Hoy presentamos Natdzhadarayama en Casa Libertad de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Con una cálida acogida, un grupo de personas amistoso, alumnos y maestros, dentro de las primeras jornadas de Oralidad y escrituras organizadas por la EDCO de la UACM, presentamos la novela El olvidad Imperio Natdzhadarayama. Se organizó una dinámica colectiva mostrando fragmentos de la narración y algunas de las ilustraciones que la acompañan. El ambiente amigable, la cordialidad, la cooperación y el intercambio fueron el primer acercamiento al trabajo, pues se realizaron algunos comentarios por equipos para propiciar una reflexión previa, a partir de algunos contenidos de la novela, entre el público que asistió al evento. En un tono informal, mas no por eso menos serio, el diálogo entre conocedores y no conocedores del trabajo permitió que la audiencia se fuera preguntando por la construcción de la trama, fuera identificando los personajes principales, los hechos que van conduciendo la narración y preguntándose por los distintos momentos, pasajes y situaciones que se expresaron en capítulos como Los testículos a la fritangaMuerte del último conocedor de la civilización Natdzhadarayamamita.

Posterior a ese encuentro de puntos de vista se realizó la presentación donde colaboró Juan Carlos Vilchis, también de la UACM, y un servidor. El comentario de Vilchis atinó en aspectos como el análisis folklórico y de los tipos de personajes, la dimensión de una construcción de un mundo, atribuyendo también un elemento importante en los hechos que van denotando la importancia del rescate del pasado, del valor social de la historia y la memoria. En ese tenor este nuevo comentario fue de una interpretación profunda, amplia y minuciosa, mostrando el hecho de que Lingüineto Violatore puede considerarse un héroe —y los motivos para ello— y de cómo el carnicero puede funcionar como un villano, también explicando la ontología de los personajes malévolos. Además mostró una lectura profunda del trabajo, contribuyendo a un entendimiento de su estructura, a una condensación de notas y apuntes que hablan de una lectura detenida, sólida, atenta. Si para Sánchez Menéndez en la primera presentación se trató de vincular la historia y la literatura, así como de traer a una ficcionalidad la construcción de un universo cotidiano, si para Prado se trató de una maquinaria, de un artefacto que habla de lo que se destruye, de lo que desaparece, para Vilchis fue más bien el toque de la soledad, de la intimidad, la que afloró en su interpretación. 

Posteriormente participé con un escrito donde reafirmé el camino, las andanzas, de este trabajo. Desde su construcción inicial en el año 2010 hasta las peripecias para poder editarla y finalmente la reflexión respecto a que nunca terminamos de aprender a leer y a escribir, de que somos lectores que trascendemos los bestsellers, que tenemos un horizonte de vida, de sentido, de conocimiento y de aprendizaje propios, que construimos mundos, que inventamos palabras y sonidos y formas y que al final de cuentas Natdzhadarayama busca un lector intrépido, ágil, aventurado. En esa medida el libro,digo yo, es un ejercicio que exige al lector atención, invención, construcción, memoria. No es entonces gratuito recordar lo que decía Barthes sobre los textos, que nunca son los mismos, ni tampoco exagerar las dotes postmodernas de una multiplicidad de facetas presentes en la novela.

Con todo el cariño después de esta presentación puede afirmar que se trató de un evento muy apropiado para explorar experiencias, conocer puntos de vista, anotar y distinguir distintos elementos del trabajo que mantienen una estructura narrativa propio, como lo reveló el hecho de uno de los grupos que comentaron que los personajes principales eran Lingüineto Violatore, el carnicero, la capitana y la emperatriz. La selección de textos también permitió vislumbrar anécdotas que fertilizan la lectura, resaltando hechos singulares como la presencia de un ejército de mujeres o la extrañeza entre la depilación testicular y la castración del tigre Wu Yu Hu.

Al final tuvimos una pequeña convivencia con carnitas, a propósito de fritangas, y pasamos un rato agradable, departiendo, comentando, aprendiendo unos de otros. Fue una linda estancia en Casa Libertad y para mí ha sido muy importante tener de viva voz la cercanía con un público inquieto, preguntón, crítico, despierto.

Lectura en el ahora: de ideas sobre la historia y una comparativa a 7 años Collingwood y Bloch

En 2010 sin saber cómo, cuándo, dónde ni por qué, decidí proponerme formar un perfil de pretendiente historiador. No era sólo por mis inquietudes referentes a Ignacio de Luzán y el siglo XVIII español, sino también por ser hijo de una historiadora y antropóloga mexicana, aunque en el fondo se trataba de realizar una empresa académica en un contexto de deriva, aislamiento, miedos e incertidumbres. Recuerdo que compré el libro de Marc Bloch Introducción a la historia  y lo leí con detenimiento, uno más de mis libros subrayados. En ese entonces no estaba en condiciones de poder realizar ningún tipo de ejercicio del pensamiento en ningún sentido. ¿Cuáles eran los ingredientes? Deseos de realizar una investigación sobre Luzán y su pensamiento, de explicar por qué razones su Poética estaba en la biblioteca de la Facultad de Humanidades, bajo la por entonces infundada razón de que seguramente había sido leído en México o Nueva España, pero ¿cuándo? ¿por quién o por quiénes? El segundo punto era el referente a las celebraciones del centenario de la revolución mexicana y el bicentenario de la guerra de independencia. Historia oficial, sin duda. Pero leí a Bloch con un interés genuino por aprender y descubrir la reflexión sobre la historia. Sin embargo, algo me distrajo ampliamente de mis inquietudes históricas: un trabajo que estuve a punto de dejar, una vida de excesos, el acercamiento a una figura de la literatura contemporánea radicada en Xalapa, la vivencia de experiencias límites que por diversas razones de orillaron a desquiciarme. Hoy estoy vivo, estoy plenamente seguro de que estoy contento con mi vida. Pero el libro de Bloch del que habló, reeditado por el Fondo de Cultura Económica, fue impreso y editado por primera vez en 1952. Ese mismo año el Fondo editaba otro libro que terminé de leer en estos últimos días: Idea de la Historia de R.G Collingwood. ¿Casualidad? ¿Historicismo? Pensamiento filosófico sobre la historia en la primera mitad del siglo XX. Dos latitudes rivales en el siglo XVIII: Inglaterra y Francia, que en el transcurso de los hechos de la segunda guerra mundial estuvieron en el mismo bando contra los alemanes. Dos vidas distintas, la de Bloch cortada, arrancada, por los escuadrones nazis frente a la resistencia francesa a la ocupación alemana; la de Collingwood una vida académica con cierto más sosiego. Esto desde mis escasas, desde mis nulas pesquisas sobre estos autores. Pienso en un ensayo, no este reporte de lectura, donde comparar cuatro formas reflexivas, desde la filosofía, de la historia: no sólo estos dos trabajos que menciono, sino incluyendo La historia como hazaña de la libertad de Benedetto Croce y el trabajo del español José Ortega y Gasset La historia como sistema. Ese posible ensayo hoy no es lo central. Tanto Collingwood como Bloch asumen que la historia remite a lo humano, al tiempo humano, a la acción humana, al pensamiento y de la experiencia humana. Con eso me quedo, me conformo. Si bien pudiera realizar una comparativa de ambos trabajos, ambos previos a la guerra fría, lo interesante para mí es la sincronicidad en el año de edición en español. Relaciones más o relaciones menos, leer a Collingwood no es sólo recorrer una tipificación, un compendio historiográfico, sino también es adentrarse en un sistema de pensamiento, en una definición concreta de la reflexión distintiva entre lo natural y  lo humano, eso que Leví-Strauss estableció muy bien en su apartado Naturaleza y Cultura en Las estructuras elementales del parentesco. De esta forma el recuento collingwoodiano también representa una nutritiva fuente de reflexión de la episteme histórica, del conocimiento y los límites y alcances de la historia como saber, independientemente de Foucault y neoestructuralismo. Collingwood logra un trabajo que responde a la modernidad occidental y su necesidad de historiar, no como un acto de la memoria sino como una posibilidad de conocer el pasado más allá de una causalidad diferencial, como una actividad de testimonio y explicación de lo ocurrido que se relaciona con el presente. La historia es pensamiento, es hacer humano, testimoniado, documentado. Entonces el historiador trabaja con pensamientos pero de distinta forma que el psicólogo. Lo crucial es tanto el recorrido por el pensamiento filosófico sobre la historia como los apuntes metodológicos sobre este tipo de conocimiento, su función, sus rasgos, sus problemas y métodos. A 7 años de haber leído a Bloch, ahora Collingwood me reafirma mi interés por la reflexión de la historia, aunque vivamos en un momento posthistórico. Finalmente mis búsquedas, anacrónicas o no, tienen un sentido en el intento construir una genealogía personal más allá de los autores de moda.

Lectura en el ahora: Naciones y nacionalismos de Ernest Gellner

Decididamente estoy intentado construir un andamio intelectual para mi proyecto de investigación en cierto posgrado, aunque con certeza mi indisciplina vigente no es más que una esfumada silueta rotunda de la crisis que vivo. Y si pensar lo nacional —hoy postnacionalizado— implica intuir una modificación completa en los hábitos identitarios, económicos, políticos y empresariales, la lectura de Gellner remite con nitidez a un programa antropológico —por étnico y cultural— de análisis nacionalista. No es extraño que en 1983 se editara una obra como esta, pero si lo es que llegara a México hasta 1999, para no dejar de lado las inclinaciones editoriales que amalgaman las capas y los tejidos ideológicos, para mostrar como novedad algo que, en realidad, ya ha sido discutido y comentado hasta el agotamiento. No obstante, la propuesta de Gellner enfatiza claramente un postulado importante respecto al nacionalismo: la interconexión entre la cultura, el estado y la educación, como un trinomio de las sociedades industriales, que configuran y enlazan los aspectos principales de la modernidad nacional. En la medida que se trata de establecer una cultura homogénea, aun fincada en tradiciones —históricas y literarias—, en tanto refiere a la composición de un territorio definido y estable en su denominación de Estado, en tanto se trata de la posibilidad social, y sociológica, de generar especialistas a partir de una especialización común —para el autor el alfabetismo—, la nación engloba estas dimensiones como sus elementos intrínsecos, aunque el nacionalismo y lo nacional no remita a una forma de organización social natural. Resaltan también los comentarios anti-marxistas de Gellner, que nos hablan de que su lectura de Weber es más un lugar común en la fundamentación constructiva del análisis del capitalismo occidental, que de una posición crítica del mismo, aunque deberíamos sopesar el momento histórico del marxismo occidental, en la década de los 80’s en Inglaterra, aunque ahora nos resulte inútil evocar un librito adquirido de Perry Anderson. No es gratuita la conjugación del análisis antropológico y sociológico que Gellner materializa, al cristalizar una óptica que ofrece algunos ejemplos, aunque su planteamiento sea más bien teórico. Sin lugar a dudas, la reflexión nacionalista de finales del siglo XX debió encontrar en trabajos como este —descartando que el mismo 1983 se publico el libro de Benedict Anderson Comunidades imaginadas Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo— debieron nutrir una fase intelectual controversial, si no olvidamos la caída del muro de Berlín en 1989 y el proceso neoliberal de globalización y trasnacionalización, que configura, con el pitido ejemplo de la Comunidad Europea (aunque no tengo esta certeza), un escenario político, ideológico, económico y cultural, que quizá en este momento post-histórico (aunque ya he olvidado la lectura de Sloterdijk) se encuentra en vías de extinción, transformación o radicalización.

ernestgellner-nacionesynacionalismos

Lectura en el ahora 4: Carlos Montemayor

Lectura en el ahora 3: Jean Paul Sartre

Lectura en el ahora 2: Benedetto Croce

Benedetto Croce

Lectura en el ahora 1: Hermann Hesse

 

Actualmente me encuentro leyendo este libro

Hesse Portada

Bibliotrauma

DSCN2678Pensamientos sueltos componen los linderos precisos de mi inteligencia verbal, de mi autismo como autor, deslindado del presente, en vínculo incierto con los acontecimientos. ¿Qué es la actualidad? ¿Qué resguarda la morada de las letras? Pensar que leer es un acto de diálogo virtual es en esencia algo cierto y también una consciencia de acceso a la otredad inmensa. Después de 3 intentos universitarios diversos puedo decir que he acumulado, para bien y para mal, distintos soportes bibliográficos. Y de vez en cuando me obstino en caer en el sin sentido del wanna be, para extraer de mi experiencia un conato de bronca intelectual. Aquí, en los estantes donde no caben las estrellas del momento, me extravío pensando que no seré el autor cotizado ni el pensador renombrado, pero nunca haré a un lado la dosis de originalidad que me puede proporcionar mi experiencia como indigente académico.

Libros de historia, de teoría literaria, de filosofía del lenguaje, del siglo XVIII (franceses, españoles, novohispanos, ingleses), de discurso, de literatura mexicana, latinoamericana y alemana, entre otras cosas, componen el minúsculo atisbo de lecturas pendientes: un abigarrado ejército de autores en mi intento de DSCN2680desfiguración del canon y la tradición estética verbal. Y no desisto porque ahora puedo decir que soy un pequeño historiador y poeta, en ciernes novelista y tal vez ensayista, todo depende del cristal con que se mire. Y no renuncio a mi matrimonio con las letras, existencial y desgarrador, porque en el fondo no es tampoco una cosa adictiva o compulsiva sino un acto de fe y de amor, de vida.

Los libros son un refugio, siempre, nunca una carga, jamás un peso u obstinado embalaje de miserias. Y entre tanto devano con tiento una cierta estrategia personal, de publicación, compaginada con mis proyectos de lectura. No soy parte de la intelectualidad del momento ni tampoco ostento ningún rótulo propio de joven promesa. No creo en los concursos literarios y pienso que hemos perdido el sentido y la significación de las formas luminosas del ser cuando nos acorralamos contra las dosis de realidad que nos impelen a creer en un futuro posible. Pero los libros que están aquí, conmigo, me sacuden y me invitan no tan solo a imaginar el para qué leerlos o el porqué postergar su lectura, sino a identificarme en la búsqueda de algo que no tiene forma ni rostro, mis próximos proyectos creativos.

DSCN2683El pasado mes de junio me titule de licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana. Y es en esa dicotomía, en esa dualidad entre lo académico y lo creativo, que me zambullo en un marasmo de constancias falaces y de atormentadas cicatrices escolares: antropología social, teorías de la cultura, rituales económicos, economía, filosofía, historia, lingüística, pensamiento crítico, modernidad, lenguaje, arte, pensamiento, cabalmente una conceptualización de los sitios atravesados que no dicen mucho de mí mismo. Porque nunca he logrado ordenar mis intentos, mis pesquisas, mis falsificadas interpretaciones de lo real y lo ficticio. Porque predomina un desorden que hoy podría ser la puerta para acondicionar una trayectoria personal, propia, individual, en vías de crecimiento. Todo es el marasmo de una tautología y episteme no asimilada, no identificada, no verificable: donde la poesía es un ejercicio escritural y la lectura un vicio ausente, porque en el inmenso mar de los pasados navego ignotos territorios fabricados por especialidades poco útiles al ahora. Obras completas no conozco ninguna. Ninguna tampoco me invita a conocerla del todo. Y me descubro infértil, desértico, árido, en el instante mismo de elección para ubicar mi lenguaje para traducirme. Entonces este circunloquio, este espasmo de vomitar palabras.

DSCN2684

Por una vez en la vida he logrado construir algo que me parece un buen ejemplo de trabajo intelectual. La tesis de licenciatura que presenté me dejo completamente satisfecho. Pero me falta mucho camino por recorrer. La pregunta obligada para mi es ¿ortodoxia o innovación? Y no puedo desistir de las conquistas realizadas ni de los estímulos obtenidos, pero debería ser un poco más sensato y dejar de lado estos juegos retóricos y estilísticos. Aunque no puedo, no sé cómo abandonar mi inmadurez, no sé ni puedo embarcarme nuevamente en un revisionismo a ultranzas. No dejo de improvisar, ni de explorar los vericuetos de esta imaginación adolescente, medio sumergida en el trauma de los libros, de la lectura, de la cultura como una epígono de la consciencia.

 

Después de leer una tesis doctoral

Qué grata sorpresa

encontrarlo todo,

ese todo que es mi nada

objeto de estudio, sucinto,

pulcro, amplificado y radiante.

Qué asombro y proeza

la discursividad del pasado,

los hombres, las obras,

las interpretaciones,

atisbo de colecta bibliográfica,

más que un rescate una pieza

del conocimiento necesario.

Deseos que ahondan mi ser,

la llamada a profundizar

el entramado libresco:

neoclasicismo

ilustración

siglo XIX

prensa

periodismo.

Indisociable de mis criterios

esto que leí me cimenta,

desbroza mi camino, me alienta.

Soy feliz con el trabajo de las ideas

y me doblego a la fascinación por conocer.