Irreverencia poética 22

Hoy no existe

este presente

marcado de papeles.

Remonta una turba

los escondites del medio día

como fuentes borbotando

negrura histórica.

Empedernidos cuchicheos

cabalgan los rayos de sol

y la tormenta, renombrar

entonces de los húmedos espejos

de concreto, maquina huídas

entre autos, jets, aviones y trenes.

Hoy estaban las nubes

hermosas como tu cuerpo

pero te olvido y entonces

son algo que no eres:

yo sin voz aclamando el espectro

de una muchedumbre sabatina.

Irreverencia poética 19

¿Cuándo hubo andamios

para precipitar

la lectura de los soles?

Fugitivos descansan

los adheridos relatos

de la ciudad celestial.

Fumiga el éter de la vida

los rincones del saber,

como de alfabetos

torcidos, cuña del conocimiento

inútil. Era soñar nacer

el columpio de los atardeceres,

como la era anterior al reloj

del desconsuelo y la memoria.

Baladíes tropiezan nuestras caricias

en el amasijo de imágenes

y flotamos, siempre aquí,

donde nada es la escritura de la totalidad.

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Irreverencia poética 18

Debería haber una arqueología de tus besos,

un gramática de tu ausencia, una lingüística

de tu recuerdo. Quizá hay ruinas de un nosotros

lejano, tiento también el amanecer junto a ti.

Debería existir una escuela para olvidarte.

En cambio resabio las ruinas de mi nostalgia

entre el ruido del presente y la cicatriz del futuro.

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Irreverencia poética 16

Ninguna forma escapa

al recuerdo,

quizá el olvido

nutra

el firme momento

nuestro

que no fue:

tú sin boca

yo sin voz.

Adiós adiós.

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Irreverencia poética 14

Transigir en el temporal masivo

construye formas ventrílocuas

en el soñar las aristas polvosas

de coordenadas históricas y soles.

Es una revelación la rebelión astral

que invita, plácida y tenue, al ritmo

insulso de días turbios y años recordados.

Perdíamos con la fulgente insignia

de instituciones caducas el aroma

mismo, certeza y átomo, del dolor

pero ensangrentados en desprecio,

ajena visión ancestral, el arquetipo

nuestro indicaba que las revoluciones

no eran más que la efigie de nuestra estrella

protectora… y andamos con ese montículo

de cartillas de identidad y sabemos que somos

una generación más en este planetita colapsado.

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Irreverencia poética 12

Investigamos umbríos

ejércitos, marca

en reloj un infatigable

trance, nosotros,

pérdida de distancia

o corporeidad caduca:

zarpar entonces,

abigarrados de demencia,

al escombro fijo

que nos esconde

la raquítica silueta del destino.

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Irreverencia poética 11

Tropezar con el tiento

del amor, soltura

la mano, esbelta

la desgarrada imagen

del segundo inserto

en la faz del beso.

Ansiedades torcidas

la derrota del imán

que es un cuerpo

frente a una vida.

Extraña pieza

estar en cinta del alma.

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Irreverencia poética 10

¿Pensamos en el fin

como un voz que abre

el agujero del soñar?

Nos inculcamos panfletos

y denigramos el día,

pero decimos: ¿acaso

las nubes irradiarán las señales

del universal salto? Pensamos.

Entonces los días abren el corazón

y por la rendija amorosa,

aliento y cosmos compartido,

indagamos el signo atómico del ser.

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Irreverencia poética 9

Nos pensamos

con la intuición del amanecer,

ocasos nutren el aliento

que somos, cada vez una espiga

de significados nos invoca.

Saltamos al silencioso manto

de la introspección y volamos

al sueño etéreo de las letras.

Inundamos los rincones del cosmos

con la tinta indeleble de la vida,

vivencias nos inculcan añoranzas.

Plasmamos los años en el abanico del ser

¿cuánta nostalgia acumula nuestra piel?

Una memoria, solo, nos induce al horizonte.

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Irreverencia poética a un público inexistente

Un auditorio inexistente

levanta la copa y dice:

bravo a la tormenta de sentidos.

Los caminos terminan

en un eco tumefacto y rancio.

Es tarde, se hace de día,

los árboles engullen

el oxidado humo de las industrias.

Maquinamos los silencios

contra el tropel del televisor…

y gemimos insanos los aires

que dicen cámara acción.

Irreverencia poetica 8

Irreverencia poética nova

Una instancia antigua

palpó los cuerpos

asiduos al sufrimiento.

La llamarada de recuerdos

ardía plena, todo fue contraste

y mutismo. Arriba —¿dónde estaba

la puerta del laberinto?—

perfumes violentos arrebataron

la cálida ternura materna

de la guerra demencial.

Nos perdimos siempre, aquí,

en el intervalo fortuito:

destinos del salto,

inmensidad y caída,

soplo en el arrabal del ego.

Merodeamos al salir

los copos imaginarios

llamados evacuación del presente.

irreverencia poética 7