Embodegar una biblioteca por una nueva vida

He hablado otras veces de los libros de la casa donde habito, estos libros de mi extinta Margarita Urías, una impresionante colección. También yo tengo mis volúmenes en esta casa de madera y ladrillo, muestra de mis búsquedas y de mis snobismos literarios e intelectuales. Hoy me toca embodegar, con naftalina y plástico, mi colección pitoleana, hesseiana, lemaziana, ruy sancheziana,  motemayoriana, y un largo etcétera. Y embodego porque me encuentro en un punto de transición a una nueva vida, como estudiante de doctorado en el COLMICH, llevándome entre otras cosas historias literarias, tomos de estética, compilaciones historiográficas y la fuerte esperanza de salvaguardar mi intento académico hasta cumplirlo cabalmente. Por consiguiente, esta catarsis prefigura el acto de memoria que invita a recordar, por ejemplo, la adquisición de Sholojov y El don apacible, en la librería Da Vinci de la ciudad de Xalapa, cuando en ella se encontraban cosas bastante mejores que las de ahora. Recordar también esas caminatas al CIESAS-Golfo cuando trabajaba con el Dr. Mariano Baéz, cuando transcribía la Literatura Universal de Arqueles Vela, editada por Botas, cuando leí La vida es sueño de Calderón de la Barca, junto a textos históricos y mis incursiones graduales en la obra de Sergio Pitol. También esta manía, este consumismo bibliófilo, es un vestigio que me ha permitido hacerme de un acervo documental importante, sin descartar mis afanes lingüísticos y semióticos, de filosofía del lenguaje, de antropología, pero más en los últimos años de literatura e historia española. Entonces se encuentra los libros que se van conmigo a la aventura académica, y los que quedaran en el sótano temporalmente.

Mis búsquedas en la tradición literaria española son islotes insignificantes de vestigios que más que dar una sólida forma a mis ideas muestran una tergiversada maniobra de asimilación ecléctica. Entonces ¿por qué no asumir que los nacionalismos representan diferencialmente categorizaciones absolutistas que rompieron las lógicas geopolíticas para delimitarlas a las dimensiones cartográficas de los derrotados y los vencedores? El particularismo nacional me ha invitado, además a revelar algo más que las maniobras coloniales y asumir que el tiempo histórico también puede aprehenderse desde una particularidad desatendida académicamente. Es entonces el conglomerado intelectual del siglo XVIII uno de mis principales apoyos y resortes en mi aventura académica: español, con Feijoo, Jovellanos, los Moratín, Iriarte, pero sobre todo Luzán, francés, con Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert, alemán, con Kant, Fichte y sin ser estrictos con Hegel, italiano, con Vico, Muratori, novohispano, con Clavijero, ante todo, pero también con Humboldt, Alzate, Boturini, entre otros. Y también es la historiografía, aunque desde lo político económico, como Sarrailh, Bazant, Vilar, entre otros.

Es incluso este acto el rememorar que hace 17 años estábamos llegando a esta casa Luisa, Margarita y yo, cuando concursé en el premio de ensayo del CIDE y quedé finalista. Es recordar que tocaba las canciones del disco Enemigos íntimos de Sabina y Páez, como el viaje a las cercanías de San Marcos para buscar orquídeas y fauna para construir nuestro jardín, con esos platanares de ornato que duraron unos años. Es también recordar la caoba que traje de la playa oaxaqueña Ventanilla un año después, ya sin mi madre, que terminó secándose entre 2007 y 2010. Empacar es deslindarse, conquistar, reflejar, momentos, encontrar notas, ver postales viejas, de amores, de amigos, de cuando la vida era un amasijo de amistades, hoy ya distancia y torpeza, desconocimiento. Empaco entonces porque me voy al COLMICH a estudiar el posgrado con todo el gusto y dolor que eso conlleva.

 

 

Escuchar en sueños tu ausencia

Estás aquí,

duda y fragmento,

constelación sierva

en un destino ignoto,

torcedura líquida

al horizonte: ser entonces

plaga de recuerdos

en la cosecha de la vida.

No alcanza el olvido,

el desamor y la tristeza

cuando te busco

en el sueño. No alcanza

el acto cobarde,

ataque y ruina del viento

que conjunto nuestras almas.

Siempre es una palabra oscura

ninguno de nosotros conoce

el fondo de nuestras eternidades…

sospecha, el portón a una tropa

de imágenes, luces las líneas

de ritmos y canciones baladíes.

Aquí están tú y mi madre,

también don Sergio, también

los amigos que se fueron con la vida,

estamos todos envueltos

en la inconsciencia del pasar

y solo, individual, naufrago a la

escritura para decir que no te olvido.

 

Improvisación lírica transgénero de memorias distorsionadas

Debería escribir el collage de todas las publicaciones periódicas presentes en la casa de mi madre, Margarita, incluyendo mis revistas de estudiantes de antropología, las de reflexión sobre la postmodernidad, las del Poeta y su trabajo de Hugo Gola, también los suplementos del anterior periódico Milenio Veracruz, esos suplementos donde publiqué alguna vez, suplemento nombrado Laberinto, dirigido por Omar Piña. Debería quizá reconocer el camino andado y hablar de Mirna Valdes, de Erica Carrillo, de Juan Pablo Villalobos y algunos otros muchos autores que deambulamos por ese recinto cultural impreso. Debería quizá retomar las revistas de Cuicuilco, las de la UAM-Iztapalapa, también las de Alteridades, sin omitir las de Historia y grafía, la Revista de Historia El Siglo XIXDualismoSotavento, y por supuesto los suplementos de México en la cultura dirigidos por Fernando Benítez. Debería quizá revisar todo eso y entonces escribir, entonces saber, entonces actuar de acuerdo a los caminos de la intelectualidad mexicana, latinoamericana, europea, porque también hay revistas de El Viejo Topo, pero entonces me encuentro perdido en el laberinto del tiempo, del presente, de contar con un acervo inmenso de papeles, como algunos ejemplares de la colección de editorial Era Cuadernos políticos. Y si mi síndrome de Diógenes me lo permite, quizá un día pueda hacer ese libro donde encabalgue mi filiación intelectual con la de mi madre.

 

Versificación de tu ausencia I

 

Tú que escribiste

árboles genealógicos:

¿me reconocerías ahora?

Investigo sobre Ignacio de Luzán

y me preguntó si hay un factor

jesuita común en el orbe hispánico

en 1767, pero entonces,

divago entre poéticas, históricas,

cuadros y desnudos femeninos.

Tropiezo cierto,

si donde habito un instante

es por siempre tu voz,

en la cordillera de los años,

de las vidas, del chismorreo

de la intelectualidad mexicana.

No olvido lo que me contaste sobre Paz

cuando Onetti vino a Xalapa: tu exclusión,

constancia de vida, igual me siento yo ahora.

Un historiador recomienda un escrito de Aguilar Mora.

Entonces recuerdo nuestras pláticas

sobre Monsiváis, recuerdo entonces

tu pertenencia a la intelectualidad mexicana

del último tercio del último siglo

del milenio pasado, y constato,

con tu foto con Héctor Aguilar Camín,

que entonces yo no te usé como plataforma.

Lloro por dentro porque un día, en una fiesta,

parecida a Woodsktock, grite: llévame contigo, mamá.

Porque después de leer algo de Fromm y de Jung, incluso

de Freud y Lacan, me pierdo en la psique histórica

de un nosotros, Margarita, tú y yo, entre la selva

del Totonacapam, en el desierto cercano a Paquime,

tú y yo, la incubadora, mi destete obligado, tú y yo

y ese poema donde versabas que ponía en jaque

tu dolor. Hoy entonces, pierdo el tiempo,

con preguntas mustias, pero Roberto ahora es mi

amigo. Te extraño y también te creo, pero te olvido.

Igual que tú, allá en la Sierra Tarahumara, está

Augusto, que te alcanzó 8 años después.

Y el cielo es también color azul, las nubes

son blancas, con accidentes, pese al cambio climático.

Ayer revisando el archivo familiar encontré

algo inédito de García Canclini y entonces recordé a Maren

diciéndome que tú le decías Chanclini.

¿Qué migraciones no viviste tú

que te hicieron ser extranjera en tu país?

Sigues despertando envidias, celos y rencores,

pero no importa eso, importa que te amo.

 

A.I)

No interesa mucho el mosaico que pueda esgrimir contra el espejo de mi retruécano emotivo: soy y escupo, porque no es divino el verbo, pero sí la luz. La historia de Urías el Hitita se repite en mí. No interesa tener un nombre bíblico, no importa tampoco que nadie lo pronuncie apropiadamente, aunque ahora hay una actriz famosa que se apellidada Urías. No importa tampoco el recuerdo de hace 15 años, no sólo del Rave de Alien Project, no sólo del viaje a Japón, es más, importa más recordar el guiso con anguila y arroz blanco, el sushi, las sopas, el dragón chino que ya hace tiempo se perdió, el abanico japonés que ahora tiene Claudia (espero), porque mi cuaderno de ese viaje, Coreano-Japonés, fue tirado junto a otros papeles encucarachados, en casa de Juan Ángel. No interesa la narración de los hechos, no interesa el vínculo o el lazo, ni las substancias. 15 años atrás deprede el peyote en Wadley, con toda la tristeza del universo, con el castigo de una espina en el talón derecho, como el grito en el oído derecho, como esa mística imagen que nos condujo a la cagazón, donde los tapetes fueran tan importantes, mística como la imagen de Bush y Saddam Hussein jugando también con tapetes en 2002. Hoy que todo es una distorsión, hoy más que nunca no interesa el testimonio, ni la certidumbre del esclavismo sexual, no interesa mi pesadilla, que después fue pesadilla universal. No importa tampoco la morena bailarina más hermosa que cualquiera, no interesa la canción de Fito Páez, Joaquín Sabina y Andrés Calamaro, ni mucho menos el estructuralismo de Leví-Strauss o la antropología postmoderna de Clifford Geertz. No importa tampoco la semiótica de Umberto Eco, no importan Greimas, Bourdieu, Althusser. Son muchas vidas entonces esto que vomito, este escupitajo de nombres, de vivencias, de recuerdos del sabor del Sake, a madera, como del saque de banda en el partido México-Ecuador, como la ramplona y asquerosa televisión mexicana, como los machitos nacionales enaltecidos en el extranjero, como el charro negro pisándome los talones y yo con ganas de partirle la cara. No importa ni interesa haber ido al México-Croacia con pantalones guatemaltecos, huaraches de Malinalco, guayabera yucateca, gorra gringa y collares de la Sierra Tarahumara. También los increíbles lentes amarillos que compré en Niigata, se perdieron, porque se les obsequie a Gael, que fue tu alumno en tercero de secundaria en la Freinet. También el reloj, bonito y azul, de esa tienda se perdió, por andar fumando mota en los pasos peatonales del Distrito Federal con Gonzalo, hace ya muchos años, cuando ya no era novio de Luisa, pero a quien quisimos tanto. Todo eso no interesa, no incumbe al presente, ni al pasado, ni al futuro, no, porque Dariana no es Denis ni Adriana ni nadie, no es nadie, no existe ¿o sí?. Porque Denis muy seguramente no me recuerda. Porque Dariana y su voz son hermosas. Porque Adriana, la modelo de Victoria Secret, tiene un parecido inmenso con la chica que bailaba. No importa que un mal sueño se vuelva realidad, no importa pedir un deseo con una estrella fugas y que también se vuelva realidad, no importa tampoco proponerse un programa intelectual y que se vuelva realidad en 7 años. No, no interesa, no es conveniente mencionarlo, nada, nadie, nunca, aquí.

Descoyuntura psicoanalítica

 

Bailamos y a ella le adjudiqué

tu figura, su representación, tu esencia,

porque imaginaba cómo

ustedes, papá y mamá, se hubieron conocido,

cómo debieron divertirse,

cómo se decidieron a cortejarse,

cómo por encima de otras opciones

se eligieron. Y ella, morena como tú,

hermosa y esbelta, como tú,

sonriente, de ojazos, atlética,

rompió mi alma con su alma

y nunca pude abrazarla.

Pero todo fue un recorrido

al verde instante de la marihuana,

todo fue el tropezar absurdo

con el látigo de las mareas sociales,

todo fue confundir, a la distancia,

el espejo con el espejismo,

el síntoma con la enfermedad,

el sueño con la vigilia.

Entonces ella se volvió tu recuerdo,

pero no tu duelo mío, no tu obra,

no tu estar y ser en el mundo,

no, tampoco he podido entregarme

al perdón y he amado a medias,

siempre, aquí, con ese constante

recordar el baile más grandioso de la eternidad.

Ella, junto a ti, es también ese sueño

hermoso en un camión,

donde tú eras ella y ella eras tú,

donde yo veía

los ojos más hermosos del universo,

donde palpar fue tocar su aliento

con mi oído, llenarla con mi aliento,

saltar al universo, oscuro y luminoso,

desear un abrazo que nunca llegó.

Aquí estamos, sin nosotros, en la perversión

de la barbarie inflexible y constante.

B.II)

Al final quizá sólo me queda conformarme con la posibilidad de investigar la recepción cultural, literaria y periodística de Ignacio de Luzán en México entre los siglos XVIII y XX. Madre, reuní tus obras, pero me faltas tú, te leí, te compendié, digitalicé tus artículos, pero nunca podrás escribir tu libro sobre Escandón. Mamá, perdón, ya es tarde para ser el buen hijo que no fui. Y ahora, todos estos años sin ti, que son sin nosotros, son también sin ella, que tiene raíces chihuahuenses, como nosotros, y que yo lo supe a mitad del ácido de ese noche, y ahora todo es imposible.

 

Irreverencia poética 17.1

irreverenciapoetica17-1

Polvosa circularidad

Pulsos trozan

atmósferas precarias,

esas desdichas,

ruindad, ancestrales.

Lóbrega flexibilidad

el antes del sol,

licuada la máquina

creativa, cerebro maquillado

de ignorancia. Eso, polvo,

que es nuestra mancha,

deseo e hito, marcial

recuerdo de tristezas.

Antídoto de la memoria

oscura personificación

este desquite del eterno

fluir, marchita la raíz

nuestro canoso pensamiento

designa los hilos de su perpetuidad.

ellacirculo2

Alma de closet

Renombrar espacios,

engendros y torceduras

es manosear memorias,

siempre brotando

la cloaca de los recuerdos.

Un almacén de amigos desechables

escupe siniestros vocablos.

Todo era la loma pelada

del desconsuelo y subimos

al aposento donde aguardó

el aroma sangriento del olvido.

figuración1

Liviandad frustrada

Surca la calma

mi aire.

Enrarece mis pasos

la turbiedad del ruido.

Recorro el nicho de la nostalgia

contiguo, vecino el trote de la memoria.

Una esperanza se despide 

de mis manos. Tu espejo soy

madre y te invoco tinta de mi vida.

Olvido la calma y tenso lo oscuro 

con luces arremolinadas, centrífugas.

Cae la noche y me aplasta

un ejército de recuerdos.

Mi mirada es un ápice de la bullanga existencial 

y arrebata a la ciudad el suspiro 

de las calles y sus cloacas.

Apología del turista interior

Bellas Artes artesLazar lugares, sentido,

amalgama todo silencio, de voces

manantial interior: destino,

florecer años

un edredón de memorias.

Tiempo añorar las costras del alma,

por doquier una vivencia, prófuga,

temerario instante,

un frágil relato de ancestros,

como corcel de cuento,

corriendo paralelo al horizonte.Bellas Artes artes dist

Distorsión del recuerdo,

anterior al salto, porción intacta

de emoción y sorpresa.

Actuar en el fondo oscuro

de la boca que alegre agita

el inverosímil lecho urbano.

Soplar el polvo del camino

Estar con la mirada anclada

en el estante del recuerdo

es contraer nupcias con el silencio

porque todos sabemos que hay

presencias que resguardan nuestro aliento.

Locación temblor

Si la tristeza escribe

los suspiros leen.

El maremagmum del silencio

oscurece las ramas torceduras

del alma, pero ¿acaso la visión,

utopía y lucha, es un eco tardío?

Los ancestros imitaron a otros

igual que nosotros somos imitaciones.

Encima del libro de la eternidad

la lancha del saber naufraga constante.

Todas las mañanas caen trozos de cielo al mundo

y las cicatrices del amor perduran, con su aroma

raquítico de tientos y manoseos, porque una noche

las gélidas instancias de la memoria

encorvaron sus sienes a la cúspide eterea.

Enigma estribo y salto la malla incauta

¿por qué el ciego vive el color de una forma

que el tuerto no puede vislumbrar? Toda caza

es una estupefacta sombra de deseo… y nos vamos

cayendo entre otoños y canciones y melodramas.

Dejamos en cinta a la soledad

cada vez que pasamos por la fotografía infantil

donde reposa nuestra inocencia rota,

quebrada, enmudecida, tibia y añorada.

Decir adiós es un acto de rotunda complicidad.

Desde mi memoria musical o la nulidad del sonido en mí

Mi primer gran mentor de la vida fue mi maestro de Tae Kwon Do. Con él aprendí mucha disciplina y a dar karatasos. Pero también aprendí música. Me obsequió, aún en tiempos de caseteras y walkman, unos casettes con distintas canciones. Importante para mi fue conocer por ejemplo a David Bowie gracias a él, pero también otros cosas com o Judas Priest o Yes. Actualmente he perdido mi contacto con casi cualquier expresión musical. Casi por completo el silencio atmosférico se ha apoderado de mis días, de mi presente.

Con pocas personas compartí música, con muy pocas. Incluso llegué a escuchar la discografía casi completa de Pink Floyd antes de que se fuera tan alto, como lugar común, después de Big Brother. Y lo abandoné, hace tiempo, igual que a Talking Heads, con un disco doble bastante bueno en vivo que era de mi hermano Emiliano y que terminamos digitalizando uno amigo y yo.

También me perdí en los remilgos y excéntricos flujos del rock argentino, para mal, digo yo, porque ni siquiera puedo apreciar, ahora, lo que me motivaba a escuchar esa música. Es decir que he perdido mi tacto musical, mi gusto. No puedo negar entonces que en otros escenarios y ambientes he aprendido de música: como las sesiones de ópera a las que frecuentemente asistía apenas unos años atrás donde aprendí y escuché de cerca a Mozart.

Todo me condujo a un aislamiento snob, fresa, a una caducidad notoria. ¿Pero escuchar música es mi muerte mental y emocional gradual? Probablemente. En 2008 grabé un disco y algunas de esas canciones están en mi nube de souncloud. Nada serio. Decían que era bueno con la guitarra, que tenía estilo. Para mi la música es una cosa ya prácticamente extinta, mucho después que el cine. Muero día a día, en un cosmos de letras sin música. Y no puedo decir que sea un poeta interesante, porque no distingo la musicalidad del lenguaje. Totalmente en discordia con el presente no escuché completo ni a Bjork ni a Radio Head ni a Tool ni a todas esas bandas de han marcado el gusto del presente. No, yo en todo caso compré unos discos viejos de Fito Páez y de Soda Stereo hace unos años y no los escucho más.

Me extravié hace muchos años también en un rave escuchando a Alien Project. Todo fue un fracaso auditivo, todo fue aburrimiento, todo fue: quedarse en un viaje de LSD y desarrollar esquizofrenia. Y han pasado 14 años desde entonces y en verdad no sé qué coño suena en el mundo. Me volví sordo, del alma.

A mi maestro de Tae Kwon Do lo decepcioné hace muchos años, cuando tuve mis primeros problemas con Drogas. No lo he vuelto a ver. Es cabrón cuando la vida te orilla a dejar de escuchar música, cuando te vuelves objeto de un ostracismo auto inducido. Al final vivir avergonzado y arrepentido de tus hechos te conduce directo a la desecación del espíritu.

Proporción de la ausencia

Todos extraños algo en el mundo. A veces personas, a veces vivencias, a veces cosas, a veces momentos, a veces lugares. Extrañar es un acto natural, que en ocasiones puede ser enfermizo. La duda del presente o la añoranza de un pasado mejor, viven en nuestro inconsciente colectivo. La amalgama compleja de la experiencia vital humana, al traducirse en sentimientos, corresponde también a una compleja red emocional -aún para aquellos que sostengan la dimensión neuroquímica de las emociones. ¿Por qué a veces separarse de alguien es doloroso o costoso? ¿Por qué razón deseamos volver a un mismo lugar o comer en un mismo restaurante o visitar el mismo museo? ¿Por que podemos llegar a sentir nostalgia por otras épocas o incluso por un futuro esperanzador y prometedor? Acaso sea la ausencia una forma humana naturalmente aceptada como mecanismo catalizador, como acelerador de las emociones y las pasiones, de los recuerdos, de la memoria. Porque aún en tiempos posthistóricos somos seres históricos e historizantes, porque vivimos en una dimensión temporal y material que deja registro en nosotros mismos. A veces extrañar o sentir la ausencia puede ser una huella de que algo en nosotros ha sufrido una transformación, que ha quedado una huella cercana a nuestra experiencia de vida. No olvidemos el hecho de que no existe el olvido y que la proporción de la ausencia es inversamente proporcional a la dimensión del afecto.

Junto al cansado atisbo

Deambular
la constancia del silencio
como años aciagos
que surcan memorias
como siluetas extranjeras
que marcan límites
como tibieza de baño en invierno.
Todo marchar es atisbo
de los imaginarios deslumbrantes
de los azules cielos que giran
demarcando en el infinito
tiempos escarlatas del fuego.
Así la vida es tropel de voces
así los minutos consumen el reloj
así escondido el tiento invoca
lejanas proezas del sin sentido.

Un espejo

Yo mismo como un espejo

de distorsiones

parte que partirá el aliento

como cuchilla guillotina de las tristezas.

Eso que desdoblo es una costra

es prefiguración de cicatrices

pero es memoria

y eso soy, más también que una simple dianoia.

Apagará la sed del sentido

la costa esférica del silencio.

Saltar al terreno de los actos

doblez de significados: recordatorio existencial.

Ser ese espejo donde evoco retardos

vidas anteriores a la conquista del sol.

Diariamente el reflejo sucumbe al diálogo,

trunca la distancia entre el hecho y la imagen,

los cielos estrellados de una noche atisban

corazones habitantes del mis adentros.

Sin olvidar que no supe más de ti pero tal vez no me hayas amado

¿Tu nombre fue la lapida de mi luz
o fuiste lentamente un fantasma?
No tuve el valor
ni de buscarte
ni de quererte. Olvidé las enseñanzas
de mis ancestros por ti. Viví milenios
de dolores nostálgicos, por ti
tuve el valor de no seguir.
Rompiste con tu baile moreno
de fuego, miradas y deseo lujurioso
mi senda: ese pasillo donde la muerte
escribía con su aguja usando mi sangre, usando mi alma, usando mí luz y mi alma. Nunca como tú la usaste, esa noche, noche nuestra de nuestro baile y amor imposible.
¿Rompiste acaso el tendón de mi amor? Lo que rompiste fue mi juicio y razón.
Una oscura consecuencia despertaste
mi cobardía
agonía fulgente
traducción de anaqueles polvorientos y besos muertos, no dados.
Los días fueron acantilados tristes y espesos de la neblina del desamor.
¿Sólo bailamos, sólo me provocabas? A veces camino por la calle
hablando conmigo mismo, diciéndome ¿qué habría sido distinto si ella me hubiera amado?
Eres mi trauma vital preferido,
el surgimiento de todas mis complejidades,
la brújula de mis tragedias,
el trágico telón de mis quebrantos.
¿Me habrías amado con la desesperación que yo te perdí? ¿Habrías besado mi frente y cerrado tu mano sobre mi mano? ¿Habrías dicho que yo soy tu amor? La eternidad responde que
nos cruzamos y yo sucumbí ante ti.
Ni todas las putas de toda la historia, mía o de cualquier hombre común, podrían hacer del olvido
una medicina. Porque no es que te amara o que me embrujaras con tu té. Es algo más. Porque quizá me buscabas para destruirme.
Pero es la primavera tu estación. La nuestra. De nuestro baile. Y así la vida siguió y yo me pregunto:
¿si yo hubiere sido amado por ella ella me olvidaría tan pronto como lo hizo?
Estar así todos los tiempos estos que somos nadie
es saber que en tu nombre
estaba escrita mi sentencia.
Nunca podremos vivirnos
porque no nos importamos nunca
excepto quizás cuando me veías
en la penumbra
con esa ternura de miel en tus ojos
y yo quebraba mis caderas bailando
para que vieras que baila contigo
y para ti aunque no estuviéramos solos.
Todos estos años son esta escritura
y tú eres la ausencia
no mi madre
como creen mis lectores.
Tú y ella. Yo soy este ahora
un sin amar todos los ocasos
un sin refugio todas las tormentas
un sin cobija todos los inviernos
un simple soplo de amor inexistente.
No por todo lo dicho la eternidad cambiará. Eres el alfabeto de mi inexistencia: nosotros amándonos.

Parte presente

Los días,

oh corceles de viento,

circundando

la polución

de mi memoria,

trágica

como si Esquilo o Netzahualcoyotl

fueran los narradores

de mi presente.

 

Tenía la esperanza de que me buscaras

pero saltaron los años

sin tu presencia, sin ti. No apareciste nunca

en los parajes enarbolados de mis días tristes

pero sale el sol y soy un hombre.

Derrotada la memoria que eres

no me buscaste y no te importó

el sabor de mi boca o el tacto de mi pecho

al desembocar nuestro grito que nos unió.

No me buscaste y yo tampoco

contra el espejismo cierto de una noche

arrecife de muchedumbre bailando

y nosotros ahí, a mitad de un desencuentro de por vida.

Con la mirada flácida y decepcionada

no te ví ni escuche el canto de tus ojos

porque al final no éramos destino

o porque fuimos el destino de la tragedia.

Eres el silencio más grande de mi vida

porque fuiste los gritos y el escándalo

más abrupto de mi existencia.

Te habito cada primavera y excavo

la imagen de tu piel morena

contra el polvo de tu recuerdo.

A veces

A veces los caminos nos separan,

con un dolor inmenso lo sabemos.

A veces somos aire

de otros tiempos

y otra gente nos aguarda

en silencio. A veces no sabemos

si perdemos o ganamos

separados por los caminos vividos,

torcemos nuestro rumbo y encontramos

despedidas y ausencias que calan el alma.

A veces simplemente olvidamos

que la vida es un océano de desencuentros,

que también a veces encontramos

en el misterio presente un algo y un alguien

que nos hace afortunados.

A veces intentamos evitar ese dolor

de sabernos partidos por vivencias más armónicas

que hoy ya son una memoria anterior.

A veces solamente notamos que los años

han pasado y que el cielo nos separó.

Recuerdo del 10 de septimbre de 2001

No vengaré en tu nombre Margarita

ni en el de ninguna mujer…

 

Dos águilas los acompañaron aquel día.

Dos tristezas tibias ahora emergen.

 

Tu negación perpetua,

tu amarga ternura,

Elvis Presley, tú y yo.

 

¿Para qué distinguir entre un susurro y un rumor?

¿Para qué los actos?

¿Para qué estos desgarrados alientos nuestros?

 

Yo te diría: queda usted desarmada de por vida.

Usted no supo hacer la revolución,

como yo no supe hacer el amor,

aunque los fusiles tengan punta

y el lapiz se rompa de vez en vez…

 

Una mañana no fui asesinado.

De la memoria quebrada del año 2000

Muy bien era espolvoreada la amenaza del Y2K. Tomaba cerveza con mis amigos de la prepa, de la secundaria. Pasé semana santa en Puerto Escondido. No sé, sonaba una famosa canción de Café Quijano, la de Lola. En fin. Quería ser alguien, buscaba ser alguien. Terminaba el bachillerato. Probé mi primer toque de marihuana.

Al iniciar el año viví la ruptura de mi primer amor. Luego una sacudida rotunda estremeció mi deseo de ser antropólogo: quería ser revolucionario, decía, creía tener conciencia social. Leía a Erich Fromm sabiendo que era marxista. Todo parecía un estanque quieto entre Amsterdam y Berlín. No era verdadera mi vocación de luchador social ni tampoco lo era mi fatiga amorosa. Iba a graduarme, eso sí era cierto.

Tenía una libreta pequeña donde anotaba mis primeros versos en tanto versos, muchas veces sin sentido. Sonaban los Fabulosos Cádilacs, sonaba Café Tacuba, sonaban Los tres y la Ley de Chile, Alejandro Sanz, no sé, el típico Ricardo Arjona. No sé. Escuchaba películas de La máquina de hacer pájaros. Leía a Roberto Artl. Empezaba a comprar mi cajetilla de cigarros personal, Camel o Alitas. Veía la UEFA Champions League mientras tomaba sol en el Pacífico mexicano con 3 buenos compañeros de ruta. ¿Estoy siendo repetitivo? La repetición no trascienda los arrecifes coralinos de mi memoria torcida, como acróbata. No sé, incluso recuerdo a una hermosa niña que el último día de la estancia en la playa oaxaqueña, una niña de exquisito ver, me tiró la onda. Creo que ahí empezó mi complejo de galán mi trauma de no serlo. Inocencia.

Tocaba la guitarra a solas, a veces a algún amigo. Leía a Pablo Neruda, a Octavio Paz, traducciones de ciencia ficción rusa presentadas por Isaac Asimov, a Rafael Duarte Jiménez, a Eduardo Galeano, quería formarme una conciencia latinoamericana. Tampoco recuerdo bien cómo, pero conseguí el último disco de Fito Páez, no el de Rey sol, que conocí después, sino el de Abre.

Vamos que la escena era prometedora: libre de un amor de 4 años, tortuoso al final; preparándome para entrar a la universidad; atisbos de actividad parranderil; música, composiciones, poesía; cambio de casa; experimentación. También decía que quería ser escritor. Sin afán de nada. Inocencia.

El recuento anual de wikipedia es constrictivo. Año 2000, new century, new year, new life. Aún conservaba en un estado aceptable mi condición física. Jugaba foot ball soccer en un equipo de una liga local. Despreciaba a la clase media tecnocratizada y me figuraba haciendo ejercicios sociológicos a base del Monopoly. De pronto, quizá por algún trabajo escolar, leer a Talcot Parson, de pronto también tomar clases de mecanografía, de pronto las disputas en medio de un año electoral: ¿opciones? Cuahtemoc Cárdenas del PRD, mi cándidato, Francisco Labastida del PRI, Vicente Fox del PAN, Rincón Gallardo de un partido que olvidé, no sé, pero recuerdo que fui a tramitar mi credencial para votar con una camisa guatemalteca color verde turquesa en compañía de una excelente amiga. Salió la credencial y finalmente creí ser un adulto. La ley me reconocía como ciudadano. Elecciones. 2 de julio de 2000. Ernesto Zedillo Ponce de León era el presidente al que le tocaba reintegrar el poder a su partido o entregarlo a una “nueva” propuesta política. El calendario era inverosímilmente agradable: primavera, vacaciones playeras, verano, vacaciones chiapanecas, otoño, doloroso episodio familiar, invierno, primer cumpleaños en tragedia absoluta.

http://es.wikipedia.org/wiki/2000

Olimpiadas en Sidney. Jubileo Vaticano. Yo debía haber estado en esas olimpiadas, quería estarlo. Abandoné el Tae Kwon Do mucho antes de poder saber que mi trauma olímpico no tenía si quiera avisos de ser potencialidad. Medalla en Tae Kwon Do por Victor Estrada Garibay, de quien recibí un seminario de combate de pésima calidad. Eso sí, él era impactante, por donde se viera. Constipación mi memoria, inocencia, el recuento formalizado. Entré a la carrera de antropología social en la Universidad Autónoma Metropolitana. Vaya primer día: ya estaba enamorado de unos ojos, de los más hermosos que haya visto, pero sobre todo llegué tarde a mi primera clase porque me perdí en el pasillo, aunque quizá Claudio, con quien entré retrasado a la clase de Antropología Social 1 de Ricardo Falomir Parker, pueda recordarlo. Yo no sé cómo esta manía neurótica me convierte en una fluidez axiomática dudosa. Conquistar los años es una grandeza de poca prontitud. Inocencia.

 No había manera de profundizar en mis mecanismos oníricos. Escribí un ensayo sobre la educación en México. Gran cosa. Quedé finalista del concurso donde lo mandé. Gran cosa. Fui a la ceremonia de premiación. Gran cosa. El primer lugar lo declararon desierto. Gran decepción. Creo que el segundo también y sólo dieron el tercer lugar. Pero eso sí, tomé vino, conocí a dos chicas, una que estudiaba sociología y otra periodismo. Estuvo amena la plática. Charlamos. Bebimos. De la inocencia a la iniciación. Luego tuve que cruzar la ciudad de México desde el CIDE hasta Tapo orinándome. Llegué a la terminal, fui al baño, compré mi boleto y salí para Xalapa. Gran cosa, aprender a moverme en el Distrito Federal, al menos llegué al CIDE solo. Pero no era la facilidad la que me mantenía al margen de cambiar los artículos deportivos o musicales por las libretas y los libros. Me daba hueva leer. Me chocaba. Me aburría. No lo soportaba. Y en cambio, componer canciones, grabarlas, tocar la armónica, hacer veladas con amigos, conocer la mota. Inocencia.

Recuerdo que leí Juan Pérez Jolote cuando asistía al Congreso de Estudiantes de Antropología organizado en la Metropolitana. Conocía  Federico Besserer, no sé, iba recomendado por dos amigos queridos de Xalapa. Pero nada, nada es más que lo contado, trivialidad los tacos de suadero que me daban miedo en Tlapán. Conocimiento profundo de la urbanidad, proceso de urbanización radical, epopeya de una muerte materna prematura, dolorosa, rotunda y radical. Año 2000. Eso es, inocencia. Primer acercamiento a la libreria del Fondo de Cultura Económica en Miguel Ángel de Quevedo, que era una mirruña. Recuerdo que Mariana Elizondo, mi ex maestra de música, me invitaba a tocar con Jaime López, o a improvisar o algo así. Nunca acepte. Decían que era buen guitarrista. Nunca he creído ser bueno en algo, ni si quiera disfrutándolo. Inocencia.

Metro Barranca del Muerto, Teatro de los Insurgentes. No sé, qué más, a sí, Coyoacán, Manuel Sosa, no sé, Samborns, cerveza, billar, nuevos amigos y amigas. Finalmente la universidad. Y cómo todo se desmorona cuando tu madre muere. Como de pronto te dice uno de tus maestros: ¿es cierto que murió Margarita Urías? Responder: sí. Nueva pregunta: ¿tu mamá? Responder: sí. Sin saber qué es la vida morder la tristeza, sin saber qué es la muerte, morder la tristeza, cantar el Amor después del amor de Fito Páez en dueto con mi hermano mayor, Pollos rostizados de Trico, tequila, chupe, dolor, viaje a Naolinco. Estaba lejos de Xalapa cuando mi madre murió. Lo último que me dijo fue no te vayas. No hice caso. Siempre mi necedad. Al fin de cuentas, ese invierno, la Marcha del golazo solitario. En la vida no queremos sufrir, queremos tocar el cielo.

Trashed culture poetic: aunque no sepa decir Ich bin ein Dichter digitaler Papierkorb

Naufragar constante, extravío de lenguas, conocimientos, pérdida del sentido, wikipedia, articulismo, culturalismo, sensacionalismo. Crear como espasmos que brotan de la atmósfera repelente. No, nadie puede hablar alemán sin saber alemán, nadie puede escribir un verso de Quevedo o peor aún ser el Ulises que Joyce imaginó antes de escribir. Snobismo saturante, poeticidad ridícula. Eso, una amalgama de saturaciones precoces como eyaculador temprano pero sin el álgebra infinitesimal de Newton. El residuo es todo, el residuo es la proporción magnificada de los tendones escritos, de los escalones tapados con el abismo de libros que se levantan torpes en este preciso conjunto métrico.

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Transformation above us, every satelite of love, every tongue, every deep long distance call, nothing but this ignorance, mine, always the same girl that I don’t knew. Todo resa falsificaciones, latinismos torpes, falacias, siempre argumentando ninguna solución para la situación. Histeria, periplo rondante de equilibrios paulatinos: https://soundcloud.com/djgeo-d/latch-in-my-hex-tommy-trash-vs-disclosure-geo-d-mash-bootleg 

Asomar los años la tristeza del cuerpo perdido en los atardeceres: pamplinas Ich bin ein Dichter digitaler Papierkorb soy un poeta digital basura I’m a digital trash poet Todo menos el francoparlante anglo rival de los intentos clasicistas con los libertinos y LaFontaine o LaBruyer o Descartes o qué se yo de la monarquía francesa del siglo XVII. Basura: residuos de todos los instantes acumulados en la torpeza de vivir, axioma, virilidad, poética de la cultura, fanfarronería estéril, asunción de la leviprofemaina, osea, nada, verbos languidecentes y obstétrica metronómica. Ramplonismo again, I’m no t a raver, I was only dancing and she was there but I’m not the same boy now. Fucked and raped my ear nothing sounds great. Ich bin ein Dichter digitaler Papierkorb es todo, una anomalía que rebasa los topes existencialistas de la acuífera montaña de senos: pornopoiesis esclerótica y maniaca conducta esperpéntica. Así, como eso, I’m no one but she was the most beautifull dancer, and I liked her and I’m lost, every spring, the same day, the same time, the same full moon. Pero eso, es un residuo, una maraña de esferas torcidas, laberinto de ideas que trasladan en ambulancia el verso de Garcilaso de la Vega que no leí, la traducción de Petrarca que sí leí, el paraíso perdido de Milton, that I’ve started to read but then I’ve stoped. Electronic music as the summer ending whisper time and she and me, the screamer: Alien project, Shiva Shandra, Infected Mushrom, Psy Sex, Talamaska, only trash, trashing de clasical poetic, that from Boileau and Muratori and Luzan and the fucking rave were I had  danced all night and then Ich bin ein Dichter digitaler Papierkorb. Esperaría pensar que es mucho más que una vivencia orgánica, que una experimentación inorgánica, que una actitud de reciclaje: “All forms of entertainment and culture have a sizeable chunk of trash, and it is this chunk that, contrary to common perceptions, is an invaluable addition to the wider aspects of society. Without trash, both authentic and cultural types, there would not be a higher culture with which to compare to lower forms of culture”: https://trashculturejournal.wordpress.com/about-2/

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And all we must read : http://www.ucpress.edu/book.php?isbn=9780520222236 But we are just a poor mexican pussycat, lees than a mexican young men, less than a singer or a guitar player, less than a mythical called guy: Gay we must exist, but I’m penthasexual: animals, females, males, transgender and spirits, always, nothing, arrising, every spring, ella, ahí, conjuntamente, la luna, el mar olvidado. Todo, esta porcina ración de tocino: my happy pork tales and we are nothing but a kind of trascendental experiment. Reciclar es como acaparar la atención de alguien y saber que todo es una falacia arquitectónica: eco nomos antro nomos metro nomos crono nomos logo nomos nomos nomos nomos nomos, como en el señor de los anillos, no, de Tolkien, no mejor aún, como los pitufos, no mejor aún, Winnie Poo, everything is going to be loved again, loved and shined and sold every single end of the year. All around Ich bin ein Dichter digitaler Papierkorb. Soporte poética teórica lengua, versificación arbustea como los arbusto de Harvard o de Oxford o peor aún, como los arbustos que no existen más en Campos Eliseos, no sé, los jardines de Luis XIV, todo, todo todo todo, ese caos que es la residualidad pretérita. http://es.wikipedia.org/wiki/Basura

Totalidad espermática desde el eco que trasmuta la desolación personal y el imantado Ich bin ein Dichter digitaler Papierkorb Soy un poeta digital basura I’m a digital trash poet…

 

Eso es una forma de rebobinar el ácido de hace 13 años…

No os entristezcáis mente entorpecida de símbolos

Oh mente

entorpecida

quebradiza de años luz

no os entristezcáis

por la hechumbre de silencio

o la montaña de ruido

no acometáis la tortura

de la nulidad

no sintáis los alfileres discursivos.

Os pido, oh mente

entorpecida ya de papeles

no cabalguéis en los mares gramatológicos

ni seáis cómplice

de la futilidad versificada.

Os pido, mente, oh mente

entorpecida

que sucumbáis a la falacia

que arrojéis vuestro eructo

a la tautología

simple y axiomática.

Dejad cerrada la cortina subjuntiva

como arrecife de alfabetos

pigmentados por el soporte

documentalmente áureo.

Inclinidad vuestra frente

al sueño gris de ignorancias robustas,

derretid el hielo de la inteligente fragua

constipad vuestros linderos,

surcad los lindes de la memoria

pero por favor, oh mente entorpecida

no dejéis que los símbolos

os acuchillen con su luz fascinada.

Os nombro tropel demiúrgico

demagogia intrusa

os conmino a la miseria

de todo filosofía pasada.

Micro pocilga

Aquí en este rincón de cabeza hueca habita un caracol oxidado de recuerdos, habita lenta una tortuga de ruido y un huracán de ácido nitrogenoso que merodea por las rendijas de sueños irrebatibles. Los conciertos de la orquesta de chicarras en el torrente fangoso de ideas anquilosadas es un chirrido acuoso y gris que espasma las ojeras de los camarones que traen pesadillas en sus colas. Hasta que es de día nuevamente las caprichosas siluetas de los anteriores bichos que iracundos carcomen el asiento de una ideología cansina son el proscenio del espectacular abismo que sonámbulo invoca aves de rapiña. El zopilote de frases torcidas engulle un cadáver de memoria, el del primer amor que fue lindo pero que hoy es carroña fácil para los instantes amarillentos del olvido. Cantan las torpezas de los arrecifes de corales negros, renegridos por la ausencia de cariño y el triste final de todos los astros internos es el desaliento de unos shakras desalineados que no tienen compostura. Hasta el silbido del renacuajo que vomita frases pesimistas es una contingencia de la mentalidad rota y quebradiza en este intenso festín de podredumbre y añeja rabia. Rencorosos los azules cangrejos del hastío están distribuyendo la propaganda que deriva en un intento de suicidio pero no es la vida lo que se pierde sino la fantasía y la imaginación que habitaron el recinto y ahora son esta cabeza hueca. Lacerante es el nido de fósiles que son palabras lindas de otros años, de otras vidas, de otros tiempos, pero no esto que se levanta desde el día de la pesadilla hasta hoy que es el momento de amasar un hábito ígneo que no pueda detenerse.
Todo es la oscuridad que se alimenta de las fosas de recuerdos que se han vuelto un torrente negro como el petróleo.

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En las librerías de viejo

De pronto tus libros están ahí, pero no son los tuyos,

y yo, que los acomodé tantas veces y ahora no puedo,

los veo y pienso que no he leído nada, que soy un absurdo

lector de refritos y estilos ya superados. Ahí están, esos libros

que también están en la casa, que hablan de ti, que dicen

Margarita. Y las fechas y las vivencias me dicen también

que amigos llegan y otros se van, pero tú, ahí, los libros

las novedades repetidas en las librerías de viejo.

La tradición de adquirir ejemplares buenos me es dudosa.

No soy un buen coleccionista, pero te veo todo el tiempo,

leyendo esas novelas o poemas o ensayos o lo que sea

que leías cuando eras joven y radiante y entregada y eras tú.

Contra el polvo de tu biblioteca, ahora mal acomodada,

yo he traído a los españoles que quizá hubieras reprobado.

También he escrito y escrito y escrito y como tú no publico.

Pero no es el fin del mundo sino el fin de tu neurosis viva en mí.

No es más que eso y creer que un día pude entender algo tuyo

pero no es eso sino los años estos sin ti que so yo todo el tiempo.

Dicotómica

Lo que pasa es que no existe el olvido. Ni mi memoria es lo suficientemente fuerte ni prolongada ni tampoco es posible mantener el acto evasivo de la realidad. Si la función de la escritura es la memoria, su virtualidad es una configuración para iniciados. ¿En qué pensaban los griegos cuando hablaban de gramática? ¿En qué los latinos cuando hablaban de literatura? ¿En qué es posible descifrar los garabatos de un acertijo alfabético que no rompe el surco semántico de la inmediatez? La memoria tampoco existe, ni la pertinencia dicotómica entre la omisión y el recuerdo. Por eso se trata de rituales cuando se trata de repeticiones. Por eso las normas y los reglamentos de la organización colectiva. Contra los vientos novedosos la cima de las auroras históricas y las eras desprestigiadas de la humanidad.no es tan simple imaginar el muro de los lamentos sincrónicos

¿Falacia? ¿Constricción? Perpetración atómica entreverada: símbolos colapsados y el ojo vidriado por una lágrima. Rotundo fracaso, memoria-olvido. La historicidad es proclive a los años luz de distancia que oscilan entre las galaxias próximas a los desencuentros extrasensoriales. ¿Extrasensorial? La vainilla natural, el cultivo de tabaco, plantaciones de caucho, no sé, invento cada vez un escrúpulo sociológico interrumpido. Desistir de las canciones y los amigos, abrir una trayectoria entrecortada a la repisa de los años. Esquemática torre de libros viejos, esquemática de una heredada estructuralidad falaz, estructuralismo francés, colonialismo intelectual, academicismo de principios del siglo XXI, demasiada ciencia ficción rusa, escasez de un proyecto desobjetivador del materialismo histórico: antagonismos generacionales. Cimarronaje ideológico, astucia de maquinista del trenes del siglo XIX, galope de indio sioux con rifle al costado, imaginario de Lewis Henry Morgan y el evolucionismo de Herbert Spencer. Platos sucios en el fregadero. Escribir, mucho más que un impulso por enaltecer un efigie del tiempo. Redactar, colapso de terquedad hostil. Fatalidad sincrónica de la diacronía universal. Univesalismo y tendenciosa fenomenología del acento castellano. Longitudes recorridas entre los signos arbitrarios del otro vuelto ninguno, diosas prehelénicas sucuben a lo presente y el cuerpo de Adonis es una escultura falsa de David. No es para menos, siempre que se olvidan los autores y las corrientes. Está demás mencionar a la quebrada línea de escuelas faltas de sentido: Fernández Retamar lo había impugnado en los setentas pero mucho más allá de la grandeza poética del genio uruguayo, mucho más allá de la prosa gentil de London o de las pesquisas durkheimnianas sobre la religión, mucho más allá del atisbo longitudinal del presente colgado al retrete de fin de siglo, hay una especie de aroma que se impregna en todos los días que es siempre desigual pero no confunde el atardecer con el oscuro pasaje de Avellaneda en Buenos Aires.

lugar común del intelectual del siglo XXOlvido-memoria distancia dicotómica. Pocilga tenue el ocaso cansino de autores que se vuelven canon. Eso es. Y pensar que a la distancia todo es siempre la misma reproducción social de la que imaginé hablaba Lévi-Strauss aunque no pudiera afirmar nada menos que el testimonial progreso de la decadencia. Arbitrariedad: diremos que no escribimos en ninguna parte y que no publicamos en ningún lado, es más, no nos diremos escritores. Porque ¿a caso el hecho de encontrar la ruta de investigación de tres siglos de crítica e historia literarias son avales de un pensamiento congruente con el presente? Entonces, a la intemperie de lo institucional, el naufragio no es tan grave.

Recordatorio en retazo

Contra la espiral del viento

el mirar los viejos años

como cangrejo muerto y mutilado

la playa de los recuerdos testifica

cadáveres de amistades y romances.

El viento son los vientos de la espiral

imágenes recortadas a las infancias

cristalinas en tránsito de películas

como el beso de despedida de dos novios

el domingo por la tarde, novios de 15 y 14 años.

Redonda esfera la espiral, el viento, el polvo de la vida.

Cantar del horizonte torrentes torpes de ayeres.

Círcularidad galopante y el atardecer que vuela a la cima.

grassandfinger

 

Memoria 3

Todos mis falsos poemarios

son tuyos

sin ti

por ende

mi falsedad

no es poesía

eres tú

donde quiera que estés.

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Memoria 2

Esa ola del pacífico mexicano

esos besos, esa botella de mezcal

habitan un rincón del verano de hace 13 años.

Los días y las lluvias resisten.

Los pescadores hablaban con nosotros.

Esa casa de campaña, ese mirada tuya,

ese desvelo de fiesta, aquí están.

Como un romance de estudiantes de antropología.