De la conflictividad autobiográfico-existencial de una estancia zamorana en vías de ingresar a un posgrado

Dejé en mi diario vivir el espacio a la escritura que aquí concierne, primero por razones laborales, segundo por razones creativas, tercero por razones académicas. Estoy en medio de un proceso de selección para ingresar a un reconocido programa académico de posgrado en Zamora, Michoacán. Esto me condujo a preparar documentos y realizar ciertas diligencias, pero también a localizarme en la entrevista y las evaluaciones de ingreso. Llegué a Zamora el pasado martes 13, de mala suerte como ese 13 de abril de 2002, pero esta vez era de junio y quince años posterior. 13 de mala suerte, no, en sí, aunque sufrí desvelo por el trayecto Xalapa-México Norte, sin carecer de valía el haber logrado cambiar mi horario de salida de las 11:15 a las 9:30 el pasado martes. Viajé y dormí, soñé, escuché un tronar, un terremoto, en mí trayecto. ¿Desperté de mi pesadilla que inicio hace 15 años? No lo sé, todo se mueve todo el tiempo, pero también es real que podemos absorber los tejidos mismos del tiempo y del ser con tan sólo un ápice de nuestra percepción.

El calor me acogió en este territorio del norte michoacano. De inmediato me quité el saco que traigo conmigo, pensando en mi regreso a Ciudad de México y luego a Xalapa. En fin, todo esto no es más que la crónica derruida de mi estancia, felizmente consumada, felizmente (objetivamente) realizada. Pero mi vivencia, más allá de mis paseos caminando desde el centro de Zamora hasta Jacona o en las banquetas donde pega el sol, me remite considerablemente al proceso emocional por el que atraviesa mi presente, no sólo por haber realizado un programa de vida de 2010 a hoy, sino también por la subyacente insinuación biográfico-estructural de mis primer década en este siglo XXI. Tres conflictos de mi vida, tres aristas de mi ser, tres formas prevalecientes de mi anquilosamiento, de este anacronismos tabaquista, reiteradamente darianítico, apache y chihuahuense frustrado. Me refiero a los conflictos que ahora, en mi estancia zamorana, se detonan.

El primero de ellos dialectal, ¿hablar cómo chihuahuense, cómo norteño, cómo hablaba mi madre, cómo hablé de niño, cómo me identifico, cómo hablaba en mis delirios psicóticos de mis excesivas correrías psicodélicas? Ahí, donde el usted tiene una forma distinta al tú, me retrotraigo a la represión de la abuela paterna, ese 2002, cuando dijo: aquí (en Xalapa, Veracruz), no se habla así, no hablamos así. La represión entonces vuelve. ¿Mi identidad? ¿Mi voz? ¿Mi enternecimiento y nostalgia de mis años infantiles chihuahuenses? ¿Mi identidad matrilíneal? También eso resurge hoy, ahora, al comer machaca, frijolitos bayos, tortillitas de harina, al reencontrarme con ese modo de ser, con ese espíritu que añoró. No es Chihuahua, es Zamora, no es mi madre, es ella, siempre, sí, innolvadible, que evoca igual mi cobardía de ese andar rondando las calles, murmurando, fraseando, royendo recuerdos, diciendo que no valí nada para ella. Sí, porque ese es el segundo conflicto: la hermosa mujer bailarina michoacana de 2002.

Dariana, a quién mandé mi escrito de la presentación de mi novela reciente, que no contesta más, que no tiene motivos ni razones para ser molestada por mí de ninguna forma, ese traumático instante de eternidad que me acompaña, que no sé cómo traducir, también se revive, se renombra, se exalta, al pasar por Zamora. Porque en las calles veo muchachas que se le parecen, porque no terminó de entender mi cobardía de no buscarla hace 15 años, porque no terminó de aceptar el dolor de ni siquiera haberla conocido, porque no termino de descifrar el significado de su presencia-ausencia en mi vida. Así tampoco entiendo, ni acepto, ni asumo quién es o quién sea. No entiendo, ni acepto, sino mi introducción falaz, mi renegar constante, mi dolor, mi recuerdo, ese dolor del ácido lisérgico en mi cabeza, ese dolor de mi oído derecho, ese bailar con ella, ese verle los ojos, ese desear sin libido su cuerpo, eso roto tendón de mi inocencia, nombre y figura de mi designio. Y no es gratuito el mito platónico de la caverna como metáfora de mi vida: de la oscuridad a la luz post tenebras lux. También esto que muere, mi rencor, mi desprecio, por Xalapa, por los xalapitos y las xalapitas, por mi patrilinealidad. Mi dolor, mi ansía, mi esbelto trance mutilatorio, indómito e indeleble, de esa eternidad de milisegundos a su lado, volando, cayendo, volteando, y la última vez, siempre, incluso reiterando mi dequicio abismado. No logré matarme ni logré morir ni ser asesinado pero tampoco la tuve ni la tendré ni seremos unidad ni la abrazaré, no, su camino no es el mío ni el mío el de ella. 2002-2017 poca cosa en el numeral cronológico, para mí el camino desde la hybris hasta la epifanía. Y entonces, descubrir mi anacronismo de fumador del siglo XX, mi afán por destruir mi salud, mi deseo repulsivo, mi pulsión de muerte, mi psique resquebrajada, es también el conflicto padre-madre, uno oncólogo, otra muerta de cáncer, uno vivo y ausente, otra muerta y presente. Todo combina, por tanto, en este viaje zamorano donde he visto mujeres lindas y jóvenes, atléticas, donde me conecta la pulsión de reencontrarme con las artes marciales, donde la institución que me interesa no permite la actividad fumadora, donde la política antitabaco es verídica, real, contundente. Ese mensaje de nuestra época —queremos vivir y vivir sanos y felices— que mueve al mundo, que conocí en mi adolescencia cuando decía no a la degradación humana, cuando componía canciones, cuando me iniciaba versificando, hoy es el conflicto entre dejar de fumar, volver al deporte, cambiar más radicalmente mi vida. Y todo es este sentirme un guerrero derrotado, este creerme un mal hijo, un hombre extraviado en los placeres del cuerpo y en las malévolas cúpulas del error. Todo es estos tres conflictos anudados, todo es, también, esta traducción.

Comí chongos zamoranos, probé unos camotitos con chile y limón, comí carne asada en su jugo, todo esto y más, sin olvidarme de mis compañeros infantiles michoacanos, con quienes vendía donas en Chihuahua, y Denis, o la niña que se volvió mujer, que alucino desde niño, que veo, que me sigue, a quien no sé cómo hablarle. Todo eso y la abigarradamente emocionante posibilidad de una vida nueva, en un posgrado, investigando sobre mi Nachito de Luzán, sobre las relaciones culturales hispano-mexicanas, sobre ese espíritu que entró en mí en 2002. No es mi herencia española o mi herencia apache la que predomina, no es mi resquemor al olvido o la insignificancia personal, es el infinito instante de la claridad, el inabarcable absoluto de la luz renacida lo que me inunda e invade. Uri luz lux luz LuxUri, Urías, Pardo café.

Aquí, en la antesala de mi vuelta al altiplano mexicano, pido perdón público a ella, a su bailar, a su familia, a su historia, que no me pertenece, a la cual no perteneceré. Pido perdón al mundo por mi escandalización, por alborotar las aguas, por ser innecesario. Perdóname FOX, perdóname CALDERÓN, perdonen. El país es vuestro, las mujeres son vuestras, yo soy mío, y mía es la luz, mía es la certeza finita, mío es, como suyos los fraudes, este camino, este andar. Porque la pesadilla inició en 2002, se volvió realidad y todos estamos inmersos en ella de millones de formas. ¿Terminó mi pesadilla? ¿Me enamoraré de otra michoacana? ¿Quedaré inscrito en el posgrado? ¿Viviré una aventura en Zamora? ¿Concluirá mi tercer período xalapeño? No lo sabemos, pero como decía María Gabriela Epumer: ya lo dijo Dios a los primeros habitantes de este mundo, no coman de esa fruta, les traerá problemas.

 

La pornonarcotecnocracia

El problema de vivir en un universo humano saturado y saturante, además de plantear la posibilidad de interpretar desde la química general los intercambios y flujos informativos, impide de muchas formas la traducción completa de la experiencia informática. Dicen algunos que vivimos en la República del dato, mientras que amplios sectores de experiencias y prácticas culturales y simbólicas, obstruyen la singularidad por su condición homogeneizante. Mi planteamiento, desde mis postura de indigente cultural, critica la dinámica del trending, la viralización y la postmasificación de los hechos virtualizados, en tanto generan islotes referenciales de una contemporaneidad dudosa. Prefiero decir que vivimos un universo distemporáneo, o sea, disforme y saturado de múltiples tiempos o expresiones temporales humanamente registradas. En ese sentido, el atómico particularísimo que defiendo implica la trascendencia del acto etnográfico clásico, pero también declara, sin rubor, el desconocimiento total de las posturas filósóficas presentes. En todo caso, la distemporaneidad moviliza un campo de presentes ampliados, no un presente, sino presentes diversos. Independientemente de mis teorías del tiempo —histórico y cultural— me preocupa la descripción de un ethos rotundamente explicitado, tanto en su nivel pragmático como experiencial y simbólico verbal, heredado de procesos sociales, culturales, estéticos y mentales de la segunda mitad del siglo XX. Pero pienso en antinomias que en este momento no deberán involucrar concretamente el universo mercadotécnico, económico y propagandístico de la infancia, los deportes y el ocio (en su acepción moderna, vacua y carente de significante en una economía social del actuar). La antinomia pornografía/feminismo representa quizá la mas dura prueba de verificación simbólico-cultural en un entramado de formulaciones que abarcan prácticas estéticas, ejercicio de violencia, identidades sexuales, flujos visuales y otros tipos de conductas —intra y extra femeninas—. Otra antinomia presente es la de narco/logos, presumiblemente en función del fracaso de la razón instrumental, en principio, pero también como movimiento, desde la falsa psicodelia globalizada, hacia la potenciación del ego psíquico distorsionado, intoxicado, anestesiado, abandonado al flujo incesante de la dosificación del placer y la miseria. Finalmente, la última antinomia refiere a la dualidad técnica/arte, desde la ruptura formativa, en términos morales y éticos, presente en la sociedad tecnificada, siempre que lo técnico especifica la instrumentalidad y operatividad funcionalista y ejecutiva, mientras que el arte remite, mas allá de su acepción estética, a una disciplinariedad, trascendental del academicismo, formativa, valorativa de una tradición y una innovación dialogicámente, donde el principio sustantivo es la transición de un sujeto histórico, individual y colectivo, a un estadio de ciudadanía legal, fundamentada en derechos, responsabilidades y obligaciones contractualemente comprobables. 

Estas antinomias representan un dispositivo presente en nuestra temporalidad distemporánea. Conforman, como dije, islotes de sentido, significantes en le economía social de la información y la actuación, que traslucen representaciones, prácticas, signos y elaboraciones pragmáticas, donde lo político, en su sentido de polis, es decir, organización, induce a una antinomia mayor, vigente: anarquía/cratos. Mi análisis, espontáneo y a partir de observaciones mutiladas, plantearía una urdimbre tomando por principal esta antinomia, la del poder y su ejercicio o la del poder y su disolución. Si lo anárquico, o esa ausencia de Dios, de amo, de estado, es una vía legítima, por contestar al poder hegemónico, las otras tres antinomias movilizan fibras del tejido comunicativo globalizante, industrializadas, mecanizadas, que revocan el espejismo del pensamiento religioso, dotando de la certidumbre irracionalista, necropática y antivital, la conducta humana, cifrada en un psíquismo biocognitivista, en un extremo, contra este necrocultismo violentado y atroz. La pornonarcotecnocracia implica el dominio, la prevalencia, la coagulación, de un proyecto y planificación ingenuamente dispersada a través de expresiones editoriales, fotográficas, discursivas, viodeográficas, entre otras. No es argumentar en otro sentido más que en el de la desobjetivación material, en dirección a una hyperobjetivación materialista. El régimen, entonces, induce a una composición órgnica del exceso (sexual, drogadictivo, tecnológico) como dispersión aglutinante de la urdimbre donde disolver el poder o someterse a él, implica actitudes medias, como asimilarse al poder, transformar el poder, fomentar el poder, instruirse en el poder. También se trata del ejercicio y monetarización simbólica de la desigualdad, la injusticia y el fratricidio, oposición también de los derechos fundamentales del hombre Igualdad, libertad fraternidad. Si la moneda es la desigualdad, lo es también la opresión y la represión, la negación del lo libre como mecanismo, como acto, como estratagema social masiva, en pro de un atomismo individualista, a favor de mi interpretación distemporánea del presente. La administración pornonarcotecnocrática del tiempo, que es desde donde se obtiene el espejismo homogeneizante del ser atomizado, es un factor de distribución económica, estratificación social y conductismo factual.

Maruchanismo intelectual y cultura inmediatista

Importa poco realmente el criterio que pueda construir respecto a la sociedad de la información y sus dimensiones. La inabarcabilidad del presente humano abigarra los rincones por donde pueda ejercerse una crítica que no derive en una doxa baladí y ramplona. Como el vericueto de la deep web o peor aún los icebergs informáticos, las modas, las tendencias, desde una horizontal verticalidad cada vez más arraigada, en las prácticas violentas y el falso empoderamiento de las minorías, el presente, que para mí es ya por muchas razones una distemporanéidad, refleja las esquirlas nucleares y colectivas de los conglomerados humanos aptos para la falacia de la sobrevivencia. No es tan sólo la carencia de una planificación inclusiva, por parte de los comandantes políticos globales, es también la negación, en los hechos, de las múltiples agendas globalizantes, desde la ONU y otras instituciones, que derriban en su cisma paradigmas del siglo XX que deberían haberse erradicado pero que se han radicalizado: la pobreza, el analfabetismo, la crisis de salud, la violencia de género. Y todos podemos opinar, todos tenemos algo que decir, pero lo decimos para olvidarlo, para dejar huella en el foro global, no en nuestro actuar cotidiano. Y en esa espiral de modas, de tendencias y paradigmas, vigentes a la reapropiación de los clichés en una retorización reinterpretativa a partir del anything goes y del retro motive, no hay capacidad de avanzar, de recorrer caminos, de incidir en la transformación humana.

Las sopas maruchan están prefabricadas, listas para agregar agua caliente y comer. El maruchanismo intelectual, esa especie de inteligencia basura, de acuerdo tácito a partir del gusto y la moda vigente, de las tendencias, el famoso trending, incluye una mutilación simbólica del capital cultural en todas partes. Y lo implica por una fractura de la diversidad, no en su expresión, sino en su composición. En pocas palabras es hablemos todos de lo mismo, aunque opinemos diferente. No es entonces tampoco la consagración a un foro y público, no es entonces la significación estructural de las ideas o la impronta por plasmar novedades. No es, lo sabemos, la modernidad industrial. Y debemos informarnos y procurar tener un criterio que para como está la vida en este tiempo es en pro de la humanidad extensiva a una cuidadosa tarea vital o en pro de la barbarie capitalista postneoliberal globalizante. Divago entonces, pero esto del maruchanismo intelectual, extensivo a la cultura, las artes, la educación, deviene del programa económico neoliberal como un mecanismo de presionar los influjos pensantes: o te amoldas, aunque seas marginal, o te desechamos. No hay espacio para la construcción de grandes debates, como dijeron en 1999 con El final de los grandes proyectos, pero tampoco hay espacio ni tiempo para la configuración espaciada del ser y sus rincones. Entonces las esquirlas son de tradiciones, de ideas, de interpretaciones, pero que se ramifican en prácticas podridas. Esquirlas de algo que fue, dicen algunos, la posthistoria. Es un atomismo individualista, una nuclearidad egopática: ¿Quién eres? ¿Qué has hecho? ¿Cuánto has ganado? ¿Cuáles son tus credenciales? Maruchanismo intelectual porque agregando al o los autores de moda, porque insertándose en la agenda (multinacional, global, nacional, regional), porque actuando de acuerdo a principios de idolatría de personalidades (y de absurdos cinturones ideológico-culturales), se puede acceder a la mitopoiética instancia de ser alguien en la digitalidad postglobalizada. Solo agregué agua caliente (o ideas calientes, o instituciones calientes, o porno caliente, o algo caliente del momento) y vea acrecentar la forma expansiva de su nombre en el mundo.

 

De la indigencia como motor

La vivencia del ostracismo, de la exclusión, en sus modalidades más simples, remite sin duda al valor primero de la indigencia: la no adscripción a institución, grupo o sociedad. El indigente es un huérfano social por decisión propia. Los mecanismos históricos de las sociedades, principalmente los relativos a la moral, introducen en el indigente una movilidad, emocional y factual, que lo induce a traslucir la palidez estructural del convivio, del encuentro. Pero en el atisbo mismo de lo marginal autoimpuesto, se localiza la configuración inherente al silencio. No es entonces una rebeldía ruidosa y modificadora, no es el inclemente instinto de transformación revolucionaria, es, por el contrario, la nitidez de una alteridad elegida como ruta de callar el indómito existir. Y si los márgenes son siempre amplios y carentes de nutrición en la sociedad, no es entonces del salto a una ningunidad o esfericidad del vacío lo que el indigente busca. Es la crítica al mundo, la crítica a la organización de lo social, lo que el indigente encarna.

Desde los rincones y confines del no ser social, desde la anulación impuesta, la indigencia remite a una decisión unívoca, definitiva, a la renuncia del contrato socialmente dado, para sustituirlo por el inminente remanso del fastidio. En el quehacer indigente los días no son tiempo, las horas son quizá soportar el hambre, quizá hacer una diligencia para obtener unas monedas y alcoholizarse, quizá dormir todo cagado u orinado en un parque público. Y si la sociedad funciona en términos de privilegios, reconocimientos y éxito, el indigente sabe que no necesita consistir su andar en otra cosa que en sus necesidades y los despojos de una vida pasada en la que perteneció a ese algo común. La indigencia promulga una desconsideración constante, la de las contradicciones inherentes a la lógica del capital. No es entonces una condición renovadora ni antiautoritaria, sino que es una imposibilidad, una renuncia, un dejarse vencer, por el inmenso aparato de lo social.

 

Pecador

No fui un buen pariente,

un buen amante

ni un buen amigo.

No fui un buen hombre

ni fui un buen ciudadano.

Fui un ruido.

Los pecadores

no podemos ser capitalistas.

pecador

Lectura en el ahora: La modernidad de lo barroco de Bolivar Echeverría

Una tarde noche de otoño del año 2000 caminaba por una de las recientes construidas edificaciones de la aquella ascendente y alternativa Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo en la ahora Ciudad de México, cuando enfrente de mí quedaron presentes un grupo de libros  del pensamiento contemporáneo en oferta. Eran ediciones españolas de Altaya, pero sin tener la más mínima consciencia de nada adquirí La condición postmoderna de Lyotard. La leí años después, para un trabajo de literatura y artes mexicanas en algo desembocado en un viaje a La Habana. Modernidad es el punto. en 2001 cursé una clase de epistemología de las ciencias sociales y obligadamente leímos el libro editado por Gedisa El final de los grandes proyectos, vaticinio de los ecos postmodernos en la discursividad humana. Para ese momento Enrique Dussel ya había publicado en La colonialidad del saber su estupendo ensayo sobre eurocentrismo y modernidad, aunque mis vestigios, torpes en muchas dimensiones, me condujeran a él mucho tiempo después, cuando leía La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies por allá del 2007 o 2008. De 1998 es la edición de Bolivar Echeverría que ahora he leído, la cual remite a este andar, ya desfasado y anacrónico, de mis pesquisas en las modernidades. No es una casualidad garante de fertilidad filosófica la que me induce a redundar en esta obra maestra del pensamiento transitivo al siglo XXI, puesto que su profundidad y urgencia explicativa, conducen invariablemente a los siglos XVI y XVII. No es gratuito tampoco que si en el pensamiento de Ignacio de Luzán no hay lugar para Sor Juana Inés de la Cruz, en el pensamiento mexicano, donde Sor Juana es Reina, no haya lugar para Luzán. Si asumir cuatro ethos históricos de la modernidad mexicana, barroco, clásico, romántico y realista, impele a revocar los síntomas axiológicos y materiales de la modernidad capitalista, también remite a un ejercicio demostrativo amplio y específico, donde se preve la transmodernidad de Dussel: para Echeverría la primera modernidad, esa que oscila del postridentismo, la contra reforma y la compañía de Jesús, como conglomerado de prácticas (intelectuales y económicas), que dotan de fisonomía el largo siglo XVII. Y así también remite a una conducta de mestizaje, de mezcla. La modernidad barroca no requiere de una representación ni de un referente real, sino que se desnuda en la alegoría, el adorno y el exceso, donde el remanso del atiborraje y el silencio bullicioso, recomponen la dimensión estética y artística, a expensas de la ruta religiosa y del rito católico. Echeverría consigue radiografiar los lindes de formulaciones histórico-culturales definitorias de una elaboración social propia, identidad y símbolo, construcción y recurso, ¿latinoamericano? mexicano, seguro. Lo impropio de mi reseña es que ya la modernidad parece un ethos transitorio que por mas que se reflexiona no conduce a ninguna parte. Al final de cuentas naufrago en lecturas que me invocan un pathos, el mío, ya fuera de sitio, en el acomodo laberíntico del cosmos humano.

 

bolivarecheverria_modernidadbarroco

Irreverencia poética 17.1

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Este marxista frustrado que soy

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Quería ser antropólogo a los 18 años. Quería ser revolucionario. Hubiera leído a Marx y no a Jung. Y ahí es donde está el peso de mi madre muerta, de ella como revolucionaria frustrada. Ella, en palabras de mi abuelo, no supo hacer la revolución, yo lo que no supe hacer fue el amor. Si el meollo fuera social, entonces sí, leer a Marx, conocerlo, aprenderlo, estudiarlo. En cambio el meollo es psicoemotivo, ergo, erotismo, psicoanálisis, lenguaje, pensamiento. Más aún en estos que todos los activistas se refugian en los pensadores izquierdistas o anarquistas, el ser un marxista frustrado no es más que el residuo de la más estúpida formulación filosófica que se me haya ocurrido: la desobjetivación del materialismo histórico. Un buen amigo, Juanito que no Juan Ángel, arremetería contra mí, comenzando por indicarme la lectura de Hegel y luego, quizá, Marx. No es casual entonces que mis observaciones históricas se movilicen en el intersticio del siglo XVIII al XIX, pero en España. Y un buen historiador me diría que lo más relevante en ese momento fue la Constitución de Cádiz. Yo en cambio hurgo en los papeles del pasado para explicar una ausencia dentro de la cultura. Y he ahí otra discrepancia con el marxismo y con Marx: mis objetos se localizan en la super estructura, no en los medios de producción ni el modo. Pero entonces, reitero, más de uno me diría que hay que leer A Gramsci o que me atreviera en todo caso de descartar mis ilusiones postmaterialistas. ¿Todo para que? En la raíz de mis intrépida flojera lectora, no sólo se trataría de leer a Marx, sino de comprender el pensamiento económico neoclásico: Adam Smith y Davi Ricardo, olvidando a los fisiócratas. ¿Qué significa resignarse a ser un historiador de derechas? No es esa mi postura política, si es que la tengo, si es que la ejerzo. Y Juanito podría reiterar que lea a Canetti y su Masa y Poder, y yo más bien me doy cuenta de que me atrevería a indagar en el pensamiento social de Hobbes y de Locke, pero también en los meollos tétricos de otro resto de autores no visitados.

Entonces mi frustración marxista no es más que el residuo de mi fantasías juveniles de transformar el mundo. Otros han vivido, han leído, han cambiado la vida, el cosmos cultural, otros han sido los protagonistas. No interesa mucho el hecho, interesa la herida. Y así como me identifico como un marxista frustrado, soy también un activista frustrado, un escritor frustrado, un poeta frustrado, un pensado frustrado, un padre, un hijo, un hermano, frustrado, un cocinero frustrado, un hombre frustrado. La loza del siglo XXI, que carga mi vida, es una loza de pérdidas y suturas en el alma que no tienen lugar en el mundo espectacular. No puedo, entonces, obviar que aunque quisiera escribir mi primer libro de teoría filosófica, no podría porque debería leer 200 años de obras. Y no podría tampoco olvidar, no puedo. Y en el rictus de mi pensamiento, ese entre congoja y encriptación de vivencias infernales, mi frustración marxista es una frustración de pertenencia a un mundo en el cual parecía haber un lugar para mi.

red-peso

Lo difícil no es perder a tu audiencia sino volver

Meses sin escribir, sufriendo, deprimido. Ahora en crisis, tremendo. ¿Olvido tan pronto lo que me alimenta? No puedo vivir sin escribir, no por eso seré escritor. Y pienso en los textos que emergen de mis adentros, ahora con una trayectoria mucho más lúcida, no por eso más madura. No importa el hecho del reconocimiento social, aunque en ocasiones es importante socializar los hechos. Al final de cuentas aquí estoy, y el mundo, allá, yo distante, él en crisis.

Vuelvo con un torrente torpe, torcido, de mi ser y estar en el mundo, de mi participar, de mi contender por un puesto en la pelea de la vida. Muero hoy también, vivo, lloro, me revuelco, pierdo, no sé, es un espasmo el recuerdo de mi formación.

En noviembre recogí un certificado mío de cuando estudié antropología y no pude evitar recordar lo que me hizo dejar de estudiarla. Y como ahora pretender meter mis papeles a un reconocido doctorado no pude sino sentir el peso de los años. Es una doble cuchilla la que vivo: la de ser un simple licenciado, sin puesto ni plaza ni sueldo, la de ser un joven creativo fuera de las circuitos oficiales. Tienes talento me dicen. ¿De qué sirve tener este blog? Dudo mucho que no sea más que una forma catártica de obsoletas proporciones. No es que m perezca increíble que haya jóvenes talentos multipremiados, multiaclamados, multicitados y traducidos. Yo no figuro, no soy, no estoy, no pertenezco. ¿Lo he intentado?

Y como este escupitajo gramático me impone la ardua precisión de establecer una pauta, ¿tengo futuro? No es un desaliento, no es una situación revolvente, no es sólo la posibilidad del fracaso. Es todo eso y lo que resta de mi existencia. Quizá debería abandonar las letras, no sirvo para expresar la belleza, los sentimientos, la pesadumbre, el amor, el odio, la muerte, la divinidad, para sentir tampoco sirvo metido en dinámicas sociopatas absolutas. Soy un fumador y como tal, una clase en peligro de extinción que se mata a sí misma. Perdí, pierdo el fondo, la superficie y el tacto. Todos moriremos, ¿todos seremos alguien en el mundo? Es también ser el entrometido de la historia. Si hubiera dedicado mi juventud a las artes marciales quizá hubiera sido distinto. Pero ya no sé cómo traducir el mundo, ni mis sensaciones. Absorto estoy, pero vuelvo aquí. Perdonen el vómito.

 

egopaticamente

Muletilla de un desfalco psíquico espasmódico

Entonces la reiteración

fabrica torpezas

del corazón corteza

ramificación espiritual,

falange de mutismo, tronco

mitad del encierro mental.

Ruinas ideológicas como arquetipos,

dentada imagen, ser estancia

del estar: existencia

tumefacta cicatriz de una libreria de viejo.

Respaldo el arco preciso

de hojas y cartografías. Languidez

escueta, memoria turbia,

alquitranado saco de mentiras.

Muletilla

si redundancia

pleonasmo galopante

versificador del tiento,

mudo, ese que marcha

con el sombrero gris

a la tumba de las editoriales.

muletilla-psiquico-espasmodica

Archivar los espejos

Todo dice —nombre,forma—

contiendas del ser. Ego

roto el inmenso mapa

del desencanto, furia, si vocal,

torrente si imagen, río descolgado

en las persianas de madera, de humo

afluente. Sobre la silla, vieja de relatos,

inmensas cúspides reducen a un soplo

la narrativa de la suciedad —ropa en desorden—.

Cuando cae el silencio, como estrella fugas en la noche,

cae en la brisa del estar

la molienda de lenguajes extraviados y muertos.

Así por doquiera los reflejos inducen a creer en otras

pantallas, como itinerario improvisado

en el viaje polvoso de las páginas de la existencia.

archivar-espejos

 

Diagnóstico

Severa crisis
del ser nombre vacuo,
figurín de polvo
es tu silencio,
una hondura
cubierta de flamas
viles por inocencias rotas.
Consumada la diáspora
del lenguaje, mutación
invertebrada del universo,
severa crisis cristalizas
el ánimo de vomitar injurias.
Perdona vida, realidad perdona,
el sino estéril de esta vocal,
torpeza cierta, si calambre del corazón
también resquemor de fracasos,
saco despabilado de mutismo.
Severa crisis
columpio al éter sombrío
la lengua ancha de tu adherir
los días al remanso turbio
de las palabras, mitades de silencio
este capital desierto,
de la calle las luces ensordecen el instante.

 

diagnostico

La indisociable palidez nacional: de antropólogos y escritores mexicanos en la pugna por la cultura

Me remito a mis divagaciones en torno al problema de la cultura en México, desde mi horizonte de historiador, que ha transitado por la indigencia académica, con estudios truncos de antropología y bonfil-batalla-guillermo-antropologo-mexicanoliteratura. Parecería simple atribuir a dos vertientes ideológicas e históricas la querella cultural que Guillermo Bonfil Batalla estableciera con claridad. Me refiero, ya en mi ahora desfasado y anacrónico presente, a las versiones antagónicas, culturales, políticas e históricas, de la vertiente norteamericana y la vertiente española, como formulaciones y conjuntos eidéticos que sembraron posturas antagónicas en la intelectualidad mexicana del siglo XX. Y si la modernidad nos remite a los proyectos nacionales, en su diversidad y unidad, también nos remite a la Historia y la absorción, mayor o menor, de las fuentes culturales que definen la identidad mexicana.

Si hasta aquí mi balbuceo no puede ser documentado más que por premisas dudosas, no deberemos caer en el absurdo argumentativo ni dejar de considerar la pugna cultural e ideológica que define el proyecto de la cultura moderna en México, es decir, el problema indígena (no del indio de bronce sino del vivo) y el proceso de modernización y occidentalización instaurado en México (dependiente a las metrópolis desarrolladas del orbe euroamericano). Si el indio vivo representó los esfuerzos por moctezuma_ii_emperador_mexicaasimilarlo a la sociedad mexicana, la España muerta, especialmente de los siglos de Oro, representó el auge del hispanismo, en esa querella histórica que viene desde los criollos novohispanos, donde la oposición entre Moctezuma y Cortés no hace más que referir al nudo socio afectivo, al trauma cultural de la conquista, a la dualidad crujiente y definitoria del sino identitario en México. Si el indio muerto fue enaltecido, generando toda una tradición historiográfica que viene desde el siglo XVI y que con Clavijero y Boturini alcanza un apogeo singular, la España saqueadora, el pasado colonial, el influjo etnocentrista de la dominación lingüística española, la lectura de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Calderón, y demás miembros del conjunto letrado del auge literario áureo español, fungieron como argamasa constructiva de un modelo de pensamiento, de actitud hacia España y de renovación que polarizó las formas de pensamiento. Si la antropología mexicana se funda en la escuela norteamericana la literatura mexicana es indisociable de los siglos de oro. En medio queda el indio vivo, las comunidades desplazadas, rebeldes, insolutas en su precariedad dentro del abigarrado e inútil proceso de modernización de los hombres de razón.

220px-manuel_gamioDesde esta perspectiva, la cultura ofrece, en ese siglo XX mexicano, sus dos vertientes pragmática e ideológicamente antagónicas: la versión de la escuela boasiana de relativismo histórico, de donde se dijo mucho tiempo que Manuel Gamio bebió, y la tradición cultural hispánica, revitalizada en términos estrictos por personalidades de la intelectualidad como Alfonso Reyes o Pedro Henríquez Ureña y José Vasconcelos. Si la antropología mexicana intentó la doble tarea, práctica y teórica, de incorporar al indígena al mundo social mexicano, la literatura mexicana se ancló como proclive al enaltecimiento de los hispano, negando, además, la precariedad histórica de la realidad española. De acuerdo, todo esto son suposiciones, lo afirmo. No sólo en la dimensión cultural o política es posible distinguir este abismo de sentido y significados divergentes entre lo español y lo norteamericano, entre la negación del presente histórico de España, en su desmembramiento y largo proceso de desconstitución imperial, y la negación del indio vivo, de su particularidad y articulación jose_vasconcelos_escritor_mexicanopedro-henriquez-urenaalfonso_reyes_escritor_mexicanoimposible en el asidero de la arena mexicana. No es extraño, en este balbuceo mío, que tanto la negación de la España perdedora como la negación del indio vivo en México, sean ambos dos modelos negativos insertos en la modernidad nacional mexicana. Si los escritores, como Octavio Paz por ejemplo, mantuvieron en sus cúpulas en vínculo certero con la tradición española, los científicos sociales, antropólogos e historiadores, se fincaron en un marxismo recalcitrante y absorbieron el compromiso de darle un sitio, aunque ellos hubieran querido que fuera el mejor sitio posible, a los grupos étnicos mexicanos.

paz_octavio_escritor_mexicanoY la labor, la tarea, fue siempre dual, en cuanto que segmentación de las élites intelectuales, entre las formadas en los united states, y las abanderadas de la tradición hispánica. Y no es gratis que esta dualidad poco evidente, se mantenga en nuestros días, como una compaginación obtusa y ansiosa de las incógnitas culturales mexicanas, puesto que en ambos casos la concreción del proyecto indigenista y del proyecto hispanista mexicanos, se vieron fortalecidos por el comportamiento esquizoide de la política presidencialista priísta del siglo XX, que negociaba con las mafias intelectuales, con los mafiosos de la cultura, el pensamiento y las instituciones, los acuerdos y políticas públicas según sus conveniencias. Y si nos remitimos a lo más tangible de esta querella, sólo deberíamos colocar en una mesa de discusión a un antropólogo de la Escuela Nacional de Antropología con un alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, preguntándoles por su interpretación, académica y disciplinar, sobre España y sobre lo indígena en México.

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Lago desecado el tiempo

Insalubre estar

dentro de la marcha

que ajetrea cuerpos y labios.

Porque una voz engulle,

sigilosa, el tiento moralista

de la época bárbara: quietud

designar estrelladas maniobras

como si del firmamento

soplos luminosos nos encandilaran.

Pregunta si el tiempo es corto

o nos corta a destiempo, el tiempo

firma y autogafía demencial

en el castillo de los naipes volátiles.

Nos esparce al escondite

esa figuración de tedio laqueado

de memoria y en su pátina

de recuerdos caemos

mitad silencio y estructura

de la sangre raza que nos doblega

a la historia insípida de todas las eternidades.

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Mis teorías de hace 8 años

Principios de una filosofía desobjetivante material

 

Lo humano es imposible de trascender humanamente, simplemente se retraduce en hechos humanos.

 

Sí algo es dado por hecho, todo debe ser dado por hecho, así que sí nada es dado por hecho algo es dado por hecho.

 

Por lo tanto sí nada es dado por hecho, todo es dado por hecho.

 

Si nada es dado por hecho y todo es dado por hecho, algo más es no dado por hecho, ya que todo y nada son dados por hecho pero son sólo algos, y no los algos absolutos ni ningunos algos, por lo que el resto de los algos no dados por hecho son o desconocidos, o evadidos, o inexistentes, o inexperienciables.

 

La experiencia está limitada por la realidad terráquea mientras que la tascendencia de lo humano se encuentra en la posibilidad negativa de abarcar ahumanamente[1] la realidad metaterráquea.

 

El principio de trascendencia de lo humano parte de una negatividad trascendental, en tanto lo humanamente posible es únicamente humanamente explicable más no experimentable.

 

Toda teoría es intrascendente en tanto se reduce a una explicación humana de lo humanamente extensivo al humano.

 

El motor de lo humano es la extinción y la ignorancia de su origen y consecuencias.

 

Lo humanamente experimentado y lo humanamente experimentable se reduce a lo humanamente desconocido.

 

Lo actual no existe sino como una representación abstracta de un momento histórico determinado

 

Lo inaccesible engendra el motor de la dominación

 

La dominación es el principio de la cultura

 

La naturaleza humana puede regirse por:

 

La dominación de lo inaccesible (búsqueda indeterminada)

La enajenación sexual de los géneros (búsqueda determinada)

La desenajenación mutacional (búsqueda consciente)

La dominación de lo accesible (búsqueda inconsciente)

 

Todo aquel humano que no quiera morir en este mundo es inconsciente.

 

La realidad meta-terráquea es impracticable, inexperienciable, al ser humano.

Sólo la realidad terráquea permite al ser humano acceder minimamente a la realiadad meta-terraqueá.

Todo conocimiento humano esta sustentado por los hechos experienciables, incluso los hechos metafísicos coercitivos, restrictivos y delimitadores de la experiencia humana.

La dominación es la capacidad de ejercer a lo experienciable el cúmulo de la experiencia humana, ya sea desplegándola, conteniéndola o ignorándola.

La experienciabilidad

Lo inexperienciable

Lo experiencable

Lo ainexperienciable

 

 

Co-presencia

Co-ausencia

Co-referencia

 

Multisofía monosófica

Unisofía polisófica

Hypersofía semiosófica acumulada

La historia puede reducirse a signos redundantes del quehacer humano a partir de la incomprensión de lo humano, de la experienciabilidad humana.

En principio se incomprendía lo externo al humano y lo humano mismo

Se llegó a domesticar lo externo y lo interno del humano

Se desarrollaron sistemas comprensibles de lo externo a lo humano y de lo humano

Se polemizó sobre la relación entre lo humano y lo externo

No existe lo externo a lo humano en tanto que lo humano y las formas de vida diversas, se circunscriben a la especificidad de un contexto (terráqueo).

La pluralidad cultural se reduce a la diversidad biohistórica, mientras que la pluralidad de lo vivo y existido se reduce a la unicidad del contexto terráqueo. La pluralidad existe en tanto motor de autorregulación del proceso de extinción, pero no como realidad última, justificable en la experiencibilidad, ya que la experienciabilidad no es la facultad de experimentar o adquirir experiencia, sino aquello que resulta inasequible para el humano por carecer de su experiencia y de su experimentación.
La antroposofía de la ciencia

La antroposofía de la cultura

La antroposofía de lo experiencible

 

 

Unizoofía del conocimiento

Unizoofía de la sociedad

Unizoofía del tiempo

 

Unizoofía: unizoofico unizooficísmo, unizooficidad, unizooficamente, unizooficable.

 

Unizoofía: sistemas cognitivos derivados de la experiencia única y unívoca de la especie humana.

 

Polizoofía: aprehensión indeducible, experienciable, común a todas las especies animales vivientes.

Sentirse subyugado a las imposiciones morales de una época y martirizarse con ese sentir es corroborar las formas coercitivas de las instituciones.

 

Toda institución supera al individuo más aún si este no participa conscientemente de ella y lo hace de forma enajenada. Por lo tanto el individuo no existe sino en comunidad, en la posibilidad de la construcción recíproca del otro por el otro, con el otro, en el otro y para el otro, donde la conciencia en tanto constructo cognitivo permite el desdoblamiento pluridireccional de las capacidades inherentes a la cultura y a la composición antropofísica.

 

Musicofilología del siglo XX

 

E.D. B.C.II

 

Hace cerca de 44 generaciones atrás, los avances tecnológicos, el desenvolvimiento de las técnicas agrícolas y productivas, así como las revelaciones secretas de algunas sectas religiosas que derivaron de las antiguos grupos conocedores del único vestigio de conocimiento ancestral, tuvieron una reunión para celebrar nuevamente el gran tratado que habría de reestablecer la alianza del sol.

Sin haber olvidado que algunos habían descendido del cielo y que otros hubieron salido del agua, jamás se olvidaron de que los caminantes de la faz de la tierra habrían y han de hermanarse mientras la vida perdure.

Se celebraron intercambios amorosos en memoria de la sangre derramada, de las cenizas ofrendadas y de los intercambios seminales entre hermanos y hermanas.

Se entregaron ofrendas a los dioses en los altares que venían siendo reconstruidos con la laboriosa voluntad de un pequeño grupo de guerreros protectores de la luz, la amistad y el bien. Olvidamos todas las heridas, lágrimas y despechos para mantener comunicación con nuestros ancestros siguiendo el ritmico latido de nuestro esperanzado corazón, a pesar de que fuimos despreciados hace tanto y de tan fuerte manera, a pesar de que nadie hubo confiado en nosotros jamás, a pesar de que supimos que tendríamos que mantenernos en pie de batalla por el resto de nuestras generaciones.

Conseguimos preservar al fuego como herramienta, a la tierra como alimentadora y al cielo como recuerdo luminoso de aquel día.

Actualmente nuestras tradiciones heredadas son poner aretes a las muchachas infantes y dejarles su cabellera larga sin cortarles su virginidad antes de una nupsia sagrada. Además valoramos el uso de plantas medicinales, conocimiento mineralógico, así como el respeto a la muerte silenciosa y no violenta de todos y cada uno de los seres vivientes y por vivir.

Nos protegemos con cánticos emergentes y recordados del brillo azul de la llamarada de fuego, comemos frutos sagrados como Manzanas, Tunas y en ocasiones carne roja pero escasamente de cochino. AL tener sed tomamos agua, al tener apetito comemos, al sentir angustia fumamos o meditamos. No nos gustan demasiado los excesos pero les conocemos bien.

Nazadarayama fue recordada un día que fue de noche en el que hubo un choque intergalactico inusual. Ahora lo único que pedimos es un olvido silencioso, cadente y tonal.

Estudios genealógicos revelaron la presencia de un antiguo codice ubicado en algún museo Inglés, de una celebración especialmente enriquecida por haberse celebrado en una fecha coincidente con un 29 aniversario. Sentimos la necesidad de llevar a cabo una ceremonia para entonar una nueva canción y para conocer el resto de esta investigación, celebrada y desarrollada desde la primavera del año 2002 después de CRISTO.

Se trata de un decubrimiento vandálico-chamaníco sobre el tránsito de un ciclo vital a otro. No nos hacemos responsables de los detalles historiograficos, antropoñlogicos ni psiquicos que puedan derivarse del fruto de nuestro trabajo.

La relación existente entre cuerpo, mente y voluntad fue comprobada gratificantemente y se busca desarrollar una fórmula etnopoética de llevarla a cabo. Esto quiere decir que mediante el conocimiento proporcionado por los avances etnográficos y de la ciencia etnohistórico, en combinación con las reflexiones poéticas del círculo de PRAGA y las notas del curso de Lingüística General de F. Saussure, se ha detectado una forma de conocimiento desprendida de un proceso de inversión factual del materialismo histórico que C. Marx hubo planteado hacía mediados del Siglo XIX, tomando como referencia valiosa los aportes en el campo de la biología y las ciencias naturales, con la sabida discusión, surgida en las universidades alemanas, sobre las ciencias naturales y las del espíritu.

Bajo un planteamiento estructural, más no por ello estructuralista, nos apoyamos en una enfática continuación de la reproducción amorosa, de la investigación cientifica con fines pacíficos y de la creación de nuevos y maravillosos juguetes para las nuevas generaciones. Hemos vislumbrado la creación de una laboratorio con fines de apoyo para nuestra investigación que esta por concluir en este invierno.

Provengo de una familia de medicos, ingenieros y matemáticos, por una parte, y por la otra de educadores e historiadores, que me han instruido y ensañado todas su artes y de3 las cuales yo sólo cuento con un poco de conocimiento.

Pido de la manera más formal y distinguida materiales para la construcción de lo se ha constituido en mi interior, de las ideas que he hallado así como de los artefactos y juguetes que hasta ahora no se han visto sino en la imaginación.

Por ello requiero de acompañantes, de amigos y camaradas para la realización única y exclusiva de todo aquello que mis ojos han visto y no presenciado, de lo que mis manos han alcanzado y no han tocado, de lo que mis pies han andado y no caminado, de lo que mi boca, mi oido y mi alma ha sufrido pero no por ello lastimado nunca, así como de una inmensa dosis vital de plantas medicinales puesto que las inveciones quimicas que han sido descubiertas hasta ahora pueden cuasar males dañiños para la salud y al parecer irreversibles para el buen funcionamiento del cuerpo. El uso moderado, controlado y bajo conocimientos ancestrales de las plantas denominadas como drogas y las campañas en su contra son sólo una invención ética que debe ser conducida con una mejor y más precavida forma discursiva.

No estamos de acuerdo con las políticas inherentes al proceso de tecnocratización unilateral ni con las demandas económicolaborales actuales porque consideramos preciso y pertinente poner de relieve que la barbarie pornográfica, la adulteración de los recursos naturales y el procesamiento alimenticio pueden generar compañias de alto grado monetario a expensas de la salud de todos nosotros. Creemos que la solidaridad entre todos puede coadyuvar a la realización de tan hermoso y grandiosa empresa que cuenta ya con un acervo bibliotecario, con algunos aparatos inventados, también con residencias para la instrucción, además de una trayectoria especialmente importante de sanadores, siendo esta última la más desconocida de todas.

El capitalismo tecnocrático nos ha dejado una ola de terror, miseria y dolor de la que todos somos testigos y por la que ahora luchamos para poblar este mundo, y ningún otro, de nuevas discursos, de nuevas invenciones, y por si fuera poco, de nuevos miembros vitalicios que se han de encargar de preservar nuestros logros, pero no de repetir nuestras hazañas. Estamos en rotundo combate contra las antiguas y pasadas formas de descomposición socioestructural, contra las intentonas pseudoreligiosas y contra el desarrollo de fármacos descompensatorios de la estabilidad entera de todos y cada uno de los organismos vivientes, incluyéndonos.

paseo

 

 

[1] DESANTROPOCÉNTRICAMENTE

Dislocación del espíritu creador

No basta con implementar dispositivos creativos y de difusión expresiva, no basta con tener buena ortografía, o mala, no basta si quiera con acumular lecturas o miradas atentas a la tradición pictórica. Precisa, para el espíritu creador, actualmente una compleja red de habilidades, técnicas y métodos, que permitan la expansión del mensaje y del contenido. La dualidad forma-contenido, abigarrada en el saturado ambiente de expresiones contemporáneas, no remite más a las posibilidades de crear una jugada discursiva novedosa, sino remite a la morbosidad instantánea de los hechos y las formas de comunicación. water1

El problema histórico entre tradición y novedad, sucumbe ahora en la multidimensionalidad de los pastiches. La pureza del arte o de las expresiones estéticas, en su dimensión viral, responden al amarillismo cultural, a la tendenciosidad precaria de una moda y su efímero récord de visitas. Está demás pensar y decir con notoriedad las cosas, porque vivimos, aquí en internet, un universo de múltiples formas discursivas, que avasallan el criterio propio, siempre en construcción, al acto de seguir ofrendase desconocidas. Y la construcción de un criterio, personal, se moviliza siempre en todas direcciones, porque en el ácido momento de la renuncia a la verosimilitud moderna, naufragamos en una hostilidad pasajera, un el acto voyeurista, en el esparcimiento fútil, en la campechana de medios, recursos y figuras estereotipadas.

Al encasillar la creatividad en una nulidad comunicativa, como aquí parece en ocasiones mostrarse,water3 no dista nada del aislamiento mental y del despilfarro anti-ideológico que podría muy bien caber en una escritura vacía y tenue, abismalmente diluida en la poltrona del desempleo y la constricción personificada de una esfericidad terca: el recorrido que va de la inventio y la imago a la retórica insalubre y corrosiva, desquiciante y mordaz en su lucha intestina por mostrarse auténtica y original.

Si crear no puede otra cosa más que referencia a las grandes obras y los grandes autores en nuestros días, crear es una abominación constante que rompe para mí debe romper el cerco del automatismo y mostrarse teatralmente, líricamente, pictóricamente, a partir no ya de un canon o un conocimiento preciso del pasado histórico-estético (no solamente), sino que debe nutrir una exploración personal y colectiva que permita oscilar del nihilismo al totalitarismo estético, en aras de fomentar una water2actualidad fenomenológicamente imposibilitada de renuncias.

Al final todo se trata, para mi, de hacer un sitio en el universo tergiversado del lenguaje multiplicado en parcelas y aromáticas tendencias pasajeras. Se trata de embalsamar mi lengua y mis nulos conocimientos teóricos y filosóficos, no sólo como muestra y exposición raquítica del ser no instruido absolutamente, sino como mecanismo factual de exteriorización provisional de una pathos intrincado y fugaz, como el resto de los eventos, que indaga y provoca, desde circunstancias locales, un efecto reflejante creativo, creador, sustancialmente entrometido en la distorsión de los lenguajes, como una falsa episteme estética, no inmersa en la realización y performatividad del inabarcable presente.

Retazos en la pantalla

rombo1Deberíamos dejar las intuiciones postmodernas a los filósofos y mantenernos erguidos, orgullosos, de nuestra eventualidad disruptiva. Acaso pensemos que las conquistas tenológicas y culturales sean una especie de reminiscencia futurista, pero no, es mucho menos que una osadía racional y un terco remilgo intelectualista. No es posible decidir acerca de los eventos creativos o de las situaciones creativas ni siquiera indagar en la creatividad sin un ápice de cordura pero también de genio. En cambio debería olvidarme que hace poco leía a Benedetto Croce y que no por nada la modernidad, caduca y rancia, es una dialéctica dicotómica improcedente. mancha1

Si las luchas estéticas, si el arte por el arte, si las posibilidades enunciativas proliferan ¿no estamos entonces en el laberinto de la lengua, en el torcido trance, también, de la efectualidad perecedera del nombre? Sin embargo, más allá de una filosofía del lenguaje o de una esteroetipida fórmula verbal, el efecto de los lugares comunes, de los hechos históricos, de las posibilidades argumentativas, que convergen en la dimensión tradicional, han sido rotos por el proliferante pastiche. No es, tampoco, la balada de los Beatles o si quiera algún libro de los autores del momento, ni siquiera, por consiguiente, es una metafísica blandengue y locuaz, donde pudiéramos solazarnos de un aprendizaje útil y pragmático. En cambio, las infinitas torceduras, visuales y verbales, impelen a conducirnos al horizonte del anything goes pero sin considerar su relatividad epistemológica. No obstante la configuración improvisada de este panfleto autoensayístico, los denominadores comunes, instancias del acto comunicativo, no pueden orillarnos más que al distanciamiento del logos y a la especificad del areté, pero sin considerar los elementos eidéticos posibles en su parcialidad histórico cultural.

bola1Si acaso la revisión de algún autor, obra o principio creativo nos induzca a ser mejores o más prolíficos creadores, eso no es motivo suficiente para la autodenominación profesional de oficio creativo cualquiera. Pero para cerrar este disímbolo efecto lingüístico preciso reconocer que en la prolijidad del lenguaje y sus diásporas emotivas, la dimensión de mi pensamiento esparce retículas de esterilidad.

¿Arte, muerte o revolución sin devolución?

No inquiero ni supongo el hechizo momento que proseguirá mi intento fallido. Es más, ni siquiera comprendo o asumo una teleología estética y, por tanto, carezco de definición lógica, semántica y conceptual, propia de un ensayo que pueda proporcionar una referencia válida de sentido. Pero si el arte es un instrumento de transformación, o de negación, de la realidad, deberíamos asumir que la proliferación discursiva estetizada no es un asidero seguro cuando de revolucionar el presente se trata. Si desde mi postura, snob, anquilosada y raquítica, no me es dable observar el péndulo transgeneracional del simbolismo actual, más allá de las dimensiones tangenciales de mi pensamiento hay una posibilidad realista de asociar el producir estético con la nutritiva sabia del ser. En esa medida el arte no es ya más que la imitación de lo imitado, es también un refrito renegrido de la polución masiva global. Los recursos no faltan ni las tendencias son absorbidas, pero navegamos en el extravío cotidiano que brota en sus caretas estéticas, en las axiomáticas figuras del discurso transmutado en expresividad comunicativa, carencia misma del estercolero de la aldea global. Desde la productividad fecálica del arte, las aristas posibles de la estratatificación jerárquica del pensamiento deniegan autoridad a la doxa, ámbito que también el arte, y sus técnicas y métodos, ha visto llegar a los extremos del maniqueísmo somnífero y trasnochado de un siglo XXI mutilante, heterofágico, glotón y supurante de basura legitimada institucionalmente como “creación”, “arte”, “literatura”, “teatro”, etcétera.

aficheninguno1

Alma de closet

Renombrar espacios,

engendros y torceduras

es manosear memorias,

siempre brotando

la cloaca de los recuerdos.

Un almacén de amigos desechables

escupe siniestros vocablos.

Todo era la loma pelada

del desconsuelo y subimos

al aposento donde aguardó

el aroma sangriento del olvido.

figuración1

Este automatismo escritural

Dejaré para otro momento la importancia congruente, la coherencia y el sentido. Ahora sólo escupiré industrialismomis ideas, como intenciones rotas, esquirlas de un pensamiento anquilosado, perezoso, latente y putrefacto. Es mucha la distancia que remueve los escombros mismos del alma, la porción justa que indaga retóricas y funcionamientos perdidos en el extravío del nombrar. Todo lenguaje invoca una residual instancia que revoca los infantiles galopes del ser. Tejo entonces una elucubración factual que renuncia en su esbelto transitar al maremoto del significado, emblema siempre de un acto referencial que no remite siempre a una ontología de la palabra. Pero también es una espumosa y traslúcida memoria la que arremete contra los vericuetos propios del ego y sucumbe al instinto mutilado de una metafísica rota y quebradiza.

Una vez pretendí ser una especie de mago con el bastón de la lengua y entonces noté que transmutar los efectos sonoros del pensamiento a las denominaciones alfabéticas es mucho más que simplemente redundar en la búsqueda de un estilo. La propiedad no implica necesariamente apropiación pero en el decibelaje del ser y las rendijas mismas del existir, la orilla siempre oscura de la innovación reclama un sitio perecedero para poder conquistar los espasmos ajenos. Tonalidades industrialismo2del discurso como muchedumbres hambrientas navegaron las aristas de una filosofía caduca y obstinada, hecha de mitades, consanguínea del florecer ignoto del silencio y la barbarie. Porque en el fondo mismo de este escrito, disforme y bestial, la emblemática ruptura con el paradigma de la claridad es mucho menos que una pieza museográfica enlatada en el sin fin de las posibilidades argumentativas, porque existe, en mi tautología, una especie de afición al mentalismo. Orillado al nombrar los abismos etéreos del sin sentido, escupir entonces no se traduce más que en un automatismo reduccionista, falaz, intencionalmente desvencijado, como extravío de página de libro a mitad de una investigación. Por consiguiente no reitero más que lo enunciado, energúmena señal de la elucubración distante del pensamiento contumaz, raquítica como un famélico que pide limosna.

 

Por el desquicio de la luz, negación de la visualidad

face2Debería arremeter mis ideas, mis pensamientos, mis palabras, con un flujo de autores que me pudieran dar orientación a estas intentonas disformes que elaboro desde mi automatismo mecanográfico. Disculpen si los hago perder el tiempo con este, mi ideario sin agenda. Hace 16 años pude muy bien ser acreedor de un embalsamamiento ideológico, pero en contra posición a mis devenires intelectuales, mis orientaciones y preferencias no involucran nítidamente un gramo de cordura. Y aquí, en este intervalo semi racional, escondo mi filosofía y promulgo una esperpéntica mirada a la globalidad y sus digitalismos. La predominancia de los efectos visuales en todas las esferas de la vida no han hecho sino reducir y segmentar las preferencias y orientaciones de la oferta cultural. Es decir que hace 100 años uno se maravillaba con el cine y hoy el cine es una referencia común de nuestros tiempos. El salto mediático que la imagen como emblema de nuestros días permite, no debe hacernos sospechar lo que es el analfabetismo funcional y las derivaciones propias de la pérdida del aprendizaje lecto-escrito. Más allá de una indagación sobre las dimensiones reales de las posibilidades educativas, el océano de luz en el que habitamos los nativos del siglo XXI no puede disociarse de la proliferación visualista de las estructuras mentales, conductuales, comunicativas y face4culturales.

¿Qué no es vivir pegado a la tecnología una forma de dependencia luminosa? ¿No nos frustra, como especie, no poder elaborar un proceso fotosintético y a cambio de eso nuestros impulsos culturales nos han orillado a vivir pegados de entes luminosos? ¿No es nuestro trauma histórico del pecado original el que nos ha recubierto el tejido exoepitelial tecnológico luminoso para hacernos creer que enteramente podemos crear y modificar a partir de elementos enajenantes? Si un litigio en pro de la tecnología nos permitiera aducir que estamos en un universo abierto y ancho al sin número de posibilidades propias de una saturación global expresiva, también podríamos muy bien creer que en el universo cerrado de la actividad humana vivimos actualmente los tiempos más conservadores que jamás hayan existido. Y en el vaivén de la innovación y la tradición, los sujetos comunes y corrientes nos face1inducimos a un cierto compañerismo que permita señalar algunos rumbos. No es más que la explosión masiva y tecnócrata del acto comunicativo, que devela, además, la tendenciosidad visual: toda imagen es objeto de distribución, sin importar su contenido, todo objeto visual llega, penetra, incide en el grueso de la población. ¿Nos importa tener una cultura visual? Más allá de una educación estética o cinematográfica, nuestro cosmos cultural nos ha orillado a la ceguera alfabética y una inclemente pérdida de los sentidos, sobre todo del común.

Si vivimos absortos en la luz (día, computadora, televisión, cinema, fotografía, vídeo) de este aglomerado visual no podemos desligar una fácil y pronta tendencia al deterioro alfabético, más que sonoro. Porque la cultura visual nos induce a creer que atrapamos algo, que cachamos algún sentido, aunque quizá mutilamos nuestras facultades alfabéticas por la accesibilidad de la imagen. Con el face3sonido pasan otros fenómenos, pero que se asocian en ocasiones con el discurso audiovisual.

Si esto es mucho o es poco, si esto es claro o es obscuro, si esto pretende ser algo más que un epitafio ensayado de mis pensamientos, quizá simplemente me falta acercarme al método sociológico y etnográfico de una digitalidad global que nos engulle y desmiente a cada momento.

 

Cautiverio creativo, explicación de un hábito de distorsión

fire in the studio1La creatividad representa un ensamble de múltiples factores que desenvuelven técnicas, hábitos, conductas, estructuras y emociones. Cuando me refiero al acto de crear no me refiere exclusivamente a un comportamiento surgido ex nihilo sino que, convencido de la consciencia creadora, remite a una formulación de instancias comunicativas, expresivas y factuales, que intentan en sí mismas una transformación. Dicha transformación puede ser momentánea, puede ser de larga duración, puede ser simple o compleja. En todo caso el hecho de la transformación de las dimensiones reales a través de la creación representa un tópico bastante común en el devenir cultural occidental.

En la medida en la que crear es un acto de transformación, constructivo o destructivo, transformar a través del arte, de la literatura, del pensamiento, no es enteramente un acto límpido o que trasluce los límites y contornos de la experiencia. Si la comunicación es por excelencia el fin último de lo creado, los referentes de la creación no necesariamente remiten a una condición tradicional o innovadora, sino que ostentan un carácter ontológico propio, en ocasiones intertextual, en otras completamente transfigurado o también transgeneracional.

Es en esa capacidad articuladora comunicativa y expresiva que la creatividad ostenta una paradigmafire in the studio2 propio, derivado de sus accidentes y sus intenciones, de sus quehaceres y de sus modos estructurales que, desde la ambigua secreción de especificidades, remiten a una renovación interpretativa. Lo concerniente entonces al acto creativo, más allá de una filosofía de la creación, puede establecerse a partir de la remisión a un acto de distorsión, a una elaboración que transmuta esencias, formas y lenguajes, para proporcionar una experiencia no dicha, no nombrada, no referencial, donde las subjetividades auscultan, gradualmente, sistemas explicativos y sensibles.

fire in the studioPor consiguiente, la dimensión intuitiva del acto creativo no deriva de un purismo esencialista o de un conocimiento en bruto de sistemas estructurales. Más bien es una complicada ejecución de traducción múltiple, que vincula canales afectivos a través de la comunicación y que representa esquemas simbólicos derivados de tendencias individuales o socialmente compartidas, que en el sentido estricto del término canon son estaciones y paradas dentro de los mecanismos tradicionales de los sistemas expresivos. La realización entonces es el principio de la creatividad, planificada o no, que descuella por sus valores y aportes a los códigos que interpretan o valoran realidades a través de diversos mecanismos.

Los arrecifes

boquita2

Licuar la idea

espuma

soledad incierta

certeza.

Arribo al corazón

anterioridad insomne,

pócima de alientos, vida.

Escultura del rompimiento,

ansia y partícula de dolor,

vestigio voraz,

la marcho de los arrecifes.

 

 

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Recado y poema

Me enfrasco en la indefinición, constante de mi presente, como si en mi horizonte de vida no hubiera una salida cierta, un cierto camino alfombrado de incertidumbre. Reflexiono y averiguo en mis adentros, las piezas posibles de una realidad construida, pero decae mi tesón contra el viento de la espera y los protocolos. Estoy claro que puedo cumplir metas después de proponerme objetivos, simplemente hoy no sé qué proponerme en la vida cotidiana. Por ello recurro a este refugio digital, porque en el fondo de mis intentonas creativas no hay más que un trazo que busca dialogar con el mundo.

 

Pieza de una recámara

Escena decantada

en el proyecto instantáneo,

fugitivo ensamble, como de

silencio partida la cima del hoy.

Ninguna flor adormece los atardeceres,

ningún refugio para el crimen del pensamiento,

lóbrego y salino, como océano. Mina la vida,

respirar los asideros del contacto,

contactar la seña del símbolo cierto,

asidua tranza del nombre y el lenguaje,

pocilga inerme el alquitrán de la existencia.

Flota la luz en el humo y surco los sonidos

que afloran siempre con el café matutino.

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Filosofía del lenguaje 4 Algo de Habermas

Habermas y la filosofía del lenguaje.

Rómulo Pardo U.

Julio 2006.

 

El quehacer humano es versátil. Parte de sus necesidades biológicas para buscar la manera de superar los obstáculos de la naturaleza. Tal es una fuente motora de impulsos que le conducen por los caminos de la apropiación de su entorno inmediato, de sus riesgosas aventuras entre la vida y la muerte. Sin embargo, una vez cubiertas dichas necesidades el humano se pregunta por la trascendencia de su marcha, por sus acciones, por la vida, por la muerte, por la extrañeza que le produce la vinculación con el cosmos. Se ha visto con Villoro en su artículo “Motivos y justificación de la actitud filosófica” que la filosofía es esa actitud de extrañamiento ante la naturaleza dada, ante lo acostumbrado y las formas preestablecidas históricamente por los mecanismos sociales, productivos, simbólicos y materiales. La modificación de la naturaleza mediante el trabajo que en términos de Marx brinda libertad y conciencia es una visión clara y sintética de este fenómeno. Aunque como dice el dicho, no sólo de pan vive el hombre. Se ha visto que en tanto formas motoras del quehacer humano, las tradiciones y costumbres, las figuras rituales del diario vivir, se van diluyendo en la dinámica monótona. ¿Qué es lo que distingue entonces al ser humano de otras especies? De regreso a Villoro se habla en primer lugar de la capacidad de extrañamiento del mundo habitual, rutinario, constante. Ahí donde surge esa extrañeza es donde esta la clave de la actitud filosófica, entrañada por la certidumbre de la duda y su capacidad renovadora. El mundo humano constituido por cosas, por significados, envueltos en opiniones, cubren y disfrazan la realidad verdadera opacando la visibilidad. Por lo tanto “… al reino de la opinión, oponemos la claridad racional de la evidencia”(Villoro.1962:79) nos dice Villoro, con el afán de promover esa visión crítica que ha de dar validez y vigencia a la búsqueda de la verdad a través de la razón.

Así un primer rasgo distintivo de la especie es esa facultad de extrañamiento que lo conduce a la duda. Hasta aquí he buscado responder a la pregunta ¿qué distingue al humano de otras especies?

Cabe decirse que otro rasgo distintivo es el de la capacidad de comunicar mediante un sistema de sonidos articulados la experiencia, el sentir y el pensar. Eso que se conoce con el nombre de lenguaje y que impregna irremediablemente la vida de la especie. ¿El lenguaje es una capacidad? ¿Es una institución? ¿Qué es el lenguaje? Ciertamente hay más de una respuesta pero ante todo, el lenguaje ha de considerarse una necesidad para la vida en sociedad, un acto convencional sujeto a reglas, normas y regulaciones colectivas.

Siguiendo con la tradición del pensamiento habermasiano, el lenguaje es producto de un momento cultural e histórico. Es un mecanismo de comunicación en el que la implementación de los actos comunicativos son su finalidad por excelencia.

En este sentido el lenguaje es una forma abstracta que se concreta al echar ano de ella y que en todo caso tiene una función pragmática. En su libro “Pensamiento postmetafísico” Habermas defiende la idea de un giro pragmático el cual consistiría en los aportes que desde Frege, pasando por Wittgenstein y desembocando en Searle, se han dado desde la filosofía en torno al uso del lenguaje. Las manifestaciones lingüísticas, nos dice Habermas, las describo como actos con los que un hablante puede entenderse con otro acerca de algo en el mundo (Habermas.1990:67).

Habermas es heredero intelectual de la escuela de Frankfurt encabezada por Adorno y Horkheimar que encuentra sus sustentos en la teoría marxista y psicoanalítica principalmente. De tal suerte que la filosofía elaborada por Habermas no hace de lado aspectos de orden históricos, sociales, ideológicos, por mencionar algunos, en cuanto sus postulados buscan reforzar una teoría crítica de la sociedad.

Hasta aquí he querido hacer dos cosas: la primera establecer algunos rasgos distintivos de la especie humana como la actitud filosófica y la capacidad del uso del lenguaje, y por otra parte, introducir en la discusión de estos debates una parte del ideario de Jürgen Habermas.

Esta estrategia de exposición obedece al deseo de aclarar en principio la distinción entre un vinculo cómo el de la filosofía y el lenguaje por un lado, y el quehacer de la filosofía del lenguaje por otro.

Sintetizando lo expuesto, la filosofía se relaciona con el lenguaje mediante su búsqueda constante partiendo de la razón, búsqueda de la verdad a través de mecanismos racionales.

El lenguaje vendría a ser el material con el que se forman las herramientas para el festín de la razón. Festín que se conforma con la simple contemplación estoica o hegeliana de la realidad, con la asimilación, negación, contribución o expansión de tal o cual línea o corriente filosófica. Según entiendo, la relación entre lenguaje y filosofía es reciproca en tanto uno le brinda a la otra los procedimientos racionales para su quehacer –aunque desde una postura analítica será el lenguaje artificial, organizado mediante procedimientos lógicos a priori el que brinde la vía de acceso a la verdad-.

En el contexto de la filosofía alemana Habermas detecta e indaga en su artículo “¿Para qué aún filosofía?” algunos de los cuestionamientos fundamentales para la filosofía alemana. Detecta que la ruptura que se establece a partir de Hegel dentro de la filosofía es fundamental para entender los motivos de 5 distintas escuelas filosóficas en Alemania hacía 1920: la fenomenológica, la existencialista, la de antropología filosófica, la analítica y la de

la teoría crítica.

Cuatro son los problemas que debate Habermas en torna a la tradición filosófica alemana:

 

  1. El debate entre la filosofía y la ciencia en el que el papel de la filosofía parece relegarse a una mera teoría del conocimiento a partir de los avances tecnológicos y científicos, es decir prácticos.
  2. El debate en torno a los filósofos y la filosofía en donde la filosofía se erigió como una disciplina de aportes individuales que a partir de la ruptura promovida por Hegel sufrió un movimiento de apertura académica dejando de ser una actividad de élites intelectuales.
  • El debate entre filosofía y religión que plantea hasta Hegel un vínculo a partir de la metafísica trascendental entre dichos ámbitos, a partir de los sustentos que una aporta a la otra como sería la revelación, la iluminación y/o trascendencia del espíritu.
  1. El debate entre filosofía y tradición que enfatiza el hecho de que con Hegel se inicia la crítica del nexo estrecho entre la filosofía y el orden estatal prevaleciente, ya que esta se desenvuelve como fuente legitimadora de una forma cultural compleja, tradicional y sociocósmica (mítica, religiosa, etc.).

 

De tal exposición yo he querido rescatar una parte de las conclusiones con la cual se conecta la disertación hasta aquí expuesta con la filosofía del lenguaje de Habermas.

“Mientras no se desarrolle para el dominio objetivo de sistemas de acción comunicativa un sistema de conceptos base teóricamente fructífero, y además operativo, que sea comparable con la base conceptual establecida para el dominio objetivo de los cuerpos móviles y acontecimientos observables, tendrá que ejercer influjo retardante una teoría de la ciencia pseudonormativa”(Habermas.1993:83). La cita anterior quiere decir que hay una diferencia relevante entre una filosofía de la ciencia y otra filosofía más cercana a la realidad de los agentes sociales y por lo tanto a la acción comunicativa, al plano pragmático del lenguaje.

Tomando las debidas reservas, me parece sumamente importante resaltar el planteamiento de que el lenguaje en tanto forma convencional no puede desligarse dentro de la filosofía habermasiana, de las implicaciones concernientes a las denominadas ciencias del espíritu por Dilthey. En este sentido, la filosofía del lenguaje en Habermas ha de cubrir una amplia gama de aspectos a considerar, algunos de los cuales ya se han mencionado, implicando una visión del lenguaje próximo a la hermenéutica, es decir, a la capacidad interpretativa, a la relación entre pensamiento y lenguaje, a la asimilación de conceptos, así cómo a la historia textual de la tradición.

Para finalizar y a manera de conclusión, considero que la tradición alemana en el campo filosófico es de mucha utilidad para realizar indagaciones desde una perspectiva estrecha a un enfoque humanista. Sin descartar otros aportes que en apariencia resultan contradictorios sino más bien complementarios. La visión de la filosofía del lenguaje que nos aporta Habermas es una fuente inagotable de reflexiones que hasta este momento me conducen a nuevos puntos de partida para la reflexión así como a renovadas inquietudes y debates sobre el lenguaje.

Estoy convencido de que el lenguaje desde esta perspectiva, se ha de tomar en parte como una moneda común dentro de la vida social. Todo sistema de organización requiere cooperación, jerarquización, división social del trabajo, asignación de roles, que en el caso de las sociedades humanas se logran desplegar y enfatizar mediante el acuerdo común que se manifiesta mediante el lenguaje. La peculiarísima dupla formada así por filosofía y lenguaje, distinguiéndola por supuesto de la filosofía del lenguaje, se ve aún más intrincada cuando se toman en consideración las cuestiones de los sistemas sociales cómo estructuras organizativas sujetas a procesos históricos, económicos, políticos, por nombrar algunos, pero también por las características inherentes a los individuos que conforman dichos grupos y colectividades que sostienen relaciones de diversos tipos y grados. De los siguiente se desprende que una filosofía del lenguaje se ha de encargar de las reflexiones concernientes a los asuntos propios del lenguaje, pero a diferencia de la lingüística que tiene un carácter más inclinado hacia lo gramático, las variaciones y regularidades entre sistema y realización, por nombrar algunos casos, la filosofía del lenguaje mantiene un compromiso con la especulación racional. Parafraseando una cita de Adorno hallada en Habermas la filosofía ha de caracterizarse por el abandono del conocimiento absoluto sin dejar de lado el problema de la verdad.

 

Bibliografía:

 

  • Beuchot, Mauricio. Historia de la filosofía del lenguaje. FCE. México. 2005. pp.290-313.
  • Habermas, Jürgen. Sobre Nietzche y otros ensayos. REI. México. 1993. pp.62-88
  • Habermas, Jürgen. Pensamiento postmetafísico. TAURUS. México. 1990.
  • Villoro, Luis. “Motivos y justificación de la actitud filosófica” en Páginas filosóficas. México. UV. Col. Cuadernos de la facultad de filosofía, letras y ciencias. No15. 1992.73-94.
  • Nieto Blanco. “Habermas y la acción comunicativa” en La conciencia lingüística de la filosofía. Ensayo de una crítica de la razón lingüística. Madrid. Ed. Trotta. 1997.pp.251-263.

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La pieza

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¿Qué forma atañe

al trastornar los tiempos

si del conocimiento fluyen

los silencios? Nos incumbe

una porción ínfima de cielo,

como el pestañeo primero

del día, que nos incumbe

siempre en la visión futura.

Si del presente parte

la longitud del nombre,

de su faena surge

el alfabeto entero,

íntegro trozo de pensamiento,

hombre de siempre, cabalgar

rincones con el olvido firme,

tiento a veces, amores si de la boca nacen

reminiscencias rosas, como de nubes

atardeceres. Como de absorto invierno

la flacidez infinita de juventudes tercas,

de la canción renuente la primavera,

como de un rompecabezas la pieza

que forma torpe en sí encierra

íntegra pieza junto con otras, junto con otras

mundo y completa parte de una secreta

voz que funge de amalgama y llave,

llave ensamblada con el herraje de las ideas.

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Bibliotrauma

DSCN2678Pensamientos sueltos componen los linderos precisos de mi inteligencia verbal, de mi autismo como autor, deslindado del presente, en vínculo incierto con los acontecimientos. ¿Qué es la actualidad? ¿Qué resguarda la morada de las letras? Pensar que leer es un acto de diálogo virtual es en esencia algo cierto y también una consciencia de acceso a la otredad inmensa. Después de 3 intentos universitarios diversos puedo decir que he acumulado, para bien y para mal, distintos soportes bibliográficos. Y de vez en cuando me obstino en caer en el sin sentido del wanna be, para extraer de mi experiencia un conato de bronca intelectual. Aquí, en los estantes donde no caben las estrellas del momento, me extravío pensando que no seré el autor cotizado ni el pensador renombrado, pero nunca haré a un lado la dosis de originalidad que me puede proporcionar mi experiencia como indigente académico.

Libros de historia, de teoría literaria, de filosofía del lenguaje, del siglo XVIII (franceses, españoles, novohispanos, ingleses), de discurso, de literatura mexicana, latinoamericana y alemana, entre otras cosas, componen el minúsculo atisbo de lecturas pendientes: un abigarrado ejército de autores en mi intento de DSCN2680desfiguración del canon y la tradición estética verbal. Y no desisto porque ahora puedo decir que soy un pequeño historiador y poeta, en ciernes novelista y tal vez ensayista, todo depende del cristal con que se mire. Y no renuncio a mi matrimonio con las letras, existencial y desgarrador, porque en el fondo no es tampoco una cosa adictiva o compulsiva sino un acto de fe y de amor, de vida.

Los libros son un refugio, siempre, nunca una carga, jamás un peso u obstinado embalaje de miserias. Y entre tanto devano con tiento una cierta estrategia personal, de publicación, compaginada con mis proyectos de lectura. No soy parte de la intelectualidad del momento ni tampoco ostento ningún rótulo propio de joven promesa. No creo en los concursos literarios y pienso que hemos perdido el sentido y la significación de las formas luminosas del ser cuando nos acorralamos contra las dosis de realidad que nos impelen a creer en un futuro posible. Pero los libros que están aquí, conmigo, me sacuden y me invitan no tan solo a imaginar el para qué leerlos o el porqué postergar su lectura, sino a identificarme en la búsqueda de algo que no tiene forma ni rostro, mis próximos proyectos creativos.

DSCN2683El pasado mes de junio me titule de licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana. Y es en esa dicotomía, en esa dualidad entre lo académico y lo creativo, que me zambullo en un marasmo de constancias falaces y de atormentadas cicatrices escolares: antropología social, teorías de la cultura, rituales económicos, economía, filosofía, historia, lingüística, pensamiento crítico, modernidad, lenguaje, arte, pensamiento, cabalmente una conceptualización de los sitios atravesados que no dicen mucho de mí mismo. Porque nunca he logrado ordenar mis intentos, mis pesquisas, mis falsificadas interpretaciones de lo real y lo ficticio. Porque predomina un desorden que hoy podría ser la puerta para acondicionar una trayectoria personal, propia, individual, en vías de crecimiento. Todo es el marasmo de una tautología y episteme no asimilada, no identificada, no verificable: donde la poesía es un ejercicio escritural y la lectura un vicio ausente, porque en el inmenso mar de los pasados navego ignotos territorios fabricados por especialidades poco útiles al ahora. Obras completas no conozco ninguna. Ninguna tampoco me invita a conocerla del todo. Y me descubro infértil, desértico, árido, en el instante mismo de elección para ubicar mi lenguaje para traducirme. Entonces este circunloquio, este espasmo de vomitar palabras.

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Por una vez en la vida he logrado construir algo que me parece un buen ejemplo de trabajo intelectual. La tesis de licenciatura que presenté me dejo completamente satisfecho. Pero me falta mucho camino por recorrer. La pregunta obligada para mi es ¿ortodoxia o innovación? Y no puedo desistir de las conquistas realizadas ni de los estímulos obtenidos, pero debería ser un poco más sensato y dejar de lado estos juegos retóricos y estilísticos. Aunque no puedo, no sé cómo abandonar mi inmadurez, no sé ni puedo embarcarme nuevamente en un revisionismo a ultranzas. No dejo de improvisar, ni de explorar los vericuetos de esta imaginación adolescente, medio sumergida en el trauma de los libros, de la lectura, de la cultura como una epígono de la consciencia.