Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

Titular partes

La espina y el silencio

años traman,

narrar tristezas

como sexo embotellado.

Cobijaba la eternidad

cuando era

salto al vientre

divino, hoy espuma,

cálix, nube, corazón

perdido, en sí

locomotora de sueños.

Un arrecife

nombrado luz

eres, contra esa

malcriada escena

el baile siempre,

ruido y tedio

emperatriz auxiliar de enfermera.

Pantallas esparcidas

en el cielo agreste,

sentíamos que sentir

nos pertenecía

pero dudamos,

silencio, siempre

como vajilla del siglo XVII.

 

Recordar la no instancia

Soltura el anhelo

cobija de luz

la cicatriz

emblema

instituido roce

como de galaxias

tiempo. Añoranza

esperar si los amigos no existen

si perdonar es cansancio

como silueta negra

al medio día eterno.

Cada vez que emerge

la costa del lenguaje

pérdida si alcantarilla de versos

la marea-enigma

de universos retorcidos

cosmogonía silente

si acaso horizonte iluminado

perplejidad ocaso si ramo

de imágenes inconexas.

Prófuga instancia

decir de los rincones

la faz tremenda del abismo

que es un nosotros ciego

perdido, si mitad de voz

hoz y camino, si dolor

tedio y espanto, porque

existir evoca, tronando,

la esfera del sol y los instantes.

recordarlanoinstancia

Alphabetum

Acorde al sonido

los actos,

las conquistas

de lejanos tiempos,

hazañas todas, escrituras.

Soledades increpan

muros de viejos nombres,

cansados vestigios de orfandad,

como si eso, mitad realidad

mitad imaginación, escupiera

formas de fuego, y luz, y silencio,

y tenuidad, y ardor de veranos

donde corrían las sonrisas.

Espacio torrente, el arrebol

del tiempo, de la caída del

conocer, del sabio epitafio

—certero achaque biográfico—

contra la hostilidad del orden

como reloj en 1576 marcando

el hacer la vida una cúpula

de hombres y letras y textos.

El bufón, que es el hostigamiento

por falta de ideas, mantiene

un pliego de papiro, rotulado

real, con los ápices mismos

del sentido inverso de una orden:

acomodo entonces de imágenes,

sonoridad, atemperanza, soplo

monárquico, esferas de significados,

toda urdimbre de autores y personajes.

Letalidad la marca, el signo, la vocalidad

del trasiego imantado del verbo, soplo,

acaso nota a píe de página, del desmantelado

acto de un diálogo con los eternos

fulgores de la figuración: contra pelo

de la gramática que impuso el hábito

de quebrar las lenguas, de surcar los lindes

del tedio inmaculado de los espíritus.

Neo Micro Poiesis 3.c Serie de Micro Poesía

Refulge en el prisma del amor

la luz de la eternidad

que eres en el fondo

de mis sentimientos.

Proyección de poética no supra mental

En el salto la caricia

de la eternidad, soplo,

ambientación de tránsito de siglos

las cicatrices de una década, mutilación

fractal como silueta de sombra, anteojos.

Laguna de sensaciones el cuerpo

flacura dentada como de psiquiátrico

espejos torcidos que ciñen recuerdos

al flujo de la constancia: axioma de honor.

Temporalidades arcaicas del éxtasis

bailes de los rituales anquilosados de la destructividad.

Perfil de todos los siglos y sus ambiciones

ese espíritu individual que no alcanzó la época.

Perdida la lontananza del reflejo

era un país el sonar de la pobreza

como lata con escasas monedas

sonando en la calle de la desolación.

Abismos todas las semanas desde ese punto

languideciendo los espasmos que son

las correrías del infinito en el aposento de la historia.

Ácida circunstancialidad, evento frustrado,

revocación del edicto de la muerte:

todas las mañanas del milenio que termina.

Si la turbiedad conquista

Los prados del conocimiento
están poblados de letras
pero los fantasmas del saber
anotan refugios de la imaginación.
¿Son los fragmentos de eternidad
llamas que suben a los abismos
del cielo donde reposan las almas?
Son escrituras de otros paisajes
las insignias mismas del ocaso.
Acaso tientan las mentes
los caballeros del infructuoso
conocer, los atisbos ciertos
de la fábula sapiencial.
Todo transita contra el espejo
de la Historia y deja un polvo.
El aroma de las estrellas,
que alumbra los destinos,
está sostenido por el deseo.

El monopolio de la desgracia

Hubo un tiempo

una conciencia

un hito

un envoltorio

todo

lo que la Historia nombró

la desgracia perpetua.

El principado de la tragedia

erigía los años siempre destructivos

como bombas atómicas esparcidas en la antigüedad.

Todo sufrir es una cadencia

deseo de evasión

enajenación

perpetua en el rincón que atisba

nombres de mártires y héroes clandestinos.

Eso que se sufre es la desgracia, inacabable, inacabada.

Su territorio, su geografía, es habitada por le hegemónica pobreza

que en el pueblo encuentra su sino, su faz, su rostro.

El monopolio de la desgracia es del pueblo

históricamente

socialmente

económicamente.

Pese a todo el pueblo sabe sonreír y festejar.

A veces incluso olvida que es el monarca

de lo aciago, para invocar algarabía tumultuosa.

Aunque sabe que no cambia

el pueblo emerge de las entrañas del mundo

y aunque sabe que es suyo el monopolio de la desgracia

el pueblo inunda su voz con la rutinaria sombra del instante.

Del todo y la nada tener

Cuando tenerlo todo

es tener nada

tener y expulsar

de la vida la sonrisa

eso llamado tristeza.

Cuando todo es una luz que se extingue

nada llena el conjuro de los años.

Así, reclinada contra la nostalgia,

la belleza de una canción es silencio.

Cuando tenerlo todo es tener nada

contra los vicios y el aliento joven

una esfera calcinada es el alma

porque el cuerpo escribe los nombres ausentes.

Todo es más que un haz de imágenes

es más que el sentido de la existencia

es más que la integridad psíquica.

Todo es el universo incesante  y sus formas,

formaciones y constelaciones de vivencias,

remolque seguro de memoria y olores.

Todo es también saber que los dientes se caen cuando eres niño

que el primer amor también se casa con alguien que no eres tú

que las amistades no son para siempre

que el siempre de un segundo es un beso y el amor

una efímera eternidad húmeda. Todo es el atisbar los pasos

por las regiones de remotos y accidentados instantes.

Todo se mueve, porque es su naturaleza.

Cuando tenerlo todo es tener nada

sabes que no importa la materia sino que trasciende

el acto mismo de haber sido presencia.

La primera primavera de este milenio

Inserta la tristeza

en los soles

quebrada

nostalgia

tibia confluencia

amar

no fue vivir

ni fue trepar

los árboles del tiempo.

Rasguño tu mirada

envoltorio cicatriz

mis ojos en tus espejos

como flácidas margaritas

mis dientes construyendo

la mueca gris

de un sábado en la noche

de la primer primavera de este milenio.

Cansada está la tormenta de desgracias

tristeza amargura locura demencia ser.

Todo contra ataca los días y territorios

de tu ausencia turbulenta,

columpio roto, mi sonrisa,

el átomo frío de tu indiferencia,

la canción silencio

eso eres

pero sin ideas ni belleza

simple espectro de mi

nadie que convoca la égida espacial.

Residuos

arqueología de tu nombre

olvido

canción horda de alfileres.

La voz, esa melodía tuya,

una esfera de pasiones que leyó

mis vidas pasadas, ríos de dolor, mi sangre

esta boca que sangró abandono

torcedura del alma

canción llamada eternidad.