Irreverencia poética 17.1

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Cuando no sabes ser hombre

¿Es un eco siempre

la vida o es una imagen

torcedura del ser?

Introyectamos el patriarcado

y el capital, introyectamos

un mundo sin esperanza de cambio.

Siempre ha sido tarde

para mí

en este universo.

¿Dónde existe un aliento

nutriente? Todo es

una persecución inexorable

que me deja vacío…

s

i

e

m

p

r

e

toda la espuma existencial

es el coro insufrible

de las decisiones y fallos

siempre,

el algoritmo virulento

que soy: un pito y dos testículos

enfermos, siempre, tetas operadas,

siempre el dolor de las ausencias.

Aquí había oportunidad para ser una planta

y a cambio de la fama y el éxito hoy soy un buitre

carroñero en el tiempo: extravío a mitad

de una era que termina.

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El big bang monetario

Tronamos el presente

igual que escupimos

rostros a la esencia

del abismo poético.

Sueños nos endulzan

el tren amargo del ser

porque en la cima,

que es el aturdimiento,

florecen los verbos derrotados.

Desfiguramos caricias

con la manopla oxidada

del desprecio a nosotros mismos,

porque fuimos un manantial de dicha

cuando en el fondo se nutría

nuestra desazón por vivir en el pecado.

Fluye dentro del silencio

el magma estéril que corrompe

juventudes: capitalismo siempre

desde hace siglos, la vocal tensa

del decurso humano, falacias.

Dios vino al mundo para decirnos

ustedes no merecen la justicia de los cielos.

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Por eso parte

Desdice montículos en páginas

esa conquista, cicatriz, reflujo

e insomnio, que es la derrota.

Si como cielo azul, pintada la boca

de nostalgia, esgrime una vista

de fugaz acento el columpio oxidado

sigue pasajes de parques

existencia misma, quebranto,

miel de otoño, la pinta rubricada del agua:

cristal preñado de vaho, lontananza de silencio.

Aquí hubo tiempo y ternura,

hoy nariz de cirugía y poltrona de crisis,

pero hay fracasos hoy

como ramillete de novia pobre

y el arroz, vuelo y platillo, no está cocido

está quemado por los siglos de los siglos.

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Polvosa circularidad

Pulsos trozan

atmósferas precarias,

esas desdichas,

ruindad, ancestrales.

Lóbrega flexibilidad

el antes del sol,

licuada la máquina

creativa, cerebro maquillado

de ignorancia. Eso, polvo,

que es nuestra mancha,

deseo e hito, marcial

recuerdo de tristezas.

Antídoto de la memoria

oscura personificación

este desquite del eterno

fluir, marchita la raíz

nuestro canoso pensamiento

designa los hilos de su perpetuidad.

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Los nombres silenciados

Intolerancia y fuga,

despectivo truco

este arrabal de barbarie.

Todos los días matan libremente

el cuño de la esperanza.

Ninguna sabiduría alcanza

¿por qué la noche perdura

eternamente en su violencia?

Nos esconden totalmente

los ancestros y la dicha,

perdemos, lento, como

cigarrillo encendido

sin ser fumado, lento

como caracol, húmedo,

perdemos y vivimos

escondites en la flor

de la bealdad ajena.

Cada año nos escriben

muerte y sangre y dolor

porque su rabia y coraje

nos invita siempre a estar ausentes.

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No caber en la tristeza del mundo

Como río seco

contaminado

el presente

emerge surco

de dolor y quebranto

manía o tacto.

Esparcida tristeza

como silueta

opaca, la marcha

del segundero,

remate cruel

el hoy roto y profundo.

Sin remanso,

acaso piel o camino,

andar esbelta

la mirada, turbia,

ora aguacero

de rabia o funesta

treta del destino,

ora soltura

inmensa de llanto

o reboso de hiel.

No caber en la tristeza

del mundo

inmaculada ausencia

como automóvil

destruido, chatarra

del instante, marea

de no ser

con el fluir incesante

humana: torcedura,

siempre vestigio

espacio enhebrado en heridas.

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Fragmentos del corazón baldío

Era de imágenes

y de quebrazón

la marcha ignota,

disímbola del aire,

como humareda

de sueños

la barca del existir.

Flácida memoria

languidecer los días,

según las normas

del calendario,

emblemática sombra

el artefacto del alma.

Pedazo desfigurado

e irreversible la

conquista esférica

del espacio. Sonoridad

espolvoreada, del eco

tormentas, arrecifes

todas las fugas al imán

descifrado. Los segundos

comunican aromas

de siluetas esparcidas

en el haz de luz

que el polvo revela.

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Alma de closet

Renombrar espacios,

engendros y torceduras

es manosear memorias,

siempre brotando

la cloaca de los recuerdos.

Un almacén de amigos desechables

escupe siniestros vocablos.

Todo era la loma pelada

del desconsuelo y subimos

al aposento donde aguardó

el aroma sangriento del olvido.

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Mixtura en seco

Arribar a la superficie

del sufrimiento, manto

siempre que hilvana

amistades. Arribo certero:

fuga de confesiones

en el marasmo del dolor.

Decepción, a veces

verdad, a veces crimen,

otras mismas voces

infinitas de lo eterno.

La ruptura del andar los días desnudos.

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Los arrecifes

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Licuar la idea

espuma

soledad incierta

certeza.

Arribo al corazón

anterioridad insomne,

pócima de alientos, vida.

Escultura del rompimiento,

ansia y partícula de dolor,

vestigio voraz,

la marcho de los arrecifes.

 

 

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Monólogos vespertinos

Escribo la incomprensión y paso

presente al dialecto mural de la vista.

Conquista, este aliento de nada atado,

celofán el recuerdo, la memoria, vocal

y acento, toda torcedura el umbral que

nos intuye, cal y argamasa, construcción

de un yo raquítico y pobre de lecturas.

Arrecian las fracturas longitudinales,

espirales en tiento, sombras de los palacios

del Antiguo Régimen, futurismo terco, el hastío

nombrar los arrabales burgueses de la consciencia.

Asombro, esmero, cubo de pesadillas, soñar

las curvas ahorcando mi silencio, tenue, esporádico,

famélico, como niño de hospicio recién llegado.

La miseria se nombra actitud renuente al estar,

solo, estar, ahí, estar, consigo y con otros, estar

endurecido con astillas prófugas del corazón.

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La barca del desconsuelo

Mecer en el quebranto

del destino el aliento

con ternura, principio

en do mayor, teatro

y escena: existir. Pensamiento

viejo hábito, nombres estructuran

la alquimia del silencio.

Dejamos atrás la alegría

en la fosa propia del recital:

augurio estéril, estos viajeros,

mar de angustias, abajo y encima,

nosotros también en la hoguera, gemimos.

Anterior al hospital de la memoria

un elixir compone retazos primaverales.

Éramos un vestigio de luz para otros

y en otros adquirimos relevos al dolor.

Partimos al puerto de la inocencia,

después del asombro, y remamos

mustios, contra la marea solitaria

de una vieja historia de desamor.

 

la barca del desconsuelo

Piltrafa estética

Aglomerada fuga insípida,

porque verbalmente escupíamos

el tendedero de cicatrices y mocos.

Embeleso triste el rumiar los rincones

coloridos, desconsuelo su faz y atisbo

certeza, su moribunda mafia: fantasía animada

de ayer y hoy, caleidoscopio inservible de la calle.

Anterior a los besos tiernos, esos primores

azucarados de otros labios, la rendija

oscuridad de la siesta eterna,

apotegma vacuo y llanero

como el mar negro desecado

o la infancia prostituida. Pecamos, dolemos,

una añoranza conquistó la fama,

a mitad del escenario, tú, erguimiento

locuaz y perfectible, oh danza que vida arrebatas,

algoritmo no descubierto, oh hazaña

de la mujer por la mujer y del hermano

por la vida y la esencia del rito mortuorio.

Cabalgata a los fondos mismos

del espumoso delirio cotidiano. Nunca

supimos decir algo con certeza ni sentido

y en cambio significamos una podredumbre

errante y contaminada. Adiós poltrona

de los años juveniles, dejamos en ti

una espiral de intentos torcidos,

nos torciste, siempre en la esquina del gol

televisado y definitorio. Adiós, cruento instinto

de sufrir y crueldad tremebunda. Hoy

acariciamos el terciopelo de la ignorancia,

arrebatamos al horizonte una sincopa

derruida de árboles y hojarasca,

perdimos siempre, contigo, lluvia

de personas y fracturas emotivas. Adiós.

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