Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

Quien esté alfabetizado que tire la primera letra

Arrojadla y bebed,

complicidad, espuma de voz y

quebrantada tormenta

inocua, silencios, caminos,

marcas: siempre costado del saber.

¿Pecamos contra el arrebol de la eternidad

en la expresión y el nombre? Reminiscencia

esperma de verbo y luz, como conflicto

entre el ser y su lenguaje, fugitiva memoria

los rostros infames de lenguas muertas u olvidadas:

olvido, eso que es nombre de lo cotidiano

indistinción negativa, el salto a la vocal y su torcedura.

Periplo no del sueño

no del signo

del andamio

andado: meta y logos

insufrible torno

de dicciones en la gramática del tiempo.

Ancestralmente elucubramos

designios anteriores al saltar

las lunas las estaciones,

porque las estrellas compitieron

para llevar grabadas nuestra alma.

Mitad aliento mitad mirada

como nocturnidad en la playa

caer al instinto dicho: comunicarnos

tal vez fue el error que nos volvió humanos.

alfabeto1

 

 

 

Diagnóstico

Severa crisis
del ser nombre vacuo,
figurín de polvo
es tu silencio,
una hondura
cubierta de flamas
viles por inocencias rotas.
Consumada la diáspora
del lenguaje, mutación
invertebrada del universo,
severa crisis cristalizas
el ánimo de vomitar injurias.
Perdona vida, realidad perdona,
el sino estéril de esta vocal,
torpeza cierta, si calambre del corazón
también resquemor de fracasos,
saco despabilado de mutismo.
Severa crisis
columpio al éter sombrío
la lengua ancha de tu adherir
los días al remanso turbio
de las palabras, mitades de silencio
este capital desierto,
de la calle las luces ensordecen el instante.

 

diagnostico

Teoría del instinto mutilado 3

capitalismo1

Archivado en la superficie

del sueño eterno

hay una tormenta enclenque

de voces y cuerpos, que ronca

en nuestra memoria su balada.

Perderíamos el abismo de la quebrantada

aflicción que somos en otros

todo el tiempo, como somos

en nosotros un ápice de significados: morimos ciertos

entre cristalinas fugas de motivos y risueños rencores.

capitalismo2

Ninguna canción puede arropar

la estulticia que nos impone el surco del lenguaje,

porque somos vendidos y nuestro ahorro

es una economía lingüística obstinada,

terquedad como de berrinche infantil,

que zurce dentro nuestro

un alimento canoso que es fastidio y venalidad.

Porque la dicha de vivir es nombrar el aposento

cruel del sin sentido,

capitalismo3como nombre sin forma y sin cabida es,

mitad de aliento y cansancio, nuestra mirada

que rompe las estrías del alma y amasa

un espectro de papeles moneda y retazos eróticos.

Entonces naufragamos en una capitalismo

cuya crueldad nos indica ganancias,

como ramaje ancestral. ¿Dónde conquistar

el folio preciso de la indecisión si somos

péndulos en el arcilloso terreno de la certidumbre? Esas monedas

que nos inculcan fastidios nos esconden en su ramillete

de sobras y pesadez, nos introducen en la semilla

de toda injusticia y nos desfiguran el torrente vital,

como experimento genético perdemos el control

de nuestras inquietudes prístinas y somos sometimiento inflexible.

capitalismo

Atmósfera derretida en un acto

perdida1

Podría creerse que la falta de sentido en el ámbito creativo es una derivación extensa de los fragmentos rotos que sucumben en un intento de teorizar la sensibilidad. Pero no hay un lugar común a la presencia ignota de la inspiración, no al menos en cuanto que deviene en un sin fin de actos, emergencias y situaciones. Propiciar la rememoración con la creación es un cuchilla mental, en mí caso, cuya inflexión de apropiación del significado de la experiencia puede muy bien circunscribirse en un acto reflexivo. En todo caso el semblante de mis carencias ideológicas, especialmente políticas, remite a una constricción volitiva de mi ser en el mundo, un tanto burgués, un tanto parcial, un tanto quebrada de los flujos informativos, de los hechos vigentes. Pero en el acto creativo, en el impulso creador que sigo, que persigo con mi automatismo escritural, no existe una premonición latente ni un fondo instantáneo que surque los océanos del ancho mar digital. En mi feudo creativo las exploraciones realizadas pueden muy bien ser legítimas o no, pero en el peor de los casos se trata del impulso catártico que, orillado a la necedad de un acto distorsionado, promulga los epicentros, ora lúgubres ora luminosos, que demarcan los linderos de mi discursividad.

Mantengo un impulso neto de exposición verificada en donde es posible localizar un influjo constante, en ocasiones falaz y otras veces pleno de sentido. Hay también un intervalo que oscila del lenguaje, del pensamiento, de las dimensiones interpretativas del ser y del mundo, a una estética cardinalmente solitaria, emblema mismo de un arte quebradizo, de una arteria sensible fugitiva, de una espiral ininteligible. Por la construcción sin agenda ni itinerario, mi arte, mi poesía, mis creaciones, no responden a la realidad ajena, al mundo externo, a la metafísica internáutica, sino que son porciones todas de mi interioridad, de mi instintividad creadora, de una especie de vivir el presente que no tiene nada que ver con el presente, una fórmula negativa, por dialéctica, de la asunción del tiempo y de sus marcas en el ahora. Lo instantáneo figura como un producto realizable, pérdida de simbolismo y de abstracción, surco y manantial de frases, versos, prosas, imágenes, orillas mismas del acto de desahogo incesante, infructuoso, ocioso, extravío y sombra de la torcedura del alma que me invoca cada vez a nombrar, a decir, a poner en juego una red de impulsos estéticos de dudosa procedencia.

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Exposición personal

PANO_20160624_212250546

Desde la pieza contigua al presente, registro y vocalidad del pensamiento propio, personificación y escenografía, costal autográfico, lontananza mía, que de silencio cobijo cada vez que versifico mis desquicios. Aromática y presentimiento de una alza en el costo del sentido, símbolo perdido, extravío ideológico y locuaz tenacidad de enarbolar la dicha regocijante del lenguaje. Culturalmente árida la tropa mental, fauna interior desde el aposento de la memoria instantánea.

Genealogía de lo inútil

arbolperdido

Constricción, aroma de tedio,

la cicatriz del olvido

nombra asiduos

promontorios oníricos.

Despilfarrar, acto constante,

como industrial mecánica,

la voz interior que, ruta

fructífera, sacude

el lote baldío del ser.

Pensamiento oxidado

como lápiz con punta rota

o intentona de escribir

en la agenda del terror

una nota de alegría.

Soporífera mansión

este redactar en verso

las pocilgas de la existencia.

Ansiedades perdidas

en el quebrantar la silueta

de los rumores, urbanidad

esparcir afectos y perderlos:

terco instinto —¿qué número

sacude la poltrona de la vista?—

esta melodía vacua del significado.

arbolperdido

Solturas inmediatas

circulo floral

 

¿Recordar saltos

al terreno del nombre,

que de figura tiene

siluetas y cenizas, es

colgarse el amuleto del sueño?

Nacimos un día cualquiera

con la cara prófuga del pasado

y la lengua esmaltada de gritos.

Pero sentimos el paso del instante

que devana nuestra alma y soltamos

el ancla del desconsuelo volátil:

eso que son los corazones rotos

y el aliento canoso de cigarrillos,

contra el tonelaje del silencio.

Arrullamos perpetuos el devenir

con nuestras acciones, mas

un eco nos guía al destino

—construcción esférica—

que irrumpe en nuestra morada:

cuerpo que es nuestro vehículo

la palabra inserta en la otredad.

circulo floral

Este automatismo escritural

Dejaré para otro momento la importancia congruente, la coherencia y el sentido. Ahora sólo escupiré industrialismomis ideas, como intenciones rotas, esquirlas de un pensamiento anquilosado, perezoso, latente y putrefacto. Es mucha la distancia que remueve los escombros mismos del alma, la porción justa que indaga retóricas y funcionamientos perdidos en el extravío del nombrar. Todo lenguaje invoca una residual instancia que revoca los infantiles galopes del ser. Tejo entonces una elucubración factual que renuncia en su esbelto transitar al maremoto del significado, emblema siempre de un acto referencial que no remite siempre a una ontología de la palabra. Pero también es una espumosa y traslúcida memoria la que arremete contra los vericuetos propios del ego y sucumbe al instinto mutilado de una metafísica rota y quebradiza.

Una vez pretendí ser una especie de mago con el bastón de la lengua y entonces noté que transmutar los efectos sonoros del pensamiento a las denominaciones alfabéticas es mucho más que simplemente redundar en la búsqueda de un estilo. La propiedad no implica necesariamente apropiación pero en el decibelaje del ser y las rendijas mismas del existir, la orilla siempre oscura de la innovación reclama un sitio perecedero para poder conquistar los espasmos ajenos. Tonalidades industrialismo2del discurso como muchedumbres hambrientas navegaron las aristas de una filosofía caduca y obstinada, hecha de mitades, consanguínea del florecer ignoto del silencio y la barbarie. Porque en el fondo mismo de este escrito, disforme y bestial, la emblemática ruptura con el paradigma de la claridad es mucho menos que una pieza museográfica enlatada en el sin fin de las posibilidades argumentativas, porque existe, en mi tautología, una especie de afición al mentalismo. Orillado al nombrar los abismos etéreos del sin sentido, escupir entonces no se traduce más que en un automatismo reduccionista, falaz, intencionalmente desvencijado, como extravío de página de libro a mitad de una investigación. Por consiguiente no reitero más que lo enunciado, energúmena señal de la elucubración distante del pensamiento contumaz, raquítica como un famélico que pide limosna.

 

Irreverencia poética 10

¿Pensamos en el fin

como un voz que abre

el agujero del soñar?

Nos inculcamos panfletos

y denigramos el día,

pero decimos: ¿acaso

las nubes irradiarán las señales

del universal salto? Pensamos.

Entonces los días abren el corazón

y por la rendija amorosa,

aliento y cosmos compartido,

indagamos el signo atómico del ser.

Irreverencia poética 10

Ingenio anquilosado

soporifera1

En fin no interesa

porque escribo la monotonía,

planicie mi verso, mi vocalidad

mustia, insomne mi voz, desquicio

mentalizado. Pantano escritural,

falacia, toda una tautología

el pensamiento diseminado aquí,

ninguna parte existe, ni invento

o imaginación perduran. Totalidad

carencia de sentido, insufrible tono

de cantinela, reiteración, la señal

de un fracaso estético. Silencios y pesadumbre.

soporifera1

Filosofía del lenguaje 4 Algo de Habermas

Habermas y la filosofía del lenguaje.

Rómulo Pardo U.

Julio 2006.

 

El quehacer humano es versátil. Parte de sus necesidades biológicas para buscar la manera de superar los obstáculos de la naturaleza. Tal es una fuente motora de impulsos que le conducen por los caminos de la apropiación de su entorno inmediato, de sus riesgosas aventuras entre la vida y la muerte. Sin embargo, una vez cubiertas dichas necesidades el humano se pregunta por la trascendencia de su marcha, por sus acciones, por la vida, por la muerte, por la extrañeza que le produce la vinculación con el cosmos. Se ha visto con Villoro en su artículo “Motivos y justificación de la actitud filosófica” que la filosofía es esa actitud de extrañamiento ante la naturaleza dada, ante lo acostumbrado y las formas preestablecidas históricamente por los mecanismos sociales, productivos, simbólicos y materiales. La modificación de la naturaleza mediante el trabajo que en términos de Marx brinda libertad y conciencia es una visión clara y sintética de este fenómeno. Aunque como dice el dicho, no sólo de pan vive el hombre. Se ha visto que en tanto formas motoras del quehacer humano, las tradiciones y costumbres, las figuras rituales del diario vivir, se van diluyendo en la dinámica monótona. ¿Qué es lo que distingue entonces al ser humano de otras especies? De regreso a Villoro se habla en primer lugar de la capacidad de extrañamiento del mundo habitual, rutinario, constante. Ahí donde surge esa extrañeza es donde esta la clave de la actitud filosófica, entrañada por la certidumbre de la duda y su capacidad renovadora. El mundo humano constituido por cosas, por significados, envueltos en opiniones, cubren y disfrazan la realidad verdadera opacando la visibilidad. Por lo tanto “… al reino de la opinión, oponemos la claridad racional de la evidencia”(Villoro.1962:79) nos dice Villoro, con el afán de promover esa visión crítica que ha de dar validez y vigencia a la búsqueda de la verdad a través de la razón.

Así un primer rasgo distintivo de la especie es esa facultad de extrañamiento que lo conduce a la duda. Hasta aquí he buscado responder a la pregunta ¿qué distingue al humano de otras especies?

Cabe decirse que otro rasgo distintivo es el de la capacidad de comunicar mediante un sistema de sonidos articulados la experiencia, el sentir y el pensar. Eso que se conoce con el nombre de lenguaje y que impregna irremediablemente la vida de la especie. ¿El lenguaje es una capacidad? ¿Es una institución? ¿Qué es el lenguaje? Ciertamente hay más de una respuesta pero ante todo, el lenguaje ha de considerarse una necesidad para la vida en sociedad, un acto convencional sujeto a reglas, normas y regulaciones colectivas.

Siguiendo con la tradición del pensamiento habermasiano, el lenguaje es producto de un momento cultural e histórico. Es un mecanismo de comunicación en el que la implementación de los actos comunicativos son su finalidad por excelencia.

En este sentido el lenguaje es una forma abstracta que se concreta al echar ano de ella y que en todo caso tiene una función pragmática. En su libro “Pensamiento postmetafísico” Habermas defiende la idea de un giro pragmático el cual consistiría en los aportes que desde Frege, pasando por Wittgenstein y desembocando en Searle, se han dado desde la filosofía en torno al uso del lenguaje. Las manifestaciones lingüísticas, nos dice Habermas, las describo como actos con los que un hablante puede entenderse con otro acerca de algo en el mundo (Habermas.1990:67).

Habermas es heredero intelectual de la escuela de Frankfurt encabezada por Adorno y Horkheimar que encuentra sus sustentos en la teoría marxista y psicoanalítica principalmente. De tal suerte que la filosofía elaborada por Habermas no hace de lado aspectos de orden históricos, sociales, ideológicos, por mencionar algunos, en cuanto sus postulados buscan reforzar una teoría crítica de la sociedad.

Hasta aquí he querido hacer dos cosas: la primera establecer algunos rasgos distintivos de la especie humana como la actitud filosófica y la capacidad del uso del lenguaje, y por otra parte, introducir en la discusión de estos debates una parte del ideario de Jürgen Habermas.

Esta estrategia de exposición obedece al deseo de aclarar en principio la distinción entre un vinculo cómo el de la filosofía y el lenguaje por un lado, y el quehacer de la filosofía del lenguaje por otro.

Sintetizando lo expuesto, la filosofía se relaciona con el lenguaje mediante su búsqueda constante partiendo de la razón, búsqueda de la verdad a través de mecanismos racionales.

El lenguaje vendría a ser el material con el que se forman las herramientas para el festín de la razón. Festín que se conforma con la simple contemplación estoica o hegeliana de la realidad, con la asimilación, negación, contribución o expansión de tal o cual línea o corriente filosófica. Según entiendo, la relación entre lenguaje y filosofía es reciproca en tanto uno le brinda a la otra los procedimientos racionales para su quehacer –aunque desde una postura analítica será el lenguaje artificial, organizado mediante procedimientos lógicos a priori el que brinde la vía de acceso a la verdad-.

En el contexto de la filosofía alemana Habermas detecta e indaga en su artículo “¿Para qué aún filosofía?” algunos de los cuestionamientos fundamentales para la filosofía alemana. Detecta que la ruptura que se establece a partir de Hegel dentro de la filosofía es fundamental para entender los motivos de 5 distintas escuelas filosóficas en Alemania hacía 1920: la fenomenológica, la existencialista, la de antropología filosófica, la analítica y la de

la teoría crítica.

Cuatro son los problemas que debate Habermas en torna a la tradición filosófica alemana:

 

  1. El debate entre la filosofía y la ciencia en el que el papel de la filosofía parece relegarse a una mera teoría del conocimiento a partir de los avances tecnológicos y científicos, es decir prácticos.
  2. El debate en torno a los filósofos y la filosofía en donde la filosofía se erigió como una disciplina de aportes individuales que a partir de la ruptura promovida por Hegel sufrió un movimiento de apertura académica dejando de ser una actividad de élites intelectuales.
  • El debate entre filosofía y religión que plantea hasta Hegel un vínculo a partir de la metafísica trascendental entre dichos ámbitos, a partir de los sustentos que una aporta a la otra como sería la revelación, la iluminación y/o trascendencia del espíritu.
  1. El debate entre filosofía y tradición que enfatiza el hecho de que con Hegel se inicia la crítica del nexo estrecho entre la filosofía y el orden estatal prevaleciente, ya que esta se desenvuelve como fuente legitimadora de una forma cultural compleja, tradicional y sociocósmica (mítica, religiosa, etc.).

 

De tal exposición yo he querido rescatar una parte de las conclusiones con la cual se conecta la disertación hasta aquí expuesta con la filosofía del lenguaje de Habermas.

“Mientras no se desarrolle para el dominio objetivo de sistemas de acción comunicativa un sistema de conceptos base teóricamente fructífero, y además operativo, que sea comparable con la base conceptual establecida para el dominio objetivo de los cuerpos móviles y acontecimientos observables, tendrá que ejercer influjo retardante una teoría de la ciencia pseudonormativa”(Habermas.1993:83). La cita anterior quiere decir que hay una diferencia relevante entre una filosofía de la ciencia y otra filosofía más cercana a la realidad de los agentes sociales y por lo tanto a la acción comunicativa, al plano pragmático del lenguaje.

Tomando las debidas reservas, me parece sumamente importante resaltar el planteamiento de que el lenguaje en tanto forma convencional no puede desligarse dentro de la filosofía habermasiana, de las implicaciones concernientes a las denominadas ciencias del espíritu por Dilthey. En este sentido, la filosofía del lenguaje en Habermas ha de cubrir una amplia gama de aspectos a considerar, algunos de los cuales ya se han mencionado, implicando una visión del lenguaje próximo a la hermenéutica, es decir, a la capacidad interpretativa, a la relación entre pensamiento y lenguaje, a la asimilación de conceptos, así cómo a la historia textual de la tradición.

Para finalizar y a manera de conclusión, considero que la tradición alemana en el campo filosófico es de mucha utilidad para realizar indagaciones desde una perspectiva estrecha a un enfoque humanista. Sin descartar otros aportes que en apariencia resultan contradictorios sino más bien complementarios. La visión de la filosofía del lenguaje que nos aporta Habermas es una fuente inagotable de reflexiones que hasta este momento me conducen a nuevos puntos de partida para la reflexión así como a renovadas inquietudes y debates sobre el lenguaje.

Estoy convencido de que el lenguaje desde esta perspectiva, se ha de tomar en parte como una moneda común dentro de la vida social. Todo sistema de organización requiere cooperación, jerarquización, división social del trabajo, asignación de roles, que en el caso de las sociedades humanas se logran desplegar y enfatizar mediante el acuerdo común que se manifiesta mediante el lenguaje. La peculiarísima dupla formada así por filosofía y lenguaje, distinguiéndola por supuesto de la filosofía del lenguaje, se ve aún más intrincada cuando se toman en consideración las cuestiones de los sistemas sociales cómo estructuras organizativas sujetas a procesos históricos, económicos, políticos, por nombrar algunos, pero también por las características inherentes a los individuos que conforman dichos grupos y colectividades que sostienen relaciones de diversos tipos y grados. De los siguiente se desprende que una filosofía del lenguaje se ha de encargar de las reflexiones concernientes a los asuntos propios del lenguaje, pero a diferencia de la lingüística que tiene un carácter más inclinado hacia lo gramático, las variaciones y regularidades entre sistema y realización, por nombrar algunos casos, la filosofía del lenguaje mantiene un compromiso con la especulación racional. Parafraseando una cita de Adorno hallada en Habermas la filosofía ha de caracterizarse por el abandono del conocimiento absoluto sin dejar de lado el problema de la verdad.

 

Bibliografía:

 

  • Beuchot, Mauricio. Historia de la filosofía del lenguaje. FCE. México. 2005. pp.290-313.
  • Habermas, Jürgen. Sobre Nietzche y otros ensayos. REI. México. 1993. pp.62-88
  • Habermas, Jürgen. Pensamiento postmetafísico. TAURUS. México. 1990.
  • Villoro, Luis. “Motivos y justificación de la actitud filosófica” en Páginas filosóficas. México. UV. Col. Cuadernos de la facultad de filosofía, letras y ciencias. No15. 1992.73-94.
  • Nieto Blanco. “Habermas y la acción comunicativa” en La conciencia lingüística de la filosofía. Ensayo de una crítica de la razón lingüística. Madrid. Ed. Trotta. 1997.pp.251-263.

Habermas_rare

Saturación de palabras

Enquistados trozos del diccionario

me hablan, dictan una ignorancia.

Sopesar por doquier

—calle, callejón y rima—

lo imposible de un álgebra del desquite,

porque si enquista la vida un alguien

en nosotros, nosotros somos enlatados

para el refrigerio amoroso —y la otredad

famélica nos escupe las pistas de nuestra investigación—.

Perdemos comúnmente el sentido

¿por qué cariño, piensa el vagabundo

si su indigencia es tibieza —oh ruda proclama urbana—

que desenvuelve el antídoto del éxito?

Rudeza innecesaria, digo cuando evoco

el chicle de mi primer amor —la madre partida—

y entonces gimo con los dedos —aquí

donde parece una máquina que me conoce todo

menos el corazón— arrastrando conmigo una lata

de ostiones ahumados —tan deliciosos como siempre—.

Acallo encima de mis concepciones la égida misma

del tronido instantáneo que es mi boca, mi dedo

—mi pensamiento que mustio rumia una frase no hecha—

porque esto no es poesía ni poema ni literatura ni estilo:

es una maquinaria, un laborismo verbal, un obraje

reclusión en el lenguaje, tropelía y axioma falso, inservible,

rata metafísica en la alcantarilla del ser —concretamente

evado los nombres de estrellas de los años cuarenta

porque creí que la farándula era la naturaleza propia del dolor—.

colorfullturn

Autopoética de un lenguaje

Movilizar el lenguaje para mí es un acto de elaboración, en ocasiones automática. Las dimensiones que te brinda el conocimiento del pasado en cuanto a los recursos estilísticos, las tendencias y las modas estéticas, ideológicas, poéticas, etcétera, en ocasiones se transforman en enjambres de frases, ideas o figuras discursivas. Se trata para mi de elaborar el pensamiento. Y en un tono revisionista la inmensidad literaria producida en el tiempo implica generar elecciones y selecciones de obras, autores y épocas. Para mí se trata no sólo de plasmar un itinerario, ora falaz ora verídico, o de indagar los vericuetos inherentes al acto creativo, al desempolvamiento del ser o a su negrura prófuga y certera. El acto de escritura, que desde hace algunos años es en mí caso un acto de mecanografiado intencional, no debe disociarse de una exploración interior en diálogo comunicante con un conjunto de otredades  que nutran la búsqueda.

El presente abigarrado de tendencias, ocurrencias, modas, formas pasajeras y transitorias de pensar, de crear, de construir, de escribir y de creer, remite a una instancia contraria a un asidero, remite al vacío del que nos habla Baudrillard, a la fabulación inmensa de una legitimidad cognitiva fluctuante, incierta, por perecedera y disímbola del enquiste de la eternidad en su dimensión transitiva. Lo textual, en una elaboración finita y cerrada, purista, induce al acto de corroboración emotiva, de la ficcionalización y la realización propia, que desde una óptica fracturada indaga los caminos y las brechas del universo: mediatizado, inmediato, distante, abismal. En los intervalos del tedio digital, del abigarramiento del input creativo-expresivo, el lenguaje se convierte en una instancia del desconsuelo, reflejo de la realidad (ficticiamente elaborada) o resquicio de la ficción (buscando la realidad), que en su escueto semblante, de una finitud con posibilidades infinitas, absorbe partículas de experiencias. El tedio digital, la construcción fraudulenta del ser en la digitalidad es un sensacionalismo morboso llevado al extremo de una seriedad cancerígena, por aparente y viral, por destructiva del constatar las presencias y enaltecer lo efímero.

SI hay una filosofía del acto creativo, de haberla, no puede describirse en sí misma como una instrumentación simple de la palabra. El lenguaje, rotunda fertilidad ontológica, atraviesa imperecedero lo humano, atisba el fértil manto que cobija el impulso expresivo. Sin lenguaje no hay expresión. El conocimiento entonces de las formas del lenguaje permite la generación de nuevas jugadas en el tablero creativo. Pero no es una innovación pelona o una invención original la que incide en el presente digital para re-elaborar discursos y formas, sino que se trata de hacer nuevas jugadas desde el ángulo de acción no sólo del significado o la estructura, sino desde las posibilidades que un ancha experiencia lectora, estética, histórica, semántica, filosófica, promueven en el individuo creador. No es el lenguaje per se lo que intuye las fibras del impulso creador, no es el mito del dios que crea ex nihilo lo que compone la osada marca de la creación expresiva, sino el mito de la nada abismal que desborda al ser y el impone la labor de ordenar la fractalidad de ese abismo para clasificar su experiencia como si fuera una fuente donde un pez deseara evolucionar a cuadrúpedo y tuviera que mutar entre el agua y el borde del recinto acuoso.

Todas estas palabras carecen de significado referencialmente en cuanto que no son más que la exploración ensayística de un ego, mí mismidad parlante, que surca su intencionalidad creadora con el filo propio de una inocua fugacidad, terca, amañada, corruptora del realismo posible y de la ficcionalización posible. Si encima de todo la verosimilitud perdura, como elemento de una imantada tarea de desahogo discursivo, es en el intersticio de lo verosímil y lo veritativo, donde mi pensamiento encuentra una recóndita cordura, amasada en la filosofía del lenguaje, que rencorosa de la narratología invade mis residuales instintos literarios.

 

budhist

Caotización

Entonces colocas

adjetivos por doquier

emulando siniestras

proporciones y el verbo

lo rompes, todo como

pizza napolitana.

Envuelves las cacofonías

con telares silábicos,

parafraseas tipos grafológicos,

pero recuerda olvidar los garabatos

porque el signo mismo escupe

acentos y vocales. Perdona,

no es un acaso ni un sino el cuartel

donde la tregua del verbo exime al hombre.

Tremebunda seña la aneurisma

de un lenguaje sincopado y torcido,

frito como tocino en una pocilga

alfabetizada cuando el horizonte

imanta los errores de la ortografía mental.

Sopa de letras

Interna fase consciencia,

vocalidad, controversia

del llamar los lazos a la rendija

alfabética. Crispadura y nombre

escena misma del actuar los días

sobre el camino irradiado, conquista

siempre como fértil lote simbólico.

Esferas verbales y torrentes, lengua

punto y coma del pensamiento,

irradiación, silencio, compromiso

para existir en el ser dosificado.

Estereotipo escritura, famélica

añoranza de aprender a leer

las señales cósmicas, igual que las cartas

italianas de un diplomático, pero con

faltas de ortografía. Estúpida cantinela

esto que mengua en tu mirada.

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.

Chatarrismo, digitalidades y vocalidad discursiva

La vivencia de los fenómenos digitales, proclives a una tendencia polihédrica y fractálica, incluye una corporatividad del hecho cultural inserto en el devenir de la obsolescencia y la caducidad, lo cual genera un chatarrismo cultural, una residuocidad. Esta situación conduce a la diáspora de reminiscencias en todos los niveles de la creación humana, que en el caso concreto de la vida animal, por ejemplo, construye zoológicos virtuales. La desaparición de los referentes, como enquistamiento ideológico, permea la conducta informativa, la tendenciosidad discursiva, generando un vocerío polifónico, creativo en ocasiones, otras veces destructivo y necropático. La imposibilidad de categorizar los hechos digitales, de rotular, por inabarcables, los hechos de una taxonomía cultural de un presente donde la sincronía es amplísima, genera también la dubitación, en principio, pero además constriñe los asideros saludables, en la marcha voraz de la caducidad, de lo obsoleto, de lo que pasa y deja una huella, rastreable, verificable, cuyo destino es lo deleble de su existencia.

La vocalidad discursiva se erige entonces como una actualidad apegada a la multiplicidad de la oferta y la demanda de los mercados diversos: delictivos, educativos, literarios, fotográficos, audiovisuales, mercantiles, entre otros. Esta vocalidad, esta oferta de voces que irrumpe en el presente, en la sincronía de las digitalidades compuestas por un registro escritura milenario que se aproxima al último segundo presente de forma saturada, esparce sus dólmenes de sentido, construyendo archipiélagos de significados y referenciales. Los ecos del chatarrismo cultural, de la basura cultural, son una parte crucial de los impulsos sonoros de estas voces de la digitalidad, construyen, al tiempo que dislocan, las redes y flujos conformadores de un gusto, donde el eclecticismo es una moneda, donde la heterodoxia y la multiplicidad, la heteronomia, mantienen la posibilidad de construir identidades, colectivas e individuales. Estos hechos reflexivos, no obstante, carecen de una conducta que anule el postulado de la saturación abismal, icónica en el caso de referentes sólidos, etérea en el caso de referentes socialmente menores, que circundan las distintas aristas del presente referido a miles de millones de personas con entidades psíquicas, identitarias y preferencias en diversos ámbitos, que derivan, por tanto, en una puesta en escena, experiencia y construcción, de las digitalidades contemporáneas y su vocalidad discursiva.

El signo inverso

Entró el golpe

de luz

ardor

por la persiana

de la soledad.

Abrió los ojos

a la ternura

como lengua

experta de lenguajes antiguos

para enaltecernos.

Signo inverso

la complacencia de sabernos

trozos de corazones zurcidos.

Asomos

Corto es el andamio, el lenguaje

de las cuevas interiores.

La chispa entonces es toda

inquietud veraniega: ancestros

mutilación y ojos que ven recuadros.

Ansiaste un techo para tus ideas

¿cómo fue que hundiste tus babas

en el lecho del espíritu de las letras?

No distinguimos al hombre del mono

ni a la mujer del espanto

porque vivimos un tramo de cielo

enmohecido, como terciopelo quemado

por todos los corazones rotos,

igual que todas las vajillas rotas o quizá

el anteojo roto que me impide verte.

Encima del libro manido, de su lenguaje,

no es hora de pensar o argüir

un destino firme y despiadado,

porque los otoños navegaron

hasta el intersticio mismo de tu alma,

surcaron tus alientos las ríspidas formas

de un sueño indómito y rancio, como psicosis

de química corrupta y adulterada. Rasgo de ti

un algo de esta tarde, de este nombre,

de la habitación misma donde reposan

las mariposas, las soledades, las infancias,

incluso donde el caracol es el pigmeo

náufrago de la lluvia y yo conduzco

al atónito signo de tu alfabeto. Acaso

el desierto sea más cómplice tuyo

que la insignia propia del dolor

que traigo, entumecido, colapsado,

por no saber leer en tu canto

otra cosa que el insípido roer del día.

¿Cómo sabías que los lunares del sol

mantuvieron viva la hoguera eterna

para que un día asaras mis poemas

y quemaras los versos más siniestros

de un hábito torcido y torpe, crueldad

desde nuestro lenguaje mortuorio?

No es asir los años ni conquistar huracanes

la clave ignota del fracaso, quizá lo sea

perder una pocilga a cambio de un peñique.

 

Humberto Maturana quote

“Los seres humanos vivimos un mundo de explicaciones y descripciones en el lenguaje de nuestras experiencias cuando las ponemos de manifiesto en el lenguaje, e incluso nos matamos para defender nuestras explicaciones cuando estamos en desacuerdo respecto a ellas. Es más, ya que las explicaciones son reformulaciones de experiencias con elementos de experiencia en las coherencias operacionales de las experiencias, vivimos distintos mundos cuando ponemos de manifiesto en nuestra práctica de vivir distintas coherencias operacionales al adoptar en nuestro vivir diferentes sistemas de explicaciones. Esta no es una declaración vacía puesto que el lenguaje está constituido como un dominio de coordinaciones consensuales de acciones en los dominios de coherencias operacionales de los observadores, y si dos observadores aceptan explicaciones distintas, viven en distintas áreas de coherencias operacionales en sus dominios de experiencias. La vida nos sucede, la experiencia nos sucede, los mundos que vivimos nos suceden, cuando lo ponemos de manifiesto en nuestras explicaciones. Además, ya que cada sistema o mecanismo opera solamente si las coherencias operacionales que requiere son satisfechas, la vida y la experiencia nos suceden como nos suceden sólo en la medida en que las coherencias operacionales que las constituyen son satisfechas”.

Humberto Maturana R. La realidad: ¿objetiva o construida? I. Fundamentos biológicos de la realidad. Barcelona:Anthropos, Universidad Iberoamericana, ITESO, 1997. pp.98-99.

Espirales de papel y silencio

Puertas y signos abren

laberintos y vidas,

diseminación de certezas,

dubitación de tiempos,

recorridas miradas,

extrañamiento.

Todos los vientos existentes

pasan revista a la herencia

imantada

de las letras.

¿Cuánta escritura perdura

en la esfera fulgente de la Historia?

Los hechos trascienden las creencias,

los signos abiertos promulgan interpretaciones.

¿Acaso el olvido es un nombre ancestral

contra el silencioso vestigio del papel encubierto

de la maleza de los sueños y los fantasmas y los hombres

escritores de paisajes y de tierras?

No podemos intuir nada que nos sea ajeno

porque en la intuición se nos va algo,

como algo que se va después de una tormenta,

algo que queda

como roca fósil

algo que estaba y se va

como un beso materno o la muerte.

Las puertas abiertas son otras miradas

el otro que nos increpa y nos induce,

que localiza lo exterior

que rompe el cómodo surco interno

y abre los pasos, las miradas, a un universo

distante que se vuelve cercanía.

Leer es palpar, papeles y silencio

son los ductos de la idea, del lenguaje,

del simbolismo: paradoja es el diálogo

con los muertos que reviven

en sus escritos y en nosotros al abrirlos.

Lecturas próceres: clasicismo

renovación de perfiles de la antigüedad.

Los alfabetos produjeron el acto revolucionario

de la permanencia y los lectores somos

los revolucionarios náufragos

del laberinto del conocimiento.

Lenguaje de Babel

Acometo la estancia del conocimiento

universal

pierdo ahí toda potencia

porque naufrago

lento

entre idiomas y palabras.

Descubro cotidianamente

el nombre de lo inexistente

me nombro hartazgo y despilfarro

pero soy un amasijo de hombres y signos.

Con un simbolismo estéril

-esterilidad de mi raíz heterodoxa-

falacias son mi estirpe

la consigna mustia

como todos esos nombres apilados

esos rostros desconocidos

esos fantasmas que escribieron

lugares y extensiones de tiempos ajenos

al presente que es un fastidio pictórico.

Sólo soy un ignorante que traduce su estupidez

al alfabeto cirílico de una familia patricia,

escribano del desgaste con la existencia a cuestas

igual que las tintas turbias de conchas

escriben en la playa la figura de lo efímero.

Habita en mí el lenguaje de Babel

pero disforme por las marejadas

de huellas indecisas

de caminos no andados

de alientos no entendidos

de imágenes sorpresivas.

Soy la palabra que ronda

los rincones del conocimiento

pero sin tacto ni caricia

sino con la violenta figura

de la oscuridad. Cortina mi presencia

corte rotundo de tiniebla, complot

personalizado, eco ondulatorio

que sigue las pistas de un caos infértil.

Galope de una ráfaga de silencio

sólo soy un ignorante

que descubre inútiles piezas

de lenguajes caducos en el terremoto

de la existencia humana.

 

 

 

 

Apología de la ignorancia lingüística

Me enfrasco en el radicalismo, infertilidad colmada de silencio. Imperfecciones sutiles. Ni siquiera sé hablar español. Es más vivo un conflicto de identidad dialectal, un reborujadero continuo. Soplo entreverando la propulsión de las herramientas, informaciones verbales de lenguas extrañas. Contra el silencio de la incomprensión no es posible redactar más que espejos quebrados de la inmensidad global: inabarcabilidad rotunda de los instantes de encierro, el enclaustramiento personal, 13 años atrás la juventud desvencijada, la fuerza, el poder, la furia, el inmenso torrente psicótico. Psicosis verbal, verbalismo intelectualista. Incomprensión absoluta, todo es una tinta rota como los mares existentes, no los mares, sus abismos. 13 de abril del año 2002. Pócimas de la realidad distorsionada, distorsión, todo eso que cabe aquí con los nombres desconocidos. ¿Qué importa sostener una mínima coherencia lingüística si la razón no pudo sostener la Historia ni la civilización? ¿Qué importa si quiera el ramplonismo racionalista de la prófuga postverbalidad? Mucho menos que un impulso neobarroco, mucho menos que un afán de equilibrio, mucho menos que la caracterización inmensa de una totalidad cognocible. Cognición mutilada, mutilación emocional, psiquísmo improductivo. Si con Wittgenstein eran los juegos del lenguaje deberíamos escribir la oda al traductor de google, la oda a la imperfección computarizada de la traducción autómata. Traducir los gestos es también un eclipse que se colapsa, como marea roja, como abortivo, como silencio: incomprensión que dibuja los rasgos muertos de una esplendorosa hazaña. Esta hazaña, oh informática, oh ciencia del lenguaje, oh despilfarro de horas y minutos o ácidos lisérgicos y hongos alucinantes y peyote y mucho más que un relampago oh traductor de google, seguís siendo una invitación al sencillismo de otras latitudes. Viajera la escritura es una forma de historizar, oh escritura, oh alfabetos, oh ideogramas, oh símbolos resquebrajadores de arquetipos. Pamplinas, no podría si quiera aprender a pensar una forma cortés, no podría si quiera involucrarme moralmente con la palabra, no podría creer que el verbo es divino ni que los protectores de la luz son los ingentes guardias de la palabra. Oh sinvergüenza que dilapida vidas en el compás de los ejércitos ideológicos, sucumbid al estrecho sin sentido de la culpabilidad esperpéntica. ¿Acaso articular la lengua es también un acto de cientificidad? ¿Acaso las uñas enfermas, los dientes amarillos, el estómago ulcerado, son mayores vestigios de la renuncia al tecnocratismo sociocultural? Muchas cabezas podrían nutrir el inmenso atisbo de sentido que vuelve desde los auges de la antigüedad hasta este segundo pero no es una filosofía sino la ignorancia verbal, la ignorancia y arrogante y pedante forma de establecer caracteres en idiomas distantes, con sentidos distintos, bajo connotaciones divergentes. No es un contextualismo coherente, no es la razón erguida ni la palabra límpida ni el eco claro de un poema de Ruben Darío. No es tampoco el apagón afectivo de la droga y el porno y la decadencia juvenil, no es el delito de sentir ni la culpa de saber. Es el árbol mismo del conocimiento en llamas, es la cúspide de lo asignificativo, de la asignificatividad. Tampoco es una teoría, es el esplendor de modificar en un segundo letras por letras, escritura por escritura, sin el vestigio de un tacto vivido, sin la vivencia precisa de lo aprehendido, sin la aprehensión de lo conocido. Es la ignorancia, la falacia, la tautología, la distorsión conducida por al senda del egoísmo, de la raquítica esferalidad teatralmente montada: oh traductor de google, imperecedera machina de todos los tiempos. Ignoro y moriré ignorante de la inmensidad lingüística vigente al día de hoy.

Termino el año escribiendo

Navego por el conflicto de escribir en este blog debido a que actualmente mantengo actividad de tesista y prestador de servicio social para una institución educativa. Me mueve ese conflicto o más bien me frena a proseguir con el esfuerzo por tener este espacio vivo. Pero no desisto ni desistiré. A veces creo que la vida está escindida de muchas maneras, que lo que hacemos en un tiempo y en un espacio no tiene que ver con lo que hacemos en otro. Son tiempos de incongruencia severa en todos los ámbitos. Y entre los niveles de conflictividad que puedo soportar me sumerjo factualmente en el momento presente. Me mantengo y me mantendré escribiendo y quizá por encima de todo logré sostener el esfuerzo por hacerme un lugar en el mundo. Al final es eso lo que busco, un sitio, un lugar, aunque a veces mis esfuerzos parecen más monólogos de diálogos abiertos. No creo que llegué pronto mi momento de fama y de prestigio, pero no por eso renunciaré a esta pasión que me arroba el espíritu.

Una vez un hombre de letras, sabio y mayor me dijo que escribir es un don. Yo de cierta forma lo sabía. El don de la palabra, el don del lenguaje, es uno de los atributos más preciados y mejor insertos en una dinámica mágico ritual como la de la antigua Grecia. No es gratuito que se hablé del rapto de las musas ni tampoco que el poeta y el chaman griego sean seres incomprensibles que hablan con los dioses. No es gratuito que Homero fuera ciego pero que tuviera el don de la palabra. Y tampoco es gratis el hecho del lenguaje constructivo que propongo, a veces más exótico que realista. Escribo y termino el año escribiendo porque creo que es vital para nuestros tiempos construir algo, por mínimo que sea. Y mis propuestas, por más incorrectas o atrevidas que sean buscan proponer lecturas, buscan construir, buscan armar hacia adelante desde el algoritmo infinito del presente. Termino el año escribiendo aquí, en este espacio mío que es para ustedes.

Feliz fin de año a media semana Doctores y Doctoras, testigos de este crudo nudo de urdimbres.

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Romulaizer Pardo