Quien esté alfabetizado que tire la primera letra

Arrojadla y bebed,

complicidad, espuma de voz y

quebrantada tormenta

inocua, silencios, caminos,

marcas: siempre costado del saber.

¿Pecamos contra el arrebol de la eternidad

en la expresión y el nombre? Reminiscencia

esperma de verbo y luz, como conflicto

entre el ser y su lenguaje, fugitiva memoria

los rostros infames de lenguas muertas u olvidadas:

olvido, eso que es nombre de lo cotidiano

indistinción negativa, el salto a la vocal y su torcedura.

Periplo no del sueño

no del signo

del andamio

andado: meta y logos

insufrible torno

de dicciones en la gramática del tiempo.

Ancestralmente elucubramos

designios anteriores al saltar

las lunas las estaciones,

porque las estrellas compitieron

para llevar grabadas nuestra alma.

Mitad aliento mitad mirada

como nocturnidad en la playa

caer al instinto dicho: comunicarnos

tal vez fue el error que nos volvió humanos.

alfabeto1

 

 

 

Vestir el humo 

De ninguna ignición 

suponer asteroides.

El haz de luz contra el humo

vista del polvo en un cuarto

documentando la física.

Por el desquicio de la luz, negación de la visualidad

face2Debería arremeter mis ideas, mis pensamientos, mis palabras, con un flujo de autores que me pudieran dar orientación a estas intentonas disformes que elaboro desde mi automatismo mecanográfico. Disculpen si los hago perder el tiempo con este, mi ideario sin agenda. Hace 16 años pude muy bien ser acreedor de un embalsamamiento ideológico, pero en contra posición a mis devenires intelectuales, mis orientaciones y preferencias no involucran nítidamente un gramo de cordura. Y aquí, en este intervalo semi racional, escondo mi filosofía y promulgo una esperpéntica mirada a la globalidad y sus digitalismos. La predominancia de los efectos visuales en todas las esferas de la vida no han hecho sino reducir y segmentar las preferencias y orientaciones de la oferta cultural. Es decir que hace 100 años uno se maravillaba con el cine y hoy el cine es una referencia común de nuestros tiempos. El salto mediático que la imagen como emblema de nuestros días permite, no debe hacernos sospechar lo que es el analfabetismo funcional y las derivaciones propias de la pérdida del aprendizaje lecto-escrito. Más allá de una indagación sobre las dimensiones reales de las posibilidades educativas, el océano de luz en el que habitamos los nativos del siglo XXI no puede disociarse de la proliferación visualista de las estructuras mentales, conductuales, comunicativas y face4culturales.

¿Qué no es vivir pegado a la tecnología una forma de dependencia luminosa? ¿No nos frustra, como especie, no poder elaborar un proceso fotosintético y a cambio de eso nuestros impulsos culturales nos han orillado a vivir pegados de entes luminosos? ¿No es nuestro trauma histórico del pecado original el que nos ha recubierto el tejido exoepitelial tecnológico luminoso para hacernos creer que enteramente podemos crear y modificar a partir de elementos enajenantes? Si un litigio en pro de la tecnología nos permitiera aducir que estamos en un universo abierto y ancho al sin número de posibilidades propias de una saturación global expresiva, también podríamos muy bien creer que en el universo cerrado de la actividad humana vivimos actualmente los tiempos más conservadores que jamás hayan existido. Y en el vaivén de la innovación y la tradición, los sujetos comunes y corrientes nos face1inducimos a un cierto compañerismo que permita señalar algunos rumbos. No es más que la explosión masiva y tecnócrata del acto comunicativo, que devela, además, la tendenciosidad visual: toda imagen es objeto de distribución, sin importar su contenido, todo objeto visual llega, penetra, incide en el grueso de la población. ¿Nos importa tener una cultura visual? Más allá de una educación estética o cinematográfica, nuestro cosmos cultural nos ha orillado a la ceguera alfabética y una inclemente pérdida de los sentidos, sobre todo del común.

Si vivimos absortos en la luz (día, computadora, televisión, cinema, fotografía, vídeo) de este aglomerado visual no podemos desligar una fácil y pronta tendencia al deterioro alfabético, más que sonoro. Porque la cultura visual nos induce a creer que atrapamos algo, que cachamos algún sentido, aunque quizá mutilamos nuestras facultades alfabéticas por la accesibilidad de la imagen. Con el face3sonido pasan otros fenómenos, pero que se asocian en ocasiones con el discurso audiovisual.

Si esto es mucho o es poco, si esto es claro o es obscuro, si esto pretende ser algo más que un epitafio ensayado de mis pensamientos, quizá simplemente me falta acercarme al método sociológico y etnográfico de una digitalidad global que nos engulle y desmiente a cada momento.

 

Dilusión y luz

Tropezar contigo

lámina de alientos,

un martirio, sonambulismo,

mi quebrantar las nubes,

salto silencio, muda especie

calor terso. Pero te dejo,

momento fabricado,

febril torpeza decolorada.

La conquista indaga

—indagatoria simplista—

lozanos instantes, fértiles

sonrisas llenando (me)

las costas (duele)

contra la sinfonía (trepar)

cósmica del sendero (luces).

Pantalla en cinta,

escena, grisácea elucubración,

tendón y hueso —propiedad

del ser adormecido—, adiós sonora fonética.

Fotopoiesis —creación de luz—

encuadre al realismo vidente

(contra bajo el sol y la luna)

de las esquirlas fotónicas.

luz diluida

Antenas

Constricción simbólica

en paradojas mutuas

lengua y surco, atómica

fase, transición y magma,

absorbente, quiste enigma: nombrar.

La coraza del tiempo es silencio,

olvidar es una marchita tendencia,

frugal memoria, anorexia gramática,

inflamado saludo, el sol que nos recibe.

Invertebrada consciencia

falo de luz, encriptación sutura.

Anterior al verbo, la presencia y el don

apacible de la luminosidad, explotando.

El signo inverso

Entró el golpe

de luz

ardor

por la persiana

de la soledad.

Abrió los ojos

a la ternura

como lengua

experta de lenguajes antiguos

para enaltecernos.

Signo inverso

la complacencia de sabernos

trozos de corazones zurcidos.

El proceso de digitalización de lo humano: una jaula de luces

Pensar incluso que el iluminismo, su racionalismo instrumental y su teleología civilizadora puedan haber sido parte del conglomerado, atinado o no, de la modernidad, no implica asumir, como lo hago yo, que en las digitalidades lo permeable consista en un ethos antagónico de la concreción natural. Por encima de cada rincón, de cada dato, de cada información almacenada en internet hay una cúspide de esfuerzos por dotar, en un sentido metafísico trascendental, al mundo con una forma plástica: la posibilidad intrínseca de adquisición global y saturada de prácticamente cualquier cosa. Y la luz, que en el XVIII fuera una metáfora atinada, hoy es más bien el fetiche del mercado. Si no estás en internet (educación, comercio, gobierno, turismo, cultura, libros, arte, vídeos, música, cine, etcétera) no estás en el mundo. Y es bastante loable la decisión de algunos de no figurar, de no aparecer. ¿Es loable también el proceso de digitalización en tanto cautiverio a la metafísica luminosa del hacer humano? No está por demás mantener el impulso productivo de una álgebra comercial globalista, tendenciosa, en fin, acorde con los tradicionales sistemas de dominación. Tampoco es posible, frente a las intentonas críticas antisistema encabezadas por la neorebelión hacker, asumir que el mundo en el siglo XXI sea un lugar seguro para vivir. El equilibrio de las fuerzas, distinto de una actuación termodinámica de los conglomerados histórico-sociales, sus oscilaciones y sus hábitos (de consumo, de producción, de recreación, etcétera) están inmensamente permeados por el auge luminista. El esplendor de nuestras luces del XXI, raquíticas por la digitalización de la barbarie que lo acompaña, es el esplendor de unas pocas generaciones que inventaron y creyeron dotar de algo importante el universo humano. Quizá desconozcamos los más avanzados sistemas científicos y tecnológicos de nuestro presente y en diversas medidas la tecnología comercial nos induce, como película de ciencia ficción en los años 60, a construir un imaginario de las digitalidades en donde no existe un hálito de compasión. Al final, la digitalización de lo humano responde al impulso opuesto a la libertad creativa, se trata de la expresión multifacética del terror al vacío y de la longitud propia de la frustración ante lo inconmensurable del cosmos. Entonces lo infinito, como adversario común de una finitud cierta, y en ocasiones existencialista, traduce el abigarrado terror psíquico al silencio, a la evasión, a la ignorancia, a lo desconocido, abriendo, en su multiplicidad, los canales propios de un conductismo polimórfico, acuoso, insostenible por su carácter de innovación ad infinitum. La jaula de la humanidad digitalizada construye el simulacro de un hábitat no hostil que pasará la factura a las futuras generaciones.

Los resquebrajados corceles de luz

Cabalgar los años

las atmósferas circulares,

anteriores pastizales,

enraizados montículos al cielo.

De luz y de materia,

fuego insuperable,

el vértigo, astro, falange, eco, atisbo,

cabalgata de milenios con nombre de instantes.

De torrente y magma, de líquida memoria

ancestros cautelosos

del sopor oscuro, nanosegundo, microcosmos,

arrecife de sangre irradiante, melifluo aliento,

también luz y lumen,

contraataque a la imaginación

devastada -la silueta-

cuña erguida de un azabache fosforescente.

Iridiscencia ritual, mágico torbellino mitológico

arquetipo de rapidez y ejecución, certeza,

canto solar -estrella primigenia- derriba los obstáculos.

Corceles de luz -desgarres entre la sombra eterna-

resquebrajados en el impulso frontal

como locomotoras imparables -hierro incandescente-

hacia el infinito paradójico del silencio cristalino.

 

Ser nuevo horizonte en flor

Como la luz atraviesa el agua
la soledad atravesó mis días,
como silencio muerto
atravesaron la oscuridad
los ruidos de mi llanto.
¿Dejé en el camino flores y sonrisas?
La vida toda es truco y astucia
pero también intuición y cautela.
No sin mesura los riesgos
mutan la fortuna en éxito
y los fracasos en lecciones.
¿Acaso la malla de la desgracia
escribió con mi voz y mi aliento
el nombre de mi desolación?
Fueron las lunas llenas las métricas,
los atardeceres fueron la finitud
magia de unos ojos -mis ojos-
atenuados en el balcón de la juventud.
Y lloré como cualquiera.
El corazón roto habló un dialecto torpe,
pero navegué el desierto de la tristeza
y crecí adorando un pasado inmaculado
aunque también imperfecto.
Solté gritos y escandalice mi juventud
porque aprendía que solo naces
y solo mueres,
envuelto en un antes,
en un después que nada dice salvo los hechos.
Vivo a través de mi perdón y de mi alegría
la cima cristalina del elevamiento.
Mi alma llora hoy pero de alegría
y en el espacio de mi ser algo florece.

Versión de una queja elaborada sin métrica

¿Qué lápida dejan los ríos de sangre
o las muchedumbres analfabetas
o los rumores de la esperanza
o las costillas rotas de la justicia?
Mitad silencio mitad rabia
todo es una amalgama en desunión.
¿Acaso los millones de estrellas vigilan
o registran
o recuerdan
todos esos muertos por la mano del hombre
por el hombre
todos esos cadáveres de la historia por las causas falaces?
No, sólo es una lápida de tristeza y rencor:
lápida de todas las luchas frustradas
de todos los que no fueron héroes oficiales
de todas y cada una de las mujeres destruidas desde el patriarcado.
Mitad silencio, obligado, mitad tortura, inducida,
los cuerpos escriben en el tejido social
la faz indómita de la rebeldía.
¿Qué lápida dejan las infancias corrompidas,
las adolescencias superficiales,
los discos de moda y el último atuendo de París?
Ninguna época mantiene un lazo firme con el porvenir
salvo por la fuerza y no hay en época alguna
paz, solidaridad, justicia y plenitud, más que para algunos.
No es vana la incertidumbre del hombre en su existencia
ni es bueno el fanatismo en su esencia.
No en balde el dinero y la religión, no en balde
los fanatismos y prejuicios, no en balde la violencia.
¿Hay lápidas de amor, serenidad y armonía?
Estamos en la necropatía de un absolutismo rancio
disfrazado de novedades luminosas, de luz
que no permite ver el fondo de la miseria humana.

Sedición del paisaje

Recorre el eco de la sedición,
que es el filo de la primavera,
la constancia de abrir espejos
entre la tierra y los ríos. Esta sedición
del viento en la hoja verde
es la revuelta del sol y su luz.
Rebelión de las raíces de los reflejos cristalinos que son cantos
como niño llorando frente al mar.
Su violencia es ancestral como la caricia intrusiva del agua en la montaña.
Sedición también el musgo
la cordillera y la rivera
como escritura cuneiforme o
el intento de penetrar los nidos en la campiña. Silvestre violencia de galope ventoso. Año de la revolución elemental del paisaje.

Fotograma oceánico

Sin pasar el alfabeto

la noche registra

símbolos fútiles.

Las escrituras

estaciones en vigilia

son esparcidas.

En el océano

que es un rincón

navega la luz silente.

Dementis lux factum

Así, con la cortina de un idioma muerto

los puertos y mis ancestrales torturas

como la gaviota en la playa

cayendo. Así, muerto, como al latín

vivo contra los trozos frugales

olvido toda inspección interna

laguna de tedio, remilgo, azufrada imagen

de un jabón contra la sarna: memoria.

Así, ya sin uso ni existente, las pausas

suspenso corporal

los alientos compartidos

así igual

el rancio fluir de la sangre

la tuerca mental corroída

por los ácidos estomacales de la historia.

Narración al asecho, porción imaginativa

así como un texto del siglo XIII en el este europeo,

como una cita de Horacio o San Agustín,

perdón, no sé cómo explicar el vacío de mis tendones.

Contrabajo la marea cristal descrita

las conexiones neuronales

también así como la frase en latín

oscura y mal interpretada

mal traducida

mal compuesta

mala sintaxis del corazón avejentado

mala sintaxis de los labios y su sudor

mala sintaxis también del gañan del club

mala sintaxis y esas canciones cursis de un amanecer

amanecer de borrachera y borrachera infinita

la torpeza del ser existencia pluricelular.

Así, en el olvido, como un arancel universitario

el espectro radiante

apoltronado de los cansados trabajos de Hércules

o la fibra óptica que desemboca en tu ojos

mis ojos

nuestros ojos

unos ojos

los suyos

lejanos

¿abiertos?

cerrados

fátigosamente

escritura la piel que nos camina.

Olvidar

tremebunda fragancia

eso imposible

olvido

lo que deja proyectada

la sombra de los soles externos al presente.

Falta de lógica este latinismo estéril

optometría de un ethos baladí y el pathos esplendoroso.

Costra en la costa del costado

anima animae animis animíco

antiestamínico

ribonucléico

cromosomática expectadora de la genealogía enfurecida.

Ancestral martillo

Thor

los planetas y los años

la época esta de luz -lux-

de demencia -dementis-

hecha hecho hechura -factum-

falta de tacto nauseabundo.

Totalidad increpadora como los burdeles para las mujeres castas,

como los orfanatos para los niños de familia

como Dios para los ateos

como un ostión ahumado salido de la lata

para la tertulia nocturna acompañada con vino.

Elixir de nombrar lo que ya no es nombre

lo que no puede nombrarse más

eso que la eternidad extingue

las fuerzas motoras de la Esfinge

Heródoto contra Euclides y Esquilo.

Años

turbia marea

estropeada la silueta interior

la ruta

los atardeceres

la camara

el pixel averiado por la distancia de la lujuría sombría.

Este museo

falto de testigos

es un testimonio

de la oscuridad prófuga.

Dementis

demente

demencial

el palpar los sonidos la cortina de humo

lux

luz

luzciernágas primaveralas

factum

hecho

posterior a los acontecimientos.