Ataque al teclado

Sí, por eso me escondo, solitario, inmerso en una nulidad, luminosidad, esperpento, torrente. Este fastidio de intuirme comulga en el trance ignoto de seberlos. Rompecabezas de silencios, alientos entrecortados, pulsasión de recuerdos frustrantes, esmalte y resina en la pátina del dolor. Todos estos años aquí, absorto, abyecto, absuelto, absorbente, en el tufo roído que es mi nombre.

Esconde por si acaso las lenguas vacuas del sentido, porque mi semántica carece de emblema, porque carezco de la etnografía pertinente a la destrucción del presente. Desde un pasado quebradizo arremeto contra los fulgores de la iluminación. Entonces mis libros son un montículo de vapores de otras vidas que subyacen a la monotonía del instante.

Camino los deteriorados momentos del estar, conspicuo me embalsama el árbol de la existencia. Dentro de mí yacen las momias metafóricas, blandengues y oscurecidas por la irradiación histórica del humanismo español. Evoco sin querer al arbusto torpe que fuera injerto en la biblioteca de Alejandría, porque entre las calles del ahora y las luces del ahora y la ceguera del ahora todo es un ramillete de insufribles compaginaciones algorítmicas.

muchedumbre

Novo especulum

novocontinente1

A la vista perdida

mácula absorta,

molécula de infamia

el despertar del reflejo.

Ensimismada la voluta

del aliento, cansino templo

el arrojo a la otrora paciencia.

Péndulo cristalino

temporal de follaje ideológico,

la plácida conquista

devenir en el fondo

de un abismo terco:

el asombro consuela

la mirada, siempre aquí

un alguien, como fuego

apagado, siempre aquí

un hueco, constreñida

la esencia, partimos

al rincón de la imagen.

novocontinente1

Microfilm

microfilm1

 

Dejamos huellas,

todos los días dejamos

cicatrices, perdemos

tacto y lengua. Al viento

olvidamos la Historia,

modernidad nombrada,

emblema vacío, tetris archivístico, memoria

espolvoreada de sentido,

frases hechas, vestigios.

Soplamos narraciones

a la deriva el ego,

la muchachada

horneando los hechos.

Filtro de luz, lunas

encuentran tiempos,

anterior a la difusión,microfilm4

el anclaje de los eventos.

Periodicidad del fracaso.

¿Alguna vez dijimos

verdades contra la masa

energúmena? Voceamos

los candados sonoros del destino,

huimos así a la calma observadora.

 

Irreverencia poética 9

Nos pensamos

con la intuición del amanecer,

ocasos nutren el aliento

que somos, cada vez una espiga

de significados nos invoca.

Saltamos al silencioso manto

de la introspección y volamos

al sueño etéreo de las letras.

Inundamos los rincones del cosmos

con la tinta indeleble de la vida,

vivencias nos inculcan añoranzas.

Plasmamos los años en el abanico del ser

¿cuánta nostalgia acumula nuestra piel?

Una memoria, solo, nos induce al horizonte.

irreverencia poetica 9

Irreverencia poética nova

Una instancia antigua

palpó los cuerpos

asiduos al sufrimiento.

La llamarada de recuerdos

ardía plena, todo fue contraste

y mutismo. Arriba —¿dónde estaba

la puerta del laberinto?—

perfumes violentos arrebataron

la cálida ternura materna

de la guerra demencial.

Nos perdimos siempre, aquí,

en el intervalo fortuito:

destinos del salto,

inmensidad y caída,

soplo en el arrabal del ego.

Merodeamos al salir

los copos imaginarios

llamados evacuación del presente.

irreverencia poética 7

Piltrafa estética

Aglomerada fuga insípida,

porque verbalmente escupíamos

el tendedero de cicatrices y mocos.

Embeleso triste el rumiar los rincones

coloridos, desconsuelo su faz y atisbo

certeza, su moribunda mafia: fantasía animada

de ayer y hoy, caleidoscopio inservible de la calle.

Anterior a los besos tiernos, esos primores

azucarados de otros labios, la rendija

oscuridad de la siesta eterna,

apotegma vacuo y llanero

como el mar negro desecado

o la infancia prostituida. Pecamos, dolemos,

una añoranza conquistó la fama,

a mitad del escenario, tú, erguimiento

locuaz y perfectible, oh danza que vida arrebatas,

algoritmo no descubierto, oh hazaña

de la mujer por la mujer y del hermano

por la vida y la esencia del rito mortuorio.

Cabalgata a los fondos mismos

del espumoso delirio cotidiano. Nunca

supimos decir algo con certeza ni sentido

y en cambio significamos una podredumbre

errante y contaminada. Adiós poltrona

de los años juveniles, dejamos en ti

una espiral de intentos torcidos,

nos torciste, siempre en la esquina del gol

televisado y definitorio. Adiós, cruento instinto

de sufrir y crueldad tremebunda. Hoy

acariciamos el terciopelo de la ignorancia,

arrebatamos al horizonte una sincopa

derruida de árboles y hojarasca,

perdimos siempre, contigo, lluvia

de personas y fracturas emotivas. Adiós.

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Pedal

Aprieta más la desdicha

que la lucha

cuando olvido es

el saber y la libertad

mantiene secuestros.

Aladas lacónicas verdades

a medias todas, en falda todas,

verifican lo marchito.

¿Parte el día los nombres de la luz

como si fuéramos vegetales

en la hortaliza de la existencia?

Pedal el asiento mismo

donde la dictadura del ego

convoca al siniestro impacto

de la guerra: espejismo y espejo

la circunferencia y ombligo

de la postración en letras y hojas.

¿Cómo dejamos el aula odiosa

si ni siquiera preguntamos

ni orientamos la voz al instante

mismo de la creación?

Cansados dejamos arriba del mar

un cuchitril llamado cielo

que nos aflora con lágrimas

pero decimos siempre

una vez que algo nos ha tocado.

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Teatros

El ser, un prefijo del tiempo,

acto, compañía y salto, un abismo

abre las rutas al fondo

del desbarajuste interno. Colilla

de cigarrillo: emblema torcedura,

el alma alquitranada, de voces

como espejos la salida

enmascarada, ninguna parte.

Por aquellas temporadas

viejas y truncas aeronaves.

Adiós intacto impulso

soplar las hélices del sentido,

manantiales de amor, disfraz

tono de sol y reminiscencia.

Actuación contraria al pudor.

DSCN2692

Elucubración del paisaje pintado

Lacónico florecer

acaso eternidad, mutismo.

Ruina de la esclavitud,

como misterio resuelto,

calle sin identificar,

propiedad del tiempo.

Toda alma cancha de imágenes

torrente siempre, mismidad elocuencia,

florecer acaso, eternidad mutilada.

Canto solitario, tristeza, final,

emblema creativo, lacónica espiral

como silencio inmenso, gravedad planetaria

del eco que reverbera vegetaciones germinales.

Mural indígena Malinalco

No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

Aclaración

Por si el árbol gime
constricciones personales,
como el alma
luz y camino,
entonces 
rueca de fósiles instantes,
ancestros todos los segundos vivos,
la lontananza escrita como fuego
hiriente en la faz del ritual mágico,
templo y arrecife, momento de crecer.

Sopa de letras

Interna fase consciencia,

vocalidad, controversia

del llamar los lazos a la rendija

alfabética. Crispadura y nombre

escena misma del actuar los días

sobre el camino irradiado, conquista

siempre como fértil lote simbólico.

Esferas verbales y torrentes, lengua

punto y coma del pensamiento,

irradiación, silencio, compromiso

para existir en el ser dosificado.

Estereotipo escritura, famélica

añoranza de aprender a leer

las señales cósmicas, igual que las cartas

italianas de un diplomático, pero con

faltas de ortografía. Estúpida cantinela

esto que mengua en tu mirada.

Introspección panfletaria

Osada marcha el signo

propio, eso que de nombre

nombres astilla, personaje

locomoción derivada, sueño.

Si indagatoria la búsqueda del ser

tumefacta la aurora, columpio

donde fulgen marejadas de desprecio.

Todas las entidades inherentes, del

interior inmersas, corrompidas

contra el espectro franco de la miseria.

Atisbo, carcomida reflexión

una boca mascullando el te odio

por ser tú mismo, pero la mañana

debe seguir gris: insatisfacción y tedio.

Arancel de fatigas, lupanar de fauna traumática

eso hostil que evades diario, tu nombre

y el sabor amargo del desconsuelo.

Pérdida

fracasado despliegue de la imaginación,

osada marcha, mismo recuerdo

a renglón seguido del claustro-olvido.

Mención el polvo de amistades efímeras

arrinconada complicidad contra el pecho

de la autoestima mutilada, ansia de estar

entre el cajón fotográfico del ayer

y la neblinosa madrugada del porvenir.

Cajetillas

Pulmones vaciados

contra el tenor, el asiduo

mecanismo evasor: mortandad

bronquial, definición, un acto

fumar. Parecido a los autos

—combustión interna en la vida—

parecido a las industrias

cajetillas vacías, rondan

los espectros mismos del aliento.

Cansancio, pero no de sufrir

sino de enmascarar traumas,

constante, pero no de la vida

sino de la orfandad y el abandono.

Remilgosos trozos de cartón

emblema propio, apropiación,

sedentaria marca intelectualista,

mariconada insignia del pasado.

Antes de la media noche

otra y otra caja, cajetilla de humo,

humo interiorizado como habilidad

del pensamiento, quizá menos consciencia

que la fertilidad de Cleopatra y los ejércitos romanos.

Horizonte dualidad

Nombrar la lejanía

con trozos incendiados

por los tercos silencios.

Estar frente al eterno huir

del horizonte, mitad cielo,

mitad sol, espacio y signo,

movimiento. Hasta el lindero

preciso de la luna, el día,

hasta la noche inmensa,

la luz y los cantos, mensajes

todos del porvenir y el presente

efímeras porciones de la existencia.

Alphabetum

Acorde al sonido

los actos,

las conquistas

de lejanos tiempos,

hazañas todas, escrituras.

Soledades increpan

muros de viejos nombres,

cansados vestigios de orfandad,

como si eso, mitad realidad

mitad imaginación, escupiera

formas de fuego, y luz, y silencio,

y tenuidad, y ardor de veranos

donde corrían las sonrisas.

Espacio torrente, el arrebol

del tiempo, de la caída del

conocer, del sabio epitafio

—certero achaque biográfico—

contra la hostilidad del orden

como reloj en 1576 marcando

el hacer la vida una cúpula

de hombres y letras y textos.

El bufón, que es el hostigamiento

por falta de ideas, mantiene

un pliego de papiro, rotulado

real, con los ápices mismos

del sentido inverso de una orden:

acomodo entonces de imágenes,

sonoridad, atemperanza, soplo

monárquico, esferas de significados,

toda urdimbre de autores y personajes.

Letalidad la marca, el signo, la vocalidad

del trasiego imantado del verbo, soplo,

acaso nota a píe de página, del desmantelado

acto de un diálogo con los eternos

fulgores de la figuración: contra pelo

de la gramática que impuso el hábito

de quebrar las lenguas, de surcar los lindes

del tedio inmaculado de los espíritus.

Cadencia cero

Esparcir totalidades sin nombre

porque no existen las palabras

cuando se allana el silencio

con el manto del alfabeto. Muda

la estación de radio y los amigos,

mudos en la mudanza, mutismo.

Totalidades en mutación inerme

como pompas de jabón congeladas,

absorción de tradiciones y genealogías.

Añoranza… ¿Acaso remilgo de nombres?

¿Acaso forma de espectro y figura de maniquí?

Totalidades inmersas en lo inverosímil

longeva trampa, torpeza el mudo escrito,

ventisca de ojos y parpadeos, adiós

autores favoritos, hola, desquicio del pasado

narrado por un victorioso tecnócrata.

Espanto todo, totalidades sin cabeza,

rapidez elocuente, contra ataque al fastidio

del lápiz en la mano izquierda del abandono.

No poesía

Esta cadencia monótona

no es rima ni verso

no es nada descriptible o soleado.

Todos los días grises de la vida

conspiran porque hoy es más rancia

la existencia, porque encima

de las lucubraciones indagatorias

-esos rumores de muchedumbre

hostil al tacto de la mañana- canta

una perla de silencio las agonías anquilosadas

de la demiurgia del ser: todo un envase

demacrado por el cartón del alma.

Enquistada la vista, remite a una rama

torcedura del árbol del conocimiento,

pero entre las acciones del ayer

navega torpe el cansancio del mañana.

Esta monotonía que no es poesía

porque la rima golpea, es el tedio

del acto más torpe del mundo:

la verbalización de un estado mental

raquítico, que deviene una llamarada

de aburrimiento continuo todas las tardes del sol.

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.

6 minutos

Rápido construir los tendones

de visiones arquetípicas

porque el cielo padece las mareas

contra el espejismo turbio

que es el reloj conquistando el presente.

Lástima de cuerpo y de fotografía

pero ¿hubo acaso una sílaba demente

cuando en el salón decías el nombre

de tu peor pesadilla? Canta la tarde

su aposento nublado y llueve.

Dentro de los vasos y los sentidos

hay un líquido mañoso y caracolino

gradual y lento, humedad de ancestros

y vocerío de lo no hecho, de lo no dicho.

Cuando perder el carisma es una consigna

redactar hacia dentro los canales  del olvido

es radiografía una carrera de miradas agitadas.

Opiniones

Devenir en los flujos

de gente, romper, abrir, castrar

la voz interna, repetir: toda

maleza de signos, ramos de significados.

Anterior al decodificador de palabras

la manta ennegrecida de luz, oscuridad

de luces, ceguera de luces, luces todas

infección proporcional en almas enlatadas.

Cansancio, escritura como saliva de perro,

hostilidad marchita, afrenta, trote, instinto

queriendo aventar un mascullar de años.

Convertido en rumor de milenios

el ajetreo del compás llamado

hoy la noticia no es sorpresa. Murmurar

por sí mismas las entrañas de los hechos

nauseabunda instantánea de la actualidad.

Bocanada ilustrada pero con un toque de marfil

Proclama una personificación

el ser y sus desperdicios, porque

dentro del universo -como clavel

rojo y seco en un vaso enmohecido-

abandonaron las esquirlas de virtudes

a la suerte, que usaba un patrón

algorítmico para distraer las almas.

Existen porciones de experiencia

intransmitibles, existen, en el huerto

del interior, también rayos de luz y

prefiguraciones oscuras, como máscaras

africanas -la serpiente emplumada no calló-

para que las fuentes y los jardines

escriban su paciencia en nuestros rostros.

Actuamos y los actos comulgan con el destino.

Sonríe la flor y el silencio conquista

-ápice de esperanza llamado amistad-

porque una vez escuchamos un cuento

donde mencionaban una canción

y un hombre tocaba la guitarra

para que una niña -mujer de cuerpo

pornográfico, pero inocente- durmiera.

¿Es polvo el residuo de los huesos y los días

que recorren las islas secretas del tedio

y los sonidos de la muchedumbre sabatina?

No son oasis espirituales ni panfletos sexuales

los que desmienten una cristalina y opaca

torcedura del existir y los alientos invaden

la cofradía binocular del amor y sus fantasmas.

Dicen que hubo un árbol del conocimiento

y dicen que rompimos el surco inocente del saber

y dicen que todo fue la pesadilla cierta

del destino bífido, pero los libros remueven

las cicatrices de las épocas infecundas.

 

Balada del antes y el después

Blandir el eco

tu nombre, cierto

insigne amor,

nosotros: torrente

cúspide de cielo.

Antes de ti

la nada, ningún foso

de vida galopante,

ninguna esquirla

de latido, corazón

batido contra la raza

del abandono: dolor

inquebrantable esperanza,

tu boca y el beso tuyo.

Cansancio previo

de años almacenado

que infiltró los tendones

de la miseria. Después tú,

nueva, noticia, novísimo impulso

nosotros, besarnos, como niños

inexpertos amar, te amo entonces.

 

Lumpen emoción

Bueno, podría creerte

pero no, porque es

una vez que conté

los números del sonido.

Porque una voz, una boca,

mantiene erguida la faz

del sillón donde fajamos,

pero espera, esto es un arrabal.

Cual cicatriz mi corazón

cual memoria tu vestido

cual espécimen nosotros.

A cambio del cambio de atuendo

la multitud vulgar, el vulgo llamado

te quería introducir en mis espejos

pero logré notar que no tengo clase,

más que la de nacimiento: absorto tiemblo.

Con el ácido del trotar los segundos

espero, porque una mañana aguardaba,

llegaste, subiste, ataste mis manos

con el cordón umbilical del erotismo

y me fui a las lejanas tierras del espejismo.

Nosotros, quizá, una vez, nunca, dijimos algo.

Tu manantial relució los efectos

de mi ramplona estética, verbalizada, canibal,

como si una vez los perros atropellados

en las carreteras se levantaran a mugirnos

convertidos en sus almas de vidas pasadas.

Karma, instinto, saciedad: contra marea y eco

fluir que es esta pensión alimenticia del desprecio.

En la economía individual de mis sentimientos

fluyes como río de sabiduría ignorada y te nombro.

Precisamente eres tú un nombre encriptado y fiel,

mutis, falacia, tautología amorosa, como mi fecalismo

afectivo, como mis borrachera emocional,

como el trino churpio, salado, improductivo,

que insulta la necrología anfitriona del torrente.

Eros que vomita y yo que me trago los restos

óseos de mi estructura pasional, aún encima

de las torres redacto ramilletes decolorados

de versos insufribles y caprichosos porque

una tarde andaba pensando que era tarde

y me decía a mi mismo: todo yo soy una dialéctica

emotiva de escasos recursos económicos y poca

credulidad porque soy un lupanar de emociones.

Micro abucheo autoinducido

En fin, corrompedlo, atadlo, chupadlo, es más, si acaso una vez consigues perpetradlo os daré una vid y un ostión ahumado. Pero a cambio del cambio de fetiches, mercancías y prendas, podéis acurrucaros en un trapiche, bebed entonces la cúspide, soplad, conquistad, arremeted, enchufaros siempre al raquítico espasmo de los años juveniles y saboread los dulces trinos geriátricos. No toda infancia es plácida ni toda placidez es deseo, igual que ningún deseo es alquitrán o mejor aún ningún alquitrán es saludable. Una vez os ví tendidos en los pórticos del silencio, postrados, ahí, lánguidos, como cucharas de plata del siglo de Luis XVI, y acampé silente, también con el ruido de mi alma, en los negros instantes de revelación ignota. Y en toda la cúspide cósmica ¿os habéis preguntado por la lata de salmón ahumado? También es tiento el sigilo de instalar la memoria en los almacenes del espíritu, igual que el Edén está escrito en nosotros y nuestro cuerpo -¿habéis visto un eclipse?- mantiene perfección y distancia siempre en una proporción amena. Instad al universo, corromped la lóbrega sala, averiguad entonces que las mañanas siguen grises en otoño pero una boca, un beso, un cariño, es otra cosa. Contra la muchedumbre de autores, de escritores, de letrados, de pensadores, de filósofos, no os invito a remendar, más bien remendaros  vuestras canas, acomplejad vuestro medio día, saltad al vacío estrepitoso del ¿cómo se llamaba la pintura del museo? Olvidaros entonces del colapso, pero colapsad insensatez, mermad la flota de designios, perpetuad las cristalinas esferas como valijas zurcidas y retazos de pieles suyos engullid. No es más que una fiesta indómita, febril y terca, pero si acaso habéis escuchado al sol gemir una mañana, podéis acurrucaros en el espejo de la lumbrera que os invita al fracaso.

Si rima un eco es una cloaca mental

Al frente de un ejército ignoto

farsa y símbolo estrecho quebranto

sumerge el antídoto del flagelo

mentalizado como verbo, seña y mutis

devenir intransitable, sonoro, escurridizo.

Peldaños que son libros, documentos

que son años, martilleo generacional

la tinta escurrida, el plácido árbol

del conocimiento, manantial y conquista,

látigo y fulgor llamado pensamiento.

Ungido trayecto de nombres y vocablos

como haz de luz, empolvado, materia

y forma, simbiosis de estructuras, lacónica

espacialidad de una esfera ambigua: rincón

que de los turbios axiomas consagra sus niveles.

Pulcra el alba retuerce los protocolos de

la eternidad errante, lampiña orquesta

trastocando la música celeste en nubarrones

de sentido. Porque se crispa la estrella del ingenio

contra el chispeante maremoto verbal, igual

que el futuro, nombre y destierro, compone

la sinfonía deísta de la incredulidad -igual

que un verano caluroso y una cosecha perdida-

nombrada espejo gris y turbulencia precisa.

Si rima un eco es una cloaca mental

igual que los reflejos encriptados del porvenir,

azulejos del alma, cerillas de recuerdos, hoguera

pasión que surca los abismos del terremoto de vivir.

Versión intrusivo

Padeces los nombres,

las formas, las letras,

estructuralmente,

porque significas

un rotundo fracaso rítmico.

Y te encuentro como un manantial

donde comulgan la insensatez y la armonía.

Contra tu pecho el verbo

es una pócima de milagros prostituidos

y en el callejón del tiempo, cautivo,

escondo tu faz sobre la faz de mi mirada.

La moneda del terror

La rectitud del asombro

parece una rama de sicomoro,

donde hicieron su nido

las golondrinas del fracaso.

Entonces arriba el atardecer del presente

mitad augurio mitad silencio,

cobija las angustias, renueva los pecados,

asombro y rectitud que galopan

en el corcel raquítico del espanto.

Del terror nacen los escondites

y de la vida las muchedumbres,

pero las montañas de fracasos

mantienen la esperanza de una noche

redactar una carta al amor imposible

y pegarse un plomazo en la sien.

Todo convive en la esfera mustia

de hoy, todo es la matriz púrpura

del desconsuelo. Por ello los fanatismos

reducen la experiencia a una aseveración

afirmativa, por ello las luces de las ciudades

esconden un sistema de explotación emocional.

Todos los nombres terminan en complicidad

con el séquito de intenciones y el marasmo

del ruido infértil, porque los ancestros

no tuvieron las mismas vistas o periódicos

y en cambio nosotros claudicamos al placer.

Encima de un hedonismo falsificado

construimos palacios de mentiras

que son historias y nombres y vidas cotidianas

también espejos del encorvamiento moral.