Hoy presentamos Natdzhadarayama en Casa Libertad de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Con una cálida acogida, un grupo de personas amistoso, alumnos y maestros, dentro de las primeras jornadas de Oralidad y escrituras organizadas por la EDCO de la UACM, presentamos la novela El olvidad Imperio Natdzhadarayama. Se organizó una dinámica colectiva mostrando fragmentos de la narración y algunas de las ilustraciones que la acompañan. El ambiente amigable, la cordialidad, la cooperación y el intercambio fueron el primer acercamiento al trabajo, pues se realizaron algunos comentarios por equipos para propiciar una reflexión previa, a partir de algunos contenidos de la novela, entre el público que asistió al evento. En un tono informal, mas no por eso menos serio, el diálogo entre conocedores y no conocedores del trabajo permitió que la audiencia se fuera preguntando por la construcción de la trama, fuera identificando los personajes principales, los hechos que van conduciendo la narración y preguntándose por los distintos momentos, pasajes y situaciones que se expresaron en capítulos como Los testículos a la fritangaMuerte del último conocedor de la civilización Natdzhadarayamamita.

Posterior a ese encuentro de puntos de vista se realizó la presentación donde colaboró Juan Carlos Vilchis, también de la UACM, y un servidor. El comentario de Vilchis atinó en aspectos como el análisis folklórico y de los tipos de personajes, la dimensión de una construcción de un mundo, atribuyendo también un elemento importante en los hechos que van denotando la importancia del rescate del pasado, del valor social de la historia y la memoria. En ese tenor este nuevo comentario fue de una interpretación profunda, amplia y minuciosa, mostrando el hecho de que Lingüineto Violatore puede considerarse un héroe —y los motivos para ello— y de cómo el carnicero puede funcionar como un villano, también explicando la ontología de los personajes malévolos. Además mostró una lectura profunda del trabajo, contribuyendo a un entendimiento de su estructura, a una condensación de notas y apuntes que hablan de una lectura detenida, sólida, atenta. Si para Sánchez Menéndez en la primera presentación se trató de vincular la historia y la literatura, así como de traer a una ficcionalidad la construcción de un universo cotidiano, si para Prado se trató de una maquinaria, de un artefacto que habla de lo que se destruye, de lo que desaparece, para Vilchis fue más bien el toque de la soledad, de la intimidad, la que afloró en su interpretación. 

Posteriormente participé con un escrito donde reafirmé el camino, las andanzas, de este trabajo. Desde su construcción inicial en el año 2010 hasta las peripecias para poder editarla y finalmente la reflexión respecto a que nunca terminamos de aprender a leer y a escribir, de que somos lectores que trascendemos los bestsellers, que tenemos un horizonte de vida, de sentido, de conocimiento y de aprendizaje propios, que construimos mundos, que inventamos palabras y sonidos y formas y que al final de cuentas Natdzhadarayama busca un lector intrépido, ágil, aventurado. En esa medida el libro,digo yo, es un ejercicio que exige al lector atención, invención, construcción, memoria. No es entonces gratuito recordar lo que decía Barthes sobre los textos, que nunca son los mismos, ni tampoco exagerar las dotes postmodernas de una multiplicidad de facetas presentes en la novela.

Con todo el cariño después de esta presentación puede afirmar que se trató de un evento muy apropiado para explorar experiencias, conocer puntos de vista, anotar y distinguir distintos elementos del trabajo que mantienen una estructura narrativa propio, como lo reveló el hecho de uno de los grupos que comentaron que los personajes principales eran Lingüineto Violatore, el carnicero, la capitana y la emperatriz. La selección de textos también permitió vislumbrar anécdotas que fertilizan la lectura, resaltando hechos singulares como la presencia de un ejército de mujeres o la extrañeza entre la depilación testicular y la castración del tigre Wu Yu Hu.

Al final tuvimos una pequeña convivencia con carnitas, a propósito de fritangas, y pasamos un rato agradable, departiendo, comentando, aprendiendo unos de otros. Fue una linda estancia en Casa Libertad y para mí ha sido muy importante tener de viva voz la cercanía con un público inquieto, preguntón, crítico, despierto.

Digitalizando un absurdo

Vuelvo a este inquietante sitio en blanco, a figurar como un atleta del teclado. Me he dedicado a empacar mi vida, a envolver y reposar los rincones donde fraguo un nuevo horizonte. Me retiré un poco de aquí, dudo, como otras veces, mantenerme. Pero deseo volver. Escribir me complace al borde de un niño comiendo helado.

En pasados días he mantenido ideas respecto a mejorar mis entradas. ¿Cómo puedo escribir algo si no introduzco más información en mi frecuencia comunicativa? Soy un improvisado, quizá, pero también el mundo es una sopa maruchan fría y podrida. Podría hablar de política, debería hablar de política,d debería leer los periódicos, debería buscar becas para escribir. Intento mantenerme, sostenerme, en el mundo, en la vida, dignamente.

Y todo se convierte en una referencia de la referencia de la referencia: el tuit que otro tuiteo, la frase de otro, el posthistoricismo —tan postestructural—. Pero al final me construyó un muro de ignorancia, de famélicas lecturas mutiladas, de incipientes autores conocidos, de manías y bibliofilías mal aquilatadas, y me encuentro a mitad de ser un joven alguien. Investigo recientemente las razones por las que me cuesta habitar el mundo cercano. Indago los impulsos falsificados de tendones verbales entumecidos por la flagrancia de una inconsciencia lingüística, filosófica, histórica, humanística. A cambio de plasmar en este espacio blanco las lindes que sacuden mi esfumar los días entre cigarrillos y la mudanza, he perdido los horarios desde hace más de 6 meses y ahora me enfrente ante el reto de una disciplina, necesaria, muy superior a toda otra conocida por mí.

Plasmo el absurdo de perder mi público, de caer siempre en esta especie de letargo. Caigo entonces en el abismo de mis recuerdos, de mis otros blogs, de mis intentos, de lo que universo global promueve, induce, conduce, moviliza, porque al final nadie lee esto, nadie o si lo hacen lo desconozco. Al final estoy aquí convencido de cada rincón donde florece mi pesadumbre, de ese spleen tan codiciado entre psicodélico, narcótico y pornográfico, donde me extravío con el tino de un indigente que anda por el mundo de las palabras y los saberes, envuelto en la tinta fluoroscente del contraste de luces en la noche.

Absurdo digitalizar entonces, esta instanta, instantánea. Ahora me volcaré al maruchanismo intelectual, poético y cultural. Agregue agua caliente y consuma. Calor de hogar, hogar entonces pérdida, sí, esto digo hoy, ya que es tarde para leer el New York Times.

 

El pórtico del vuelo

Devana mi presente

enquistes de recuerdos

contra el escalpelo triste

que es mi fantasma.

Fulge la incisiva imagen

otrora orfandad y horrores

hoy proclama de esperanza.

Invadida en este pórtico,

que dejo,

una viga es pedestal

para un nido.

Aves ven en este lugar por abandonar

un lugar para la vida… y sonríe

mi corazón, envuelto en acertijos

históricos y pañales académicos.

Los polluelos crecen y deberán volar:

como yo vuelo, pronto, quizá

como nunca antes, otra vez.

Rebano contra tiempos

en la esfera culminante de los otros

porque en cinta está mi futuro

de una alfombrada señal

que es facto saltimbanqui.

Aventura ahora el insomnio

nuevos salones y viejos ojos

leyendo, aventura paseos,

personas, indagatoria nueva

que es vejez por ser olvido.

Y este nido de aquí es la metáfora

del nido que tuvimos, pero también

realización del nido temporal —abandono—.

Repito contra mi pecho

el signo de una primavera

quinceañera donde bailé

como nadie y entre los fetiches

del sol y de la tierra, del agua

y la madera, esparzo nostalgia

como si comprar tamales de elote

no fuera ya un símil del hogar.

Consanguínea mi paranoia y terror,

mi depresión, mi tristeza, mi ruindad,

emiten una sinfonía monocromática

pero que es la marcha previa

al horizonte nuevo, al vuelo

de los polluelos, próximo.

¿Vivirán? ¿Viviré? Sueño

con una esperanza que no sea política

como si de las fauces de la tragedia

mi destino pariera indómitos festines

luzanianos, literarios, provincianos.

Me voy y en el pórtico de esta casa,

nuestra casa Emi, Lu, Mague,

hay un nido donde unos polluelos crecen.

Vuelo pronto, también, con pendientes

y adeudos morales, con el tino prístino

de un gemido y ese poema de historiadora

que es mi más valioso tesoro, al fin…

Al fin llega un verano y suplanta ese verano.

Llega un ave, confía, arma su nido, sus polluelos

están ahí y les doy avena y temo que su madre

sea cazada por un gato,

que muera de pronto;

me invade la aprehensión de la vida

y los polluelos pían inclementes

—hambrientos y ciegos—

pero el nido soy yo también:

un lugar donde nacer es propicio

y volar la próxima estación del panorama.

Irreverencia poética 21

Manejar silencios es un

trueque emblemático:

si mirar otredades

es un don, ¿qué de nosotros

columpia ruidos?

Hijos somos,

nacimos, cultivamos

las sendas prófugas

del amar, silencios

somos: bocas y abrazos,

don de alegría, de lenguas don,

traducir el espacio en sueños.

Si quebrar el dolor

es iluminación, entonces

¿donde nacemos

creemos tu magia,

madre? Rebelión

del uso patriarcal

de la mirada ¿Existes

tendón de feminidad?

No es un saltar las rendijas

del mutismo

la insignia de tu vida:

experiencia inconclusa

ese romance tuyo

pasto del mito celeste.

Modernidades fugitivas

 

Rampante eco

siente

el caer los designios.

En el oráculo indubitable

cae la fuente gris,

torcedura y sopor,

de la crueldad.

Añorar es quebrar instantes

como celulosa quemada

en un sillón en Los Ángeles

en 1959. Perfumada

pulcritud nos induces

soplando en la vista

canciones, pero solos

escribimos el guión

en esta sinfónica demencia.

Rampantes modernidades

escupieron atroces el insuflado

acto especular y soñamos

otra vez con el bienestar.

¿Existe una forma de caer

sin dolor en la memoria?

Tristeza y ocaso de un tonto siglo XX.

Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

Recordar la no instancia

Soltura el anhelo

cobija de luz

la cicatriz

emblema

instituido roce

como de galaxias

tiempo. Añoranza

esperar si los amigos no existen

si perdonar es cansancio

como silueta negra

al medio día eterno.

Cada vez que emerge

la costa del lenguaje

pérdida si alcantarilla de versos

la marea-enigma

de universos retorcidos

cosmogonía silente

si acaso horizonte iluminado

perplejidad ocaso si ramo

de imágenes inconexas.

Prófuga instancia

decir de los rincones

la faz tremenda del abismo

que es un nosotros ciego

perdido, si mitad de voz

hoz y camino, si dolor

tedio y espanto, porque

existir evoca, tronando,

la esfera del sol y los instantes.

recordarlanoinstancia

Inspiración momentánea

Vuelca constante el día

la brisa que es olvido

siempre aquí, tú, nadie,

ningún lugar. Existo

vacío, siempre, enlatado

como recuerdo perdido,

adiós perfume de juventud.

Nombrar la distancia

nuestra pesadilla de voces,

armazón de pasajes: vida

en alguna parte del infinito.

instante1

 

Vengo

Quebrado en esquirlas mi espíritu palidece, mengua mi afán, mi terquedad. Con el rumbo extraviado, en sí extravío sin forma, mi presente es un periplo roto entre vuelcos de papeles y cigarrillos. Heme aquí, un mes ha que escribí, mas no dejo de saber que me extingo, que se extingue en mí el impulso. Dudo de tener un derrotero cierto y seguro. Dudo de mis creaciones. Dudo de mi blog. Dudo de mis ideas, de mis pensamientos. El problema no es dudar, es frenar. Y frené, rotundo, porque languideció mi ánimo y porque mi espíritu aguardaba otro desenlace.

Estuve de viaje por Quito, presentando un ponencia en un congreso internacional de Historia. Dudo, como dije, de editar mi novela, de sacar a la luz mis creaciones. Ayer un joven escritor, de aquí de Xalapa, ganó el premio Herralde de novela y yo me sé insignificante, me asumo así. No importan los títulos nobiliarios ni los galardones ¿por qué entonces, remilgoso y raquítico, me embauca la desazón y me siento un abandono nuevo en mi lista de abandonos?

Dejé de leer también. Me sumí en una depresión rotunda, equiparable a la crisis que vive Veracruz, el estado donde vivo y donde el último gobernador, ahora prófugo de la justicia, vacío las arcas como nunca antes nadie lo había hecho. ¿Importa en algo que un joven mexicano averigüe el significado y conocimiento americano sobre Ignacio de Luzán? Pienso que no debería remitirme más a una obsesa minificción teorético-literaria. Pienso que el blog iba jalando, pienso que todo yo colapse con el fracaso de la edición de mi novela, es más pienso que no debía tomarlo tan a pecho. Pero la depresión es así, fulmina.

Al final no sé qué tanto futuro pueda tener mantener este sitio si al final de cuentas deseo ingresar a un posgrado becado, lo cual me impediría dedicar tiempo a mis explayes poéticos y literarios.
Ya iremos viendo, quizá en el futuro algo se aparezca, aunque lo dudo.

romulaizer-quito-2016

Cajetillas vacías: un escritorio sin armonía

Sigo desempleado. Mis proyectos personales no han salido bien. Estoy algo deprimido. Parezco un mal emprendedor, un mal gestor cultural. No sé cómo distanciarme del pasado inmediato, donde todo es un peso que trasciende esperanzas y luces. La vista de mi escritorio es un reflejo del caos en el que ahora estoy. Me ubico en la pérdida y con algo de aliento intento renovar la marcha. No todo es desilusión y decepción. Convencido de que no hay mal que por bien no venga, exploro ideas, intento remontar la situación. Un mar de cajetillas vacías habita en mi escritorio, como vestigio arqueológico de mis días, como tormenta de nicotina pasada, como ansiedad encapsulada, como filamento mismo de una personalidad extraviada. Leer y escribir son mucho más que mi exigencia de excentricidad e innovación. Dentro de mí hay una montón de incertidumbres. Me doblego lento por el peso de la frustración y convido a mi boca otra bocanada. Mientras el mundo gira.

 

Intentaría escribir otras cosas, debería trastocar mis búsquedas, mi estilo cybernético, mis inquietudes y pasatiempos. No puedo conformarme con mis simples invenciones, con mis elucubraciones que están tan desconectadas de todo, tan alejadas del presente, tan disímiles de la realidad. Pero más allá de enfrascarme en un monólogo estéril, descubro la búsqueda de sentido como una ánfora vacía, como esa boca repleta de humo, sin contenido. Me desvencija el torrente de formas discursivas que doblegan mi voluntad, mis proyectos intelectuales frustrados, mi falta de protagonismo (y mi deseo del mismo), mi ramplón esfuerzo. En ese ir y venir de mi aquí a la otredad realista, este blog, este intento de mantener un disciplina escritural, me cuestiona. Porque aquí hay más que una bitácora, más que una especie de diario. Aquí hay propuesta, intentona creativa, acción discursiva, irreverencia poética, eso sí, mucha poesía. Aquí, en este mi sitio donde convergen mundos sin explorar, los horizontes de significado se abrigan con lentitudes y plasman una especie de buque personalísimo, identidad que desfigura los restos digitales y permea el hábito mental con toques de estrépito imaginativo. Pero omito, al escribir aquí, mi escritorio, desorden, huella, señal y signo de mi condición. Omito mi tiradero, mi paso indescifrable por la senda del hoy, mi resquicio falto de sensatez, mi estruendoso andar, que no dice mucho. Porque desde una retórica estructuralmente corrosiva, mis ideas, mis pensamientos, distan mucho de argumentar lúcidamente. Son más bien monótonos reflejos del paso del tiempo, reminiscencias hostiles del estar en el mundo, desconectado, circunstancialmente solitario, empecinado, volatilmente absorto en las posibilidades infinitas del esconderse detrás de una maquinita de luz.

banderazo

 

Inducción a la despedida

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Porque alzamos bocas

al viento, porque escribimos,

porque nos parece imposible

dejar de pensar o decir,

porque estamos hartos

de la publicidad, por eso

callejoneamos el instinto

entrecortado de silencios.

Elucubramos la soltura

y cobijamos el musical

axioma de la palabra.

Y nos enreda la vida

en su ajetreo y nos decimos

poetas y nos esparcimos

lecturas y métricas

y callamos la furia del mundo.

Decimos adiós y creemos

soplar un pastel de cumpleaños

porque un día dejaremos

de hacer nuestro legado

de versos y metáforas.

Diremos adiós

terrón de sueño

y nos invadirá la

escena de la despedida

cuando abstengamos

el alma de sus cicatrices.

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Mendigamos lectores

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Somos una plaga

estos bloggers del presente.

Creemos pensar

y decimos

caídas al espejo

del lenguaje.

Nutrimos subjetividades

que amamantan el ser

y la existencia nos permuta

la voz. ¿Somos como palomas

en el parque o la plaza

dispuestas a comer arroz

del público sabatino?

Mendigamos lectores

como visitantes y audiencia

porque creemos ser

únicos e inigualables.

Oh bloggers del presente,

yo acaso escondo

en mis ventosas palabras

una espera que me dicta

mutar los años en sincopas

de alma rota, como rotura

que esparce semillas.

Y la esperanza, no dicha,

es menos que atraer

personas del mundo,

es expresar y contraer

el universo unívoco

del lirismo globalizado.

novoimagio3

 

Microfilm

microfilm1

 

Dejamos huellas,

todos los días dejamos

cicatrices, perdemos

tacto y lengua. Al viento

olvidamos la Historia,

modernidad nombrada,

emblema vacío, tetris archivístico, memoria

espolvoreada de sentido,

frases hechas, vestigios.

Soplamos narraciones

a la deriva el ego,

la muchachada

horneando los hechos.

Filtro de luz, lunas

encuentran tiempos,

anterior a la difusión,microfilm4

el anclaje de los eventos.

Periodicidad del fracaso.

¿Alguna vez dijimos

verdades contra la masa

energúmena? Voceamos

los candados sonoros del destino,

huimos así a la calma observadora.

 

Cautiverio creativo, explicación de un hábito de distorsión

fire in the studio1La creatividad representa un ensamble de múltiples factores que desenvuelven técnicas, hábitos, conductas, estructuras y emociones. Cuando me refiero al acto de crear no me refiere exclusivamente a un comportamiento surgido ex nihilo sino que, convencido de la consciencia creadora, remite a una formulación de instancias comunicativas, expresivas y factuales, que intentan en sí mismas una transformación. Dicha transformación puede ser momentánea, puede ser de larga duración, puede ser simple o compleja. En todo caso el hecho de la transformación de las dimensiones reales a través de la creación representa un tópico bastante común en el devenir cultural occidental.

En la medida en la que crear es un acto de transformación, constructivo o destructivo, transformar a través del arte, de la literatura, del pensamiento, no es enteramente un acto límpido o que trasluce los límites y contornos de la experiencia. Si la comunicación es por excelencia el fin último de lo creado, los referentes de la creación no necesariamente remiten a una condición tradicional o innovadora, sino que ostentan un carácter ontológico propio, en ocasiones intertextual, en otras completamente transfigurado o también transgeneracional.

Es en esa capacidad articuladora comunicativa y expresiva que la creatividad ostenta una paradigmafire in the studio2 propio, derivado de sus accidentes y sus intenciones, de sus quehaceres y de sus modos estructurales que, desde la ambigua secreción de especificidades, remiten a una renovación interpretativa. Lo concerniente entonces al acto creativo, más allá de una filosofía de la creación, puede establecerse a partir de la remisión a un acto de distorsión, a una elaboración que transmuta esencias, formas y lenguajes, para proporcionar una experiencia no dicha, no nombrada, no referencial, donde las subjetividades auscultan, gradualmente, sistemas explicativos y sensibles.

fire in the studioPor consiguiente, la dimensión intuitiva del acto creativo no deriva de un purismo esencialista o de un conocimiento en bruto de sistemas estructurales. Más bien es una complicada ejecución de traducción múltiple, que vincula canales afectivos a través de la comunicación y que representa esquemas simbólicos derivados de tendencias individuales o socialmente compartidas, que en el sentido estricto del término canon son estaciones y paradas dentro de los mecanismos tradicionales de los sistemas expresivos. La realización entonces es el principio de la creatividad, planificada o no, que descuella por sus valores y aportes a los códigos que interpretan o valoran realidades a través de diversos mecanismos.

Emblemas

elipsis1

Hasta la nube

noche

lo dicho

esparce

mudas cicatrices.

Ancestros

en la cima,

de la vida

el tronar,

de los días

el peso, mancha,

la tinta siempre

certeza de vida.

Escape:

tú delante del sino

espacio, tiento, galope

como de estrella fugaz

la cola, gentío dominical,

los registros

del viento

absorto.

Juventudes.

elipsis2

Algo de realidad/Some reality

Buscando el símbolo

Seeking the symbol

nombrado soledad

named loneliness

reflejo del pasado

reflection of past

el silencio aguarda

the silence wait

a ser el ancla del instante

to be the instant’s anchor.

Tecajetes_Xalapa_2016_1

Ver encima micro cosmos

Ocasión de silueta,

manantiales,

rendija cómplice,

luz y materia. Enredo

instintivo, locomoción,

efecto acto impulso,

galaxia y universo, caducidad,

del instante memoria,

del andamio vital,

mordaza: la cápsula fértil

de vida tormenta, la

observación y el entorno.

Salto divino al ejemplo

de la conquista universal:

vida-alegría-amarilla

esencia flor y atmósfera

revertida en los sentidos.

flor amarilla

Ingenio anquilosado

soporifera1

En fin no interesa

porque escribo la monotonía,

planicie mi verso, mi vocalidad

mustia, insomne mi voz, desquicio

mentalizado. Pantano escritural,

falacia, toda una tautología

el pensamiento diseminado aquí,

ninguna parte existe, ni invento

o imaginación perduran. Totalidad

carencia de sentido, insufrible tono

de cantinela, reiteración, la señal

de un fracaso estético. Silencios y pesadumbre.

soporifera1

Irreverencia poética 9

Nos pensamos

con la intuición del amanecer,

ocasos nutren el aliento

que somos, cada vez una espiga

de significados nos invoca.

Saltamos al silencioso manto

de la introspección y volamos

al sueño etéreo de las letras.

Inundamos los rincones del cosmos

con la tinta indeleble de la vida,

vivencias nos inculcan añoranzas.

Plasmamos los años en el abanico del ser

¿cuánta nostalgia acumula nuestra piel?

Una memoria, solo, nos induce al horizonte.

irreverencia poetica 9

Irreverencia poética nova

Una instancia antigua

palpó los cuerpos

asiduos al sufrimiento.

La llamarada de recuerdos

ardía plena, todo fue contraste

y mutismo. Arriba —¿dónde estaba

la puerta del laberinto?—

perfumes violentos arrebataron

la cálida ternura materna

de la guerra demencial.

Nos perdimos siempre, aquí,

en el intervalo fortuito:

destinos del salto,

inmensidad y caída,

soplo en el arrabal del ego.

Merodeamos al salir

los copos imaginarios

llamados evacuación del presente.

irreverencia poética 7

Pedal

Aprieta más la desdicha

que la lucha

cuando olvido es

el saber y la libertad

mantiene secuestros.

Aladas lacónicas verdades

a medias todas, en falda todas,

verifican lo marchito.

¿Parte el día los nombres de la luz

como si fuéramos vegetales

en la hortaliza de la existencia?

Pedal el asiento mismo

donde la dictadura del ego

convoca al siniestro impacto

de la guerra: espejismo y espejo

la circunferencia y ombligo

de la postración en letras y hojas.

¿Cómo dejamos el aula odiosa

si ni siquiera preguntamos

ni orientamos la voz al instante

mismo de la creación?

Cansados dejamos arriba del mar

un cuchitril llamado cielo

que nos aflora con lágrimas

pero decimos siempre

una vez que algo nos ha tocado.

DSCN2685

No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

Sopa de letras

Interna fase consciencia,

vocalidad, controversia

del llamar los lazos a la rendija

alfabética. Crispadura y nombre

escena misma del actuar los días

sobre el camino irradiado, conquista

siempre como fértil lote simbólico.

Esferas verbales y torrentes, lengua

punto y coma del pensamiento,

irradiación, silencio, compromiso

para existir en el ser dosificado.

Estereotipo escritura, famélica

añoranza de aprender a leer

las señales cósmicas, igual que las cartas

italianas de un diplomático, pero con

faltas de ortografía. Estúpida cantinela

esto que mengua en tu mirada.

Mutismo de una micro poética inservible

Silenciar los abismos, los espasmos, de frases que mantienen un vínculo corrupto con la realidad. Estar inmerso en un fetichismo constante, sonoro y ruidoso, como maquinaria a principios del siglo XX, pero también sosegar los alientos personales, la grandeza interior, subyugando un atisbo de idea, de pensamiento, de oración, que suture los constantes movimientos del adentro zoológico. Y encima de la mesita de noche los libros que ya no son leídos, encima de los libreros los libros empolvados, encima de la mesa de trabajo un cúmulo de tickets y papeles, inservibles. Totalidad silenciada, mutismo, banalidad cruenta, la cúpula propia de una desvencijada retórica inapropiada, como calcetín roto, sin enmendar, sin esperanza. Dentro de los átomos psíquicos, el error de creer en una razón unívoca, para nombrar el universo, es sembrar entonces sílabas sin tonalidad, para desfigurarse el alma, contra el sentido de las manecillas del reloj, asumiendo una tétrica función inmanente al vómito verbal: las aristas propias de una herencia desequilibrada fungen como una tonada de ola marina que indaga los límites inscritos en una poética inservible, la poética desechable de la teoría inherente a la basura cultural.

Caos

Lengua milenaria

acomete el silencio,

salta, rompe, inscribe,

tropeles y ejércitos

de voces. Hueco —medio mudo—

ensombrecido de tiempo.

Galopar de la luz las galaxias,

escribanía oscura, mitades del sol

que fundaron el instante mismo del verbo.

Contra consciencia

Evadíamos el tiempo

porque éramos cicatrices

y acariciábamos el tedio

como rostro de niña sana.

Andábamos erráticos

contra la muchedumbre

el sábado por la noche,

pero una mañana gritamos

como perplejos y caímos.

Conquistamos el fracaso

trece millones de veces

para seguir cantando

baladas argentinas y nos hincamos

de frente al sol como en postura ritual

aunque tuviéramos el cutis

percudido de dolor.

Lírica de un mustio desengañado

Hace miles de segundos

la crispadura del alma

cobró insultos al sentido,

sentido de ser alguien

como persiguiendo aves,

perseguir incluso —éxito

riqueza y fama— a contra pelo

del tendón único del eros universal.

Tumefacta la memoria escolló

rostros de tiempos de guerra,

prefiguró esos millares de segundos,

construyó un jarrón de excusas,

cortantes, para componer el flagelo

mismidad de la torcida mezquindad

—aurea la imagen del infante que fuiste

extraviado en juegos y elucubraciones—.

Al fin, remanso entre tempestad de festejos,

la lontananza mantuvo intacta, por fértil,

la oferta misma del indómito camino:

bestialidad fue mencionar acaso

el sino desfigurado del presente,

como maquinaria aceitada, constructiva

y autómata, industria misma del verbo,

espécimen floral esa bocanada de hachís

—ausencia de silbidos por la función decrépita—

espasmo íntegro, el eco constreñido del andar.

En cuanto faltó la gloria, el reconocimiento,

sufriste entonces, un alguien tomó tu cicatriz

y la hizo estiércol emotivo, como si fuera

una ramplona versificación fallida del siglo XV.

Y no hay más que un refugio lúgubre

instinto trepidante, interior tuyo, mazmorra

identidad que surca las estrellas del conformismo.

Adiós fue montar el trozo de tu personaje,

el papel prefijo del cutis esbirro del corrupto

mantel donde tú eras el patrón contumaz,

el ansía misma de frenar una otredad impostora,

porque las rendijas aromáticas, nombraron en ti

una ficción irreemplazable, fue trotar hacia el monte

que dimanaba la acritud de tu voz y tu alma quería

colapsar un tropel de angustias, pero te fuiste

y hoy levantas tu erguido orgullo como un pañuelo

para despedirte noctámbulo de la pocilga del hoy.

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.