Retorización

 

Flácida esta dureza cristalina de los ayeres hoy transidos, esbelta debilidad, fuga incierta el silogismo deshecho. Había una vez una especie que fue derribada por el eco solo, de la calle y sus ruidos emblema, solo, ese ruido, leve rumor, ajetreo, incipiente estructura. La consabida insignia del anclaje, océano siempre caer a las fauces silenciosas, un rugir en la cinta tiesa de lo endeble. Murmurar también en tautologías siniestros campos colapsados, humanidad, fértil sino, escueto sacudirse en el mantel apoltronado del confort. Desdecir el nombrar la cicatriz espuria, designio histórico, desgano vital, maquiavélica sombra, silueta, si ocaso también partida, si viaje también tormenta, ¿hacemos con las astillas del amor una balsa y nos escanciamos imágenes de este siglo? Los ángeles están ubicuos en la soltura, en el gris nocturno, como nosotros, cansados, embadurnados, asombrados, estamos despilfarrados en cariños, tientos, estanterías de bibliotecas del siglo XVII, aromas —tampoco falta un atisbo que reticule el indómito designar el atenuado sentido del encumbramiento ideogramática—, porque el sin final, tiempo, oh carta de amor, es igual un ápice de los endebles saltos, endebles también los atropellos, como voces endebles, igual de frágiles que el granito ante el terremoto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Embodegar una biblioteca por una nueva vida

He hablado otras veces de los libros de la casa donde habito, estos libros de mi extinta Margarita Urías, una impresionante colección. También yo tengo mis volúmenes en esta casa de madera y ladrillo, muestra de mis búsquedas y de mis snobismos literarios e intelectuales. Hoy me toca embodegar, con naftalina y plástico, mi colección pitoleana, hesseiana, lemaziana, ruy sancheziana,  motemayoriana, y un largo etcétera. Y embodego porque me encuentro en un punto de transición a una nueva vida, como estudiante de doctorado en el COLMICH, llevándome entre otras cosas historias literarias, tomos de estética, compilaciones historiográficas y la fuerte esperanza de salvaguardar mi intento académico hasta cumplirlo cabalmente. Por consiguiente, esta catarsis prefigura el acto de memoria que invita a recordar, por ejemplo, la adquisición de Sholojov y El don apacible, en la librería Da Vinci de la ciudad de Xalapa, cuando en ella se encontraban cosas bastante mejores que las de ahora. Recordar también esas caminatas al CIESAS-Golfo cuando trabajaba con el Dr. Mariano Baéz, cuando transcribía la Literatura Universal de Arqueles Vela, editada por Botas, cuando leí La vida es sueño de Calderón de la Barca, junto a textos históricos y mis incursiones graduales en la obra de Sergio Pitol. También esta manía, este consumismo bibliófilo, es un vestigio que me ha permitido hacerme de un acervo documental importante, sin descartar mis afanes lingüísticos y semióticos, de filosofía del lenguaje, de antropología, pero más en los últimos años de literatura e historia española. Entonces se encuentra los libros que se van conmigo a la aventura académica, y los que quedaran en el sótano temporalmente.

Mis búsquedas en la tradición literaria española son islotes insignificantes de vestigios que más que dar una sólida forma a mis ideas muestran una tergiversada maniobra de asimilación ecléctica. Entonces ¿por qué no asumir que los nacionalismos representan diferencialmente categorizaciones absolutistas que rompieron las lógicas geopolíticas para delimitarlas a las dimensiones cartográficas de los derrotados y los vencedores? El particularismo nacional me ha invitado, además a revelar algo más que las maniobras coloniales y asumir que el tiempo histórico también puede aprehenderse desde una particularidad desatendida académicamente. Es entonces el conglomerado intelectual del siglo XVIII uno de mis principales apoyos y resortes en mi aventura académica: español, con Feijoo, Jovellanos, los Moratín, Iriarte, pero sobre todo Luzán, francés, con Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert, alemán, con Kant, Fichte y sin ser estrictos con Hegel, italiano, con Vico, Muratori, novohispano, con Clavijero, ante todo, pero también con Humboldt, Alzate, Boturini, entre otros. Y también es la historiografía, aunque desde lo político económico, como Sarrailh, Bazant, Vilar, entre otros.

Es incluso este acto el rememorar que hace 17 años estábamos llegando a esta casa Luisa, Margarita y yo, cuando concursé en el premio de ensayo del CIDE y quedé finalista. Es recordar que tocaba las canciones del disco Enemigos íntimos de Sabina y Páez, como el viaje a las cercanías de San Marcos para buscar orquídeas y fauna para construir nuestro jardín, con esos platanares de ornato que duraron unos años. Es también recordar la caoba que traje de la playa oaxaqueña Ventanilla un año después, ya sin mi madre, que terminó secándose entre 2007 y 2010. Empacar es deslindarse, conquistar, reflejar, momentos, encontrar notas, ver postales viejas, de amores, de amigos, de cuando la vida era un amasijo de amistades, hoy ya distancia y torpeza, desconocimiento. Empaco entonces porque me voy al COLMICH a estudiar el posgrado con todo el gusto y dolor que eso conlleva.

 

 

Vomitividad y verbalismo

Falsifico mi emotividad, falsifico mis ideas, falsifico, evado, el torrente cierto, acuoso, de la lengua. Desconozco de retórica, inmensamente ataco el teclado, pam, pam, pam. No es verdad que por escribir uno sea escritor, es mucho más complicado, pero tampoco es cierto que uno deje de escribir: escriba dice un buen amigo librero. Existe una horizontalidad que promueve el despilfarro verbal, la del sintagma. Ahora no es una cuestión de lingüística. Más bien se trata de la performatividad del momento: ¿qué pienso que digo cuando escupo saltos dentro de este cuadrado que será visto por 25 personas máximo? Es mucho menos que una audiencia, mucho menos que los libros que se pueden vender en una presentación regional.

No vayamos muy lejos, por favor. El abecedario es distinto del alfabeto, pero también la resistencia oral es distinta al trazo escrito. La mejoría estriba en la articulación del signo lingüístico y la escritura, no obstante los escondites ciertos de la inteligencia ficcionalizada del instinto, del arrobar las cúspides de la mente con grandilocuencia efervescente de misterios. ¿Dónde estaba abril en 1678? En el mismo sitio, cronológicamente. Se trata por ello de la calendarización del vacío, la vacuidad historizada, cata pum, cataplasma, ectoplasma, protoplasma, como la adenéica señal de decrepitud que arrostra mis ojos frente a una cabalgata insufrible de payasos literarios. Pero el payaso soy yo, sí, ridículo, sí, siempre, desde niño. Igual que las estrellas, igual que la sal, ridículo, sí, siempre, as usual. 

El acto de habla escupe, entonces, estas fruslerías, vaya palabreja, vaya intentona, vaya raquitismo, este ramplonismo ideológico, este desconocer tradiciones, este ni siquiera estar seguro pero seguir adelante. Vamos, cómete un Hot Dog, es lo de menos. Maravilloso, simples combinaciones infinitas. Diría Chomsky: your speech deos’t say anything, who cares? Encima del trance psicodélico, sexydélico, pornodélico, logofágico, emblema si carisma de cuento de los años cuarenta del siglo pasado, chasis de pacotilla de un automóvil oxidado en La Habana. Debería vivir más, debería abrirme, debería dejar de intelectualizar mi interpretación de mí mismo, soy un fiasco, un fraude, pero soy. ¿Aquí hay temporalidades ocultas en un numeral endecasílabo de fractales insalubres? De nuevo el hecho de la salud, la enferma obstinación del nombrar, más bien del expresar sin decir. Pamplinas, sería como ir de un lado al otro en la calle de la zona roja y decir: no soy carnívoro, soy vegetariano, who cares?

Irreverencia poética 21

Manejar silencios es un

trueque emblemático:

si mirar otredades

es un don, ¿qué de nosotros

columpia ruidos?

Hijos somos,

nacimos, cultivamos

las sendas prófugas

del amar, silencios

somos: bocas y abrazos,

don de alegría, de lenguas don,

traducir el espacio en sueños.

Si quebrar el dolor

es iluminación, entonces

¿donde nacemos

creemos tu magia,

madre? Rebelión

del uso patriarcal

de la mirada ¿Existes

tendón de feminidad?

No es un saltar las rendijas

del mutismo

la insignia de tu vida:

experiencia inconclusa

ese romance tuyo

pasto del mito celeste.

La pornonarcotecnocracia

El problema de vivir en un universo humano saturado y saturante, además de plantear la posibilidad de interpretar desde la química general los intercambios y flujos informativos, impide de muchas formas la traducción completa de la experiencia informática. Dicen algunos que vivimos en la República del dato, mientras que amplios sectores de experiencias y prácticas culturales y simbólicas, obstruyen la singularidad por su condición homogeneizante. Mi planteamiento, desde mis postura de indigente cultural, critica la dinámica del trending, la viralización y la postmasificación de los hechos virtualizados, en tanto generan islotes referenciales de una contemporaneidad dudosa. Prefiero decir que vivimos un universo distemporáneo, o sea, disforme y saturado de múltiples tiempos o expresiones temporales humanamente registradas. En ese sentido, el atómico particularísimo que defiendo implica la trascendencia del acto etnográfico clásico, pero también declara, sin rubor, el desconocimiento total de las posturas filósóficas presentes. En todo caso, la distemporaneidad moviliza un campo de presentes ampliados, no un presente, sino presentes diversos. Independientemente de mis teorías del tiempo —histórico y cultural— me preocupa la descripción de un ethos rotundamente explicitado, tanto en su nivel pragmático como experiencial y simbólico verbal, heredado de procesos sociales, culturales, estéticos y mentales de la segunda mitad del siglo XX. Pero pienso en antinomias que en este momento no deberán involucrar concretamente el universo mercadotécnico, económico y propagandístico de la infancia, los deportes y el ocio (en su acepción moderna, vacua y carente de significante en una economía social del actuar). La antinomia pornografía/feminismo representa quizá la mas dura prueba de verificación simbólico-cultural en un entramado de formulaciones que abarcan prácticas estéticas, ejercicio de violencia, identidades sexuales, flujos visuales y otros tipos de conductas —intra y extra femeninas—. Otra antinomia presente es la de narco/logos, presumiblemente en función del fracaso de la razón instrumental, en principio, pero también como movimiento, desde la falsa psicodelia globalizada, hacia la potenciación del ego psíquico distorsionado, intoxicado, anestesiado, abandonado al flujo incesante de la dosificación del placer y la miseria. Finalmente, la última antinomia refiere a la dualidad técnica/arte, desde la ruptura formativa, en términos morales y éticos, presente en la sociedad tecnificada, siempre que lo técnico especifica la instrumentalidad y operatividad funcionalista y ejecutiva, mientras que el arte remite, mas allá de su acepción estética, a una disciplinariedad, trascendental del academicismo, formativa, valorativa de una tradición y una innovación dialogicámente, donde el principio sustantivo es la transición de un sujeto histórico, individual y colectivo, a un estadio de ciudadanía legal, fundamentada en derechos, responsabilidades y obligaciones contractualemente comprobables. 

Estas antinomias representan un dispositivo presente en nuestra temporalidad distemporánea. Conforman, como dije, islotes de sentido, significantes en le economía social de la información y la actuación, que traslucen representaciones, prácticas, signos y elaboraciones pragmáticas, donde lo político, en su sentido de polis, es decir, organización, induce a una antinomia mayor, vigente: anarquía/cratos. Mi análisis, espontáneo y a partir de observaciones mutiladas, plantearía una urdimbre tomando por principal esta antinomia, la del poder y su ejercicio o la del poder y su disolución. Si lo anárquico, o esa ausencia de Dios, de amo, de estado, es una vía legítima, por contestar al poder hegemónico, las otras tres antinomias movilizan fibras del tejido comunicativo globalizante, industrializadas, mecanizadas, que revocan el espejismo del pensamiento religioso, dotando de la certidumbre irracionalista, necropática y antivital, la conducta humana, cifrada en un psíquismo biocognitivista, en un extremo, contra este necrocultismo violentado y atroz. La pornonarcotecnocracia implica el dominio, la prevalencia, la coagulación, de un proyecto y planificación ingenuamente dispersada a través de expresiones editoriales, fotográficas, discursivas, viodeográficas, entre otras. No es argumentar en otro sentido más que en el de la desobjetivación material, en dirección a una hyperobjetivación materialista. El régimen, entonces, induce a una composición órgnica del exceso (sexual, drogadictivo, tecnológico) como dispersión aglutinante de la urdimbre donde disolver el poder o someterse a él, implica actitudes medias, como asimilarse al poder, transformar el poder, fomentar el poder, instruirse en el poder. También se trata del ejercicio y monetarización simbólica de la desigualdad, la injusticia y el fratricidio, oposición también de los derechos fundamentales del hombre Igualdad, libertad fraternidad. Si la moneda es la desigualdad, lo es también la opresión y la represión, la negación del lo libre como mecanismo, como acto, como estratagema social masiva, en pro de un atomismo individualista, a favor de mi interpretación distemporánea del presente. La administración pornonarcotecnocrática del tiempo, que es desde donde se obtiene el espejismo homogeneizante del ser atomizado, es un factor de distribución económica, estratificación social y conductismo factual.

Improvisación lírica transgénero de memorias distorsionadas

Debería escribir el collage de todas las publicaciones periódicas presentes en la casa de mi madre, Margarita, incluyendo mis revistas de estudiantes de antropología, las de reflexión sobre la postmodernidad, las del Poeta y su trabajo de Hugo Gola, también los suplementos del anterior periódico Milenio Veracruz, esos suplementos donde publiqué alguna vez, suplemento nombrado Laberinto, dirigido por Omar Piña. Debería quizá reconocer el camino andado y hablar de Mirna Valdes, de Erica Carrillo, de Juan Pablo Villalobos y algunos otros muchos autores que deambulamos por ese recinto cultural impreso. Debería quizá retomar las revistas de Cuicuilco, las de la UAM-Iztapalapa, también las de Alteridades, sin omitir las de Historia y grafía, la Revista de Historia El Siglo XIXDualismoSotavento, y por supuesto los suplementos de México en la cultura dirigidos por Fernando Benítez. Debería quizá revisar todo eso y entonces escribir, entonces saber, entonces actuar de acuerdo a los caminos de la intelectualidad mexicana, latinoamericana, europea, porque también hay revistas de El Viejo Topo, pero entonces me encuentro perdido en el laberinto del tiempo, del presente, de contar con un acervo inmenso de papeles, como algunos ejemplares de la colección de editorial Era Cuadernos políticos. Y si mi síndrome de Diógenes me lo permite, quizá un día pueda hacer ese libro donde encabalgue mi filiación intelectual con la de mi madre.

 

Versificación de tu ausencia I

 

Tú que escribiste

árboles genealógicos:

¿me reconocerías ahora?

Investigo sobre Ignacio de Luzán

y me preguntó si hay un factor

jesuita común en el orbe hispánico

en 1767, pero entonces,

divago entre poéticas, históricas,

cuadros y desnudos femeninos.

Tropiezo cierto,

si donde habito un instante

es por siempre tu voz,

en la cordillera de los años,

de las vidas, del chismorreo

de la intelectualidad mexicana.

No olvido lo que me contaste sobre Paz

cuando Onetti vino a Xalapa: tu exclusión,

constancia de vida, igual me siento yo ahora.

Un historiador recomienda un escrito de Aguilar Mora.

Entonces recuerdo nuestras pláticas

sobre Monsiváis, recuerdo entonces

tu pertenencia a la intelectualidad mexicana

del último tercio del último siglo

del milenio pasado, y constato,

con tu foto con Héctor Aguilar Camín,

que entonces yo no te usé como plataforma.

Lloro por dentro porque un día, en una fiesta,

parecida a Woodsktock, grite: llévame contigo, mamá.

Porque después de leer algo de Fromm y de Jung, incluso

de Freud y Lacan, me pierdo en la psique histórica

de un nosotros, Margarita, tú y yo, entre la selva

del Totonacapam, en el desierto cercano a Paquime,

tú y yo, la incubadora, mi destete obligado, tú y yo

y ese poema donde versabas que ponía en jaque

tu dolor. Hoy entonces, pierdo el tiempo,

con preguntas mustias, pero Roberto ahora es mi

amigo. Te extraño y también te creo, pero te olvido.

Igual que tú, allá en la Sierra Tarahumara, está

Augusto, que te alcanzó 8 años después.

Y el cielo es también color azul, las nubes

son blancas, con accidentes, pese al cambio climático.

Ayer revisando el archivo familiar encontré

algo inédito de García Canclini y entonces recordé a Maren

diciéndome que tú le decías Chanclini.

¿Qué migraciones no viviste tú

que te hicieron ser extranjera en tu país?

Sigues despertando envidias, celos y rencores,

pero no importa eso, importa que te amo.

 

A.I)

No interesa mucho el mosaico que pueda esgrimir contra el espejo de mi retruécano emotivo: soy y escupo, porque no es divino el verbo, pero sí la luz. La historia de Urías el Hitita se repite en mí. No interesa tener un nombre bíblico, no importa tampoco que nadie lo pronuncie apropiadamente, aunque ahora hay una actriz famosa que se apellidada Urías. No importa tampoco el recuerdo de hace 15 años, no sólo del Rave de Alien Project, no sólo del viaje a Japón, es más, importa más recordar el guiso con anguila y arroz blanco, el sushi, las sopas, el dragón chino que ya hace tiempo se perdió, el abanico japonés que ahora tiene Claudia (espero), porque mi cuaderno de ese viaje, Coreano-Japonés, fue tirado junto a otros papeles encucarachados, en casa de Juan Ángel. No interesa la narración de los hechos, no interesa el vínculo o el lazo, ni las substancias. 15 años atrás deprede el peyote en Wadley, con toda la tristeza del universo, con el castigo de una espina en el talón derecho, como el grito en el oído derecho, como esa mística imagen que nos condujo a la cagazón, donde los tapetes fueran tan importantes, mística como la imagen de Bush y Saddam Hussein jugando también con tapetes en 2002. Hoy que todo es una distorsión, hoy más que nunca no interesa el testimonio, ni la certidumbre del esclavismo sexual, no interesa mi pesadilla, que después fue pesadilla universal. No importa tampoco la morena bailarina más hermosa que cualquiera, no interesa la canción de Fito Páez, Joaquín Sabina y Andrés Calamaro, ni mucho menos el estructuralismo de Leví-Strauss o la antropología postmoderna de Clifford Geertz. No importa tampoco la semiótica de Umberto Eco, no importan Greimas, Bourdieu, Althusser. Son muchas vidas entonces esto que vomito, este escupitajo de nombres, de vivencias, de recuerdos del sabor del Sake, a madera, como del saque de banda en el partido México-Ecuador, como la ramplona y asquerosa televisión mexicana, como los machitos nacionales enaltecidos en el extranjero, como el charro negro pisándome los talones y yo con ganas de partirle la cara. No importa ni interesa haber ido al México-Croacia con pantalones guatemaltecos, huaraches de Malinalco, guayabera yucateca, gorra gringa y collares de la Sierra Tarahumara. También los increíbles lentes amarillos que compré en Niigata, se perdieron, porque se les obsequie a Gael, que fue tu alumno en tercero de secundaria en la Freinet. También el reloj, bonito y azul, de esa tienda se perdió, por andar fumando mota en los pasos peatonales del Distrito Federal con Gonzalo, hace ya muchos años, cuando ya no era novio de Luisa, pero a quien quisimos tanto. Todo eso no interesa, no incumbe al presente, ni al pasado, ni al futuro, no, porque Dariana no es Denis ni Adriana ni nadie, no es nadie, no existe ¿o sí?. Porque Denis muy seguramente no me recuerda. Porque Dariana y su voz son hermosas. Porque Adriana, la modelo de Victoria Secret, tiene un parecido inmenso con la chica que bailaba. No importa que un mal sueño se vuelva realidad, no importa pedir un deseo con una estrella fugas y que también se vuelva realidad, no importa tampoco proponerse un programa intelectual y que se vuelva realidad en 7 años. No, no interesa, no es conveniente mencionarlo, nada, nadie, nunca, aquí.

Descoyuntura psicoanalítica

 

Bailamos y a ella le adjudiqué

tu figura, su representación, tu esencia,

porque imaginaba cómo

ustedes, papá y mamá, se hubieron conocido,

cómo debieron divertirse,

cómo se decidieron a cortejarse,

cómo por encima de otras opciones

se eligieron. Y ella, morena como tú,

hermosa y esbelta, como tú,

sonriente, de ojazos, atlética,

rompió mi alma con su alma

y nunca pude abrazarla.

Pero todo fue un recorrido

al verde instante de la marihuana,

todo fue el tropezar absurdo

con el látigo de las mareas sociales,

todo fue confundir, a la distancia,

el espejo con el espejismo,

el síntoma con la enfermedad,

el sueño con la vigilia.

Entonces ella se volvió tu recuerdo,

pero no tu duelo mío, no tu obra,

no tu estar y ser en el mundo,

no, tampoco he podido entregarme

al perdón y he amado a medias,

siempre, aquí, con ese constante

recordar el baile más grandioso de la eternidad.

Ella, junto a ti, es también ese sueño

hermoso en un camión,

donde tú eras ella y ella eras tú,

donde yo veía

los ojos más hermosos del universo,

donde palpar fue tocar su aliento

con mi oído, llenarla con mi aliento,

saltar al universo, oscuro y luminoso,

desear un abrazo que nunca llegó.

Aquí estamos, sin nosotros, en la perversión

de la barbarie inflexible y constante.

B.II)

Al final quizá sólo me queda conformarme con la posibilidad de investigar la recepción cultural, literaria y periodística de Ignacio de Luzán en México entre los siglos XVIII y XX. Madre, reuní tus obras, pero me faltas tú, te leí, te compendié, digitalicé tus artículos, pero nunca podrás escribir tu libro sobre Escandón. Mamá, perdón, ya es tarde para ser el buen hijo que no fui. Y ahora, todos estos años sin ti, que son sin nosotros, son también sin ella, que tiene raíces chihuahuenses, como nosotros, y que yo lo supe a mitad del ácido de ese noche, y ahora todo es imposible.

 

Recordar la no instancia

Soltura el anhelo

cobija de luz

la cicatriz

emblema

instituido roce

como de galaxias

tiempo. Añoranza

esperar si los amigos no existen

si perdonar es cansancio

como silueta negra

al medio día eterno.

Cada vez que emerge

la costa del lenguaje

pérdida si alcantarilla de versos

la marea-enigma

de universos retorcidos

cosmogonía silente

si acaso horizonte iluminado

perplejidad ocaso si ramo

de imágenes inconexas.

Prófuga instancia

decir de los rincones

la faz tremenda del abismo

que es un nosotros ciego

perdido, si mitad de voz

hoz y camino, si dolor

tedio y espanto, porque

existir evoca, tronando,

la esfera del sol y los instantes.

recordarlanoinstancia

Este marxista frustrado que soy

luminiscense-dolar

Quería ser antropólogo a los 18 años. Quería ser revolucionario. Hubiera leído a Marx y no a Jung. Y ahí es donde está el peso de mi madre muerta, de ella como revolucionaria frustrada. Ella, en palabras de mi abuelo, no supo hacer la revolución, yo lo que no supe hacer fue el amor. Si el meollo fuera social, entonces sí, leer a Marx, conocerlo, aprenderlo, estudiarlo. En cambio el meollo es psicoemotivo, ergo, erotismo, psicoanálisis, lenguaje, pensamiento. Más aún en estos que todos los activistas se refugian en los pensadores izquierdistas o anarquistas, el ser un marxista frustrado no es más que el residuo de la más estúpida formulación filosófica que se me haya ocurrido: la desobjetivación del materialismo histórico. Un buen amigo, Juanito que no Juan Ángel, arremetería contra mí, comenzando por indicarme la lectura de Hegel y luego, quizá, Marx. No es casual entonces que mis observaciones históricas se movilicen en el intersticio del siglo XVIII al XIX, pero en España. Y un buen historiador me diría que lo más relevante en ese momento fue la Constitución de Cádiz. Yo en cambio hurgo en los papeles del pasado para explicar una ausencia dentro de la cultura. Y he ahí otra discrepancia con el marxismo y con Marx: mis objetos se localizan en la super estructura, no en los medios de producción ni el modo. Pero entonces, reitero, más de uno me diría que hay que leer A Gramsci o que me atreviera en todo caso de descartar mis ilusiones postmaterialistas. ¿Todo para que? En la raíz de mis intrépida flojera lectora, no sólo se trataría de leer a Marx, sino de comprender el pensamiento económico neoclásico: Adam Smith y Davi Ricardo, olvidando a los fisiócratas. ¿Qué significa resignarse a ser un historiador de derechas? No es esa mi postura política, si es que la tengo, si es que la ejerzo. Y Juanito podría reiterar que lea a Canetti y su Masa y Poder, y yo más bien me doy cuenta de que me atrevería a indagar en el pensamiento social de Hobbes y de Locke, pero también en los meollos tétricos de otro resto de autores no visitados.

Entonces mi frustración marxista no es más que el residuo de mi fantasías juveniles de transformar el mundo. Otros han vivido, han leído, han cambiado la vida, el cosmos cultural, otros han sido los protagonistas. No interesa mucho el hecho, interesa la herida. Y así como me identifico como un marxista frustrado, soy también un activista frustrado, un escritor frustrado, un poeta frustrado, un pensado frustrado, un padre, un hijo, un hermano, frustrado, un cocinero frustrado, un hombre frustrado. La loza del siglo XXI, que carga mi vida, es una loza de pérdidas y suturas en el alma que no tienen lugar en el mundo espectacular. No puedo, entonces, obviar que aunque quisiera escribir mi primer libro de teoría filosófica, no podría porque debería leer 200 años de obras. Y no podría tampoco olvidar, no puedo. Y en el rictus de mi pensamiento, ese entre congoja y encriptación de vivencias infernales, mi frustración marxista es una frustración de pertenencia a un mundo en el cual parecía haber un lugar para mi.

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Teoría del instinto mutilado 3

capitalismo1

Archivado en la superficie

del sueño eterno

hay una tormenta enclenque

de voces y cuerpos, que ronca

en nuestra memoria su balada.

Perderíamos el abismo de la quebrantada

aflicción que somos en otros

todo el tiempo, como somos

en nosotros un ápice de significados: morimos ciertos

entre cristalinas fugas de motivos y risueños rencores.

capitalismo2

Ninguna canción puede arropar

la estulticia que nos impone el surco del lenguaje,

porque somos vendidos y nuestro ahorro

es una economía lingüística obstinada,

terquedad como de berrinche infantil,

que zurce dentro nuestro

un alimento canoso que es fastidio y venalidad.

Porque la dicha de vivir es nombrar el aposento

cruel del sin sentido,

capitalismo3como nombre sin forma y sin cabida es,

mitad de aliento y cansancio, nuestra mirada

que rompe las estrías del alma y amasa

un espectro de papeles moneda y retazos eróticos.

Entonces naufragamos en una capitalismo

cuya crueldad nos indica ganancias,

como ramaje ancestral. ¿Dónde conquistar

el folio preciso de la indecisión si somos

péndulos en el arcilloso terreno de la certidumbre? Esas monedas

que nos inculcan fastidios nos esconden en su ramillete

de sobras y pesadez, nos introducen en la semilla

de toda injusticia y nos desfiguran el torrente vital,

como experimento genético perdemos el control

de nuestras inquietudes prístinas y somos sometimiento inflexible.

capitalismo

Irreverencia poética 15

Era de luces

retorcida en imágenes,

toda seña restringe

el aliento de los años.

Perdidos en la punta

del iceberg del presente,

más inmenso que la eternidad,

saludamos atmósferas

y vemos collages irrepresentables.

irreverencia-poetica-15

Todos queremos ser leídos

El problema es ese.todos-queremos-ser-leidos

Entonces somos saturación

de voces, en el cristal luminoso,

nos escondemos, alientos somos,

tampoco rutinas nos indican

ángulos o cicatrices, pero ese es

el problema: todos lo buscamos,

pretendientes somos

más que literatos o escritores o poetas

o novelistas o ensayistas o columnistas.

Todos queremos ser leídos

todos queremos vender

todos queremos vivir de nuestra pluma.

En un mercado saturado todos pedimos

atenciones como de desalojado en guerra.

caracoles¿Atinamos acaso alcanzar,

desde nuestras pantallitas,

otros continentes y regazos?

¿No somos como una escoria pensante,

dicen los consagrados, porque nos sobra

retórica y nos falta técnica? ¿Somos?

Queremos ser leídos, tener un espacio

en el mundo, asimilarnos al cosmos editorial.

Ese es el problema. Pequeña saturación del mercado

—inmensidad charlatana— somos:

todos queremos ser leídos. Algún día.

 

Calles en versos torcidos

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Esfumarse como hábito

un torrente de voces,

ajetreo encinta del auto,

mecánica y derrumbe

de los buenos modales.

La civilidad arremete

contra el tejido cotidiano: realidad expurgada, muchachadas,

cantos a la rendija oscura donde una rata promulga

la rebelión de la basura. Ennegrecida la colina de edificios,

mortandad el aliento de cigarrillos

quemados, como los dientes y las manos,fragmento1

quema siempre y monóxido de carbono

por doquier. Versificar, podrido instante,

la curiosa marca de concreto. Añoranza,

quizá la naturaleza que nos abandona,

hoy que ruge, mañana que cultiva,

igual que mariposas en parques industriales.

Todo tronado de cristales, todo roto,

encrucijada vacua el cruce de cebra,

los niños sonrientes, juegos y domingos

nadaren la fuente, todo con el orden citadino:

fragilidad inmensa del hombre por el hombre,

culturas ancestrales que roncan en nuestras orejas.

Los días escupen horarios y el tendón céntrico,

corazón y decibel esquelético, nos mira desde una plaza

trazada por el ingenio de Vitruvio. Eso y más la torcedura.

posicion1

 

 

 

 

 

 

 

 

Retazos en la pantalla

rombo1Deberíamos dejar las intuiciones postmodernas a los filósofos y mantenernos erguidos, orgullosos, de nuestra eventualidad disruptiva. Acaso pensemos que las conquistas tenológicas y culturales sean una especie de reminiscencia futurista, pero no, es mucho menos que una osadía racional y un terco remilgo intelectualista. No es posible decidir acerca de los eventos creativos o de las situaciones creativas ni siquiera indagar en la creatividad sin un ápice de cordura pero también de genio. En cambio debería olvidarme que hace poco leía a Benedetto Croce y que no por nada la modernidad, caduca y rancia, es una dialéctica dicotómica improcedente. mancha1

Si las luchas estéticas, si el arte por el arte, si las posibilidades enunciativas proliferan ¿no estamos entonces en el laberinto de la lengua, en el torcido trance, también, de la efectualidad perecedera del nombre? Sin embargo, más allá de una filosofía del lenguaje o de una esteroetipida fórmula verbal, el efecto de los lugares comunes, de los hechos históricos, de las posibilidades argumentativas, que convergen en la dimensión tradicional, han sido rotos por el proliferante pastiche. No es, tampoco, la balada de los Beatles o si quiera algún libro de los autores del momento, ni siquiera, por consiguiente, es una metafísica blandengue y locuaz, donde pudiéramos solazarnos de un aprendizaje útil y pragmático. En cambio, las infinitas torceduras, visuales y verbales, impelen a conducirnos al horizonte del anything goes pero sin considerar su relatividad epistemológica. No obstante la configuración improvisada de este panfleto autoensayístico, los denominadores comunes, instancias del acto comunicativo, no pueden orillarnos más que al distanciamiento del logos y a la especificad del areté, pero sin considerar los elementos eidéticos posibles en su parcialidad histórico cultural.

bola1Si acaso la revisión de algún autor, obra o principio creativo nos induzca a ser mejores o más prolíficos creadores, eso no es motivo suficiente para la autodenominación profesional de oficio creativo cualquiera. Pero para cerrar este disímbolo efecto lingüístico preciso reconocer que en la prolijidad del lenguaje y sus diásporas emotivas, la dimensión de mi pensamiento esparce retículas de esterilidad.

Comisión nocturna del mapa mundi autogramatical

mapamundi2La posibilidad reflexiva ¿a dónde orienta? Si nos atenemos a la invención tradicionalista del tiempo ¿nos esconde un cúmulo de salchichones ficticios que embuten dentro nuestro un aroma picante, a ficción y retruécanos? Mucho me temo que si los axiomas derivados del instinto no impelen a la protección ambiental tampoco es posible indagar la verosimilitud fluctuante que deviene trasgeneracionalmente en arquetipos de silicona y parafernalia aterciopelada. Porque si existe un universo que pudiera trazarse un indicador productivo desde Nebrija, pasando por Saavedra y Fajardo y llegando a Luzán y Bello, debería poderse escindir el artilugio constante del retoricismo panfletario, que en una elucubración mutacional podría esculpir las fauces mismas del anacronismo verbal orillado a un sintagma negativo con semantemas prófugos del alfabeto latino.  Así como los árboles han sido talados para convertirse en libros deberíamos creer que los dioses, universales, eternos y caducos, deberían poder entrometerse en los asuntos más baladíes para dimensionar la auscultación derruida del ser y la nada, no sólo en sus dimensiones comúnmente heideggerianas o hegelianas sino quizá retomando los licuados del positivismo sociológico de Spencer y también la profilaxis ideológica del estado positivo comtiano. Daríamos cuento, por consiguiente, que los atisbos floridos de la discursividad permisiva, ostentación y falange inerte del ejército postcrítico del pensamiento literario de James, podría caber muy bien en una sin razón clásica con La Bruyere y La Fontaine encabezando ya no la pedagogía moral sino las torpezas libertinas occidentales. mapamundi1

Pero es demasiado lejos pedir que uno lea a Bourdieu y además pueda conseguir un ápice de congruencia emocional, puesto que, si no olvidáramos la prófuga ironía monsivasiana, estaríamos al borde de un estrépito que demarcaría las profundas aguas boasianas de nuestro culturalismo existencial, para implementar, a la Leví-Strauss, una lógica deductiva de la mitopoetificación del logos y el desmantelamiento, al estilo herderiano y gadameriano, de las inflexiones propias de una polución intelectualista que, en su denominación a lo Croce, pudiera proferir estigmas hispanocentristas a la generación del ateneo de la juventud, en México, sin demarcar propiamente un estilismo paziano que debería dejar de ser sometido a juicio para indagar en la confección sensible del presente. Sin embargo, la caducidad inmoralista, entre tejida de nombres y luminarias, responde también al republicanismo letrado, vigente o no según las acepción burkiana, que nos invita a la perífrasis inmolatoria del wanna be lyotardiano, dejando en una trabazón de sentido, amalgama y desdicha del corazón roto flaubertiano, una espíritu empobrecido, mapamundi3mutacionalmente enclenque, flácido del recuerdo extraño de Camus y compañía, siempre en tono con un idle demencial: la prosificación aristotélico-neoclásica que nos invita, por si acaso, al tiempo viquiano de la ciencia nueva y a la indómita tergiversación que, en términos marxistas, no sería mas que una episódica reminiscencia del republicanos español, a lo Gaos, sin dejar de intuir, a lo Poe y Cortazar, que la poesía estuvo hecha para deslegitimar todo acto revolucionario y que representaba el álgido punto expresivo en el Antiguo Régimen.

Apología de la distorsión

mystic-gallery1La pesada cortina que envuelve la realidad objeto no es un trozo de tela, ontológicamente, inmaculado o atravesado sin mácula. Existe una conglomerado de juicios que divergen ostentosamente del condicionamiento óntico de la realidad. La accesibilidad postmoderna divagará siempre en su complejidad diversificada, pero la realidad inmersa en el devenir temporal es siempre un constructo. La aprehensión de las ciencias sociales y humanas de las dimensiones, concretas y abstractas, de la realidad, deriva siempre en una lógica de observación inmanente al acto humano. Pero lo humano, actualidad y sombra a un mismo tiempo, carece de la previsibilidad y de las condiciones estrictamente necesarias para su observación. El cientificismo caduco nos condujo siempre a la falsedad de la existencia de una realidad metafísicamente elaborada. Por ello, la posibilidad de desobjetivar el materialismo histórico representa, también, un esfuerzo por imbricar el traslape óptico de la metaforización de la cultura. Porque nuestro tiempo, culturalista, ecologista, conservadurista, promulga una pureza intrínseca al terror y pánico a la diferencia. mystic-gallery4

Si el observador, analítico y concienzudo, desmenuza una parte de la realidad para describirla, metódicamente, el promover un arte desobjetivado, inmaterialista y atemporalizado, representa, en principio, una lógica dialéctica que convoca al acto de distorsión. La distorsión asumida como un elemento contaminante, sí, pero contaminante no en el purismo de la tradición sino en el saturado y abigarrado ambiente de la referencialidad. Las referencialidades, las intertextualidades y los poliductos inabarcables de la pastichisidad, inducen siempre a un vestigio que dejo huella y es recubierto, en un intento creativo, de un embalsamamiento estético que renueve los influjos estetiticistas en una lógica salubre, aséptica, inodora y insabora: es decir, la ralización unívoca del proyecto cultural globalista y sus directrices polucionistas y doblemente figuradas (y figurativas).

Entonces desfigurar, desestructurar, desmantelar (no en el sentido derridiano fonologocéntrico) es, mystic-gallery2por sí misma, una tarea e impronta de salvamento cabal del acto creativo, pero creador, en todo caso, de una proliferación inerme e informe de discursos flanqueados por los asideros descompuestos de una putrefacción sociogeneracional. La distorsión, desobjetivante e inmaterialista, absorbe siempre el fenómeno creativo en una retícula hyperdimensional que revoca el contrato verosímil y conquista un estallido semántico ocioso, improductivo, dislocante.  Si con el pensamiento postmoderno vivimos la fractura del ser y del tiempo,  con la desobjetivación materialista histórica estamos frente a la asunción del impoluto designio elemental de una teleología improcedente y raquítica,  que en sus dimensiones de distorsión (método, estructura, signo y significado), accede, como sincopa ideológica, al contenido perecedero, atómicamente intelectualizado, del acto creador.

mystic-gallery

Teoría del instinto mutilado 2

1

 

Palidece el vértice del amor

cuando la desdicha promete

canciones y borracheras, todo eso

que ruge con el labio partido.

Intacta la marea sonámbula

desdice efectos arbóreos del alma.

Nos incumbe permitir al acto

del olvido, de la soledad, del inmenso

trote campirano del ser y la existencia.

Perdíamos los soles cuando andábamos

cayendo siempre en una geometría dudosa

del verbo y la razón, pero decíamos

que acaso las mañanas debían seguir grises.

discoruido1.1

 

2

¿Recordamos las avalanchas primaverales

como residuos de la ventisca amorosa?

Intuimos que una vez más el soplo

nos induce al amor, que nos dice

parezcan sonrisas pero dejen de lado

al rocío y su conjuro. Por que una vez

nos amaba el creador y otra vez saltamos

tibios al vacío del verbo y caímos saltando

renuentes al fondo de los tiempos. Y morimos

igual que otras figuras y otros seres y otras vidas,

morimos porque dejamos atrás el eco ancestral

y perdíamos, también, la sombra eterna que

nos dijo: deberán partirse el alma contra el espejo

de las mañanas y saciar el peligro de vivir soñando.

 

discoruido1.2

 

3

Un dejo de luz arremete las rendijas

por donde anda nuestro aliento,

nos conquista, con su toque divino,

nos impele a viajar, a la sonda

misma de los abismos. Perdemos nuestro

nombre cada vez que nos llaman, callamos

siempre que nos decimos otros y languidece

el signo de nuestra voz, como espirales

que surcan el cielo y elevan fuegos

a la multitud de dioses existidos y presentes,

que son ausencias y universos perennes.

discoruido1.3

4

Nos dicen los periodos insalubres

del éxito y la gloria, de la fama y el prestigio,

que hay noticias que no son nuevas, que hay

actos que no son nuevos, que hay hechos

que no son, pero que existe un fondo, mitad silencio

mitad ruido, donde predice el destino

la rueda fatica de conjuntos paradójicos.

Nos dice el silencio y el ruido que buscamos

divinidades porque estamos hechos de sólida

materia que invoca y ritualiza los pasos y las voces.

Cansada una mirada es siempre un sueño

pero nosotros, extravío y boca torcida, somos

una especie de mutilación, una mutación a ninguna

parte que carece de significado, que es ininteligible.

discoruido1.4

Exterminio eidético

visual1Hubo un tiempo limpio y transparente

para la idea. El pensamiento hablaba

yo callaba. Un régimen cruel se levantó

entonces, pero la calma, extinción en ciernes,

doblegó las aristas del lenguaje. Caí certero

a la urdimbre falsificada del retoricismo.

Oh desiertos mentales

Oh praderas mentales asesinadas

Oh miseria de palabras.

Entonces la cortina, dureza y formavisual1

de la rancia espiga ideológica,

rompió los surcos demacrados

de memorias y fotografías. Quedé ensombrecido

siempre cargando el costal del recuerdo…

y medité la angustia y engullí el terror

y fabriqué odas a la inclemencia del pensar.

Pensé que había un universo llano y existencial,

pero no había más que parques industriales abandonados.

Muero, pronto, expedito, en una bocanada

alfabética y se extingue el símbolo

en mi mente quejumbrosa y torcida.

visual3

Microfilm

microfilm1

 

Dejamos huellas,

todos los días dejamos

cicatrices, perdemos

tacto y lengua. Al viento

olvidamos la Historia,

modernidad nombrada,

emblema vacío, tetris archivístico, memoria

espolvoreada de sentido,

frases hechas, vestigios.

Soplamos narraciones

a la deriva el ego,

la muchachada

horneando los hechos.

Filtro de luz, lunas

encuentran tiempos,

anterior a la difusión,microfilm4

el anclaje de los eventos.

Periodicidad del fracaso.

¿Alguna vez dijimos

verdades contra la masa

energúmena? Voceamos

los candados sonoros del destino,

huimos así a la calma observadora.

 

Emblemas

elipsis1

Hasta la nube

noche

lo dicho

esparce

mudas cicatrices.

Ancestros

en la cima,

de la vida

el tronar,

de los días

el peso, mancha,

la tinta siempre

certeza de vida.

Escape:

tú delante del sino

espacio, tiento, galope

como de estrella fugaz

la cola, gentío dominical,

los registros

del viento

absorto.

Juventudes.

elipsis2

Si el refugio es el caos

La ventana abierta
humedad de voces
otoño cerrado a los atardeceres.
El prisma de la tristeza
erguido y los manteles del tedio
almidonados de sabiduría.
Resplandece el aire
el humo vuelca la luz entre cortinas.
Descanso la página del silencio.
Armonía dentada la solapa del viento. Tentación
el abrigo silbando tu aroma,
tu nombre mi caleidoscopio
de danza y amor. Torrente y flujo
tu boca. Instante del día
mirarte sonriente.

Micro sintonía de licuado

Si los años son imágenes

la vida es un rompecabezas

entretejiendo costas

de emociones como licuado de fresas.

Identidad 1

Incomprensiva

lógica

de neologísmos

como estridencia de motor oxidado

perfil contra la malla del pensamiento,

ténuidad contrastiva, espejo, un nadie vuelto

palabrería. Abismo aparejado a la constancia.

Efecto perecedero: la libreta de ideas, aquí,

recopilación de silencios, anochecer de las voces

inmersas en distorsiones nombradas con sentidos dudosos.

También la esperanza se nutre y la mía es una famélica

Dedicar tu vida a otros, ser generoso, abandonar el autoaislamiento, hacer comunidad, construir vínculos. He vivido bajo pretensiones falsas, bajo modelos dudosos. Mi juventud ha sido una tormenta. Y no sé, no entiendo, no asimilo. Estoy aquí, en un sitio, perdido, confundido, extraviado, incierto. No es quizá mi debilidad psíquica la que me dicta la forma de mi miseria, de mi negrura interior. Es la luz la que me hace perderme. La ruptura con el pensamiento místico, con la dimensión religiosa de la realidad. Es una nulidad metafísica, es este afán de explicarme algo, a mi mismo, pero con todo el continente_desconocidoénfasis en una distorsión. ropa-interior-colombiana-18

Estoy aquí, en esta nación sin futuro, en este rincón llamado tierra, estoy aquí, sin esperanzas, o con pocas. No creo que la humanidad se transforme, no creo que algo pueda cambiar, no acepto la movilidad natural. Soy un rígido producto abortivo de la tecnocracia, soy siervo manso, estéril, castrado, mutilado, absorto, engullido por el sistema, destruido por el sistema, parte de un engrane del hypercapitalismo. ¿Cómo había que vivir la vida? ¿Cómo había que crecer? ¿Cómo había que sembrar? ¿Quién está escondido en el designio de nombrarme? No lo sé, no es más que un flujoel fetiche de las mercancias segun Karl Marx de conciencia, falto de sentido, inexacto, ya no febril, pero sí, aglomeración de torrentes caducos. No tengo principios, ni tengo una teloelogía definida, sí acaso el fin último de la muerte, temprana o tardada, cierta. Soy quizá también un efecto secundario de lo imposible vuelto realidad, de esos mecanismos pulimentados del control, del sometimiento, de la tortura y del aceptar las reglas del juego, los códigos compartidos, esa normatividad rotunda que sutura la conciencia que transgredió sus totalidades. No es tan malo estar del lado de los repelidos, de los no identificados, de los extraviados, de los no personas.

comida_niponaEsto que digo aquí no es más que un sentimentalismo derivado de una épica psicótica raver de transición de siglo. No es un presente ni infomatica1es un futuro, no es la esperanza de los grandes proyectos neoliberales o de los grandes proyectos anticapitalistas. No es si quiera la inmersión de una teleología destructiva o remodernizadora. No es tampoco un producto de la conciencia lúcida o de la figuración atractiva del porvenir. No soy esto que digo que soy ni soy lo que pienso ni soy lo que hago ni soy algo definido. No soy cambio y movimiento, no soy estática, no soy dinámica ni sentido, no soy atmósferas ni ambientes, no soy una otredad asimilable ni una otredad admirable ni una otredad singularizada o pluralizada. No. Soy una herida psíquica, un lenguaje de lo no acontecido, de lo posible negativo, posibilidad incierta, torpeza, error. Soy ese equívoco natural, esa floja tensión de una mítica de psicodelia electrónica, mítica de noches y parafernalias y lugares y evocaciones torpes, ya hoy postdesquiciantes,

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postatrofiantes, postneurotizantes. Eso y la imposibilidad del olvido, la imposibilidad de la trascendencia, la imposibilidad de una realización espiritual, una vacío, como el que llena toda iglesia con sus doctrinas a sus feligreses, que no se llena más que con dudas y arrojos verbales. Soy eso, y también vivo. Por una vez digo, estoy aquí, sin atender al mundo, con el peso de un alma devaluada contra el paso de las edades.

infomatica 1.1

Doble exposición presentista

behindsidegirlSí, una vez leí a Habermas y también a Lyotard. Una vez intenté adentrarme en la discusión entre la modernidad como proyecto incompleto y la posmodernidad como alternativa interpretativa. No soy filósofo ni lo seré. Es quizá mi lectura mutilada de Leví-Strauss, desde la trinchera ahora olvidada del Nuevo festín de Esopo de Octavio Paz, la que me indujo a personificarme como un objeto creativo, como un soliloquio que deambula entre disciplinas humanísticas. No es tampoco mi raquítica experiencia antropológica ni mi condición carente de cientificidad social la culpable de los atisbos intelectualistas de los que soy parte. Mi complejo estriba en el trauma de la modernidad, en la vivencia de no saberme ni moderno ni posmoderno, ni del siglo XX ni del siglo XXI, ni presente ni pasado ni futuro. La ansiedad por tener una definición personal, es además una ruptura psíquica de mi personalidad: desde el psicoanálisis introyectado (el de Fromm, el de Freud y el de Jung) constato mi desintegración individual, pero también noto cómo los estadios mentales del pasado inmediato, las ideas, las pulsiones tétricas de una necrofilia materna (con mi madre muerta y yo sin resignificar su ausencia), constituyen elementos torpes de mis adentros. fondo1.1.2.3 Mucho más que este recuento, quizá la experiencia útil de encontrarme aquí, recordando, contra el espejo de lo no dicho, de lo no inferido, contra la paradoja del ego que se expone pero que desea privatizarse, ser privado. No es mucha la imaginación que me queda, no es tampoco tanto el instinto creativo con el que cuento. No es eso, es quizá la prefiguración delicada de una distorsión digital, de una especie de cuantiosa dilapidación verbal. Es también la imposibilidad de pensar en términos claros, llanos, simples. No por nada la fútil instancia de un collage recién hecho. Aparecer en el ambiente es también una forma de quedar vacío, inerme, frágil. Años que no voy al mar, años sin vacaciones, años aquí, despilfarrándome en la red, virtualizando mi identidad, maquinando textos, ideando creaciones. Años transitando por etapas creativas, por proyectos, por intenciones e ideas: una novela terminada, recopilaciones de ensayos históricos, escritos, imágenes, vídeos, canciones. Todo es una conspiración mía porque vivo la escisión de la academia, la vida profesional, oficial, seria, de la vida creativa, informal, libre, espontánea. Y mostrar los rincones por los que expreso esta inconformidad, es ya un deseo y una necesidad que trasciende mi yo, que rompe mi tacto personal porque me hace cabalgar por un extravío autónomo: me arroba a un mundo de posibilidades infinitas que descubro y navego finitamente. peoplegrisDrogas, pornografía y esquizofrenia son para mi heridas de mi juventud, yunque donde se fraguaron mis demonios existenciales. Pero es mucho más que la improductiva lectura de Sloterdijk o quizá mi falta de patriotismo cuando no conozco ni la literatura nacional mexicana (quizá por ahí un libro de José Emilio Pacheco o Sergio Pitol o Alberto Ruy Sánchez o José Vasconcelos o Luis Mario Schneider); es quizá mi fracaso recopilatorio del siglo XVIII en su vastedad y complejidad, una esencia igualmente traumática, proclive a la evasión, al autosabotaje. Es también la falacia de un instinto de supervivencia torpe, distorsionado como dije, el que convoca a los remilgos predictivos de mi tragedia existencial: creer que pienso y que mis pensamientos son útiles y que puedo ver el mundo a través de palabras y que construyo una cosmogonía cultural propia. Soy una falsificación en el sentido de que no acato lineamientos establecidos, pero tampoco sigo la sintonía personal, auténtica, de algún trayecto saludable. Si la querella es contra el mundo, contra mí mismo, es también una querella por senderos y actos rutinarios, por atmósferas conocidas, cansinas por recorridas. No es el reconocimiento personal ni la autoexploración lo que satisface el mecánico impulso escritural. Es quizá, de vuelta al trauma de la modernidad, la vigencia del vacío, de ese vacío que es transparente en el mal, de ese vacío que está componiendo el presente, el presentismo, que es una fábula especular, que es una imaginación caduca, que es todas las imágenes activas en el ahora, ya inabarcable e inexistente. Y cuando algo romulaizeregoabril2015parece ser aprehensible, el vapor digital, la luz, los efectos del olvido y de las modas, actúan como aspirinas para la dolorida jaqueca del historial web, de ser un alguien en un paraje de la digitlidad. Contra este influjo, soy distorsión y vivo distorsionado porque no soy lo que escribo de mi ni tampoco lo que he leído ni tampoco lo que creo. Porque no soy un algo estático, inmutable. Caigo en el esencialismo y pierdo la partida, todas las veces. Y olvido la lógica paradójica de Lao Tse, olvido el Tao Te King, olvido el I Ching, olvido el dualismo del Ying-Yang, olvido la condición movible, dinámica, que estriba no sólo en el hacer sino en la no acción, olvido que no puedo definirme desde adentro con impulsos como este, un tanto disforme y angustioso. En ese tránsito, llamado prófugo de la constitución personal, en ese ir y venir del olvido a la memoria y de la memoria a la instantánea figuración de la otredad, en ese intervalo donde la música no suena, donde los libros están arrumbados, donde no hay conexión con el mundo, con la realidad, con eso externo, es donde la posibilidad del absurdo, ese absurdo del Mito de Sísifo de Camus, se convierte en la proliferación maligna, trunca, soporífera, del torrente mental, de la ecografía interior, del alma que inspira fragmentos, trozos. Por eso la vuelta al trauma, de la modernidad, de la recopilación del siglo XVIII, de la escisión entre vida académica y vida creativa. Por eso la esquizofrenia en sintonía con la debilidad psíquica, en sintonía con la versatilidad frustrada de trascender los límites personales, los lindes propios de lo ya vivido, ya recorrido, de lo conocido. Por eso este collage, esta prosa tibia, referenciada, fugaz. arquetipo urbanistico collage