

que es un cuerpo

frente a una vida.

Extraña pieza

estar en cinta del alma.

dilusion3

Alma de closet

Renombrar espacios,

engendros y torceduras

es manosear memorias,

siempre brotando

la cloaca de los recuerdos.

Un almacén de amigos desechables

escupe siniestros vocablos.

Todo era la loma pelada

del desconsuelo y subimos

al aposento donde aguardó

el aroma sangriento del olvido.

figuración1

Estante a ningún lugar

librero

Repartidor de alientos

este vendaval de sentido,

sentir, escueto trance

lapidario, de la esencia

mutación, algoritmo

del verbo. Tropiezo,

fertilidad irradiada,

cobijo ontológico,

escueta memoria, como

si llorar fuera una alternativa

a la crudeza del mercado.

Ninguna parte, estadio

de un alma desvencijada

entre conciertos librescos.

librero

Genealogía de lo inútil

arbolperdido

Constricción, aroma de tedio,

la cicatriz del olvido

nombra asiduos

promontorios oníricos.

Despilfarrar, acto constante,

como industrial mecánica,

la voz interior que, ruta

fructífera, sacude

el lote baldío del ser.

Pensamiento oxidado

como lápiz con punta rota

o intentona de escribir

en la agenda del terror

una nota de alegría.

Soporífera mansión

este redactar en verso

las pocilgas de la existencia.

Ansiedades perdidas

en el quebrantar la silueta

de los rumores, urbanidad

esparcir afectos y perderlos:

terco instinto —¿qué número

sacude la poltrona de la vista?—

esta melodía vacua del significado.

arbolperdido

Novo especulum

novocontinente1

A la vista perdida

mácula absorta,

molécula de infamia

el despertar del reflejo.

Ensimismada la voluta

del aliento, cansino templo

el arrojo a la otrora paciencia.

Péndulo cristalino

temporal de follaje ideológico,

la plácida conquista

devenir en el fondo

de un abismo terco:

el asombro consuela

la mirada, siempre aquí

un alguien, como fuego

apagado, siempre aquí

un hueco, constreñida

la esencia, partimos

al rincón de la imagen.

novocontinente1

Solturas inmediatas

circulo floral

 

¿Recordar saltos

al terreno del nombre,

que de figura tiene

siluetas y cenizas, es

colgarse el amuleto del sueño?

Nacimos un día cualquiera

con la cara prófuga del pasado

y la lengua esmaltada de gritos.

Pero sentimos el paso del instante

que devana nuestra alma y soltamos

el ancla del desconsuelo volátil:

eso que son los corazones rotos

y el aliento canoso de cigarrillos,

contra el tonelaje del silencio.

Arrullamos perpetuos el devenir

con nuestras acciones, mas

un eco nos guía al destino

—construcción esférica—

que irrumpe en nuestra morada:

cuerpo que es nuestro vehículo

la palabra inserta en la otredad.

circulo floral

Si desvarío trompo de voces

city continente1

Espera, en el hoy un residuo,

tensa que devana soles,

malabar certero, tiempo

insolente frote de galaxias,

como si trampa fuera

la distancia-inercia

de la vida axioma conquista.

Reflujo parecido al magma

del dolor, anteriores vocales

del alfabeto, consanguíneo

para sí un ramillete de olvidos,

pétrea sensación interior,

mutismo que no cesa

en el ruidoso vendaval de los recuerdos.

Dicho adiós es pasar las cúspides

sonoras del tedio

a la banca del torbellino,

si trompo de voces desvarío,

de multitudes rabiosas desmantelando

la estructura del salto al anonimato.

city continente1

Azuladas

elipsis azulada1

Las fuerzas armadas

del sin sentido,

locomotora audaz,

desempolvaron cicatrices,

como de océanos antiguos,

orillas en el cuerpo pasado

del rincón histórico del ser.

Fuerzas trepidantes

auguran entonces

soledad y melancolía,

que del día y las estrellas

conforman ansias,

siempre fastidio

nostalgia-nombre

como del otoño las islas constantes.

elipsis azulada2

 

Caminos del vivir

coral1

Espigado el aliento

canas en el alma,

sufragar ancestros

en el consejo del sol.

Soltura, si de arrebol

existencial marca,

energía inherente

al trote musical de la vida.

coral1

 

 

 

 

 

 

 

 

Anti versos en nocturnidad

Prontitud disímbola

eje y vértebra

del amanecer.

Distancia, acuosa marcha

de la oscuridad,

monografía y narración

de estrellas y grillos.

Ansiedad del horizonte,

marcha del soplar

las nubes la luna.

Imagen inexistente

como pañuelo desechable

valor de uso de la luna.

escarabajo1

Lírica de un momento infructuoso

Esparce sombras

una voz y emerge

manantial lo dicho.

¿Sembrar es mover

el hábito al destino?

Canibalismo despiadado

luz y espectáculo:

la conquista etérea

del amanecer. Soplo

el manto y la mirada,

de la espumosa tersura

como sorpresa y vértice

imantando al alma.

sin forma1

Continentes 1

Si pérdida mención

si fulgor caída,

filtración de sombras,

silente manantial

de la vida, acaso mundo

micro cosmos siempre,

tú, distancia de horizontes

como galaxias inabarcables.

 

continente1

Escupe en el teclado mis letras informes

Mi saliva

un alma gris

pero tormentos

arrecian el despilfarro:

verbo aquí, solo

allá, arrinconada

la mentalidad propia.

Exilio pertenecer,

hueco y memoria,

una chanza, verso aquí,

nube allá. Acuosa idea,

licuefacción simbólica,

arquear el alma,

contra el teclado

la vida, despecho

del día que publiqué

mis primeros versos.

Ansiedad, siempre la misma,

por el lector que no llega,

rendija de polvo y arena,

la alberca de lecturas perdidas.

Maldita poesía, te amo.

escarabajo rosado

Desgano animado

Porqué una vez contaron

los corales del océano,

una vez predijeron

la temporada asesina,

una vez fecharon el ciclo

de la mutación. Sombras,

nos invocamos en silencio,

el torpe residuo del enajenante

dogma, si quebranto fanatismo

si dicha desdén, jamás incertidumbre.

Los rincones esbeltos del ser,

una configuración autómata,

lengua y cicatriz, parco romper

las hojas del abecedario,

inflexión y supura, ver encandiladas

las avalanchas del sentido. Atrás

nuestro plagiar los días y el fracaso ajeno,

propiedad y dureza, esta marea de papeles.

bingo faces2

Sistemas nerviosos

Decimos que enmarcamos

flores y estaciones

pero el filo de la luz

nos cunde el alma

de saberes. Tenemos tiempo,

desesperamos a veces,

pero decimos, hola, adiós,

como si un día algo dejara

de ser importante. Nuestra

contracción es superflua,

promotores nuestros son

la almeja en el cóctel y los limones,

pero esperamos siempre,

en un mismo sitio, el autobús.

Moriremos y harán nuestro funeral

pero otros dirán vaya

que valiente madrugar al destino.

Archipielago2

Anti versos neuroemocionales

Entre el ojo y la cabeza

capital de una cultura no social

fluye la sanguinolenta idea

de trepar el árbol soleado

de los instantes. Pérfido aliento

de rancio alquitrán, espejo

como de goma arábiga, la cafeína

conquista el maremagnum del sonido.

Estruendo y demencia corta

la costra de amores y fatigas.

Acuoso ramillete celular

espasmos y tiernos golpes

porque la violencia estriba

en caer al universo de la fama.

Mustiedad anterior a la rabia del éxito,

eructo demacrado por una

hamburguesa hawaiana:

tocino extra, doble carne y

salsa barbecue. Excéntrico copete

de musarañas que enamoran a los indigentes.

Flacidez verbal como si todo pudiera reducirse

al oxímoron incómodo del porvenir.

Axiomas baladíes este tiento contra

la ética de Wittgetstein, siempre olvidando

el remo de los clásicos. Estertorea canción

el moribundo látigo de la metáfora insípida:

eres viento que toca mi trastocamiento

porque no eres mariposa de mi boca.

Adios y cruel inicio del fin o de como

los silencios acuchillaron al poeta. Iracundo

freno porque todos querían un ejemplar

del disco de su espalda: un ellos agreste

y como torcedura de tobillo incómoda,

pero tirarse un pedo es otra cosa. Insalubre manto

pensamiento torpeza dentro del ostión

de las ideas, flaca tersura, retruécano infértil

o mismidad antediluviana del ayer. Galopas

toda la desnudes psicótica del aroma

como ejército napoleónico

en la blancura del invierno ruso.

 

No sé hacerme un lugar en el mundo

Aquí, donde las palomas

olvidan sus alas, yazco,

contra mi pecho la rabia

o el rencor absorto a mis contemporáneos.

Agujero soy, soy un trote moribundo

porque extravié mi alma tres mil

millones de veces, porque perdí

la tinta, el papel, el fósforo y el fuego.

Aquí, donde el manicomio es una corta guillotina,

estoy, nadie entre las multitudes

reclama mi cuerpo, mi voz, mi sentir.

Una vez fui una balada amorosa,

un campamento en la playa,

algo que calentó cuerpos y vidas.

Sonríe no temas, quizá lo único es el dolor

de sabernos partidos por funerales y nacimientos.

No sé hacerme un lugar en el mundo,

en este cúmulo de atrocidades,

y lloro, me desfalco a la tristeza, convulsiono

mis párpados y me deslizo por el polvo

de caras y personas desconocidas

que dijeron ser mis amigas o amigos o amantes.

La primavera retoña y con ella este desprecio

de años, de corazones rotos, de almas oscuras,

torcidas, turbias, desencajadas. Desilusión:

la huella indeleble de todos mis presentes.

Comprobar el abrazo

Acoso

acaso

el dígito

tú, nombre

y esperma,

canto,

acaso

viento,

silbato

-ausente-

parte

del tiempo.

Quebrado

cielo

de nubes

inmersas,

tú, nombre

y óvulo,

el signo

balanza

de la espera.

Vida

exclamación

fugaz tiento

aliento canoso

espejo

-sol contra

el acuario,

silencio-

mitad de amor

otra faz

presentimiento

nosotros,

antes quizá

de la lluvia.