Porciones

Importa de los años

el saltar las épocas.

No es dura la dicha

es duro nombrar

atisbos de porvenir.

Importa de la vida

la siembra y la cosecha.

Importante insignificar

en otros todo el tiempo

lo mismo que en nosotros

lo contrario: contrariedad

importar saber gozar

el instante fino, finito

grano de amistad sonrisa.

Pecador

No fui un buen pariente,

un buen amante

ni un buen amigo.

No fui un buen hombre

ni fui un buen ciudadano.

Fui un ruido.

Los pecadores

no podemos ser capitalistas.

pecador

Lectura en el ahora: Naciones y nacionalismos de Ernest Gellner

Decididamente estoy intentado construir un andamio intelectual para mi proyecto de investigación en cierto posgrado, aunque con certeza mi indisciplina vigente no es más que una esfumada silueta rotunda de la crisis que vivo. Y si pensar lo nacional —hoy postnacionalizado— implica intuir una modificación completa en los hábitos identitarios, económicos, políticos y empresariales, la lectura de Gellner remite con nitidez a un programa antropológico —por étnico y cultural— de análisis nacionalista. No es extraño que en 1983 se editara una obra como esta, pero si lo es que llegara a México hasta 1999, para no dejar de lado las inclinaciones editoriales que amalgaman las capas y los tejidos ideológicos, para mostrar como novedad algo que, en realidad, ya ha sido discutido y comentado hasta el agotamiento. No obstante, la propuesta de Gellner enfatiza claramente un postulado importante respecto al nacionalismo: la interconexión entre la cultura, el estado y la educación, como un trinomio de las sociedades industriales, que configuran y enlazan los aspectos principales de la modernidad nacional. En la medida que se trata de establecer una cultura homogénea, aun fincada en tradiciones —históricas y literarias—, en tanto refiere a la composición de un territorio definido y estable en su denominación de Estado, en tanto se trata de la posibilidad social, y sociológica, de generar especialistas a partir de una especialización común —para el autor el alfabetismo—, la nación engloba estas dimensiones como sus elementos intrínsecos, aunque el nacionalismo y lo nacional no remita a una forma de organización social natural. Resaltan también los comentarios anti-marxistas de Gellner, que nos hablan de que su lectura de Weber es más un lugar común en la fundamentación constructiva del análisis del capitalismo occidental, que de una posición crítica del mismo, aunque deberíamos sopesar el momento histórico del marxismo occidental, en la década de los 80’s en Inglaterra, aunque ahora nos resulte inútil evocar un librito adquirido de Perry Anderson. No es gratuita la conjugación del análisis antropológico y sociológico que Gellner materializa, al cristalizar una óptica que ofrece algunos ejemplos, aunque su planteamiento sea más bien teórico. Sin lugar a dudas, la reflexión nacionalista de finales del siglo XX debió encontrar en trabajos como este —descartando que el mismo 1983 se publico el libro de Benedict Anderson Comunidades imaginadas Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo— debieron nutrir una fase intelectual controversial, si no olvidamos la caída del muro de Berlín en 1989 y el proceso neoliberal de globalización y trasnacionalización, que configura, con el pitido ejemplo de la Comunidad Europea (aunque no tengo esta certeza), un escenario político, ideológico, económico y cultural, que quizá en este momento post-histórico (aunque ya he olvidado la lectura de Sloterdijk) se encuentra en vías de extinción, transformación o radicalización.

ernestgellner-nacionesynacionalismos

Cuando no sabes ser hombre

¿Es un eco siempre

la vida o es una imagen

torcedura del ser?

Introyectamos el patriarcado

y el capital, introyectamos

un mundo sin esperanza de cambio.

Siempre ha sido tarde

para mí

en este universo.

¿Dónde existe un aliento

nutriente? Todo es

una persecución inexorable

que me deja vacío…

s

i

e

m

p

r

e

toda la espuma existencial

es el coro insufrible

de las decisiones y fallos

siempre,

el algoritmo virulento

que soy: un pito y dos testículos

enfermos, siempre, tetas operadas,

siempre el dolor de las ausencias.

Aquí había oportunidad para ser una planta

y a cambio de la fama y el éxito hoy soy un buitre

carroñero en el tiempo: extravío a mitad

de una era que termina.

cuandonosabesserunhombre1

 

Licuar a veces el símbolo con el olvido

La potencia

olvido

soy.

Existir

caigo

a este tropelía

demiúrgica:

mi demagogia es la perenne

invocación a la luz.

Pierdo, consigo,

inflamo, atosigo, silencios.

Rotas las generaciones

en mis ojos no existen

vidas de otros siglos,

no existen mutis ni gesticulación

precisa que adoren

la axiomática del sin sabor.

Nadie es más que una pizza dominical

pero a cambio del acto sexual

este tibio reclamo de poética olvidada,

no es más que la injusticia del pensamiento.

Escrituras vienen y escritores mueren

y todo lo escrito comulga con el silencio

y con el ruido

y con alfabetos latinos y con grafías.

Roncar esta madrugada el nombre

del destino, que es un reloj de arena,

salpica siempre una silueta gris en mis adentros

como de salchichón literario, la cúspide

irreverente de una fodonga mecánica escritural.

Tiento, siempre, guardar, este ahorro de autores

y años y las energías podridas de mi juventud,

fuego, carcoman siempre los intestinos dantescos

del presente, sueñen siempre, mitad laurel mitad estiércol,

con la rendija que conduce al trabajo y la fama y el dinero

y mujeres exuberantes y qué más pamplinas reforzadas

con el látigo inverbe de la longevidad. Rompan todo

pero eso sí, no dejen de anunciar la caída de los tiempos

en su cine favorito. Pierdan contra el rumor de las caricias

los segundos en los que una madre les diga no me dejen

y ustedes simplemente tomen su camino e invadan

los límites precisos de la pureza raquítica de los fanatismos.

solesdistorsion

Ego Pop Romulaizer Pardo 2016 ending year

Inolvidablemente soportar

tragos de segundos. Líquida torpeza

años licuados en el muralismo

abstracto del nombrar. Axioma:

el aroma frenético del deseo,

erótico plantío, unos senos tibios

esperando, la mesa puesta y el sexo duro.

Asimetría la rendija alfabética del vacío

como la terquedad religiosa —un remilgo

abstracto en la pincelada certera—

andar con la lengua floja y las ojeras

negras de pesadillas y reflejos. Espectros.

Todas las bocas indican una salida.

Alimentar la paciencia, gran aliento, poca cosa

la semilla destructiva del destino que se aborta.

Hola vida, hola amor, hola perdón, tuyo soy

aquí, en la media noche. Viernes 3 am, sólo para ti.

ego-pop-romulaizer

Reconocimiento óptico

Caras, rostros, imágenes, nos invaden, todos los días. Vivimos el régimen de la visualidad: fotos, farándula, actores y grupos, Facebook, emojis, rostros. El mar de imágenes infinitas nos circundan, nos impele a identificar, todo es identidad, conquista, nombre, incluso el anonimato tiene rostro. Caminamos por la selva ruidosa del siglo XXI entre luces, pantallas, reflejos, instantes que designan cúspides de sentido, tendencias pasajeras, modas, precipicios masivos de gustos y preferencias. El rostro entonces se convierte en un signo, en una moneda también, bajo la lógica dual de una economía de la imagen, como vertiente también, fetiche y estructura, del intercambio personalizado. Náufragos en un subjetivismo constante, todo es el semblante, el estado puro de una condición que la antropología forense identifica claramente. Si la fisognómica estriba en la identificación del rostro, hoy en día estaríamos en condiciones de preguntar por una fisognómica efímera y vacua, porque todos tenemos una cara, un semblante, un gesto, algo que nos identifica. Al final no es más que la proliferación y confirmación de las expresiones humanas lo que nos deja pensando, atemorizados, en que la cara familiar no es más que la cara compartida.

Caemos en el día a día en un ensamblaje de personalidades, en una costra de personajes y nombres, y todo el tiempo hacemos como que ignoramos la minúscula grandeza de los sin nombre, de los que no ocupan un sitio en la digitalidad. Representar la constancia de lo humano, abigarrar los horizontes propios del sentido, es un ejercicio de occidentalidad inerte y sombrío. Porque en el fondo la esclavitud visual dista mucho de corresponder a la plenitud alfabética o al paraíso cultural. Porque los rostros, las caras, no son más que símbolos en el mercado saturado de ser presencia en este siglo de digitalidades múltiples.

face

Bio identificación o identidad en trance

Romulo5

¿Qué soy?

Romulo11

Cuando empujo mi voz

hacia el mundo,

¿qué hago?

Sopla la vida

su balada, perpetuidad.

Romulo6

¿Cómo existe

afuera el universo?

Nadie compone

mi fauna interior,

soledad mayúscula

el destino de mis aguas.

Por la primavera una vez escupí    Romulo7

antiguos traumas que orillan mi presencia

a sinuosos riscos mentales.Romulo2

Pérdida y práctica, todo terreno

que engulle los testigos y las notas.

Apuntes deteriorados del silencio

esperar el autobús con el sigilo

de un gato.

¿Quién apuntó en mi boca el recadoRomulo8

no absorbido de la nomenclatura celeste?

Perder entonces el espasmo, el ímpetu, como un tropel de idolatrías:

el consabido revolver la magnesia y la gimnasia.

Tiento febril este aliento canoso de amistades.

Hueco si mutismo, ardor si torpedo y dardo la palabra.

 

Romulo9

¿Qué soy? ¿Soy? ¿Estoy aquí?

Nunca predije el final de un futuro promisorio,

pero enuncié las fauces del destino

y la sombra de los atardeceres

son soles de vidas pasadas.

Reencarnación el tianguis de palabras,

antídoto al marasmo del entretenimiento, esta razón empecinada y garigoleada.

Romulo10

Había una frase en inglés que me gustaba,

pero me pregunté ¿quién soy? ¿merezco esto?

La diatriba del aire me configura al momento,

cuando hierve mi garganta en el decibel austero

y calla mi penumbra lo que dice mi tono de re menor.

Aquí, donde naufrago, esparzo bocanadas entibiadas de…

Todos los días son el mismo día final.

Romulo1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enemigos

Quizás no eran mis enemigos

pero lo eran tal vez, quizás

no fueran hostiles o envidiosos,

pero lo eran. Quizás mi boca

no supo nombrarlos

quizá tampoco estuve cerca de ellos.

Quizá no tenían intenciones

de lastimarme siempre,

una y otra vez,

pero lo hacían.

Quizás simplemente

fui ingenuo

al creer que seríamos amigos,

pero eran mis enemigos,

siempre

cuando entre ellos se apoyaban

y a mi me orillaban a recluirme.

Quizá no estábamos destinados

a compartir la mesa y los libros,

la música y los momentos, porque

en la superficie decían que estaban

conmigo, pero contra mí estaban,

siempre, en sus actos y en sus decires.

Quizás no eran mis enemigos,

pero lo eran

cuando me expulsaban

de sus días y las noches

eran, sin mí, una colmena

de éxitos para ellos.

Me conocían, poco es cierto,

y sabían de mí

pero nunca me invitaron

a publicar con ellos

ni a sus fiestas

ni a sus reuniones

ni a un picnic sabatino

y yo, torcido siempre

en esta soledad

inmensa, ingenuamente dudé

que fueran mis enemigos.

enemigos

La pulcritud oscurecida de una prosa inservible

Aquí estoy, desempleado, con mis proyectos editoriales truncos, en la incertidumbre de la vida, bajo el yugo rotundo de un presente desfigurado. Mantengo quizá intentos prófugos de significado, porque dentro de mí no habita un alma limada y sobria, porque no estoy configurado para ennoblecer niñosel pasatiempo predilecto, porque soy poeta y no cobro, porque desde mi ventana no se ven las montañas. Estoy aquí, con una especie de cansancio verbal y estético, estilizando siempre las vistas contusionadas de mi ahora. Construcciones generacionales me decantan a estar aislado, a estar recluido en obras y vidas que no dicen nada de la actualidad: ¿por acaso habré intuido que una vez tendría que pagar el precio de toda mi desobediencia? Quizá también la exclusión social es parte de esa factura de los otros, de una otredad que me juzgo toda la vida, qué más da. Empero me zambulló en los actos inservibles e inútiles del devenir, de la actividad deambulatoria, existencia y carroña del alma que desvencijada escupe formas no cristalinas. Todo termina siendo este vómito recurrente o quizá el intento de carrossalpicar al universo digital con los anfibios marasmos de mi ego raquítico y petulante.

Pero también me envuelve una halo de ingratitud y permisividad que irrumpe en el día a día, como la estuviera esperando a la cigüeña a que trajera los papeles extraviados algún día en la faz del tiempo. Y acaricio lecturas y autores, acaricio tiempo y distancia, acaricio lentamente el hecho de estar desocupado, promoviendo mi ocupación letrada que no es más que el acto reflejo, de indagatoria personal, que me remite a este sitio digital, donde nada digo, donde no hay nada nuevo. Al final convierto mis intentos en una pocilga de frases y oraciones que no remueven cicatrices ni recuerdos.

Entonces ese arrepentimiento perenne, esa desdicha que tiene nombre de ilusión y transfiguración mutante, remiten a la intermitencia del ser que perjudica la esencia motora, vital, en donde no interesa mucho conocer los distingos. En el peor de los casos alguien vendrá aquí, leerá esto y sabrá indiaque no hay realmente un mensaje, que no hay algo de fondo en esta expresividad mutilada. No se trata simplemente de la manutención gramática o sintáctica o lingüística, se trata también de la deformidad ontológica que permea la indiscutible poltrona actual. Insigne vestigio de lo dicho la perseverancia remota al fichaje mental que no registra sueños sino estas dislocaciones prosaicas.

Por debajo de las confecciones interiores, de las máscaras, de los entresijos que promulgan el acto del silencio, las dimensiones irrealizables de la publicidad, de lo público, configuran en mi presente una amalgama deteriorada de afectos rotos y de personajes mutilantes: los nombres propios que evado, las relaciones que no cultivo, el ejemplar distorsionar imágenes, totalidad plena de una mente que no se desquicia ni se acomoda. Al fin de cuentas hoy he fumado quizá menos que hace un mes, he comido, he estado al borde de instruirme en versificación. Hoy, por remembranza, me defino escritorcillo, aunque mi aliento no alcance si quiera a penetrar en el marasmo de la realidad. Tiento feliz el augurio de los residuos que ostenta mi biografía, para deshilvanar el trozo de Historia que me atañe y desfigurar la presencia de toda esta audiencia inexistente.

arboles

 

Este inmenso spam que soy

Petrificó mi nombrar

la isla torpedeada de la

decepción y caí, sólido,

al barranco del tedio.

La enfermedad mental

carcome mi alma, segundo

a segundo, palpita mi cornamenta

rota, de alce fugitivo, que es

este desfiguro ideológico del estar.

Terca manía

levantar el cigarrillo

por el futuro ansiado

y canceroso, despilfarro,

contra marea, mi voz.

Una bocanada silente,

muerte y esbelta fuga

de inquirir los pasajes

en la escalera a ninguna parte.

Ansioso perito del instante,

locomotora de tiempo endeble,

nombrar, así la luz conduce

a los sueños y las córneas

del lenguaje indican siempre,

frágiles de pereza, la salida torcida,

imán de agua y vapor, costra

indagatoria del ser: profesionalismo

de la nada envuelta en mi carne

y mis adentros todos calcinados

por el forúnculo emotivo

que es la gloria ajena, enajenante.

Aventurar constricciones propias

como galletas molidas, es creer que

la harina cocida de mis sentimientos

induce al vómito versificador,

pero en el fondo, es silencioso ruido,

este ápice de eternidad que refulge

en mi poltrona generacional y ruge,

cual tridente en el océano del verbo,

junto a la mecánica tuerca del universo

inmediato y raquítico de amistades.

 

dilusión imagio

 

No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

Lírica de un mustio desengañado

Hace miles de segundos

la crispadura del alma

cobró insultos al sentido,

sentido de ser alguien

como persiguiendo aves,

perseguir incluso —éxito

riqueza y fama— a contra pelo

del tendón único del eros universal.

Tumefacta la memoria escolló

rostros de tiempos de guerra,

prefiguró esos millares de segundos,

construyó un jarrón de excusas,

cortantes, para componer el flagelo

mismidad de la torcida mezquindad

—aurea la imagen del infante que fuiste

extraviado en juegos y elucubraciones—.

Al fin, remanso entre tempestad de festejos,

la lontananza mantuvo intacta, por fértil,

la oferta misma del indómito camino:

bestialidad fue mencionar acaso

el sino desfigurado del presente,

como maquinaria aceitada, constructiva

y autómata, industria misma del verbo,

espécimen floral esa bocanada de hachís

—ausencia de silbidos por la función decrépita—

espasmo íntegro, el eco constreñido del andar.

En cuanto faltó la gloria, el reconocimiento,

sufriste entonces, un alguien tomó tu cicatriz

y la hizo estiércol emotivo, como si fuera

una ramplona versificación fallida del siglo XV.

Y no hay más que un refugio lúgubre

instinto trepidante, interior tuyo, mazmorra

identidad que surca las estrellas del conformismo.

Adiós fue montar el trozo de tu personaje,

el papel prefijo del cutis esbirro del corrupto

mantel donde tú eras el patrón contumaz,

el ansía misma de frenar una otredad impostora,

porque las rendijas aromáticas, nombraron en ti

una ficción irreemplazable, fue trotar hacia el monte

que dimanaba la acritud de tu voz y tu alma quería

colapsar un tropel de angustias, pero te fuiste

y hoy levantas tu erguido orgullo como un pañuelo

para despedirte noctámbulo de la pocilga del hoy.

Micro filosofía de las formas digitales

Pensar en los actos digitales no impide insertarlos en su dimensión sociológica, en tanto productos de un estado civilizatorio, en principio, pero también en términos de los accidentes y las tensiones que producen. Los actos digitales, polidiscursivos, entropicamente organizados, cuentan también con una multifacética taxonomía. En esa medida regresamos a testimoniar el hecho imprescindible del acto de nombrar como un mecanismo inherente a la episteme digital.  En términos sociológicos y culturales se trata, además, de una incitación a lo público, a lo compartido, siempre inserto en al devenir dualista de la criminalidad y la legalidad, de la institucionalidad y la clandestinidad, de la legitimidad y la contingencia. Las posibilidades de análisis, atendiendo a una micro filosofía de las formas digitales, abarcaría no sólo las producciones de sentido, simbolismo y significado, sino la duplicidad y el instinto de copiar los productos humanos. La episteme digital impele a repensar los patrones de dominación, de alternancia y de configuración sociohistórica, siempre que las posibilidades cognitivas desde las digitalidades oscilan en una macro estructuración compleja, atiborrada de estímulos y saturada de mensajes. No es incluso la faticidad del canal comunicativo o la proliferación de los métodos persuasivos, exclusivamente, lo que mantendría la pugna entre las concepciones metahistóricas, metalingüísticas y metafísicas de las digitalidades, en tanto vehículos de estructuración cultural, identitaria y factual, del abigarramiento compendioso del catálogo totalizador internaútico.

En cuanto a las posibilidades interpretativas, algoritmicamente inabarcables, la dialéctica simple objeto-sujeto-síntesis, no puede abarcar un trinomio axiomático deducible, sino que constriñe la cosecha del tejido social a una mecánica de reproductividad cultural, ceñida a las macro y micro tendencias globales: informáticas, geopolíticas, culturales, históricas. Dando paso a una fisognómica histórico-cultural del rostro metafórizado de las digitalidades, metáfora escritura en la dialógica afrenta del ego y al colectivo, los rostros polimorfos de la información, de los hechos humanos, de la saturación discursiva, remiten incuestionablemente a un cúmulo improductivo de formas, de estructuras, de figuras y cuerpos. Estos en su conjunto no estriban exclusivamente en las posibilidades categóricas de lo virtualizado, sino, además, en las confluencias y divergencias entre lo posible digital y lo performativo digitalizado. Si nos atenemos al hecho de la desigualdad social, retomando el nivel sociológico, presente en la distribución, empleo, uso, accesibilidad y participación de la población global en internet, debemos asumir que en términos demográficos la exclusión de diversos sectores sociales de la vida digital, pernea también la lógica inherente, hypercapitalista, de los proyectos en las digitalidades. Pero también es posible distinguir que a través de constructor postdigitales distintos grupos vulnerables, inmersos en un anonimato cultural e histórico desde los planteamiento etnocentristas occidentales, han logrado hacerse un lugar en el mundo, generando sus propias representaciones y constituyendo esfuerzos, como el caso de distintos grupos indígenas, comunidades y tribus urbanas, grupos de intercambio académico, entre otros, que derivan en la composición social del tejido digital.  Si existe una episteme digital, un tejido social digital y un conjunto de hechos digitales, su filosofía debe abarcar el continuo inter-relacionado del proceso constructivo de conocimientos, de las dinámicas sociales y trasngeneracionales conformadoras del universo sociológico digital y de la dialógica estructural de la facticidad digital y sus accidentes.

Soy de una era tecnológica distemporánea

Mi mazmorra son los libros, los pensamientos, las ideas. Mazmorra de luz, lúgubre tenebra luminosa, fulminante, antípoda de la luz de las pantallas. Encripto fonémas y compongo falsos latinismos desde mi precariedad verbal: nihilo cognitio res lumine. Prefiguro esfuerzos banales, con el apego de ancestros que naufragaron por el cáncer. Remilgoso recuerdo a los sínodos del episcopado global y compongo altares ensombrecidos por el tiritar de los astros perdidos: los hombres de letras que configuran el mapa existencial de mi laberinto mental. ¿Mentalista? Indago los bordes y linderos del cretinismo nacional mexicano, impelo al cretino nacional mexicano como tipo social de nuestra incondición postmoderna, de nuestro ímpetu neoliberalista. Desde la anacronía esperpéntica de la hoja de papel cabalgo los soporíferos trances del auge libresco, de la página impresa: no tengo libros personales impresos, tengo un montón de escritos sin editar. Movilizado por los pensamientos síncopa de mi teatralidad escueta, de mi ramplonismo lingüístico, de mi esquemática retóricidad anglofílica, estoy aquí, en esta fase posterior al auge tecnológico, y respiro, camino, veo, me extravío en las sombras de luz que proyectan infinitos micro cosmos. Andante, embalsamo los torrentes sanguíneos del azar, que me impelen a conferir asuntos innecesarios a sentencias imposibles. Aquí espero un atardecer de otoño para morir, mientras denuncian mis crímenes en el ágora global.

Un nosotros identidades

¿Dejamos tendidos sueños
como de siluetas sombras
o abrimos la playa de amores
con el silencio de miradas inciertas?
Trabajamos con signos y signos somos
por las rendijas del arrebolado instante
que rompe surcos en el cielo.
Miramos y nos escondemos.
Toda afrenta de tiniebla
es el torbellino donde habitamos
máscaras de mutismo y respeto.
Porque las lunas mantienen tersa
la esfera de bocas enamoradas
y también el sol columpia
instantes que observan nuestra soberbia.
Nacemos como agujas para morir
como troncos talados con cien años
de antigüedad, y sentimos así y asa
contra el espejismo torpe de la experiencia.
Caminamos entre fulminantes girasoles
plantamos sueños y alegrías
pero olvidamos el romance que
la soledad tiene con nosotros
todo el tiempo
y caemos al precipicio del ruido
como figuras de porcelana del
Antiguo Régimen el día de la revolución.
Nuestra alma es un cuerpo sin forma
mitad sereno mitad resolana
y cambiamos las manecillas
del reloj de nuestras vidas
por las agujas finas de nuestro
primer minuto respiratorio.
Confabulamos cuando incipientes
nos volcamos al tropel de imágenes
que nos hacen turbias enciclopedias
de otros nombres y otras miradas.
Saltamos a la penumbra del día
invernal y con un sorbo de sentido
significamos una teatralidad sonora
la que rifa nuestro gemido de placer
en el circo del origen ridículo.

Los corazones

Eran los corazones
trampas y las trampas
andamios y erguían edificaciones
grises, de torpeza inmensa
como basureros rotundos
de la existencia opaca.
Eran proletarios los corazones
porque eran explotados
y se organizaban para la lucha.
En ocasiones eran torpedos
los corazones y esparcían semillas
de bocas y suelos y domingos de amargura.
Eran también museos del desconsuelo y zoológicos de la barbarie
los corazones
cuando al unísono gemían
por azarosas hazañas de equipos atléticos.
Eran toda la dicha y el horizonte
puro de la historia
los corazones que se rompían
como gotas de papel
que se humedecían por lágrimas secas.
Eran abismos de tiento y falanges del dolor los corazones
que suponían azules las nubes
y blancas las estrellas
porque sentían el agobio de sus apodos deformados.
También eran arcos los corazones en dos sentidos: soportes y armas
instrumentos de la bóveda de la intranquilidad
y utensilios para cazar desfalcos de rabia y sin sentido,
raramente alegría y sorpresa.
Todos ellos surcaban una atmósfera serena y apacible
donde olvidaban su destino
entregados al festín de lo cotidiano.

Si los años son refugio

Son ensayos de aire

constelación de sonidos

los cúmulos de presentes

las sonámbulas insignias del sol.

Son amalgamas contra el espejo

de la eternidad su sino

efecto y trance, árbol y conquista

hacia el océano astral.

Confección de los designios

traspatio inmaculado

de epifanía luminosa.

Son ayeres y manantiales

aromas de los hombres y sus amores,

claridad posición de las nubes.

Ansiada construcción

son los años, escritura de la vida inmensa.

Lazo como de fuego calmo

son torrentes de clamores y misterios.

Donde la angustia espera son versos

de métrica precisa. Años, figuras azules de voz quebrada.

Anterioridad circunspecta longevo torrente.

Cocina triste y a la vez serena.

Explosión por momentos acaso

dicha y fulgor, acaso luz y vacío,

son abismo y referente signo inverso

al futuro y sus monumentos.

¿Concluyen sus atisbos el álgido

impulso del sueño o son cantos del arrecife perenne?

Labios también son, que del universo nombran

una lengua fósil que fluye

como sangre cósmica de negrura infinita.

Sociología de las nubes recientes

¿Hubo voz y luego luz?

¿Hubo calor y luego amor?

¿Hubo silencio?

Los días son ancestros de los atardeceres.

Nosotros somos

figuras de hielo derretidas,

nuestro vapor es la vida

crecemos al cielo y somos nubes

del coctel efervescente del tiempo.

Acaso somos

No somos presente

ni agua o silencio

tiempo quizá, quizá trote

quizá momento. No somos

como orugas en su capullo

o ramas del árbol que tuerce

la eternidad de la luz, quizá torrente

seremos una mañana azul vuelta día gris.

No somos átomos ni células del devenir

somos aromas de sábanas compartidas

en el hogar aterciopelado del corazón universal.

Ein mexikanisch dichter und sein deutschen genealogischen ohne Fichte

El problema de la identidad de un autor moviliza fibras que atañen a un conglomerado simbólico y vivencial extenso, como múltiplicidad epitelial del tejido intelectual que compone una demarcación propia, única e individualizada. El trance de una esquemática biográfica autoreferencial, compuesta por una egopoiesis simbiótica de la cronología, partiendo de modalidades contextuales históricas, es mucho más que exigir al autor, al pensador, al creador, un simple producto de becas, ósea, la mera realización de un proyecto. El flujo vital por lo común es acompañado de influencias polisaturadas, diversificadas y en ocasiones anuladas por instancias que, en apariencia, son más relevantes. ¿Es una genealogía propia la que define los lindes y colindancias del autuoproyecto creador? ¿No es acaso la función de la bildung alemana, la areté y paideia griega, el símil rotundo de los esfuerzos conquistados en vías de ser “alguien en el mundo” sin perder por ello el rostro y la mirada en escuetos sensacionalismos de famas institucionales y proclives a la demarcación etnocéntrista, fanática y racista, es decir, exclusivista, de los nombres autorizados del pensamiento, la literatura o cualquier otra rama humana contemporánea? Noto que estoy equivocado el creer en le hipótesis de una remodernidad negativa, cuando en el impulso mismo de las pulsiones condicionantes postmodernas se localizan los gérmenes inherentes a este proceso de resemantización negativa, reconductualización desde y con la miseria, de esta re-estructuracion global de la psíque humana digitalizada en función de la raigambre derivada del terror. No es remordenidad la totalidad fanática presente o la exclusividad  normativa del mainstream o ni siquiera el estúpido semblante de la farándula juvenil global con más actos que fotografías en la red (¿será cierta esta hipótesis?). No es ahora el momento de discurrir sobre esta delicada y descompuesta teoría de una desestructuración longitudinal y transversal de la psíque moderna. Este esfuerzo es, quizá por eso, menos que un acto de reflexividad y más un vestigio cronosófico autoperformático: comprendiendo que me muevo alejado de los consensos, escribo esta diatriba como un impulso panfletario de reconocimiento (por ello de identidad) en vías de marcar un contraste insignificante, falto de profundidad y de constituirse en un horizonte cultural, ideológico, filosófico o político definido.

En 1995 me fue otorgado el regalo de una piedra angular para mi formación literaria, piedra y cimiento que debería rescatar de los cajones perdidos de mi biblioteca oculta. A continuación la escritura de una brevísima genealogía personal, inconexa, fútil, que habla de la desnutrición autoreferida de la tradición alemana en mi ideario.

meine duetsche genealogischen

Alpha I

Curiosa la memoria ejercida como un manantial de equívocos, en la medición sustancial de vivencias, anécdotas, formulaciones, acercamientos y momentos. Digamos que 20 años marcan una longitud vital suficiente para forzar un acto rememorativo, desde el tuétano mismo de los desquicios psicóticos, desde el torzón de alma, desde lo evanescente que es el hecho de la significación social de la escritura, la significación de lo escrito como origen de la historia, en una palabra, el escribir para no olvidar. 1995 a 2005 quizá sería lo más sensato de dimensionar, una década, un ciclo de vida con estancias divergentes: Xalapa-D.F.-Xalapa. Viajes también a los desiertos del noroeste mexicano, conferencias magistrales en congresos antropológicos, los primeros pulques y algunos vestigios del arranque de una drogadicción fortísima por destructiva, el abandono de las disciplinas deportivas y físicas de ocio por un acercamiento a la vida jardinera, por la siembra y la cosecha, por huertas, por la aspereza de manos después de trabajar la tierra. ¿Simbolismos fortuitos los callos de la mano por la ejecución de la guitarra y un sin número de canciones compuestas y cassettes grabados? ¿Amores, cervezas, cigarrillos? ¿Mercados? Coyoacán y Malinalco.

 

Beta II

Plantear un evento genealógico como este es un acto innecesario por inútil, por ramplón y raquítico. No son Los Sonetos a Orfeo u otro de sus poemas, ni siquiera la traducción de Villaurrutia de la Corneta Rilke editada por el Instituto Veracruzano de Cultura, es Rainer Maria Rilke, aliento figurativo de mi frustratio littere: olvidé que es favorable el cultivo de una urdimbre personal marcada por las preferencias, predilecciones, gustos, pasiones, movimientos. Derivo entonces los hechos, un cumpleaños, una época, el pasado como trampolín reinterpretativo. Vivo como esas tardes cuando me decía a mi mismo que debía leer en lugar de la multitud de cosas que hacía. Porque me taché siempre de perezoso, porque no me gustaba leer, porque al final prefería pensar por mí mismo, pero al leer encontré algunos universos interesantes. Leer por compromiso, cosa que ya no hago. Cartas a un joven poeta querer ser parte de esa inmersión en el género versificado. Recuerdo que terminé completamente convencido y alerta, deseoso de escribir. Y escribí un verso sobre unos senos… verso destinado al olvido. La dulzura de la adolescencia estriba entonces en las aventuras y los peligros superados. ¿Desear escribir? Escrbía, cada que podía, sin saber que además era posible publicar o dar a conocer lo que escribía. Lo hacía para mi. No en ese tener del diálogo entre el poeta inexperto que inicia y el maestro que impulsa, que arremete contra los temores e inseguridades del novato, para inculcarle un constancia ascendente.

Y seguir con el mundo y la vida, resplandecientes, infinitos de posibilidades, contracturado por mis representaciones represivas de mí mismo, con ímpetu y deseos de ser siempre alguien. Entonces los acertijos y las huellas que conectan a Rilke con Hesse, con esa obra de teatro que no escribí en la que un alumno se rebela contra su maestro, esa escenificación de una ruptura que vivía pero nunca escribía porque no sabía qué era un guión o peor aún no conocía de géneros literarios. Aún quizá no sepa del todo, no importa saber. La influencia de un hermano mayor, de una persona sensible en estas dos aristas de mi deutschen genealogischen. La gratitud y el apego, sano, en este segundo libro, leído ya un poco más grande: El juego de los abalorios. Adquirido en 2001 en su versión de la editorial Alianza, vendido después, años después, memoria como máscara que encubre los acertijos insuficientes del pasado. Hermann Hesse autor, la Alemania del siglo XX, el pensamiento alemán, los alemanes, tan cuestionados y mal vistos debido a las atrocidades de hitlerianas.

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Gamma III

Cuando a uno le preguntan qué quiere ser en la vida, cuando llega el punto socialmente reconocido de aceptar una profesión o de validar moralmente una elección que proyectará un futuro establecido, es probable que no haya respuestas, o si las hay que sean tentativas. Terminar la prepa, año 2000, Xalapa, con planes del Distrito Federal. ¿No es saludable urgar en los rescoldos y pasajes de momentos agradables? ¿Es demasiada enfermedad, vanidad o soberbia, la aceptación de los intereses personales? La cosa fue mucho más allá de los libros de texto del pensamiento humanístico de la preparatoria donde se hablaba de la famosa escuela de Frankfurt. Fue también un acto azaroso, precipitado, movido por el deseo de averiguación de la libertad. Erich Fromm mantuvo también otro nexo familiar, con un tío hermano de mi madre, con Jesús, como figura de un imaginario familiar, destrozado por muchos frentes, nutrido en ese momento por el autógrafo de mi tío, físico y científico, que me hacía creer que leía algo que era suyo, algo que él, sin saberlo, me transmitía. El miedo a la libertad no fue más que el comienzo de los pocos libros de Fromm que leí, pero también fue un acto de maduración personal, un acto de confrontación del mundo ensamblado desde mi condición burguesa, grande o pequeña, para distinguir los rostros del clasismo mexicano. Fue leer un fragmento en mi antigua escuela de Tae Kwon Do, ya habiendo roto con mi maestro. Fue también el eco de mis primeros análisis “críticos” del presente (ya rebasado en ese cambio de milenio).

Delta IV

Jung después, en el umbral de mis pesadillas psicóticas, en la movilización destructiva del inconsciente colectivo en mí. Más que la premonición de un sueño donde mi madre, después de muerta, me visitaba y me decía que venía a ver cómo estaba, más allá de la pesadilla en donde aparecía la imagen de un hombre parecido de un policia judicial que terminaba por anular mis deseos, Jung y el evento de la figuración narrativa de un yo carente de sentido en tanto se trata de otra herencia materna. La dimensión social de la psíque, no ya como psicología social o identidad negativa, sino como efecto y causa de los impulsos espirituales de la actividad humana. En fin, Jung y sus ediciones argentinas en mi casa, en esos años de ociosa inactividad académica, de ser un nini, ni estudiar ni trabajar, de no atreverse a vivir por el terror de una psicosis derivada de la psicodelia electrónica de un rave en Milpa Alta.

Y para terminar, Júrgen Habermas, más que eso, sus ensayos sobre Nietzche. Pero son puras grandilocuencias, hoy olvidos, son ruinas de mi propia arqueología del no saber, son los arrecifes de 20 años. Es saber que un día mientras estudiaba antropología social un libro nuevo aparecía en mis manos, del puesto de un vendedor afuera de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa: Sobre Nietzche y otros ensayos. Tarde años en leerlo o eso creo, pero me atrapó su pensamiento. Filosofía alemana del siglo XX y XXI, Habermas como lugar común de las modas académicas de fin de siglo XX mexicano. Mucho más que la crítica al conocimiento nihilista, mucho menos que un hombre en busca de construir un criterio del mundo asumiendo que los libros deben leerse tres o cuatro años después de adquiridos. Proyectos de lectura que no acompañan el fértil camino presente.

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Anexo digital

 

Rainar Maria Rilke

Rainer Maria Rilke

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Hermann HesseHermann Hesse

El juego de los Abalorios

 

 

 

 

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Erich Fromm

FROMM El Miedo A La Libertad

 

 

 

 

 

carl-gustav-jungCarl Gustav Jung

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habermas_youngJürgen Habermas

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Mis trampas, mis vicios, mi falsificación

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Trasciendo una subjetividad amorfa, multiplicidad improcedente, espejo. Todo es el atisbo de creer que puede amanecer mañana, pregunto ¿es una hoja de amor? Ninguna esfera del total impacto de la vida escapa al juicio externo y eso es un contundente golpe de… Pero no, es mucho menos que decir que pienso o que invento palabras, es mucho más que una retórica rancia, mucho más también que el acto evasivo del impasse de la realidad, de las realidades. Inabarcable me precipita la sociosfera estratificada del instante, momento turbio, es mucho menos que una gramática de la sobrevivencia ¿cómo sería? Tampoco puedo esgrimir fantasías sin quedar atrapado en los recuerdos, no, no puedo olvidar, pero olvido lo importante: el olvido también funciona en el mundo, aunque no olvidemos del todo, nunca. Es momento torcido el siguiente renglón.

Torcida la malla de los anhelos, esa urdimbre que me catapulta a la inclemencia del lápiz abandonado, de la grafía abandonada al instinto mecanográfico, mucho más que indagar en noticias viejas lo que pasaba en los mismos lugares, pero no siempre todo ha sido como es ahora, no, es más, antes existía la U.R.S.S. y Yugoslavia, incluso el imperio romano estaba formado de aleaciones jamás fortuitas. Olvidar, acaso un símil de la tétrica balance del paso del tiempo, como si la memoria no fuera finita también. Pero es Foto del día 07-11-14 a la(s) 18.42 #2otra cosa, una nanoenciclopedia del desconsuelo, el registro fiel hacia la puerta de la juventud engrandecida, soberbia, incrédula. Porque al final de esta hora estaré quizá dejando de lado los vomitivos torrentes desquiciados para hacer eco del café que preparé hace unas horas, quizá también pueda estar recordando mi conducta vandálica. Y los huevos estrellados rancheros que tanto hacía mi madre ya son un olvidado pasadizo de sabores. Todo estriba en asumir la totalidad como algo parcial. Perezco con el insomnio, soy un eco que no figura en las nóminas zoombies, soy tampoco un torrente de ideas, ni de lecturas, ni de ese escrutinio filológico. Acaso creo estar aquí pero me pierdo, todo el tiempo, todos los días, en los hechos intraducibles de una vida hostilizada, violentada, tercermundista, soy el subdesarrollo de mi país en su máximo apogeo. Escribiría quizás algo distinto, algo quizá más estético, menos verbal, pero olvido que también hay un precio por ser transgresor, aunque también lo haya por ser tibio. Es merecida la sentencia siguiente: si los hechos no pueden modificarse hagamos que no ocurran. Y la serpiente del paraíso, la luna llena, son una apócrifa circunspección del trauma arquetípico vivido, del acontecer frustrado del contiguo acto desamoroso.

DSCN0026Por si acaso quedaría clara la mengua de la economía y todo ese racismo presente, quedaría clara la atmósfera hostil y violenta, la máquina de la vida, el negocio de la muerte, las miles y miles de esquirlas emotivas desparramadas por esta galopante ciudadela de luz e ideas que es nuestra metafísica tecnológica. Y estamos aquí, pero ya no soy el que come ostiones ahumados o el que recita versos, no, porque soy un guitarrista, soy un hombre, aquí, ahora, también un ser que desequilibró su química cerebral y por si acaso un preparador de ñoquis. Es parte del silencio resguardarse de los años, parte de los años conquistar ciudades y personas, parte de las ciudades y de las personas respirar y comer, a veces sanamente. Saltaba cuando la noche me aplastaba, saltaba y bailaba y quería una sábana para acostarme con alguien, para tapar mi vergüenza, pero no pude evitar lo siguiente y terminé metido en el infierno personal más desgastante de un presente que fue hace 13 años. Hoy es más que un recuerdo, es más que creer que cambié. Hoy es haber vivido y saber que no es hora de dejar atrás lo aprendido.

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Un poco menos la distancia entre nosotros

Vengo de una noche tan grande como dolorosa

Marca y hueso, presencia evanescente, hoy.

Vengo de andar por las huellas de caminos infelices.

Vengo también de planetas y estrellas distantes,

Como sueños que eran añoranza de ternura y paz.

La vida conquista con su fuerza y esplendor, alegría

Siempre traslúcida, ventanal de sorpresas sobrepuestas

En la escena de los álgidos puentes de la existencia.

Vengo de los abismos oceánicos de la indiferencia.

No soy un pedazo de carne y tendones ni una sonrisa inocente

Quebrantada, no más. Soy quizá una tarde de cocina

Una noche estrellada con guitarra, soy también

Una pradera que está reverdeciendo, y canto.

Soy un atisbo de regocijo contigo en frente, te encuentro

Y la palma de mi destino se torna espiral de colores.

Tú, una pregunta, la seguridad de lo desconocido.

Tú, eso que moviliza mi voluntad, hoy.

Te encuentro en el sobre abierto de la fortuna, y me siento agradecido.

Vengo de la grandiosa marcha de la infelicidad

Y al encontrarte distingo los contornos ciertos de la armonía universal.

Mi siglo XVIII

I

 

Retrofobia-tecnofobia-modernofobia-logofobia-teofobia-sociofobia-aracnofobia

 

I.A

Terminología falazmente construida en este momento. Me encontré con el siglo XVIII hace muchos años. Mozart me fascinó, sobre todo con su Requiem. Sin la más remota consciencia, estoy extraviado en un dilema existencial: la vida no me alcanzará para profundizar del todo en el siglo XVIII, no al menos en el sentido de lograr abarcarlo como una totalidad académica. ¿Lo antiguo o lo moderno? De la revolución francesa de 1789 para atrás o para adelante. Mi tesis de licenciatura, de la tercera licenciatura que intentó y que por fin terminaré, parece, es sobre Ignacio de Luzán, un autor español del siglo XVIII. La ilustración francesa es otro tema, aún no explorado. Si empecé por lo último, es decir por Mozart, delinear un perfil de investigación sobre el siglo de las luces implica definir y establecer criterios de investigación. Considerar las posibilidades abiertas del estudio del siglo ilustrado es parte de mi problema existencial. He reunido una serie de trabajos, libros, artículos, etcétera, sobre el XVIII. ¿Generalidades? Ni siquiera puedo establecerlas con nitidez. Más allá de la anécdota positiva, frente a una causalidad que se resquebraja, mi mismidad se extiende por la negatividad del presentismo global. A esta forma aprehensiva, totalizante, le debo la posibilidad de acceder a las ediciones digitalizadas del trabajo más importante de Ignacio de Luzán: La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies en sus dos versiones editadas la primera en Zaragoza en 1737 y la segunda en Madrid en 1789. Y si existe un presentismo, una presentidad, tipo de axiomática sobre el tiempo que existe y transcurre pero es abarcable y capturable, me preguntaría por la presentidad (mis términos nunca dicen nada) del siglo XVIII. Me enfrasco por ello en la máscara intrusa de un gran proyecto, al estilo de los grandes meta-relatos de la modernidad, que no sería otra cosa más que una anomalía del sentido histórico que no comprendo: es decir, la peripecia que oscila del fracaso de las modernidades al esencialismo óntico del tiempo social de esas modernidades.

 

I.B

Longitudinalmente hablando la temporalidad del siglo XVIII desde la perspectiva causal de las transformaciones sería un primer plano de análisis. Además de construir un sistema interpretativo del último siglo del antiguo régimen, o sea de ver al enfermo en estado crónico de agonía, debería tener claro, quizá para esto me serviría leer a Maurice Godelier y sus postulados sobre los procesos de transición, debería considerar romper mi cerco de soberbia y asumir la imposibilidad hedonista, ociosa y fanática de estudiar el siglo de la ilustración. Quizá debería dejar de comprar libros viejos, reediciones, de buscar en Google Play, obras, autores, periódicos, digitalizados, debería quizá olvidar que los diccionarios de la Real Academia Española están disponibles en el Lexicon, también digitalizados. Debería asumir más bien mi pertenencia a la sociedad de la información y dejar de husmear en los pasajes, desde el puerto fonologocentrista de personalidades y hombres de letras de esa temporalidad, y renegar de mis abyectas simbologías y mis insípidos términos. ¿Y volver al problema existencial? Elegir una categoría y agotarla. No, tampoco es la posibilidad, frustrada para mi, de dilucidar el debate Lyotard-Habermas ni mucho menos de conseguir un trofeo académico. Es quizás la construcción de un itinerario de vida. ¿Cómo olvidar que la antropología clásica bebió del siglo XVIII, como hacer a un lado mis prejuicios personales para ingresar en la brecha cultural de un tiempo y otro? No lo sé. Aquí está la obra de Luzán:

Poética 1737 https://play.google.com/store/books/details/Ignacio_de_Luzán_La_poetica_ó_Reglas_de_la_poesia?id=ZWRLAAAAcAAJ

 

Poética 1789

https://play.google.com/store/books/details/Ignacio_de_Luzán_La_poética?id=4oICAAAAYAAJ

 

Memorias literarias de Paris 1751

https://play.google.com/store/books/details/Ignacio_de_Luzán_Memorias_literarias_de_Paris?id=zN4rAQAAMAAJ

 

II

Estaba estudiando letras hispánicas en la Universidad Veracruzana. Aprendía a ser poeta. Vinieron los problemas semánticos de lo poético, de la poesía y la poética: género literario, teoría literaria, dimensión estética del lenguaje. Ahora puedo decirlo con cierta simplicidad. En ese momento, me perdía en la biblioteca de Humanidades. Acaba de leer a Lyotard -¿aún no están hartos de él?- pero prefería a Habermas. Postmodernidad-modernidad dialéctica de una transición de siglo. Leo el título y veo ediciones de 1737 y 1789. ¿Qué es eso? ¿Qué es poética? El punto que me cautivó fue el asunto de las especies. Cuando estudiaba antropología pensaba en la existencia de especies culturales. No recuerdo bien, qué pasaba en mi por ese entonces, pero al leer el título luzaniano no pudo resistirme. Sacar el libro, fotocopiarlo. Y pum. Atolladero académico. Lo único que tenía de referencia sobre el siglo ilustrado era que ahí se originó la modernidad, la cual ahora ya no era válida, según Lyotard, sino que había sido trascendida a la postmodernidad.

II.A

Ignacio de Luzán me condujo por caminos digitales nuevos. Me involucré en el Lexicon de Real Academia Española y navegué por algunos lemas de los diccionarios de autoridades y el de 1789 digitalizados. Quería hacer una tesis. Ahora la hago en otro sentido. ¿Quién fue Ignacio de Luzán?

http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=8297

https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_de_Luzán

 

III

tulipanes

 

 

IV.A: ÁLBUM DE PERSONAJES

donVoltaire

 

PERO BUENO. TODO FINALIZA EN UN SIMPLE EJERCICIO VISUAL.

donVico

 

 

 

 

NO PODEMOS OLVIDAR DE DAR CRÉDITO A LOS DISTINTOS SITIOS.

 

PERO ES IMPOSIBLE DECIR QUE ALGO BUENO SALGA DE TODO ESTO.donSmith

LA CERTIDUMBRE QUIZÁ SERÍA EXPLORAR LOS ATISBOS QUE PERMITIERON UNA CONSTRUCCIÓN MENOS FORTUITA.donBach

 

 

 

 

 

 

PERO NO PODEMOS SUBSTRAERMNOS DEL PRESENTE

QUE TODO ES UNA POSIBILIDAD ROTUNDA DEL NO SER

DEL NO ESPACIO

DEL NO TIEMPOdonFeijoo

 

AUNQUE QUIZÁS ES DEMASIADOdonEguiarayEguren

 

 

 

 

NO PODRÍAMOS PENSAR EN OTRA COSA QUE UNA ANTIENCICLOPEDIA GLOBALIZANTE TOTALIZADORA ESENCIALISTA

DonMunchhausen

 

 

PERDEMOS EL INSTINTO Y LA RAZÓN COMO SALVAJES FÓSILES

donMontesquieu

 

 

 

 

 

 

Y TODO ES UN LABERINTO IMPOSIBLE, INTANGIBLE, INMATERIAL.

donHegel

 

POR LAS SENDAS DEL CONOCIMIENTO ARTIFICIALIZADO

CONTRA LOS PRINCIPIOS DE UNA IMAGINACIÓN ARQUETÍPICAMENTE CONTUMAZ donJovellanos

 

 

 

 

NO ES MÁS QUE UN DESFILE SIMPLÓN, PERO TREMEBUNDO.

donHandel

 

 

 

POR CONSIGUIENTE

ES MÁS LO NO POSIBLE QUE LAS POSIBILIDADESdonRousseau

 

 

 

 

 

IZQUIERDA-DERECHA-LEFT-RIGHT

donGoethe

 

 

 

COMO CANCIÓN DE ARGONAUTA… EXTRAVIADO EN UN TIEMPO INDEFINIDO

donClavijero

 

 

 

 

EL BARCO ESTUVO CARGADO Y TODO UN SAQUEO PIRATA

donKant

 

 

PERO NO SE OLVIDEN DE LA TELEOLOGÍA

DonMozart

 

 

 

 

 

QUE LA CULTURA TAMBIÉN FUE CONCEPTUALIZADA EN EL SIGLO XVIII

donLuzan

 

 

 

 

 

 

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

La no cabida

Caber, pertenecer, ser parte. Es natural del proceso de identidad la constitución de grupos sociales con afinidades selectivas. En los fundamentos sociales, la familia y otro tipo de instituciones son los primeros vínculos del individuo con el entorno de la otredad, múltiple y diversa. El proceso de individuación es dualista: interior y exterior. Es preciso para cada persona construir un mundo colectivity 1.2PZ345emotivo, simbólico, informativo, personal, pero también vincularse, anudarse y relacionarse con el mundo exterior. El descubrimiento de las capacidades sociales, es una condición sine qua non para el sano desenvolvimiento humano. La inserción social implica el conocimiento de normas, convenciones, patrones de conducta, sistemas simbólicos y mecanismos coercitivos que moldean el comportamiento. Caber en un universo social, grupal, inmiscuirse en la colectividad, es un principio de salud en el comportamiento. No hacerlo es un síntoma de una tendencia posiblemente patológica. Sin el otro, por quien conocemos nuestro nombre y sabemos de nosotros, no estamos en condiciones de explorarnos y de conocernos. No es el mito del individuo del liberalismo capitalista, ese del sueño americano, el que se monta encima de un egoísmo contundentemente consumista, sino el mito del individuo global, postliberalcapitalista. Las posibilidades de vinculación social, especialmente las comunitarias, incluyen intercambios recíprocos, actividades mutualistas, unidad en fines y medios para alcanzar metas comunes. De ahí que la anulación social del individuo, de sus preferencias y de sus sistemas emocionales y simbólicos, sea un mecanismo de abducción a corrientes aglomeradoras que supeditan la acción personal a un conjunto de prácticas enajenantes. El fanatismo en sus diversas modalidades, deportivo, religioso, político, estético, etcétera, es uno de los mecanismos de nulidad social, de anulación individual. El no caber en el mundo, el no pertenecer a algo, el carecer de elementos para construir y desarrollar una identidad, bajo un modelo dialéctico entre la tradición y la modernidad inherente a toda actividad humana, remite a estados de conciencia faltos de integridad, de sabiduría y de conciencia. La anulación del otro, como objeto y fin de un proceso enajenante y enajenador, es una meta cultural de nuestros tiempos.

fanatic moveLas formas en las que se expresa la anulación del sujeto, individuo o persona, dentro del colectivo, pueden enmarcarse en posturas tales como la patología social o las conductas antisociales y/criminales; el deseo del grupo, micro o macro estructurado, de eliminar las pulsiones individuales, por ejemplo el caso del complot contra el genio por parte de los otros pertenecientes al gremio; el impulso constituido de fuerzas supra individuales, con fines que son ajenos a los beneficios mediatos e inmediatos de los miembros, como el caso de los fanatismos; la implementación de modos de conducta ambiguos y ambivalentes por las instancias que regulan la sociedad; o en el mejor de los casos las dificultades del individuo por trascender su ego y romper con los cercos que le impone avizorarse en el otro. Si el reflejo, desde el mito de Narciso, es un elemento constructivo, en el caso antiguo por mortal y cuestionable, en el moderno como instancia comunicativa, reflejar-se es pertecener-se, ser parte. Un tú es un yo y un yo es un tú. Lo colectivo moviliza los terrenos de las voluntades en unión. El recrudecimiento de los mecanismos y procesos de anulación del individuo y sus grupos, es un claro síntoma de la descomposición del tejido social en tres direcciones: la falta de inventiva moral, mental y comunicativa en el desdoblamiento del ego y sus potencialidades, más que en el desdoblamiento egoísta y sus deficiencias; el abigarrado y excesivo, además de creciente, universo de los estímulos culturales, tecnológicos y entretenedores que implican una saturación determinista, reduccionista y simplificadora de la experiencia humana, como procedimientos de aplanamiento ideológico, emocional y conductual; la reiterada presencia de disputas y antagonismos históricos heredados que implican un resurgimiento total de creencias, valores, conductas, premisas, lógicas y actos vinculados a problemáticas insolubles que remiten a una ceguera tanto de las cúpulas, llámese institucionales, políticas o empresariales, como de la población, llámese ciudadanos, pueblos o colectivos.

La no cabida, la no pertenencia, el presente como un exilio del ser, más que una enfermedad es un síntoma de nuestros tiempos.

Technocracy man

Extravío vocacional

 

2002, viajé al mundial de FIFA Corea-Japón y escandalicé Tokio una noche de mayo. Estaba desesperado porque había estado usando LSD. Pero el sushi en Japón es grandioso.

Bien o mal, soy un impostor. Navego por intencionalidades falaces, por rincones estéticos dudosos, es más, ni siquiera conozco las distinciones entre los géneros y tipos de escritura, pensamiento o argumentación. Soy un orgulloso producto del subdesarrollo mexicano del siglo XX y un libertino que termina atormentado por sus renglones vomitados desde la entraña pretérita. El tema de una posible identidad, rota en muchos niveles y sentidos, es también una cansada fórmula de cocina creativa: ¿quién soy? Un adulto de 33 años que se siente inferior a las personas de su edad, que se culpa por actos moralmente cuestionables, que no perdona los accidentes juveniles, que se la pasa comparando la vida de los otros con la propia para llegar a la conclusión de la miseria auto-inducida.

Ya es un cansancio lo que pueda opinar, es más, si quisiera tener un perfil digital, si quisiera construir una identidad, ¿no debería acaso interactuar, buscar foros, plantear preguntas a otros, vincularme? Todo es este oasis de soledad, de abandono, como los libros de viejo adquiridos, no leídos, como las postales no contestadas, como los viajes no hechos. El padecimiento recrudecido de un esquizofrenia crónica y progresiva, el dolor de la auto marginación, del auto engaño, del auto fastidio, de la auto evasión. Las cajetillas de cigarros, los platos sucios, el exceso de café. Maldita sea, muchas personas creen que debería cambiar mi estilo de vida. También debería asumirme como un maldito conservador, intolerante, acomplejado, degenerado. No es sólo leer lo que otros no leen, atender lo

He olvidado las habilidades sociales para estar en grupo.

que otros no atienden, no, es ser una ausencia menos, como dije hace años. El hombre es gregario por naturaleza, político por naturaleza, pero yo no creo en la naturaleza humana desde hace mucho tiempo. Por eso mis carencias son también la carencia de la otredad, no sólo de algún sistema filosófico, moral, intelectual o de creencias que pueda aliviar el hecho de las truculencias, de la hipocresía personal, no sólo los estribos faltos de razón que anidan sus locomotoras en mi silencio.

Preguntarme quién soy cuando me encuentro roto, deshilvanado, fugaz, cuando me entero que soy un rezagado históricamente, en mi medio social, en mi momento contemporáneo, en la vida. El sino de ser prematuro, antes de madurar, es el sino de estar siempre fuera de lugar, donde no debería estar y estoy porque no encuentro otro lugar en el mundo.

Ni qué decir de los trayectos frustrados, más ahora que el mundo es tan abierto y tan ancho, pero también tan obtuso y tan miope. Olvido con facilidad lo simple, lo delicado, lo humilde, porque me moviliza un egoísmo sin sentido: yo no soy yo como Dariana no fue Dariana y Dios no fue Dios. Porque las dimensiones místicas de mi existencia, no sólo como existir individual presente, son migajas de los últimos 15 años. Debería madurar, afrontar el reto de crecer, escribir mi tesis, concluir. Pero  no puedo, porque llevo años recolectando libros del siglo XVIII, porque llevo años sin una guía creativa, porque no importa lo que escriba o lo que piense ni siquiera lo que viva. Es toda una inutilidad llamada ego. No podría dar un curso de ninguna materia, no domino a ningún autor, no tengo profesión definida, intento pasar de un género a otro pero desconozco los cánones y reglas de cada uno, en una palabra, soy un escritorsuelo desde una ciencia infusa. Y en el vacío que vivo, en esta pocilga, donde están embodegadas memorias, personas, números telefónicos, fotografías, posters, entre lo que alberga mi bodega, es el lenguaje y el trauma de los nombres, de los referentes y los significantes, dislocados de una significación y un significado definido y estable, lo que me instruye como parte de la dislocación personal.

Egoísmo contra Ecologismo

No lo he leído, bueno, algo sí, pero no mucho. BORGES

Debería quizá escribir un diario, no sé, algo, que me destrabe, algo que me saqué de la órbita obtusa: leer a Borges, ver una película, ir a una representación teatral, cocinar. Pero no, estoy atrapado, vivo en un cautiverio cifrado en un evento de hace 13 años, en la imposibilidad de una esperanza que se podría lentamente y que ahora es una fétida esencia personal. Vivo en la desgracia de lo que no fui, en la nostalgia de lo que no soy, en el fracaso de lo que no intente, en el arrepentimiento de lo que he vivido. Aunque no soy católico, aclaro. Vivo dejando pasar y hacer, en un trueque incipiente y arrítmico basado en el Kula de las islas Trobriand: a la izquierda circulan las tristezas y a la derecha circulan las desesperanzas.

Además invoco mis oficios intelectuales, mis tareas escriturales, mis actividades “creativas” que son no sólo los remilgos psíquicos de mis fracasos: ¿para qué coño estoy vivo? ¿qué chingados estoy buscando en el mundo? No lo sé, ni siquiera me importa tener ambiciones o sueños o ideales o ser una hombre completo. Estoy podrido por dentro y por fuera soy como un transporte de combustión interna: emitiendo dióxido de carbono al fumar como chacuaco. Debería tener algo de sensatez. No puedo siquiera distinguir mis faltas ortográficas, vivo un desconsuelo porque nada es suficiente, nunca es tiempo propicio, porque he olvidado leer el I Ching, preguntar al oráculo, porque me niego a ser parte de un mundo, de una país, de una ciudad, de un estado, también podrido por todas partes. Porque inscrito en el curso monográfico de la monotonía, esa que es no desayunar, no comer, no quererse, no entender que no seré Charles Baudelaire, que no llega mi oportunidad de brillar públicamente, que si quiero algo tengo que luchar, pero desfallezco y me rindo, desisto, porque tengo la frustrada intención de un gran proyecto escrito, de un gran auto-meta-relato, porque soy mi ficcionalidad, esquizoide, bipartita, longitudinal y enfrascado en la burbuja continua de un instante. Conmigo la ignorancia, la arrogancia, la falacia, la preponderancia de lo inservible, de lo chatarra, porque soy la chatarra del cambio de siglo, chatarra social. Un clase media venido a menos, extraviado en antros y prostíbulos, adormecido ya por el impulso juvenil de una brutal adicción de 10 años, he perdido la voluntad, el impulso que años atrás renové. En mi egoísmo no caben los regalos para otras personas, no caben los seres queridos, no cabe nada más que la ausencia de mi madre, el trauma del amor no vivido con Dariana, el anclaje torcido de mis 20 años dilapidados: dilapidar fortunas heredadas, dilapidar el tiempo, dilapidar los años y los esfuerzos. Quizá esté deprimido o enfermo o desanimado o simplemente harto de vivir mi vida, esta vida sin amor, sin alegría, sin regocijo, sin dicha. Es todo eso y mis pretensiones, esas de conquistar a Marian Orlova hace 5 años, las de acercarme a Sergio Pitol aquí en Xalapa, las de escribir pelafustanamente ensayos retorcidos, redundantes, retóricamente ramplones y obtusos, la pretensión misma de vivir como diputado mexicano del PRI siendo hijo de una mujer que fue encarcelada, torturada y perseguido por el gobierno priista. ¿Extraviado? Ni siquiera sé qué pasó hoy en mi ciudad, en mi barrio, no sé qué demonios planea la NASA. Soy una isla de insignificados, soy un isignificante, soy un murmullo. Dicen y escucho y veo y noto que han pasado cosas maravillosas en los últimos 15 años. Yo no he vivido ni una cosa maravillosa en 15 años. Me recuerdan que la vida es eso, maravillosa, y me resisto como si estuviera en la incubadora de la infelicidad y no quisiera salir de ahí.

Space explorer

Para limpiarse…

Y mi desahogo, mi consuelo, fue y es este blog, este sitio, que ya no tiene vida, que está como extraviado, como agujero negro en el cyber espacio. La pugna constante, el deber ser, el parecer, el wanna be, el maremagnum del presente y sus producciones, nunca antes tan inabarcable como ahora.  Qué importa Jung, Freud, Fromm, qué importa el psicoanálisis. Que importa la cultura, la antropología, la literatura, la lingüística, la música, las humanidades, la historia, la estética, la ética, la sociología, qué importa el mundo, el presente, el tiempo, todo es una mierda, una mierda que pruebo todos los días, esa mierda de tener 20 años e irte a la chingada, solo. La misma mierda de que el teléfono de mi casa no suene, de que no tenga visitas, de que nadie sepa si comí hoy o no, si estoy enfermo o si me emociona la idea de viajar pronto. La mierda de no ser tomado en cuenta, de vivir una nulidad. La mierda de mis exageraciones, de mi cerco emocional, la mierda de vivir la monotonía de mi terapia que ya no funciona, la mierda de no tener con quien coger, la mierda de tener que terminar una carrera y no poder escribir en libertad, la mierda mía de todas las mañanas: despertar, prender un cigarro, fumar, hacer café, tomarlo. Esa mierda de las moscas en mi casa, de los platos sucios, el espíritu de la depresión, depressive mode, falta de ánimo. Pero no cerraré así la puerta hoy, no me iré a dormir de esta manera.

 

Había una vez un joven que quería ser antropólogo. Su madre murió. Se quedó en un viaje de LSD. Conoció a una chica que le gustó pero que no volvió a ver. Los años pasaron. Ahora escribe un blog en wordpress.

 

 

 

 

Soy

Soy un mundo paralelo
también desgarre y mutismo o
contrabajo de la tristeza
contra luz de los años.
Paralelo mi existir
compone odas depresivas
contra atardeceres dudosos
encima de enmohecidas canciones
como libros en el sótano del desamor.
Paralela mi voz
especie extinta de un manto floral
vaso de ilusiones y dilución de inocencia.
Paralelo cual coordenada geográfica
medición de un espacio quebradizo
soy una copla que desvencija las estancias
dominicales en el pórtico del mar.

Doble exposición presentista

behindsidegirlSí, una vez leí a Habermas y también a Lyotard. Una vez intenté adentrarme en la discusión entre la modernidad como proyecto incompleto y la posmodernidad como alternativa interpretativa. No soy filósofo ni lo seré. Es quizá mi lectura mutilada de Leví-Strauss, desde la trinchera ahora olvidada del Nuevo festín de Esopo de Octavio Paz, la que me indujo a personificarme como un objeto creativo, como un soliloquio que deambula entre disciplinas humanísticas. No es tampoco mi raquítica experiencia antropológica ni mi condición carente de cientificidad social la culpable de los atisbos intelectualistas de los que soy parte. Mi complejo estriba en el trauma de la modernidad, en la vivencia de no saberme ni moderno ni posmoderno, ni del siglo XX ni del siglo XXI, ni presente ni pasado ni futuro. La ansiedad por tener una definición personal, es además una ruptura psíquica de mi personalidad: desde el psicoanálisis introyectado (el de Fromm, el de Freud y el de Jung) constato mi desintegración individual, pero también noto cómo los estadios mentales del pasado inmediato, las ideas, las pulsiones tétricas de una necrofilia materna (con mi madre muerta y yo sin resignificar su ausencia), constituyen elementos torpes de mis adentros. fondo1.1.2.3 Mucho más que este recuento, quizá la experiencia útil de encontrarme aquí, recordando, contra el espejo de lo no dicho, de lo no inferido, contra la paradoja del ego que se expone pero que desea privatizarse, ser privado. No es mucha la imaginación que me queda, no es tampoco tanto el instinto creativo con el que cuento. No es eso, es quizá la prefiguración delicada de una distorsión digital, de una especie de cuantiosa dilapidación verbal. Es también la imposibilidad de pensar en términos claros, llanos, simples. No por nada la fútil instancia de un collage recién hecho. Aparecer en el ambiente es también una forma de quedar vacío, inerme, frágil. Años que no voy al mar, años sin vacaciones, años aquí, despilfarrándome en la red, virtualizando mi identidad, maquinando textos, ideando creaciones. Años transitando por etapas creativas, por proyectos, por intenciones e ideas: una novela terminada, recopilaciones de ensayos históricos, escritos, imágenes, vídeos, canciones. Todo es una conspiración mía porque vivo la escisión de la academia, la vida profesional, oficial, seria, de la vida creativa, informal, libre, espontánea. Y mostrar los rincones por los que expreso esta inconformidad, es ya un deseo y una necesidad que trasciende mi yo, que rompe mi tacto personal porque me hace cabalgar por un extravío autónomo: me arroba a un mundo de posibilidades infinitas que descubro y navego finitamente. peoplegrisDrogas, pornografía y esquizofrenia son para mi heridas de mi juventud, yunque donde se fraguaron mis demonios existenciales. Pero es mucho más que la improductiva lectura de Sloterdijk o quizá mi falta de patriotismo cuando no conozco ni la literatura nacional mexicana (quizá por ahí un libro de José Emilio Pacheco o Sergio Pitol o Alberto Ruy Sánchez o José Vasconcelos o Luis Mario Schneider); es quizá mi fracaso recopilatorio del siglo XVIII en su vastedad y complejidad, una esencia igualmente traumática, proclive a la evasión, al autosabotaje. Es también la falacia de un instinto de supervivencia torpe, distorsionado como dije, el que convoca a los remilgos predictivos de mi tragedia existencial: creer que pienso y que mis pensamientos son útiles y que puedo ver el mundo a través de palabras y que construyo una cosmogonía cultural propia. Soy una falsificación en el sentido de que no acato lineamientos establecidos, pero tampoco sigo la sintonía personal, auténtica, de algún trayecto saludable. Si la querella es contra el mundo, contra mí mismo, es también una querella por senderos y actos rutinarios, por atmósferas conocidas, cansinas por recorridas. No es el reconocimiento personal ni la autoexploración lo que satisface el mecánico impulso escritural. Es quizá, de vuelta al trauma de la modernidad, la vigencia del vacío, de ese vacío que es transparente en el mal, de ese vacío que está componiendo el presente, el presentismo, que es una fábula especular, que es una imaginación caduca, que es todas las imágenes activas en el ahora, ya inabarcable e inexistente. Y cuando algo romulaizeregoabril2015parece ser aprehensible, el vapor digital, la luz, los efectos del olvido y de las modas, actúan como aspirinas para la dolorida jaqueca del historial web, de ser un alguien en un paraje de la digitlidad. Contra este influjo, soy distorsión y vivo distorsionado porque no soy lo que escribo de mi ni tampoco lo que he leído ni tampoco lo que creo. Porque no soy un algo estático, inmutable. Caigo en el esencialismo y pierdo la partida, todas las veces. Y olvido la lógica paradójica de Lao Tse, olvido el Tao Te King, olvido el I Ching, olvido el dualismo del Ying-Yang, olvido la condición movible, dinámica, que estriba no sólo en el hacer sino en la no acción, olvido que no puedo definirme desde adentro con impulsos como este, un tanto disforme y angustioso. En ese tránsito, llamado prófugo de la constitución personal, en ese ir y venir del olvido a la memoria y de la memoria a la instantánea figuración de la otredad, en ese intervalo donde la música no suena, donde los libros están arrumbados, donde no hay conexión con el mundo, con la realidad, con eso externo, es donde la posibilidad del absurdo, ese absurdo del Mito de Sísifo de Camus, se convierte en la proliferación maligna, trunca, soporífera, del torrente mental, de la ecografía interior, del alma que inspira fragmentos, trozos. Por eso la vuelta al trauma, de la modernidad, de la recopilación del siglo XVIII, de la escisión entre vida académica y vida creativa. Por eso la esquizofrenia en sintonía con la debilidad psíquica, en sintonía con la versatilidad frustrada de trascender los límites personales, los lindes propios de lo ya vivido, ya recorrido, de lo conocido. Por eso este collage, esta prosa tibia, referenciada, fugaz. arquetipo urbanistico collage