El ramo

Verano escrito

sentir. Aroma

nuestro recurrir

al abrigo de las flores.

Somos sólo hombres y como fondo un cielo

Recordando a Luis Alberto Spinetta
Escondidos saltos

generaciones de versos

los días llueven.

Libertades insignes

fabrican desembocaduras

enrojecidas de amistades 

cual trompo girando:

giro emblema el manto

cicatriz del origen

el cielo. Nacen instantes 

en los caireles del tiempo

esbelto y sin cauce

el tronido de la vida nos sacude.

Comunes somos cada trueno

sacudido y esperamos 

indómitos la fórmula del signo

inverso al galope azul:

sólo somos hombres 

deviniendo 

y nuestro fondo esparcido 

fracciona nubes y mareas

fondo el cielo.

Pisando

Sin extravíos

perderse

en el camino,

atisbo

siempre

certeza

el paso.

Dar habla

a los actos

soplar

esperanza

de vida.

Contrario al vuelo

el paso

pisando

los rincones

de un presente

memorable.

El pórtico del vuelo

Devana mi presente

enquistes de recuerdos

contra el escalpelo triste

que es mi fantasma.

Fulge la incisiva imagen

otrora orfandad y horrores

hoy proclama de esperanza.

Invadida en este pórtico,

que dejo,

una viga es pedestal

para un nido.

Aves ven en este lugar por abandonar

un lugar para la vida… y sonríe

mi corazón, envuelto en acertijos

históricos y pañales académicos.

Los polluelos crecen y deberán volar:

como yo vuelo, pronto, quizá

como nunca antes, otra vez.

Rebano contra tiempos

en la esfera culminante de los otros

porque en cinta está mi futuro

de una alfombrada señal

que es facto saltimbanqui.

Aventura ahora el insomnio

nuevos salones y viejos ojos

leyendo, aventura paseos,

personas, indagatoria nueva

que es vejez por ser olvido.

Y este nido de aquí es la metáfora

del nido que tuvimos, pero también

realización del nido temporal —abandono—.

Repito contra mi pecho

el signo de una primavera

quinceañera donde bailé

como nadie y entre los fetiches

del sol y de la tierra, del agua

y la madera, esparzo nostalgia

como si comprar tamales de elote

no fuera ya un símil del hogar.

Consanguínea mi paranoia y terror,

mi depresión, mi tristeza, mi ruindad,

emiten una sinfonía monocromática

pero que es la marcha previa

al horizonte nuevo, al vuelo

de los polluelos, próximo.

¿Vivirán? ¿Viviré? Sueño

con una esperanza que no sea política

como si de las fauces de la tragedia

mi destino pariera indómitos festines

luzanianos, literarios, provincianos.

Me voy y en el pórtico de esta casa,

nuestra casa Emi, Lu, Mague,

hay un nido donde unos polluelos crecen.

Vuelo pronto, también, con pendientes

y adeudos morales, con el tino prístino

de un gemido y ese poema de historiadora

que es mi más valioso tesoro, al fin…

Al fin llega un verano y suplanta ese verano.

Llega un ave, confía, arma su nido, sus polluelos

están ahí y les doy avena y temo que su madre

sea cazada por un gato,

que muera de pronto;

me invade la aprehensión de la vida

y los polluelos pían inclementes

—hambrientos y ciegos—

pero el nido soy yo también:

un lugar donde nacer es propicio

y volar la próxima estación del panorama.

Decir de uno los abismos

Vuelvo al punto

donde inmersa lucha

cifra interiores flacos.

Caminé ruidoso

por el vendaval 

y la juventud no perdona

los amores imposibles.

Decir los abismos

como la vida dicha

resto y desgarre,

entre las ramas

del árbol ancestral.

Ser caída y rincón,

nombrar los dialectos 

del insomnio, espejo

la órbita del tiempo.

Del remilgar improvisaciones líricas o de cómo tornarse un autómata textual

Oh taxista nocturno

que del conocimiento

y la cultura griega

me inquiriste,

¿fue antes la poesía

que la filosofía,

antes la historia

que la gramática?

Desconocer entonces

es también rememorar

los caminos del mediterráneo

y sus olivos y sus vides,

también la tumba de Homero

en las Cícladas, también entonces

Creta y la mitología. Espera oh taxista

no fue precisa la hendidura

donde esparcí los átomos de Demócrito.

Endeudar contigo este verso,

que de silencio es estructura y

de correría imaginario,

es también acompasar una lírica

desvencijada en islotes, ideas, papeles y tinta.

¿Comulgaste, sí, con mi narración,

pero en el atrio de la noche

—estrella y signo, mutación—

te embauque en la liturgia

prosaica de conocimientos olvidados?

Oh, taxista, ruletero xalapeño, perdonad,

olvidad, romped, por su grosor, mi equívoco.

Salto al escondite de un lirismo ramplón.

Perdonadme, no os olvidéis, ni mucho menos

dejaros doblegar por la crisis del pendejismo:

global, nacional, regional y local.

Una vez me nombraron escriba,

porque nunca seré escritor,

porque versifico emociones

distorsionadas

en este caminar las turbias mareas

de un siglo XXI que ya es fin de época,

como épica de nuevas temporadas

—y las generaciones ya son obsoletas

maniobras de luminarias en todos los quehaceres

humanos—… pedazos de noche, también

escondieron en ti

un traqueteo común, cotidiano,

que es la fertilidad de luchar por el pan,

aunque yo no soy católico:

perdonadme, os pido.

Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

Irreverencia poética 19

¿Cuándo hubo andamios

para precipitar

la lectura de los soles?

Fugitivos descansan

los adheridos relatos

de la ciudad celestial.

Fumiga el éter de la vida

los rincones del saber,

como de alfabetos

torcidos, cuña del conocimiento

inútil. Era soñar nacer

el columpio de los atardeceres,

como la era anterior al reloj

del desconsuelo y la memoria.

Baladíes tropiezan nuestras caricias

en el amasijo de imágenes

y flotamos, siempre aquí,

donde nada es la escritura de la totalidad.

Lectura en el ahora: La modernidad de lo barroco de Bolivar Echeverría

Una tarde noche de otoño del año 2000 caminaba por una de las recientes construidas edificaciones de la aquella ascendente y alternativa Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo en la ahora Ciudad de México, cuando enfrente de mí quedaron presentes un grupo de libros  del pensamiento contemporáneo en oferta. Eran ediciones españolas de Altaya, pero sin tener la más mínima consciencia de nada adquirí La condición postmoderna de Lyotard. La leí años después, para un trabajo de literatura y artes mexicanas en algo desembocado en un viaje a La Habana. Modernidad es el punto. en 2001 cursé una clase de epistemología de las ciencias sociales y obligadamente leímos el libro editado por Gedisa El final de los grandes proyectos, vaticinio de los ecos postmodernos en la discursividad humana. Para ese momento Enrique Dussel ya había publicado en La colonialidad del saber su estupendo ensayo sobre eurocentrismo y modernidad, aunque mis vestigios, torpes en muchas dimensiones, me condujeran a él mucho tiempo después, cuando leía La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies por allá del 2007 o 2008. De 1998 es la edición de Bolivar Echeverría que ahora he leído, la cual remite a este andar, ya desfasado y anacrónico, de mis pesquisas en las modernidades. No es una casualidad garante de fertilidad filosófica la que me induce a redundar en esta obra maestra del pensamiento transitivo al siglo XXI, puesto que su profundidad y urgencia explicativa, conducen invariablemente a los siglos XVI y XVII. No es gratuito tampoco que si en el pensamiento de Ignacio de Luzán no hay lugar para Sor Juana Inés de la Cruz, en el pensamiento mexicano, donde Sor Juana es Reina, no haya lugar para Luzán. Si asumir cuatro ethos históricos de la modernidad mexicana, barroco, clásico, romántico y realista, impele a revocar los síntomas axiológicos y materiales de la modernidad capitalista, también remite a un ejercicio demostrativo amplio y específico, donde se preve la transmodernidad de Dussel: para Echeverría la primera modernidad, esa que oscila del postridentismo, la contra reforma y la compañía de Jesús, como conglomerado de prácticas (intelectuales y económicas), que dotan de fisonomía el largo siglo XVII. Y así también remite a una conducta de mestizaje, de mezcla. La modernidad barroca no requiere de una representación ni de un referente real, sino que se desnuda en la alegoría, el adorno y el exceso, donde el remanso del atiborraje y el silencio bullicioso, recomponen la dimensión estética y artística, a expensas de la ruta religiosa y del rito católico. Echeverría consigue radiografiar los lindes de formulaciones histórico-culturales definitorias de una elaboración social propia, identidad y símbolo, construcción y recurso, ¿latinoamericano? mexicano, seguro. Lo impropio de mi reseña es que ya la modernidad parece un ethos transitorio que por mas que se reflexiona no conduce a ninguna parte. Al final de cuentas naufrago en lecturas que me invocan un pathos, el mío, ya fuera de sitio, en el acomodo laberíntico del cosmos humano.

 

bolivarecheverria_modernidadbarroco

Fósil

Ya no miro al cielo

para no ver estrellas

y no pedir deseos.

Miro al piso, sometido,

subyugado, absorto por

las determinaciones sociales

de un mundo corrompido.

Ya no sueño, ya no canto,

ni compongo armonías,

soy un ladrillo más,

un papel de baño usado,

soy el escupitajo de un narco

a su víctima, soy el desgano vital

de los sentenciados.

Aquí,

donde escribo los vestigios

de la más honda tristeza,

recalco la desolación

del castigo de nacer.

esclavo

Casi 5000 visitas este año

No es nada en realidad… sobre todo pensando que deje de escribir a partir de octubre y no retomé el ritmo. No me congratulo ni me siento realizado. Tengo este espacio sin píes ni cabeza, con muchas ideas e intenciones. Me detuve. ¿Volveré?

Saludos a la audiencia.

 

romulo-pardo-quito-2016

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Lo difícil no es perder a tu audiencia sino volver

Meses sin escribir, sufriendo, deprimido. Ahora en crisis, tremendo. ¿Olvido tan pronto lo que me alimenta? No puedo vivir sin escribir, no por eso seré escritor. Y pienso en los textos que emergen de mis adentros, ahora con una trayectoria mucho más lúcida, no por eso más madura. No importa el hecho del reconocimiento social, aunque en ocasiones es importante socializar los hechos. Al final de cuentas aquí estoy, y el mundo, allá, yo distante, él en crisis.

Vuelvo con un torrente torpe, torcido, de mi ser y estar en el mundo, de mi participar, de mi contender por un puesto en la pelea de la vida. Muero hoy también, vivo, lloro, me revuelco, pierdo, no sé, es un espasmo el recuerdo de mi formación.

En noviembre recogí un certificado mío de cuando estudié antropología y no pude evitar recordar lo que me hizo dejar de estudiarla. Y como ahora pretender meter mis papeles a un reconocido doctorado no pude sino sentir el peso de los años. Es una doble cuchilla la que vivo: la de ser un simple licenciado, sin puesto ni plaza ni sueldo, la de ser un joven creativo fuera de las circuitos oficiales. Tienes talento me dicen. ¿De qué sirve tener este blog? Dudo mucho que no sea más que una forma catártica de obsoletas proporciones. No es que m perezca increíble que haya jóvenes talentos multipremiados, multiaclamados, multicitados y traducidos. Yo no figuro, no soy, no estoy, no pertenezco. ¿Lo he intentado?

Y como este escupitajo gramático me impone la ardua precisión de establecer una pauta, ¿tengo futuro? No es un desaliento, no es una situación revolvente, no es sólo la posibilidad del fracaso. Es todo eso y lo que resta de mi existencia. Quizá debería abandonar las letras, no sirvo para expresar la belleza, los sentimientos, la pesadumbre, el amor, el odio, la muerte, la divinidad, para sentir tampoco sirvo metido en dinámicas sociopatas absolutas. Soy un fumador y como tal, una clase en peligro de extinción que se mata a sí misma. Perdí, pierdo el fondo, la superficie y el tacto. Todos moriremos, ¿todos seremos alguien en el mundo? Es también ser el entrometido de la historia. Si hubiera dedicado mi juventud a las artes marciales quizá hubiera sido distinto. Pero ya no sé cómo traducir el mundo, ni mis sensaciones. Absorto estoy, pero vuelvo aquí. Perdonen el vómito.

 

egopaticamente

Archivar los espejos

Todo dice —nombre,forma—

contiendas del ser. Ego

roto el inmenso mapa

del desencanto, furia, si vocal,

torrente si imagen, río descolgado

en las persianas de madera, de humo

afluente. Sobre la silla, vieja de relatos,

inmensas cúspides reducen a un soplo

la narrativa de la suciedad —ropa en desorden—.

Cuando cae el silencio, como estrella fugas en la noche,

cae en la brisa del estar

la molienda de lenguajes extraviados y muertos.

Así por doquiera los reflejos inducen a creer en otras

pantallas, como itinerario improvisado

en el viaje polvoso de las páginas de la existencia.

archivar-espejos

 

Ataque al teclado

Sí, por eso me escondo, solitario, inmerso en una nulidad, luminosidad, esperpento, torrente. Este fastidio de intuirme comulga en el trance ignoto de seberlos. Rompecabezas de silencios, alientos entrecortados, pulsasión de recuerdos frustrantes, esmalte y resina en la pátina del dolor. Todos estos años aquí, absorto, abyecto, absuelto, absorbente, en el tufo roído que es mi nombre.

Esconde por si acaso las lenguas vacuas del sentido, porque mi semántica carece de emblema, porque carezco de la etnografía pertinente a la destrucción del presente. Desde un pasado quebradizo arremeto contra los fulgores de la iluminación. Entonces mis libros son un montículo de vapores de otras vidas que subyacen a la monotonía del instante.

Camino los deteriorados momentos del estar, conspicuo me embalsama el árbol de la existencia. Dentro de mí yacen las momias metafóricas, blandengues y oscurecidas por la irradiación histórica del humanismo español. Evoco sin querer al arbusto torpe que fuera injerto en la biblioteca de Alejandría, porque entre las calles del ahora y las luces del ahora y la ceguera del ahora todo es un ramillete de insufribles compaginaciones algorítmicas.

muchedumbre

Retrospectivamente

Agachada estuvo la playa

en nuestras vidas remotas.

Nos induce el aroma del tiempo

a claudicar de una marcha

masiva donde somos nadie.

Fugamos de nuestras miradas

las esquirlas perpetuas de la memoria

porque en la encrucijada del crecer

colapsó indómita la tumefacta angustia.

Y caemos a la playa acuclillada cada vez

que nuestra cifra de decepciones aumenta.

retrospectivamente

Redundar la reiteración

Aquí, que es ahora,

yace un instante,

que es paso, salto

y vacuidad, intensa

maroma sin ninguna

nada, soplido, ser,

aquí —también es

este punto— la precisión

precisa precisar precisos

señalamientos, aquí,

fugitiva fuga del estar.

circo

Irreverencia poética 14

Transigir en el temporal masivo

construye formas ventrílocuas

en el soñar las aristas polvosas

de coordenadas históricas y soles.

Es una revelación la rebelión astral

que invita, plácida y tenue, al ritmo

insulso de días turbios y años recordados.

Perdíamos con la fulgente insignia

de instituciones caducas el aroma

mismo, certeza y átomo, del dolor

pero ensangrentados en desprecio,

ajena visión ancestral, el arquetipo

nuestro indicaba que las revoluciones

no eran más que la efigie de nuestra estrella

protectora… y andamos con ese montículo

de cartillas de identidad y sabemos que somos

una generación más en este planetita colapsado.

irreverencia-poetica-14

Lo que se dice se va pero se queda

Se va

pero se queda

un dejo de sombras

y ficciones, cortejo

maniobrado y luz.

Se va

pero se queda

como marea

tibieza cierta

si ocupación de bocas

si voces y cariños.

Se queda

pero se va

espejos siempre

los ojos, del infinito

la insulsa fractura

nuestra, marea y signo,

igual se va

pero se queda.

centromontevideo2-copia

Polvosa circularidad

Pulsos trozan

atmósferas precarias,

esas desdichas,

ruindad, ancestrales.

Lóbrega flexibilidad

el antes del sol,

licuada la máquina

creativa, cerebro maquillado

de ignorancia. Eso, polvo,

que es nuestra mancha,

deseo e hito, marcial

recuerdo de tristezas.

Antídoto de la memoria

oscura personificación

este desquite del eterno

fluir, marchita la raíz

nuestro canoso pensamiento

designa los hilos de su perpetuidad.

ellacirculo2

Los nombres silenciados

Intolerancia y fuga,

despectivo truco

este arrabal de barbarie.

Todos los días matan libremente

el cuño de la esperanza.

Ninguna sabiduría alcanza

¿por qué la noche perdura

eternamente en su violencia?

Nos esconden totalmente

los ancestros y la dicha,

perdemos, lento, como

cigarrillo encendido

sin ser fumado, lento

como caracol, húmedo,

perdemos y vivimos

escondites en la flor

de la bealdad ajena.

Cada año nos escriben

muerte y sangre y dolor

porque su rabia y coraje

nos invita siempre a estar ausentes.

playeando-colores

De realidades accesibles

Si atmósferas nutren

silbidos y llantos, nosotros,

infancia y andar, soplamos

surcos poéticos a la hondonada

del vivir y renegamos al silencio.

Fugitivos indagamos estructuras acuosas

que rigen nuestro cuerpo al infinito.

fuente_tecajetes_2016

LEO

l

Porque la semiótica me nutrió

igual que un ave del paraíso.

El lenguaje me extravía, siempre,

en un caudal tibio e infinito.

Porque deshice los andamios culturales

de mi vida, todos, al unísono de un grito,

rotundamente la semiótica me nutrió,

pero también la pragmática. Retóricas antiguas

me hicieron mantos de frases estériles,e

pensamientos oxidados, antigüedades baladíes,

son el fruto de mi presente, muerte y evasión

de mi afamado desprecio en esta página en blanco.

La semiótica me nutrió y los espejos simbólicos

extraviaron mi mirada en horizontes playeros.

Por eso leo y aveces interpreto el mundo, porque

explico  ser esta ausencia menos, este nombre

o

de todos conocido como moneda, de nadie apreciado, de pocos

amigos. Porque mantengo la pereza del ruido, mantengo la afrenta

del chismorreo barato, en este cuchitril nutrido por la semiótica.

Si no me hubiera nutrido no comprendería mi incomprensión

de la realidad y los textos. Peor que una hermenéutica ramplona

mi exégesis es un tumulto de huecos, como el queso perforado en la fábrica

por el pene de Mickey Mouse. Y leo así, porque la semiótica me nutrió.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así era la cicatriz

Enfermedad y resto

locura siempre

el átomo insuflado

de dolor y soledad.

Locomotora de silencio

llamar al ocaso mitad

del ser y ser mitad

del horizonte, certeza.

Líquida marea espiritual

esta alma en grisura tersa

llamada a testimoniar

el paso de los astros.

manopla

Cuadrados al cuadrado

Cimientos indelebles

el tránsito perfectible

de los nombres. Ladrillos

y anaqueles infinitos,

los libros siempre

completan una cuadratura

universal. Desperdigada

la sinuosa ruina del saber

una construcción de papel

y tinta resguarda la colina

fértil del ser: entonces seremos.

Cuadrados al cuadrado

libros siempre invitación

de los remilgos alfabéticos

certezas dentro del laberinto.

libros

Meme Poética 97

modulo3

No caber en la tristeza del mundo

Como río seco

contaminado

el presente

emerge surco

de dolor y quebranto

manía o tacto.

Esparcida tristeza

como silueta

opaca, la marcha

del segundero,

remate cruel

el hoy roto y profundo.

Sin remanso,

acaso piel o camino,

andar esbelta

la mirada, turbia,

ora aguacero

de rabia o funesta

treta del destino,

ora soltura

inmensa de llanto

o reboso de hiel.

No caber en la tristeza

del mundo

inmaculada ausencia

como automóvil

destruido, chatarra

del instante, marea

de no ser

con el fluir incesante

humana: torcedura,

siempre vestigio

espacio enhebrado en heridas.

modulo1

Esperar la idea

muralista1

Entre tejida la voz

puebla años tercos,

pensar es una rebelión,

instintiva marca

el antes de la lucha.

Ennegrecida la vista,

nocturna insignia,

contra el espejo

de la Historia

el ansiado instante

del bautizo: éramos todos

un espectro de injusticias

y soñábamos con el fastidio ajeno.

Trepamos por el abismo del sol

con las quejas de generaciones

yermas y soltamos el amarre

del aliento que nos unía

a las cadenas del pasado.

Fruncimos el semblante

caído en el rostro inerme del

aroma putrefacto que era nuestro verdugo

para saltar a la vida y entender

que una esfera de silencio

cobijaba la espera de una idea,

la idea del trotar los campos

universales del tiempo.

muralista1

Irreverencia poética 11

Tropezar con el tiento

del amor, soltura

la mano, esbelta

la desgarrada imagen

del segundo inserto

en la faz del beso.

Ansiedades torcidas

la derrota del imán

que es un cuerpo

frente a una vida.

Extraña pieza

estar en cinta del alma.

dilusion3