Ventiscas

Hay rincones del ser

inmersos en paradojas

contra sentidos del alma

manecillas del silencio.

 

Hay antídotos a dolores

en el cielo —imantado—,

reflujos de cicatrices,

heridas, sí, estos cimientos.

 

Hay nubes melancólicas

en miradas anheladas,

totalidades enflaquecidas

por muchedumbres.

Y decimos adiós a las marchitas

ideas de otros ayeres

porque nuestra alquimia es amalgamar

visiones en voces ansiadas.

Tenemos tiempo, tentamos

las orillas de la noria psíquica

y esparcimos en los seres

una melodía extraviada

en los arrecifes del lenguaje.

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Callar en el callejón de la barbarie

Contra fluir enquistados años

eso es el indómito perfil

de la columna ridícula del estar.

Encima de los tientos amorosos

existir —igual presencia que designio

autómata de signos marchitos—

un lenguaje espacio la cicatriz.

Añejo color añil del alma

del corazón un pizca salubre

lágrima siempre torcedura

anda, ven, contagio de agua.

Pocilga de fuego, igual que ayer,

los cuerpos entreverados.

En el axioma del amar

la ventisca fugitiva y sudorosa

que es inserción y decibelio:

sonar el sueño —sonambulismo—

terreno de imágenes proféticas,

como los goles de soles en la portería

de la eternidad. Danza, igual, erótica

de veintinueve años quebrados

en el solipsismo de la barbarie.

Versificación absoluta

Pasa encima de mí

la teoría indecisa

del absurdo.

Estoy aquí

con nadie

desde hace tan pocos

siglos y me extravié

en imágenes perecederas.

No soy más que un teorema:

el equívoco del silencio

que ruge hacia el interior.

Desmodernidades postinternéticas en una subjetividad hipersaturante lírica

No, el amor no es suficiente,

la carne, los cuerpos, no son

motivos de vida. ¿Vivimos

una era de amor a la muerte

—necropatía—?

Somos reflejos de luces,

espasmos horririzados

de violencias totalitarias.

Y constreñimos a otros

a intentar sepultar

nuestros alientos.

No es pensar

una clave pura,

como razón ilustrada,

es más la terquedad

de un verbalismo

escueto y sensacionalista.

Versificó entonces,

tumefacta mi mentalidad,

los resquicios apoltronados

de un ser desvencijado

entre pesadillas eternas,

etéreas, sonámbulas

isntancias de sangre, sudor y ceniza.

Desmodernidades inculcan

asideros poco fiables

certezas de que no hay nada nuevo

nada que otros —un Borges o un James

o un Eliot o cualquier otro— hayan podido

nombrar. ¿Por qué nombres

existe esa otredad

que saturo contra el espejismo

raudo de mi silencio? Axiomática

la lengua conspira, conspiró.

 

 

Dentro de los relatos, meta relatos

lyotardianos, también escribo

una pulsión de vida, que el amor sacia,

como el agua en un oasís egipció.

Pero acaso mitades de signos

escriben en mí una torcedura

porque mi lenguaje —esa subjetividad

atroz y despiadada— es el emblema

alquitranado de los fastidiosos

conjuntos. Conjugo entonces

así y asa la vida con una tropelía:

ayeres iracundos fertilizan

el magma ardiente de mi inconsciencia.

No es entonces el códice ni su código,

no es la modernidad o su origen o su finalidad,

no… es entonces también distinguir que soy

una rama truculenta

de la versificación del momento,

soy también una psíque, un psiquismo,

una falacia argumentativa,

la tautología de los sexos —macho/hembra—

como cicatriz histórica de la eternidad.

 

Construyo versos en la pocilga

intelectualista de un ser rumiante,

rumio también mi añoranza de mujeres

pornográficas, porque entonces,

ya desde niño la adulteración me dominaba,

era el tiempo de la luz y fue oscuridad,

era el tiempo del amar y fue odio,

era el tiempo del baile, de la fiesta,

tú, fantasma, exististe por mí

y te respeto porque no te olvido.

 

Desmodernidades también es un acto

verbalista, sígnico, de una afijación

iracunda, porque el des retira

el sonido propio del sustantivo,

que es filosóficamente apropiado,

porque al final hay historia

en lo posthistórico

porque hay industria

en lo postindustrial

porque hay pornografía

en lo postpornográfico

porque hay estructuras

en lo postestructural

porque hay naciones

en lo postnacional

porque seguirá habiendo internet

en lo postinternético, pero todo pasa,

todo fluye, sin Hegel, sin Heráclito,

sin Marx, sin Bajtin, sin el recuerdo

flácido de las obras comunes.

Existe también esta entropía

este caos

esta abigarrada instancia

que nos satura, que me hace

sujeto de inclementes pulsiones,

esta inconsistencia sonora,

este huir de la música, esta idolatría

de grandes autores mexicanos.

 

Canon desfigurado, desconocido,

putrefacción racional, esquizoide

análisis, fortuita memoria,

lago de símbolos, aguarda,

sí, que hay precedentes

que no conozco, que no conoceré.

Y en cambio me arroba el sexualismo

ese etos pornonarcotecnodemocrático,

esa oscura rendija de animalidad,

que me arroba el cuerpo,

con la silueta de modelos

ideológicos caducos.

Aguarda silencio

a que pueda interiorizar

tu boca en mi axila

tu aliento

en mi mirada

espera, silencio,

que el amor llegó y se mantiene

erguida la semilla

que da esperanza.

Límites

Asías mi mirada

tierno desfalco

como cicatriz emblema

ternura cadena tú

asfalto de recuerdos: guerra.

 

En lontananzas fugitivas

enternecida plaga

desfalcarme instabas

soplo de magma

silencio siempre

cicatriz emblema

tropel veraniego.

 

Absorto en ti

imán de luces

de cruentas hazañas

desfalco turbio

siempre cadena

catástrofe de años

cimiento bestial, tormenta

si manantial de enunciados,

vocales del cielo absorto:

tiniebla el andar de los guerreros

mustios de las letras.

 

Siempre cadena, cicatriz emblema

tú, contra el espejo del tiempo

amasijo de emociones, maremoto

de inocencia quebrada, axioma

si cansancio en tediosas maniobras

mecánicas, tendón y músculo,

si corazón envuelto en llamas,

salto al guante del ventrílocuo:

arañazo de fantasía, golpe, tiento,

cariño productivista e industrioso —si

amar es suficiente, amen— como

paraguas desvencijado por la lluvia

torrente en Amsterdam. Sí, eso y más,

todas las vidas presencias escupen

sí, todas, esgrimen preceptos

maquiavélicos. Aroma, mutismo, ramplona

intención la lúgubre cicatriz emblema, torpeza

de decir eternas las estructuras del gentío,

añoranza plena, gracias a los pensares

torceduras, gracias, idea déjame en paz.

Puerta de algún lugar

Pasos ciertos ensamblan

un territorio de imágenes

desconocidas. Canta el día

una balada alegre y risueña.

Escondidos entre calles y tierra

los infantes aguardan

la hora del festejo y sonríen.

Cada espacio cubre un enigma

cuando extranjeros visitan

el lugar desconocido. Puerta

a algún lugar el andamio

cierto que camina rumbo

al destino de los días.

 

Ayeres que tienen forma de barro

y de maíz, lontananza boscosa,

iracundo azul del cielo, calmo,

nubarrón de significados, pueblo

sí, doblez de quietud y fogones,

arribo a un universo ignoto.

Puerta ¿a dónde lleva tu pasillo?

Un escondite indaga la silueta

de la lejana ciudad que nos enreda.

Superficialidad absorta

Disperso mis segundos

radicales como truenos

veraniegos por la rugosa

esfera de mis pensamientos.

 

Lóbregas disquisiciones

sobre epistemes y ramplonas poéticas

invierten su capital cultural

en mis adentros.

 

Extravío es el destino tierno

de una bíblica ignorancia

como nubarrones en el corazón,

como oscuridad iluminada

por el rayo rotundo del ignorar.

 

Esparce en la conquista libresca

la esencia propia de Babel

su manto indómito de lenguas

y voces, porque allá había un cielo

y aquí es un grueso papel luminoso

lo que queda de la pesquisa.

 

Invocar ancestros dudosos,

ideas trascendidas,

inducir a un coma intelectual

la caricia de la escritura alfabética

dieciochesca es inducirme a una filología

falsificadora. Escueta acumulación

de materialidades dudosas, mas

el racionalismo aguarda

en los anquilosados terrenos

de la gramática de Port-Royal

y la lógica de Aristóteles.

 

Pamplinas historiográficas,

esto no es un verso,

ni quietud es,

es el siniestro cataclismo

de las letras perdidas,

el trayecto que va del signo

al argumento, de la filosofía

a la lingüística, es el giro

de un estructuralismo imposible

por caduco: el mío que no evoca

a Barthes ni a Todorov ni a Greimas,

que no sabe del curso de lingüística general,

que rechazó el culturalismo boasiano,

porque al final esta cadencia,

este ritmo entumecido

por autores y escuelas,

es nada más que una distorsión unívoca

de realidades frugales por sensacionalistas.

 

Esto no es un verso,

no, no es poesía,

es quizá la mente intelectualista,

formalmente ideológica,

cristal de ofuscación y tristeza,

porque al final no interesa

el canón hispánico, ni importa

tampoco Leissing ni Goethe

ni Herder ni Schlegel ni mucho menos

los franceses. Importa sí un recuento

del criollismo baladí, importa

quizá dentro de miles de letras,

el liberalismo de Smith y también

la raquítica espuma de los marxismos

imposibles. Inválido transito los recovecos

insalubres de multitudes abrigadas

en la conquista del espacio. Frialdad

heredada es la cornea que indago

en las poéticas marchitas.

Los rusos tampoco están aquí.

No, debía omitir la lectura de Habermas,

porque el referente es algo que ya no existe,

porque al final no interesa leer interesa vender.

 

¿Mis seguidores existen más allá

de la columna vertebral que hilvana

mi humanismo raquítico y postinternético?

 

Colapso el abigarrado corpus periodístico,

periodos, tinta, papeles de luz,

totalidad de un enjambre quebradizo,

el mismo acto de quebrar la inteligencia

con terminología científico-filosófica.

 

Al final será tarde cuando llegue el culmen

de los sentidos. No, mi empirismo es incontundente,

flácido como pordiosero que entra a un banco

pidiendo que le den una coca-cola.

Perdón, si Dios me ha quitado o me ha dado

o ha fertilizado mi desprecio, perdón

si hubo maquinaciones euclidianas que no cumplí,

perdón, relativismo cultural, no soy digno

de llevar el título de poeta o de demiurgo

o de ideólogo o de filósofo o de pensador.

 

Todo es mi chatarrismo cultural

este basurero torpe, mudo, egoista, aislado,

cruento sí porque abandono el I Ching,

sádico, sin conocer a Sabe, neurótico, raquítico,

esperpéntico, falsificado, como billete nacional

o de importación, trozo, al fin, de silencio

que sucumbe al tétrico espasmo de vidas

monumentales. Adios divino mito

del saber, racionalismo mitológico

del presente y la historia de Occidente.

Adiós máquina reverberante de voces,

me quedo aquí, cociendo arroz, evaporando

los preceptos luzanianos, implorando

que entonces conocer sea menos que el pecado

mismo del que Fromm predicó tanto,

del que tanto se dice, de esa inteligencia alemana

potencialmente inexplorada. Adiós

máquina de verbalidad, te dejo

porque me quedo sufriendo el agandalle

de un numen cardiaco, de una narración

fruncida y arrugada, este relato que es

más que un terror yanki-islamista,

una consagración a la estupidez vigente

en este hoy que induce al fastidio

a la idiotez del entretenimiento.

Lirismo fútil 

Aqui escapa un nosotros

tibia la hora de la persecución 

un nosotros aquí se funde

en inmensidades apócrifas.

Allá un horizonte aguarda

límites insospechados

cobija cierta de nuestra demografía.

¿Hubimos de hacer un escondite

luminoso de misterios 

cuando salpicados de tristeza

esparcimos fugitivas memorias

de nuestro poblar la región del sol?

Nada logra embellecer la rendija

que ensombrece nuestra mirada

como utopía fracasada que es recuerdo

en nuestro marchar a la laguna 

tersa de los ancestros.

Encendedor

Prima el ruido

oscuro de matices

angustiados

esa grisura

tersa, amigable,

de decirnos amar

un ser ya roto y otro

desvencijamiento.

Mas en el acto

escapa a nosotros

un otro ser mitad

nuestra

y escabullimos en alfabetos

la intentona

absurda del registro.

Indemnes proclamamos

la extinción de las tardes

de películas y nos vemos

inmensos en el azar y sus rincones.