Sincopada inflexión

Marcar la síncopa

es una colorida farsa

porque nuestra musicalidad,

absorto reposo, prefiguró

todos los ruidos urbanos.

Constricción falaz

oh síncopa del corazón

herido, mutación germinal

como del día horario, uso

de la palabra renuente,

razón y prisma, cristalina

oscuridad trasluce nuestra boca.

Emblemas del siglo anterior al presente

nosotros, conquista y trance,

endeble forma, estructura hueca,

demencial vacío de terquedad histriónica.

Perder con el claxon

el detalle sonoro,

síncopa siempre

que te extraños nos dices

algo que fue un tritono del diablo

o una armonía líquida:

la solidez de nuestro oído,

cansancio tumefacto la escucha,

nos invoca a la caverna de artistas

momentos antes del gol definitivo.

otherwaterfallturn

Video poema Licuar el presente

 

Acid bullanga

Venid a la fiesta

del desconsuelo,

tomad píldoras

dolorosas, sorbed

el humor negro,

comprad licores,

enervad vuestro

pensamiento. Saltad.

Gritad al viento

somos robots,

escribid en la tierra,

odiad al género masculino

por encima de toda religión.

Acometed el silencio,

conseguid música, diversión,

excesos, arropad la tristeza

pero no dejéis de reíros

una vez en esta jornada

de bulla infernal. Soplad

los años eternos, juventudes

rotas, alquitranadas, enrrolaros

en el ejército destructivo

del plagio y tomad vuestro genoma

inventado hace millones de siglos

para que podáis triturar los ases

de vuestra conspiración: sucumbid

arrobados al frenesi de la carne,

por el amor de Dios, triturad vuestro ego.

Desde mi memoria musical o la nulidad del sonido en mí

Mi primer gran mentor de la vida fue mi maestro de Tae Kwon Do. Con él aprendí mucha disciplina y a dar karatasos. Pero también aprendí música. Me obsequió, aún en tiempos de caseteras y walkman, unos casettes con distintas canciones. Importante para mi fue conocer por ejemplo a David Bowie gracias a él, pero también otros cosas com o Judas Priest o Yes. Actualmente he perdido mi contacto con casi cualquier expresión musical. Casi por completo el silencio atmosférico se ha apoderado de mis días, de mi presente.

Con pocas personas compartí música, con muy pocas. Incluso llegué a escuchar la discografía casi completa de Pink Floyd antes de que se fuera tan alto, como lugar común, después de Big Brother. Y lo abandoné, hace tiempo, igual que a Talking Heads, con un disco doble bastante bueno en vivo que era de mi hermano Emiliano y que terminamos digitalizando uno amigo y yo.

También me perdí en los remilgos y excéntricos flujos del rock argentino, para mal, digo yo, porque ni siquiera puedo apreciar, ahora, lo que me motivaba a escuchar esa música. Es decir que he perdido mi tacto musical, mi gusto. No puedo negar entonces que en otros escenarios y ambientes he aprendido de música: como las sesiones de ópera a las que frecuentemente asistía apenas unos años atrás donde aprendí y escuché de cerca a Mozart.

Todo me condujo a un aislamiento snob, fresa, a una caducidad notoria. ¿Pero escuchar música es mi muerte mental y emocional gradual? Probablemente. En 2008 grabé un disco y algunas de esas canciones están en mi nube de souncloud. Nada serio. Decían que era bueno con la guitarra, que tenía estilo. Para mi la música es una cosa ya prácticamente extinta, mucho después que el cine. Muero día a día, en un cosmos de letras sin música. Y no puedo decir que sea un poeta interesante, porque no distingo la musicalidad del lenguaje. Totalmente en discordia con el presente no escuché completo ni a Bjork ni a Radio Head ni a Tool ni a todas esas bandas de han marcado el gusto del presente. No, yo en todo caso compré unos discos viejos de Fito Páez y de Soda Stereo hace unos años y no los escucho más.

Me extravié hace muchos años también en un rave escuchando a Alien Project. Todo fue un fracaso auditivo, todo fue aburrimiento, todo fue: quedarse en un viaje de LSD y desarrollar esquizofrenia. Y han pasado 14 años desde entonces y en verdad no sé qué coño suena en el mundo. Me volví sordo, del alma.

A mi maestro de Tae Kwon Do lo decepcioné hace muchos años, cuando tuve mis primeros problemas con Drogas. No lo he vuelto a ver. Es cabrón cuando la vida te orilla a dejar de escuchar música, cuando te vuelves objeto de un ostracismo auto inducido. Al final vivir avergonzado y arrepentido de tus hechos te conduce directo a la desecación del espíritu.

Astillas del canto

Si melodía gris
alzada es, la curva
ningún elipse rompe,
porque balada turbia
de amores trepa
la égida temporal llamada amor.
Si la cúspide de cristales
anterior a las estrellas
conquista las ramas del canto,
su árbol migra el follaje universal,
como pétalo de rocío húmedo
en la primavera de los tiempos.
Si languidece la tonada
es su disolución un eco vitalicio,
porque sus lágrimas redoblan
donde los oídos caen al cráter
de la espera y los días.
Si canto erguido por la Luz
entonces seña de roer la negra esfera
del brote amargo de la decepción.

Reciente lista de rolas en Soundcloud

 

Lista de reproducción de una grabación fallida titulada Ecografía/Ecography

Saludos.

Romulaizer Pardo

Es la tarde y dice cincuenta y sesenta y tantos

Y todo me conduce a un simple momento, un simple instante, un martilleo de imágenes y de reminiscencias. Totalidad sumergirse en el arco predilecto de la memoria, estar ahí, indagando el no ser, nada. Espacio corpóreo estribor de alientos caídos, como lancha a la orilla de un río en día de huracán. No más atisbos de la conciencia, rota por los designios del presente. ¿Acaso otra época fue un murmullo de sonidos, aromas y lecturas que trastocaron el devenir? De ninguna manera podré espantar los átomos, en el sentido de Demócrito, que irradian luz en el espacio-tiempo, en el amor-odio, en la ausencia-presencia. Arañar el olvido, presencia soledad, estar ahí, en medio de la lluvia y el otoño.

Y todo era por el sendero de décadas pasadas que dejaron una impronta de asesinar un recuerdo. Todo fue una inmensa cadena de equívocos y trastocada la nostalgia se horneó el pastel del sin sentido. After you’ve gone let me crying… Don’t that’s what you say. Forget it…

Always

there will be

someone to love

and you will be loved

by someone.

Amores de unicel

Canción ranchera del 2002

El ojo de la mañana

El ojo de la mañana está desnudo
como una piedra mojada
levanta su intención de ver al mundo
levanta su mirada
que en el quehacer de los días
sueña las frías coordenadas
coordenadas de caricias
de nubes entreveradas.

Mira hacia su horizonte
el ojo de la mañana
encuentra tierra y silencio
encuentra desfigurada
la cicatriz solitaria
cicatriz que se abalanza
sobre los rayos del sol
que se columpian con calma
entre el olvido que zumba
y la tristeza del alma.

Se encuentra con todo esto
el ojo de la mañana
y en su camino de luz
abre la cima plateada,
el ojo de la mañana.

Doble exposición presentista

behindsidegirlSí, una vez leí a Habermas y también a Lyotard. Una vez intenté adentrarme en la discusión entre la modernidad como proyecto incompleto y la posmodernidad como alternativa interpretativa. No soy filósofo ni lo seré. Es quizá mi lectura mutilada de Leví-Strauss, desde la trinchera ahora olvidada del Nuevo festín de Esopo de Octavio Paz, la que me indujo a personificarme como un objeto creativo, como un soliloquio que deambula entre disciplinas humanísticas. No es tampoco mi raquítica experiencia antropológica ni mi condición carente de cientificidad social la culpable de los atisbos intelectualistas de los que soy parte. Mi complejo estriba en el trauma de la modernidad, en la vivencia de no saberme ni moderno ni posmoderno, ni del siglo XX ni del siglo XXI, ni presente ni pasado ni futuro. La ansiedad por tener una definición personal, es además una ruptura psíquica de mi personalidad: desde el psicoanálisis introyectado (el de Fromm, el de Freud y el de Jung) constato mi desintegración individual, pero también noto cómo los estadios mentales del pasado inmediato, las ideas, las pulsiones tétricas de una necrofilia materna (con mi madre muerta y yo sin resignificar su ausencia), constituyen elementos torpes de mis adentros. fondo1.1.2.3 Mucho más que este recuento, quizá la experiencia útil de encontrarme aquí, recordando, contra el espejo de lo no dicho, de lo no inferido, contra la paradoja del ego que se expone pero que desea privatizarse, ser privado. No es mucha la imaginación que me queda, no es tampoco tanto el instinto creativo con el que cuento. No es eso, es quizá la prefiguración delicada de una distorsión digital, de una especie de cuantiosa dilapidación verbal. Es también la imposibilidad de pensar en términos claros, llanos, simples. No por nada la fútil instancia de un collage recién hecho. Aparecer en el ambiente es también una forma de quedar vacío, inerme, frágil. Años que no voy al mar, años sin vacaciones, años aquí, despilfarrándome en la red, virtualizando mi identidad, maquinando textos, ideando creaciones. Años transitando por etapas creativas, por proyectos, por intenciones e ideas: una novela terminada, recopilaciones de ensayos históricos, escritos, imágenes, vídeos, canciones. Todo es una conspiración mía porque vivo la escisión de la academia, la vida profesional, oficial, seria, de la vida creativa, informal, libre, espontánea. Y mostrar los rincones por los que expreso esta inconformidad, es ya un deseo y una necesidad que trasciende mi yo, que rompe mi tacto personal porque me hace cabalgar por un extravío autónomo: me arroba a un mundo de posibilidades infinitas que descubro y navego finitamente. peoplegrisDrogas, pornografía y esquizofrenia son para mi heridas de mi juventud, yunque donde se fraguaron mis demonios existenciales. Pero es mucho más que la improductiva lectura de Sloterdijk o quizá mi falta de patriotismo cuando no conozco ni la literatura nacional mexicana (quizá por ahí un libro de José Emilio Pacheco o Sergio Pitol o Alberto Ruy Sánchez o José Vasconcelos o Luis Mario Schneider); es quizá mi fracaso recopilatorio del siglo XVIII en su vastedad y complejidad, una esencia igualmente traumática, proclive a la evasión, al autosabotaje. Es también la falacia de un instinto de supervivencia torpe, distorsionado como dije, el que convoca a los remilgos predictivos de mi tragedia existencial: creer que pienso y que mis pensamientos son útiles y que puedo ver el mundo a través de palabras y que construyo una cosmogonía cultural propia. Soy una falsificación en el sentido de que no acato lineamientos establecidos, pero tampoco sigo la sintonía personal, auténtica, de algún trayecto saludable. Si la querella es contra el mundo, contra mí mismo, es también una querella por senderos y actos rutinarios, por atmósferas conocidas, cansinas por recorridas. No es el reconocimiento personal ni la autoexploración lo que satisface el mecánico impulso escritural. Es quizá, de vuelta al trauma de la modernidad, la vigencia del vacío, de ese vacío que es transparente en el mal, de ese vacío que está componiendo el presente, el presentismo, que es una fábula especular, que es una imaginación caduca, que es todas las imágenes activas en el ahora, ya inabarcable e inexistente. Y cuando algo romulaizeregoabril2015parece ser aprehensible, el vapor digital, la luz, los efectos del olvido y de las modas, actúan como aspirinas para la dolorida jaqueca del historial web, de ser un alguien en un paraje de la digitlidad. Contra este influjo, soy distorsión y vivo distorsionado porque no soy lo que escribo de mi ni tampoco lo que he leído ni tampoco lo que creo. Porque no soy un algo estático, inmutable. Caigo en el esencialismo y pierdo la partida, todas las veces. Y olvido la lógica paradójica de Lao Tse, olvido el Tao Te King, olvido el I Ching, olvido el dualismo del Ying-Yang, olvido la condición movible, dinámica, que estriba no sólo en el hacer sino en la no acción, olvido que no puedo definirme desde adentro con impulsos como este, un tanto disforme y angustioso. En ese tránsito, llamado prófugo de la constitución personal, en ese ir y venir del olvido a la memoria y de la memoria a la instantánea figuración de la otredad, en ese intervalo donde la música no suena, donde los libros están arrumbados, donde no hay conexión con el mundo, con la realidad, con eso externo, es donde la posibilidad del absurdo, ese absurdo del Mito de Sísifo de Camus, se convierte en la proliferación maligna, trunca, soporífera, del torrente mental, de la ecografía interior, del alma que inspira fragmentos, trozos. Por eso la vuelta al trauma, de la modernidad, de la recopilación del siglo XVIII, de la escisión entre vida académica y vida creativa. Por eso la esquizofrenia en sintonía con la debilidad psíquica, en sintonía con la versatilidad frustrada de trascender los límites personales, los lindes propios de lo ya vivido, ya recorrido, de lo conocido. Por eso este collage, esta prosa tibia, referenciada, fugaz. arquetipo urbanistico collage

Hacia el funeral de la música

Vivo la muerte de la música en mi, el asesinato del sonido, como un caracol que inevitablemente cae presa del cloruro de sodio. Me enfrasco en las letras, mis letras, estas carcomidas instancias fétidas. Desisto de las obligaciones, me pierdo en el terreno de la depresión, la grisura del instante, el invierno, trece años de extravíos, rotunda formalidad de mantenerme alejado de la sociedad, de los grupos, de las personas. Mi claustro, ese claustro que nació en un viaje a Japón, es un claustro de irreverencia. La música muere en mi vida, muere poco a poco, distante, lejana, fugitiva. Como mi inocencia murió y como mueren también los recuerdos cuando son cápsulas que no dicen nada a nadie. Mi soledad, eso mata a la música, mi aislamiento, mi reclusión, mi fastidiosa intentona necia. Robustecida la melancolía es una tina de desperdicios. Spinetta decía que el pasado no es mejor sino que mañana es mejor y mis caminares por las rutas de la psicodelia argentina de los setentas no son ya más vigentes. Naufragué, en abril hace 13 años. Naufragué al automatismo terco y torcido de los momentos ralos por la cuesta de los tiempos, por la incomprensión del presente, por la negación de la maquinaria inmensa que me tragó. Espacio y tiempo, escasa coordenada de acomodo, torpeza, negrura, luto, sombras todas las canciones de amor cantadas, sombras los esbeltos arcaoíris, sombras la sonrisa y sombra la memoria. Altavoz de la penumbra, grandilocuencia, porción improductiva del ser contra los eclipses de la juventud. Torpeza, sombras, la música está muriendo en mi, como el regocijo, como el optimismo, como los atardeceres, como la sonrisa pispireta, como ir al cine, como la aceptación de la renuncia. Este abandono, este hueco de silencio, este golpe fatal, la música muere en mí y yo muero con ella.

 

Los trinos del cansancio

Así es

una melodía

que ya de vieja

es como un atril de orquesta

pero que suena

contra la lupa del silencio

confortable

inscrita en el ático

de todos los oyentes.

Así es

esta balada

música gris de templo oxidado.

Así es, el trinar del cansancio.

Fall mix

 

 

 

Canción del año 2001

Barroque wave 1.1.1.

Jazz stream 1.1.1.

Latinoamérica Unida v.1.1.1