Atmósfera derretida en un acto

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Podría creerse que la falta de sentido en el ámbito creativo es una derivación extensa de los fragmentos rotos que sucumben en un intento de teorizar la sensibilidad. Pero no hay un lugar común a la presencia ignota de la inspiración, no al menos en cuanto que deviene en un sin fin de actos, emergencias y situaciones. Propiciar la rememoración con la creación es un cuchilla mental, en mí caso, cuya inflexión de apropiación del significado de la experiencia puede muy bien circunscribirse en un acto reflexivo. En todo caso el semblante de mis carencias ideológicas, especialmente políticas, remite a una constricción volitiva de mi ser en el mundo, un tanto burgués, un tanto parcial, un tanto quebrada de los flujos informativos, de los hechos vigentes. Pero en el acto creativo, en el impulso creador que sigo, que persigo con mi automatismo escritural, no existe una premonición latente ni un fondo instantáneo que surque los océanos del ancho mar digital. En mi feudo creativo las exploraciones realizadas pueden muy bien ser legítimas o no, pero en el peor de los casos se trata del impulso catártico que, orillado a la necedad de un acto distorsionado, promulga los epicentros, ora lúgubres ora luminosos, que demarcan los linderos de mi discursividad.

Mantengo un impulso neto de exposición verificada en donde es posible localizar un influjo constante, en ocasiones falaz y otras veces pleno de sentido. Hay también un intervalo que oscila del lenguaje, del pensamiento, de las dimensiones interpretativas del ser y del mundo, a una estética cardinalmente solitaria, emblema mismo de un arte quebradizo, de una arteria sensible fugitiva, de una espiral ininteligible. Por la construcción sin agenda ni itinerario, mi arte, mi poesía, mis creaciones, no responden a la realidad ajena, al mundo externo, a la metafísica internáutica, sino que son porciones todas de mi interioridad, de mi instintividad creadora, de una especie de vivir el presente que no tiene nada que ver con el presente, una fórmula negativa, por dialéctica, de la asunción del tiempo y de sus marcas en el ahora. Lo instantáneo figura como un producto realizable, pérdida de simbolismo y de abstracción, surco y manantial de frases, versos, prosas, imágenes, orillas mismas del acto de desahogo incesante, infructuoso, ocioso, extravío y sombra de la torcedura del alma que me invoca cada vez a nombrar, a decir, a poner en juego una red de impulsos estéticos de dudosa procedencia.

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Exposición personal

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Desde la pieza contigua al presente, registro y vocalidad del pensamiento propio, personificación y escenografía, costal autográfico, lontananza mía, que de silencio cobijo cada vez que versifico mis desquicios. Aromática y presentimiento de una alza en el costo del sentido, símbolo perdido, extravío ideológico y locuaz tenacidad de enarbolar la dicha regocijante del lenguaje. Culturalmente árida la tropa mental, fauna interior desde el aposento de la memoria instantánea.

Obsesión del microcosmos

Inserta la palabra

como ranura en la cabeza,

la cúspide, salinidad del llanto,

emboscada, lenguaje y muerte:

otra historia no contada, tranvía.

Calle y axioma, todo comulga

con el viento, otoño, salpicadura

de aceite en el comal de la existencia,

flota la brasa en la incertidumbre, amor,

tiento y cuerpo abierto al sin sentido.

Delirar los años y la juventud quebrada,

quebrazón y martirio de leer pequeñas letras,

contra el espejo del tú, un otro nombre,

figurar las escalinatas del presente,

andar y subir en el presagio destino, un

alguien que escupe su amor todas las mañanas.

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Autopoética de un lenguaje

Movilizar el lenguaje para mí es un acto de elaboración, en ocasiones automática. Las dimensiones que te brinda el conocimiento del pasado en cuanto a los recursos estilísticos, las tendencias y las modas estéticas, ideológicas, poéticas, etcétera, en ocasiones se transforman en enjambres de frases, ideas o figuras discursivas. Se trata para mi de elaborar el pensamiento. Y en un tono revisionista la inmensidad literaria producida en el tiempo implica generar elecciones y selecciones de obras, autores y épocas. Para mí se trata no sólo de plasmar un itinerario, ora falaz ora verídico, o de indagar los vericuetos inherentes al acto creativo, al desempolvamiento del ser o a su negrura prófuga y certera. El acto de escritura, que desde hace algunos años es en mí caso un acto de mecanografiado intencional, no debe disociarse de una exploración interior en diálogo comunicante con un conjunto de otredades  que nutran la búsqueda.

El presente abigarrado de tendencias, ocurrencias, modas, formas pasajeras y transitorias de pensar, de crear, de construir, de escribir y de creer, remite a una instancia contraria a un asidero, remite al vacío del que nos habla Baudrillard, a la fabulación inmensa de una legitimidad cognitiva fluctuante, incierta, por perecedera y disímbola del enquiste de la eternidad en su dimensión transitiva. Lo textual, en una elaboración finita y cerrada, purista, induce al acto de corroboración emotiva, de la ficcionalización y la realización propia, que desde una óptica fracturada indaga los caminos y las brechas del universo: mediatizado, inmediato, distante, abismal. En los intervalos del tedio digital, del abigarramiento del input creativo-expresivo, el lenguaje se convierte en una instancia del desconsuelo, reflejo de la realidad (ficticiamente elaborada) o resquicio de la ficción (buscando la realidad), que en su escueto semblante, de una finitud con posibilidades infinitas, absorbe partículas de experiencias. El tedio digital, la construcción fraudulenta del ser en la digitalidad es un sensacionalismo morboso llevado al extremo de una seriedad cancerígena, por aparente y viral, por destructiva del constatar las presencias y enaltecer lo efímero.

SI hay una filosofía del acto creativo, de haberla, no puede describirse en sí misma como una instrumentación simple de la palabra. El lenguaje, rotunda fertilidad ontológica, atraviesa imperecedero lo humano, atisba el fértil manto que cobija el impulso expresivo. Sin lenguaje no hay expresión. El conocimiento entonces de las formas del lenguaje permite la generación de nuevas jugadas en el tablero creativo. Pero no es una innovación pelona o una invención original la que incide en el presente digital para re-elaborar discursos y formas, sino que se trata de hacer nuevas jugadas desde el ángulo de acción no sólo del significado o la estructura, sino desde las posibilidades que un ancha experiencia lectora, estética, histórica, semántica, filosófica, promueven en el individuo creador. No es el lenguaje per se lo que intuye las fibras del impulso creador, no es el mito del dios que crea ex nihilo lo que compone la osada marca de la creación expresiva, sino el mito de la nada abismal que desborda al ser y el impone la labor de ordenar la fractalidad de ese abismo para clasificar su experiencia como si fuera una fuente donde un pez deseara evolucionar a cuadrúpedo y tuviera que mutar entre el agua y el borde del recinto acuoso.

Todas estas palabras carecen de significado referencialmente en cuanto que no son más que la exploración ensayística de un ego, mí mismidad parlante, que surca su intencionalidad creadora con el filo propio de una inocua fugacidad, terca, amañada, corruptora del realismo posible y de la ficcionalización posible. Si encima de todo la verosimilitud perdura, como elemento de una imantada tarea de desahogo discursivo, es en el intersticio de lo verosímil y lo veritativo, donde mi pensamiento encuentra una recóndita cordura, amasada en la filosofía del lenguaje, que rencorosa de la narratología invade mis residuales instintos literarios.

 

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La tensión

Aquí esperando

un soplo

mitad tú

mitad nosotros

increpo al cosmos

su sino profético

de amar,

ámbar reproche

un hueco -tú mirada-

esparcido contra el pecho

-¿sorpresas? gris periódico-.

Cántico rotulado de alegría

compás, fruta -melodía-

el trueno: un nosotros

aguarda la fragilidad.

Tormenta -arítmia de baile

adolescente- terquedad

como ropa sucia

o plantón de trastres: huelga

generalización nihilista y panfletaria.

Es decir: ya son las horas nocturnas

pero no puedo creer tu recuerdo.

Pero te vivo, te pienso, te imagino.

Indagatoria: la marcha de nuestro balcón

tuyo, amistades y secretos: rotos.

También decir adiós merece escribir un tratado.

Tú a ti

Si abres los ojos

como peso delicado de pluma

cierra tu vórtice de ideas

como portón de madera tropical.

Existe un estado del ser y del alma

disponible en las farmacias

que surca los marés químicos,

envuelve, destruye, convulsiona,

y todo es una fritanga interior,

un desquicio, un hálito de mutismo.

No dudes más eso que te somete

porque existe el rumor de la gravedad

y las costras de todos los inviernos del universo.

Las digitalidades como fundamento de las torpezas comunicativas

Al final vivir una metafísica ultrahermeneutizada, saturante de interpretaciones, inflinge las formas simbólicas clásicas y tradicionales para dotar de sentido a entidades semiotizadas que no alcanzan a definirse por referentes estables. Si la ambientación de la digitalidad es además una escenificación de un pantallismo voraz -monetariamente lumínico- la esquematización del circuito de la comunicación es fileteado como trozo de res ante la múltiple oferta cultural. Si en el ámbito del deep way of life existe toda posibilidad de existir, traficar, adquirir o mercadear, los cúmulos temático-taxonómicos de la existencia digital, sus características oscilan, desafortunadamente, entre las tendencias moralmente aceptadas y las inmiscuidas en una sistematización ultra conservadora de la información. El meollo no es la tradición o tradiciones o su conservación sino que, en una égida movilizada a partir del boom comunicativo, los sistemas de información inciden en el comportamiento cotidiano dando paso a una tecnologización de lo cotidiano y a una des-significación de lo trascendental, ya no entendido en su dimensión religiosa sino en su capacidad de articulación del acto sorpresivo, transitado y superado. La lógica moderna abría muy bien el paso a la novedad como mecanismo de control de la información pero hoy en día las modas parecen aplastar, mucho antes que en el siglo pasado, a las tendencias reivindicativas de un ethos alterno o de un pathos lógica y moralmente cuestionable, que surca las profundas aguas del anything goes desde la cuantificación totalizante del acto inventivo llamado hiper productividad salvaje. De existir un intervalo saludable, deberíamos pensar mucho menos en la capacidad articulatoria del desquicio digitalista y considerar en cambio el abismo polisígnico del neoinvencionismo presente. La posibilidad categórica no impide, entonces, que los actos comunicativos representen islotes que en ocasiones puedan resquebrajar el acto de habla pero que también pueden oscilar de un aplanamiento simbólico a una saturación neobarroquista o incluso a una minimalista reiterativa. Sin ir más allá de las coordenadas posibles de una filosofía de las digitalidades, la metafísica digital no puede ser asumida como algo asequible, equiparable o cuantificable, y por ende cuestiona rotundamente la finitud del acto comunicativo humano y también sus posibilidades expresivas.

Recuento de los daños por beber sueños

Primero caí

al fondo del abismo

¿dónde las costas del silencio

murmuran su eco sin fatiga?

Esparcida la nostalgia

senda ante los mares del cansancio

primero soltarme de las amarras

realidad y figura, genuflexión del alma.

Después el tacto del desamor

las costras de todas las inocencias

extraviadas en el tiento y los días,

cansados, pesada lontananza

como fragilidad rota, hermosura

inmediata hacia el sopor del desprendimiento.

Tercero o cuarto paso omisión total del caos

sin el nombre propio y con los acertijos

invernales, como mariposa en el hemisferio sur,

bajo los efectos precisos de la incertidumbre.

Certezas los arrecifes oscuros del desconsuelo.

Maquinaciones en todo lo alto, celeste cúspide,

armonía trunca, reclamo y acto longitudinal,

todo encerrado, frasco mi cuerpo, mi alma tapón,

cortada de los torbellinos de la realidad.

Augusta la impronta calma de cocodrilo

quinto o sexto evento nuevamente caer

al abismo de los sueños que terminan.

Mutis 出口

De silencio
atisbo
colina
del canto otoño
aroma
del sicomoro
seco el torrente
de los decibeles…
Silente

サイレント
暗示

秋リッジ
香り
プラタナス
急流を乾燥
デシベル…
サイレント