The trash camp of porn-narcotic capitalism

 

We deserve what we have

now, then, every day: here

some people watched an eagle

raised over a nopal, eating

a snake. It doesn’t matter,

not anymore. We, all of our

sons and childhood, are lonely

here, with God, forgotten

us by the way.

Our women are slaves

our people are slave too.

We lived among trash

made by flesh, by blood,

by injustice, by drugs

and comercial sex,

but we deserve

all that, we deserve it, since

the beginning of times.

Our country

has been always destroyed,

their people has always been

slave of others: catholics,

europeans, creoles, americans,

they come and they take everything

leaving nothing —nothingness—.

They come

and bring diseases, they bring

machines, they build their empires

with our strength called people, with

our fertile camps, with all that

we can give to a capitalism

way of History —way of life—.

We loose

every year, every sun, our honor,

here, selling our lady, their sex,

selling our country, our beaches

and corn grains

and our genetic legacy.

It used to be different.

A country between rivers is my country

and is the trash camp, blacker than darkest

nigger slavery times: the machinery

is called porno-narcotic capitalism.

An this lyric verse, a rehearsal of

solitude, is an ethnography of

shaped moments, of shaped

garbage all around us. We really

deserve what we have, this punishment

of times, this unfair tale, this

explosion, this explosive way of kill

our equals, of abuse our women,

of destroyed infancy with cola and burgers.

We deserve it, it’s unstoppable the destruction’s

breath that climb over us every day,

torturing what we won’t never reach.

So we are workers of death,

always this death jumping and smiling us.

Our tears are made of ancient violence,

and today violence, that get into our lives,

is a self image concerning the eternal punishment.

Our people lives with a new life’s hope,

always, like a donkey running behind a carrot

attached on his head, unreachable, always,

the happiness. Some others go away of this hell

and they promote interpretations about it,

even if they don’t live it. It’s a hell, always

the hungry beating our appetites of being.

Nothing will be sacred here,

for no one, not for me. We walked

and lived among the historic garbage

of others. The big loan for us

is to live and smile and hug our loved woman.

But is the false time of mirror

what we see, because we are condemned.

Here, where others will be remembered,

we don’t have any change of being someone,

we just pass away, leaving an ashes path:

our memories birth from the shadow

of our hope. We can’t even cry

and we deserve what we have:

this amusement park of injustice,

this exploded society, this portioned

believe that identify us with

all kinds of fanaticism. So we are

always the losers, the salt sculpture

diluted by the water of assassins:

a destiny bloodhood flood

named Mexico, the trash camp

of porn-narcotic faith in this late

capitalism way of living.

 

La muerte en la patria del nopal

Verdad también

hoy morir

por falta de esperanza

morir

también

verdad

el luto nacional.

También acierto,

nítido funeral,

el campo santo de mi país.

Silencio, ronda completa

esta flama mortuoria

nuestro presente en cada esquina.

mitocondrialidad-poeticogramatofisica-2

Improvisación lírica

Quedo destartalado

como camino llovido.

Es un talud de emociones

mi rostro, compaginación

estéril, visión estrecha

de los anteriores mitos.

Torcedura desierta

este verso no medido,

poética de lo insalubre

el rincón donde Borges

o T.S. Eliot no son abiertos.

Pérdidas, siempre, en el

mercado de las emociones.

Farandulera mi mano,

redactando pocilgas

dentro del cubo infinito

del atrofiamiento político.

Todo fuera como la percepción

de la célula, pero no es más

que la putrefacción del ego

lo que promulga la ausencia,

esta que sorbe las babas

del tiempo, entre extravío

y sueño quebrado de nostalgia.

celula

Así era la cicatriz

Enfermedad y resto

locura siempre

el átomo insuflado

de dolor y soledad.

Locomotora de silencio

llamar al ocaso mitad

del ser y ser mitad

del horizonte, certeza.

Líquida marea espiritual

esta alma en grisura tersa

llamada a testimoniar

el paso de los astros.

manopla

Desgano animado

Porqué una vez contaron

los corales del océano,

una vez predijeron

la temporada asesina,

una vez fecharon el ciclo

de la mutación. Sombras,

nos invocamos en silencio,

el torpe residuo del enajenante

dogma, si quebranto fanatismo

si dicha desdén, jamás incertidumbre.

Los rincones esbeltos del ser,

una configuración autómata,

lengua y cicatriz, parco romper

las hojas del abecedario,

inflexión y supura, ver encandiladas

las avalanchas del sentido. Atrás

nuestro plagiar los días y el fracaso ajeno,

propiedad y dureza, esta marea de papeles.

bingo faces2

Generación imaginaria

dilusion2

Arrinconar el aliento

al paso, los cansados

mantras invocando

el ardor de la eternidad.

Lacustres monotonías

este mundillo perecedero.

Memoria, si de fragilidad

tiento brote y colapso,

arbusto imaginario

del paso del tiempo.

Nos esconde una figura

la esbelta nomenclatura

del tiempo, nos induce

a la guerra el soplar

las velas del cumpleaños.

Si de mentira certeza

constricción volitiva,

la duda nos carcome

como ácido y somos

el terreno del oxido generacional.

dilusion2

 

 

 

 

 

 

Irreverencia poética 10

¿Pensamos en el fin

como un voz que abre

el agujero del soñar?

Nos inculcamos panfletos

y denigramos el día,

pero decimos: ¿acaso

las nubes irradiarán las señales

del universal salto? Pensamos.

Entonces los días abren el corazón

y por la rendija amorosa,

aliento y cosmos compartido,

indagamos el signo atómico del ser.

Irreverencia poética 10

Revolver

Hacemos un cucurucho

nuestra memoria

porque incendiamos

infancias, almas y quebrantos.

Desde el rincón y pocilga

del nombre, atisbamos silencio,

otredades, famélicas discusiones,

contaminando siempre

el verde aliento

con la fibra rasposa

de la razón. Y mentimos.

Cada vez inmersos

en azarosas ramas

olvidamos las caricias,

los sábados en la tarde

y el tierno remanso de un sofá,

nos adentramos,

como pordioseros en la calle,

en una turbulencia

mitad lápida de imágenes

mitad faz destruida del presente.

Caemos siempre dentro

la senda del equívoco,

erramos los cariños y mimos,

dedicamos horas a la infamia del ego,

como migración de patos

nos vamos a pasar el invierno

a un cuerpo menos hostil que el nuestro.

 

Algo más de Margarita Urías Hermosillo, que la interpretación de su episodio guerrillero

Somos tres hijos de Margarita Urías, Emiliano, Luisa y yo. En años pasados me dediqué a realizar un compendio de obras dentro del archivo de mi madre, documento aún inédito y que esperamos sea publicado por la Universidad Veracruzana en fechas próximas. En 2010 mi hermana Luisa desarrolló un proyecto creativo multidisciplinario, basado en teatro, un libro y diversas plataformas, donde reconstruyó, junto a su equipo Lagartijas tiradas al sol el peor momento de la vida de mi madre: su participación en el movimiento guerrillero chihuahuense de los años sesentas del siglo pasado. Y más allá de posibles reproches o reclamos entre Luisa y yo, ¿qué sí hizo Margarita Urías Hermosillo? Además de su trance frustrado en la guerrilla ¿cuáles fueron los logros de esta mujer de la segunda mitad del siglo XX mexicano? Fue madre, fue maestra, fue investigadora, fue intelectual, fue sindicalizada, fue en muchos sentidos un mujer completa en su incompletud. Y lo que sí hizo fue dedicar su vida al personaje veracruzano Manuel Escandón, fue devanar la trama de la construcción de la nación mexicana en el siglo XIX, fue indagar la historia económica y social del desarrollo de la burguesía mexicana, fue también una mujer arduamente trabajadora, excelente compañera y amiga, muy buena escucha, que disfrutaba sumamente escuchar a Bob Dylan, los Rolling, Janis Joplin, Pink Floyd y otras tantas bandas musicales. Era una apasionada de los deportes, le fascinaba ver las olimpiadas, las finales de fut bol, tanto soccer como americano, le encantaba el patinaje sobre hielo y cada  que podía seguía la trama de las novelas de moda. Y se sumergía en los archivos históricos mexicanos, la colección Lafragua, el Archivo General de la Nación, el Archivo de Real del Monte en Pachuca, archivos notariales en Chihuahua y otros sitios, siempre con el firme compromiso de su hacer en el mundo, de su acto-existencia.

Uno puede buscar en internet Margarita Urías Hermosillo y notará de inmediato que no hay un artículo de Wikipedia que hablé sobre ella, que las noticias que remiten a esta mujer mexicana son mayoritariamente las referentes a la obra teatral el Rumor del incendio. ¿Qué más hay de ella en internet? Localizar las huellas de una mujer que no vivió la transición a la hypermodernidad digital es una tarea compleja, pero factible. Recientemente, más o menos hace un año, la revista Nexos publicó, en sus versión cibernética, la edición de agosto de 1979 de su revista, donde aparece el articulo de mi madre México y los proyectos nacionales, 1821-1857. También en línea se encuentra el libro de Patricia Arías donde colaboró Industria y Estado en la vida de México, editado en 1990, apareciendo su artículo El Estado nacional y la política de fabricar fabricantes 1830-1856. En el portal de Researchgate.com aparece su revisión historiográfica Los estudios económicos sobre el siglo XIX, trabajo de la década de los setentas. Además, desde la revista Historias del Departamento de Estudios Históricos del INAH, está disponible su artículo Militares y comerciantes en México1828-1846: las mercancías de la nacionalidad. También puede localizarse con facilidad una nota de 2002 donde se ofreció un homenaje a Margarita Urías, en Xalapa, a 2 años de su muerte, ocurrida en el año 2000. Igualmente debe mencionarse su aparición en el portal de la Red Nacional de Investigación Urbana, donde figuró en distintas publicaciones y cuenta con un perfil propio, recordando que fue parte del consejo editorial de la revista ciudades.

Todo esto puede ser parte de una hazaña de reconstrucción de la vida profesional de mi madre, Margarita, a quien merecidamente le deberíamos hacer justicia intelectual, profesional y académica. Esta breve semblanza de sus cosas en internet intenta dar cuenta de una ausencia más en el siglo XXI mexicano, para mí la de mi madre, para la sociedad mexicana, la de una mujer única, combatiente, inteligente, mordaz, astuta y decidida.

 

 

Enlaces de interés sobre Margarita Urías Hermosillo en la red, búsqueda somera e incompleta;


Revista Nexos: México y los proyectos nacionales, 1821-1857 
http://www.nexos.com.mx/?p=3407 

Libro Industria y Estado en la vida de México: El Estado nacional y la política de fabricar fabricantes 1830-1856 https://books.google.com.mx/books?id=23ukkASt9nIC&pg=PA119&lpg=PA119&dq=Margarita+Ur%C3%ADas+Hermosillo&source=bl&ots=zBb_NgZK5e&sig=o4thgHGCwZwQRaXh9cyzQb4Xgq4&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwjdlL74rpTMAhVoyYMKHcd7B0gQ6AEINTAF#v=onepage&q=Margarita%20Ur%C3%ADas%20Hermosillo&f=false

 

Los estudios económicos sobre el siglo XIX https://www.researchgate.net/publication/31710198_Los_estudios_economicos_sobre_el_siglo_XIX_M_Urias_Hermosillo

 

Revista Historias, DEH-INAH: Militares y comerciantes en México1828-1846: las mercancías de la nacionalidad http://www.estudioshistoricos.inah.gob.mx/revistaHistorias/wp-content/uploads/historias_6-49-70.pdf 

Red Nacional de Investigación Urbana:

Revista Ciudades:

1) http://www.rniu.buap.mx/edit/revistas/revistas1.php 

2) http://www.rniu.buap.mx/edit/revistas/revistas1.php

Más de la Red Nacional de Investigación Urbana:

http://www.rniu.buap.mx/edit/libros/libros.php

Perfil en RNUI: http://www.rniu.buap.mx/ficha/ficha.php?nombre=URIAS%20HERMOSILLO,%20Margarita

Nota del homenaje en 2002 a Margarita Urías Hermosillo:  https://www.uv.mx/universo/85/infgral/infgral21.htm

 

No poesía

Esta cadencia monótona

no es rima ni verso

no es nada descriptible o soleado.

Todos los días grises de la vida

conspiran porque hoy es más rancia

la existencia, porque encima

de las lucubraciones indagatorias

-esos rumores de muchedumbre

hostil al tacto de la mañana- canta

una perla de silencio las agonías anquilosadas

de la demiurgia del ser: todo un envase

demacrado por el cartón del alma.

Enquistada la vista, remite a una rama

torcedura del árbol del conocimiento,

pero entre las acciones del ayer

navega torpe el cansancio del mañana.

Esta monotonía que no es poesía

porque la rima golpea, es el tedio

del acto más torpe del mundo:

la verbalización de un estado mental

raquítico, que deviene una llamarada

de aburrimiento continuo todas las tardes del sol.

Micro estridencia panfletaria de una apología al frijol enlatado

No podemos intuir que las semillas germinadas en nuestra infancia perduren todo el tiempo. Pero cuando disponemos la olla exprés y colocamos frijoles ¿olvidamos su metafísica, ósea nosotros? Redoblamos los esfuerzos por conquistar las cumbres de la fama y del éxito y acaso no podemos degustar un bisteck a la mexicana con sus frijolitos y unas tortillitas de mano. Es por eso que cuando llega el momento del chile, oh chile picante, redondeamos nuestra lengua y el paladar zurce el picor inmanente. Porque una vez creíamos que la política se refería nada más a votar y someter a la anarquía el sistema, pero en la olla exprés, en los frijoles, está la revolución. El afán localista, mexicanista, remueve los torpes caireles de las señoritas que dicen: no como frijoles, me producen pedos. ¿Y no es un pedo un síntoma de estar vivos? Olvidamos por completo que si bien el rechinar de las llantas en las calles empedradas es una oda a la magistratura del conductor, nuestros días inmiscuidos con hombres, mujeres y personas -seres de inmensa pluralidad- es una fórmula mágica que nuestra tierra del nopal nos proclama cada vez que decimos en las comidas corridas: ¿tiene frijolitos? ¿Dónde quedó la estridencia? Precisamente en eso que brilla cuando nos enfrentamos a la vida, a la ardua labor de mantener el paladar con el tacto y el gusto inoculado de sabores. Porque no podemos rechazar tortillas de mano, porque amamos el maíz, porque nosotros inclusive distinguimos socialmente a los que comen de los que no comen frijoles. No podemos generalizar, pero ¿cómo viven en otros países sin maíz y sin tortillas? Vamos, se trata de nuestra raíz mesoamericana, de nuestra herencia cultural más prístina, de la raigambre culinaria que nos dota de sentido. Comamos frijoles entonces, no los olvidemos ni con el chilito relleno ni con al arrozcito ni con nuestras tortillitas, por favor, promovamos las enfrijoladas -rellenas de pollo- y conquistemos, gradualmente, la metafísica de la olla exprés. Y si nos creemos autosuficientes, migremos a otros países con nuestros frijoles enlatados o envasados, plastificados, porque no dejaremos de ser mexicanos si vivimos en Andalucía o en Wisconsin o en Sao Paolo o en Lima o en Winnipeg o en Sidney o en Viena o en Edimburgo o en el lago Victoria o en Deli. Vivamos la festividad del frijol, llevémoslo con nosotros a todas partes.

Después de leer una tesis doctoral

Qué grata sorpresa

encontrarlo todo,

ese todo que es mi nada

objeto de estudio, sucinto,

pulcro, amplificado y radiante.

Qué asombro y proeza

la discursividad del pasado,

los hombres, las obras,

las interpretaciones,

atisbo de colecta bibliográfica,

más que un rescate una pieza

del conocimiento necesario.

Deseos que ahondan mi ser,

la llamada a profundizar

el entramado libresco:

neoclasicismo

ilustración

siglo XIX

prensa

periodismo.

Indisociable de mis criterios

esto que leí me cimenta,

desbroza mi camino, me alienta.

Soy feliz con el trabajo de las ideas

y me doblego a la fascinación por conocer.

 

Pedro Henríquez Ureña quote

“El desorden político, llevado al punto del desconcierto en 1808, había de traer la revolución; y México, como todos los países hispanoamericanos, hubo de surgir a la vida independiente cuando la decadencia de la cultura le había restado fuerzas intelectuales de organización.

Literariamente, los primeros veinte años del siglo XIX en México son pobres, pero de grande interés por su significación social, y sobradamente justifican cuanta atención se conceda a sus producciones. Éstas, por lo demás, eran abundantísimas en cantidad; y si bien para el propósito de dar idea de lo más característico de ellas bastan los pocos autores de quienes hemos escogido textos para esta primera parte de la Antología, el carácter histórico de la obra exige que se dé noticia de otros muchos escritores de la época que estudiamos, tanto mexicanos como extranjeros. A ese fin responde el presente índice biográfico.

Nota preliminar al “Índice biográfico de la época”, Antología del Centenario, México, 1910, vol. II, pp. 661-665″

Pedro Henríquez Ureña, Estudios Mexicanos, México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. 1984. p. 145.

Vuelvo

Reloj de sol

Descansé un poco de la escritura aquí. Es fácil perder el ritmo, difícil retomarlo. Quizá el silencio tampoco sea una manera apropiada cuando se va construyendo una audiencia. He vuelto, con distintas vivencias, sorprendido por muchas cosas, extrañado, algo cansado. No estoy en un momento bueno, no estoy contento ni me encuentro satisfecho con mi vida, exitosa, triunfante, pero triste y vacía, insípida, acartonada. Y no es para menos. Hace poco decía en Facebook que estoy traumado eróticamente. Podría agarrar este volver como una síntesis terapéutica. No lo haré. Hace más o mens 3 años y medio decidí volver a las aulas universitarias. Estudio historia y estoy en mi proceso de tesis. Si mi traumatización erótica no fuera suficiente, es decir mi incapacidad para tener vínculos afectivos con chicas pero también mi impulso vital obstruido por mi visión necropática de la vida, me arremete la culpa cuando dedico tiempo a este espacio y me digo a mi mismo: debería estar haciendo mi tesis. Voy terminando mis materias y se perfila el final de mi ciclo académico vigente. Me llena de miedo. Y tengo en mente un tema inmenso, novedoso, al cual mi asesor le pone siempre negativas. Y me siento más frustrado, más incapacitado, con menos instancias al diálogo. Vivo ese bloqueo propio de los gremios: parar ser parte de uno debes pasar por sus ritos de paso, conocer sus reglas, aceptarlas, jugarlas, trascenderlas. Y dicen que me paso de inteligente, que abarco demasiado, que no es para tanto. Localizo también mi inocencia, mi indisciplina, mi falta de rigor, mi escueto bagaje intelectual, quizá no escueto, otro, inconexo para una investigación. No es suficiente tener buena ortografía, saber citar, argumentar, construir conocimiento. No, soy un alumno y no puedo tener propuestas novedosas, soy inexperto.

A principios de mes nos fuimos a tomar la foto de generación al puerto de Veracruz. Y yo estoy

En la foto de generación

oxidado, fuera de contexto, distante, haciendo popurris irreverentes de éxitos del momento. En mi país, México, se vive un ethos de descomposición que genera un pathos violento. El ethos se refiere no sólo al narcotráfico, a las negligencias y abusos de la clase política, al sesgo ridículo y obcecado de los medios masivos de comunicación nacionales (TELEVISA y TV AZTECA), sino también a la podredumbre de un tejido social históricamente construida, al retorno del Revolucionario Institucional a la presidencia, a la reformulación saqueadora del hipercapitalismo global inserto en estas tierras. Todo esto se puede sintetizar en la expresión personal de que México es un rancho, el rancho nacional: la ley de las armas y del más fuerte, las correrías y corruptelas como sistema operativo en todos los niveles sociales, el conservadurismo religioso, fanático, el etnocentrismo racial, la discriminación y los ataques constantes a la población femenina no hablan más que de este ranchito, donde todo se arregla a pistolazos o con fajos de billetes, donde no hay derechos humanos en la práctica, aunque si en las leyes, donde la democracia es una farsa teledirigida de sostenimiento del sanguinismo político. A principios de mes nos fuimos a tomar la foto de generación, ¿qué le interesa a los jóvenes? Todo es broma, risas, chelas, alcohol, sexo, o conservadurismo, moralismo, recato, no sé… ¿Y yo dónde estoy? ¿qué soy? ¿en qué dimensión social puedo integrarme?

Rinconcito donde hacen sus nidos las olas del mar, Agustín Lara.

Estoy traumado eróticamente porque ya no distingo ni aplico ni consecuento las formas eróticas, en un sentido abstracto y concreto, las formas en las que el amor se expresa. Ya no percibo el amor, ya no lo identifico, ya no lo puedo nombrar, no puedo referenciarlo ni tampoco puedo seguir los flujos amorosos. ¿Qué es el amor? Y quizá no sólo debería leer a Stendhal.

Mosaico También Ignacio de Luzán habla del amor en su Poética. ¿La calidez, el abrazo, el beso, la ternura, la vida, el sol? Todo me remite a la biografía de Mozart que leí a los 16 años, a la división nietzcheana entre lo apolíneo y lo dionisíaco: http://es.wikipedia.org/wiki/Apol%C3%ADneo_y_dionis%C3%ADaco 

También Ignacio de

También Ignacio de

Estoy en medio, entre la luz y la oscuridad, pero dentro, vive una tundra inmensa, tundra de desamores, de desencuentros, de rabia y odio, de veneno, de envidia, de dolor, de fracasos y tristezas. Tundra porque mi corazón me resulta una gélido páramo. Por ello mis traducciones intelectualistas, mis fórmulas retóricas torcidas, espasmosas, lúgubres a veces, y otras desangeladas. Fisiológicamente mi esquizofrenia lo explica todo, mi depresividad constante, mi aislamiento, mi tabaquismo, la sombra que soy del adolescente radiante que era derpotista de alto rendimiento, la sombra de los flashes de mi psicodelia personal, ese pasaje mío turbulento, turbio, ese residual estrato psicótico, ese desorden de la razón, de la mente, los senderos transitados del laberinto del desquicio. Y yo estoy ahí, no aquí, estoy allá, no acá, sin pertenecer. El trauma erótica es eso, la actitud de abandono, el miedo a brillar, el terror al mundo, a las personas, a los juicios. Mi sensación es de un histórico rechazo a mi persona. Y aquí estoy, escribiendo, vomitando quizás, pero por encima de todo el telón de los años, 33, la edad de Cristo. Entonces el abosultismo mental de mi presente es lo imposible constante.

Estoy en tránsito y vuelvo aquí, a ser un rincón, a ser una aire, a ser letra.

 

 

Crónica de una espora existencial

juventud deportivaNo puedo trascender mi tabaquismo en tanto representa una dualidad inexpugnablemente rotunda. Es decir, vivo la degradación de un deportista caído en la drogadicción y los vicios, algo bastante común. De hecho lo que sí trascendí fueron las substancias, pero no el tabaco. Y la relación con mi pasado deportivo me atormenta cuando veo a los maratonistas, esa moda deportiva, saludable, no sé, es un tormento. No pretendo ir al gimnasio y dejé pasar mis mejores años juveniles en los infiernos artificiales del floripondio, los psicodélicos, la mota, en fin. Y mis padres, que vivieron el auge y el boom de la experimentación con substancias, son ahora un algo indefinible. Una muerta, el otro cambiado, no sé. Al ser parte de la clase media mexicana no me atrevo más que a sentir un cierto rechazo de ese grupo al que intenté pertenecer y del cual nunca me he sentido parte. Y en cambio, en donde no pertenezco es de donde provienen mis mayores problemas emocionales. Esa clase media, donde es deseable usar drogas, donde se cultiva el libre pensamiento, donde se está en contra del gobierno, donde se busca que todo joven sepa conducir un auto o sea alternativo, donde se ejerce una crítica feroz, mas a veces inconsecuente, es esa clase media a la que pertenezco por naturaleza. Y el conflicto, existencial, es quizá el trauma de mi madre nombrándome burgués todo el tiempo o el de mi padre diciendo que no era suficientemente bueno para hacer las cosas. Y me refugio han sido libros e ideas, licenciaturas inconclusas, pero también la vivencia expedita de mi juventud rebeldeautodestructividad, de mi deseo, tanático desde la postura del psicoanálisis de Erich Fromm, de matarme o aniquilarme o simplemente vivirme como un guerrero derrotado, humillado, avergonzado, sacrílego, profanador, inútil. No hay un intervalo propio de la decadencia ni una desfiguración completa de mi yo interior ni exterior. Y esa clase media, que pulula en este país golpeado, tampoco me alienta a crecer, aunque hay excepciones. Lo degradante no fue mi renuncia a la vida, a la luz, a la grandiosidad de una salud y un equilibrio. Lo degradante fue asumir mi renuncia a ser feliz, a sonreír, y naufragar completamente en la tristeza, en el abandono, en la melancolía, en la nostalgia, en el blues asombroso de no sentirme parte de nada. Y poco a poco voy retomando un lugar en el mundo, poco a poco vuelvo a ser alguien para los otros. Pero ¿cuánto tiempo fui nada para todos? No es mucho menos que la traumática vivencia de una familia de clase media, con un divorcio a cuestas, con la incomprensión de dos o más sistemas simbólico-morales. No es más que mi esquizofrenia y mi afán por denigrarme a como dé lugar.
juventud musicalSoy un joven que intenta practicar la cultura, la escritura, que intenta ser alguien en el mundo, cuando el mundo es un desquicie completo. Y sí, no leo los periódicos porque no creo que el mundo del ser humano vaya a cambiar, no creo que exista utopía alguna por la que valga la pena enarbolar una lucha, no creo que sea posible la transformación, no creo en los transformadores, así como no creo en la eternidad ni en la religión oficial ni en “las alternativas” juveniles o jóvenes. No creo porque sé que provienen de esa clase que me despojó toda la vida, porque sé que muchos lo que buscan es protagonismo. Y yo prefiero ser protagonista de mi construcción y busco protagonizar mi existir. Y mi existencia, plagada de contradicciones, no es sólo una verbalidad confusa, no es sólo un deseo de ser nombrado o ser un alguien, personalidad o personaje, no, es también sentir la lluvia después de ir a comprar cigarrillos en la noche. Y sí, todos esos rebeldes mexicanos parece que sólo buscan una moneda para beber cerveza o mezcal o algún otro tipo de alcohol o fumar marihuana o ir a comer hongos alucinógenos en primavera o pretender participar del ritual del peyote y en el mejor de los casos serán ellos los que lideren y comanden y tejan la urdimbre de un futuro ya de por si podrido y descompuesto porque al final todo es parte de una humanidad desvencijada. Ya lo planteaba yo hace 14 años en una clase de antropología mexicana manifestacion juventud rebeldeen la Universidad Autónoma Metropolitana. ¿quién eres tú como antropólogo o como ser ajeno a un lugar para decir lo que es deseable para otros? Mi conflicto ético, desde ese punto comprendido como la incapacidad, no sólo empática sino moral, de adjudicarme pertenecer a algo que me es desconocido histórica y socialmente. Y no es el EZLN o los defensores de derechos humanos, no es mi mutilación emotiva ni es tampoco la especificidad de mi posible indiferencia. No es eso, porque la realidad no es tan simple como decir: lucho por ti, para ti, cuando veas estarás muerto o derratado y yo en el puesto institucional; no es vamos a luchar pero los tuyos moriran; no es hoy soy ideológicamente contrario, pero fomento el consumismo drogadictivo; no es seamos comunales, juguemos, vivamos, compartamos, pero mira, mi nombre aparece y el tuyo no; no es estar en contra de la cultura oficial y convertirse en una personalidad orgánica; no es estamos juntos pero en el negocio yo gano, tú mueres. Escribo esto como mecánica rota, desde mi evasora circunstancia. No es simplemente estar a mitad de una pugna transgeneracional, no, no soy el estandarte de ninguna novedad ni de ningún cambio de tampoco puedo asumirme como un transformador o como un luchador social. Nada de eso. Nada de eso es viable porque yo no comprendo ni puedo empatarme con esa clase media que se asoma al jet set y que dice luchar con el pueblo.

Vivir no amerita engañar con el fin de ser alguien en el mundo ni tampoco vivir engañado o en el engaño.

 

Triangulación inservible

Osadía el acto de envolver regalos

por los tendederos de la existencia.

Canto, atropellada la dicha,

todas estas canciones de la psicodelia

argentina y sus alfajores y la misa dominical.

Los arrecifes de libros en las tiendas de San Telmo

los croquis de fiestas alocadas

los paseos por la Recoleta

eso que es una imagen gris y diluida:

un día hablamos y creímos ser amigos,

pero no sabíamos que a cambio de nadie

estábamos haciendo una costra almidonada:

la costra es nuestra olvidada sirena porteña.

El viaje, largo, a DF. Coyoacán. No sabía

que era factible asirse a los polvorientos cantos,

pero es osado envolver regalos cada navidad.

Dicen que existe un conocimiento popular

digo que los ácidos del vinagre van bien

con betabeles y lechuga romana. A cambio

el vuelo y el jet lag y el aroma aún del bife

en la parrilla de San Telmo, las mujeres,

los carniceros y esos taxis negros y amarillos.

Recuerdo de Puebla de los Ángeles, fastidio

eclipsada la tostada de pata de marrano en el mercado.

Sonámbulo es quien cocina longaniza por si a acaso.

Pero en el recinto barrial el líder sindicalista: charrismo

no sé, imagen de los anarquistas de la década de los 20.

Siglo XX. Tentáculo que eyacula palabras: aneurisma política.

Porción de estigma esa cruda ventana abierta por la tarde

con el atardecer a cuestas y los lingotes en el banco

todos tostados de oro y maciza precisión kilogramática.

Esos tangos de Gardel son también los torrentes

de mis abuelos y mi pasado. No sé por qué

pero la globalización ya existía, todo eso fragmento

e imán, por ello no dejo de creer que el triángulo

lo completa La Habana, no sé, a cambio

envolver regalos en navidad y en el cumpleaños

tremebunda osadía, quién sabe, ¿es hora de salir

del bar porque la chica que me corteja

quiere sexo desenfrenado, es eso?

Porte pagado, envío de paquetería. No sé. Alfonso Reyes

eso es un tropel de enemigos literarios.

Cinturones de polvo y de pobreza, el cine, eso mudo.

Imágenes que no promulgan el instante. Caireles de diva

del cine de oro mexicano. Hollywood, el mismo trauma,

todos los días son buenos para increpar a la osadía

de envolver un regalo. Por la rendija en la calle es de día.

Aquí es la noche la que incita, ¿qué incita? No sé, ¿pregunto?

Palabrería que no llega a verso ni versificación.

Esplendoroso tazón con espárragos humeantes en la cena diplomática.

Torcidos los tobillos de tanto baile. Acaso es eso.

Esto que es un eco de nadie es nada, nado. En esa piscina,

escribí la comisura de nuestros besos, pero es tarde.

Te has ido ya, vete, no sé, Alfonso Reyes y los enemigos

literarios, intelectuales, ¿amigos? ¿dónde? Paraíso no, Paradiso.

En fin, triángulo hispanoamericano. El foot ball también existía.

Contra bajo de Pérez Prado. Mambo. Por esa psicodelia argentina.

Tango feroz, tango, tango, bife de chorizo, entraña, mollejas.

Papeles periódicos inútiles en la ventana.

La colección completa de Bob Dylan es una reminiscencia.

Tostada de pata de marrano en Coyoacán. Falso protagonismo.

Aquí, ahora, envolver un regalo, no interesa el ahumado del salmón.

Ya olvidé que es tarde para ser alguien en este mundo.

Silvio Zavala quote

“Lo que ocurre y debe quedar en claro es que el descubrimiento logrado en 1492 abre una fase nueva de la historia universal en la que hay múltiples hallazgos, encuentros e intercambios de los que emerge el mundo que conocemos. La empresa de Colón no fue la primera ni la única del ciclo de los grandes descubrimientos, pero tiene su significación propia que merece ser recordada con primacía, como lo propusieron inicialmente y lo vienen cumpliendo las instituciones culturales españolas, acompañadas por las portuguesas italianas y de otros países, al mismo tiempo que lo hacen las de los pueblos iberoamericanos. Recordemos que Gómara, con amplia mirada que envuelve a la historia universal, retenía que el hecho del descubrimiento del Nuevo Mundo era: ‘la mayor cosa después de la creación del mundo sacando la encarnación y la muerte del que lo creo’. Grandes espíritus han continuado esta línea de pensamiento hasta nuestros días.”   Silvio Zavala, Ensayos iberoamericanos. Universidad Autónoma de Yucatán, 1993, p.10.

No siempre la vida te da otra oportunidad

Mi país está en guerra, humeante, descontento, dividido. Circunda aquí una especie de dolor que avasalla todo. Algunos deciden luchar de distintas formas, otros mantienen el status quo, otros viven al día o ni siquiera eso. Estado de crisis mucho menos que derrota de nuestro legado generacional: opresión sistemática, iniquidad en la distribución de la riqueza y las oportunidades de crecimiento y desarrollo social e individual, explotación desaforada en todos los niveles, falsificación cotidiana de resultados gubernamentales y de la realidad vigente, legitimidad del criminalismo como vía vital, legado todo esto del siglo XX nacional mexicano. No soy un analista político ni tengo conocimientos suficientes para demostrar mi particular punto de vista. No leo los periódicos. No soy luchador social. No soy parte de ningún partido político. No profeso ninguna religión. No creo en utopía alguna ni en la posibilidad de realización de un proyecto humanista de sociedad. Mi esperanza no está fincada, si hay alguna en mí, en la alternativa de modificar un ente podrido como es México, México y sus mexicanos, yo entre ellos. La podredumbre social asume el deplorable ethos nuestro, expresado en fanatismos, racismos, clasismos, sexismos, dogmatismos, anacronismos y muchas otras formas de enjuiciamiento dudoso que son la argumentación evidente de la retrovolución histórica nacional. Retrovolución que implica el desarrollo neoliberalista y el desfase de su proyecto y de los sujetos que lo encabezan con respecto a una población global que parece cada vez más anónima, famélica y objeto directo de sometimiento.

México y los mexicanos estamos podridos: creemos que por tener deportistas destacados a nivel internacional nuestro país es otro, creemos que por tener instituciones educativas, cada vez más de orden privado, con cierto reconocimiento nuestro país es otro, creemos que por participar de las migajas del proyecto de modernidad occidental nuestro país es otro, creemos que por reconocer nuestra diversidad cultural, étnica y lingüística más que nada, nuestro país es otro, creemos que por tener intelectual, académicos y escritores premiados en el extranjero nuestro país es otro. Sin ir más lejos, creemos que por alzarnos violentamente nuestro país es otro o que por ver televisión satelital nuestro país es otro o mejor aún creemos que por que el hombre más rico del mundo es mexicano nuestro país es otro. ¿Debería ser otro? No hay duda de que la riqueza del territorio denominado México es inmensa. No hay duda de que los pobladores de este país, al menos los que desean vivir (con un mínimo de dignidad, tranquilidad y armonía), no son parte del proyecto nacional. No es gratuita la farsa de la democracia panista ni es gratuito el modelo de enduedamiento económico. Es más, y eso que yo no fui ni soy parte de los protestantes ni inconformes (no del todo), preguntemos a los mexicanos si se atreven a ver en su sociedad algo más que alcoholismo, machismo y charrismo. Preguntemos a los dirigentes políticos si creen que nososotros, los que nos quedamos aquí después que ellos han saqueado y se marchan a vivir a otros países, qué se siente ver los campos de maíz sin cultivar o a los niños indígenas pidiendo monedas en los cruceros de las grandes ciudades o qué pasa con el equipo medico que es robado por los propios médicos de los hospitales públicos para montar sus clínicas privadas. Preguntemos a ellos si en la situación de sobrevivencia que los que nos quedamos aquí vivimos, ellos podrían pensar. ¿No actuarían ellos en defensa de los suyos? Pamplinas. Se mandan matar unos a los otros, se cubren unos a los otros. Y los que nos quedamos aquí, que no podemos armarnos ni podemos quemar casetas ni tampoco tomar aeropuertos ni mucho pretendernos anarquistas o guerrilleros porque estamos haciendo la vida desde un sitio en el cual sabemos movernos, nosotros que nos quedamos aquí y no viajamos a costa del erario público, que vemos cómo las verdulerías incrementan sus precios, que notamos cómo vivimos en una carencia, que no por ser menos “directos” en la lucha tenemos también nuestros puntos de discordia pero que decidimos persisitir en una forma de sobrevivencia civil, más que en una confrontación que quizá nos lleve a la muerte (biológica, social o moral), insisto, nosotros, aquí (y quizá este plural no deba ser sino yo), nos levantamos en este lugar que llamaron México pero que no existe. Preguntemos a los anarquistas y los guerrilleros donde quedaron sus antecesores. Preguntemos a los artistas si dejan de cobrar su sueldo, si por oponerse al Estado no pagan impuestos ni dejan de comer en restaurantes o de tener seguidores. Preguntemos a los maestros quien fue Ignacio Zaragoza y a los alumnos démosles a leer a José C. Valades. Preguntemos a los comprometidos sociales, a los empresarios, qué pasa con sus vidas cuando esta podredumbre social en la que vivimos los alcanza. México y los mexicanos estamos podridos. Nuestros ghetos diversos no rompen ni conforman un México posible. Porque esos ghetos de la podredumbre nacional son construcciones históricas de la sociedad del siglo XX todo encarnado en la vigencia de lo heredado.

Mi frustración política, ideológica, pragmática, simbólica, afectiva, social, individual, artística, religiosa, incluso mi frustración nacional, no pueden leerse desde una galopante esfera del desfase polisaturado. Mi frustración, mucho más que emocional y psicológica, real, estriba en un problema de referencias: si México existe y los mexicanos existimos, ¿cómo llegamos a estar podridos?

En el año 2000 comencé a “experimentar” con substancia prohibidas por ser parte de un grupo social donde es bien visto, incluso deseable, usarlas. Gradualmente me interné en un infierno de drogadicción. Estuve 10 años ahí. Quedé solo, exceptuando a pocas personas, más bien cercanas y familiares. Pero de los compañeros con los que fume marihuana o me metí cocaína, de los “amigos” con los que subí a cortar hongos alucinógenos o con los que fui al desierto a comer peyote, de esas personas con las que me encerré a viajar en LSD escuchando música electrónica, actualmente aquí, junto a mi, no hay nadie. Desde que se vio que las substancias me hacían daño, me ponían mal, muchos se fueron de mi vida. A raíz de estas vivencias juveniles desarrollé esquizofrenia. Vivo medicado. Todas esas personas no vieron trunca su vida. Prosiguieron. Yo no pude, no aguante. Terminé metido en tables dances y burdeles. Absolutamente solo. Perdidamente solo. Extraviado y solo. Fui un hijo de la chingada con mi familia. Despilfarré dinero. Lastime a mujeres que me quieran para tener una vida en el futuro conmigo. Deje inconclusas 2 carreras universitarias. Intenté ser poeta. Comencé a trabajar y ganar mi propio dinero. Traté de suicidarme. Estuve internado en una clínica psiquiátrica. Me perdí el funeral de personas queridas. Me escondí en cuartos para gritar a la calle babosadas. Sufrí ataques paranóicos, delirios y alucinaciones. Aprendí a vivir en cautiverio, encerrado, aprendí y entendí que no soy libre, que perdí mi libertad. Y despierto al mundo y a la realidad y todo es tan convulso o más pero semejante a mi estado convulso de la primera década del siglo XXI.

Estoy tratando de hacer una vida nueva. Dejé las drogas. Escribo, aunque a veces soy políticamente incorrecto. Tengo trabajo remunerado. He encontrado a personas lindas, amigables y solidarias que me acompañan. Estoy tratando de terminar una tercera carrera universitaria. No tengo novia ni pareja sentimental. Me he reconciliado con la mayor parte de mi familia. tengo 3 libros escritos por mí en un cajón. Y estoy consciente de que la vida no siempre te da otra oportunidad.

 

El rancho nacional

La convivencia entre formas de vida rurales y formas de vida urbanas no debería ser motivo de una aglomerado con denominación de barbarie. Pero el caso mexicano es muy nítido cuando se logra constatar la narcocultural y el afán de los grandes medios de comunicación por instaurar un patrón homogéneo a partir de la música de banda, los impulsos retros calados en la década de los 70’s, pero también en la negación de los movimientos sociales como parte de una estrategia de mitigación y anulación sociales. Desde mi falsa trinchera no puedo dejar de pensar en la nopaliza de todos los días. El rescate del pulque, la tortilla manufacturada, más aún con estos fanatismos acutales y con todo el abismado mundo de las opiniones informadas. El rancho nacional, muy semejante al que planteara Rockdrigo González en el profeta del nopal, no es tampoco un espejismo realista ni de la diversidad étnica o de los problemas del campo mexicano, sino más bien un estereotipo de rancho donde las mujeres bonitas montan a caballo y son líderes naturales, donde los machos predominan y ejercen un falso entendimiento de la diversidad sexual, donde la iglesia mantiene un creciente poderío, donde los papeles protagónicos están definidos por la higiene social y el acatamiento del standar televisado. El rancho nacional es este país hundido, desigual, injusto, donde al luchador social lo matan o encarcelan, donde el crimen rige los designios del futuro, donde los sombrerudos son los patriarcas y señores. El nulo papel del poder civil, coptado por partidos políticos o en la resistencia social independiente, me hace preguntarme si en este rancho llamado México ha cambiado algo desde los tiempos coloniales hasta hoy. Quizá el único cambio es el de los nombres y familias que se han apoderado de la riqueza y el poder. ¡Que viva el rancho nacional!

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