Desamores polvosos 1

 

Evocando, recordando, sintiendo, a mi amiga, Citla.

Salud comadrita, desde el extrañamiento profundo.

A rehacer el andar.

 

No imaginar el fondo

de un dolor:

trance

ese silencio de ausencia amada.

Duelo, masacre de párpados, lágrimas

un bohío triste, puerilidad

el llanto mismo de la despedida.

Nombrar el alma sus grietas

acto heroico, piezas

rotas la vida, un puño de alegrías

resquebrajadas, mutilación

fabuloso desengaño, muerte

siempre presencia

en lazos rotos: la unidad del amor

quebranto, viaje al incómodo y molesto

deambular recuerdos.

Desamores polvosos

esta geometría de cuerpos en separación.

 

 

Digitalizando un absurdo

Vuelvo a este inquietante sitio en blanco, a figurar como un atleta del teclado. Me he dedicado a empacar mi vida, a envolver y reposar los rincones donde fraguo un nuevo horizonte. Me retiré un poco de aquí, dudo, como otras veces, mantenerme. Pero deseo volver. Escribir me complace al borde de un niño comiendo helado.

En pasados días he mantenido ideas respecto a mejorar mis entradas. ¿Cómo puedo escribir algo si no introduzco más información en mi frecuencia comunicativa? Soy un improvisado, quizá, pero también el mundo es una sopa maruchan fría y podrida. Podría hablar de política, debería hablar de política,d debería leer los periódicos, debería buscar becas para escribir. Intento mantenerme, sostenerme, en el mundo, en la vida, dignamente.

Y todo se convierte en una referencia de la referencia de la referencia: el tuit que otro tuiteo, la frase de otro, el posthistoricismo —tan postestructural—. Pero al final me construyó un muro de ignorancia, de famélicas lecturas mutiladas, de incipientes autores conocidos, de manías y bibliofilías mal aquilatadas, y me encuentro a mitad de ser un joven alguien. Investigo recientemente las razones por las que me cuesta habitar el mundo cercano. Indago los impulsos falsificados de tendones verbales entumecidos por la flagrancia de una inconsciencia lingüística, filosófica, histórica, humanística. A cambio de plasmar en este espacio blanco las lindes que sacuden mi esfumar los días entre cigarrillos y la mudanza, he perdido los horarios desde hace más de 6 meses y ahora me enfrente ante el reto de una disciplina, necesaria, muy superior a toda otra conocida por mí.

Plasmo el absurdo de perder mi público, de caer siempre en esta especie de letargo. Caigo entonces en el abismo de mis recuerdos, de mis otros blogs, de mis intentos, de lo que universo global promueve, induce, conduce, moviliza, porque al final nadie lee esto, nadie o si lo hacen lo desconozco. Al final estoy aquí convencido de cada rincón donde florece mi pesadumbre, de ese spleen tan codiciado entre psicodélico, narcótico y pornográfico, donde me extravío con el tino de un indigente que anda por el mundo de las palabras y los saberes, envuelto en la tinta fluoroscente del contraste de luces en la noche.

Absurdo digitalizar entonces, esta instanta, instantánea. Ahora me volcaré al maruchanismo intelectual, poético y cultural. Agregue agua caliente y consuma. Calor de hogar, hogar entonces pérdida, sí, esto digo hoy, ya que es tarde para leer el New York Times.

 

Titular es nombrar

Desfiguro el lenguaje

con una gubia infértil

que carcome el infinito.

Lenguajes y fugas,

pérdidas, deambular

entre el óxido de papeles

y la cicatriz esbelta

de cada amanecer fracasado.

Sin consciencia

lengua y voz

esparcen aliento

en un cuchitril

emblema que me designa.

Soy el rector propietario

en esta salida fácil

y mi quincena consta

de pinturas canónicas

vueltas hoguera.

Quemo la biblioteca de mis ojos

todo el tiempo, cada tiempo,

tiempo al tiempo, quemo

silencio —esparzo soplos

escritos al vendaval soporífero

de sílabas tónicas desafinadas—

y aguardo la llanura de luz,

tórrida y gélida y flujo

si mercancía también negrura.

Blanca es la espuma de los tendederos

que deformo, deconstruyo, desarmo,

en mí rotura de vivencias.

Escritura sin disciplina,

versificación de un momento

roto, abismo y caída, reparto

de teatro aburrido, eso es

lo dicho que fue nombrar

la silueta infusa de esta melodía

gris y turbia y saturada como engrudo.

Punto de fuga

Mira acaso ocasion

tu faz dintel de alientos:

acudir al baño del solsticio

eres al ser ninguna treta.

Verdad angostura -contra flujo,

increpar las tildes terrenales-

tu laberinto insalubre escribe

disimbolos arquetipos: cielo

¿eres tu nomenclatura estrellada?.

Pisa entonces paso

corte cubierto trenzarnos

este camino color añil,

vida volátil supura:

triturarnos contra el polvo

inseguro que es fruto

alfabético-alfabetización 

del silencio interno- o esa

voz de mantel manchado 

con la jamaica de la tristeza. 

Acuciosa lentitud, frenar 

de la materia el instante

como del método el mecanismo

frena impulsivo el dicho

que siempre sala el aliento.

Polvera sígnica

Ninguna escultura

—residuo: signo,

mentalidad, espacio—

anuda palabras

si no retoca imaginarios.

Al deambular los eclipses

del significado —sociedades

escribieron desde siempre

la fosas que pulverizan el tiempo—

como de caracol y tormenta

nuestra lengua, en cinta,

constricción volátil, reverbera

el soplar de alientos

la marejada de experiencias.

¿Cómo si de la voz

partimos

la esfera del silencio

repelemos

si de la estructura del signo

caemos

a la pesadilla

fútil del más acá?

Serenos enfrascamos versos,

prendemos vocales,

inservibles, toscas:

nos guarecemos

de las rendijas fugitivas

donde habitan las quebrazones

del ser y la reflexión: sincrónica

esbeltez, síncopa infructuosa.

 

 

Ciudadanía del tejado

Intermedio

si trota nuestra mirada

espuma de cielo

deja,

andar si vuelo,

truco si meta

mecánica: mecanismo

absorber el dintel

de los años. Juventud

ramificada, maleza nuestra

visión, como de un mundo

fragmento, truco de guiñol

aposentar la esencia

de las nubes: intermedio.

Gatilleros y gatillos

circunvecinos atómicos

nuestros: tejados

polis cierta del compendio

axiológico tildando el viento

con el estilo plural

de los cielos acantilados.

Irreverencia poética 21

Manejar silencios es un

trueque emblemático:

si mirar otredades

es un don, ¿qué de nosotros

columpia ruidos?

Hijos somos,

nacimos, cultivamos

las sendas prófugas

del amar, silencios

somos: bocas y abrazos,

don de alegría, de lenguas don,

traducir el espacio en sueños.

Si quebrar el dolor

es iluminación, entonces

¿donde nacemos

creemos tu magia,

madre? Rebelión

del uso patriarcal

de la mirada ¿Existes

tendón de feminidad?

No es un saltar las rendijas

del mutismo

la insignia de tu vida:

experiencia inconclusa

ese romance tuyo

pasto del mito celeste.

Leíamos al saltar el horizonte

Estaba negra

la esfera, que éramos,

saltamos, gritamos, volamos.

Era un teatro.

El aire viajaba, andaba,

nosotros mirábamos,

nos escondíamos,

porque yo caía y tu encendías

el germen mismo del ser.

Y volcamos la existencia

en un salto, ingenuos

siempre nuestros píes.

A veces creo que fue muy pronto

para ser muy tarde, pero te pienso

dentro de unas décadas y te amo.

Modernidades fugitivas

 

Rampante eco

siente

el caer los designios.

En el oráculo indubitable

cae la fuente gris,

torcedura y sopor,

de la crueldad.

Añorar es quebrar instantes

como celulosa quemada

en un sillón en Los Ángeles

en 1959. Perfumada

pulcritud nos induces

soplando en la vista

canciones, pero solos

escribimos el guión

en esta sinfónica demencia.

Rampantes modernidades

escupieron atroces el insuflado

acto especular y soñamos

otra vez con el bienestar.

¿Existe una forma de caer

sin dolor en la memoria?

Tristeza y ocaso de un tonto siglo XX.

Blancura verbal

Escapa al ruido

muchedumbre simbólica,

escápate conmigo,

lenguaje. Truena sonidos

lengua, habla insomnios y

compón esbeltos diarios,

niega el silencio, verbo

truco del sentir. Envuelve

siempre, el sí del aire,

boca inflexión, voz

inunda el patio

de la barbarie

con flores, flores

versificadas,

metas de días,

verbalmente blanca

cicatriz del tiempo,

escribe contagios

dentro de la urdimbre

conquistada: tiende al ser

si de la espuma de la razón

alimentas los caudales.

Buenos pasos, tiempo

A veces recordar

no es revivir

no es creer

no es saber

no es sentir

sino escupir

al universo

la figura cierta

de haber sobrevivido.

No es la tardanza

del recuerdo

o su cercanía

la que conmueve

o cimbra

es su fisonomía

de fantasma y materia

paso de tiempo

lo cierto

que nombra

su presencia.

Irreverencia poética 19

¿Cuándo hubo andamios

para precipitar

la lectura de los soles?

Fugitivos descansan

los adheridos relatos

de la ciudad celestial.

Fumiga el éter de la vida

los rincones del saber,

como de alfabetos

torcidos, cuña del conocimiento

inútil. Era soñar nacer

el columpio de los atardeceres,

como la era anterior al reloj

del desconsuelo y la memoria.

Baladíes tropiezan nuestras caricias

en el amasijo de imágenes

y flotamos, siempre aquí,

donde nada es la escritura de la totalidad.

Y los grillos siguen

Sonando

estrellas

de cielo

aroma

el trotar

los rincones

del cosmos

esa vida

nosotros

nunca fue

saltar al silencio.

Ruido

tempestad

inflexión

cordial acento

de romance

imposible

rumor

la marea

siempre

oscuridad

de la luna sus caras.

Titular partes

La espina y el silencio

años traman,

narrar tristezas

como sexo embotellado.

Cobijaba la eternidad

cuando era

salto al vientre

divino, hoy espuma,

cálix, nube, corazón

perdido, en sí

locomotora de sueños.

Un arrecife

nombrado luz

eres, contra esa

malcriada escena

el baile siempre,

ruido y tedio

emperatriz auxiliar de enfermera.

Pantallas esparcidas

en el cielo agreste,

sentíamos que sentir

nos pertenecía

pero dudamos,

silencio, siempre

como vajilla del siglo XVII.

 

Aunque

Lo intento

aunque fracase

intentaré

dejar en el océano

la huella

del sol.

Intento

quizá inútil

voz mía,

tormenta

el destino

de certezas mustias.

Lo intento

ocasionalmente

entre saltos.

Los días

escriben

esferas

aunque nadie

logre descifrarlas.

Pecador

No fui un buen pariente,

un buen amante

ni un buen amigo.

No fui un buen hombre

ni fui un buen ciudadano.

Fui un ruido.

Los pecadores

no podemos ser capitalistas.

pecador

Fósil

Ya no miro al cielo

para no ver estrellas

y no pedir deseos.

Miro al piso, sometido,

subyugado, absorto por

las determinaciones sociales

de un mundo corrompido.

Ya no sueño, ya no canto,

ni compongo armonías,

soy un ladrillo más,

un papel de baño usado,

soy el escupitajo de un narco

a su víctima, soy el desgano vital

de los sentenciados.

Aquí,

donde escribo los vestigios

de la más honda tristeza,

recalco la desolación

del castigo de nacer.

esclavo

Licuar a veces el símbolo con el olvido

La potencia

olvido

soy.

Existir

caigo

a este tropelía

demiúrgica:

mi demagogia es la perenne

invocación a la luz.

Pierdo, consigo,

inflamo, atosigo, silencios.

Rotas las generaciones

en mis ojos no existen

vidas de otros siglos,

no existen mutis ni gesticulación

precisa que adoren

la axiomática del sin sabor.

Nadie es más que una pizza dominical

pero a cambio del acto sexual

este tibio reclamo de poética olvidada,

no es más que la injusticia del pensamiento.

Escrituras vienen y escritores mueren

y todo lo escrito comulga con el silencio

y con el ruido

y con alfabetos latinos y con grafías.

Roncar esta madrugada el nombre

del destino, que es un reloj de arena,

salpica siempre una silueta gris en mis adentros

como de salchichón literario, la cúspide

irreverente de una fodonga mecánica escritural.

Tiento, siempre, guardar, este ahorro de autores

y años y las energías podridas de mi juventud,

fuego, carcoman siempre los intestinos dantescos

del presente, sueñen siempre, mitad laurel mitad estiércol,

con la rendija que conduce al trabajo y la fama y el dinero

y mujeres exuberantes y qué más pamplinas reforzadas

con el látigo inverbe de la longevidad. Rompan todo

pero eso sí, no dejen de anunciar la caída de los tiempos

en su cine favorito. Pierdan contra el rumor de las caricias

los segundos en los que una madre les diga no me dejen

y ustedes simplemente tomen su camino e invadan

los límites precisos de la pureza raquítica de los fanatismos.

solesdistorsion

La muerte en la patria del nopal

Verdad también

hoy morir

por falta de esperanza

morir

también

verdad

el luto nacional.

También acierto,

nítido funeral,

el campo santo de mi país.

Silencio, ronda completa

esta flama mortuoria

nuestro presente en cada esquina.

mitocondrialidad-poeticogramatofisica-2

Palacio egopático

No sé improvisar

mi día no invento,

tiemblo, cierto,

esta muñeca mía,

torcida, torcedura

la comezón de mis adentros.

Influye el aire,

como de desierto

nostalgia, añoranza

la infancia, costra

de herida semanal,

espacio recalcitrante

de misterio, soplo

insuflar el anima, todos

los días no sé

inventarme. Pérdida

extrañeza el arribo

del átomo que es tu beso,

lo que sí me inventa,

tú, ahí, aquí, allá, conmigo

certeza. Toneladas de ideas,

caminos rotos, surcos entreverados

en un mustio destino: libros

¿podré abandonar mi pensamiento?

Este palacio del yo es esfera

demacrada de atómica flexión.

Mole de angustias, no invención,

el día a día, pero contigo

será otra cosa, eso eres, tú,

mi otra cosa que me ilumina.

Yo, fijación derruida, silencio

saltar a la tendinitis mental.

palacio-egopatico

Lago desecado el tiempo

Insalubre estar

dentro de la marcha

que ajetrea cuerpos y labios.

Porque una voz engulle,

sigilosa, el tiento moralista

de la época bárbara: quietud

designar estrelladas maniobras

como si del firmamento

soplos luminosos nos encandilaran.

Pregunta si el tiempo es corto

o nos corta a destiempo, el tiempo

firma y autogafía demencial

en el castillo de los naipes volátiles.

Nos esparce al escondite

esa figuración de tedio laqueado

de memoria y en su pátina

de recuerdos caemos

mitad silencio y estructura

de la sangre raza que nos doblega

a la historia insípida de todas las eternidades.

volando-a-detroit

Lamentar la era atómica

Si llegara a mí

la gramática del tiempo,

si tuviera en mis estantes

un lingüística aplicada al sueño,

quizá podría entrometerme

en la realidad. Siempre oculto

mi filosofía tediosa del silencio,

pero no existe entonces

ninguna antropología del terror

que pueda omitir el sentido de mis frases.

Esconde mi mirada

los axiomas rotos del putrefacto

momento en que nace la verdad

como constructor efímero.

Se yergue la estructura total

del innombrable dolor,

fugazmente mitigado,

dolor siempre vivo.

Esta carnicería que es mi cabeza,

mentalizada en vericuetos rancios,

es el lamento por el auge

de la era atómica y sus generaciones.

Doblegado escupo la paleografía de mi esencia,

juventud que raya los lindes

del automatismo existencial

porque en el fondo, si lo hay,

todo es una oscuridad perpleja

iluminada con la violencia hidrogenada.

lamentar-la-era-atomica

Retrospectivamente

Agachada estuvo la playa

en nuestras vidas remotas.

Nos induce el aroma del tiempo

a claudicar de una marcha

masiva donde somos nadie.

Fugamos de nuestras miradas

las esquirlas perpetuas de la memoria

porque en la encrucijada del crecer

colapsó indómita la tumefacta angustia.

Y caemos a la playa acuclillada cada vez

que nuestra cifra de decepciones aumenta.

retrospectivamente

Teoría del instinto mutilado 3

capitalismo1

Archivado en la superficie

del sueño eterno

hay una tormenta enclenque

de voces y cuerpos, que ronca

en nuestra memoria su balada.

Perderíamos el abismo de la quebrantada

aflicción que somos en otros

todo el tiempo, como somos

en nosotros un ápice de significados: morimos ciertos

entre cristalinas fugas de motivos y risueños rencores.

capitalismo2

Ninguna canción puede arropar

la estulticia que nos impone el surco del lenguaje,

porque somos vendidos y nuestro ahorro

es una economía lingüística obstinada,

terquedad como de berrinche infantil,

que zurce dentro nuestro

un alimento canoso que es fastidio y venalidad.

Porque la dicha de vivir es nombrar el aposento

cruel del sin sentido,

capitalismo3como nombre sin forma y sin cabida es,

mitad de aliento y cansancio, nuestra mirada

que rompe las estrías del alma y amasa

un espectro de papeles moneda y retazos eróticos.

Entonces naufragamos en una capitalismo

cuya crueldad nos indica ganancias,

como ramaje ancestral. ¿Dónde conquistar

el folio preciso de la indecisión si somos

péndulos en el arcilloso terreno de la certidumbre? Esas monedas

que nos inculcan fastidios nos esconden en su ramillete

de sobras y pesadez, nos introducen en la semilla

de toda injusticia y nos desfiguran el torrente vital,

como experimento genético perdemos el control

de nuestras inquietudes prístinas y somos sometimiento inflexible.

capitalismo

Iniciación

Pasamos los años musitando

del destino su cuerpo

y cansados de atisbar

el otoño del presente

circuncidamos la memoria

y le hacemos su ceremonia

a la fugitiva eternidad

que nos increpa cuando olvidamos.

rostro-flor

Telefonema

Ya no ring ring

sino rang rang

sonar ¿acaso trabajo?

Acuosa espera

ring ring

de lentitudes

armazón

rang rang,

sincopa obtusa

enlatada como olvido.

Ring ring

sonaba

el ahora lejano

rang rang

ya no suena más.

silueta

Recado

Quieres untar

tu caída en nuestra

mancha

pero nosotros

decimos no, no, no.

Te dejamos partido

como sandía

aguardando el momento

de partir a la mar océano.

Y decimos sí, sí, sí,

al hundirte en tu naufragio

de palabras y fruslerías.

Perdónanos por olvidarte

amigo de toda la vida.

vacii

Improvisación lírica

Quedo destartalado

como camino llovido.

Es un talud de emociones

mi rostro, compaginación

estéril, visión estrecha

de los anteriores mitos.

Torcedura desierta

este verso no medido,

poética de lo insalubre

el rincón donde Borges

o T.S. Eliot no son abiertos.

Pérdidas, siempre, en el

mercado de las emociones.

Farandulera mi mano,

redactando pocilgas

dentro del cubo infinito

del atrofiamiento político.

Todo fuera como la percepción

de la célula, pero no es más

que la putrefacción del ego

lo que promulga la ausencia,

esta que sorbe las babas

del tiempo, entre extravío

y sueño quebrado de nostalgia.

celula